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Full text of "Manual de historia uruguaya"

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HISTORIA  DEL  URUGUAY 


EDUARDO  ACEVEDO 


HISTORIA  DEL  URUGUAY 


TOMO  V 


ABARCA  LOS  GOBIERNOS  DE  BERRO,  AGUIRRE 

Y  FLORES 

DESDE   1863  HASTA  1868 


MONTEVIDEO 


Imprenta  Nacional 
1923 


110G003 


Zif 


I 

GOBIERNO  DE  BERRO.  — 1860-1864 


Digitized  by  the  Internet  Archive 

in  2010  with  funding  from 

University  of  Toronto 


http://www.archive.org/details/manualdehistoria05acev 


CAPÍTULO  I 
Movimiento  político 

Don  Bernardo  P.  Berro  es  elegido  Pi'esidente  de  la  Rei)ública. 

Desde  los  primeros  días  del  año  1860  empezaron  los  trabajos 
políticos  para  la  elección  presidencial  que  debía  tener  lugar  el 
1."   de   marzo. 

Había  cuatro  candidatos:  don  Julio  Pereira,  hijo  del  Presidente 
de  la  República,  don  Bernardo  P.  Berro,  el  coronel  Diego  Lamas 
y  el  doctor  Eduardo  Acevedo  que  vivía  en  Buenos  Aires  desde 
la  caída   del  gobierno  de   Giró. 

La  candidatura  de  don  Julio  Pereira  encontró  grandes  resisten- 
cias y  el  mismo  candidato  tuvo  que  recurrir  a.  la  prensa  para 
decir  que  él  no  había  autorizado  a  nadie  para  que  realizase  tra- 
bajos a  su  favor.  Pero  «La  República»  que  era  el  diario  que  lo 
liabía  proclamado,  siguió  en  su  prédica  y  próximo  ya  el  día  de  la 
elección   presidencial   publicó   un   artículo   alarmista   en   que   decía: 

¿Sabéis  dónde  vemos  el  síntoma  infalible  de  la  anarquía  del 
país?  En  la  anarquía  de  las  Cámaras...  ¿Dónde  está  el  candidato 
del  país?  Eso  Dios  lo  sabe.  Lo  que  es  los  representantes  del  pue- 
blo —  pasma  decirlo  —  no  lo  conocen  todavía.  Pueblo  oriental: 
he  ahí  la  verdad  de  la  situación;  he  ahí  cómo  responden  los  re- 
presentantes del  pueblo  al  sagrado  mandato  que  les  confiasteis. 
¡Dios  salve  al  país  I  ¡Dios  tenga  cuenta  de  sus  futuros  destinos  y 
disipe  la  anarquía  y  el  caos  que  presentimos!» 

En  otro  artículo,  escrito  casi  al  mismo  tiempo,  anunciaba  que 
una  división  de  mil  hombres  reclutada  en  los  departamentos  de 
Minas  y  Maldonado,  avanzaba  sobre  Montevideo  bajo  el  mando 
del  coronel  Burgueño,  y  que  de  otros  departamentos  habían  empe- 
zado también  a  salir  tropas.  La  Policía  arrestó  al  director  del  dia- 
rio,  aumentando  con  ello  las   agitaciones   del   escenario  político. 

En  la  víspera  de  la  elección  estaban  así  distribuidos  los  votos 
de  los  legisladores:  Diego  Lamas  19.  Eduardo  Acevedo  IS,  Ber- 
nardo  P.   Berro   12. 


,   HISTOKIA     DEL     IIJUGUAT 


La  candidatura  del  doctor  Acevedo  levantaba  grandes  resis- 
tencias entre  los  caudillos  militares,  que  habrían  aceptado  de 
buena  gana  al  hijo  del  Presidente  Pereira  que  aseguraba  la  per- 
manencia del  régimen  en  que  ellos  eran  dueños  y  señores  de 
toda  la  campaña,  y  que  eliminada  esa  candidatura  sólo  toleraban 
la  de  don  Berjiardo  P.  Berro. 

"La  Tribuna  Nacional"  que  sostenía  esta  última  candidatura 
acababa  de   decir: 

«Están  interesados  en  su  triunfo  todos  los  hombres  de  acción 
y  de  prestigio  que  tiene  la  República:  los  Olid,  los  Burgueño, 
los  Crosa,  los  Muñoz,  los  Cames,  los  Pérez,  los  Acuña,  los  Apa- 
ricio y  tantos  otros  que  ansian  la  elección  del  señor  Berro  para 
la  presidencia  de  la  República». 

Era  necesario  evitar  la  catástrofe,  y  entonces  los  partidarios 
de  la  candidatura  Acevedo  resolvieron  plegarse  en  masa  a  la  de 
Berro  y  su  ejemplo  fué  inmediatamente  seguido  por  los  parti- 
darios de  la  candidatura  Lamas. 

Habían  quedado,  pues,  uniformadas  las  opiniones  bajo  la 
presión  de  los  caudillos  militares  y  el  1.°  de  marzo  obtuvo  don 
Bernardo  P.  Berro  47  votos,  contra  4  que  obtuvieron  don  Diego 
Lamas,   don   Juan   Francisco  Giró  y   don  Bernabé   Caravia. 

Al  prestar  juramento  dijo  el  Presidente  electa: 

"En  el  nuevo  destino  que  me  ha  sido  confiado  no  seré  otra 
cosa  que  el  hombre  de  la  patria  y  de  la  ley." 

Y  contestando  en  seguida  al  Presidente  de  la  Asamblea,  agregó: 

"El  cumplimiento  estricto  de  la  ley,  la  observancia  de  la  Cons- 
titución, la  protección  de  la  religión  del  Estado — como  dice  muy 
bien  eil  Presidente  de  la  Asamhlea — será  uno  de  mis  primeros 
deberes". 

La  población  de  Montevideo  que  había  pasado  horas  de  cruel 
incertidumbre  ante  las  noticias  alarmantes  que  llegaban  de  la 
campaña,  recibió  con  aplauso  el  resultado  de  la  elección  entre- 
gándose en  seguida  a  manifestaciones  de  regocijo — iluminaciones 
y  serenatas — que  se  prolongaron   hasta   alta«  horas  de  la   noche. 

El  pi'ogrania  de  Beñ'o. 

Eran  conocidas  de  largo  tiempo  atrás  las  tendencias  de  don 
Bernardo  P.  Berro  a  favor  del  acercamiento  de  los  partidos,  ex- 
teriorizadas así  en   una  carta   de   1855: 

«Desde  la  solución   de  octubre  de  1851  mi  pensamiento  fijo  e  in- 


go!;:k::no    ue    ntuno 


variable  ha  sido  la  unión...  He  creído  siempre  como  creo  aho- 
ra que  sin  la  unión  así  bien  entendida,  no  habría  seguridad  para 
nuestra  independencia,  ni  solución  para  nuestras  institucio- 
nes, ni  paz  duradera,  ni  libertad,  ni  nada  bueno  para  nuestra 
patria.  He  creído  siempre  como  creo  aihora  que  esa  unión  no 
puede  efectuarse  bajo  la  bandera  de  ningún  partido,  que  sólo 
puede  tener  lugar  en  el  campo  nacional,  disueltos  los  partidos 
y  olvidando  completamente  el  pasado.  Estas  creencias  han  venido 
a  ser  mi  religión  política,  a  la  que  estoy  adherido  con  mi  razón 
y  mi  conciencia'. 

Tres  años  después  de  su  elección,  al  ofrecer  la  cartera  de  Re- 
laciones Exteriores  a  don  Juan  José  de  Herrera,  concretaba  así 
el   Presidente  Berro  su  programa  de  gobierno: 

«Exijo  pleno  acuerdo  sobre  estos  tres  puntos:  ejercicio  electoral, 
régimen  municipal   y  cuestiones   eclesiásticas.» 

Ejercicio  electoral: 

"'En  el  estado  a  que  ha  sido  reducido  el  pueblo  por  efecto 
de  nuestros  continuos  desórdenes,  es  indudable  que  el  Gobierno 
dominará  las  elecciones  siempre  que  quiera.  Acostumbrados  a 
verle  ejercer  irresistiblemente  ese  dominio  cuantas  veces  lo  ha 
intentado,  no  bien  lo  vean  tomar  una  actitud  decidida  en  la  luclia 
electoral  se  persuadirán  de  que  es  inútil  toda  oposición  o  aban- 
donarán el  campo  o  asistirán  pro  forma  tan  sólo  para  hacer  lo 
que  se  les  diga  por  los  agentes  y  parciales  del  Gobierno.  Una 
elección  hecha  de  ese  modo  podrá  no  hay  duda  dar  buenos  repre- 
sentantes, pero  el  bien  que  éstos  hagan  será  injinitaniente  menor 
que  el  mal  de  dejar  en  pie  y  con  más  intensidad  un  vicio  perma- 
nente, destructor  de  la  República  y  generador  de  cuanto  mal  han 
sufrido  estos  países." 

Régimen  municipal: 

"La  savia  que  da  vida,  alimenta  y  hace  desarrollar  el  régimeu 
reipublicano,  no  está  arriba  en  el  gobierno;  no  desciende  de  éste 
ai  pueblo;  está  abajo  en  el  pueblo  y  sube  de  aquí  para  arriba, 
al  gobierno».  Urge,  pues,  plantear  la  institución  municipal,  pero 
ampliamente  libre  y  con  moivimiento  propio,  aunque  sujeta  a  fis- 
calización para  evitar  el  abuso. 

Cuestión  religiosa: 

El  patronato  es  una  ley  constitucional;  por  resistir  a  ella, 
el  Gobierno  ha  retirado  el  pase  al  breve  de  institución  del  vicario 
apostólico.  Sólo  cabría  la  reposición  mediante  el  acatamiento  al 
patronato.  Hay  quien  sostiene  que  el  Gobierno  no  tiene  el  derecho 


10  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


de  intervenir  en  el  nombramiento  de  los  curas,  pero  tal  preteasión 
es   contraria  al   patronato. 

Entresacamos  del   mismo  programa   estas  otras  ideas: 

No  dar  privilegios  a  ninguna  nación  como  medio  de  tener  la 
amistad   de   todas. 

Sostener   la    nacionalidad    oriental    de   los    hijos   de   extranjeros. 

Rechazar   la    institución   de   las   comisiones  mixtas. 

Abrir  las  puertas  de  la  patria  a  los  emigrados  orientales  en 
la  Argentina. 

Procurar  la  cooperación  diplomática  de  la  Francia  y  de  la 
Inglaterra  cerca  del  Gobierno  Argentino  para  garantizar  la  paz 
y  el  orden  de  nuestro  país. 

«Conservarse  sieniípre  fuera  y  encima  de  todos  los  partidos  y 
círculos.  Servirse  de  sus  hombres  y  darles  preferencia  si  fuere 
necesario  consultando  en  ello  tan  sólo  los  intereses  del  país  y 
los  propósitos  del  Gobierno  en  ese  sentido." 

Sanción  de  Códigos  en  reemplazo  de  la  actual   legislación. 

Fomento  de  la  colonización  agrícola. 

Establecimiento   ae   ferrocarriles   y   puentes. 

Adquisición   de  un  terreno   para   granja   experimenta!. 

Mensura   del   territorio  nacional. 
Establecimiento  del  libre  cambio. 

Creación  de  un  banco  nacional  con  monopolio  de  la  emisión 
menor. 

Sanción  de  una  ley  de  bancos  hipotecarios  y  bancos  de  emisión 
y   de   descuentos. 

Todo  un  vasto  y  hermoso  programa,  cO'mc  se  ve. 

Juicios  (le  la  prensa  acei-ca  del  gobierno  de  Berro. 

-Don  Bernardo  P.  Berro  integró  su  ministerio  con  los  mismos 
ciudadanos  que  habían  figurado  en  la  contienda  presidencial  que 
acababa  de  terminar.  Confió  la  cartera  de  gobierno  y  relaciones 
exteriores  al  doctor  Eduardo  Acevedo,  la  de  guerra  al  coronel 
Diego  Lamas  y  la  de  hacienda  a  don  Tomás  Villalba.  Y  en  el 
acto  entró  la'  Casa  de  Gobierno  en  un  tren  de  actividad  nunca 
alcanzado   hasta   ese  momento. 

El  Presidente  Berro,  decía  "La  República",  se  pasa  en  el 
Fuerte  desde  las  11  de  la  mañana  hasta  las  4  y  112  de  la  tarde, 
ocupándose  de  las  cosas  de  gobierno  y  recibiendo  a  todo  aquel 
que  quiere    verlo.    «Todo  habitante    de  la    República    tiene    el   de- 


GOBIERNO     DE    BERRO  1  ! 


recho  y  la  facilidad  de  hacer  llegar  el  conocimiento  de  las 
injusticias  que  se  le  hagan,  al  Presidente  de  la  República...  El 
fácil  acceso  al  primer  magistrado  es  un  cuarto  poder  moral  que 
vemos  fundar  por  primera  vez  en  la  República". 

Los  Ministros  tenían  un  horario  más  largo,  pues  iniciaban  ol 
trabajo  a  las  lu  y  lo  terminaban  sin  interrupción  alguna,  porque 
era  continuo,  a  las  4  y  1|2.  Uno  de  ellos,  el  de  Hacienda, 
recogiendo  ideas  sostenidas  por  su  colega  de  Gobierno,  organizó 
una  Junta  Consultiva  compuesta  de  don  Marcos  Vaeza,  don  Ri- 
icardo  Hughes,  don  Cándido  Joanicó,  don  Florentino  Castellanos, 
don  Juan  Ramón  Gómez,  don  Jaime  Cibils,  don  Manuel  Herrera 
y  Obes,  don  Tomás  Tomkinson,  don  Luis  Lamas,  don  Pablo  Du- 
plessis,  don  Juan  Miguel  Martínez,  don  Adolfo  Vaillant.  don 
Luis  Lerena,  don  .Joaquín  Errázquin  y  don  Juan  B.  Capurro 
para  el  estudio  de  las  cuestiones  de  hacienda.  La  Junta  estaba 
encargada  de  dictaminar  en  los  asuntos  que  le  pasara  el  Minis- 
terio y  de  proponer  a  la  vez  medidas  encaminadas  al  fomento  de 
la  industria  y  del  comercio  y  al  mejoramiento  del  régimen  ren- 
tístico. 

Ya  tendremos  oportunidad  de  señalar  el  resultado  de  esa  in- 
tensa labor  ministerial,  que  la  prensa  ajena  al  Gobierno  aplaudía 
con  una  uniformidad  y  un  entusiasmo  jamás  exteriorizados  hasta 
entoaces  en  esa  forma. 

«La    Reforaia    Pacífica». 

Véase  lo  que  decía  en  julio  de  1860  «La  Reforma  Pacífica»  de 
Buenos  Aires  que  redactaba  don   Nicolás  Calvo: 

"Cinco  meses  cuenta  apenas  de  existencia  la  administración 
Berro  y  en  ese  lapso  de  tiempo  la  fisonomía  del  país  ha  cambiado 
completamente.  La  confianza  se  ha  arraigado.  El  crédito  del  país, 
que  estaba  muerto,  ha  revivido:  el  principio  de  autoridad  se  ha 
afianzado,  no  por  el  poder  de  las  bayonetas,  sino  por  la  austeridad 
de  principios  de  los  hombres  que  dirigen  la  administración;  en 
una  palabra,  la  ilustrada  y  progresista  administración  del  señor 
Berro  ha  sabido  conquistar  simpatías  y  respeto  dentro  y  fuera  del 
país.  El  estado  del  comercio  y  de  la  industria  es  próspero  y  el 
adelanto  en  todos  los  departamentos  es  visible.  En  nuestra  opinión 
pasaron  para  la  Repuública  Oriental  los  tiempos  de  distu-'bios,  para 
hacer  lugar  a  la  era  de  paz  y  de  orden,  bajo  cuya  influencia 
marcha  a  grandes  pasos  a  su  mejora  y  engrandecimiento.  La  fiebre 


12  HISTORIA    DEL    UBUGCAY 


lie  los  partidos  ha  calmado  y  de  ello  da  prueba  relevante  la  mo- 
deración  y   buen   sentido  de  la  prensa   oriental». 

Al  finalizar  el  año  agregaba: 

«La  administración  del  señor  Berro  siempre  bien  inspirada  con- 
tinúa en  su  marcha  liberal  y  progresista,  dando  cada  día  mayores 
garantías  de  orden  y  de  libertad;  bajo  su  acertada  dirección  el 
comercio  prospera  y  el  crédito  del  país  se  ha  elevado  a  una  al- 
iara que  asombra  a  los  que  conocían  su  postración  y  los  escasos 
recursos  de  sus  finanzas.  El  prodigio  operado  en  la  hacienda  del 
Uruguay  es  el  fruto  de  la  moralidad  que  distingue  a  los  Ministros 
del  señor  Berro,  hombres  verdaderamente  probos,  honrados  e  in- 
teligentes. Según  datos  fidedignos  que  tenemos  de  aquel  país,  no 
se  advierte  en  él  el  menor  síntoma  de  descontento,  y  a  admin  s- 
tración  del  señor  Berro  ha  tenido  el  tacto  de  satisfacer  las  exigen- 
cias de  la  opinión  pública  y  de  marchar  tan  de  acuerdo  con  ella 
que  ha  desarmado  aún  a  sus  mismos  enemigos  políticos,  que  no 
han  tenido  pretexto  para  atacarla.» 

Don  Nicolás  Calvo  se  trasladó  a  Montevideo  a  principios  de 
1S62  por  efecto  de  los  acontecimientos  políticos  que  acababan  de 
desenvolverse  en  la  Argentina,  y  se  trasladó  con  su  imprenta  para 
continuar  aquí  la  publicación  de  «La  Reforma  Pacífica».  Y  véase 
cómo  se  expresaba  en  esa  oportunidad  acerca  del  ■  gobierno  de 
Berro: 

«La  libertad  en  la  ley  parece  imperar  aquí  y  a  su  amparo  pro- 
metemos hacer  uso  de  los  derechos  que  acuerda  la  Constitución 
Oriental  a  los  que  la  invocan.  Nuestro  propósito  es  de  tomar  parte 
en  las  cuestiones  orientales  siempre  que  lo  creamos  oportuno,  con 
el  derecho  que  nos  dan  sus  sabias  leyes,  con  el  mismo  derecho 
con  que  la  han  tomado  y  la  toman  los  emigra)dos  orientales  allí 
asilados,  y  debemos  declarar  que  en  el  caso  de  hacerlo  formare- 
mos en  las  filas  de  los  defensores  de  la  actualidad,  porque  reina 
aquí  la  libertad  en  la  ley  y  porque  estamos  de  perfecto  acuerdo  con 
la   política  dominante.» 

Varios  meses  después  volvía  a  hacer  el  elogio  del  gobierno  de 
Fierro  en  estos  términos: 

«Inalterable  es  la  tranquilidad  de  que  di.sfruta  este  país  bajo  el 
gobierno  actual.  En  lodos  los  puntos  del  territorio  rigen  las  ins- 
tituciones y  la  libertad  en  la  ley  protege  los  actos  de  los  ciuda- 
danos en  todas  sus  manifestaciones.  Cualquiera  que  sea  el  ardor  de 
lofi  partidos  en  presencia  y  por  grande  y  poderosa  que  pueda  con- 
siderarse como  en   todos  estos  países  la  influencia   personal   de  sus 


GüIUKR.NO     UE     HERliO  13 


hombres  principales,  es  fuera  de  toda  duda  y  confesado  hasta  por 
loF  más  ardientes  enemigos  de  la  actualidad,  que  las  libertades  pú- 
blicas se  mantienen  incólumes,  que  la  ley  nivela  todas  las  cabezas 
y  los  derechos  más  esenciales  del  hombre  en  sociedad  se  respe- 
tan por  la  autoridad  verdaderamente  liberal  e  ilustrada,  cuya 
acción  protectora  no  se  deja  sentir  sino  en  la  órbita  más  estricta 
de  sus  atribuciones  legales.  La  perfecta  independencia  de  los  tres 
poderes  en  que  se  delega  la  soberanía  del  pueblo,  asegura  por 
su  equilibrio  la  libertad  de  todos,  a  la  vez  que  garante  el  derecho 
y  hace  práctico  el  deber  de  cada  uno.  Pueden  presentarse  hechos 
tipiados,  ya  de  autoridades  subalternas  o  de  agentes  más  o  menos 
notables  de  la  situación,  que  salgan  del  límite  legal,  pero  son  raros 
esos  casos  y  como  excepción  prueban  la  regla  general.  No  hay 
un  país  por  quieto  y  tranquilo  que  sea,  donde  las  pasiones,  los  in- 
tereses, la  ignorancia  misma  de  los  agentes  subalternos  de  la  au- 
toridad, no  llegue  a  comprometer  la  más  alta  y  respetable  vo- 
luntad aunque  a  veces  impotente  del  jefe  del  Estado,  porque  está 
en  la  naturaleza  humana  el  error;  pero  la  responsabilidad  de  los 
jefes  de  gobierno  se  salva  cuando  la  represión  sigue  con  pron- 
titud a  la  falta.  Dos  homicidios  perpetrados  en  el  Departamento 
de  Tacuarembó  por  un  Comisario  que  alega  motivos,  han  servido 
dfc  tesis  para  interminables  acusaciones  a  la  administración.  No 
conocemos  ningún  otro  gobierno  sin  embargo  desde  la  declaración 
de  la  independencia  oriental  que  se  haya  mostrado  más  escru- 
puloso observador  de  la  ley;  y  sean  cuales  fueren  los  cargos  gra- 
tuitos que  formula  la  pasión  de  partido,  la  oposición  sistemada  y 
las  ambiciones  personales,  una  verdad  resalta  con  evidencia  para 
todos,  y  es  que  el  respeto  a  la  ley  es  el  rasgo  más  pronunciado 
riel  Ejecutivo  de  la  República.  Y  sólo  esta  calidad,  esta  calidad 
suprema,  de  suprema  importancia  para  el  país,  basta  para  consi- 
derar el  gobierno  de  Berro  como  uno  de  los  mejores  que  hayan 
dirigido  los   destinos   de  la  República.» 

«La    Confederación». 

Otro  órgano  de  la  prensa  argentina,  «La  Confederación»,  decía 
a  principios  de  1861,  luego  de  referirse  al  tren  de  progreso  en 
aue    estaban    nuestros    departamentos    de   campaña: 

«La  Banda  Oriental  parece  que  vuelve  por  el  honor  de  las  re- 
públicas del  plata...  en  su  orden  administrativo  da  saltos  colosa- 
les,  reivindica  su  crédito,  arregla  y  redime  su  crecida  deuda,  pro- 


14  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


cura  establecer  la  moral  eu  todos  los  ramos,  paga  con  regularidad 
y  sus  empleados,  y  va  de  este  modo  ahondando  el  cimiento  de  su 
regeneración  gubernativa...  En  su  orden  económico  y  comercial 
profesa  las  prácticas  más  liberales  y  protectoras.  Su  riqueza  a 
favor  de  la  paz  se  esparce  de  una  manera  prodigiosa.  La  industria 
aerícola  asombra  por  su  desenvolvimiento.  Su  riqueza  pastoril  cu- 
'•re  millares  de  leguas  de  una  de  las  más  ricas  campañas  de  Amé- 
rica. Después  de  cuarenta  años  de  guerra,  después  de  un  sitio  de 
diez  años  sobre  su  capital,  el  Estado  Oriental  reacciona  en  un 
scmtido  tan  venturoso.  Esto  es  verdaderamente  honroso  para  los 
orientales.  Su  país  es  uno  de  los  ejemplos  que  puede  citar  hoy  la 
América  como  una  muestra  de  cordura,  como  un  vengador  de  las 
injurias  contra  la  organización  republicana.  Es  envanecedor  para 
los  orientales  que  pueda  decirse  de  su  país  después  de  tan  largos 
infortunios  que  lo  abrumaron — ^mirad  esa  joven  República  dando 
honrosos  ejemplos  de  moral  política  y  preparando  con  acierto  sus 
brillantes  destinos.  ¡Ojalá  que  logren  radicarse  eternamente  allí 
los  mobles  afanes  de  la  sensatez  y  del  patriotismo!  Algunos  años 
de  perseverancia  y  el  pueblo  oriental,  bajo  el  impulso  de  la  paz  y 
del  orden,  será  uno  de  los  pueblos  más  remarcables  del  Nuevo 
Mundo». 

«JOR>-AL    no    COMJIERCIO». 

«Con  razón  se  regocijan  los  orientales  de  la  creciente  y  notable 
prosperidad  de  su  país»,  decía  e.ste  diario  al  trazar  en  su  retros- 
pecto  de  enero  de  1861  las  grandes  líneas  políticas  y  económicas 
del  Uruguay. 

«Er>   PiKiu.o». 

Vaniü.s  a  reproducir  ahora  la  opinión  de  algunos  de  los  escri- 
tores nacionales,  eligiendo  naturalmente  los  de  credo  político 
opuesto   al   del   Presidente   Berro. 

El  doctor  Fermín  Ferreira  y  Artigas  se  hizo  cargo  de  la  redacción 
de  «El  Pueblo»  a  principios  de  1861.  Luego  de  examinar  la  si- 
tuación, decía  esbozando  su  programa: 

«Pero  la  época  de  desquicio  ha  desaparecido  para  dar  paso  a 
otra  de  reorganización,  y  es  preciso  que  cada  uno  de  aquellos  en 
cuyo  corazón  hay  una  fibra  que  late  en  nombre  de  la  patria,  lle- 
vemos   una    piedra    para    la    construcción    del    edificio    del    porvenir. 


GOBIERNO    DE     HEUKO  15 


Decimos  que  empieza  la  obra  de  reorganización,  porque  comparando 
la  marcha  de  la  administración  presente  con  las  pasadas,  descu- 
brimos en  fila  la  integridad  e  inteligencia,  bases  de  la  garantía 
que   constituye   la  felicidad   del   pueblo». 

Enpiezan  a  circular  rumores  de  revolución,  agregaba;  pero  al 
Gobierno  le  resultaría  muy  fácil  combatirlos. 

«Dependen  sólo  de  que  la  autoridad  no  se  ha  colocado  a  bastante 
altura  para  salvar  la  barrera  que  le  oponen  las  pretensiones  de 
círculo  y  haciendo  efectivos  los  derechos  que  la  Constitución 
acuerda  a  todos  los  ciudadanos  se  rodee  de  esa  aureola  que  se  llama 
opinión  pública  y  que  es  la  verdadera  fuerza  de  los  gobiernos». 

Pero  «si  hubiera  una  tentativa  armada  contra  la  marcha  cons- 
titucional del  Gobierno,  todos  los  hombres  de  orden  y  de  principios 
rodearíamos  su  autoridad  y  haríamos  impotentes  las  aspiraciones 
personales   en   perjuicio    de   los   intereses   bien   entendidos   del   país.» 

«El  Comekcio  del  Plata». 

Este  diario  que  reapareció  a  fines  de  1861  bajo  la  dirección  de 
don  Francisco  J.  Aguilar,  decía  caracterizando  la  situación  del 
país  en  su  primera  revista  para  el   exterior: 

«No  obstante  su  progreso  es  creciente.  La  idea  de  la  paz  está 
arraigada  en  todos  los  habitantes  y  la  autoridad  siguiendo  una 
marcha  templada  y  razonable,  si  no  satisface  todas  las  aspiracio- 
nes al  menos  garante  y  hace  efectivos  todos  los  derechos  sociales». 

Comentando  luego  los  rumores  de  revolución  a  que  daba  origen 
la  incorporación  del  general  Flores  y  otros  militares  orientales 
al   ejército   argentino,   decía: 

«Las  revoluciones  no  se  improvisan.  Son  más  bien  preparadas 
por  los  sucesos  que  por  los  hombres,  y  cuando  no  tienen  por  base 
una  razón  justa  y  un  interés  legítimo  tienen  que  fracasar,  porque 
kt.  falta  el  apoyo  de  la  opinión  pública  que  no  se  subleva  sino  ante 
la  violación  de  loá  derechos  sociales.  Puede  creérsenos  porque  nada 
nos  liga  con  la  política  actual,  ni  aceptaríamos  en  ella  la  mínima 
posición  o  ingerencia;  pero  en  honor  de  la  verdad  encontraríamos 
absurda  cualquier  tentativa  contra  un  gobierno  moral  y  circuns- 
pecto que  mantiene  la  paz,  fomenta  el  progreso  y  garante  todas  las 
¡•nmunidades  del  ciudadano». 

Pasados  los  primeros  días  ingresó  en  la  redacción  de  «El  Co- 
mercio del   Plata»   el   doctor   Fermín    Ferreira  y   Artigas. 

«Queremos    ser   francos    una   vez    por    todas   —   escribía   el    nuevo 


16  lUSIOUrA     UEI.     UKcGLAY 


rodactoi'  —  ao  abjuramos  nuestras  creencias  políticas  en  todo  lo 
que  ellas  tengan  de  noble  y  elevado;  pero  no  traemos  a  la  arena 
del  periodismo  odios  ni  recriminaciones,  porque  la  era  que  se  abre 
es  de  reorganización  y  porque  felizmente  el  Gobierno  de  la  Re- 
pública marcha  dentro  de  la  esfera  de  la  ley  y  hace  prácticas  las 
garantías   constitucionales.» 

«Nuestro  país  —  escribían  el  doctor  Ferreira  y  el  señor  Aguí- 
lar  en  otro  artículo  —  a  pesar  de  la  influencia  de  las  cuestiones 
argentinas,  sigue  próspero  y  feliz,  gozando  la  prensa,  el  pensa- 
miento y  la  palabra  de  la  libertad  completa  que  es  la  base  de 
nuestro   f-istema    republicano». 

«Sigue  pacífico  y  próspero  —  agregaban  algunas  semanas  después 
—  dando  uu  ejemplo  poco  común  en  la  América  del  Sur  de  res- 
peto a  las  instituciones,  de  una  perfecta  estabilidad  y  con  todas 
las  probabilidades  de  conquistar  la  importancia  política  y  comer- 
cial que  tuvo  en   algún   tiempo». 

Un  tercer  periodista  de  marcada  filiación  colorada  se  incorporó 
a  «El  Comercio  del  Plata»  en  diciembre  de  1861:  don  José  Cán- 
dido Bustamante.  Y  bajo  la  firma  de  este  ciudadano  y  del  doctor 
Fermín  Ferreira  y  Artig'as,  se  comentaba  asi  la  reanudación  de  la 
corrieni»;  inmigratoria  en  el  puerto  de  Monte\ideo: 

«Una  prueba  palpitante  de  la  confianza  que  empieza  a  inspirar 
a  las  naciones  europeas  el  estado  de  nuestro  país  ha  sido  el  arribo 
a  nuestras  playas  de  1,200  inmigrantes  que  b;iii  venido  en  buques 
franceses,  españoles  e  italianos  fondeados  en  un  solo  día  en  nues- 
tro puerto». 

Don  José  Cándido  Bustamante  se  trabó  a  raíz  de  su  incorpora- 
ción a  la  prensa,  en  ardorosa  polémica  con  el  doctor  Antonio  de 
las  Carreras  acerca  de  los  fusilamientos  de  Quinteros,  y  en  el  curso 
de  esa  polémica  escribió  bajo  su  firma  un  artículo  en  que  decía 
hablando  del   gobierno   de   Berro: 

«Pasaron  ya  las  épocas  calamitosas  y  con  ellas  las  influencias 
de  los  círculos  y  las  camarillas  que  tanto  influyeron  sobre  la 
triste  suerte  de  las  sociedades  y  de  los  pueblos.  A  las  densas  ti- 
nieblas del  crimen  del  error  y  de  la  prevaricación,  se  sucedió  la 
aurora  de  una  época  de  ventura  para  la  patria,  iluminada  por  el 
sol  radiante  de  la  libertad.  La  nave  del  Estado,  próxima  a  zozobrar 
entre  las  inhábiles  manos  de  imbéciles  gobernantes,  se  ve  merced 
al  cielo  libre  de  los  perniciosos  riesgos  que  la  amenazaban,  go- 
l)ernada  hoy  y  dirigida  por  la  senda  de  salvación  bajo  el  amparo 
del   primer   magistrado   de  la   República,   que   no  debe  dudar  de   la 


GoiiiKRNo    uf:    hkkko  17 


CDoperaciún  de  los  hombres  de  corazón,  siempre  que  aliente  en 
ellos  la  esperanza  de  arribar  a  puertos  venturosos  de  seguridad  y 
bienandanza  para  todos.  Nieguen  esto  los  que  crean  que  cuando 
niojanios  nuestra  pluma  en  hiél  para  defender  la  verdad  contra 
la  mentira,  la  inocencia  contra  la  calumnia,  lo  hacemos  puramente 
guiados  por   espíritu   de   partido...» 

4-Pero  en  una  época  de  bienestar,  de  progreso,  de  libertad,  de 
«eguridad  para  todo  ciudadano  que  respete  la  ley  y  el  orden;  en 
que  el  Código  Constitucional  no  es  una  quimera;  en  que  la  virtud 
administrativa  es  una  práctica;  en  que  todo  ciudadanp  por  deber, 
por  patriotismo  y  hasta  por  gratitud  debe  empeñarse  en  sostener 
y  hacer  efectiva  la  estabilidad  del  actual  Gobierno,  ya  sea  por  me- 
dio de  la  palabra,  ya  por  medio  de  la  acción,  nadie,  nadie  tiene  de- 
recho ni  fuerza  para  ahogar  la  voz  de  la  razón  en  nuestra  garganta, 
para    detener    el    pensamiento,    para    encadenar    la    idea». 

No  tardó  don  José  Cándido  Bustamante  en  asumir  la  dirección 
política  del  diario,  quedando  el  doctor  Fermín  Ferreira  y  Ar- 
tigas como  redactor  en  jefe,  don  Juan  Pedro  Castro  como  en- 
cargado de  la  sesión  comercial,  y  el  doctor  Francisco  Antonino  Vi- 
dal como  encargado  de  la  sección  científica. 

Hablando  «El  Comercio  del  Plata»  e  esta  nueva  etapa  de  su 
reorganización  sobre  la  crisis  Argentina  y  su  repercusión  entre  nos- 
otros, decía  confirmando  sus  apreciaciones  acerca  del  gobierno  de 
Berro: 

«Ya  que  la  República  Oriental  por  el  buen  acierto  de  su  go- 
bierno proclama  el  principio  de  neutralidad,  nada  tiene  que  te- 
mer del  resultado  de  la  cuestión  argentina,  porque  ni  Buenos 
Aires  que  ha  reconocido  tácitamente  su  honorable  conducta,  ni 
nuestros  propios  amigos  políticos  aun  cuando  tuvieran  su  apoyo, 
vendrían  sin  injusticia  a  turbar  la  tranquilidad  de  un  país  que 
marcha  por  la  senda  del  progreso  y  cuyo  gobierno  aun  cuando  no 
sea  de  nuestras  afecciones  políticas  cumple  exactamente  las  dis- 
posiciones   constitucionales.» 

La  polémica  acerca  de  Quinteros  pasó  de  la  prensa  al  jurado 
popular  y  refiriéndose  a  las  garantías  plenas  de  que  gozaba,  escri- 
bió   don    José   Cándido   Bustamante   un    editorial   en   que   decía: 

«Don  Bernardo  P.  Berro  es  blanco;  respeta  la  ley  fundamental, 
permite  la  libre  discusión  de  los  hechos,  da  al  ciudadano  lo  que 
de  suyo  le  pertenece  y  ojalá  dé  a  los  demás  lo  que  hasta  ahora 
Be  les  ha  negado  para  poder  decir:  el  partido  que  combatió  al 
general    Flores,    colorado,    porque   erró,    el    partido    que    combatió    a 


2-V 


18  ~     HISTORIA    DEL    UKUOUAY 


Pereira,  colorado,  porque  holló  la  ley  santa,  hoy  ayuda  a  Berro, 
blanco,  porque  tiene  en  sí  la  convicción  de  que  cumple  con  el  de- 
ber  sagrado   del   magistrado. 

«La  Pbexsa  Okiextal». 

Este  diario,  también  de  filiación  colorada,  üiiigido  por  don  Isi- 
doro De-María  y  don  Juan  Manuel  de  la  Sierra,  decía  a  principios 
de   1861: 

«Las  brisas  de  la  paz  llevan  por  sereno  mar  el  bajel  de  la  más 
joven  de  las  repúblicas  sudamericanas.  Con  la  sonda  en  la  mano, 
la  fe  en  Dios  y  la  mirada  en  la  brújula,  la  conduce  su  inteligente 
piloto  al  prometido  puerto  de  felicidad  salvando  los  escollos  del 
camino  y  entre  los  alegres  cantares  de  sus  satisfechos  tripulantes.» 

Y  agregaba  refiriéndose  a  los  rumores  de  invasión  por  la  costa 
del  Uruguay  de  algunos  de  los  emigrados  políticos  asilados  en  Bue- 
uos  Aires  y  de  las  medidas  tomadas  para  repelerlos: 

«Para  los  hombres  pensadores  ningún  temor  fundado  puede  ha- 
l)er  de  una  tentativa  semejante,  que  se  estrellaría  en  el  ambiente 
proiiunciado  del  país  por  la  paz  y  contra  las  vías  de  hecho,  que 
no  han  dado  otro  fruto  en  los  pueblos  de  nuestra  habla  que  em- 
peorar su  situación,  recargarlos  de  deuda,  aniquilar  su  industria 
y  su  comercio,  desconceptuarlos  ante  el  extranjero  y  condenarlos 
a  la  terrible  disyuntiva  de  engendrar  el  despotismo  del  sable  o 
ia  devorante  anarquía.  En  honor  de  la  verdad  y  de  nuestros  pai- 
sanos, cumple  decir  aquí  que  la  emigración  oriental  asilada  en 
lü  República  Argentina  se  mantiene  en  una  actitud  tranquila  e 
inofensiva,  esperando  de  la  razón  ilustrada  de  los  legisdadores  de 
su  patria  la  sanción  definitiva  de  la  ley  pendiente  de  amnistía, 
que  ha  de  abrirles  sus  brazos  y  sus  puertas  sin  violencia  para  re- 
tornar al  regazo  de  la  madre  común,  cerrando  para  siempre  el 
vórtice  de  la  revolución,  afianzando  la  tranquilidad  del  país  bajo 
la  égida  de  las  leyes  y  del  gobierno  liberal  y  prestigioso  que  to- 
dos respetan  y  quitando  por  fin  todo  asidero  a  los  que  han  espe- 
culado de  ordinario  con  nuestras  desgraciadas  disensiones  intes- 
tinas.» 

Varias  semanas  después  hablaba  así  de  la  labor  realizada  por  el 
Gobierno: 

«Un  año  hace  hoy  que  el  ciudadano  don  Bernardo  P.  Berro  ocupa 
la  presidencia  de  la  República.  Las  esperanzas  que  concibió  el 
país  a  su   advenimiento   al   i'odrr   no   han   sido   defraudadas.    Por  el 


GOBIKKNO     i»K     BEKKO  19 


contrario  se  han  realizado  hasta  donde  era  humanamente  posible, 
atendiendo  al  tiempo  y  a  las  dificultades  que  a  fuerza  de  trabajo 
y  perseverancia  habrá-  tenido  que  ir  venciendo  la  actual  adminis- 
tración para  llegar  al  resultado  satisfactorio  que  se  prometía.  Es- 
píritu reposado,  hombre  probo  e  inteligente,  moderado  y  modesto 
por  carácter,  liberal  y  progresista,  amigo  ardiente  de  la  gloria  y 
ventura  de  la  patria,  no  ha  desmentido  a  nuestro  juicio  el  un- 
gido del  pueblo  la  coníianza  que  se  depositó  en  su  integridad  y 
\irtudes  cívicas...  Los  hechos  hablan  y  ante  su  luz  resplande- 
ciente, ante  el  poder  de  su  elocuencia,  no  puede  oscurecerse  ni 
rebajarse  el  mérito  sobresaliente  de  la  actual  administración  pre- 
sidida por  el  señor  Berro.  No  tenemos  necesidad  de  relacionarlos. 
Son  notorios,  son  patentes  a  propios  y  extraños.  Ha  reconstruido, 
ha  mejorado,  ha  organizado,  extirpando  abusos,  moralizando.  Ha 
echado  las  bases  del  crédito,  ha  redimido  propiedades  del  Estado, 
ha  atendido  con  regularidad  el  pago  de  las  listas  civil  y  militar, 
pensionistas,  jubilados  etc.,  en  la  forma  acordada,  sin  que  haya 
fallado  un  oolo  mes,  un  solo  día  de  los  prefijados  para  su  abono. 
Ha  reanudado  lazos  de  amistad,  ha  fortificado  relaciones  amiga- 
bles y  recíprocas  con  los  países  o  gobiernos  extraños.  Ha  impul- 
sado el  progreso  material,  moral  e  intelectual  del  país.  Ha  mante- 
nido y  consolidado  la  paz  pública  bajo  el  suave  imperio  ^de  las 
instituciones  liberales  que  nos  rigen.  Ha  hecho  sentir  la  acción  be- 
néfica de  su  autoridad  en  todo  sentido  y  en  todo  el  país.  Ha  propen- 
dido a  la  calma  tan  necesaria  de  todos  los  espíritus  agitados  en  el 
revuelto  mar  de  las  pasiones  que  nos  dividieron,  que  nos  ensan- 
grentaron, buscando  en  la  reconciliación  sincera,  gradual  y  razo- 
nable de  los  hijos  de  esta  tierra  tan  trabajada  por  los  infortunios. 
Ja  tranquilidad,  las  garantías  y  la  ventura  de  todos.  Ha  abierto 
con  mano  amiga  las  puertas  de  la  patria  a  los  que  sucesos  lamen- 
tables habían  separado  de  ella,  y  propende  dentro  de  la  órbita 
di?  sus  atribuciones  a  que  se  complemente  su  obra  y  sus  deseos  en 
esta  parte.  En  una  palabra:  ha  hecho  el  bien  hasta  donde  lo  han 
permitido  sus  fuerzas  y  basta.  El  país  lo  goza,  lo  experimenta  y 
lo   bendice.» 

La  población  italiana  de  Montevideo  promovió  en  mayo  de  1861 
grandes  manifestaciones  de  adhesión  a  la  unidad  de  Italia  que 
congregaron  más  de  20,000  almas.  No  pudieron  celebrarse  en  Bue- 
nos Aires  manifestaciones  análogas  por  haberlas  prohibido  el  Go- 
bierno. Y  he  aquí  lo  que  con  tal  motivo  escribían  los  directores 
de  «La  Prensa  Oriental»: 


20  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


«Este  contraste  resaltante  hablará  con  sobrada  elocuencia  a 
nuestros  lectores  de  ultramar  eu  favor  de  la  actualidad  de  Moute- 
■video,  de  los  goces  que  encuentran  en  él  los  extranjeros  y  del  li- 
beralismo y  confianza  de  un  gobierno  de  que  darán  testimonio  la 
correspondencia  particular  y  aún  la  de  los  agentes  respectivos... 
Parece  que  algunos  ultramontanos  no  miraban  con  gusto  los  feste- 
jos hechos  en  honor  de  la  causa  de  la  libertad  y  de  la  civilización 
en  Italia,  que  envolvía  la  derrota  del  jesuitismo,  y  de  ahí  la 
divulgación  de  ciertas  especies  alarmantes,  que  aunque  el  buen 
sentido  público  las  botara  al  desdén  pudieron  inquietar  a  a!guno.-i 
espíritus   aprensivos   o  timoratos.» 

«El  país  —  insistía  «La  Prensa  Oriental»  en  octubre  —  conti- 
núa gozando  de  paz  y  preocupado  solamen''^  del  ii;»'remento  de  bU 
prosperidad.  No  hay  lucha  de  partidos.  La  acción  de  los  poderes 
públicos  sólo  se  hace  sentir  para  el  bien  en  la  esfera  de  sus  facul- 
tades y  de  conformidad  con  los  recursos  de  que  dispone  para  rea- 
lizarlo. Su  anhelo  es  la  paz  pública  y  salvar  al  país  de  toda  con- 
plicación  funesta  con  la  lucha  que  devora  y  aniquila  a  los  argen- 
tinos. Este  propósito  se  armoniza  perfectamente  con  el  espíritu 
público  que  quiere  ante  todo  paz  inalterable,  como  la  necesidad 
primordial  de  un  país  tan  hondamente  trabajado  por  las  pasadas 
turbulencias  y  convulsiones  políticas,  porque  comprende  que  es  a 
su  sombra  donde  las  naciones  se  robustecen,  donde  se  radican  los 
hábitos  de  orden  y  de  trabajo  fecundante,  donde  son  efectivas  las 
garantías  para  la  propiedad  y  para  las  personas  y  donde  se  fomenta 
la  prosperidad  pública  y  particular,  y  no  en  las  revoluciones.  Dios 
ha  querido  que  el  pueblo  oriental  comprendiese  al  cabo  de  tantas 
tribulaciones  por  que  pasó  en  su  infancia,  que  para  ser  grande  y 
feliz  no  necesita  sino  paz  y  lihertad.  y  al  interés  supremo  de  la 
conservación  de  estos  dones  de  que  disfruta  se  subordinan  sin  vio- 
lencia todas  las  aspiraciones  y  malquerencias  que  pudieran  alte- 
rarlos o  comprometerlos.» 

«La  República  Oriental  del  Uruguay  —  decía  en  su  revista  de 
fin  de  año  para  el  exterior  —  continúa  cosechando  los  benéficos 
frutos  de  la  situación  pacífica  en  que  se  mantiene,  enteramente  con- 
fiada al  trabajo  fecundante  que  da  honra,  adelanto  y  prosperi;^:id 
a  las  naciones.  La  política  del  buen  sentido,  la  tolerancia  iliislrada, 
la  moralidad  ad.ninistrativa  y  la  práctica  de  las  libertades  en  la 
ley  y  en  el  orden  que  las  garante,  han  llegado  a  hacer  de  este 
país  republicano  una  excepción  honorable  entre  los  de  nuestro  con- 
tinente,   por    sus    tendencias    pacíficas   y    mesuradas,    refluyendo   en 


COHIEK.NO    l)K    ÜEKKO  21 


honor  de  los  orientales  de  todos  los  matices  políticos  por  la  sensa- 
tez que  están  acreditando  ante  la  consideración  del  mundo  que  nos 
observa.» 

A  principios  de  1862  escribió  don  Isidoro  De-María  un  artículo 
para  demostrar  que  las  conquistas  del  gobierno  de  Berro  no  se 
limitaban  a  Montevideo,  sino  que  se  extendían  a  todos  los  depar- 
tamentos. 

«En  general  todos  los  pueblos  de  nuestra  campaña  en  más  o  mo- 
nos grado  siguen  en  esta  vía  de  adelanto  material  en  que  descue- 
lla nuestra  linda  Montevideo,  sede  de  los  altos  poderes  del  Estado. 
Consecuencia  feliz,  resultado  natural  de  la  época  pacífica  y  flore- 
ciente en  que  se  halla  la  República...  La  moral  administrativa 
se  ha  restablecido  en  el  país,  bien  puede  decirse.  El  gobierno  del 
señor  Presidente  Berro,  cuya  probidad  es  proverbial,  la  lleva  con  su 
ejemplo  a  sus  subordinados  y  la  administración  de  las  rentas  de- 
partamentales  se   señala   por   su   integridad.» 

Como  ejemplo  notable  destacaba  De-María  el  caso  de  Pay- 
sandú,  donde  los  ingresos  que  antes  no  alcanzaban  para  coátei,.- 
una  pequeña  guardia,  permitían  ahora  al  Jefe  Político  don  Basilio 
Pinilla  construir  un  elegante  edificio  para  la  Jefatura,  una  cár- 
cel cómoda,  un  hospital,  un  templo,  un  mercado  y  un  muelle. 

Al  terminar  don  Bernardo  P.  Berro  su  segundo  año  de  presiden- 
cia, volvía  a  recapitular  «La  Prensa  Oriental»  en  esta  forma  sus 
elogiosas   apreciaciones: 

«Dos  años  que  desempeña  con  fortuna,  acierto  y  prestigio  las 
funciones  anexas  a  su  honroso  cargo.  Puede  decirse  con  verdad 
que  ha  correspondido  dignamente  a  las  esperanzas  del  país,  q'ie 
ha  realizado  en  su  gobierno  más  en  bien  de  la  República  que  io 
que  acaso  pudo  imaginarse.  Lo  juzgamos  sin  pasión.  Xo  puede 
cegarnos  el  espíritu  del  partidario.  Miembro  de  una  comunidad 
política  distinta,  a  la  que  hemos  pertenecido  en  los  amargos  días 
de  las  luchas  ardientes  de  los  partidos,  no  podemos  ser  parciales, 
sino  ingenuos,  francos,  sinceros,  reconociendo  el  mérito  patente 
de  su  administración...  Ha  conservado  inalterable  la  paz  pública 
y  la  buena  y  cordial  inteligencia  con  todas  las  naciones  amigas. 
Ha  levantado  alto  el  crédito  de  la  República.  Ha  organizado  y  mo- 
ralizado la  administración  pública.  Ha  dado  vida  al  esqueleto  que 
recibió  en  sus  manos.  Ha  restablecido  los  hábitos  constitucionales. 
Ha  hecho  una  verdad  para  todos  las  garantías  individuales,  el 
sagrado  de  la  propiedad  y  las  libertades  públicas.  Ha  rescatado 
las    propiedades    públicas.    Ha    cubierto    religiosamente    los    compro- 


22  HISTORIA     DEL    URUGUAY 


misos  que  pesaban  sobre  el  Tesoro,  legados  por  anteriores  admi- 
nistraciones. Ha  pagado  y  paga  con  puntualidad  ejemplar  la  parte 
de  sueldos  asignada  a  las  diferentes  clases  que  viven  del  Estado 
dentro  del  presupuesto.  Ha  satisfecho  con  religiosidad  el  pret  de 
las  tropas  de  línea  de  la  guarnición,  atendiendo  a  su  equipo  y 
manutención  tan  perfectamente  que  pueden  presentarse  nuestros 
cuerpos  de  línea  con  orgullo  al  lado  de  los  mejores.  Ya  no  se  es- 
pecula como  en  otros  tiempos  con  la  miseria,  con  el  pan  de  la 
viuda,  del  huérfano,  del  inválido  y  del  empleado. . .  Las  mejoras 
materiales  ^o  misano  en  la  Capital  que  en  los  departamentos  del 
Interior,  señalan  la  época  actual  como  una  de  las  más  progresis- 
tas y  espectables  en  esta  línea . . .  No  se  ha  hecho  verter  una  lá- 
grima, no  se  ha  derramado  una  sola  gota  de  sangre,  no  hay  pros- 
criptos políticos...  La  acción  del  señor  Berro  no  se  ha  hecho  sen- 
tir sino  para  el  bien.  Tienen  franco  y  leal  acceso  a  él  todos  los  ha- 
bitantes del  Estado.  Gobierna  con  su  inteligencia,  con  su  razón, 
con  la  ley,  sin  círculos  ni  camarillas.  Respeta  todas  las  libertades 
legítimas  y  tolera  todas  las  opiniones...  Que  el  genio  protector 
de  los  destinos  del  pueblo  oriental  le  acompañe  y  le  guíe  propicia- 
mente hasta  el  término  feliz  de  su  período  constitucional  para  glo- 
ria y  ventura  de  la  patria!». 

Sólo  una  sombra  señalaba  «La  Prensa  Oriental».  No  hay  pros- 
criptos políticos  —  repetía  —  pero  falta  reintegrar  en  sus  grados 
y  en^pleos  a  los  militares.  La  ley  de  julio  de  1861  no  consignó  en 
toda  su  amplitud  la  idea  presidencial  que  era  amplísima  debido  a 
»iue  los  emigrados  habían  tomado  servicio  en  el  ejército  argentino. 
Restablecida  la  paz  en  el  país  vecino,  como  ya  lo  está,  «la  obra 
bendecida  del  gobierno  del  señor  Berro  merece  la  gloria  y  la  for- 
tuna de   completarse». 

«El  Siglo». 

Véase  cómo  se  expresaba  el  doctor  José  Pedro  Ramírez  acerca 
del   gobierno  de  Berro  en   1863: 

«Es  preciso  tener  en  consideración  que  diez  años  de  anarquía  y 
despotismo,  de  inmoralidad  y  corrupción,  de  injusticias  y  de  crí- 
menes, constituían  el  legado  que  se  imponía  al  señor  Berro  a  tí- 
tulo de  solidaridad  política  que  le  exigía  su  partido.  Es  preciso 
tener  en  consideración  que  la  presidencia  del  señor  Berro  venta 
sostenida  y  aún  impuesta  por  la  influencia  fatal  de  cuatro  caudi- 
llos omnipotentes   en   aquellos  momentos   aciagos   en   que   dominaba 


GOüíEKNü  i^t;  i;ki:ko  23 

la  embriaguez  del  triunfo,  de  los  odios  y  de  las  venganzas  —  y 
que  sólo  apartarse  de  aquellas  tradiciones,  desprenderse  de  esas 
influencias  y  sobreponerse  a  esos  odios  y  a  esas  venganzas,  ha  sido 
un  esfuerzo  generoso  y  patriótico  por  parte  del  señor  Berro,  quo 
el  país  debe  agradecerle  sinceramente.» 

«El.     POEVEXIB». 

Este  periódico  redactado  por  don  José  Uriarte,  decía  en  su  re- 
vista de  mediados  de  1861: 

«La  administración  actual...  es  preciso  decirlo,  es  una  de  las 
más  regulares  que  el  país  ha  tenido  desde  su  emancipación,  por  los 
principios  tolerantes  que  lleva  por  norma,  por  la  pureza  en  el  ma- 
nejo de  la  hacienda  pública  y  por  su  firme  decisión  de  mantener 
en  el  exterior  una  políticu  decididamente  pacífica,  respetando 
todos  los  derechos  legítimos  y  todas  las  garantías  que  un  Go- 
bierno   liberal    está   en    el   deber    de    guardar». 

«La   Discl'Siós». 

Vamos  a  cerrar  estas  apreciaciones  de  la  prensa  desvinculada 
del  Gobierno,  con  las  del  diario  del  doctor  Antonio  de  las  Ca- 
rreras, el  ex  Ministro  de  Gobierno  y  Relaciones  Exteriore.s  de  la 
administración  de  Pereira  al  consumarse  los  fusilamientos  de  Quin- 
teros. Hay  que  advertir  que  ese  diario,  aunque  blanco,  hacía  fuerte 
oposición  a  Berro,  porque  se  había  desviado  considerablemente  de 
la  ruta  seguida  por  su  antecesor.  El  doctor  Carreras  acusaba  a 
Berro  «por  su  política  de  miras  estrechas  y  exclusivistas»,  la 
misma  —  decía  —  ya  aplicada  con  menguados  resultados  en  1853, 
«con  descrédito  de  los  que  tanto  entonces  como  ahora  sólo  han 
dado  pruebas  de  que  no  saben  hacer  otra  cosa  que  perder  situacio- 
nes que  otros  crearon  para  beneficiarlos» . .  .  «Fuera  mejor  —  agre- 
gaba —  que  gobernara  con  la  debida  justicia  hacia  el  mérito  de  to- 
dos los  hombres  capaces  de  servir  al  país,  que  fuera  leal  y  caballe- 
resco con  los  que  le  hicieron  el  servicio  de  llevarlo  al  poder». 

Pues  bien:  en  su  revista  para  el  exterior,  decía  el  doctor  José 
Vázquez  Sagastume,  coredactor  del  mismo  diario  en  noviembre 
de  1861: 

«La  República  Oriental  continúa  gozando  los  beneficios  de  la  paz. 
Encarrilada  en  una  vía  de  rápido  engrandecimiento,  desenvuelve  ven- 
tajosamente   todos    los    gérmenes    de    riqueza   que    contiene.    El   go- 


24  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


bienio  del  ¿eñor  Berro,  respetuoso  de  la  ley,  liberal  por  su  ilus- 
tración y  principista  por  convicciones,  ha  radicado  la  efectividad 
de  las  regalías  que  la  Constitución  acuerda  a  los  habitantes  del 
Estado.  Todas  las  opiniones,  todos  les  derechos  y  todas  las  in- 
dustrias, encuentran  en  la  verdad  de  nuestras  instituciones  libe- 
rales las  garantías  más  amplias  para  ejercerse  legítimamente.  La 
inmigración  afluye,  los  capitales  crecen,  el  trabajo  lucrativo  se  au- 
menta y  la  perspectiva  halagüeña  de  una  paz  duradera  va  resta- 
bleciendo la  confianza  en  el  comercio,  disminuida  por  la  crisis  mo- 
netaria y  los  desgraciados  negocios  que  arruinaron  algunas  casas 
principales». 

Igual  optiniisnio  reinaba  en  la  Casa  de  Gobierao. 

El  Presidente  Berro,  que  veía  al  país  resurgir  a  la  vida  después 
de  largo  paréntesis  de  estancamiento  y  de  retroceso,  decía  a  la 
Asamblea  al  abrir  las  sesiones  ordinarias  de  1861: 

«Después  del  receso  de  las  Honorables  Cámaras  ningún  suceso 
desagradable  ha  venido  a  turbar  la  quietud  y  retener  la  marcha 
de  reparación  y  progreso  en  que  ha  entrado  el  país.  Su  estado  pre- 
sente es  el  más  halagüeño.  Convalecido  de  su  pasada  ruina  y  libre 
de  disturbios  domésticos,  mientras  se  desenvuelven  sus  abundantes 
gérmenes  de  riqueza,  las  leyes  afirman  su  imperio,  el  orden  se 
consolida  y  las  instituciones  constitucionales  se  arraigan  y  asegu- 
ran. Las  malas  pasiones  políticas,  si  no  del  todo  extinguidas,  hanse 
amortiguado  en  gran  manera  y  en  su  lugar  reina  un  espíritu  de 
paz  y  se  pronuncia  en  propios  y  extraños  un  empeño  tal  por 
.-sostenerlo  que  hará  del  todo  impotente,  ya  que  no  imposible,  cual- 
quier conato  de  perturbación.  Hay  sin  embargo  todavía  por  des- 
gracia quienes  pretenden  especular  para  fines  depravados  con  las 
viejas  divisas  de  partido,  empeñados  en  fundar  una  lucha  perpetua 
de  exterminio  más  que  de  dominación  y  en  cuyo  término  sólo  puede 
hallarse,  con  la  aniquilación  de  todos,  la  postración  y  muerte  de 
!a  patria.  Espero  que  serán  seguidos  de  pocos  y  que  el  vigor  de 
la?,  inteligencias  y  la  energía  de  los  sentimientos  se  contraerán  a 
una  competencia  legítima  más  conforme  con  los  intereses  primor- 
diales de  la  sociedad  y  más  en  armonía  con  los  principios  de  nues- 
tro sistema  de  gobierno». 

Al  abrir  las  sesiones  ordinarias  de  1862,  acentuaba  su  opti- 
mismo. 

«Otro   año   más   —   decía   —   de    paz   y    de   tranquilidad,    de   orden 


GOHIKK.VO    l)K    BERRO  25 


constitucional  y  de  progreso  ha  tenido  la  República.  Esto  muestra 
que  la  estabilidad  echa  raíces  y  que  vamos  en  camino  de  asegurar 
la  suerte  venturosa  de'  la  patria,  al  amparo  de  las  libres  institu- 
ciones que  nos  rigen.  Razón  hay,  pues,  paiu,  esperar  confiadamente 
en  la  continuación  de  ese  estado  de  cosas  sin  temor  de  que  pueda 
.^er  trastornado  por  los  resabios  que  aún  quedan  de  los  malos  há- 
bitos pasados.  Me  complazco,  honorables  señores,  considerando  que 
la  época  convulsionaria,  con  sus  odios  feroces  y  su  sangre  y  su 
ruina,  ha  terminado  ya  definitivamente  para  dar  lugar  a  esta 
otra  de  progreso  pacífico  y  de  orden  regular  permanente  en  que 
estamos.  La  consideración  y  el  crédito  y  los  notables  adelantos  que 
a  causa  de  éste  va  alcanzando  la  República,  nos  hacen  ver  cuánto 
sería  su  valer  y  a  qué  grado  de  prosperidad  y  engrandecimiento 
ascendería,  conservándose  como  es  de  esperar  firme  en  el  terreno 
conquistado». 

He  aquí  también  lo  que  decía  el  Ministro  de  Gobierno  doctor 
Eduardo  Acevedo  a  la  Asamblea  en  marzo  de  1861: 

«Cada  día  que  pasa  viene  a  dar  nuevas  garantías  de  orden  y 
prosperidad.  Los  espíritus  más  prevenidos  han  llegado  a  conven- 
cerse de  que  los  disturbios  y  trastornos  políticos,  sea  cual  fuere  el 
fin  que  se  propongan  sus  promotores,  sólo  sirven  para  entorpecer 
1.1  marcha  siempre  progresiva  del  país.  Si  un  gobierno  no  llena 
todas  las  aspiraciones  de  un  individuo  o  de  un  círculo  y  si  una 
revuelta  se  trama  y  se  ejecuta,  el  gobierno  revolucionario  que 
sucede  no  s,ólo  tiene  que  luchar  con  todos  los  inconvenientes  que 
encontraba  su  antecesor,  sino  con  los  nuevos  que  le  ha  creado  la 
misma  rt-volución.  Esa  verdad  acreditada  por  nuestra  propia 
experiencia  desde  que  existe  la  República,  es  un  axioma  para  la 
casi  totalidad  de  los  habitantes  nacionales  o  extranjeros.  Todos 
eytán  convencidos  de  que  el  progreso  en  todos  los  ramos  se  en- 
ciierra  en  el  respeto  leal  y  franco  de  la  Constitución  de  la  Repú- 
blica, que  garante  todas  las  libertades  que  pugnan  por  cons^eguir 
la  mayor  parte  de  los  pueblos.  Estos  países  están  tan  maravillosa- 
mente dotados  que  no  es  indispensable  para  ellos  tener  buenos  go- 
biernos. Aún  con  los  malos  prosperan  siempre  que  haya  tran- 
quilidad y  que  no  se  pongan  obstáculos  a  la  prosperidad,  ya  que 
no  se  le  dan  facilidades.  Todos  los  esfuerzos  del  Gobierno  se  han 
contraído  a  dar  garantías  a  las  personas  y  a  las  propiedades,  fa- 
cilitar las  vías  de  comunicación,  introducir  el  orden  y  la  economía 
er  los  diversos  ramos  de  la  administración.  Mucho  más  habría  que 
hacer,   pero  se   ha  considerado  que   no   pueden   forzarse  los   tiempos 


26  HISTORIA    DEL    TJKUGTJAT 


y  las  circunstancias  y  que  es  indispensable  tener  en  vista  la  si- 
tuación especial  de  nuestra  sociedad.  La  falta  de  hábitos  cons- 
titucionales y  administrativos  constituye  un  obstáculo  que  sólo 
puede  desaparecer  merced  al  tiempo  y  a  la  difusión  de  las  luces». 

También    concordaba    el    criterio    del    Parlamento  con  el  de  la 
prensa. 

Al  finalizar  el  primer  año  de  gobierno  decía  la  Comisión  Per- 
manente a  la  Asamblea  en  un  informe  que  llevaba  al  pie  la  firma 
del  doctor  Ambrosio  Velazco,  ciudadano  que  no  se  distinguía  cier- 
tamente por  la  benevolencia,  sino  por  la  extrema  rudeza  de  sus 
apreciaciones : 

«No  ha  tenido  motivo  para  ejercer  la  censura  constitucional  re- 
clamando de  infracciones  cometidas  por  parte  del  Poder  Ejecu- 
tivo en   el   ejercicio  legal   de  sus   atribuciones.» 

«V.  E.  —  decía  en  esos  mismos  momentos  el  Presidente  de  la 
Asamblea  doctor  Florentino  Castellanos  al  Presidente  Berro  —  ha 
sabido  sostener  los  derechos  de  todos,  regularizar  una  administra- 
ción que  pai-ecía  dislocada  y  echar  los  fundamentos  del  crédito  pú- 
blico que  son  la  base  del  elemento  en  que  se  funda  la  prosperidad 
y  bienestar  de  las  naciones». 

Al  concluir  el  segundo  año  de  la  presidencia  de  Berro,  la  Co- 
misión Permani'nte,  presidida  entonces  por  el  propio  iloctor  Caste- 
llanos, ratificaba  así  sus  opiniones  ante  la  Asamblea: 

«V.  H.,  que  conoce  perfectamente  que  la  misión  constitucional 
confiada  a  esta  Comisión  por  el  artículo  56  de  la  Constitución  es 
velar  sobre  la  observancia  de  la  Constitución  y  de  las  leyes  por 
el  Poder  Ejecutivo,  quedará  plenamente  satisfecha  al  saber  que 
ninguna  observación  ha  tenido  que  dirigir  al  Poder  Ejecutivo,  que 
inspirado  por  un  sentimiento  de  acendrada  rectitud  y  patriotismo 
hn  observado  fielmente  la  Constitución  y  las  leyes  de  la  República 
durante    el    receso    constitucional    de   las    Honorables    Cámaras». 

¿Qué  es  mejor,  violar  la  Constitución  o  reformarla? 

El  Presidente  Berro,  que  había  dicho  y  repetido  al  tomar  po- 
sesión de  su  cargo  y  después,  que  respetaría  la  Constitución  de 
lii  República,  se  mantenía,  pues,  fiel  al  cumplimiento  de  su  pa- 
labra, y  sobre  la  base  de  ese  respeto  escrupuloso  a  la  ley  fun- 
c'amental    promovía    y    estimulaba   el    desenvolvimiento    del    país    en 


GOMIKKNÜ    I)K    r.KICUO  27 


todas  y  cada  una  de  sus  manifestaciones,  hasta  destacarlo  como  un 
verdadero    ejemplo   en    el    escenario   del    Río    de   la   Plata. 

Y  no  es  que  él  entendiera  que  la  Constitución  facilitaba  su  obra. 
Consideraba  al  contrario  que  era  una  traba  para  la  acción  del 
l'oder  Ejecutivo.  Pero  en  vez  de  violarla  a  cada  paso  como  había 
sido  de  práctica  constante  en  la  vida  del  país,  insistía  en  la  nece- 
sidad  de  su   reforma. 

Tal  es  el  origen  de  este  párrafo  de  su  mensaje  de  apertura  de 
las  sesiones   ordinarias   de   1863   que   tanta  polvareda   levantara: 

«La  Constitución  de  la  República  contiene  disposiciones  que  la 
experiencia  de  los  años  transcurridos  desde  que  fué  puesta  en  vi- 
gor, ha  mostrado  ser  muy  inconyenientes.  Contiene  también  otras 
que  esa  misma  experiencia  ha  hecho  ver  que  son  impracticables. 
Para  evitar  lo  primero  y  suplir  lo  segundo  se  ha  hecho  lo  que  la 
Constitución  prohibe  y  no  se  ha  practicado  lo  que  ella  manda;  es 
decir,  se  ha  creído  encontrar  en  su  violación  un  bien  y  un  deber, 
y  en  su  observancia  un  mal  y  una  culpa.  Excuso  demostrar  el  des- 
orden moral,  el  extravío  de  ideas  que  esto  ha  de  producir  y  sus 
funestas  consecuencias.  Me  limito  por  lo  tanto  a  proponer  a  vuestra 
honesta  e  ilustrada  consideración  la  siguiente  cuestión:  ¿Qué  es 
mejor:  violar  la  Constitución  para  evitar  el  mal  que  de  observarla 
viene,   o  corregirla  para  suprimir  ese  mal  y  esa  violación?» 

Tres  años  después  surgía  en  Buenos  Aires  otro  problema  de  la 
misma  índole.  La,  Cámara  de  Senadores  sesionaba  con  notables 
intermitencias,  obstaculizando  en  esa  forma  negativa  la  acción  del 
Poder  Ejecutivo.  Al  frente  de  la  gobernación  de  la  Provincia  es- 
taba el  doctor  Adolfo  Alsina  rodeado  de  Ministros  de  la  elevada 
talla  del  doctor  Nicolás  Avellaneda.  Pues  bien:  Alsina  y  Avella- 
neda dirigieron  al  Senado  en  diciembre  do  1868  nii  mensaje  en 
que  luego  de  recordarle  que  la  Legislatura  había  sido  convocada  ex- 
traordinariamente para  ocuparse  de  asuntos  graves  y  urgentes  (le- 
yes de  conversión  del  papel  moneda  y  de  impuestos) ;  que  una  de 
las  dos  Cámaras  no  podía  hacer  fracasar  la  convocatoria  hecha  a 
toda  la  Asamblea;  que  los  diputados  sesionaban  con  regularidad; 
que  el  Poder  Ejecutivo  era  colegislador  y  no  podía  aceptar  tam- 
poco que   le   trabaran    su   acción,   terminaba   con   estas    amenazas: 

«Si  tal  esperanza  no  se  realiza,  sensible  le  es  al  Poder  Ejecutivo 
ai:unciar  desde  ahora  al  país  entero  que  fuerte  en  la  conciencia 
óe  su  derecho  y  celoso  en  el  cumplimiento  de  sus  deberes,  como 
jefe  de  la  administración  general  del  país,  según  el  artículo  90  de 
la  Constitución,   tomará  en  la  acefalía   de  hecho  del   Cuerpo  Legis- 


2b  IlISTOKIA    DEL     UUUüI;aY 


lativo  todas  aquellas  medidas  y  resoluciones  que  re&poudan  efi- 
cazmente a  las  necesidades  que  se  sienten,  sometiéndolas  oportu- 
r.amente  a  las  Cámaras  venideras;  y  éstas  tomando  en  cuenta  que 
el  abandono  voluntario  de  derechos  que  son  al  mismo  tiempo  de- 
bí res,  con  perjuicio  de  la  cosa  pública,  no  puede  ser  invocado  ja- 
p:ás  como  fuente  de  esos  mismos  derechos  abandonados,  aprobará 
la  conducta  del  Poder  Ejecutivo  con  el  sello  de  la  ley,  reparadora 
e   inviolable.» 

Algunos  meses  después  el  doctor  Alsina  que  seguía  luchando 
con  el  ausentismo  parlamentario,  se  dirigía  no  ya  al  Senado  sino 
a  toda  la  Legislatura  para  señalarle  la  necesidad  de  dictar  leyes, 
bajo  esta   formidable   prevención   a   los   senadores   y   diputados: 

«Así,  pues,  si  a  pesar  de  estar  aleccionados  por  la  experiencia,  no 
llenáis  el  vacío  que  acabo  de  indicar  y  la  acefalía  de  hecho  del 
Cuerpo  Legislativo  se  repite,  una  de  dos:  o  me  declaro  impotente 
para  gobernar  y  el  movimiento  de  la  máquina  administrativa  se 
paraliza;  o  me  apodero  de  las  facultades  que  la  índole  del  momento 
pone  virtualmente  entre  mis  manos.  Lo  primero  conduce  al  caos; 
lo  segundo  a  la  dictadura.  He  creído  de  mi  deber  señalaros  con 
franqueza   estos    peligros.    Está    en    vuestras    manos    evitarlos.» 

El  doctor  Manuel  Quintana  pidió  en  la  Cámara  de  Diputados 
el  nombramiento  de  una  Comisión  encargada  de  estudiar  lo  que 
el  mocionante  conceptuaba  «una  ofensa  a  la  dignidad  de  la  Le- 
gislatura». 

En  cambio  el  doctor  Juan  Carlos  Gómez  escribió  en  «El  Invá- 
lido   Argentino»    un    artículo    en    que    elogiaba    así    al    gobernante: 

«Y  sin  embargo  el  doctor  Alsina  ha  dicho  una  verdad  que  todo3 
conocemos  y  que  sólo  ha  impresionado  cuando  lo  hemos  visto  po- 
rerse  de  pie  delante  de  nosotros  como  un  fantasma  con  todo  su 
cortejo  de  vicisitudes...  Sea  siempre  franco  el  doctor  Alsina; 
hable  a  su  país  siempre  la  verdad,  duela  a  quien  duela,  grite 
guien  grite;  levante  en  política  esa  grande  escuela  de  la  sinceri- 
dad; acabe  con  la  mentira  oficial,  y  no  le  faltará  el  hosanna  d© 
un  coro  de  hombres  de  bien.» 

También  el  Presidente  Berro  tuvo  que  luchar  en  su  grande  obra 
de  saneamiento  político  y  administrativo  con  la  resistencia  de  la 
l>egislatura  emanada  de  los  errores  y  malas  influencias  de  la  ad- 
ministración Pereira.  Nada  lo  demuestra  tan  concluyentemente 
ccmo  la  larga  tramitación  del  decreto  de  amnistía  con  que  el  nuevo 
mandatario  quería  consolidar  íu  gobierno.  Pero  él  lejos  de  ame- 
nazar   con    la    dictadura    como    el    gobernante    argentino,    se    dirigía 


GOniKKNO     DE    ÜKKKO  29 


a  la   propia   Asamblea   para  pedirle   que   iniciara  la  reforma   de   la 
ley   fundamental  y   evitara  así  las  violaciones  de  esa  ley. 

Luchas  internas  del  Partido  Blanco. 

Era  fomidable  la  lucha  que  se  desenvolvía  dentro  del  partido 
gobernante,  entre  los  que  habían  acompañado  con  su  aplauso  y 
su  voto  a  don  Gabriel  Antonio  Pereira  y  los  que  deseaban  echar 
una  palada  de  tierra  sobre  Quinteros,  cimentar  la  unión  nacional 
de  blancos  y  colorados  y  dar  un  fuerte  impulso  a  los  progresos 
institucionales    y    económicos    del   país. 

A  rfii/  del  cambio  de  Gobierno  un  grupo  de  vecinos  de  Mer- 
cedes encabezado  por  el  respetable  ciudadano  don  Joaquín  Teodoro 
Egaña,  se  dirigió  al  ex  Presidente  Pereira  con  un  «voto  de  gracias» 
concebido  en  estos  términos: 

«Vos,  señor,  con  brazo  fuerte  y  corazón  magnánimo,  supisteis 
anonadar  el  horrendo  impulso  de  la  nefanda  anarquía  avezada  a 
en  señor  arse  en  nuestra  patria.  Vos,  señor,  con  prescindencia  he- 
roica de  toda  afección  personal  y  política  apartasteis  los  elementos, 
del  mal,  asegurando  así  el  supremo  bien  de  la  República,  su  paz 
interior...  La  aurora  de  gloria  que  os  circunda  al  retiraros  a  la 
vida  privada  es   el   gaje   más   valioso  para   un   republicano.» 

Tal  era  también  la  opinión  de  casi  todos  los  miembros  de  la 
Legislatura    elegida    durante    la    administración    Pereira. 

Desde  los  primeros  instantes  de  la  presidencia  de  Berro  empezó 
un  movimiento  de  concentración  en  torno  del  nuevo  mandatario, 
que  fué  suficiente  para  contener  los  desbordes  de  entusiasmo  que 
d.='nunciaba  «el  voto  de  gracias»  del  vecindario  de  Mercedes,  aun- 
que no  para  introducir  un  cambio  fundamental  de  rumbos  políti- 
cos  en   la   mayoría   de  los  legisladores. 

El  Senado  rechazó  en  1860  un  proyecto  de  la  Cámara  de  Diputa- 
dos que  confería  a  don  Gabriel  Antonio  Pereira  los  despachos  de 
brigadier  general   por  su   acción   de   Quinteros. 

Al  año  siguiente,  con  ocasión  del  fallecimiento  del  ex  mandata- 
rio, la  Cámara  de  Diputados  resolvió  suspender  sus  sesiones  por 
cuatro  días  e  invitó  al  Senado  a  realizar  igual  demostración,  sin 
obtener  otra  cosa  que  un  simple  acuse  de  recibo  por  tratarse  — 
decía  la  Comisión  dictaminante^ — de  un  punto  de  orden  interno 
de  una  de  las  Cámaras  de  que  no  tenía  para  qué  ocuparse  ia  otra. 
La  Cámara  de  Diputados  sancionó  en  seguida  otro  proyecto  con 
ur.    programa   más   vasto;    funerales    públicos    con    honores    de   capi- 


30  ^      HISTORIA    DEL    URUGUAY 


tan  general,  luto  por  cuatro  días  que  llevarían  las  corporaciones 
civiles  y  militares  y  el  Cuerpo  Legislativo,  traslado  de  los  restos  al 
ranteón  nacional  para  ser  colocados  junto  a  la  urna  de  Artigas 
(adviértase  que  el  doctor  Antonio  de  las  Carreras  acababa  de  re- 
cordar en  el  cementerio  que  Pereira  había  actuado  en  las  campa- 
ñas de  Artigas  como  sargento  mayor  del  batallón  de  Libertos 
Orientales).  El  Senado  suprimió  el  luto  después  del  entierro  y  la 
referencia  a  la  urna  de  Artigas.  La  mayoría  de  la  Cámara  de  Dipu- 
tados que  no  se  cansaba  de  prodigar  honores,  sancionó  finalmente 
una  nota  de  pésame  a  la  viuda  en  que  se  decía:  nuestro  pueblo 
«ha  alcanzado  después  de  fatigosos  días  de  desgracia  sin  cuento 
una  época  de  paz,  de  libertad  y  progreso,  merced  a  los  patrióticos 
esfuerzos  de  aquel  ilustre  ciudadano...  la  muerte  del  señor  Ga- 
briel Antonio  Pereira  es  una  verdadera  calamidad  pública...  el 
ciudadano  don  Gabriel  Antonio  Pereira  ha  merecido  bien  de  la 
patria.»  Pues  bien:  el  Senado  desechó  esa  nota  de  acuerdo  con 
un  dictamen  de  la  Comisión  de  Legislación  según  el  cual  las  de- 
mostraciones proyectadas  excedían  de  las  facultades  de  las  Cáma- 
ras  dentro  de   nuestro   régimen   constitucional. 

Lia  Asociación  Nacional. 

Hasta  se  trató  de  formar  una  nueva  agrupación  política  con 
los  elementos  del  Partido  Blanco  que  no  simpatizaban  con  la  mar- 
cha del  gobierno  de  Berro,  o  más  bien  dicho  con  el  cambio  de 
rumbos    iniciado    por    ese    gobierno. 

A  mediados  de  1861  se  fundó  la  «Asociación  Nacional»  con  el 
siguiente  programa: 

«Procurar  el  afianzamiento  de  la  paz  por  el  cumplimiento  de  la 
ley  y  de  la  obediencia  legítima  al  Gobierno  y  a  los  demás  Po- 
deres constitucionales;  propender  a  que  se  respete  y  acate  por  to- 
dos el  principio  de  nuestra  independencia  y  soberanía  nacional, 
plena  y  absoluta;  contribuir  a  que  la  República  tenga  una  polí- 
tica propia,  basada  en  los  intereses  nacionales;  difundir  entre  los 
ciudadanos  de  los  departamentos  el  espíritu  de  asociación  sin  ex- 
clusión alguna;  manifestar  las  necesidades  de  los  departamentos, 
indicar  sus  mejoras  y  propender  a  su  realización:  cuidar  de  que 
sean  siempre  prácticas  la  libertad  del  sufragio  y  de  la  imprenta, 
como  tambif'U  ;a  garantía  de  la  vida,  derechos  y  propiedades  de 
ios  habitantes   de  la  República.» 

El  nuevo  grupo  o  partirlo  nacionatistn.  como  le  llamaba  «El   Pue- 


6OBIEBX0    DE    BESBO  31 


bio»,  fundó  un  diario,  «La  Discusión»,  que  al  principio  fué  redac- 
tado por  el  doctor  Ambrosio  Velazco  y  más  adelante  por  los  doc- 
tores  Antonio   de   las   Carreras   y    José   Vázfluez   Sagastume. 

La  auuiistia  obstaculizada  por  la  Asamblea. 

Antes  de  concluir  su  primer  mes  de  existencia  adoptó  el  go- 
bierno de  Berro  dos  medidas  que  significaban  una  amplia  reac- 
ción contra  la  política  hasta  entonces  imperante.  Dictó  un  decreto 
por  el  que  se  derogaban  todos  los  destierros  ordenados  por  la  / 
f.dministración  Pereira  y  pasó  al  Cuerpo  Legislativo  un  proyecto 
de  ley  por  el  que  se  acordaba  amnistía  a  todos  los  que  hubieran 
intervenido  «en  los  movimientos  subversivos  de  los  años  anterio- 
les»,  bajo  la  sola  obligación  inpuesta  a  los  jefes  militares  de  resi- 
dir en  la  Capital  y  si  no  lo  quisieran  en  el  departamento  de 
campaña  que  les   señalare   el  Poder   Ejecutivo. 

Explicando  los  motivos  de  esa  restricción  decía  en  el  Senado 
el  Ministro   de  Gobierno: 

«En  estos  momentos  en  que,  dígase  lo  que  se  quiera,  las  pasio- 
nes están  todavía  exacerbadas,  habría  peligro  hasta  para  la  segu- 
ridad personal  que  ciertos  individuos  fueran  a  departamentos  de- 
terminados. El  Poder  Ejecutivo  ha  creído  que  Silveira  y  Carba- 
jal  en  Minas,  por  ejemplo,  serían  un  peligro  grave  para  la  tran-í 
quilidad   pública,    hasta    para    ellos    mismos    un    peligro». 

El  decreto  derogatorio  de  los  destierros  dio  lugar  a  una  violen- 
ta interpelación  de  la  Cámara  de  Diputados,  donde  piedomina»- 
ban  los  glorificadores  del  ex  Presidente  Pereira  V  de  su  actuación 
en  Quinteros.  El  doctor  Enrique  de  Arrascaeta,  autor  de  la  mo- 
ción, dijo  que  el  Poder  Ejecutivo  no  podía  ni  debía  dejar  sin  efec- 
to medidas  de  seguridad  que  habían  sido  aprobadas  por  la  Asam* 
blea.  Agregó  que  el  decreto  derogatorio  de  los  destierros  y  el  pro- 
yecto de  ley  de  amnistía  parecían  denunciar  la  existencia  de  dis- 
tintas categorías  de  emigrados,  cuando  era  una  sola  la  que  exis- 
tía. Y  terminó  manifestando  que  había  peligro  en  facilitar  el 
regreso  «de  hombres  capaces  de  todo»,  de  los  «continuos  pertur- 
badores del  orden  público».  Permitir,  por  ejemplo,  «que  vengan 
al  país  los  antiguos  redactores  de  «El  Sol»,  de  «La  Estrella»,  de 
«El  Nacional»,  y  los  jefes  que  fueron  alejados  del  país»,  equival- 
dría a  conmover  la  paz,  a  conculcar  las  instituciones  que  tantos 
sacrificios   ha   costado   mantener». 

Contestó    el      Ministro    de    Gobierno    doctor    Acevedo      que    había 


32  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


exactamente  dos  categorías  de  emigrados:  los  que  habían  tomado 
participación  en  los  movimientos  subversivos  que  sólo  la  Asam- 
blea podía  amnistiar,  y  los  que  sin  haber  tenido  tal  participación 
estaban  sin  embargo  fuera  del  país  por  efecto  de  decretos  que 
aunque  hubieran  sido  aprobados  por  la  Asamblea  podían  ser  de- 
rogados por  la  misma  autoridad  que  los  había  dictado.  Refirién- 
dose luego   al  peligro   del  regreso  de  los  emigrados,  agregó: 

«El  ministerio  no  ha  sido  llamado  todavía  para  dar  sus  ideas 
en  cuanto  a  la  amnistía:  no  podemos  entrar  en  eso,  porque  no 
está  en  discusión;  no  podemos  desde  luego  decir  todo  el  bien  que 
pai-a  el  país  resultará  de  que  en  el  exterior  se  sepa  que  realmente 
tenemos  confianza  en  nosotros  mismos,  que  realmente  sabemos  que 
los  pocos  hombres  que  están  en  el  exterior  no  pueden  causarnos 
mal». 

Las  ideas  y  prevenciones  del  interpelante  eran  también  las  de 
la  casi  totalidad  de  sus  colegas  y  rápidamente  fué  votada  una  mi- 
nuta de  comunicación  por  la  que  se  pedía  al  Presidente  la  suspen- 
sión del  decreto  hasta  que  fuera  discutido  y  resuelto  el  punto  re- 
lativo a  la  amnistía,  «habiendo  el  Cuerpo  Legislativo  prestado  su 
sapción   a  las  medidas   de  extrañamiento». 

El    Poder   Ejecutivo   resolvió    sostener   sus    fueros.* 

«La  Constitución  de  la  República  —  decía  al  contestar  la  Mi- 
nuta —  establece  que  nadie  puede  ser  penado  sin  forma  de  proce- 
so y  de  sentencia  legal;  pero  el  Poder  Ejecutivo,  en  uso  de  las 
atribuciones  que  le  confiere  el  artículo  81  en  casos  graves  e  im- 
previstos de  conmoción  interior  o  de  ataque  exterior,  procede  a  la 
prisión  de  uno  o  más  individuos.  Tiene  entonces  que  dar  cuenta 
a  la  Asamblea  General  estando  a  su  r3solucicn.  Hay  necesidad  de 
que  la  Asamblea  General  apruebe  la  medida;  pero  cuando  el  Po- 
der Ejecutivo  cree  que  la  prisión  debe  cesar,  no  necesita  para  na- 
da de  la  autorización  de  la  Asamblea  General.  La  razón  es  evi- 
dente: la  autorización  se  necesita  para  salir  del  orden  egul,  pa- 
ra tomar  medidas  extraordinarias,  pero  es  inútil  para  volver  a  él, 
para   entrar   en    el    estado    normal». 

Varios  meses  después  juzgó  necesario  el  Gobierno  precisar  el 
alcance  del  ^decreto  derogatorio  de  los  destierros,  y  a  ese  efectc 
declaró  que  los  individuos  que  estaban  autorizados  para  regresar 
al  país  eran  los  que  no  habían  tomado  parte  en  los  movimientos 
subversivos,  y  que  de  los  otros   sólo  la  Asamblea  podía  ocuparse. 

Veamos  ahora  el  recibimiento  que  tuvo  en  la  Asamblea  el  pro- 
yecto  de   amnistía. 


GOUIKKNü    DE    I5EKK0  33 


Fué  considerado  en  primer  término  por  la  Cámara  de  Senadores, 
que  según  hemos  tenido  ya  oportunidad  de  demostrarlo  ofrecía  un 
ambiente  más  propicio  que  la  de  Diputados  a  la  reacción  contra 
las    violencias    del    gobierno    de    Pereira. 

Para  la  Comisión  dictaminante  debía  suprimirse  el  artículo  que 
obligaba  a  los  amnistiados  a  vivir  en  Montevideo.  Uno  de  los  se- 
nadores, el  doctor  Ambrosio  Velazco,  pidió  además  que  los  amnis- 
tiados fueran  reintegrados  en  el  goce  de  todos  sus  derechos  civi- 
les y  políticos  y  que  esipecialmente  los  jefes  y  oficiales  dados  de 
baja  recuperaran  la  situación  y  empleos  que  tenían  en  el  ejército. 

Al  abrirse  los  debates  en  el  Senado,  caracterizó  así  el  Ministro 
doctor  Eduardo  Acevedo  la  orientación  política  del  nuevo  gobier- 
no: 

«Afianzados  el  orden  y  las  instituciones,  el  Gobierno  desea  que 
el  país  entero  entre  en  el  orden  normal  y  considera  que  para  eso 
es  indispensable  abrir  las  puertas  de  la  patria  a  aquellos  para  quie- 
nes están  cerradas.  Si  así  no  fuera  se  consideraría  que  era  un  par- 
tido el  que  gobernaba  y  que  pretendía  reducir  al  otro  partido  a 
la  nulidad  y  mantenerlo  en  clase  de  paria,  negándole  el  ejercicio 
de  los  derechos  constitucionales.  Esa  política,  señor  Presidente, 
está  juzgada.  La  política  que  consiste  en  que  una  parte  del  país 
someta  a  la  otra  parte  al  envilecimiento  y  a  la  nulidad,  es  una 
política  que  no  puede  llevar  sino  a  los  trastornos  y  a  Iri  revolu- 
ción. Por  eso,  fijándose  muy  especialmente  en  la  necesidad  de 
que  entren  a  funcionar  normalmente  todos  los  Poderes  y  queden 
todart  las  garantías  en  ejercicio,  el  Poder  Ejecutivo  ha  deseado 
q'.;p  los  hombres  que  están  fuera  del  país  vuelvan  para  ejercer  en 
él  su?  derechos  de  ciudadanos,  para  ver  si  es  posible  que  esa  ener- 
gía que  hasta  ahora  han  demostrado  para  los  trastornos  y  para 
las  guerras,  la  empleen  en  las  luchas  pacíficas,  en  las  luchas  cons- 
titucionales». 

En  la  primera  discusión  triunfó  la  enmienda  propuesta  por  la 
Comisión  de  Legislación  y  en  la  segunda  esta  fórmula  amplísima 
que  fué  votada  afirmativamente  por  siete  senadores  y  negativa- 
mente por   cuatro: 

«Habrá  olvido  perpetuo  sobre  las  conmociones  políticas  que  han 
tenido  lugar  en  los   años  anteriores. 

«Los  individuos  que  tomaron  parte  en  aquellos  sucesos  quedan 
amnistiados  y  reintegrados  al  pleno  goce  de  los  derechos  civiles 
y  políticos. 

«Los  jefes  y   oficiales  del  ejército  de  línea  que  se  encuentren  en 


3-V 


34  HISTORIA    DEL    UKUGUAY 


el  caso  del  artículo  anterior  serán  reconocidos  en  los  grados  y  em- 
pleos que  tenían  en  el  ejército  de  la  República  cuando  fueron  da- 
dos de  baja». 

La  sanción  del  Senado  se  produjo  en  abril  de  1860,  es  decir  un 
mes  justo  después  de  presentado  el  proyecto  por  el  Poder  Ejecuti- 
vo. Había  allí  ambiente  favorable,  como  hemos  dicho,  a  la  políti- 
ca de  confraternidad  y  olvido  que  deseaba  implantar  el  gobierno 
de  Berro,  y  el  proyecto  inicial  lejos  de  sufrir  retaceos  era  amplia- 
do fuertemente  con  el  aplauso  del  propio  gobernante  que  sólo  ha- 
bía tratado  de  disminuir  los  motivos  de  oposición  a  sus  patrióti- 
cos planes. 

La  Cámara  de  Diputados  se  tomó  en  cambio  un  año  largo  para 
discutir  el  proyecto  y,  lo  que  era  más  grave,  para  truncarlo. 

Recién  en  mayo  de  1861  empezó  a  figurar  en  la  orden  del  día 
esta   fórmula   sustitutiva   de   su    Comisión    de   Legislación: 

«Quedan  amnistiados  todos  los  ciudadanos  que  han  tomado  par- 
te en  las  conmociones  políticas  que  agitaron  al  país  en  años  ante- 
riores.» 

Eso  es  lo  único  —  decía  la  Comisión  en  su  informe  — que  pue- 
de §er  motivo  de  un  acto  legislativo.  Y  ampliando  su  pensamiento 
agregaba   el    miembro   informante   doctor   Antonio   de    las    Carreras: 

Los  jefes  y  oficiales  que  fueron  dados  de  baja,  pueden  presen- 
tarse ante  la  justicia  criminal  y  solicitar,  mediante  la  prueba  de 
su  inculpabilidad,  la  reposición  en  sus  empleos  y  grados,  quedan- 
do sometidos  en  caso  contrario  a  los  castigos  correspondientes, 
castigos   que   la    ley   de    amnistía   no   puede   dejar   sin    efecto. 

El  Presidente  Berro,  que  acababa  de  destituir  a  todos  sus  Minis- 
tros, alarmado  ante  el  salto  atávico  que  significaba  el  proyecto 
de  la  Comisión  envió  a  uno  de  sus  oficiales  mayores  para  pedir 
'a  incorporación  de  un  segundo  artículo  por  el  cual  se  establecía 
que  «los  jefes  y  oficiales  que  regresaran  al  país  entrarían  al  goce 
y  prerrogativas  que  a  su  clase  correspondiera»,  dando  con  ello  mar- 
gen para  que  los  autores  y  partidarios  del  proyecto  sustitutivo 
emprendieran  la  defensa  del  gobierno  de  Pereira,  y  especialmente 
la  defensa  de  Quinteros,  y  atacaran  a  los  emigrados  que  el  Presi- 
dente Berro  deseaba  reintegrar  al   país   con  sus  grados  militares. 

El  doctor  Antonio  de  las  Carreras,  el  influyente  Ministro  del  go- 
bierno de  Pereira,  luego  de  hablar  de  la  necesidad  «de  santificar 
la  justicia  que  entonces  se  hizo»,  agregó: 

«Si  hoy  se  entra  en  rasgos  de  generosidad,  generosidad  que  no 
puede    admitirse   políticamente    porque   la    política   no   admite    sino 


GOr.lEKNO    OE    15EUKO  35 


las  conveniencias  públicas  y  no  las  ideas  dictada  por  los  impulsos 
del  corazón;  si  hoy  se  quiere  dar  ensanche  a  ese  sentimiento  y 
atenuar  algún  tanto  la  justicia  de  esos  actos,  no  se  hace  más  que 
introducir  un  principio  de  desmoralización,  un  principio  de  des- 
aliento en  los  hombres  que  se  sacrificaron  por  las  instituciones  y 
por  otra  parte  un  principio  de  aliento  para  los  hombres  que  se 
lanzaron  a  la  revolución  contando  que  con  tres  o  cuatro  años  de 
emigración  volverían  a  la  patria  y  recuperarían  todos  los  derechos 
perdidos.» 

El  doctor  Enrique  de  Arrascaeta,  otro  de  los  firmantes  del  dic- 
tamen de  la  Comisión  de  Legislación,  apoyando  las  ideas  del  doc- 
tor  Carreras,  dijo: 

«Están  en  el  destierro,  no  vienen  porque  temen  ser  encausados 
y  se  les  hace  una  gran  gracia  con  decirles:  vengan  ustedes,  na- 
die los  inquietará;  hemos  olvidado  el  delito  que  cometieron  que- 
riendo derrumbar  la  autoridad.  Esto  es  todo  lo  que  puede  hacerse, 
más  allá  la  Asamblea  no  podría  ir  sin  abusar  de  las  atribuciones 
que  la  Constitución  le  confirió...  Los  civiles  podrán  pedir  su 
rehabilitación,  los  militares  también  podrán  gestionarla;  y  si  como 
se  ha  dicho  muy  bien,  por  su  respeto  a  la  Constitución,  a  la  paz, 
al  progreso  que  el  país  lleva  y  a  la  autoridad;  si  por  los  hechos 
demostrados  de  amor  a  los  intereses  generales  del  país  se  hacen 
acreedores  a  la  estimación  pública,  la  Nación  los  tendrá  en  cuenta 
y  los  volverá  al  goce  de  los  derechos  que  perdieron.  ¡Pero  nosotros 
revestirlos   de   sus    derechos!    No   señor,   no   podemos    hacerlo.» 

Contra  esa  tentativa  de  santificación  de  Quinteros  se  alzó  el 
diputado  don   Pedro  Díaz. 

«Demasiado  sangre  se  ha  derramado  en  Quinteros  —  dijo  —  y 
creo  que  con  eso  es  bastante  para  echar  un  velo  sobre  este  nego- 
cio y  concluir  con  esta  ley  de  amnistía,  sancionándola  como  lo 
ha  propuesto  el  señor  Ministro  en  nombre  del  Poder  Ejecutivo. . . 
Aquí  tratamos  de  orientales  que  se  están  muriendo  de  hambre  en 
el  extranjero  y  que  tal  vez  mañana,  por  no  perdonárseles  como  es 
debido,  por  no  traerlos  al  seno  de  la  patria,  van  a  ser  nuestros 
enemigos,  pues  eso  les  servirá  de  pretexto  para  venir  a  hacer  una- 
revolución.» 

Cerrado  el  debate,  fué  sancionado  el  proyecto  sustitutivo  de  la 
Comisión  y  rechazado  el  artículo  propuesto  por  el  Poder  Ejecutivo 
que  en  concepto  de  los  doctores  Carreras  y  Arrascaeta  era  una 
simple  variante  de  la  fómula  del   Senado. 

Había,   pues,   una   discrepancia  fundamental   entre   las   dos   Cama- 


36  ~       rirsTORiA   del  Uruguay 


ras  y  el  asunto  fué  pasado  a  la  Asamblea  General,  donde  la  Comi- 
sión de  Legislación,  de  la  que  formaba  parte  el  doctor  Carreras, 
asumió   la    defensa   del    proyecto   de   la   Cámara   de    Diputados. 

«Si  bien  el  Cuerpo  Legislativo  —  decía  en  su  informe  —  en 
virtud  de  la  disposición  del  artículo  17  de  la  Constitución  puede  y 
dtíbe  amnistiar  en  nombre  del  pueblo  que  representa,  esto  no 
quiere  decir  que  pueda  invadir  atribuciones  que  están  cometidas 
por  ese  Código  a  los  otros  poderes  en  que  también  está  delegada  la 
soberanía    popular.» 

Ocupaba  en  eso¿  momentos  el  Ministerio  de  Gobierno  y  Relacio- 
nes Exteriores  el  doctor  Enrique  Arrascaeta,  uno  de  los  ardorosos 
defensores  del  proyecto  restringido,  y  él  declaró  ante  la  Asamblea 
que  el  Poder  Ejecutivo  nunca  había  aceptado  la  fórmula  amplia  del 
Senado,  afirmación  no  corroborada  por  la  documentación  de  la 
época  y  hasta  contradicha  por  el  artículo  aditivo  propuesto  por  el 
Presidente  Berro  al  discutirse  el  asunto  en  la  Cámara  de  Diputa- 
dos, artículo  que  probaba  clara  e  inequívocamente  que  el  criterio 
gubernativo  coincidía  en  el  fondo  con  el  del  Senado  y  que  el  Po- 
der Ejecutivo  deseaba  que  la  Asamblea  reintegrara  a  los  jefes  y 
oficiales   en   el   goce   de   sus  grados   militares. 

Puestos  a  votación  los  dos  proyectos  la  Asamblea  rechazó  el  del 
Senado  y  sancionó  el  de  la  Cámara  de  Diputados  concebido,  como 
hemos  dicho,   en  estos  términos: 

«Quedan  amnistiados  todos  los  ciudadanos  que  han  tomado  parte 
on  las  conmociones  políticas  que  agitaron  al  país  en  los  últimos 
años.» 

Tal  era  lo  único  que  declaraba  la  Asamblea  en  julio  de  1861,  a 
los  16  meses  de  la  presentación  del  proyecto  por  el  Poder  Ejecu- 
tivo. 

El   Pi-esidente  Berro  da   toda  su  amplitud  a   la   ley  de  amnistía. 

En  octubre  del  mismo  año  1861  el  general  Flores,  que  estaba  al 
servicio  del  Gobierno  Argentino,  dirigió  una  carta  al  general  Mitre 
^n  que  le  decía  que  asegurada  la  estabilidad  de  la  paz  con  el  triunfo 
de  Pavón,  quizás  le  sería  dable  iniciar  alguna  gestión  para  que 
a  los  emigrados  orientales  «les  fueran  abiertas  las  puertas  de  la 
patria  con  altura  y  dignidad»,  dándoles  «participación  en  los  des- 
tinos públicos  a  fin  de  encontrar  una  garantía  positiva  para  sus 
personas.» 

«Tan  nobles  palabras  —  contestó  Mitre  en  el  acto  —  tan  mode- 


GÜHIKK.NO    I)K    BERRO  37 

radas  aspiraciones  manifestadas  con  tanta  dignidad  como  delica- 
deza, no  pueden  menos  de  encontrar  simpatías  en  todo  corazón 
generoso.  Usted  sabe,  General,  que  el  mío  pertenece  a  usted  y  a 
sus  compatriotas  como  antiguo  compañero  de  armas  y  como  corre- 
ligionario  político.» 

Como  consecuencia  de  estas  gestiones  don  Jacobo  Várela  y  don 
Juan  Madero  fueron  comisionados  para  entrevistarse  con  don  Ber- 
n  irdo  Berro,  quien  contestó  expresando  que  sólo  después  de  muchos 
esfuerzos  había  conseguido  la  ley  de  amnistía;  que  eran  como  300 
los  jefes  y  oficiales  dados  de  baja  en  1858;  que  escaseaban  de  tal 
manera  los  recursos  que  había  sido  necesario  reducir  a  la  cuarta 
parte  los  sueldos  de  las  clases  pasivas;  y  que  para  resolver  el 
punto  había  que  convocar  a  la  Asamblea. 

La  carta  de  Berro  fué  comunicada  a  Flores  por  intermedio  del 
general  Gelly  y  Obes,  Ministro  de  Guerra  del  gobierno  de  Mitre, 
dándose  con   ello  por  fracasadas  las  tentativas  de   conciliación. 

Eso  ocurría  en  julio  de  1862.  Pero  dos  meses  después  Berro 
dictaba  un  decreto  por  el  que  invocando  el  espíritu  de  la  ley  de 
amnistía,  establecía  que  los  jefes  y  oficiales  dados  de  baja  por 
causas  políticas  en  1857  y  58,  serían  reincorporados  al  Estado  Ma- 
jtr  pasivo  con  sus  antiguos  grados  «por  el  solo  hecho  de  solici- 
tarlo del  Gobierno  acompañando  los  justificativos  necesarios».  Agre- 
gaba el  decreto  que  se  gestionaría  de  la  Asamblea  autorización  para 
cubrir  los  liaheres  atrasados  anteriores  a  la  baja. 

En  el  curso  de  los  debates  parlamentarios  habíase  dicho  por  los 
defensores  de  la  fórmula  restringida,  que  una  cosa  era  la  amnistía 
política  —  que  competía  a  la  Asamblea  —  y  otra  el  otorgamiento 
de  los  grados  militares  —  que  correspondía  al  Poder  Ejecutivo.  — 
Pero  en  el  fondo  lo  que  la  mayoría  quería  evitar  a  toda  costa 
era  que  los  emigrados  volvieran  a  incorporarse  a  las  filas  del 
ejército. 

Para  triunfar  de  todas  las  resistencias  fué  necesario  que  el 
ministerio  constituido  por  don  Jaime  Estrázulas,  don  Juan  P. 
Caríivin.  don  Joaquin  T.  E^aña  y  don  Plácido  Lnauna,  inscribiera 
en  su  programa  esta  base  de  la  que  emanó  el  decreto  de  que 
berilos   hablado: 

«Cambiar  la  posición  de  los  emigrados  orientales  en  la  Argentina, 
abriéndoles  las  puertas  para  regresar  sin  excepción,  declarando  a 
los  que  sean  militares  repuestos  en  sus  grados  desde  que  se  so- 
metan al  Gobierno  pidiendo  su  reincorporación  al  Estado  Mayor 
General.» 


38  '         HISTORIA    DEL    URUGUAY 


Apenas  dictado  el  decreto  empezaron  a  llegar  de  la  Argentina 
a]gunos  de  los  jefes  y  oficiales  que  se  encontraban  más  castigados 
por  las  circunstancias  económicas.  Otros,  los  de  mayor  volumen 
del  punto  de  vista  revolucionario,  quedaron  en  la  expatriación,  afi- 
liados al  ejército  argentino,  firmes  en  su  propósito  de  no  solicitar 
su  reincorporación  y  resueltos  a  esperar  el  resultado  de  alianzas 
o  ayudas  valiosas  que  ya   esbozaban  los   acontecimientos. 

Lia  libertad  de  la  prensa.  Un  acuerdo  gubernativo  contra  las  con- 
troversias   partidistas. 

A  mediados  de  1860  apareció  «El  Pueblo»,  como  órgano  del  Par- 
tido Colorado.  Alarmado  ante  la  reanudación  de  las  polémicas  en- 
tre blancos  y  colorados,  el  Presidente  Berro  dictó,  con  la  firma  de 
sus  Ministros  Acevedo,  Villalba  y  Lamas,  un  acuerdo  que  decía 
así: 

«El  Presidente  de  la  República,  a  quien  está  especialmente  come- 
tido por  la  ley  fundamental  la  conservación  del  orden  y  de  la 
tranquilidad  en  lo  interior,  no  puede  tolerar  que  se  pongan  en 
práctica  los  medios  que  más  de  una  vez  han  servido  por  desgra- 
cia entre  nosotros  para  trastornar  el  orden  y  las  instituciones. 
Amigo  ardiente  de  la  libertad  de  la  prensa  garantida  por  la  Cons- 
titución de  la  República,  no  puede  aceptar  que  bajo  el  pretexto  de 
fcsa  libertad  se  cometan  verdaderos  crímenes  contra  la  seguridad 
del  Estado.  En  la  tentativa  de  resurrección  de  los  viejos  partidos 
con  sus  banderas  de  sangre  y  de  exterminio,  no  ve  sino  la  excita- 
ción a  la  guerra  civil  y  a  la  anarquía.  Un  hombre  que  saliera  a  la 
calle  pública  levantando  la  bandera  blanca  o  la  bandera  colorada 
y  evocando  los  viejos  odios  y  rencores  serla  considerado  como  un 
perturbador  del  sosiego  público,  puesto  inmediatamente  en  prisión 
y  sometido  a  los  jueces  competentes.  El  hecho  de  que  esa  exci- 
tación a  la  anarquía  se  haga  por  la  prensa,  lejos  de  debilitar  la 
gravedad  del  delito,  la  aumenta.  El  Presidente  de  la  Repiiblica, 
decidido  a  cumplir  lealmente  el  juramento  prestado  de  observar  la 
Constitución  de  la  República,  respetando  todas  las  libertades  que 
ella  garante,,  no  encuentra  entre  éstas  la  libertad  de  delinquir,  la 
libertad  de  envolver  de  nuevo  al  país  en  la  ruina  y  en  la  sangre. 
El  Presidente  de  la  República  tiene  la  firme  resolución  de  no  per- 
mitir que  se  enarbolen  de  nuevo  con  ningún  motivo  ni  pretexto 
las  viejas  banderas  de  partidos  personales  que  nada  representan  ni 
pueden  representar  en  principio,  y  considera  cualquier  tentativa  de 


(iüi;;eu.\()    dk    i!i::;ho  39 

<íoe  género  como  una  excitación  a  la  anarquía  y  a  la  guerra  civil.» 
Concluía    el    acuerdo   ordenando   a   la    Policía    que   llamara    al    re- 
dactor   de   «El    Pueblo»    y   le    dijera   lo    siguiente: 

«El  Gobierno  está  dispuesto  a  valerse  de  todos  los  medios  legí- 
timos a  su  alcance  para  que  el  orden  no  sea  alterado,  y  no  tole- 
r.'irá  la  excitación  a  la  guerra  civil  y  a  la  anarquía,  sea  cual 
fuere  la  forma  en  que  se  presente,  sin  que  esto  importe  en  manera 
alguna  la  prohibición  del  libre  examen  de  los  actos  del  Gobierno, 
garantido  por   la   Constitución   de  la   República.» 

No  se  trataba  ciertamente  de  una  novedad.  A  raíz  de  la  revolu- 
ción del  18  de  julio  de  1853,  el  Presidente  Giró,  con  las  firmas  de 
sus  Ministros  don  Bernardo  P.  Berro,  don  Manuel  Herrera  y  Obes 
y  coronel  Venancio  Flores,  había  declarado  «que  toda  recrimina- 
ción sobre  opiniones  y  actos  referentes  a  la  guerra»  terminada  en 
octubre  de  1851,  constituía  «una  violación  flagrante  de  los  pactos 
que  precedieron  a  la  pacificación  de  la  República»;  que  la  obseí"- 
vancia  de  esos  pactos  interesaba  «a  la  conservación  de  la  paz  pú- 
llica»;  que  en  consecuencia  quedaba  «de  todo  punto  prohibido  a 
la  prensa  periódica  el  traer  a  juicio  los  actos  y  opiniones  referi- 
dos»; y  que  las  trasgresiones  «serían  calificadas  y  penadas  como 
i:na  concitación  al   desorden  y  a  la  anarquía». 


La  rememoración  de  Quinteros  da  origen  a  la  primera  .sanción  de 
ese   acuerdo. 

«El  Pueblo»  hizo  caso  omiso  de  la  prohibición  y  continuó  tran- 
quilamente su  propaganda  por  espacio  de  varios  meses,  hasta  enero 
de   1861,    sin    que   nadie   se   acordara   del   acuerdo   gubernativo. 

Al  aproximarse  el  aniversario  de  Quinteros  la  redacción  de  ese 
diario  promovió  una  suscripción  con  el  propósito  de  honrar  la 
memoria  de  las  víctimas.  Llegada  la  suscripción  a  cierta  suma 
(324  pesos)  se  resolvió  destinar  su  importe  a  la  Sociedad  de  Bene- 
ficencia de  Señoras  que  presidía  la  señora  de  Hocquard,  mediante 
una  nota  suscripta  por  don  Joaquín  Suárez,  don  José  Guerra,  don 
Francisco  Hordeñana,  don  Gregorio  Conde,  don  Pedro  Bustamante, 
don  Teófilo  Díaz  v  don  Mateo  ¡Mao-ariños  Cervantes,  este  último 
redactor   de   «El   Pueblo»,   en  la   que  figuraba   el   siguiente   párrafo: 

«Los  infrascriptos  constituidos  en  Comisión  para  aplicar  los 
fondos  recolectados  con  el  objeto  de  celebrar  unos  funerales  en 
memoria  de  los  orientales  beneméritos  que  sucumbieron  en  conse- 
cuencia  de    la    capitulación   de   Quinteros   en   febrero   de   1858,   des- 


40  HISTORIA    DEL    UBUGÜAT 


pues  de  oir  la  opinión  de  muchos  de  los  sufragantes  para  ese 
acto  que  tanto  honra  al  partido  que  se  propuso  practicarlo  como 
honraría  al  país  en  donde  pudiese  sin  estrépito  tributarse  un  fú- 
nebre recuerdo  a  los  que  perecen  defendiendo  el  derecho  de  los  ciu- 
dadanos  y   el   principio   sagrado   de  la  Libertad...» 

Como  consecuencia  de  esa  nota  apareció  un  aviso  en  otro  diario 
por  el  que  se  invitaba  a  una  reunión  en  el  Teatro  Solís  con  el 
propósito  de  organizar  un  banquete  conmemorativo  de  la  campaña 
terminada    en    Quinteros. 

El  Gobierno  dio  de  baja  al  coronel  don  José  Guerra,  uno  de  los 
firmantes  de  la  nota  a  la  señora  de  Hocquard,  y  dictó  un  acuerdo 
en   que  decía: 

«No  pudiendo  tolerar  que  no  solamente  se  levanten  las  viejas 
banderas  de  partido,  sino  que  se  haga  la  apología  del  crimen  y 
se  propalen  principios  incompatibles  con  la  existencia  de  toda  au- 
toridad regular,  pase  el  número  164  de  «El  Pueblo»  al  Fiscal  del 
Crimen  para  que  acuse  a  los-  individuos  que  suscriben  la  nota 
dirigida  a  la  señora  de  Hocquard,  exceptuando  al  señor  don  Joa- 
c;uín  Suárez  atenta  su  avanzada  edad  y  el  papel  que  notoriamente 
ha   representado   en    el   negocio   de   que   se    trata.» 

Tal  era,  pues,  la  sanción  que  el  gobierno  de  Berro  aplicaba  a  los 
Irasgresores  de  su  acuerdo  del  año  anterior.  Había  anticipado  en 
ese  acuerdo  el  propósito  «de  valerse  de  todos  los  medios  legítimos 
a  su  alcance»  para  asegurar  el  orden  público,  y  manteniendo  la 
promesa  se  limitaba  a  pedir  al  Fiscal  del  Crimen  que  acusara  al 
diario  que  así  intentaba  restaurar  los  odios  de  partido,  en  vez  de 
encarcelar  o  desterrar  a  sus  redactores,  como  alguien  llegó  a  te- 
mer que  lo  hiciera. 

Refiriéndose  a  estos  acuerdos  decía  el  Presidente  Berro  al  abrir 
las   sesiones  ordinarias   en   1862: 

«Algunas  tendencias  peligrosas  se  han  mostrado  para  hacer  re- 
vivir los  furores  y  antagonismos  de  muerte  de  los  viejos  partidos. 
Toda  vez  que  adquieran  la  importancia  de  una  agitación  anár- 
quica, me  consideraré  en  el  caso  de  emplear  para  contenerlas  los 
medios  que  la  Constitución  y  las  leyes  han  puesto  a  mi  disposición. 
Así  lo  he  hecho  recientemente  cuando  en  medio  a  una  polémica 
íiisensata   por  Ja   prensa,    apareció    un    extravío   de   ese   género.» 

Y  agregaba  el  Ministro  doctor  Acevedo   en   su    Memoria   de  1860: 

«A  pesar  del  deseo  que  abriga  el  Gobierno  de  garantir  todas  las 
libertades  constitucionales,  se  vio  forzado  pocos  días  después  del 
receso   de   la   Honorable   Asamblea   General    a   amonestar    a    un   pe- 


GOIUERNO     DE    BERRO 


41 


riodista  que  se  empeñaba  en  levantar  la  bandera  de  los  viejos 
partidos  abriendo  las  heridas  no  bien  cicatrizadas  todavía.  EL  Go- 
bierno, que  entrega  todos  sus  actos  al  libre  examen  del  pueblo  y 
que  agradecería  la  censura  lejos  de  tomarla  a  mal,  no  podía  to- 
lerar que  se  excitase  a  la  anarquía  y  sus  irreparables  consecuen- 
cias. Posteriormente  se  hizo  necesario  repetir  esa  amonestación, 
pero  como  no  se  apreciara  debidamente  toda  la  moderación  que 
encerraba  tal  procedimiento,  se  excitó  el  celo  del  Fiscal  para  que 
dedujera  contra  algunos  individuos  las  acciones  que  correspondie- 
ra   por    las    leyes.» 

Elogios  que  provoca  la  actitud  del  Gobierno  ante  una  controver- 
sia partidista. 

A  principios  de  1862  la  prensa  puso  a  la  orden  del  día  el  tema 
hitmpre  candente  de  Quinteros.  Como  resultado  del  ardoroso  de- 
bate que  en  el  acto  se  produjo,  el  doctor  Antonio  de  las  Carreras, 
director  de  «La  Discusión»,  acusó  ante  el  jurado  popular  a  don 
José  Cándido  Bustamaute,  director  de,  <.E1  Comercio  df\  Plaia>. 
Llegado  el  juicio  de  prueba  se  llenó  la  barra  con  más  de  500  per- 
sonas, diseminándose  el  resto  del  público  por  los  alrededores  del 
Tribunal  a  la  espera  del  fallo.  Las  crónicas  de  la  época  están  con- 
testes en  que  no  hubo  disturbios  y  el  propio  acusado  dejó  constan- 
cia en  su  diario  de  que  la  Policía  se  había  conducido  «con  digni- 
dad y  rectitud,  conforme  a  las  instrucciones  que  de  sus  superiores 
tenía   ». 

«En  la  época  de  Pereira  —  agregaba  don  José  Cándido  Busta- 
mante  en  otro  artículo  —  nos  hubiéramos  visto  expuestos  al  pu- 
ñal del  asesino  o  a  la  orden  arbitraria  del  encarcelamiento.  En  la 
época  de  Berro  denunciamos  el  crimen  por  la  prensa,  lo  combati- 
mos en  los  mismos  Tribunales,  lo  probamos  quizá,  y  los  cómplices 
de  aquella  nefanda  época  se  retuercen  haciendo  contorsiones  de  es- 
panto y  de  pavor  ante  las  recriminaciones  de  la  opinión  pública  que 
habla  por  nuestro  eco...  ¡Quién  diría  el  año  1858  que  el  6.2  ha- 
bría de  traerse  a.  tela  de  juicio  los  crímenes  de  aquella  época  ne- 
fanda para  la  República!...  ¿Ppro  quién  sino  el  tiempo,  que  nos 
liace  comprender  lo  que  importa  ayer  y  hoy?...  ¿Y  qué  será  de 
nosotros  mañana?  Confiemos,  sí,  confiemos  en  la  rectitud  e  inde- 
pendencia de  la  actual  administración;  ella  ha  de  salvarnos  de 
los  riesgos  que  nos  amenazan  si  como  esperamos  da  lugar  para  to- 
dos en  el  suelo  de  la  patria.» 


42  '       HISTORIA    DEL    UEUGÜAY 


Fué  condenado  el  redactor  de  «El  Comercio  del  Plata»  al  pago 
de  300  pesos  de  multa,  y  entonces  sus  partidarios  organizaron  una 
serenata  de  desagravio  que  cantó  a  sus  puertas  el  himno  nacional, 
sin  que  nadie  los  perturbara,  según  lo  hacía  constar  «La  Prensa 
Oriental». 

Alentado  por  esas  manifestaciones  atacó  Bustamante  el  fallo  de 
una  manera  recia  en  «El  Comercio  del  Plata»,  y  eso  dio  mérito  a 
que  el  Gobierno  excitara  el  celo  del  Fiscal  del  Crimen  doctor  Ale- 
jandro Magariños  Cervantes,  quien  entabló  acusación  por  la  vía 
popular  obteniendo  que  el  periodista  fuera  condenado  a  no  poder 
escribir    durante    dos    años. 

Algunos  meses  después  el  mismo  Fiscal  acusó  ante  la  justicia 
'  ordinaria  al  «Zipi  Zape»,  «cuyas  columnas  —  decía  el  doctor  Maga- 
riños Cervantes  —  están  llenas  de  cínicas  desvergüenzas  y  de  ata- 
ques a  la  moral  pública»,  obteniendo  a  la  vez  el  arresto  de  su  di- 
rector por  tratarse  de  una  revista  que  aparecía  como  anónima.  Don 
José  de  la  Hanty,  que  era  el  director,  resolvió  entonces  suspender 
la  publicación  de  «El  Comercio  del  Plata»  del  que  también  era 
editor,  invocando  que  «La  Reforma  Pacífica»  había  traído  una 
revolución  a  Montevideo  con  su  rebaja  de  precios  y  que  para  sos- 
tener la  competencia  había  fundado  el  «Zipe  Zape»,  por  manera 
que  la  desaparición  de  éste  arrancaba  el  fuego  y  el  agua  al  diario 
principal. 

La  Junta  Económico-Administrativa  de  la  Capital  se  dirigió  al 
Poder  Ejecutivo  reclamando  contra  el  arresto  y  contra  la  interven- 
ción de  la  justicia  ordinaria  en  asuntos  de  la  competencia  exclusiva 
del   Jurado. 


Una  niM'va  advertencia  a  la  prensa. 

Los  conflictos  religiosos  de  que  hablaremos  más  adelante  dieron 
pretexto  en  el  curso  de  ese  mismo  año  a  debates  ardorosos,  que  el 
gobierno  de  Berro  procuró  contener  mediante  un  decreto  refren- 
dado por  el  Ministro  de  Gobierno  don  Juan  P.  Caravia.  en  que 
volvía  a  prevenir  que  haría  uso  en  caso  necesario  de  los  recursos 
legales,   o  sea,  de  la   acusación   ante  el  Jurado. 

«En  el  interés  de  la  conservación  del  orden  y  de  la  tranquilidad 
de  las  conciencias  —  decía  ese  decreto  de  septiembre  de  1862  — 
así  como  en  el  del  mantenimiento  de  la  dignidad  del  Gobierno  en 
lo  que  se  relaciona  con  la  cuestión  eclesiástica  y  sin  desconocer  el 
ubre  derecho  de  la  prensa  para  apreciar  los  actos  de  la  autoridadi^. 


(¡OBIKKNo      l>K      15KKKÜ  48 


SO  hará  saber  por  el  Oficial  Mayor  a  los  redactores  o  editores  que 
«así  como  el  Gobierno  estimará  que  toda  discusión  se  conserve 
dentro  de  los  límites  .de  la  moderación  y  de  la  prudencia  para  no 
agitar  más  los  espíritus,  así  también  y  del  mismo  modo  conten- 
drá con  la  ley  en  la  mano  todo  lo  gue  tienda  a  perturbar  a  la 
sociedad,  aunque  se  tome  para  ello  el  pretexto  de  defender  la 
Iglesia  o  la  religión,  o  al  contrario.» 

Se  intenta  la  reforma  de  la  Ley  de  Imprenta. 

La  Cámara  de  Senadores  sancionó  en  1855,  bajo  el  gobierno  de 
Flores,    un    proyecto   de   ley    que   puede    resumirse    así: 

Se  abusa  contra  la  sociedad  atacando  la  religión,  la  moral,  in- 
vitando a  la  rebelión,  injuriando  a  los  gobiernos  amigos  y  a  las 
autoridades  superiores  de  la  República;  y  contra  los  particulares, 
difamándolos,  injuriándolos  o  calumniándolos.  Los  abusos  contra 
la  sociedad  se  castigan  con  prisión  o  destierro  desde  dos  meses 
hasta  cuatro  ;iñns,  y  conna  los  pirticulnres  con  multan  lu-  fiU  a  1,000 
pesos,  prisión  o  destierro  de  quince  días  hasta  dos  años.  Todo 
habitante  del  Estado  tiene  el  deber  de  presentar  los  pasquines  o 
libelos  difamatorios  que  lleguen  a  sus  manos,  so  pena  de  ser  con- 
denado como  cómplice. 

Dicho  proyecto  quedó  encarpetado  en  la  Cámara  de  Diputados 
hasta  1862,  en  qué  la  Comisión  de  Legislación  resolvió  exhumarlo 
cou  estas  enmiendas: 

■Se  abusa  contra  la  sociedad  atacando  la  religión  católica,  la 
moral  pública,  invitando  a  la  rebelión,  promoviendo  la  anar- 
quía, defendiendo  directa  o  indirectamente  los  intereses  de  nacio- 
nes extrañas  con  mengua  de  los  intereses  nacionales,  sosteniendo 
o  favoreciendo  de  cualquier  modo  la  dominación,  invasión  o  pro- 
tectorado extranjeros.  Las  penas  tratándose  de  abusos  contra  la 
sociedad,  serán  prisión  o  destierro  desde  tres  meses  hasta  cuatro 
años  o  multas  desde  1,000  hasta  4,000  pesos:  y  tratándose  de  abu- 
.sos  contra  los  particulares,  multas  desde  50  hasta  1,000  pesos  o 
prisión  o  destierro  desde  quince  días  hasta  un  año.  Todas  las 
publicaciones  deberán  ser  firmadas  y  en  caso  de  no  comparecer  el 
firmante  responderá  el  propietario  de  la  imprenta.  Solamente  los 
avisos  podrán  publicarse  sin  firma. 

La  Cámara  de  Diputados  sancionó  el  proyecto  con  nuevas  mo- 
dificaciones, pero  el  Senado,  donde  imperaban  otro  criterio  y  otras 
tendencias,   resolvió   encarpetarlo,  y  así   lo   hizo. 


44  '  HISTORIA    DKL    URUGUAY 


Las  elecciones  de   1860.   Dos  grandes  tendencias  en  lucha. 

No  concurrió  el  Partido  Colorado  a  los  comicios  generales  de 
1860.  En  cambio,  el  Partido  Blanco  se  dividió  en  dos  grandes 
fricciones  antagónicas,  las  mismas  que  desde  el  primer  momento 
de  la  presidencia  de  don  Bernardo  P.  Berro  asomaron  en  el  escena- 
rio político:  la  que  respondía  a  la  tradición  Pereira  y  la  que  bre- 
ge.ba  por  el  programa  de  ideas  y  de  trabajo  del  nuevo  mandatario. 
Al  frente  de  la  primera  fracción  estaba  el  propio  don  Gabriel 
Antonio  Pereira  y  al  frente  de  la  segunda,  en  la  que  se  había 
afiliado  toda  la  juventud,  estaba  el  también  ex  Presidente  don 
Juan   Francisco  Giró. 

La  fracción  que  acaudillaba  don  Gabriel  Antonio  Pereira  fundó 
un  club  electoral  bajo  el  nombre  de  «Independencia  y  Constitu- 
ción», que  concretó  así  su  programa  en  un  manifiesto  publicado  con 
las  firmas  de  aquel  ciudadano  y  de  un  numeroso  grupo  de  adeptos 
entre  los  que  figuraban  don  Cándido  Joanicó,  don  Antonio  Díaz,  don 
Manuel  J.  Errasquin,  don  Joaquín  Requena,  don  Anacleto  Medina, 
don  José  María  Reyes,   don   José  Brito  del   Pino  y   don   Jaime    Illa 

y  VifMrioiit: 

«Nuestra    divisa    será     Independencia   y    Constitución.     Ella    será 

nuestra  bandera  en  los  próximos  comicios.  Ella  debe  serlo  para 
todos  los  buenos  ciudadanos  y  verdaderos  patriotas...  He  ¡ahí 
nuestros  fines...  Nuestros  medios  serán:  mantener  el  respeto  a 
la  ley  y  a  las  autoridades  constituidas,  haciendo  imposible  la  re- 
petición de  toda  reacción  disolvente.  Garantir  la  propiedad.  Fomen- 
tar la  industria,  la  agricultura  y  el  comercio.  Y  propender  a  la 
práctica  de  una  política  puramente  oriental,  pero  noble  y  discreta, 
ciue  estrechando  las  relaciones  amigables  con  todas  las  potencias 
extranjeras,   conserve   la  independencia  y   la  soberanía  nacional.» 

La  fracción  que  presidía  don  Juan  Francisco  Giró  fundó  otro 
centro  electoral  bajo  el  nombre  de  «Club  Libertad».  El  día  de  su 
instalación,  acto  que  tuvo  lugar  en  el  Teatro  Solís,  un  grupo  de 
jóvenes  distribuyó  en  la  puerta  de  entrada  una  protesta  violenta 
contra  el   club  que  presidía  don   Gabriel   Antonio   Pereira. 

«El  ardor  —  decía  esa  protesta  —  el  entusiasmo,  la  buena  fe 
patriótica  reside  en  la  juventud  siempre  generosa  y  valiente  hasta 
la  heroicidad.  .  .  Explotados  estos  sentimientos  por  los  eternos  fau. 
tores  de  nuestras  desgracias,  más  de  una  vez  han  arrastrado  a 
nuestra  juventud  por  el  lodo  de  nuestras  pasiones  y  miserias  de 
una   vida   do    convulsión    permanente.    Invocando    mentidamente    los 


OOHIKK.N'O     I)K     HKRKO  45 


nombres  de  patria,  independencia  y  Constitución  para  encubrir 
sus  miras  personales,  su3  negocios,  sus  venganzas,  llevaron  a  U 
patria  al  borde  del  abismo  ly  la  Constitución  ha  sido  en  sus  manos 
falseada,  escarnecida  e  interpretada  en  su  provecho.  Agrupaos,  ju- 
ventud oriental,  proclamando  la  verdad  de  los  principios  constitucio- 
nales, la  libertad  de  la  ley,  la  democracia  pura,  la  buena  fe  política. 
Sea  vuestra  bandera  la  de  la  patria  regenerada.  . .  Vosotros  seréis  los 
arbitros  en  la  cuestión  electoral  y  vuestro  será  el  triunfo  y  habréis 
ilustrado  con  ese  hecho  los  fastos  inmortales  de  la  época  consti- 
tucional, única  que  atraviesa  el  país  desde  que  existe  bajo  la  presi- 
dencia  del   esclarecido   ciudadano  don    Bernardo   P.    Berro.» 

La  Comisión  Directiva  del  'Club  Libertad»,  que  había  iniciado 
sus  trabajos  con  gran  moderación,  publicó  en  el  acto  una  protesta 
contra  ese  manifiesto  que  repelía  «con  indignación  como  un  ele- 
mento   de    discordia». 

Esa  primera  disidencia  surgida  entre  los  mismos  ciudadanos 
que  se  habían  agrupado  en  torno  del  Presidente  Berro,  fué  se- 
guida de  otras  más  graves  en  la  víspera  de  los  comicios,  que  tra- 
jeron la  disohición  del  «Club  Libertad»,  o  por  lo  menos  la  rentmcia 
de  varios  de  los  miembros  de  su  Comisión  Directiva. 

Don  Juan  J.  Corta,  Secretario  del  Club,  que  fué  el  primero  en 
renunciar,  decía  en  su  nota  a  don  Juan  Francisco  Giró: 

«No  he  podido  sancionar  con  mi  voto  el  falseamiento  de  los 
principios  que  el  «Club  Libertad»  proclamó,  ni  descender  de  la 
honorable  posición  en  que  la  confianza  de  sus  miembros  aos  co- 
locó, para  ser  el  instrumento  pasivo  de  un  círculo  que  se  vale  de 
medios  tan  reprobados  para  engalanarse  con  una  popularidad  que 
no  tiene...  Siento  que  la  ambición  de  unos  y  la  falta  de  dignidad 
de  otros  haya  hecho  morir  en  su  cuna  el  hermoso  principio  de 
la  libertad  del  voto  acordado  a  nuestros  conciudadanos  por  nuestro 
Código  Fundamental  y  que  el  ilustrado  Gobierno  que  nos  preside 
quiso  que  fuera  un   hecho.» 

Otro  de  ios  miembros  renunciantes,  don  Eduardo  Ximénez,  ex- 
presaba en  su  nota  que  se  retiraba  del  Club  en  razón  de  haberse 
pretendido  imponer,  «con  votos  que  no  representaban  la  voluntad 
de  los  que  los  daban,  candidaturas  que  nunca  habían  podido  ni 
podían  ser  la  expresión  de  la  voluntad  de  los  ciudadanos  reuni- 
dos  en   ese   Club». 


4<i  JtlH'IIOItlA     Día-    UUbüUAY 


IjOs   |>iii'li<liirios   <l<'|    (>nlii<-i'Mo   i¡<-ri'(>lii<l<>s  <-ii    los   coliiicios   <l<-    I  H<(0. 

I'df    créelo    lie    ei'.iil'    (I  llildeilcilMl    (|e|)I¡i     t.ll  l|lir¡i  r    y     Llilinró    el    K'"ll|)() 

rwiu'íHoMíirlo   'I'"'   <iie¡ii)eziilt;i    (Ion    íJíilniel    Aiiioiilo   Pnrclra. 

líllM  IIhI.UM  «leí  Clllli  ■  linle|)i||(|eii(lii  y  < 'oiint.l  t.llelón»  obtll  VÍCTOIl 
(  I.  loH  (JH(;l'Ut.lllloH  (jej  I  le|i:i  I  l.iiiHIllo  (le  IVIoil  t»!  vlll(!()  (!(52  VOtOH,  Cl- 
lii     (jlie     lllldliee     hieil     lilK    «II  vlHÍ()lleH     y     (|(!H!l,ll<!llt.(m     r<íliiurit(!H. 

lüi  olid!;  lie  loi'.  ilepii  i't.ii  iiK^iit.OM  liicliii  roii  tiiriH  reclíi  iiieiile  luH  (lOH 
reiideiiclMH    niilni^óiiicJiH     (jiie     se   (iinpiHü  li.i  ii    el     liimiii     del     l'iirlido 

llllllll'O. 

I'>ll  'riieii.'ii  i'iiiliii  ii.'iliiii  iloü  liiiliiii.  Ilii.'i.  de  eINiM  perl.eneeíii.  iil  eo- 
l'Olldl     Jliclllli)     r.;illi;il,     e.\     .lele      rolilico     del     (|e|)¡irt.!Uri(<lll(),     HOHtoilldO 

<,li  ('Mil  (^iiiii|)íitni  por  el  doclor  ;\  ni  nulo  de  |,i;í  ( 'iirrei'iiH  y  olroH  de 
loH  cliKladajioM  ipie  li.ilii.in  .iclii.-ido  (Ini.iiile  el  Kol)l''rn(>  dc)  l*c- 
i'clrii.  A  i'lortii  ultiini.  de  hi  IihIiíi,  el  .lele  i'olílli'o  coronel  'rrÍHt/iii 
Aziiinhiiya  í\vvvh\.6  al  coronel  It.nh.it  y  lo  leniltli'i  ;i  la  dapltal  a 
ditdpoHiolfiti  do  Ion  liilnin.'ilen  ('ivllen.  Inl.erpehido  |joi-  la  (íoiiilHJón 
l'crmaiioiil.o,   dijo   ol    iVIlnií.tro   de    (¡oltleiiKt: 

1 1'¡«  lina  coMii  Kiildda  ipie  en  lodon  Imi  |(;i,):;e:i  liliie:;,  <n  loiloH 
loM     paÍMCN     en     (|l|e     lllH     riMUdolM';;     (|enn)cr;il  Icii;,     MC     ejercen,     laH     (ilec- 

cloncM  Koli  niíii.  o  menor,  cxiill.-iihi;,.,  Ii;i.\  acniüiclonc:;,  Iniy  rccriiili- 
iiiodoiioH  y  caHÍ  Hlcniprc  Iom  derrnhiilon  r.nponen  violaciones.  I'^ii  cl 
ciiHo  ncliial,  Iiiiy  iiiicJ.'ih  de  'raciiai'cnihó,  de  la  (lolonla,  di;  ''erro 
hiirpí,  do  Sorlaiio,  de  Siin  .Iohi''.  de  CiincloncH,  <'oiii()  liis  lia  linl)i(M. 
de  la  ('iipll;il  nilünni.  101  (¡ohiciiio  Ini  dehido  idir.'ir  con  niiiiini  cir- 
cllin^pccclon    en    el    c.e.o      ,\'o    li;i;,t,i    ipie    ;;e    (ll)'..i  li;i     li.iliido    lili     vlO" 

liiclóti,  i.ohre  lodo  en  un  pal:;  en  que  liinclonan  lo;;  poderes  constitli- 
(  loMiilcii  y  en  i|Me  cailii.  (  liidadano  lleno  el  derecho  do  acusar  a  ciial- 
(|Ulerii  (|io'  Inl'i'lnja  muh  deboi't".^,  deudo  el  t'uMclonai'lo  iiüih  Ini'crlor 
IuikIii    el    nilnnio    rrciddcnle   de    la    Uepnlillca." 

I'!n    'l'aciMii'einbO  iiKrej-.ó  lialila    dos    lisias.    I 'na    de    ellas,    la 

«IIhIii  del  pnelilot-  era  la.  del  coronel  Itiirhal,  quien  se  la  inamiii 
al  .MinUdro  pldliiidide  su  (qilnion  y  anlorl/.aiulolo  para  inodilicarla. 
-rYn  Ho  luirla  carr.o  \',  II  ipie  cmno  Mlnislro  de  (ioliicrno  en  nna 
adnilnisiracli'in  ipie  lialila  decía  r.ido  qio'  no  Imiiarla  jiarle  en  laH 
oloccIonoH,  yo  no  poiKa  cnlriir  on  cHn  claHO  de  aírenlos,  y  por  con- 
HÍKulonto  me  nenm''  n  ilccli'  slqnleni  al  coronel  Uarhiil  hI  nw  khs- 
tiilian  II  no  hum  ciindldiiloH».  lOii  cnanlo  a  la  prisión,  el  ,Iel'('  Polí- 
tico la  lia  rumiado  en  qne  Itarlial  hacia  de  su  ciisii  un  rcccplácnlo 
de  deHcrtorcH  de  la  l'ollcta  y  do  Jos  eniidros  votcriinos  y  i\\\,-  coiii- 
prnliii   ajiiiMH  y     jtrol'oil»    umenii/zis    i\v    iinKole,     nt'orcu  ije    t'>d<»  lo 


ÜOHIKUNO     UK     HKHKO  47 


ciiiil    r;ill;ir;'iii  en   brevo  los  Tiihimalrs,  i)or(|U(>   l;i   r;nis:i   Ivamitii   an- 
te ellos. 

UeabitM'tas  las  sosioiu's  ciiliiiarias  di*  la  Asaiiiliica.  Iiulm  una  se- 
gunda iiittTix'lacióii  iniciada  iior  id  .i;ruii()  inu'  t'iu'abi'/aha  rl  doctor 
Carreras,  ex  Ministro  de  Gobierno  do  l'eieira.  Defendii-ndo  al  Jefe 
Político  señor  Azanibuya,  dijo  el  Ministro  tpie  ese  cindadano  re- 
presentaba una  vida  entera,  de  moralidad,  de  i)at  riotismo  y  de 
abnegación;  ¡¡ero  (lue  si  resultaba  cnl|)al>lc  cu  el  sumario  (lue  se 
estaba  Instruyendo  sería  castigado.  «VA  (¡obicrno  —  auregó  —  ha 
demostrado  en  todos  sus  actos,  desde  el  jirincipio,  (jue  no  recono- 
ce en  materias  de  servicio  aniiiíos  ni  enemigos  y  (jue  aplica  a  cada 
uno    la    resolución    que    corresponde». 

La  prisión  l'uí:  caliHcada  de  ilegal  por  la  subcomisión  de  la  Co- 
misión l'ermanente  a  cuyo  estudio  pasó  la  (jueja  del  coronel  Har- 
bat  y  en  la  misma  t'oi-ma  la  juzgó  el  Senado  en  una  minuta  de 
comunicación   dirigida  al    l'oder   Ejecutivo. 

Otra  larga  controversia  liuix)  en  la  Ciimara  tío  Dipuladiis  acerca 
de  las  elecciones  en  la  villa  de  la  rni(')ii  tachad.is  de  nulas  por  el 
doctor    Carreras. 

También  en  Canelones  hubo  ludias  de  índole  local.  Se  fundó  un 
club  para  sostener  la  autonomía  del  departamento  en  materia  de 
l)roclamaiión  de  candidatos,  como  acababa,  de  bacerse  en  Meicedes 
y  otras  localidades,  «consideiaudo  —  decían  los  fundadores  de  ese 
club  en  su  manifiesto  --  (|ue  d(>be  ponerse  coto  a  la  viciosa  prñ'"- 
tlca  establecida  de  riM'ibir  en  los  (!c|)artamentos  de  cimpaña  los  re- 
presentantes (lue  desd(>  Montevideo  se  les  impongan.  reprc'Scntant-'S 
que  no  residen  en  los  tlcpartamentos  quo  los  eligen,  (|ue  no  loa  co- 
nocen sus  comitentes,  que  ellos  tampoco  conocen  a  sus  representa- 
dos ni  al  departamento  (lue  representan,  ni  su  localidad,  ni  sus 
necesidades,  ni  se  hacen  ver  una  sola  vez  para  hacerse  conocer  de 
quienes  los  han  iioniado  con  sus  sufragios,  ni  para  oir  sus  oi>i- 
nlones». 

Al  día  siguiente  de  los  comicios  uno  de  ios  vencidos  en  esa  lu- 
cha  escril)ía    al    ilirciloi-    de    •l.a    i;epubli(in>: 

^No  h(t  Inihido  cattccinii  de  liarle  i/c  ht  <t iil<ir¡(l<¡<í.  (intcitis  a  la 
conüiiclti  (1(1  (lohicnio,  i)ero  la  influencia  olicial  ha  sido  maiiitiesta 
a  todas  luces  desdi>  (jue  se  iniciaron  los  trabajos.  Desde  el  viernes 
l)or  la  tarde  hasta  el  domingo  por  la.  mañana,  los  dependientes  de 
la  l'(;li(ía  (  in|)ezaron  a.  c(uiducir  al  DeiJaitanu'iito  a  cuanto  moreno 
encontraron,  por  más  inepto  (|ue  fuera,  y  los  conservaron  encerrados 
conduciéndolos   a    la   mesa  primaria   a  que  votasen   por   la   lista  que 


48  HISTORIA     DEL     UKUGL'AY 


allí   les   daban   en   el   carácter   de   soldados   de   la   compañía   urban?. 
que   en   esta   ocasión   ha   presentado   un   número  jamás   visto.» 

El  Alcalde  Ordinario  de  Canelones,  invocando  también  los  frau- 
des policiales,  sostuvo  en  una  nota  dirigida  al  Ministerio  de  Go- 
bierno la  nulidad  de  las  elecciones  de  diputados  y  de  Junta  Econó- 
mico-Administrativa. 

El  elogio  (le  un  diai'io  colorado. 

Pero  hay  un  testimonio  más  importante  a  favor  de  la  corrección 
oficial:  el  de  don  Isidoro  Den:María,  director  de  «La  Prensa  Orien- 
tal», diario  colorado  y  por  lo  tanto  digno  de  tenerse  en  cuenta  en 
materia   de   elogios   a   una   administración    Manca. 

He  aquí  lo  que  escribía  el  día  de  los  comicios  hablando  «del 
ejercicio  libre  del  derecho  electoral: 

«Hasta  ahora  lejos  de  tener  motivos  fundados  para  ponerlo  en 
duda  vemos  por  el  contrario  con  sincera  satisfacción  en  la  actitud 
circunspecta  que  ha  tomado  el  Gobierno  de  la  República,  en  los 
irabajos  de  los  clubs  electorales,  y  en  la  multitud  de  listas  de  can- 
didatos que  han  invadido  los  periódicos  y  que  circulan  sueltas  por 
todas  partes,  —  vemos,  decíamos,  la  prueba  más  convincente  de  la 
libertad  con  que  se  procede  y  por  consecuencia  la  prensa  no  tiene 
por  qué  enmudecer,  ni  los  ciudadanos  por  qué  retraerse  de  con- 
currir con  entera  confianza  a  prestar  su  voto  libremente...  La  in- 
diferencia, el  retraimiento  a  estos  actos  en  los  países  representa- 
tivos republicanos,  sólo  piied»"n  tener  lugar,  .sólo  pueden  iustilicarse 
cuando  falta  la  libertad,  cuando  la  violencia  y  el  terrorismo  im- 
peran... Hoy  nadie  puede  quejarse  de  falta  de  libertad  para  dar 
su  voto...  Fiamos  en  la  Providencia  que  ha  de  corresponder  a  los 
votos  de  los  buenos...  Va  en  ello  la  suerte  de  la  patria,  el  comple- 
mento de  grandes  y  saludables  reformas  económicas  y  administra- 
tivas, la  estabilidad  del  Gobierno,  el  cese  del  ostracismo  político  y 
de  las  animosidades  que  nos  empequeñecen,  que  nos  labran,  que 
nos  desdoran...  el  progreso  de  la  industria  y  del  comercio,  la  pros- 
peridad de  la  campaña...  en  una  palabra  el  sostenimiento  de  la 
actualidad  floreciente,  tranquila,  esperanzosa  y  feliz  de  la  Repúbli- 
ca, que  rebusteciendo  sus  propias  fuerzas,  recuperando  el  crédito, 
moralizando  los  hábitos  y  borrando  las  huellas  de  su  acerbo  y  bo- 
rrascoso pasado,  le  atrae  las  miradas  del  mundo  y  la  consiguiente 
respetabilidad  en  el  extranjero. . .  Ciego  será  quien  no  vea  al  país 
on  el  buen  camino  que  lleva  y  la  necesidad  suprema  y  palpitante 
de   no   detenerlo». 


GOKIERNO     DE     BEKBO  49 


La  acción  del  Gobierno. 

Para  llegar  a  obtener  "tan  elocuentes  palabras  de  elogio,  tuvo 
necesidad  el  gobierno  de  Berro  de  iniciar  una  vigorosa  campaña 
contra  prácticas  ampliamente  arraigadas  en  el  transcurso  de  los 
años  anteriores. 

Al  empezar  la  lucha,  en  setiembre  de  1860,  algunos  de  los  ele- 
mentos dirigentes  de  los  departamentos  invocaron  el  nombre  del 
Presidente  de  la  República  en  apoyo  de  los  candidatos  que  procla- 
maban, y  eso  dio  mérito  a  la  publicación  de  un  acuerdo  gubernaii- 
vo  suscrito  por  el  primer- mandatario  y  sus  tres  Ministros  señores 
Acevedo,  Lamas  y  Villalba,  que  en  el  acto  fué  enviado  en  forma 
de  circular  a  todos  los  Jefes  Políticos.  He  aquí  las  normas  e  ins- 
trucciones   que   contenía: 

«Que  el  Presidente  de  la  República  ha  resuelto  no  dar  dirección, 
ni  prestar  cooperación  a  ningún  trabajo  electoral,  manteniéndose 
en  una  completa  abstención  a  tal  respecto.  Que  para  los  fines  que 
se  propone  con  ese  proceder,  quiere  que  los  Jefes  Políticos  guarden 
y  hagan  guardar  a  sus  subalternos  la  misma  actitud.  Que  en  esta 
virtud  deben  abstenerse  de  una  manera  absoluta  de  emplear  me- 
dios oficiales  en  favor  o  en  contra  de  las  candidaturas  que  se  pre- 
sentan. Que  sobre  todo  les  es  prohibido  bajo  la  más  seria  respon- 
sabilidad hacer  valer  su  autoridad  para  intimidar,  impedir  o  dificul- 
tar en  cualquier  forma  la  libertad  y  legalidad  de  la  elección.  Que 
igual  responsabilidad  pesará  sobre  ellos  si  llegasen  a  compeler  a 
sus  dependientes  a  que  voten  contra  su  conciencia.  Que  la  absten- 
ción que  se  les  impone  no  obsta  sin  embargo  a  que  se  adhieran  a 
los  candidatos  de  su  gusto  y  voten  libremente  en  su  calidad  de 
ciudadanos.  Que  interesado  el  Gobierno  en  que  haya  una  elección 
verdaderamente  libre  y  legal  cual  conviene,  deberán  propender  con 
sus  consejos  y  con  los  demás  medios  que  buena  e  imparcialmente 
puedan  emplear,  a  que  no  haya  violencias,  engaños  y  falseamientos 
de   la   ley». 

El  Ministro  de  la  Guerra  general  Lamas  previno  también  a  los 
jefes  y  oficiales  de  la  Guardia  Nacional  que  les  estaba  prohibido 
invocar  su  título  militar  para  dirigirse  a  sus  subalternos  con  un 
objeto   electoral. 

Complementando  la  circular  se  dirigió  privadamente  el  Presidente 
Berro  a  varios  de  sus  amigos  de  los  departamentos,  estimulándo- 
los a  que  se  reunieran  y  libres  de  toda  influencia  v.'>taran  por  los 
candida+os  de  su  verdadera  predilección.  He  aquí  una   de  esas  ca'"- 

4-V 


50  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


tas  dirigiGa  en  septiembre  de  1860  a  don  Tomás  Diago,  respetable 
vecino  de   Scriano: 

«Estoy  decidido  a  prestar  la  mayor  protección  a  la  libertad  de 
sufragio,  a  fin  de  que  desaparezcan  esas  vergonzosas  farsas  electo- 
rales que  nos  deshonran  y  que  no  son  otra  cosa  que  una  burla 
escandalosa  de  nuestra  ley  constitucional.  Si  liemos  de  vivir  bajo 
el  amparo  de  la  Constitución,  disfrutando  de  su  saludable  tutela, 
y  no  humillados  ante  la  fuerza  bruta  y  la  arbitrariedad  opresora, 
es  preciso  destruir  esas  prácticas  abusivas  y  corruptoras,  hijas  de 
la  vida  desordenada  que  casi  siempre  hemos  llevado...  Se  encuen- 
tran ustedes  en  actitud  de  decidir  libremente  por  sí  mismos,  sin 
tener  que  ceder  a  la  imposición  que  quieren  hacerles...  Yo  creo 
que  deben  ustedes  aprovechar  la  oportunidad  de  establecer  un  pre- 
cedente que  influirá  mucho  y  con  provecho  en  lo  sucesivo.  Decí- 
danse, pues,  a  obrar  por  su  propia  inspiración  y  a  ser  los  jueces 
exclusivos  en  un  negocio  que  les  pertenece.  Sea  puramente  de  us- 
tedes la  aceptación  o  rechazo  de  las  candidaturas  que  se  inicien  ahí 
o  que  vayan  de  aquí.  Así  quedará  fijada  prácticamente  la  regla  de 
que  en  cuanto  al  ejercicio  de  su  derecho  soberano  al  pueblo  no  se 
le  »manda,  sino  se  le  pide». 

Refiriéndose  al  cumplimiento  estricto  de  las  circulares  e  instruc- 
ciones a  las  Jefaturas  Políticas,  daba  el  Ministro  de  Gobierno  doc- 
tor Acevedo  en  su  Memoria  de  1860  este  fuerte  argumento  a  favor 
de  la  absoluta  abstención  gubernativa: 

«En  las  elecciones  últimamente  practicadas  el  Gobierno  tomó 
todas  las  medidas  conducentes  a  asegurar  la  libertad  del  sufragio, 
declarando  que  guardaría  por  sí  y  por  medio  de  sus  delegados  la 
más  completa  abstención.  Eso  no  ha  impedido  que  se  hable  mucho 
de  la  acción  oficial;  pero  para  formar  juicio  sobre  la  materia  basta 
saber  que  la  pretendida  acción  oficial  ha  sido  vencida  en  todos 
los  departamentos.  Ese  solo  hecho  probaría  que  si  las  órdenes  del 
Gobierno  no  se  han  cumplido  exactamente,  a  lo  menos  se  ha  ga- 
rantido la  libertad  del   sufragio.» 

Durante  el  proceso  electoral  la  Jefatura  de  Montevideo  dirigió 
una  circular  a  las  Comisarías  en  la  que  expresaba  que  se  habían 
celebrado  reuniones  hasta  de  300  y  400  personas,  sin  conocimiento 
de  la  autoridad,  y  prevenía  que  en  adelante  quedaban  prohibidas 
todas  las  reuniones  electorales  o  con  otros  fines  cuyos  organizadores 
no    hubieran    dado    aviso    previo   a    la    Policía. 

Se  trataba  de  un  simple  aviso  inspirado  en  propósitos  de  vigi- 
lancia y  de  seguridad,  lo  que  no  impidió  que  algún  diario  atacara 
la  circular  como  violatoria  de  la  Constitución  de  la  República. 


GOBIERNO     DE     REIRRO  51 


Las  elecfiones  de   I ««2.   Cómo  las  juzgaba  don   >icc>lás  Calvo. 

Hubo  comicios  parciales  en  diciembre  de  1862  para  llenar  alga- 
lias bancas  del  Senado,  repitiéndose  en  esa  oportunidad  las  ardoro- 
sas protestas  del  año  anterior,  sobre  todo  en  Florida  donde  la  frac- 
ción que  acaudillaba  el  comandante  Timoteo  Aparicio,  jefe  de  la 
Guardia  Nacional  de  aquel  departamento,  alegó  que  el  Juez  de  Paz 
había  echado  en  la  urna  boletas  fraudulentas  y  que  el  registro 
había  sido  abierto  con  posterioridad  a  la  fecha  de  la  ley. 

Fueron  igualmente  agitadas  las  elecciones  de  magistrados  ju- 
diciales. 

Los  Tenientes  Alcaldes  y  los  Alcaldes  Ordinarios  eran  directa- 
mente elegidos  por  el  pueblo.  En  cambio  los  Jueces  de  Paz  eran 
elegidos  por  los  Tenientes  Alcaldes  en  juntas  presididas  por 
el  Alcalde   Ordinario. 

Esas  elecciones  exaltaban  tanto  o  más  a  veces  que  los  mismos 
comicios  generales.  No  podían  escapar,  pues,  a  la  crítica.  En 
las  de  1861  un  diario  atribuyó  al  Gobierno  la  responsabili- 
dad de  varios  fraudes,  dando  lugar  con  ello  a  que  otro  diario 
dijera  que  si  había  habido  protestas,  también  abundaban  las  sen- 
tencias  anulatorias   pronunciadas   por   el   Tribunal. 

La  crónica  electoral  de  1862  hacía  destacar  una  correspondencia 
de  Meló  anunciando  el  triunfo  de  «la  candidatura  del  pueblo»  y  la 
derrota  de  la  lista  prestigiada  por  el  Jefe  Político  don  José  G.  Pa- 
lomeque,  «a  pesar  de  todos  sus  manejos»  decía  el  corresponsal  al 
anunciar  un  triunfo  que  era  la  más  elocuente  prueba  de  la  abso- 
luta   corrección    policial. 

Al  año  siguiente  hubo  escenas  de  violencia,  especialmente  en 
Maldonado,  donde  la  fracción  oposicionista  que  acaudillaba  el  co- 
ronel Burgueño  obtuvo  el  triunfo,  y  en  Mercedes  donde  hubo  un 
muerto  y  varios  heridos  por  efecto  del  enardecimiento  de  las 
pasiones  locales  estimuladas  por  la  afluencia  excepcional  de  vo- 
tantes.   ¡Cerca   de    700! 

Examinando  don  Nicolás  Calvo  en  «La  Reforma  Pacífica»  esas 
elecciones  de  senadores  y  las  subsiguientes  de  Alcaldes  Ordinarios, 
formulaba  sin  embargo  en  estos  términos  el  elogio  político  de  la 
administración   Berro: 

«En  el  acto  más  augusto  de  la  soberanía  popular,  en  la  elección 
de  los  representantes  del  pueblo  y  de  ciertos  funcionarios  locales 
que  han  tenido  lugar  en  la  República  durante  la  última  quincena, 
so   han    hecho    notar    los    rasgos    característicos    de    las    situaciones 


52  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


Górmales  en  que  los  pueblos  libres  ejercen  sus  derechos  en  com- 
pleta libertad  y  con  entera  prescindencia  de  los  mandatarios  que 
gobiernan.  Hemos  visto  con  satisfacción  que  el  Poder  Ejecutivo  ha 
permanecido  en  la  más  absoluta  inacción  en  materia  electoral,  y 
esto  es  tanto  más  notable  para  nosotros  cuanto  que  por  años  suce- 
sivos hemos  sido  víctimas  de  la  coacción  oficial  en  nuestro  pro- 
pio país.  Aquí  al  contrario,  en  la  lucha  que  se  entabla  en  todas 
las  elecciones,  los  partidos  o  las  fracciones  locales  tienen  su  libre 
acción:  el  triunfo  de  las  influencias  no  oficiales  prueba  que  en 
cada  localidad  la  opinión  se  manifiesta  con  entera  libertad.» 

Inconipatibilitlades   parlamentarias. 

Una  ley  dictada  a  mediados  de  1862  declaró  la  incompatibilidad 
del  cargo  de  senador  o  diputado  con  el  de  magistrado  judicial,  ju- 
rado o   miembro  de  las  Juntas   Económico-Administrativas. 

Al  aconsejar  la  sanción  de  esa  ley,  propuso  la  Comisión  de  Le- 
gislación del  Senado  una  incompatibilidad  más  que  no  preA'aleció; 
que  tampoco  podrían  desempeñar  las  funciones  de  senador  o  dipu- 
tado los  contratistas  de  equipos,  vestuarios  y  toda  clase  de  adquisi- 
ciones y  obras  del  Estado,  los  recaudadores  de  rentas  y  los  parien- 
tes del  Presidente  de  la  República  y  de  sus  Ministros. 

Si  los  empleados  —  decía  la  Comisión  en  su  informe  —  no  re- 
unen  las  condiciones  necesarias  para  ser  electos  legisladores,  me- 
nos las  pueden  tener  los  que  contratan  con  el  Estado  y  los  parien- 
tes de  los  gobernantes. 

El  númei'o  de  votantes  y  los  fraudes  electorales  aquende  y  allende 
el  Plata. 

En  las  elecciones  generales  de  1860  congregó  el  electorado  de 
Montevideo  en  torno  de  la  lista  triunfante  662  votos.  Para  una  po- 
blación que  se  aí)roximaba  a  60,000  almas  era  ciertamente  un  gua- 
rismo muy  pobre. 

El  Departamento  de  Canelones,  que  teñía  en  esos  mismos  momen- 
tos 20,000  almas,  arrojaba  una  inscripción  de  795  ciudadanos  dis- 
tribuidos  en   las   secciones   que   subsiguen: 

Guadalupe 136    Sauce 89 

Santa  Lucia 42     Pando 208 

Piedras 108    Tala 212 


GOIUEKNO     DE     I5EKR0  53 


El  registro  cívico  del  Departamento  de  Montevideo  contenía 
1,500  inscripciones  a  mediados  de  1862,  según  un  cómruto  del 
diputado  Vilardebó.  Y  a  las  elecciones  de  Colegio  Electoral  de 
Senador  realizadas  a  fines  de  ese  mismo  año  concurrieron  76^ 
votantes  a  pesar  de  que  existían  dos  listas  la  de  la  reacción  que 
encabezaban  los  amigos  del  gobierno  de  Berro  y  la  de  los  adora- 
dores   del    gobierno    de    Pereira,    que    se    disputaban   el    triunfo. 

A  los  comicios  del  Salto  sólo  concurrieron  208  votantes  en  1862, 
cifra  exigua  para  una  población  de  16,000  almas,  mientras  que  a 
los  del  Durazno,  cuya  población  no  alcanzaba  a  9,000  almas,  con- 
currieron 737  votantes,  porque  allí  había  lucha  entre  los  partida- 
rios de  la  candidatura  de  don  Manuel  Herrera  y  Obes  para  sena- 
dor que  salió  triunfante,  y  la  de  los  que  la  combatían. 

A  la  elección  de  Alcalde  Ordinario  de  Soriano,  departamento  que 
contaba  con  14.000  almas  en  1863,  concurrieron  649  votantes  atraí- 
dos por  una  formidable  lucha  de  intereses  locales,  de  la  que  salió 
triunfante  la  candidatura  del  doctor  Venancio  Acosta.  La  del  año 
anterior  en  Montevideo  sólo  había  alcanzado  a  congregar  95  vo- 
tantes! 

Todos  estos  porcentajes  resultan  muy  pobres  sin  duda  alguna. 
Pero  la  abstención  era  un  mal  de  la  época.  Nada  lo  demuestra  tan 
concluyentemente  como  el  espectáculo  de  la  Provincia  de  Buenos 
Aires  en  esos  mismos  años,  bajo  la  gobernación  de  Mitre  y  en  me- 
dí» de  la  honda  conmoción  patriótica  a  que  daba  origen  la  con- 
tienda  con  el  gobierno  nacional. 

Según  los  datos  suministrados  por  Sarmiento  en  un  discurso 
parlamentario  de  agosto  de  1861,  de  las  doce  parroquias  en  que 
bo  dividía  Buenos  Aires  sólo  tres  habían  tomado  parte  en  la 
elección  de  diputados  y  en  cada  una  de  ellas  sólo  habían  votado 
cuarenta  y  tantos  electores.  En  conjunto  150  votantes  para  toda 
la  ciudad  de  Buenos  Aires! 

¿Presentaría  menos  sombras  el  escenario  argentino  del  punto  de 
vista  de  los  fraudes  electorales? 

Describiendo  las  elecciones  realizadas  en  Buenos  Aires  en  marzo 
de  1863,   escribía   un   corresponsal    de   «La    Reforma    Pacífica»: 

La  lucha  se  entabló  entre  los  partidarios  de  la  lista  amarilla 
y  los  partidarios  de  la  lista  blanca.  En  varias  parroquias  se  for- 
maron cantones  y  desde  allí  salían  pandillas  armadas  de  puñales, 
garrotes  y  cascotes  para  ahuyentar  a  los  adversarios.  El  bando  de 
la  lista  amarilla  que  fué  el  vencido,  tuvo  2  muertos  y  80  heridos. 

En  diciembre  del  mismo  año  fué  convocado  el  pueblo  de  Buenos 


54  '      HISTORIA    DEL    URUGUAY 


Aires  a  elecciones  municipales.  Véase  lo  que  decía  «La  Nación 
Argentina»,  órgano  del  general  Mitre,  haciendo  la  crónica  de  los 
sucesos: 

Los  atrios  de  la  Merced  y  de  la  Piedad  han  quedado  cubier- 
tos de  escombros  y  las  casas  vecinas  acribilladas  a  pedradas  y  ba- 
lazos. Ha  habido  dos  o  tres  muertos  y  de  50  a  60  heridos.  Uno  de 
los  dos  bandos  organizó  cantones  en  las  azoteas  de  los  templos  y 
desde  allí  maniobraba  con  revólvers,  con  palos  y  con  piedras. 
Ningún  adversario  podía  acercarse  a  la  mesa  receptora  de  votos 
tin   recibir  una  lluvia   de  proyectiles. 

Compárese  estas  crónicas  con  las  nuestras  y  resultará  que  en 
materia  electoral  como  en  tantas  otras  actuaba  el  gobierno  de 
fierro  como  un  verdadero  modelo  dentro  del  amplio  escenario  del 
Río  de  la  Plata. 


Reforma    de    la    legislación    electoral. 

A  raíz  de  los  comicios  generales  de  1S60  decía  el  Presidente  Be- 
iro  a  la  Asamblea: 

«Las  elecciones  practicadas  el  año  último,  si  bien  disputadas  con 
calor  en  algunas  partes,  han  sido  en  todas  exentas  de  violencia 
y  coacción.  La  más  completa  libertad  ha  habido  en  ellas.  Pero 
por  muy  satisfactorio  que  sea  ese  resultado,  de  lamentar  son  con 
todo  los  procedimientos  irregulares  y  viciosos  de  que  han  sido 
acompañadas  en  algunos  departamentos,  como  habréis  visto  al 
examinar  sus  elecciones.  Los  malos  hábitos  adquiridos  y  la  oscu- 
ridad e  imperfección  de  las  leyes  en  materia  de  elección  se  han 
juntado  para  producir  tan  desagradables  efectos,  cuya  renovación 
es  preciso  evitar  por  medio  de  una  ley  que  precava  todo  sin  de- 
jar  lugar   a  arbitrariedades   y   falsas   interpretaciones.» 

Al  año  siguiente  volvió  a  insistir  acerca  de  la  necesidad  de 
abordar   la    reforma   electoral. 

«Llamo  vuestra  atención  —  decía  en  su  mensaje  de  febrero  de 
1862  —  sobre  la  necesidad  de  reformar  la  ley  de  elecciones.  Los 
abusos  introducidos  en  ellas,  los  desórdenes  que  las  acompañan, 
los  medios  inmorales  e  inicuos  que  se  emplean,  ya  para  dominar, 
ya  para  burlar  el  voto  soberano  del  pueblo,  piden  medidas  legis'a- 
tivas  bien  concertadas  que  ataquen  tan  inmenso  mal.» 

Pues  bien:  cuando  Flores  invadía  el  país  se  publicaba  un  pro- 
yecto de  ley  de  elecciones  del  doctor  Pedro  Fuentes,  favorablemente 
informado  por  la  Comisión   de   Legislación   de  la   Cámara   de   Dipu- 


GOBIERNO    I>E    BEBBO  55 


tados,  que  merecía  graneles  elogios  de  diarios  tan  caracterizados 
como   «El   Siglo»   y   «La   Reforma  Pacífica». 

«La  participación  que  por  esa  ley  se  da  al  pueblo  en  los  actos 
preparatorios  del  acto  electoral  —  decía  el  primero  —  es  de  una  efi- 
cacia  evidente   para   su   legalida;!.» 

«lEl  proyecto  —  decía  el  segundo  —  nos  parece  dar  la  más  com- 
pleta garantía  a  la  libertad  del  sufragio.  Todas  sus  prescripciones 
son  dictadas  para  que  el  resultado  del  ejercicio  de  la  soberanúi 
democrática  sea  la  verdadera  expresión  de  esa  soberanía,  ponién- 
dola al  abrigo  de  toda  y  cualquier  coacción  de  círculo,  influencia 
gubernativa  y  fraudes  electorales.  Se  hace  imposible  la  introduccióü 
de  votantes  que  no  existen  sino  en  la  imaginación  de  los  escru- 
tadores; los  nombres  de  los  muertos,  habitantes  de  los  cernen t;^- 
rios  y  casas  de  orates,  no  pueden  ser  evocados  para  figurar  entre 
los  electores.  No  tienen  lugar  ni  las  inscripciones  falsas  en  re- 
gistros falsificados,  ni  se  transforma  la  mesa  electoral  en  vergon- 
zoso campo  de  batalla  en  que  la  victoria  es  la  consagración  del 
derecho   de  falsificar.» 

Un  raes  después  la  Cámara  de  Diputados  terminaba  sus  debates 
y  pasaba  el  proyecto  al  Senado,  en  donde  quedaba  encarpt-tado  por- 
que ya  entonces  la  revolución  había  tomado  mucho  cuerpo  y  toda 
la  atención  pública  se  dirigía  a  la  organización  de  la  defensa  na- 
cional. De  otro  modo  el  proyecto  del  doctor  Fuentes  habría  que- 
dado convertido  en  ley  y  los  comicios  generales  de  noviembre  de 
1863  hubieran  podido  celebrarse  al  amparo  de  una  legislación  que 
según  Calvo  era  muy  superior  a  la  argentina  y  que  en  opinión  de 
todos  habría  garantizado  hasta  donde  era  posible  la  libertad  de 
f-ufragio. 

Ya  antes  de  abordar  la  ley  general  de  elecciones  habías.^  ocup.ul  3 
la  Asamblea  del  estudio  de  algunos  de  sus  capítulos.  En  1860  la  Co- 
misión de  Legislación  de  la  Cámara  de  Diputados  había  aconsejado 
un  proyecto  por  el  cual  se  entregaba  al  Tribunal  de  Justicia  la  elec- 
ción de  los  Alcaldes  Ordinarios  y  a  éstos  la  elección  de  los  Jueces 
de  Paz  y  Tenientes  Alcaldes,  invocando  el  miembro  informante  que 
la  elección  popular  era  fuente  incabable  de  disturbios  en  campaña. 
í  en  1863  había  discutido  y  rechazado  el  Senado  una  representación 
de  doscientos  y  tantos  guardias  nacionales  del  Departamento  de  So- 
riano,  solicitando  una  interpretación  del  artículo  constitucional  que 
establecía  que  desde  1840  en  adelante  no  podrían  entrar  al  goce  de 
la  ciudadanía  los  analfabetos,  representación  apoyada  por  la  Comi- 
sión  de  Legislación   que   invocaba   en   su   dictamen   que   los   constitu- 


56  HISTORIA    DETL    tIRUGUAT 


y.entes  habían  supuesto  que  el  país  viviría  en  paz  y  que  las  escuelas 
&e  repartirían  por  todo  el  territorio,  y  que  habiendo  fallado  esa  su- 
yosición  resultaba  injusto  que  se  privara  de  los  derechos  políticos  a 
quienes  con  las  armas  en  la  mano  habían  concurrido  a  la  defensa 
nacional. 

Destitución  úe  ministerios. 

El  Presidente  Berro  destituyó  a  su  primer  ministerio  a  mediados 
de  1861.  Fué  un  acto  de  mucha  resonancia  en  la  Cámara  de  Diputa- 
dos, en  la  prensa  y  en  e'  país  entero,  que  unos  atribuían  a  la  «cues- 
tión religiosa,  en  la  que  el  Ministro  de  Gobierno  doctor  Acevedo 
había  asumido  actitudes  definidas  contra  el  clericalismo  absorbente; 
otros  a  los  sucesos  políticos  de  que  era  teatro  la  República  Argen- 
tina; y  otros,  los  más,  finalmente,  al  vuelo  considerable  que  había 
tomado  el  país  en  materia  de  organización  de  las  actividades  depar- 
tamentales, de  difusión  creciente  de  los  hábitos  constitucionales,  de 
expansión  de  la  riqueza  pública  con  un  sinnúmero  de  reformas  rea- 
lizadas ya  o  en  plena  incubación  que  habían  destacado  extraordina- 
riam^^ente  al  ministerio,  a  quien  se  atribuía  todo  el  honor  de  los  pro- 
gresos alcanzados  y  toda  la  iniciativa  de  los  que  todavía  pudieran 
conquistarse,  explicándose  entonces  el  decreto  de  destitución  como 
un  medio  de  demostrar  que  las  cosas  marcharían  del  mismo  modo 
con  cualquier  otro  ministerio  y  que  el  eje  de  la  situación  lo  cons- 
tituía pura   y   exclusivamente   el  Presidente   Berro. 

El  ministerio  Arrascaeta,  que  entró  a  sustituir  al  destituido,  no 
fué  de  larga  duración.  Tuvo  que  renunciar  en  masa.  Y  en  una  u 
otra  forma,  por  decreto  o  con  presentación  de  renuncias  colectivas, 
formas  ambas  que  siempre  ofrecía  el  Presidente  Berro,  terminaron 
los  dos  subsiguientes:  el  que  integraban  el  doctor  Jaime  Es- 
trázulas  y  don  Juan  P.  Caravia,  y  el  que  encabezaban  don  Luis  de 
Herrera  y   don    Silvestre  Blanco. 

Se  intensifica  en  1863  la  lucha  dentro  del  Partido  lilanco. 

Debían  realizarse  en  diciembre  de  1863  los  comicios  generales, 
y  tanto  por  esa  circunstancia,  como  por  la  de  que  a  la  nueva  Le- 
gislatura correspondía  elegir  Presidente  de  la  República,  las  dos 
fracciones  antagónicas  del  Partido  Blanco  resolvieron  prepararse 
para  la  lucha  con  larga  anticipación. 


GOlilLüNO     DE     BtRRO  í>7 


El  coronel  Bernardino  Olid,  jefe  de  la  Guardia  Nacional  de  Mi- 
nas y  de  la  frontera  del  Chuy,  se  vino  sin  licencia  a  Montevideo 
en  el  mes  de  enero  y  dirigió  una  circular  a  los  principales  jefes  del 
Partido  Blanco  invitándolos  para  una  reunión  política,  con  el  ob- 
jeto «de  vratar  —  decía  en  esa  circular  —  de  imponer  i.uestra  opi- 
nión en  el  sentido  de  conseguir  el  triunfo  de  nuestro  partido  y  de 
conservar  el  orden  y  la  paz  en  todo  el  tiempo  que  falta  para  esa 
época». 

Juntamente  con  el  coronel  Olid  llegaron  varios  jefes  de  cam- 
paña que  venían  a  secundarle  en  sus  trabajos  políticos,  todos  ellos 
sin  haber  recabado  permiso  para  emprender  viaje.  Había  resurgido 
el  caudillaje  y  los  acontecimientos  parecían  empujar  hacia  situa- 
ciones  de  fuerza. 

Llamado  a  dar  explicaciones,  dijo  el  coronel  Olid  que  él  trataba 
de  contrarrestar  trabajos  electorales  y  militares  de  los  colorados. 
El  Gobierno  se  limitó  a  apercibirlo  por  su  actitud  y  a  fijarle  un  pla- 
zo de  48  horas  para  que  regresara  al  departamento  donde  prestaba 
servicios  militares,  dando  con  ello  pretexto  al  coronel  Olid  para  es- 
cribir una  larga  nota  en  la  que  sostenía  que  los  militares  no  te- 
nían necesidad  de  autorización  gubernativa  para  realizar  traba- 
jos electorales;  que  en  las  postrimerías  de  la  administración  Pe- 
reira  había  habido  reuniones  análogas,  encaminadas  a  preparar  la 
candidatura  del  propio  don  Bernardo  P.  Berro;  qup  lo  que  se  pro- 
yectaba hacer  en  esos  momentos  era  lo  mismo  que  se  había  hecho 
anteriormente  sin  protestas.  Concluía  el  caudillo  anunciando  que  de 
acuerdo  con  la  orden  recibida  se  pondría  de  inmediato  en  viaje  pa- 
ra su   departamento. 

El  Gobierno  se  creyó  obligado  entonces  a  complementar  su  re- 
solución con  una  nota  explicativa  en  que  establecía  que  la  con- 
servación del  orden  era  de  la  incumbencia  exclusiva  de  la  auto- 
ridad pública;  que  se  había  decretado  el  desarme  de  la  Guardia  Na- 
cional por  haberse  desvanecido  el  peligro  de  invasión  colorada;  que 
no  se  trataba  de  limitar  el  derecho  de  los  militares  a  actuar  como 
ciudadanos  en  los  trabajos  electorales,  derecho  respetable,  sino  de 
obligar  a.  los  jefes  al  cumplimiento  de  los  deberes  que  les  incumbía. 

Salía  pues  del  conflicto  el  coronel  Olid  con  todos  los  honores,  y 
comprendiéndolo  así  sus  parciales,  resolvieron  hacerle  una  demos- 
tración pública  de  desagravio  en  el  día  del  viaje.  A  la  hora  seña- 
lada había  frente  a  su  casa  de  la  calle  Convención  —  decía  «La  Re- 
forma Pacífica»  —  más  de  25  coches  de  distinguidas  personas  que 
habían  ido  a  saludarlo,  entre  los  que  se  contaban  ex  Ministros,  se- 


58  '  HISTORIA    DEL    TJEUGUAY 


nadores,  diputados  y  militares  de  la  elevada  representación  de  los 
coroneles  Moreno,  Burgueño  y  Olivera.  Y  el  convoy  de  carruajes 
escoltó  al  ensoberbecido  caudillo  hasta  la  villa  de  la  Unión. 

No  quedaron  abandonados  naturalmente  los  trabajos  que  enca- 
bezaba el  coronel  Olid.  Prosiguieron  con  toda  actividad  y  en  los 
primeros  días  de  abril,  a  raíz  de  una  reunión  política  en  casa  del 
coronel  Lucas  Moreno,  quedó  instalado  el  «Club  Liberal»  con  una 
Comisión  directiva  de  la  que  formaban  parte  el  doctor  Antonio  de 
las  Carreras,  el  doctor  Jaime  Estrázulas,  el  coronel  Dionisio  Coro- 
nel, el  doctor  Jacinto  Susviela,  el  coronel  Lucas  Moreno,  el  doc- 
tor Adolfo  Basáñez  y  don  Juan  P.  Caravia.  Véase  el  programa  del 
nuevo  club: 

«Uniformar  la  opinión  pública  para  que  la  elección  de  represen- 
tantes en  el  presente  año  sea  la  e.xpresión  de  la  voluntad  na- 
cional; para  que  esas  elecciones  se  verifiquen  con  sujeción  a  las 
leyes;  para  procurar  que  recaigan  en  ciudadanos  independientes 
e  ilustrados  de  manera  que  garantan  que  el  futuro  Presidente  ae 
la  República  sea  hombre  de  moralidad  política  y  social,  de  ¡deas 
liberales  y  progresistas  en  la  administración,  conforme  a  las  exigen- 
cia^ de  la  época  y  a  las  necesidades  del  país,  y  que  ajuste  su  mar- 
cha a  los  principios  constitucionales,  conservando  las  libertades 
públicas   y   la   independencia    de   la  Nación». 

Quedaron  interrumpidos  estos  trabajos  electorales  por  efecto  de 
la  invasión  de  Flores,  pero  los  planes  a  que  respondían  volvie- 
ron a  entrar  en  actividad  en  las  postrimerías  del  gobierno  de  Be- 
rro, bajo  forma  de  incidentes  de  honda  resonancia  en  el  escenario 
político  del  país,  como  tendremos  oportunidad  de  verlo  más  ade- 
lante. 

\'i\  liininai-es   de   la    invasión   de   Flores. 

Empezaron  a  correr  los  rumores  de  revolución  desde  marzo  de 
3  860,  dando  ello  lugar  a  que  fuera  distribuida  la  campaña  en  cuatro 
grandes  zonas  militares  a  cargo  dé  los  coroneles  Bernardino  Olid, 
Dionisio  Coronel,  Lucas  Moreno  y  Diego  Lamas  bajo  el  mando  su- 
premo del  general  Anacleto  Medina,  «para  atender  y  resolver  con 
prontitud  —  decía  el  decreto  —  en  los  casos  en  que  fuere  necesa- 
ria la  reunión  de  toda  o  parte  de  la  Guardia  Nacional. 

Los  rumores  recrudecieron  al  año  siguiente  y  en  tal  forma  que 
hubo  que  convocar  a  la  Guardia  Nacional.  Fué  nombrado  el  coronel 
I..ucas  Moreno  comandante  militar  de  los  departamentos  al  norte  del 


GOBIERNO     DE    BEBRO  f)9 


Río  Negro  y  se  ordenó  la  concentración  en  Montevideo  de  las  compa- 
ñías urbanas  de  Colonia,  Mercedes  y  Paysandú,  a  efecto  de  orga- 
nizar un  nuevo  batallón  a  cargo  del  coronel  Pantaleón  Pérez.  Cesó 
en  abril  la  movilización  de  la  Guardia  Nacional,  pero  en  septiembre 
volvió  a  ser  convocada  la  de  los  departamentos  de  Colonia  y  So- 
riano  para  formar  un  cuerpo  de  observación  sobre  las  costas  del 
Río  de  la  Plata  y  del  Uruguay,  esta  vez  al  solo  objeto  de  garantizar 
nuostra   neutralidad   en   la    contienda   argentina. 

Se  estrenó  también  el  año  1862  con  rumores  de  invasión  que  obli- 
garon al  Gobierno  a  reforzar  el  cuerpo  que  estaba  en  observación 
de  los  sucesos  argentinos.  Los  emigrados  orientales  se  habían  in- 
corporado al  ejército  de  la  provincia  de  Buenos  Aires  y  a  cada  paso 
se  daba  como  inminente  la  invasión  de  Flores  pat'ocinada  por  el 
gobierno  de  Mitre.  Desvirtuando  los  rumores  circulantes  decía  «El 
Comercio   del    Plata»: 

«Los  jefes  de  la  emigración  oriental  tienen  una  posición  bastan 
te  favorable  en  Buenos  Aires  para  que  necesiten  comprometerse  en 
una  revolución  dudosa,  por  el  mero  hecho  de  reconquistar  un  gra- 
do y  un  sueldo  que  tienen  con  usura  en  un  país  vecino  y  hospita- 
lario. Tienen  sobrado  patriotismo  para  no  sacrificar  la  tranquilidad 
y  el  progreso  de  su  país  a  intereses  personales...  Tienen  bastante 
tino  político  para  no  afrontar  una  situación  normal  y  en  que  no  en- 
contrarían elementos  preparados  porque  ellos  saben  prácticamente 
que  las  revoluciones  son  ineficaces  cuando  no  se  ha  sublevado  el  es- 
píritu público  por  medio  de  la-j  arbitrariedades  del  Poder.  .  .  El  país 
y  el  Gobierno  mismo  mirarán  esas  tituladas  invasiones  como  un 
sueño  de  los  agiotistas  políticos  que  en  todo  buscan  un  medio  de 
hacer  triunfar  sus  intereses  particulares  o  de  círculo;  y  si  en  tal 
caso  se  realizaran  los  temores  contra  las  conveniencias  públicas,  es- 
tarían al  lado  de  la  autoridad  todos  los  hombres  de  corazón». 

Volvieron  a  acentuarse  los  rumores  a  mediados  de  año  y  ellos 
continuaban  dando  tema  a  los  más  encontrados  comentarios,  cuan- 
do el  Gobierno  se  incautó  de  varias  cartas  del  general  Flores  in- 
vitando a  sus  amigos  a  secundarlo  en  su  empresa  revolucionaria. 
El  Presidente  Berro,  habilitado  ya  para  tomar  medidas  prontas 
de  seguridad,  se  limitó  a  pasar  los  antecedentes  a  la  justician  or- 
dinaria, y  el  Juez  del  Crimen  dictó  orden  de  arresto  contra  una 
docena  de  ciudadanos  que  luego  fueron  puestos  en  libertad.  Poco 
después  fué  convocada  la  Guardia  Nacional  en  todo  el  país,  medida 
precaucional  que  en  seguida  quedó  sin  efecto  así  que  se  supo  que 
Flores,   que  estaba   en   Buenos   Aires  pronto  para   invadir,  había   re- 


60  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


trocedido   a   los   establecimientos   ganaderos    de    don    Gregorio   Leza- 
ma,   de   que   era  administrador. 

No  todos  los  jefes  emigrados  estaban,  sin  embargo,  en  tren  de 
revolución.  Uno  de  ellos,  el  coronel  Ignacio  Rivas,  posiblemente  el 
militar  de  más  prestigio  del  ejército  argentino,  llegó  al  Salto  a 
fines  de  1862  en  jira  de  descanso,  después  de  sus  campañas  contra 
«El  Chacho»,  y  agradeciendo  los  agasajos  de  que  era  objeto  dijo  al- 
zando la  copa  en  una  de  las  fiestas:  «Brindo  por  la  prosperidad 
de  la  República  Oriental  y  por  la  paz  de  que  goza  bajo  el  ilustra- 
do Gobierno  que  rige  sus  destinos». 

El  estado  de  lavS  relaciones  inteinaci€nales  no  era  inquietante. 

La  Argentina  y  el  Brasil,  como  tendremos  oportunidad  de  verlo, 
ayudaron  desde  el  primer  momento  a  la  revolución  de  Plores.  Y 
sin  embargo  el  estado  de  las  relaciones  diplomáticas  de  ambos 
países  con  el  Uruguay  era  de  relativa  cordialidad  en  esos  momen- 
tos. Véase  cómo  se  expresaba  acerca  de  las  relaciones  con  la  Ar- 
gentina el  Presidente  Berro  al  abrir  las  sesiones  ordinarias  del 
Cuerpo   Legislativo   en   febrero  de   1863: 

«La  amistad  de  ambos  países  se  estrecha  del  modo  más  conve- 
niente, apoyada  en  intereses  comunes  y  en  una  leal  correspondencia. 
Impulsado  de  mis  propios  sentimientos  y  acompañando  justamen- 
te las  fraternales  simpatías  del  pueblo  oriental,  mandé  un  agente 
confidencial  a  felicitar  al  general  don  Bartolomé  Mitre  por  el  res- 
tablecimiento de  la  paz  y  de  la  unión  entre  los  hijos  de  aquella 
República. . .  Llevó  también  encargo  ese  agente  de  representar  con- 
tra la  actitud  hostil  con  que  aparecen  algunos  orientales  emigra- 
dos, parte  de  ellos  al  servicio  de  la  República  Argentina  en  el 
ejército». 

Hablan  «Ion  Félix  Fríu.s  y  don  José  Mármol  afi'rta  de  la  tolabora- 
ci«'»n   arjieiitiiia   eii    la   i-evolución  de   Flores. 

No  eran  fantasías  del  Presidente  Berro.  Véase  lo  que  decía  pa- 
sada ya  la  tormenta,  en  julio  de  1866,  el  senador  don  Félix  Frías, 
ilustre  pensador  argentino,  fundando  una  interpelación  sobre  re- 
quisa  de   caballos: 

«Un  día,  señores,  nos  levantamos  en  esta  ciudad  y,  como  de  cos- 
tumbre, preguntamos  ¿qué  hay  de  nuevo?  Nada:  un  jefe  refugiado 
en    este   país    acompañado   de    dos    hombres   más,   ha    ido    a   libertar 


GOBIERNO     DE    BERRO  61 


la  república  vecina.  Esa  fué  la  chispa.  El  iucendio  vosotrc-i  lo  co- 
nocéis... ¿Y  (juieii  podrá  calcular  cuánto  han  perdido  esto.s  países, 
desde  el  Brasil  hasta  el  Paraguay,  en  oro,  en  la  sangre  de  sus 
hijos  más  preciosa  que  el  oro,  en  el  desarrollo  de  su  crédito  y  su 
comercio,  en  el  bienestar  general?  ¿Y  dónde  parará  el  retroceso  in- 
menso que  nuestras  instituciones  tienen  que  sufrir  por  no  haber 
apagado  a  tiempo  esa  chispa,  por  no  haber  contenido  ese  hombre 
que  partía  de  aquí  para  libertad  a  su  país?  Voy  a  permitirme  ci- 
tar a  mis  honorables  colegas  una  anécdota  histórica.  A  fines  del 
año  1840  el  general  Lavalle  sitiaba  la  ciudad  de  Santa  Fe,  defen- 
dida por  el  general  Garzón.  Los  santafesinos  eran  nuestros  amigos, 
y  después  de  una  corta  resistencia  la  plaza  se  rindió.  Nuestros 
«moldados  impagos,  desnudos,  desprovistos  de  todo,  entraron  en  ella 
y  no  todos  fueron  escrupulosos  en  el  respeto  de  la  propiedad.  Al 
día  siguiente,  cuando  los  que  no  habían  tomado  parte  en  el  ataque, 
ni  en  el  pequeño  botín,  fueron  a  las  pulperías  y  pedían  en  ellas 
una  libra  de  azúcar,  de  yerba,  de  arroz,  los  pulperos  les  contesta- 
ban: No  hay,  lo  libertaron  ayer.  Esa  libertad  fué  la  que  se  llevó 
í.  la  República  Oriental,  señor  Presidente.  Se  la  fué  a  libertar  de 
sus  instituciones,  se  fué  a  derrocar  en  ella  todo  lo  que  esta  Provin- 
cia de  Buenos  Aires  enemiga  de  los  caudillos  había  levantado  des- 
pués de  Pavón.  Sí,  se  le  fué  a  libertar  de  sus  leyes.  La  nube  em- 
pezó a  crecer  y  oscureciéndose  el  cielo  cada  vez  más  de  aquel  lado 
del  Plata,  la  revolución  arrojó  sus  rayos  sobre  todo  lo  que  hay  de 
más  sagrado  en  la  sociedad;  echó  al  suelo  al  gobierno  más  honrado — 
lo  declaro  en  voz  alta — que  haya  jamás  conocido  el  Estado  Oriental. 
Sí,  señor:  la  autoridad  cayó  y  las  instituciones  cayeron  con  ella... 
¿Cuál  era  el  deber  de  la  República  Argentina  en  presencia  de  aquel 
incendio  ?  Nuestro  deber  nos  estaba  trazado  por  los  principios  que 
profesamos;  nos  estaba  marcado  por  el  derecho:  era  la  neutrali- 
dad que  nos  prescribía  no  soplar  ese  fuego  e  impedir  que  se  ex- 
tendiera a  este  lado  de  las  fronteras.  ¿Lo  hicimos  así,  señor  Pre- 
sidente? No,  no  fué  eya  nuestra  conducta,  y  aquí  como  leal  servidor 
de  mi  país  y  para  no  traicionar  la  conciencia  debo  decir  la  verdad 
no  sólo  al  Gobierno,  sino  al  pueblo  mismo  que  me  ha  elegido.  Me 
cumple  censurar  la  indigna  cooperación  que  muchos  compatriotas 
nue  pretenden  ser  liberales  prestaron  a  una  empresa  que  debieron 
condenar  desde  el  primer  momento  para  ser  consecuentes  con  sus 
principios...  Hay  un  derecho  público,  señores,  hay  un  derecho  de 
gentes  que  nos  manda  respetar  a  un  Gobierno  vecino  que  no  nos 
ofende.    El   Gobierno   Oriental   no   nos   había   ofendido;    no   supimos 


62  HISTORIA    DEL    -OBUGUAY 


respetarlo,  sin  embargo...  El  fuego  de  la  sedición  fué  atizado  por 
nosotros  y,  como  nadie  lo  ignora,  de  otro  lado  también...  Si  la 
neutralidad  hubiera  sido  leal,  si  todo  el  mundo,  nacionales  o  extran- 
jeros, hubieran  estado  persuadidos  de  que  no  tomábamos  parte  en 
esa    guerra    civil,    habríamos     preservado     a    nuestro    paiís     de    la 

guerra.» 

Otro  ilustre  pensador  argentino,  don  José  Mármol,  actor  él  mis- 
mo en  los  sucesos  como  agente  diplomático  del  gobierno  de  Mitre 
curante  la  revolución  de  Flores,  dijo  en  1869  con  ocasión  de  ja  cé- 
lebre polémica  provocada  por  el  doctor  Juan  Carlos  Gómez  sobre 
la  guerra  del  Paraguay,  de  que  hablaremos  después:  que  el  go- 
bierno de  Berro  era  «el  mejor  de  los  gobiernos  que  había  tenido  la 
República  Oriental»;  que  entre  la  Argentina  y  el  Uruguay  «no 
había  cuestiones  que  pudieran  pasar  de  las  carteras  diplomáticas»; 
que  el  Brasil  y  la  Argentina  comenzaron  «por  insultar  la  sobera- 
nía oriental,  cuyo  gobierno  era  en  esos  momentos  una  garantía  de 
orden  y  de  paz  para  sus  vecinos». 

lia  invasión. 

El  Gobierno  Argentino,  acabamos  de  decir,  figuró  desde  el  pri- 
mer momento  entre  los  principales  colaboradores  de  la  revolu- 
ción  de   Flores. 

Pero  el  acto  inicial  del  pasaje  del  jefe  de  la  revolución  al  terri- 
torio que  debía  conflagrar,  se  produjo  aparentemente  en  condicio- 
nes que  alejaban  toda  sospecha  de  connivencia  o  parcialidad.  El 
general  Flores  salió  de  Buenos  Aires  el  15  de  abril  de  1863  acom- 
pañado del  coronel  Francisco  Caraballo  y  de  dos  ayudantes  y  el 
19  del  mismo  mes  desembarcó  en  el  Rincón  de  las  Gallinas  con 
esta  única  comitiva  según  se  encargó  de  comunicarlo  al  Gobierno 
el  Jefe  Polífíco  de  Paysandú  don  Basilio  Pinilla,  invocando  el 
testimonio  de  los  peones  de  una  estancia  ubicada  en  el  paraje 
llamado  Caracoles,  donde  atracó  la  lancha.  En  el  acto  de  pisar 
tierra  se  pusieron  en  marcha  los  cuatros  invasores  y  una  fuerza 
armada  que  allí  los  esperaba,  con  rumbo  a  la  frontera  que  era 
donde  las  autoridades  argentinas  y  brasileñas  habían  dejado  orga- 
rizar  los  contingentes  militares  destinados  a  servir  de  base  a  la 
revolución.  En  la  Provincia  de  Río  Grande  estaba  el  coronel  Goyo 
Suárez  con  los  escuadrones  organizados  por  el  general  brasileño 
David  Canavarro  y  en  la  Provincia  de  Corrientes  los  escuadro- 
nes del  coronel  Fausto  Aguilar  que  había  organizado  el  general 
argentino  Nicanor  Cáceres.  ' 


GOBIEKNO     DE     BERRO  63 


Era  para  ponerse  a  la  cabeza  de  esas  fuerzas  que  el  pequeño  Es- 
tado Mayor  desembarcado  en  Caracoles  se  dirigía  apresuradamente 
a  la  frontera. 

Impresión  de  desastre  <iut*  la   noticia  produce   en  Montevideo.   La 
palabra  de  "El  Siglo". 

Puede  decirse  que  no  hubo  discrepancia  alguna  entre  los  diri- 
gentes de  la  época  al  apreciar  la  revolución  de  Flores.  Todos  esta- 
ban contestes  en  condenarla,  lo  mismo  los  colorados  que  los  blan-» 
eos,  porque  todos,  absolutamente  todos,  o  aceptaban  al  Gobierno  co- 
mo una  conquista  nacional,  o  lo  juzgaban  como  un  puente  insusti- 
tuible para  ir  a  soluciones  más  favorables  al  partido  político  a  que 
pertenecían. 

Dos  meses  antes  de  la  invasión,  «El  Siglo»  que  era  el  órgano 
más  caracterizado  del  Partido  Colorado,  ocupándose  de  los  sucesos 
de  Méjico,  de  la  absorción  brasileña  y  de  otros  temas  de  política 
internacional  que  estaban  a  la  orden  del  día,  decía  refiriéndose  al 
Uruguay: 

«Es  necesario  pensar  en  los  peligros  que  rodean  al  país  y  con 
ellos  a  la  vista  sería  un  traidor,  no  sería  oriental,  quien  sanciona- 
ra la  lucha  civil,  más  aun,  quien  no  lanzara  su  reprobación  contra' 
cualquiera   que    intentara   promoverla». 

Al  producirse  la  invasión,  «El  Siglo»,  que  hasta  entonces  había 
sido  dirigido  por  un  grupo  de  redactores  del  que  formaba  parte  el 
doctor  José  Pedro  Ramírez,  estaba  ya  a  cargo  exclusivo  de  e«te 
último  ciudadano.  Oigamos,  pues,  al  doctor  Ramírez  juzgar  la  re- 
volución tantas  veces  desmentida  por  su  diario  en  los  días  antcí- 
riores: 

«En  presencia  de  estos  hechos  (las  medidas  militares  del  Gobier- 
no) que  parece  natural  suponer  motivadas,  no  podemos  menos  de 
abstenernos  de  perseverar  en  las  opiniones  emitidas  y  sostenidas 
hasta  aquí  con  toda  conciencia  y  buena  fe,  limitándonos  en  los  mo- 
mentos difíciles  que  atravesamos  a  hacer  votos  porque  o  bien  re- 
sulte una  vez  más  inmotivada  la  alarma,  o  porque  caso  d3  ser 
ciertos  los  planes  que  se  atribuyen  al  general  Flores,  le  ilumine  au 
rayo  de  luz  y  le  inspire  «n  sentimiento  patriótico  el  desist'mi?nto 
¿e  su  temeraria  empresa.  Cuando  combatimos  la  propagación  df  los 
primeros  rumores  sobre  la  invasión  y  aconsejamos  la  política  que 
nos  parecía  más  conveniente  para  cortar  el  mal  de  raíz,  obedecía- 
mos a  un  sentimiento  del  más   alto  patriotismo  porque   inevitable- 


64  ^        HISTORIA    DEL    CRUGCAT 


mente  temblamos  ante  la   idea   de   un  nuevo  convulsionamiento   en 
el   país». 

Dos  años  más  tarde,  triunfante  ya  la  revolución  y  orgarizado  el 
gobierno  de  Flores  en  Montevideo,  quiso  explicar  el  doctor  Ramí- 
rez por  qué  motivo  se  había  enrolado  en  la  revolución  después  de 
haberla  condenado  en  los  tér^r.inos  que  hemos  transcripto.  Véase 
su   explicación: 

«La  revolución  nos  sorprendió  en  los  trabajos  pacíficos  que  pre- 
parábamos para  las  próxim^as  elecciones,  de  acuerdo  con  varios 
prohombres  del  Partido  Liberal  y  con  muchos  de  sus  jóvenes  ilus- 
trados. No  veíamos  al  país  preparado  para  la  lucha  que  se  iniciaba 
en  el  terreno  de  las  armas,  y  al  anuncio  de  su  realización  por  el 
audaz  desembarco  del  general  Flores  en  la  costa  uruguaya,  con 
toda  la  sinceridad  de  nuestra  alma  hicimos  votos  porque  como 
otras  veces  resultase  una  simple  alucinación  del  partido  dominante, 
que  en  las  aflicciones  de  su  conciencia  veía  sombras  en  todas  par- 
tes y  para  el  cual  la  emigración  asilada  en  Buenos  Aires  era  una 
constante  pesadilla.  Lo  que  entonces  era  para  nosotros  una  em- 
presa temeraria  debía  ser  más  tarde  una  cruzada  heroica  y  más 
tarde  todavía  un  acontecimiento  precursor  del  renacimiento  de  la 
libertad  política  del  país,  de  su  soberanía  usurpada  y  de  su  moral 
escarnecida. .  .  Quinteros  se  presentaba  aterrador  a  nuestros  ojos». 
Basta  sin  embargo  leer  lo  que  «El  Siglo»  escribía  durante  el  go- 
bierno de  Berro  para  rechazar  esta  explicación  a  que  el  periodista 
se  encontraba  empujado  para  no  aparecer  como  elemento  dudoso 
en  una  situación  que  él  deseaba,  y  a  justo  título  por  su  talento  y 
sus  grandes  condiciones  morales,  dirigir  desde  su  trbuna  de  la 
prensa.  ¡No!  «El  Siglo»  había  condenado  la  revolución  porque  acep- 
taba la  presidencia  de  Berro  como  una  verdadera  conquista,  como 
un  importante  punto  de  arranque  para  nuevas  y  fecundas  evolucio- 
nes que  la  guerra  civil  tenía  que  destruir.  Y  de  su  modo  de  pensar 
eran   también   casi   todos   sus   correligionarios. 

Otras  apreciaciones  concordantes. 

«El  Siglo»,  se  encargó  de  demostrar  esto  último  con  ocasión  de 
una  correspondencia  de  Buenos  Aires  escrita  a  raíz  de  la  invasión, 
en  que  se  decía  que  el  general  Flores  estaba  entendido  con  don 
José  María  Muñoz,  con  don  Juan  Carlos  Gómez  y  otros  prohombres 
del  Partido  Colorado  radicados  en  la  Argentina  desde  largo  tiem- 
po atrás. 


GOBIERNO     DE     BERRO  65 


«Lo  que  se  refiere  al  señor  José  María  Muñoz  —  contestó  el 
doctor  José  Pedro  Ramírez  en  «El  Siglo»  —  es  una  especie  tan 
absurda,  tan  notoriamente  falsa,  que  no  habrá  dos  personas  entre 
ios  hombres  de  la  situación  y  acaso  una  en  el  gobierno  que  crea 
ea  la  participación  que  por  esa  carta  quiere  atribuirse  al  señor  M\i- 
ñoz  y  a  sus  amigos  políticos  y  personales  en  los  planes  de  inva- 
sión de  que  sin  duda  el  Gobierno  debe  conocer  alguna  prueba  fe- 
haciente. El  señor  iMuñoz  y  sus  amigos  políticos  y  personales  es- 
tán tan  ajenos  a  lo  que  pueda  haber  de  positivo  en  la  sospechada 
invasión,    como   el   mismo    redactor    de   «El   País». 

En  uno  de  los  incidentes  de  la  polémica  que  en  1S69  sostuvieron 
Juan  Carlos  Gómez  y  el  general  Mitre  sobre  la  guerra  del  Para- 
guay, el  primero  explicaba  así  al  doctor  Elizalde,  que  también  ha- 
bía salido  a  la  prensa,  los  preliminares  de  la  invasión  y  la  acti- 
tud  de   don   José   María  Muñoz: 

Nadie  sospechaba  todavía  que  Flores  se  lanzaría  a  la  revolución 
cuando  don  Julio  Barrios  fué  a  consultarme  acerca  de  lo  que  debía 
hacerse  con  una  columna  de  200  orientales  emigrados  que  bajo  el 
mando  del  general  Gregorio  Suárez  estaba  en  Corrientes:  si  di- 
solverse o  quedarse.  Contesté  que  debían  quedarse  esos  200  hom- 
bres probados  y  me  preocupé  de  atender  a  sus  necesidades.  La 
idea  era  lanz'ar  la  revolución  en  noviembre  con  motivo  de  las 
.^lecciones  en  que  los  blancos  se  presentaban  muy  divididos.  El 
general  Plores  se  precipitó  por  su  cuenta  desembarcando  con  cua- 
tro hombres  en  el  Arenal  Grande.  El  grupo  del  general  Suárez 
fué  la  primera  fuerza  que  aprovechó  Flores  después  de  una  larga 
travesía  con  sus  cuatro  invasores.  En  cuanto  al  doctor  Muñoz,  opi- 
nó «que  debíamos  condenar  la  intentona  del  general  Flores,  de- 
clarando que  no  lo  reconocíamos  como  representante  de  nuestro 
partido,  porque  no  tenía  ni  podía  tener  más  propósito  que  levantar 
su  dictadura  personal,  explotando  una  bandera  política  que  él  ha- 
bía  defeccionado   y   arrastrado   por   el    lodo». 

Terminaba  su  réplica  el  doctor  Gómez  diciendo  que  él  no  había 
sido  de  ésa  opinión,  porque  entendía  que  no  convenía  desautorizar 
a   Flores,    pero   que   después   lo   había   lamentado. 

Don  Héctor  Várela,  que  formaba  parte  de  la  Legislatura  surgida 
de  la  revolución  de  Flores,  presentó  a  la  Cámara  de  Diputados  en 
1868  un  proyecto  de  ratificación  de  los  actos  de  la  dictadura,  y 
fundándolo  dijo  estas  palabras  que  nadie  absolutamente  se  arries- 
gó  a    rectificar: 

«Cuando  el  general  Flores  se  lanzó  a  libertarnos,  el  pueblo  orien- 


5-V 


(36  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


tal  no  estaba  de  su  lado;  eran  muy  pocos  los  que  tenían  fe  en  su 
triunfo.  Salló  la  revolución  de  su  estado  embrionario  y  empezó 
a  entrar  en  el  terreno  de  las  glorias,  y  entonces  los  indecisos,  los 
pusilánimes,  empezaron   a   ponerse  a  su  lado». 

Era  tan  viva  la  protesta  de  los  colorados,  que  el  doctor  Nicolás 
Herrera  que  se  había  enrolado  desde  los  primeros  momentos  en 
la  Guardia  Nacional,  se  creyó  obligado  además  a  formular  el  pro- 
ceso de  la  invasión  mediante   un   artículo  en   que  decía: 

«Hombres  de  corazón  hemos  creído  de  nuestro  deber  protestar 
enérgicamente  contra  la  insurrección  armada  que  el  general  Venan- 
cio Flores  promueve  en  estos  momentos,  usurpando  el  nombre 
del  Partido  Colorado...  Como  colorados,  pues,  nos  hemos  puesto  al 
lado  del  Gobierno  que  en  este  momento  tiene  la  representación  de 
la  ley  y  de  todos  los  intereses  de  orden,  progreso  y  bienestar  ge- 
neral agredidos  y  comprometidos  por  la  intentona  verdaderamente 
criminal  del  general  Flores...  Flores  es  la  expresión  genuina  de 
los  intereses  y  las  miras  del  caudillaje  que  ha  sido  siempre  la  gan- 
grena de  nuestro  país...  Es  preciso  combatir  al  caudillo,  es  pre- 
ciso robustecer  el  principio  de  autoridad,  asegurar  el  imperio  de 
la  ley...  Querer  vencer  a  Flores  no  debe  ser  querer  establecer  la 
influencia  absoluta  y  excluyente  del  partido  que  se  llama  blanco.  No 
es  ese  el  partido  que  debe  vencerlo;  no  debe  vencerlo  ningún  par- 
tido: es  el  país  entero  representado  por  su  gobierno  legítimo,  sin 
bandera  de  color  político  ninguna,  el  que  debe  anonadar  la  in- 
^asión.» 

Fué  después  de  las  victorias  de  Flores  en  los  campos  de  Co- 
quimbo y  de  Vera,  que  los  hombres  de  pensamiento  del  Partido 
Colorado  que  estaban  aquí  en  Montevideo  o  que  vivían  en  Buon  s 
Aires,  se  decidieron  a  rodear  al  caudillo  que  no  había  cesado  ie. 
trabajar  a  favor  de  la  unificación  porque  él  necesitaba  un  conáté 
de  alto  prestigio  que  estuviera  al  habla  con  el  gobierno  de  Mitre. 
De  la  eficacia  de  sus  exhortaciones  instruyen  las  cartas  publica 
das  en  la  prensa  de  la  época.  En  una  de  ellas  decía  el  doctor  Pe- 
dro Bustamante  a  Flores  (noviembre  de  1863):  «Deseo  con  usted 
que  sólo  recordemos  nuestras  pasadas  desgracias  como  una  lección 
amarga,  pero  que  podemos  y  debemos  utilizar  en  lo  sucesivo.  Segui- 
ré haciendo  cuanto  me  sea  dado  por  la  unión  y  el  triunfo  del  Partido 
Colorado».  En  otra  decía  el  doctor  Mateo  Magariños  a  'Flores:  Sus 
cartas  han  sido  considerad'as  por  el  Comité  «como  una  franca  de- 
cisión para  que  desaparezcan  esas  pequeñas  rencillas  que  nos  han 
dividido  antes  de  ahora  y  que  tan  tirantcrs  y  ama'-gos  desengaños 
nos   cuestan». 


GOBIERNO     DE    HERKO 


Sólo  el  doctor  Juan  Carlos  Gómez,  el  formidable  adversario  del 
caudillaje,  reivindicó  el  honor  del  primer  acercamiento  declarando 
en  una  carta  dirigida  a  don  José  Cándido  Bustamante  en  esa 
misma  oportunidad  que  desde  el  comienzo  de  los  trabajos  revolu- 
cionarios en  1863  había  estado  de  acuerdo  con  Flores  acerca  de 
la  necesidad  de  la  revolución,  aunque  discrepaba  en  cuanto  a  la 
fecha,  que  según  él  debía  ser  después  de  los  comicios  y  según  Flo- 
res   antes. 

Pero  es  lo  cierto  que  todos  los  demás  hombres  de  pensamiento 
de)  Partido  Colorado  se  plegaron  a  Flores  después  de  los  primeros 
y    resonantes    triunfos    de    la    revolución. 

El  doctor  Fermín  Ferreira,  Presidente  del  Comité  revoluciona- 
rlo a  fines  de  1863,  había  hecho  a  mediados  de  ese  mismo  año  el 
proceso  de  la  invasión  desde  el  rectorado  de  la  Universidad.  Véase 
cómo  se  expresaba  en  su  informe  anual  a  la  Sala  de  Doctores, 
luego  de  describir  el   estado  de  la  institución: 

«Estos  son,  ilustre  Sala,  los  elementos  con  que  la  Universidad 
de  la  República  daba  principio  a  sus  tareas  en  el  presente  año 
escolar;  y  cuando  ya  empezaban  éstas  a  tomar  un  carácter  inte- 
resante, la  anormal  situación  en  que  se  encuentra  el  país  entero 
le  arrebata  sus  alumnos  y  catedráticos  para  el  servicio  de  las  ar- 
mas! Muy  grande,  señores,  es  la  responsabilidad  que  por  este  solo 
hecho  pesa  sobre  el  causante  o  causantes  de  él,  porque  la  pérdida 
que  experimenta  la  juventud  estudiosa  nunca  será  suficientemente 
compensada  y  porque  a  ese  paso  la  Universidad  tiene  necesaria- 
mente  que   retroceder   en   su   vía  de   progreso   y    de   mejora   moral.» 

Aún  después  de  los  primeros  triunfos  de  Flores  continuaba  el 
vacío.  «El  Mercurio»  de  Buenos  Aires,  diario  que  se  había  em- 
barcado en  cuerpo  y  alma  con  Flores  rep vitando  que  la  con-, 
tienda  uruguaya  era  en  realidad  una  contienda  nacional  del  punto 
de  vista  argentino,  escribía  por  eso  en  noviembre  de  1863  inci- 
tando a  los  colorados  de  principios  a  enrolarse  en  las  filas  revo- 
lucionarias: 

«La  cuestión  oriental  es  debate  de  vida  o  muerte  para  el  partido 
liberal  de  la  otra  margen  del  Plata...  Veamos  si  el  Partido  Colo- 
rado ha  cumplido  su  deber;  veamos  si  puede  mostrar  su  frente 
r,in  el  estigma  de  traidor...  Conocida  es  la  composición  del  ejér- 
cito revolucionario  invasor;  todo  él  es  de  hombres  de  acción  me- 
ramente; hombres  de  sacrificios  todos,  espíritus  viriles  y  genero- 
sos, pero  de  ningún  modo  elementos  de  reconstrucción  y  de  resta- 
blecimiento   de    un    sistema   de    reparación...    ¿Quiere    acaso    el    ge- 


C8  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


lieral  Flores  hacer  exclusivamente  suyo  el  triunfo  del  Partido  Co- 
lorado?... ¿Los  que  no  han  ido  a  ayudarle  quieren  arrebatarle 
ese  triunfo  así  que  llegue  la  época  de  la  revolución  de  ideas?... 
La  revolución  no  ha  tenido  tono  hasta  ahora.  Ha  sido  un  esfuerzo 
robusto,  pero  nada  más  que  un  esfuerzo.  ¿Por  qué  no  le  han  dado 
ese  tono,  por  qué  no  han  formalizado  y  completado  ese  esfuerzo  lo3 
emigrados  orientales,  los  publicistas,  los  liberales  que  tenemos  en- 
tre nosotros?.  .  .  ¿Quieren  que  la  guerra  sea  la  montonera  infruc- 
tífera?» 

A  principios  de  agosto  de  1863  corrió  el  rumor  de  que  el  go- 
bierno de  Berro  recurriría  a  la  mediación  del  Presidente  Argen- 
tino para  obtener  la  paz.  Y  comentando  ese  rumor  decía  «La 
Nación  Argentina»,  órgano  del  general  Mitre: 

«Las  personas  más  notables  del  Partido  Colorado,  las  que  po 
drían  considerarse  como  su  cabeza  inteligente,  han  abandonado  la 
revolución  a  su  propio  destino.  No  les  haremos  por  ello  un  cargo. 
Ellos  están  en  su  perfecto  derecho  al  proceder  según  las  inspi- 
raciones de  su  conciencia  y  al  acordar  o  negar  svi  confianza  al 
general  Plores,  según  juzguen  que  él  es  digno  o  no  de  ella.  Pero 
decimos  que  esta  abstención  desautorizando  moralmente  la  re- 
volución oriental  y  entregándola  a  sus  propios  medios,  hace  a 
lo.s  revolucionarios  en  armas  arbitros  de  sus  propios  destinos,  siu 
que  pueda   en   ningún   caso  reprochárseles   una   transacción». 

Actitud  do  la  Asamblea  ante  la  invasión  de  Floi-es. 

Al  circular  los  primeros  rumores  de  revolución,  resolvió  la  Cá- 
mara de  Diputados  pedir  explicaciones  al  ministerio  y  unir  su  pro- 
testa a  la   que   el   país   entero   formulaba  en   esos   momentos. 

«Después  de  tantos  sacrificios  —  empezó  diciendo  el  diputado  in- 
terpelante don  José  Vázquez  Sagastume  —  como  cuesta  a  la  Repú- 
blica la  restauración  de  la  paz  y  un  orden  tranquilo  y  próspero, 
cuando  no  hay  ningún  pretexto  legítimo  para  formular  un  cargo 
contra  la  administración,  cuando  las  consecuencias  funestas  de  las 
divisiones  políticas  que  habían  alejado  del  territorio  de  la  República 
una  parte  de'  los  complicados  en  los  sucesos  que  terminaron  el 
año  1858  habían  desaparecido  por  la  ampliación  que  el  Gobierno 
dio  a  la  ley  de  amnistía  dictada  en  el  período  pasado  por  la  Asam- 
blea General,  —  cuando  puede  decirse  con  certidumbre  que  no  ha- 
bía emigrados  políticos  puesto  que  cada  uno  de  ellos  tenía  la  plena 
facultad   garantida   por  la  ley  y   decretos   gubernativos   de   regresar 


GourERXo    DE   p.?:rro  69 


al  seno  de  la  patria  y  obtener  las  consideraciones  y  regalías  de 
su  clase,  —  parecía  que  todo  pretexto  para  alterar  la  paz  pública 
había  desaparecido  y  que  los  inmensos  perjuicios  que  había  su- 
frido el  país  en  la  lucha  fratricida  y  los  sacrificios  de  toda  natu- 
raleza que  habían  tenido  que  hacer  los  ciudadanos  para  afianzar 
las  instituciones  y  que  el  imperio  de  la  ley  fuese  una  realidad,  — 
cuando  el  comercio  afluía  a  nuestro  país  trayéndonos  las  riquezas 
y  los  gérmenes  de  un  porvenir  venturoso,  - —  cuando  el  crédito 
nacional,  conocido  ya  en  Europa,  nos  conquistaba  merecidamente 
el  aprecio  y  la  consideración  de  los  pueblos  cultos,  —  cuando  con 
el  ejercicio  pacífico  de  las  leyes  iban  desapareciendo  los  gérme- 
nes que  pudieron  fecundizar  un  día  los  elementos  de  la  anarquía 
y  los  disturbios,  —  la  República  ha  presenciado  un  llamamiento 
c  las   armas  por  parte   del   Poder   Ejecutivo...» 

Contestó  el  Ministro  de  Gobierno  y  Relaciones  Exteriores,  que 
Flores  había  salido  del  puerto  de  Buenos  Aires,  «sin  duda  alguna 
sin  apoyo  y  sin  connivencia  oficial»,  realizando  «un  plan  que  en 
oportunidades  anteriores  le  había  fracasado»;  que  la  situación  era 
grave;  pero  que  el  Poder  Ejecutivo  esperaba  «castigar  con  toda 
severidad  al  caudillo  que  pretendía  convulsionar  al  país».  Flo- 
res, agregaba,  «se  ve  solo,  aislado,  y  sin  que  nada  se  divise  en 
el  sentido  de  sus   aspiraciones». 

Oídas  las  explicaciones  ministeriales,  la  Cámara  votó  una  mi- 
nuta de   comunicación   al   Poder   Ejecutivo  en   que  decía: 

«En  medio  de  la  situación  tranquila  y  próspera  que  gozaba  la 
República;  cuando  el  imperio  de  la  ley,  la  garantía  de  todos  los 
derechos  y  el  crédito  nacional  reconquistados  con  sacrificios  hon- 
rosos de  intereses,  de  penurias  y  de  sangre  parecían  asegurar  un 
porvenir  venturoso  para  la  patria,  la  Asamblea  General  ha  sido 
sorprendida  por  la  injustificable  agresión  con  que  don  Venancio 
Flores  amenaza  la  paz  y  las  instituciones  de  su  país.  En  presencia 
de  ese  hecho  criminoso  que  sin  embargo  de  ser  repelido  unánime- 
mente puede  comprometer  la  respetabilidad  exterior  de  la  Repú- 
blica y  los  intereses  nacionales  y  extranjeros  confiados  a  la  con- 
servación de  las  leyes  y  vinculados  con  la  tranquilidad  pública,  la 
Asamblea  General  declara  solemnemente  que  la  invasión  al  terri- 
torio oriental  a  mano  armada  con  el  intento  de  derrocar  las  auto- 
ridades legalmente  constituidas,  es  un  acto  de  traición  a  la  patria.» 

El  Senado  introdujo  dos  enmiendas  aconsejadas  por  don  Manuel 
Herrera  y  Obes  y  don  Jaime  Estrázulas:  el  cambio  de  colocación 
y    de    forma    del    párrafo    final    como    medio    seguramente    de    ate- 


70  '  HISTORIA    DEL    UBU0U1.T 


nuar  una  declaración  que  en  manos  exaltadas  podría  multiplicar 
las  sentencias  de  muerte;  y  la  incorporación  de  un  nuevo  pá- 
rrafo destinado  a  desvirtuar  la  suposición  ministerial  sobre  incul- 
pabilidad de  las  autoridades  argentinas,  porque  en  esos  momentos 
era  notoria  la  colaboración  activa  del  gobierno  de  Mitre  en  el  mo- 
vimiento   revolucionario. 

Fueron  aceptadas  por  la  Cámara  de  Diputados  las  enmiendas 
del  Senado,  quedando  entonces  sancionada  la  minuta  en  estos  tér- 
minos: 

«En  medio  de  la  situación  tranquila  y  próspera  que  gozaba  la 
República;  cuando  el  imperio  do  la  ley,  la  garantía  de  todos  los 
derechos  y  el  crédito  nacional  reconquistados  con  sacrificios  hon- 
rosos de  intereses,  de  penurias  y  de  sangre  parecían  asegurar  un 
porvenir  venturoso  para  la  patria;  la  Asamblea  General  ha  sido 
sorprendida  por  la  injustificable  agresión  con  que  don  Venancio 
Flores  amenaza  la  paz  y  las  instituciones  de  su  país,  lo  cual  cons- 
tituye una  verdadera  traición  a  la  patria.  En  tales  circunstancias, 
oídas  las  explicaciones  del  ministerio  sobre  las  medidas  adopta- 
das poi"  el  Poder  Ejecutivo  para  garantir  y  conservar  las  institu- 
ciones amenazadas  por  esa  injustificada  y  criminosa  invasión,  la 
Asamblea  General  se  complace  en  reconocer  que  tales  medidas  es- 
tán perfectamente  motivadas.  Pero  no  alcanzándose  todavía  a  co- 
nocer la  extensión  para  poder  apreciar  en  el  caso-  la  conducta  de 
los  gobiernos  o  autoridades  de  los  países  limítrofes  según  los 
principios  del  derecho  de  gentes  entre  naciones  que  cultivan  rela- 
ciones de  amistad,  la  Asamblea  General  confía  en  que  el  Poder 
Ejecutivo  hará  mantener  y  respetar  los  derechos  de  la  República 
en  el  exterior.» 

Es  interesante  agregar  que  en  la  misma  sesión  de  la  Cámara  de 
Diputados  en  que  se  votaba  esa  minuta  quedaba  aprobado  el  pro- 
yecto de  lej'  de  elecciones  de  que  antes  hemos  hablado,  encaminado 
a  asegurar  la  libertad  del  sufragio  como  complemento  de  las  refor- 
mas ya  introducidas  en  la  ley  de  Registro  Cívico. 

El  pi'Ograma   de   la   invasión. 

¿Cuál  podía  ser  el  programa  de  la  invasión  contra  un  Gobierno 
que  respetaba  todos  los  derechos,  que  impulsaba  vigorosamente  el 
desarrollo  de  todas  las  fuentes  de  la  producción  nacional  y  que  ad- 
ministraba los  caudales  públicos  con  una  escrupulosidad  jamás 
igualada? 


GOBIEBXO     DE    BERRO  71 


En  su  proclama  del  20  de  abril  de  1863  formulaba  así  el  general 
Flores  su  único  capítulo  de  agravios  contra  el  gobierno  de  Berro: 
«Las  puertas  de  la  patria  que  os  había  cerrado  la  tiranía,  se  han 
abierto  y  vamos  a  libertar  a  nuestros  compatriotas  de  los  vejáme- 
nes que  sufren.  Nos  hemos  armado  en  su  suelo  para  combatir  al 
gobierno  de  los  déspotas  que  vencidos  siempre  han  aplaudido  y  con- 
tinuado los  escándalos  originados  de  la  bárbara  hecatombe  de 
Quinteros». 

En  su  manifiesto  de  agosto  del  mismo  año,  luego  de  hacer  una 
síntesis  histórica  en  que  desfilaban  la  Defensa  de  Montevideo,  el 
nombramiento  y  caída  de  Giró,  la  elección  de  Pereira  y  los  fusila- 
mientos de  Quinteros,  agregaba  que  el  gobierno  de  Berro  no  había 
concedido  una  verdadera  amnistía  a  los  emigrados,  y  concluía  con 
estas  palabras: 

«Si  alguna  vez  fuimos  vencidos,  se  debió  a  la  intervención  del 
extranjero...  Venid  a  mí,  combatid  y  triunfad,  y  quedaréis  libres 
de  constituiros  como  convenga  a  los  intereses  y  a  la  gloria  de  la 
patria». 

«La  Nación  Argentina»  en  cuyos  talleres  según  «La  Reforma  Pn- 
cíflca»  'había  sido  impreso  el  manifiesto,  concretaba  editorialmente 
así   las   causas   del   movimiento   revolucionario: 

«Que  no  hay  derechos  ni  garantías  para  los  correligionarios  del 
partido  liberal...  Que  los  que  pretendieron  conquistarlos  fueron 
asesinados  bajo  la  fe  de  una  capitulación...  Que  el  partido  domi- 
nante es  sucesor  y  canonizador  de  ese  hecho...  Que  para  volver  al 
país  pacíficamente  tendrían  los  liberales  que  abdicar  sus  derechos 
políticos». 

Tales  eran  los  únicos  agravios  xjue  se  proponía  vengar  la  revo- 
lución : 

La  hecatombe  de  Quinteros  —  obra  de  otros  hombres  a  quienes  el 
Presidente  Berro  había  separado  de  las  zonas  de  influencia  y  que 
precisamente  por  eso  habían  obstaculizado  y  seguían  obstaculizando 
su  gobierno  bajo  la  dirección  del  doctor  Antonio  de  las  Carreras; 
La  falta  de  una  amnistía  verdadera  —  tesis  insostenible  despué? 
del  decreto  de  septiembre  de  1862  que  autorizaba  la  reincorporación 
de  todos  los  jefes  y  oficiales  emigrados  que  así  ¡o  solicitasen  del 
Estado  Mayor,  única  formalidad  que  se  les  imponía,  en  cambio  de 
la  cual  anticipaba  el  Gobierno  el  propósito  de  solicitar  fondos  de 
la   Asamblea   para   cubrir   los    haberes    anteriores   a    la   baja; 

Y  la  falta  de  garantías  —  imputación  más  insostenible  todavía 
tratándose  de  un   Gobierno  aplaudido  y  prestigiado  por  los   mismos 


72  -     HISTORIA    DEL    URUGUAY 


Órganos  colorados  «El  Siglo»  y  «La  Prensa  Oriental»  cuyas  palabrsL- 
de   elogio  hemos   transcripto  en  parágrafos   anteriores. 

Al  reaparecer  «El  Siglo»  en  1865  después  de  la  entrada  de  Flores 
a  Montevideo,  decía  el  doctor  José  Pedro  Ramírez  que  la  invasión 
de  1863  había  tomado  de  sorpresa  a  los  colorados  que  se  prepara- 
ban «para  las  próximas  elecciones  de  acuerdo  con  varios  prohom- 
bres del  partido  liberal  y  con  muchos  de  sus  jóvenes  ilustrados». 
Si  los  colorados  se  preparaban  para  concurrir  a  las  urnas,  era  por- 
que se  juzgaban  garantidos  en  el  ejercicio   de  sus  derechos. 

El  doctor  Juan  Carlos  Gómez,  partidario  de  la  revolución,  había 
manifestado  a  Flores  que  debía  aguardar  el  resultado  de  esos  co- 
micios, temeroso   sin  duda  de  que  faltara  bandera   al   movimiento. 

¿Había  algiin   otro   capítujo  de   agravios?   ¿La   cuestión   religiosa, 
por  ejemplo? 

La  caballería  de  Plores  llevaba  banderolas  con  una  cruz  roja.  Al- 
gunas de  las  banderolas  tomadas  en  los  combates  que  tuvieron  lu- 
gar al  norte  del  Río  Negro  en  noviembre  de  1863  tenían  además  de 
la  Qruz  roja  un  corazón  de  tela  colorada  en  fondo  blanco. 

Entre  los  documentos  secuestrados  al  capitán  Federico  Varas  en 
marzo  de  1864,  figuraba  una  nota  de  Flores  datada  en  Paysandú 
el  4  de  enero  con  este  pedido: 

«Mándeme  hacer  400  banderolas  para  lanzas,  de  madraz  y  cinta 
de  hilera   punzó  o  en   su   defecto  de  coco  punzó  para   la   cruz». 

El  vapor  «Gualeguay»  que  en  ese  mismo  año  bombardeó  la  pla- 
za del  Salto,  enarbolaba  una  bandera  blanca  con  cruz  roja  que  se- 
gún «El  Plata»,  diario  de  la  época,  era  «el  distintivo  y  enseña  de 
la  revolución». 

¿Qué  significaba  esa  cruz  roja  de  la  que  luego  surgió  la  denomina- 
ción de  Cruzada  Libertadora  dada  al  movimiento  revolucionario 
de    1863? 

Tres  meses  después  de  la  invasión  de  Flores  trasponía  la  fronte- 
ra un  jefe  brasileño,  el  coronel  Fidelis,  al  frente  de  una  división 
auxiliadora  de  guerra,  distribuyendo  una  proclama  que  terminaba 
con  estos  vivas: 

«¡Viva  la  religión  católica!  ¡Viva  la  constitución  política  del  Es- 
tado! ¡Vivan  nuestras  leyes  e  instituciones!  ¡Viva  el  bravo  general 
libertador!» 

Uno  de  los  primeros  decretos  dictados  por  Flores  a  raíz  de  la 
rendición   de   Montevideo,   fué  el   de  abril   de   1865   que  permitía  la 


GOBIERNO     DE    BERRO  73 


vuelta  de  los  jesuítas  y  el  libre  funcionamiento  de  todas  las  con- 
gregaciones religiosas  destinadas   a   la   enseñanza. 

Como  lo  veremos  más  adelante,  el  conflicto  religioso  que  había 
empezado  en  1859  bajo  la  administración  Pereira  con  el  decreto  de 
expulsión  de  los  jesuítas,  prosiguió  bajo  la  administración  Berro  y 
en  forma  violentísima  que  dio  margen  a  la  clausura  de  la  Iglesia 
Matriz  y  al  destierro  del  vicario  Vera,  y  ello  a  tiempo  que  la  revo- 
lución se  incubaba  en  la  Argentina  y  en  la  frontera  brasileña. 

Flores  era  católico,  como  también  lo  era  Berro.  Ambos  mandata- 
rios oían  misa.  .Si  Berro  quebró  con  el  vicario,  fué  porque  éste  se 
resistía  al  reconocimiento  del  patronato  consagrado  por  la  Consti- 
tución de  la  República. 

No  hay  que  violentar,  pues,  las  explicaciones  para  incluir  en  el 
programa  de  la  revolución  un  capítulo  no  confesado:  el  agravio 
contra  la  Iglesia  exteriorizado  en  la  cruz  roja  de  las  banderolas  de 
la    caballería    revolucionaria. 

Lia  divisa  celeste  como  distintivo  del  e.jército  del  Gobierno. 

El  gobierno  de  Berro  adoptó  en  junio  de  1863  la  divisa  c(  leste 
como  distintivo  de  guerra  para  el  ejército  y  luego  para  tO(?cs  los 
ciudadanos. 

Aplaudiendo  esa  resolución  gubernativa  hacía  notar  «La  Reforma 
Pacífica»  que  Berro  renunciaba  a  la  divisa  blanca  que  era  la  tra- 
dicional de  su  partido  y  adoptaba  la  cucarda  nacional  que  era  !a 
divisa   del   país. 

La  imposición  de  la  cucarda  nacional  dio  lugar,  sin  embargo,  a 
incidentes  de  resonancia.  El  doctor  Ambrosio  Velazco  se  negó  a 
llevarla  y  fué  arrestado  y  desde  la  cárcel  se  dirigió  a  la  Comisión 
Permanente  para  protestar  contra  su  detención.  El  Presidente  Be- 
rro —  decía  —  sólo  trata  de  ejercer  «una  innoble  venganza  con- 
tra el  ciudadano  que  censuró  los  malos  actos  de  su  gobierno  des- 
pués que  despidió  a  sus  primeros  Ministros  para  ostentar  solo  las 
comt)inaciones  de  gran  estadista  que  no  han  dado  otro  resultado 
que  los  peligros  de  la  situación  presente.»  Por  igual  caus'a  fueron 
arrestados  los  doctores  José  Pedro  Ramírez,  Julio  Herrera  y  Obes 
y    Nicolás   Herrera. 

Ya  había  entre  los  mismos  militares  colorados  quienes  entendían 
que  era  necesario  renunciar  a  las  divisas  de  la  guerra  civil,  si- 
guiendo al  coronel  Camilo  Vega,  el  más  devoto  de  los  subalternos 
de  Rivera  y  uno  de  los  jefes  del  ejército  de  Berro  en   1863. 


74  ^      HISTORIA    DEL    URUGUAY 


El  coronel  Vega  —  según  se  encargó  de  documentarlo  don  Ber- 
nabé Rivera  en  «La  Independencia»  —  había  llevado  esa  devoción 
hasta  el  extremo  de  acompañar  a  Rivera  durante  todo  el  tiempo 
de  su  destierro  en  el  Brasil  y  a  su  lado  continuaba  cuando  la  muer- 
te sorprendió  al  vencedor  de  las  Misiones  en  viaje  de  regreso  a  la 
patria  para  formar  parte  del  triunvirato  de  1853.  Y  he  aquí  las  pa- 
labras que  recogió  de  sus  labios  al  aproximarse  el  trance  final  y 
que  él  resolvió  cumplir  al  pie  de  la  letra  como  un  evangelio: 

«Yo  no  tengo  fortuna  que  ofrecerte,  pero  te  voy  a  dar  un  saluda- 
ble consejo:  no  sigas  otro  partido,  no  abraces  otra  causa  sino  la  de 
los  gobiernos  legalmente  constituidos:  no  habrá  muchos  Rivera  que 
puedan  ser  el  arbitro  de  los   destinos  del  país.» 

lias  pilmeras  medidas  para  la  organización  de  la  defensa. 

Desde  los  p/imercT  momentos  del  desembarco  de  Flores  se  de- 
claj'ó  el  estado  de  sitio  y  se  decretó  la  movilización  de  la  Guardia 
Nacional,  confiándose  el  mando  del  ejército  al  Sur  del  Río  Negro 
al  general  Medina,  el  de  las  divisiones  de  Minas  y  Maldonado  al 
coronel  Olid  y  el  de  las  de  Cerro  Largo  al  coronel  Dionisio  Coronel. 

Con  las  fuerzas  distrubuídas  en  todo  el  país  fueron  luego  organi- 
zados cuatro  cuerpos  de  ejército,  uno  al  norte  del  Río  Negro  a  car- 
go del  general  Diego  Lamas,  dos  al  sur  del  Río  Negro,  a  cargo  del 
general  Anacleto  Medina  y  del  coronel  Lucas  Moreno,  y  uno  en  la 
Capital  a  cargo  del  general  Antonio  Díaz. 

Algunas  de  las  designaciones  fueron  criticadas  por  la  prensa  en 
términos  agrios,  y  eso  dio  lugar  a  que  el  Ministerio  de  la  Guerra 
dirigiera  una  circular  a  los  diarios.  «Quiere  el  Gobierno  —  decía  en 
ella  —  que  termine  el  escándalo  de  esas  publicaciones  incompati-" 
bles  con  el  régimen  militar  a  que  accidentalmente  está  el  país  su- 
jeto». 

En  junio  fueron  revistadas  las  tropas  de  Montevideo,  concurrien- 
do a  la  formación  tres  batallones  de  guardias  nacionales,  el  bata- 
llón de  la  Unión,  el  2."  de  Cazadores,  el  Municipal,  el  Urbano,  el 
de  serenos  y  un  ^^scuadrón  de  caballería,  con  un  total  de  2,500  pla- 
zas. El  25  de  Agosto  siguiente  hubo  una  parada  militar,  a  la  que 
concurrieron  5  batallones  de  guardias  nacionales  con  un  efectivo 
de  1,700  soldados. 

Después  de  las  victorias  de  Coquimbo  y  de  Vera  alcanzó  a  tener 
Flores  1,800  hombres  según  un  parte  del  general  Servando  Gónu.-z 
al   Ministerio   de   la  Guerra.  La  prensa  de   Buenos  Aires   elevab.i  a 


GOBIERNO     DE    BERRO 


5,000  SUS  efectivos.  Que  no  eran  tantos  y  que  no  inspiraba  temeros 
lo  revela  el  hecho  de  que  en  esos  mismos  momentos  las  caballerías 
del  general  Lucas  Moreno  eran  temporalmente  licenciadas  para  qa>: 
los  guardias  nacionales  —  decía  el  Ministro  de  la  Guerra —  pu- 
dieran  atender   los   intereses   que   tenían   abandonados. 

El  ejército  del  Gobierno  tenía  soldados  en  abundancia,  pero  no 
así  petrechos  de  guerra.  En  agosto  de  ISC.o  escribía  don  Rafael 
Hernández   a   «La   Reforma    Pacífica»    desde   la   villa    de   Guadalupe: 

«Las  fuerzas  de  Canelones  carecen  por  ahora  de  armamento  y 
de  vestuario.  Carecen  de  lo  principal.  ¿Qué  significa  un  soldado 
sin  armas  en  el  campo  .de  batalla?» 

La  denuncia  debió  ser  atendida  de  inmediato,  porque  en  una  se- 
gunda correspondencia  decía  el  señor  Hernández  que  habían  lle- 
gado las  armas  y  los  vestuarios.  Pero  ella  ponía  de  manifiesto  o 
que  escaseaban  los  elementos  en  el  parque,  o  que  faltaban  los 
resortes  para  su  distribución  entre  las  fuerzas  que  combatían 
en  campaña. 

Parte  de  la  prensa  impulsa  a  los  actos  de  sangre. 

«La  anarquía  encabezada  por  el  traidor  Flores  —  decía  «El  País>> 
—  debe  combatirse  sin  miramiento  alguno  y  por  todos  los  medios. 
Para  castigar  a  los  asesinos  que  se  levantan  armados  contra  la  paz 
pública  y  las  instituciones,  basta  con  ponerlos  fuera  de  la  ley  y 
dar  orden  de  que  sean  arcabuceados  en  el  momento  en  que  se  les 
tome». 

Pero  el  Gobierno  se  limitó  a  decretar  el  arresto  de  los  ciudadanos 
que  parecían  más  vinculados  a  los  trabajos  colorados  y  a  ordenar 
a  la  Policía  que  aprehendiera  a  los  propaladores  «de  rumores  con 
tendencia  a  contrariar  la  marcha  del  Gobierno  y  a  desvirtuar  en 
lo   más  mínimo   el   efecto   de  las   medidas   de   actualidad». 

Después  de  los  combates  de  Coquimbo  y  de  Vera  en  que  Flores 
venció  al  coronel  Olid  y  al  general  Lamas,  recurrió  el  Gobierno  a 
otras  medidas:  la  suspensión  -de  «El  Siglo»  y  de  otro  diario,  el 
arresto  de  un  centenar  de  ciudadanos  que  en  su  mayoría  fuerom 
embarcados  para  Buenos  Aires,  sin  cometerse  un  solo  acto  más  de 
violencia  contra  nadie,  y  el  establecimiento  de  un  consejo  de  guerra 
compuesto  de  los  generales  Ignacio  Oribe,  José  Brito  del  Pino,  Jo- 
sé María  Reyes  y  Gabriel  Velazco  y  de  los  coroneles  Crpriano  Mi- 
ró, Pedro  Brun  y  Jorge  Liñán,  para  la  aplicación  de  las  ordenanzas 
militares  —  decía  el  decreto  —  «a  los  delitos  de  traición,   rebelión, 


76  -^         HISTORIA    DEL    TJBUGUAT 


deserción  e  infidencia  que  afecten  o  puedan  afectar  la  defensa  de 
la   patria,   aunque   los  delincuentes   pertenezcan   al    fuero   común». 

De  acuerdo  con  este  último  decreto  las  sentencias  del  Consejo  de 
Guerra  «se  ejecutarían  inmediatamente,  sin  más  trámite  ni  apela- 
ción». Era  una  frase  que  podía  interpretarse  en  el  sentido  de  que 
el  Presidente  renunciaba  a  la  prerrogativa  del  indulto  de  la  pena 
capital,  y  apercibido  de  ello  se  apresuró  Berro  a  dictar  un  nuevo 
decreto  que  eliminaba  las  palabras  relativas  a  la  ejecución  inme- 
diata, poniendo  en  su  lugar  que  la  sentencia  se  ejecutaría  «con 
arreglo  a  las  leyes  y  ordenanzas  vigentes»,  paso  tanto  más  honroso 
cuanto  que  esos  días  eran  de  intensas  alarmas  con  motivo  de  la 
aproximación  del  ejército  de  Flores  a  Montevideo  y  las  pasiones 
en   plena    ebullición   empujaban    a   la   violencia. 

El  Presidente  Berro  se  había  propuesto  permanecer  tranquilo  en 
medio  de  la  conmoción  general  y  nadie  ni  nada  conseguía  arrancar- 
lo de  esa  situación. 

En  octubre  convocó  a  la  Asamblea  a  sesiones  ordinarias  para  pe- 
dirle recursos  de  guerra,  pero  a  la  vez  para  que  se  preocupara  de 
los  comicios  generales  que  debían  tener  lugar  en  seguida  y  del  es-i 
tudio  de  la  reforma  de  la  Constitución  de  la  República  que  no  de- 
bía   demorarse   en    su    concepto. 

Un  mes  después,  ante  el  saqueo  de  las  estancias  a  que  daba  lu- 
gar la  conñagración  de  la  campaña,  pedía  la  sanción  de  un  proyec- 
to de  ley  prohibitivo  de  la  exportación  de  ganados  y  frutos  por  las 
fronteras  terrestre  y  fluvial,  bajo  apercibimiento  de  castigarse  a  los 
infractores    «como   ladrones   públicos   y   contrabandistas». 

«Un  pueblo  entero — decía  en  su  mensaje  de  noviembre  de  1863, — 
consagrado  al  trabajo,  se  ve  repentinamente  invadido,  sus  habi- 
tantes atropellados,  robados,  dispersados  por  bandas  facinerosas 
compuestas  de  los  elementos  de  barbarie  existentes  en  los  países 
limítrofes,  cuyas  autoridadee  aparecen  impotentes  para  reprimir-* 
los  y  contenerlos,  después  de  haberlos  deshecho  el  Gobierno  de  la 
República  en  er  territorio   de  su  jurisdicción». 

La  Cámara  de  Diputados  votó  un  proyecto  sustitutivo  por  el  que 
se  establecía  que  los  que  exportaran  ganados  o  cueros  sin  per- 
miso de  la  autoridad  serían  condenados  como  ladrones  y  contra- 
l>andistas,  juzgando  con  la  Comisión  de  Hacienda  que  la. medida 
prohibitiva  no  evitaría  el  robo  y  perjudicaría  en  cambio  a  los  es- 
tancieros. 

Tuvo  esa  iniciativa  simpática  resonancia  en  el  campamento  re- 
volucionario. Por  una  orden  general  de  diciembre  de  1863,  prohibió 


GOBIERNO     DE     HERBÓ  77 


Flores  la  confiscación  de  ganados  de  las  estancias  de  los  hombr'ís 
del  Partido  Blanco  que  habían  empezado  a  realizar  algunos  de  sus 
parciales,  el  brasileilo  Antonio  da  Rosa  entre  otros,  a  quien  el  Jefe 
Político  de  Paysandú  don  Basilio  Pinilla  acusaba  de  veintitantas 
confiscaciones. 

La  campaña  militar  de   18G3. 

Hemos  dicho  que  el  general  Flores  luego  de  desembarcar  en  vi 
Rincón  de  las  Gallinas  donde  lo  esperaba  una  pequeña  fuerza,  se 
puso  en  marcha  con  rumbo  al  Norte  en  busca  de  los  contingentes 
de  Río  Grande  y  de  Corrientes. 

Al  llegar  a  la  frontera  cruzó  por  territorio  brasileño  a  la  pro- 
vincia de  Corrientes  donde  el  general  argentino  Xicanor  Cáceres 
]e  entregó  una  división  que  según  los  cálculos  de  la  prensa  de  Mon- 
tevideo  se   componía   de   500   a   600   hombres. 

Con  esas  fuerzas  y  las  que  había  organizado  o  por  lo  menos  am- 
parado en  Río  Grande  el  general  brasileño  Canavarro,  volvió  Flo- 
res al  territorio  oriental  presentándose  poco  después  frente  a 
las  ciudades  del  Salto,  Paysandú  y  Mercedes,  en  rápidas  marchas 
que  le  permitían  aumentar  el  número  de  sus  prosélitos  y  poner  en 
alarma   a  toda   la   campaña. 

En  junio  tuvo  lugar  el  primer  hecho  de  armas  de  resonancia,  la 
batalla  de  Coquimbo,  en  que  la  división  del  coronel  Bernardino 
Olid  que  se  había  alejado  imprudentemente  del  ejército  del  general 
Medina,  fué  atacada  y  destruida  totalmente  por  el  ejército  revo- 
lucionario. 

Entre  los  numerosos  episodios  de  ese  hecho  de  armas  se  destaca  el 
de  los  tres  hermanos  Valiente  de  las  fuerzas  de  Olid.  Dos  de  ellos  ha- 
bían sido  rodeados  por  numerosos  adversarios  recibiendo  e  infiriendo 
múltiples  heridas  en  una  terrible  lucha  cuerpo  a  cuerpo,  que  esta- 
ba a  punto  de  terminar  a  causa  de  la  absoluta  inutilización  de 
las  armas  de  los  Valiente,  cuando  alcanzó  a  cruzar  el  círculo  de 
fuego  un  tercer  hermano,  reiniciándose  la  lucha  con  extraordinaria 
bravura  hasta  que  los  tres  heroicos  combatientes  quedaron  muertos. 
Al  entierro  que  tuvo  lugar  al  día  siguiente  en  el  cementerio  del 
Dueblo  de  Trinidad,  concurrió  un  cuarto  hermano,  el  último  de 
l5  familia,  que  no  había  tenido  oportunidad  de  actuar  en  el  comba- 
te. «Sólo  entierran  a  tres  —  dijo  al  depositarse  los  cuerpos  de  sus 
hermanos  —  porque  no  estábamos  los  cuatro».  El  Cuerpo  Legisla- 
tivo ordenó  que  se  erigiese  en  Trinidad  un  sepulcro  en  cuya  lápida 


78  '       HISTORIA     DEL     UEUGUAT 


deberían  inscribirse  estas  palabras:  «Muertos  heroicamente  en  de- 
fensa de  las  instituciones».  Y  para  coadyuvar  al  pensamiento  se 
levantó  una  suscripción  pública,  alcanzando  una  de  las  iniciadoras 
de  esa  suscripción,  la  señorita  Julia  Acevedo,  a  depositar  300  pe- 
sos en   el   Banco  Comercial. 

En  el  curso  del  mismo  mes  de  junio  las  fuerzas  de  Flores  toma- 
ron la  plaza  de  la  Florida  y  llevaron  un  ataque  sobre  Rocha.  Pero 
ante  la  aproximación  del  ejército  de  Medina  se  corrieron  al  Salto, 
donde  a  fines  de  julio  atacaron  y  dispersaron  a  la  división  del  ge- 
neral  Diego  Lamas  en  Vera  o  Las  Cañas. 

Las  fuerzas  atacadas  se  componían  de  1,200  a  1,.500  hombres,  según 
las  cartas  de  Flores  a  su  espo:;a,  y  las  atacantes  según  la  prensa 
de  900  hombres  de  caballería  y  40  de  infantería.  Las  caballerías 
del  Gobierno  se  dispersaron  sin  pelear,  dejando  aislados  a  los  in- 
fantes. Con  ellos  inició  Lamas  la  retirada  bajo  el  fuego  de  las 
fuerzas  de  Flores  y  al  llegar  al  pueblo  Constitución  atacó  y  venció 
a  la  guarnición  revolucionaria  que  allí  estaba  destacada,  y  en  se- 
guida cruzó  a  territorio  argentino  y  continuó  sus  marchas  hasta  re- 
pasar el  Uruguay  frente  al  Salto.  Flores  establecía  en  su  carta  que 
la  fuerzas  del  Gobierno  habían  tenido  100  muertos  y  150  prisioneros 
y  las  suyas  simplemente  treinta  y  tantos  hombres  fuera  de  com- 
bate. El  general  Lamas  confesaba  en  su  parte  la  dispersión  de  casi 
toda  la  caballería,  «conservándose  —  agregaba  —  en  línea  de  ba- 
talla solamente  100  infantes  del  Batallón  1."  de  Cazadores  y  133 
de  guardias  nacionales  de  caballería  que  tuvieron  el  coraje  de 
echar  pie  a  tierra  resueltos  unos  y  otros  a  sostener  el  honor  de  las 
armas  del  ejército  nacional». 

El  general  Medina  se  apresuró  a  fustigar  esa  dispersión  de  la 
caballería  de  Lamas  en  una  proclama  que  dirigió  a  sus  soldados 
en  el  acto  de  llegar  a  sus  oídos  la  noticia  del  desastre.  «El  oriental 
que  defiende  a  la  patria  —  decía  —  y  da  la  espalda  al  enemigo 
por  cualquier  causa,  es  un  cobarde  y  no  merece  el  honor  de  formar 
entre  el  ejército  de  los  bravos». 

El  Gobierno  pidió  a  la  Asamblea  un  ascenso  para  los  jefes 
de  las  fuerzas  que  habían  permanecido  en  el  campo  de  batalla:  el 
general  Lamas,  los  coroneles  Leandro  Gómez,  Lucas  Píriz  y  Juan  E. 
iLenguas.  «Hecho  glorioso  que  recogerá  más  tarde  nuestra  historia 
nacional»  —  decía  el  mensaje  refiriéndose  a  la  retirada  de  la  in- 
fantería bajo  el  fuego  del  ejército  de  Flores.  Y  pidió  y  obtuvo  tam- 
bién una  ley  que  establecía  que  las  viudas  de  los  militares  caídos 
en  el  curso  de  la  lucha  gozarían  de  la  pensión  acordada  por  la 
ley    de    1835. 


GOBIERNO    DE    ÜEUKO  79 


La  forma  en  que  se  produjo  el  desastre  de  Vera  sugirió  á  un  ve- 
cino del  Saltjo  esta  idea  que  repercutió  en  la  prensa,  y  en  la  q-ue 
podría  encontrarse  el  rudimento  de  alguno  de  los  instrumentos  de 
guerra  que  habrían  de  inventarse  largo  tiempo  después  en  Europa: 

Construcción  de  20  carretillas  livianas  para  ser  gobernadas  de 
adentro.  Estarían  forradas  con  chapas  de  hierro  a  prueba  de  balas, 
y  cada  una  llevaría  una  docena  de  infantes  con  buenos  fusiles.  A  la 
cabeza  de  cada  escuadrón  de  caballería  maroharian  3  o  4  de  estos 
carros  para  recibir  el  ataque  del  enemigo  y  a  la  vez  romper  sus 
filas  cuando  el  escuadrón  acometiera.  Los  carros  servirían  también 
de   centro  de   reconcentracióní  en  caso  de  contraste. 

Alentado  por  su  victoria  de  Vera  Plores  se  aproximó  a  las  ciuda- 
des del  Salto  y  Paysandú,  aunque  sin  atacarlas  persuadido  de  la 
inferioridad  de  sus  fuerzas.  Poco  después  le  era  entregado 
Fray  Bentos  por  una  expedición  revolucionaria  salida  de  Buenos 
Aires  al  mando  del  coronel  Saldaña  bajo  la  protección  de  la  escua- 
drilla argentina,  según  lo  veremos  más  adelante.  Pero  la  plaza  fué 
retomada  en  el  acto  por  fuerzas  del  Salto,  internándose  entonces 
la  columna  de  Saldaña  en  busca  del  grueso  del  ejercito  revolu- 
cionario. 

Lejos  del  teatro  de  los  sucesos  que  acabamos  de  referir,  las  fuer- 
zas del  coronel  Dionisio  Coronel  vencían  a  las  del  comandante  Man- 
duca Carbajal  en  el  Paso  del  Rey  sobre  el  Cebollatí,  Departamento 
de  Cerro  Largo,  falleciendo  el  jefe  victorioso  en  el  curso  de  la 
persecución,  por  efecto  de  un  ataque  a  la  cabeza;  y  las  del  coronel 
Timoteo  Aparicio  derrotaban  a  las  del  comandante  Goyo  Suárez 
en  el  Pedernal  o  Tuyú,  obligando  a  los  revolucionarios  a  cruzar 
la  frontera  e   internarse   en   la   Provincia   de   Río   Grande. 

Casi  en  los  mismos  momentos  el  ejército  de  Flores  se  corría 
desde  los  departamentos  del  Norte  hacia  la  Capital,  trabándose  en 
combate  a  la  altura  de  Las  Piedras  con  el  ejército  del  general 
Moreno. 

Según  una  correspondencia  de  don  José  Cándido  Bustamante, 
secretario  de  Flores,  a  «La  Tribuna»  de  Buenos  Aires,  el  ejército 
revolucionario  se  componía  de  1,600  a  1,700  hombres,  de  los  que 
sólo  1,000  habían  peleado  contra  las  fuerzas  de  Moreno  compuestas 
de  2,200  hombres,  agregando  que  terminado  el  combate  se  había 
retirado  Flores  con  sus  fuerzas,  caballadas  y  tropas  de  ganado  in- 
tactas. Las  informaciones  de  Montevideo  denunciaban  en  cambio  !a 
derrota  de  los  revolucionarios  y  la  subsiguiente  persecución  por  las 
fuerzas  del  Gobierno. 


80  HISTORIA     DIX     I'RUGl'AY 


Al  aproximarse  el  ejército  de  Flores  a  la  Capital  y  en  previsión 
de  posibles  ataques  se  emprendió  la  construcción  de  dos  líneas  de 
fortificaciones  en  torno  de  la  plaza,  una  interior  a  la  altura  de  la 
calle  Río  Is'egro  y  otra  exterior  a  la  altura  de  la  calle  Ejido. 

Flores  se  dirigió  a  Minas  y  desde  allí  al  Santa  i.ucía,  pero  en- 
tonces le  salió  al  encuentro  el  ejército  del  general  Medina  y  tuvo 
que  emprender  precipitadas  marchas  hasta  vadear  el  río  Negro 
y  penetrar  en  el  Departamento  de  Tacuarembó  con  rumbo  al  Salto. 

Medina  se  detuvo  en  el  Durazno,  donde  acampó  con  los  siguientes 
efectivos   según    las    informaciones     circunstanciadas    de   la   prensa: 

División  San  José,  500  hombres;  división  Colonia,  600;  di- 
visión Florida,  400;  división  Durazno,  400;  división  Mercedes, 
300;  división  Tacuarembó,  160;  división  Maldonado,  700;  división 
Cerro  Largo,  400;  Escuadrón  Escolta,  90;  infantería,  500.  En  con- 
junto,  4,050  plazas. 

El   barón   de   Maná   inicia   tnínjcítuosas   gestiones   de   paz. 

Cinco  meses  después  del  pasaje  de  Flores  empezó  a  inclinarse  la 
opinión  a  favor  de  la  paz.  El  barón  de  Maná  se  puso  al  habla 
con  algunos  de  los  amigos  íntimos  de  Flores,  el  coronel  Mandell 
entre  otros,  y  encontrándolos  bien  dispuestos  se  dirigió  al  Presi- 
dente para  conocer  íu  opinión.  Berro  se  mostró  también  favora- 
ble a  un  avenimiento  y  hasta  indicó  las  concesiones  que  estaría 
dispuesto  a  otorgar  a  los  revolucionarios.  Y  entonces  Flores  escri- 
bió dos  cartas,  una  a  Mauá  y  otra  al  Presidente. 

Decía  en  la  primera  que  Berro  no  había  sabido  resolver  el  pro- 
blema de  la  emigración  oriental;  que  había  perseguido  y  encarce- 
lado a  los  colorados;  que  el  tono  de  su  prensa  era  insolente  y 
audaz. 

En  la  segunda  hacía  la  historia  de  las  anteriores  tentativas 
de  acercamiento  y  pacificación:  la  de  enero  de  1862,  en  que  el 
diputado  don  Manuel  Aguiar  se  había  aproximado  al  Presidente 
para  pedirle  que  hiciera  volver  a  los  emigrados  al  amparo  de  las 
leyes  y  en  el  pleno  goce  de  sus  fueros  y  privilegios,  y  la  de  octu- 
bre del  mismo  año  en  que  el  Presidente  Mitre  había  promovido 
una  entrevista  con  el  doctor  Florentino  Castellanos,  a  la  sazón  en 
Buenos   Aires    por    la   cuestión    religiosa,    el    Ministro    Elizalde    y    el 

propio  Flores,  y  agregaba: 

«En  esa  conferencia,  Excelentísimo  Señor,  se  trató  de  elevar  al 
conocimiento  de  V.    E.   la  necesidad    que   había   de   ampliar   la  am- 


GOHIKRNO     DE    11E!{K0  81 


nistía  aceptando  para  ello  la  garantía  del  Gobierno  de  la  República 
Argentina,  sin  cuyo  requisito  no  volvería  la  emigración  oriental  a 
?u  país,  juzgando  entonces  que  la  palabra  de  V.  E.  y  la  de  sus 
Ministros  no  constituían  una  garantía  positiva,  remontándose  a 
épocas  no  muy  lejanas  y  harto  funestas  en  que  el  partido  que  V.  E. 
representa  dio  un  ejemplo  odioso  y  sentó  un  precedente  que  viene 
a  justificar  esa  desconfianza,  sin  que  V.  E.  ni  nadie  tenga  derecho 
ni   razón   alguna   para   agí  aviarse    por   ello.» 

En  medio  de  esas  amigables  disposiciones  —  continuaba  la  car' 
la  —  en  que  llegué  a  decir  que  si  yo  constituía  un  obstáculo  po- 
dría quedarme  fuera  de  la  amnistía,  procedió  el  roronel  Acosta, 
por  orden  del  Gobierno,  al  arresto  de  varios  colorados  que  estaban 
en  el  Mataojo,  con  ánimo  de  desbaratar  las  negociaciones.  Un  mes 
después  respondía  oficialmente  V.  E.  al  general  Mitre  que  no  acep- 
taba la  garantía  argentina,  que  era  suficiente  la  oriental,  cuya 
sinceridad  quedaba  abonada  por  el  decreto  que  acababa  de  dar 
reintegrando  en  su  grado  al  coronel  Manuel  Carbajal,  uno  de  los 
jefes  aminisliados.  Fué  en  presencia  de  esa  respuesta  que  quedó 
decidida  la  invasión,  no  sin  antes  haberse  pedido  al  Cónsul  de 
Portugal  señor  Acevedo  Leitte  que  trabajara  a  favor  de  alguna 
fórmula  que  permitiera  el  regreso  de  los  emigrados.  Lo  que  yo  que- 
ría entonces  y  lo  que  quiero  ahora  es  que  se  abran  las  puertas 
de  la  patria  a  los  colorados,  pero  que  se  abran  de  par  en  par,  «no 
como  a  mendigos  que  vinieran  a  pordiosear  una  limosna  que  está 
si  no  en  el  deber  en  posición  de  conceder  o  negar  el  avaro».  Te- 
nemos tres  mil  hombres  y  aunque  el  ejército  gubernativo  suba  a 
doce  mil,  carece  ya  de  poder  moral.  Los  triunfos  qu»  ha  conse- 
guido la  revolución,  dan  la  medida  de  los  que  podrá  seguir  alcan- 
zando. 

Concluía  Flores  su  carta  expresando  que  estaba  dispuesto  a  oír 
proposiciones,  pero  sin  suspender  su  campaña  militar. 

Reducianse,  pues,  los  agravios  del  jefe  revolucionario  a  la  falta 
de  una  amnistía  amplia  —  hecho  cierto  hasta  septiembre  :le  1862 
tn  que  el  gobierno  de  Berro  dictó  el  decreto  que  establecía  que 
todos  los  jefes  y  oficiales  dados  de  baja  en  1857  y  1858  serían 
reincorporados  con  sus  respectivos  grados,  «por  el  solo  hecho  de 
solicitarlo  del  Gobierno  acompañando  los  jusficativos  necesarios», 
decreto  que  en  el  acto  promovió  el  regreso  al  país  de  varios  de 
ios  militares  expatriados;  —  al  arresto  de  algunos  caudillos  que 
aparecían  complicados  en  trabajos  revolucionarios;  y  a  la  negativa 
a   dar    inteivención   al    Presidente   Mitre   en   el   cumplimiento   de   la 


6— V 


82  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


jty  de  amnistía,  es  decir,  en  la  política  interna  del  Uruguay  y 
hasta  en  la  marcha  del  gobierno  de  Berro,  que  habría  quedado 
f-ujeto   a   una   tutela   vejatoria   de   la   dignidad    nacional. 

La  publicación  de  estas  cartas  dio  lugar  a  una  explicación  del 
barón  de  Mauá,  en  la  que  decía  que  él  había  tomado  la  iniciativa 
de  las  negociaciones  a  pedido  de  algunos  amigos  de  Flores;  que 
antes  de  decidirse  había  preguntado  al  coronel  Mundell  cuáles  se- 
rían las  bases  del  jefe  de  la  revolución;  que  una  vez  llegada  la 
respuesta  se  había  dirigido  al  Presidente  Berro,  obteniendo  d^ 
éste  las  concesiones  que  otorgaría  espontáneamente  y  no  por  me- 
dio de  un  pacto:  una  amnistía  amplia  y  sin  restricciones  a  los 
revolucionarios  y  la  garantía  de  que  todos  los  orientales  serían 
respetados  en  el  ejercicio  de  sus  derechos  políticos;  y  que  entonces 
Flores  había  escrito  al  Presidente  Berro  la  carta  cuyo  arribo  coin- 
cidía con  el  avance  del  ejército  revolucionario  sobre  la  Capital  y 
los   rumores   de  asalto  que   corrían. 

Ante  ese  inesperado  movimiento  del  ejército  revolucionario  y 
bajo  la  presión  de  las  exaltaciones  que  estimulaban  las  noticias 
del  día,  el  Ministro  Nin  Reyes  expresó  en  la  Cámara  de  Diputados 
qpe  era  imposible  la  transacción  «con  los  ladrones,  con  los  sal- 
teadores, con  los  forajidos»,  y  dirigió  una  nota  a  la  Jefatura  de 
Policía,  en  la  que  luego  de  acordar  el  indulto  a  los  soldados  que 
se  presentaran,  emitía  la  esperanza  de  que  tal  acto  de  tolerancia 
ejercería  influencia  sobre' «los  que  seducidos  y  engañados  por  fal- 
ios  rumores  de  una  transacción  imposible  con  los  rebeldes,  pudie- 
i'an  haber  abandonado  su  puesto  de  honor,  desconfiando  del  triunfo 
de  las  armas  de  la  República». 


En  los  últimos  mese.s  del  gobierno  de  Berro. 

Al  finalizar  el  año  1863  quedaba  libre  de  revolucionarios  el  Sur 
del  Río  Negro.  En  cambio,  al  Norte  las  fuerzas  del  general  Ca- 
raballo  sitiaban  a  Paysandú,  las  de  Flores  estaban  sobre  el  Salto, 
}  Fray  Bentos  retomado  por  la  revolución  era  el  punto  de  re- 
concentración de  las  numerosas  expediciones  lanzadas  por  el  comité 
de  Buenos  Aires  con  el  concurso  del  Gobierno  Argentino. 

Flores  resolvió  atacar  a  Paysandú  en  enero  de  1864.  Concentró 
allí  1,100  hombres  según  uno  de  los  partes  del  coronel  Leandro 
Gómez  e  intimó  la  rendición  de  la  plaza  ofreciendo  a  sus  defensores 
L-alir  con  todos  los  honores  de  la  guerra  para  el  territorio  neutral  que 


GOBIERXO     DE    RERRO  83 


ellos  mismos  eligieran.  La  intimación  fué  rechazada,  pero  el  ataque 
no  se  produjo,  limitándose  los  revolucionarios  a  estrechar  el  sitio. 

En  el  curso  del  asedio  llegó  a  Paysandú  con  procedencia  del 
Salto  una  compañía  de  40  guardias  nacionales.  El  puerto  estaba 
ocupado  por  Flores  y  para  impedir  que  la  compañía  cayera  pri- 
sionera salió  el  jefe  de  la  plaza  con  110  infantes  y  30  hombres 
de  caballería.  Ninguna  dificultad  ofreció  el  viaje  de  ida.  En  cam- 
líio  el  de  regreso  fué  muy  sangriento,  pues  el  coronel  Góme^  tuvo 
oue  hacer  frente  a  todo  el  ejército  de  Flores  compuesto  en  ese 
momento  de  1,000  hombres  de  caballería  y  250  infantes.  Establecía 
el  coronel  Gómez  en  su  parte  que  él  había  tenido  20  bajas  contra  130 
infligidas  al  enemigo.  «Hace  tres  días  —  agregaba  —  que  estamos  si- 
tiados rigurosamente.  Moriremos  todos  antes  que  rendirnos.» 

Después  de  un  sitio  riguroso  de  18  días  levantaron  su  campamento 
los  revolucionarios  obligados  por  el  general  Servando  Gómez  que  mar- 
chaba en  protección  de  la  plaza.  Y  entonces  el  Presidente  Berro  decre- 
tó una  medalla  de  honor  a  los  jefes,  oficiales  y  soldados  de  la  guarni- 
ción   con    esta   inscripción:    «Defensa   de   Paysandú». 

Flores  que  disponía  de  grandes  caballadas  se  vino  en  el  acto 
sobre  Montevideo  dejando  a  larga  distancia  al  ejército  que  desde 
la  mencionada  plaza  había  ido  inútilmente  a  ofrecerle  combate. 
Sus  avanzadas  llegaron  hasta  el  Paso  del  Molino.  Pero  después 
de  cinco  días  de  permanencia  en  los  alrededores  de  la  Capital, 
retrogradó  al  interior  de  la  campaña  evitando  de  nuevo  el  con- 
tacto con  el  ejército  del  general  Servando  Gómez  que  avanzaba  en 
su    seguimiento. 

Generalizando  el  hecho,  decía  el  general  Antonio  Día.^.  en  ur.a 
memoria   que  presentó   al   Presidente   Berro: 

«Es  una  verdad  demostrada  por  la  experiencia  desde  la  guerra 
de  la  independencia,  que  la  fuerza  que  evita  el  combare  y  huye 
nunca    ha    sido    alcanzada    y    forzada    a    pelear.» 

En  esos  mismos  días  las  fuerzas  del  coronel  Olid  derrotaban 
en  las  inmediaciones  de  Rocha  a  una  división  revolucionaria,  ca- 
yendo el   jefe   vencedor   herido   de   muerte   en   la   pelea. 

La  presidencia  Berro  tocaba  ya  a  su  fin  3in  que  la  lucha  se 
definiera.  Flores  con  sus  mil  quinientos  a  dos  mil  soldados  recorría 
libremente  la  campaña,  pero  rechazado  de  las  plazas  de  impor- 
tancia y  huyendo  siempre  del  contacto  del  cuerpo  principal  del 
ejército  sucesivamente  a  cargo  de  los  generales  Medina  y  Servando 
Gómez. 


84  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


Aplazamiento  de  los  comicios  generales. 

Debían  tener  lugar  los  comicios  generales  da  senadores  y  dipu- 
tados en  noviembre  de  1863  y  la  Legislatura  que  resultase  de 
esos  comicios  debía  eligir  a  su  turno  Presidente  de  la  Repúlica 
en  reemplazo  de  don  Bernardo  P.  Berro  cuyo  mandato  terminaba 
el    1.°    de    marzo   de    1864. 

Toda  la  campaña  estaba  en  armas  y  el  gobernante  que  no  que- 
ría cargar  con  la  responsabilidad  de  la  situación  de  hecho  que 
surgía  como  inevitable,  resolvió  recabar  una  resolución  de  la 
Asamblea. 

«El  estado  actual  de  desorden  interno  —  decía  en  su  mensaie 
de  fines  de  octubre  —  hace  por  ahora  imposible  una  elección  com- 
pleta y  ajustada  a  la  ley  de  la  materia  y  a  los  principios  del 
sistema  representativo.  En  tal  virtud  he  creído  que  debía  abste- 
.nerme  de  disponer  que  ella  tenga  lugar  en  la  época  designada 
por  la  ley  tan  próxinia  a  llegar  ya,  que  habría  de  practicarse  con 
tamaño  vicio.  He  preferido  más  bien  someter  el  caso  a  vuestra 
consideración  para  que  dictéis  en  su  vista  las  disposiciones  que 
os  parezcan  más  convenientes.» 

Dos  proyectos  estudió  en  esa  oportunidad  la  Comisión  de  Legis- 
lación de  la  Cámara  de  Diputados.  Uno  de  ellos,  partiendo  del 
precedente  de  1840  y  de  lo  acordado  por  el  Senado  y  la  Cámarp  ■ 
de  Diputados  en  1845  y  1846,  declaraba  prorrogados  los  poderes 
de  los  legisladores  hasta  que  tuvieran  lugar  los  comicios,  pero 
exclusivamente  «para  los  actos  conservadores  de  la  existencia 
constitucional  de  la  República  y  de  los  derechos  de  los  ciudada- 
nos». El  otro  se  limitaba  a  transferir  los  comicios  para  el  último 
domingo   de   enero   de   1864. 

La  Constitución  —  decía  la  Comisión  informante  aconsejando 
la  sanción  de  este  último  proyecto  —  autoriza  a  la  Asamblea 
General  para  variar  la  época  de  las  elecciones.  Pero  caducando  los 
poderes  de  los  diputados  en  febrero  de  1864,  es  forzoso  que  antes 
de  esa  oportunidad  esté  practicada  la  elección  de  la  auova  Cá- 
mara, so  pena  de  que  el  15  de  febrero  no  exista  Asamblea  General. 
El  Gobierno  domina  «en  la  inmensa  mayoría  del  territorio  y  pu- 
niéndose practicar  donde  él  domina  las  elecciones  con  sujeción  a 
la  ley  electoral,  la  circunstancia  de  no  hacerse  simultáneamente 
en  toda  la  República  no  vicia  su  legalidad,  ni  excluye  ?1  departa- 
mento en  que  no  pueda  realizarse  por  el  momento  libremente  la 
elección  de  diputados  de  legítima  representación  en  la  décima  Le- 


GOBIEKXO    DE    BERRO  85 


gislatura,  porque  los  lepresentantes  auncjue  nombrados  feparada- 
mente  por  los  departameutos  lo  son  todos  y  cada  uno  de  la  Xa- 
ción».   ■ 

En  la  Cámara  prevalecieron  esas  mismas  ideas  contra  la 
opinión  de  uno  de  los  oradores  que  señalaba  el  peligró  de  que 
las    disidencias    electorales    produjeran    la    disolución    del    ejército. 

La  Comisión  de  Legislación  del  Senado  produjo  dos  informes): 
uno  de  ellos,  el  de  !a  mayoría,  favorable  a  la  celebración  de  los 
comicios    y    el    otro    adverso. 

«La  Comisión  —  decía  el  primero  —  que  rechaza  con  toda  la 
vehemencia  de  sus  convicciones  cualquier  pensamiento,  cualquier 
combinación,  política  que  busque  la  solución  de  la  presidencia  de  la 
República  el  1.°  de  marzo  fuera  de  la  Constitución  y  de  la  ley,  que 
DO  admite  ni  en  hipótesis  la  idea  de  los  gobiernos  de  hecho  porque 
eso  sólo  sería  bueno  para  los  partidos  revolucionarios,  no  para  los 
que  han  hecho  la  base  de  su  existencia  del  mantenimiento  de  la 
ley  y  únicamente  de  la  ley;  y  que  no  encuentra  sino  dos  caminos 
dentro  de  esa  órbita:  o  las  elecciones  de  representantes  y  con  ellas 
la  de  Presidente  permanente  de  la  República  el  1."  de  Marzo,  o  si 
las  elecciones  no  fueran  posibles  la  presidencia  constitucional  aun- 
que provisoria  del  Presidente  del  Senado  —  no  puede  dejar  de  op- 
tar en  este  momento  por  lo  primero,  desde  que  hay  ya  un  proyecto 
de  ley  adaptado  a  las  circunstancias  sancionado  por  la  Cámara  de 
Representantes  y  desde  que  hay  probabilidades  de  que  las  eleccio- 
nes  puedan   realizarse.» 

El  de  la  minoría  suscrito  por  don  Manuel  Herrera  y  Obes  argu- 
mentaba   así: 

La  Asamblea  tiene  facultad  para  alterar  la  época  de  los  comicios. 
Pero  no  para  alterar  los  comicios  mismos,  ni  para  quitarles  su  ga- 
rantía como  lo  hace  el  proyecto  aconsejado  por  la  mayoría.  «La  cam- 
paña, entregada  a  las  correrías  de  la  rebelión  y  a  los  combates  que 
ha  más  de  nueve  meses  empapan  su  suelo  de  sangre  oriental,  care- 
ce absolutamente  de  autoridades:  ningún  ciudadano  está  en  su  do- 
micilio, el  campamento  los  tiene  reunidos  a  todos  bajo  la  obedien- 
cia pasiva  de  las  ordenanzas  militares.  Faltan  los  registros  que 
clasifican  y  determinan  los  electores.  El  estado  de  sitio  tiene  absor^ 
bidos  todos  los  derechos  y  libertades  del  ciudadano.  Un  gran  pe- 
ligro piiblico  pesa  sobre  el  ánimo  de  todos  los  ciudadanos;  y  sin 
embargo,  se  manda  que  haya  comicios!  —  que  en  medio  de  esa  si- 
tuación, toda  de  coacción,  el  ciudadano  vaya  a  votar  —  que  vote 
el  que  deba  y  el  que  no  deba  —  que  los  votos  sean  recogidos  ex- 


86  HISTORIA    DEL    UBUGUAY 


cepcionalmente,  es  decir  de  diverso  modo  y  por  otras  autoridades 
que  las  que  la  ley  tiene  establecidos.  Que  se  vote  donde  se  pueda, 
dejando  para  cuando  se  pueda  recoger  los  demás  votos  del  país,  es 
decir:  manda  que  liaya  elecciones  en  diversos  tiempos  y  de  distin- 
tos modos,  rompiéndose  así  esa  unidad  del  acto  que  es  una  de  las 
primeras  garantías  de  la  libertad  y  verdad  del  sufragio,  y  se  es- 
tablecen legislaciones  y  situaciones  diversas  para  cada  una  de 
ellas.» 

Tales  eran  las  dos  soluciones  propuestas  por  la  Comisión  de  Le- 
gislación. Pero  en  el  Senado  era  imposible  armonizar  opiniones  en 
torno  de  cualquiera  de  ellas,  por  efecto  de  la  anarquía  o  más 
bien  dicho  de  la  lucha  existente  entre  sus  miembros. 

Lia  mitatl   del   Senado  ti'ata  de  desalojar  a  la  otra  mitad. 

¿De  qué  emanaba  la  anarquía  de   la  Cámara  de   Senadores? 

Estaban  vacantes  las  senadurías  de  Montevideo  y  Soriano  y  ha- 
bía que  convocar  a  los  suplentes  que  eran  don  Joaquín  Errasquin 
y  don  Vicente  Nubel.  Pero  la  Comisión  de  Legislación  se  oponía 
-il  ingreso  del  primero,  porque  era  hermano  de  otro  senador  y 
primo  del  Presidente  Berro,  y  del  .  señor  Nubel  porque  era  socio 
de  los  hermanos  Errasquin.  La  Constitución  de  la  República  —  de- 
cía fundando  su  doble  rechazo  —  establece  que  el  Estado  Oriental 
no  será  jamás  patrimonio  de  'persona  ni  de  familia  alguna  y  pres- 
cribe además  que  al  Senado  corresponde  abrir  juicio  al  Presidente 
de  la  República  cuando  éste  sea  acusado  por  la  Cámara  de  Diputados. 
Y  proponía  el  aplazamiento  de  la  convocatoria  de  los  suplentes  a 
la  espera  de  lo  que  resolviera  la  Asamblea  una  vez  reabiertas  las 
sesiones  ordinarias. 

No  era  esa  sin  embargo  la  razón  determinante  del  rechazo.  Actuf- 
ban  en  el  Senado  dos  tendencias  antagónicas  que  respondían  a  lo? 
bandos  que  la  terminología  de  la  época  llamaba  «vicentinos»  y 
«amapolas»,  los  primeros  encabezados  por  el  Presidente  Berro  y 
los  segundos  por  don  Jaime  Estrázulas  y  don  Juan  P.  Caravia.  Y 
los  amapolas  que  eran  mayoría  querían  impedir  la  incorporación 
de  dos  nuevos  senadores  que  daban  influencia  decisiva  a  Berro  en 
ía  designación  del  Presidente  del  Senado  llamado  a  asumir  el  po- 
der ejecutivo   durante   el   año  1864. 

Ante  la  inminencia  de  su  derrota  abandonaron  el  local  de  se- 
siones los  senadores  vicentinos  don  Manuel  Errasquin,  don  Atanasio 
Aguirre,   don  Nicolás   Zoa  Fernández,   don    Manuel   Herrera   v   Obes 


GOÍ5IER.\0    DE    KEKKO  87 


y  don  Tomás  Villalba,  quedando  dueños  del  campo  sus  adversa- 
rios señores  Estrázulas,  Caravía,  Váz<iuez,  Brid,  Ruiz  y  Joanicó.  L;i 
•liferencia  era  como  se  ve  de  un  solo  voto,  pero  ella  bastaba  para 
asegurar  el  triunfo  del  proyecto  que  aplazaba  la  convocatoria  de  los 
suplentes,  y  el  proyecto  fué  sancionado. 

Los  senadores  de  la  minoría  se  abstuvieron  de  concurrir  a  las 
sesiones  subsiguientes  y  eso  dio  pretexto  para  una  declaración  de 
.cesantía  que  tuvo  honda  repercusión  en  la  Cámara  de  Diputados 
donde  se  hizo  moción  para  que  fueran  acusados  los  señores  Estrá- 
zulas, Caravia,  Vázquez  y  Brid  por  violación  de  la  Constitución, 
exaltándose  con  ello  en  tal  forma  los  ánimos  que  el  Presidente  Be- 
rro juzgó  prudente  clausurar  las  sesiones  extraordinarias,  «habien- 
do llegado  a  la  evidencia  —  decía  en  su  mensaje  de  me-íludos  le 
•enero  de  1864  —  los  malos  efectos  que  producen  las  agitaciones  pro- 
vocadas por  la  permanencia  de  las  sesiones  extraordinarias  del  Cuer- 
po Legislativo  que  causan  una  división  lameatablo  entre  Ins  de- 
fensores del  orden  legal  de  la  República  y  que  autorizadas  por 
imás  tiempo  acabarían  por  ser  funestas». 

A  la  sesión  en  que  debía  leerse  ese  mensaje  sólo  concurrieron 
dos  senadores  y  cinco  diputados.  Y  el  Presidenta  reiteró  1:í  clausura 
invocando  en  su  nuevo  mensaje  «la  situación  política  de  la  Repú- 
blica amenazada  en  su  orden  legal  interno  y  en  peligro  su  inde- 
pendencia»; la  necesidad  de  obtener  «unidad  de  acción  en  los  ele- 
mentos sobre  que  se  apoya  esta  misma  actual? dad>':  y  la  «anorma- 
lidad   en   que   había   caído   el    Senado». 

Intentó  el  Presidente  de  la  Asamblea  repetir  la  convocatoria, 
ipero  como  le  observara  el  Poder  Ejecutivo  que  ya  las  sesiones  esta- 
ban clausuradas,  contestó  que  significando  esa  advertencia  «una  in- 
terdicción de  hecho  a  la  reunión  de  la  Asamblea  General»,  sólo  le 
quedaba  para  cubrir  su  responsabilidad  enviar  a  la  prensa  las  no- 
tas  cambiadas. 

La  presidencia  de  la  Asaimblea  estaba  en  esos  momentos  a  rar- 
go  de  don  Vicente  Vázquez,  uno  de  los  miembros  del  grupo  que  lu- 
chaba  contra    Berro. 

Una  tentativ?  de  motín  para  voltear  a  Berro. 

Los  momentos  eran  muy  graves.'  La  disidencia  del  Senado  había 
¡cundido  al  Ejército.  El  coronel  Bernardino  Olid,  jefe  de  la  división 
de  Maldonado  y  Rocha,  apoyaba  decididamente  a  los  amapolas  y 
estaba  resuelto  a   lanzar  en  la  balanza   toda  la  fuerza  militar   que 


HISTORIA    DEL    UBU6UAT 


el  Gobierno  había  puesto  en  sus  manos  para  luchai-  contra  Flore?. 
Y  estimulado  por  esas  ideas  salió  a  campaña. 

Sin  dejarse  arredrar  por  las  circunstancias  el  Presidente  Berro 
dictó  un  decreto  destituyendo  al  coronel  Olid  y  ordenando  que  ésíe 
compareciera  ante  el  Consejo  de  Guerra  dentro  de  un  plazo  peren- 
torio y  mandó  arrestar  también  a  los  senadores  don  Vicente  Váz- 
quez, don  Jaime  Estrázulas  y  don  Juan  P.  Caravia  y  a  diversos  ciu- 
dadanos que  como  don  Ambrosio  Velazco,  don  Pedro  Díaz  y  don 
Adolfo  Basáñez  aparecían  complicados  en  el  movimiento  revolucio- 
nario que  debía  encabezar  Olid.  Algunos  de  ellos  fueron  embarca- 
tíos    para   Buenos    Aires    y    otros    para    Río   de   Janeiro. 

Don  Jaime  Estrázulas  y  don  Juan  P.  Caravia  publicaron  en  Bue- 
nos Aires  un  violento  manifiesto  en  que  invitaban  a  los  hombres 
del  Partido  Blanco  a  alistarse  en  las  filas  de  Olid  para  voltear  a 
Bíjrro. 

JEl  Presidente  Berro  y  sus  Ministros  —  decían  —  «acaban  de 
colocarse  fuera  de  la  ley,  son  rebeldes  y  merecen  ser  perseguidos 
y  castigados  como  criminales».  Han  impedido  «por  medio  de  la 
violencia  y  el  destierro  que  el  Honorable  Senado  se  reúna  libre- 
mente», asumiendo  «una  dictadura  que  no  debe  ser  obedecida  ni 
acatada» . . .  «Ya  no  es  más  que  un  poder  de  hecho,  un  poder  igual 
en  categoría  al  del  invasor  Plores,  un  rebelde  como  él.»  El  Presi 
dente  Berro  trata  de  perpetuarse  en  el  gobierno  mediante  el  nom- 
lljramiento  de  Presidente  del  Senado  a  favor  de  una  persona  de  su 
familia...  «Los  valientes  defensores  de  las  leyes,  que  desde  1836 
bajo  la  dirección  del  Presidente  don  Manuel  Oribe,  de  eterna  y  al- 
ta memoria,  y  después  la  del  no  menos  ilustre  ciudadano  don  Ga- 
briel Antonio  Pereira  han  pugnado  siemipre  por  el  mantenimiento 
del  orden  legal,  por  el  reinado  del  gobierno  constitucional,  tienen 
la  oportunidad,  el  derecho  y  el  tiempo  suficiente  para  resistir  a  la 
nueva  dictadura,  para  obligarla  por  medio  de  las  armas  a  retroce- 
der...» «El  cielo  ha  permitido  en  sus  últimos  designios  que  los  de- 
fensores de  las  leyes  sean  sometidos  a  una  nueva  y  dura  prueba 
de  su  moralidad  y  de  sus  convicciones,  teniendo  que  luchar  en  es- 
tos momentos  con  dos  enemigos:  con  el  invasor  don  Venancio  Flo- 
res, caudillo  sin  bandera  que  lo  escude  y  que  lo  disculpe,  porqiíe 
después  de  los  decretos  de  octubre  de  1862  ni  pretexto  tenía  para 
invadir,  —  y  con  el  rebelde  y  perjuro,  con  el  sacrilego  don  Bernardo 
P.  Berro;  pero  de  esa  prueba  tenemos  fe  en  Dios  y  en  el  buen  de- 
recho saldrán  más  acrisolados  y  más  puros  que  antes.  La  hora  so- 
lemne ha  sonado.  Un  gran  centro  de  reacción  se  ha  formado.  A  su 


GOBIERNO     DE     EERKO  '         89 


cabeza  se  encuentra  el  bravo  y  patriota  coronel  don  Bernardino 
Olid,  rodeado  de  los  primeros  jefes  del  Ejército  y  de  la  Guardia  Na- 
cional de  la  República..»  A  las  armas,  pues,  leales  y  valientes  de- 
fensores de  las  leyes...  Un  esfuerzo  y  un  sacrificio  por  algunos 
días  más,  pero  un  esfuerzo  lieroico  y  decidido  en  nombre  y  rpivin- 
dicación  de  los  principios  sagrados  de  la  Con.-titución,  y  en  breve 
caerán  bajo  vuestro  brazo  o  tendrán  que  someterse  el  invasor  ¡^'lo- 
res  y  el  dictador  Berro.  No  \a(;léis,  no  deis  tiempo  a  ^ue  este-,  dos 
jefes  revolucionarios  se  entiendan  como  lo  desean  y  lo  proy:ctan 
por  medio  de  una  transacción  en  la  cual  vosotros  y  con  vosotros 
el  gran  Partido  Nacional,  el  partido  defensor  de  las  leyes  '¡ue  cons- 
tituye la  inteligencia,  la  fuerza,  i:i  riqueza  y  el  orden  de  la  patria, 
será   traidoramente    sacrificado   para    siempre.» 

El  Presidente  Berro  se  dirigió  en  lo  más  recio  de  est  )s  incidjn- 
tes  al  campamento  del  ejército  p.-íra  entonr.r  a  los  militaies  e  im- 
pedir que  la  defección  del   coronel  Oli-l   encontrara  imitadores. 

También  dirigió  una  circular  a  los  Jefes  Políticos  en  que  les  ha- 
blaba de  la  completa  esterilidad  de  la  Asamb'ea  durante  los  tres 
meses  de  sesiones  extraordinarias  que  llevaba,  de  los  conflictos  que 
ocurrían  en  el  Senado  con  motivo  de  la  convocatoria  de  suplentes, 
de  las  disensiones  existentes  entre  los  ciudadanos  en  armas;  y  les 
advertía  que  había  llegado  el  momento  de  dar  efectividad  al  estado 
de  sitio;  que  todo  ciudadano  debía  estar  en  anuas  y  empuñar  un 
fusil;  que  los  omisos  debían  ser  perseguidos,  los  vándalos  que  aso- 
laban la  campaña  debían  ser  tratados  como  tales  vándalos;  la  vida 
y  la  propiedad  de  los  habitantes  debían  ser  amparadas.  Y  en  cuanto 
a  la  prensa: 

«Debe  contraerse  —  agregaba  la  circular  —  a  los  intereses  nacio- 
nales, a  la  propagación  de  los  conocimientos  científicos  y  útiles,  al 
cultivo  de  la  inteligencia  y  a  fortificar  la  moral,  pero  no  puede 
extraviarse  en  inútiles  y  peligrosas  discusiones  ni  propagar  malas 
tendencias,  ni  servir  a  exaltar  las  malas  pasiones.  No  debe  ser  obs- 
táculo a  la  defensa  de  la  patria,  ni  le  es  permitido  sin  exponerse 
a  severas  represiones  herir  a  la  autoridad  directa  o  indirecta- 
mente». 

Al  Jefe  Político  de  Montevideo  le  recomendaba  en  una  nota  espe- 
cial que  llamara  a  los  redactores  de  diarios  para  hacerles  saber: 
que  les  estaba  prohibido  «alimentar  tendencias  de  división  en  las 
columnas  de  sus  diarios,  so  pena  de  ser  considerados  instigadores 
de  propósitos  anárquicos,  debiendo  entenderse  que  no  salvaba  la 
responsabilidad  del  editor  la  circunstancia  de  ser  el  escrito  puni- 
ble  producción   ajena.» 


90  HISTORIA    DEL    UBUGUAT 


Con  estas  medidas  aseguraba  el  Presidente  Berro  la  estabilidad 
dé  la  situación  dentro  de  la  plaza  de  Montevideo.  Quedaba  todavía 
pendiente  de  la  actitud  del  coronel  Olid.  Pero  los  sucesos  de  la 
guerra  se  encargaron  de  completar  la  obra.  Al  llegar  a  su  campa- 
mento se  encontró  el  jefe  del  motín  con  una  división  revoluciona- 
Tia  que  recorría  los  alrededores  de  Rocha  y  se  lanzó  contra  ella 
obteniendo  una  completa  victoria  a  cambio  de  una  herida  mortal 
que  solucionaba  la  crisis  que  él  estaba  encargado  de  precipitar. 

Vuelve  el  Senado  a  funcionar. 

Se  iba  acercando  entretanto  el  término  del  mandato  presiden-, 
cial  y  don  Bernardo  Berro  provocó  una  reunión  en  su  despacho  pa- 
ra cambiar  ideas  acerca  de  lo  que  debía  hacerse  en  medio  de  la 
anarquía  del  Senado.  Concurrieron  entre  otros  los  doctores  Caste- 
llanos, Requena,  Vázquez  Sagastume  y  Fuentes  y  los  señores  An- 
tonio M.  Pérez,  Doroteo  García,  Luis  de  la  Torre  y  .Javier  Alvarez. 
La  mayoría  optó  por  la  convocatoria  del  Senado  para  el  nombra- 
miento de  Presidente  como  único  medio  de  conjurar  la  crisis  del 
1."  *de  marzo. 

El  Presidente  Berro  se  dirigió  entonces  a  la  Comisión  Permanen- 
te para  darle  cuenta  de  todo  lo  ocurrido  y  pedirle  su  concurso  a  fin 
de  evitar  la  acefalía  de  los  poderes  públicos  por  falta  de  la  perso- 
na que  debía  sustituirle  en  el  ejercicio  del  poder  ejecutivo.  Y  ob- 
tuvo de  ella   esta   nota  de  amplia  solidaridad   con   su   actitud: 

«La  Comisión  Permanente  se  halla  dominada  por  un  profundo 
pesar  ante  el  estado  actual  de  desquicio  en  que  se  encuentra  la 
Honorable  Cámara  de  Senadores  por  la  falta  de  cordura  y  de  pa- 
triotismo de  algunos  de  sus  miembros.  V.  E.  conoce  la  monstruosa 
inconstitucionalidad  cometida  por  una  minoría  de  ese  Honorable 
Cuerpo,  aplazando  por  razones  que  repugnan  al  buen  sentido  la 
incorporación  de  los  primeros  suplentes  de  los  departamentos  de 
Soriano  y  Montevideo.  V.  K.  conoce  igualmente  la  no  menos  irri- 
tante inconstitucionalidad  practicada  por  esa  misma  minoría  ex- 
pulsando a  tres  señores  senadores,  sin  más  fundamento  que  el  de 
no   quererse   prestar    a    sancionar    aquella   monstruosidad». 

Alentado  por  esta  nota  se  dirigió  el  Presidente  a  la  Asamblea 
que  todavía  estaba  en  receso.  La  Cámara  de  Diputados  se  reunió  en 
el  acto  y  contestó  también  a  Berro  en  términos  de  amplia  soli- 
daridad con  su  actitud.  En  su  minuta  de  contestación  «lamentaba 
el  penoso  extremo  a   que  había   llegado  la   disidencia   '.jue   diviiía  a 


GOBIEUXO     DE     BERRO  91 


■los  señores  senadores»;  esperaba  que  el  Senado  quedaría  integrado 
y  en  situación  de  elegir  al  ciudadano  llamado  a  hacerse  cargo  del 
poder  ejecutivo;  y  concluía  expresando  que  el  Presidente  a  quien 
la  Constitución  comete  el  mantenimiento  del  orden,  debía  adop- 
tar las  medidas  necesarias  para  impedir  q^^'^  ,tl  vjiuimiento  de  su 
mandato    existiera    el    estado    de    acefalía    que    él    temía. 

La  fracción  del  Senado  que  había  sido  vencida  en  los  primeros  In- 
cidentes resolvió  entonces  tomar  la  revancha.  Llamó  a  los  destituí- 
dos  y  convocó  a  los  dos  suplentes  cuya  incorporación  'había  quedado 
aplazada.  La  otra  iracción  que  hallábase  en  minoría  por  efecto  de 
Icb  destierros  que  subsiguieron  al  motín  del  coronel  Olid,  protestó 
contra  esas  resoluciones.  Pero  la  Cámara  que  ya  estaba  en  quorum 
p^-ocedió  a  la  elección  de  Presidente,  obteniendo  el  tiiunfo  la  can- 
didatura   de    don    Atanasio   Aguirre. 

Había  sonado  también,  aunque  sin  ambiente,  la  candidatura  le 
don  Tomás  Villalba,  atacada  duramente  por  uno  de  los  correspon- 
sales  de  «La  Reforma   Pacífica». 

En  septiembre  de  1853  —  decía  ese  corresponsal  —  cuando  la 
revolución  contra  Giró,  la  autoridad  constitucional  nombró  al  ge- 
neral Servando  Gómez  Comandante  General  al  Norte  de  Río  Negro 
y  al  general  Lucas  Moreno  Comandante  al  Sur.  Don  Tomás  Villalba, 
que  ocupaba  la  Jefatura  Política  de  Soriano,  convocó  a  la  Guardia 
Nacional.  Flores  salió  a  campaña  con  el  batallón  de  Pallejas  y  en- 
tonces el  coronel  Moreno  se  dirigió  a  Mercedes  en  busca  de  incor- 
poraciones, pero  allí  supo  que  Villalba  había  disuelto  sus  fuerzas. 
Gn  el  Durazno  está  el  teniente  coronel  Pedro  Ferrer  que  fué 
quien  avisó  a  Moreno  de  lo  que  ocurría,  adjunt<índole  copia  de  las 
órdenes  impartidas  a  los  coroneles  Báez,  Gómez  y  otros  jefes.  Esto 
se  reputó  una  traición.  Villalba  —  concluía  el  corresponsal  —  pro- 
siguió en  la  Jefatura  de  Soriano  y  de  allí  pasó  a  la  de  Cerro  Largo 
y  luego  a  la  Contaduría  de  la  Nación,  todo  ello  por  obra  de  Flores. 

Con  la  elección  de  Presidente  del  Senado  desaparecía  el  riesgo  de 
la  acefalía  de  los  Poderes  públicos  que  tan  preocupado  tenía  a  don 
Bernardo  P.  Berro,  resuelto  como  estaba  a  no  prorrogar  el  plazo 
de  su  mandato  que  vencía  el  1.°  de  marzo  de  1864. 


CAPÍTULO  II 

Movimiento  político 
La  acción  de  la  Arg-entina  y  del  Brasil  en  la  revolución 

de  Flores 

La  contienda  argentina  diwante  el  gobierno  de  Berro. 

Al  tiempo  de  ascender  don  Bernardo  Berro  a  la  presidencia  del 
Uruguay,  estaba  en  plena  agitación  el  ambiente  argentino,  y  esi 
agitación  repercutía  en  nuestro  escenario  político  bajo  forma  de 
amenazas  de  invasión  de  los  jefes  orientales  enrolados  en  el  ejér- 
t'iio  de  la  Provincia  de  Buenos  Aires,  como  yn  se  había  encargado 
de  decirlo  el  Presidente  Pereira  en  su  mensaje  de  apertura  de  las 
cesiones   extraordinarias   de  1860. 

Al  finalizar  el  mismo  año  fueron  asesinados  el  Gobernador  de 
San  Juan  y  varios  de  sus  allegados,  y  el  Gobierno  Nacional,  que  te- 
nía su  asiento  en  el  Paraná,  envió  con  órdenes  de  exterminio  al 
general  Saa,  librándose  en  seguida  la  batalla  de  Pósito,  con  resul- 
tados desastrosos  para  los  sanjuaninos  que  tuvieron  400  muertos, 
contra  9  que  anotaron  los  vencedores.  «Nuestros  valientes  púnta- 
nos —  decía  el  general  Saa  en  su  parte  oficial  —  no  han  dejado 
nada  que  desear,  pues  a  lanza  seca  rompieron  el  cuadro  de  infante- 
ría, penetrando  por  dos  frentes».  Todos  los  prisioneros  fueron  fusi- 
lados. El  general  Mitre  que  estaba  al  frente  del  gobierno  de  la  Pro- 
vincia de  Bueno:  Aires  protestó  contra  esa  guerra  de  exterminio, 
olvidando  que  él  mismo  tenía  en  su  foja  el  asiento  de  Villa  Mayor. 
Pocos  meses  después  entrabam  en  lucha  el  Gobierno  de  la  Pro- 
vincia de  Buenos  A^res  y  el  de  la  Confederación,  hasta  septiembre 
de  1861  en  que  el  general  Mitre  venció  al  general  ürquiza  en  los 
campos  de  Pavón,  dando  lugar  con  ello  a  que  el  doctor  Santiago 
Derqui,  Presidente  de  la  Confederación,  se  viniera  a  Montevideo;  a 
que  el  Vicepresidente  Pedernera  publicara  un  manifiesto  en  que  de- 
claraba en  receso  al  Poder  Ejecutivo  Nacional  «hasta  que  la  Nación 
reunida  en  Congreso  o  en  la  forma  que  estimara  más  conveniente 


GOBIERNO    DE    BERRO  93 


dictara  las  medidas  consiguientes  a  salvar  las  dificultades  que  obli- 
gaban al  Gobierno  a  tomar  esa  disposición»;  y  a  que  Entre  Ríos 
reasumiera  el  ejercicio  de  su  soberanía  y  se  colocara  en  tren  de 
paz  con   las   demás   provincias. 

La   parte   de   los   eniigi*ados   orientales   en   la   victoria   de   Buenos 
Aires. 

¿Qué   significaba   ese   triunfo  del   punto  de  vista   uruguayo? 

Pocas  semanas  antes  de  la  batalla  de  Pavón  se  publicó  una  re- 
lación de  las  fuerzas  a  las  órdenes  de  Mitre.  Había  allí  17,691 
hombres,  distribuidos  en  32  cuerpos.  Pues  bien:  6  de  esos  cuerpos 
estaban  a  cargo  de  Rivas,  Abella,  Patino,  Vidal,  Villar,  Ortega, 
jefes  orientales  todos  ellos.  Ocupaban  además  importantes  posi- 
ciones militares  el  general  Plores  y  los  coroneles  Fausto  Aguilar, 
Francisco   Caraballo    y   Ambrosio    Sandes. 

«Nuestro  ejército  —  decía  a  fines  de  agosto  «El  Nacional»  de 
Buenos  Aires,  —  está  lleno  de  la  más  brava,  distinguida  y  caballe- 
resca juventud  oriental.  Buenos  Aires,  la  República  toda,  tiene 
gran  deuda  para  con  esos  denodados  jefes  y  oficiales  del  heroico 
partido   de   la   Defensa   de   Montevideo.» 

En  su  parte  de  la  batalla  de  Pavón  hacía  constar  el  general  Pau- 
nero  que  la  vanguardia  de  Urquiza,  compuesta  de  1,500  hombres 
■de  caballería,  había  sido  «vigorosamente  atacada  por  una  bien  or- 
ganizada línea  de  tiradores  a  las  órdenes  del  coronel  Fausto  Agui- 
lar, que  arrolló  sucesiva  y  constantemente  a  la  división  enemi- 
ga, tomándole  algunos  prisioneros  y  obligándola  a  emprender 
marcha  al  galope  e  ir  a  refugiarse  al  grueso  del  ejército». 
Agregaba  que  Urquiza  había  lanzado  sus  mejores  fuerzas  de  ca- 
ballería sobre  la  derecha  (que  era  el  ala  a  cargo  de  Flores)  y  des- 
tacaba el  heroísmo  de  la  tropa  del  coronel  Ignacio  Rivas  que 
había  atacado  briosamente  a  la  brigada  enemiga  que  tenía  enfrente. 
«Despreciando  —  decía  —  los  fuegos  certeros  de  esa  brigada  y 
las  baterías  que  la  apoyaban,  marchó  resueltamente,  armas  a  dis- 
creción, posesionándose  de  las  baterías  enemigas  y  arrollando  cuan- 
to se   opuso  a  su  frente». 

La  prensa  de  Buenos  Aires  saludó  con  una  salva  de  aplausos  a 
los  militares  orientales  que  habían  actuado  en  la  batalla,  sin  ex- 
cluir a  Flores   que   había  sufrido  un   rudo  revés. 

«El  general  Flores,  jefe  del  ala  derecha  —  decía  «La  Tribuna»  — 
avanzaba   resueltamente,   y   con   el   valor   y   serenidad   que   todos   le 


94  HISTORIA    DEL    UBUGUAT 


reconocen.  A  medio  tiro  de  cañón  y  bajo  el  recio  fuego  de  las  ba- 
terías enemigas,  volvióse  a  sus  soldados,  tomó  un  estandarte  en 
una  mano,  su  espada  en  la  otra,  y  exclamó:  «Soldados:  carabina 
a  la  espalda  y  sable  en  mano:  a  la  carga!»  Y  el  general  impetuoso 
como  el  león  lanzó  su  caballo  al  galope.  A  media  cuadra  del  ca- 
mino volvió  la  mirada  y  estaba  solo  con  sus  ayudantes.  El  general 
hizo  prodigios  para  contener  a  sus  dispersos,  pero  en  vano». 

«El  afamado  vencedor  de  tantos  combates  —  decía  «El  Nacional» 
—  se  ha  portado  esta  vez  también  como  él  lo  sabe  hacer.  El  que 
su  división  fuese  envuelta  después  de  una  arrogante  carga,  arrolla- 
da y  rechazada  por  una  furibunda  descarga  de  artillería  a.  metralla, 
«so  es  un  accidente  de  la  guerra  honroso  para  el  mismo  general 
Flores  y  su  valiente  división,  porque  conviene  que  se  sepa  que 
el  general  Urquiza  quiso  descargar  sobre  el  general  Flores  lo  mejor 
y  lo  más  pujante  de  sus  tropas.  Pero  después  de  salir  a  dos  leguas 
del  campo,  reunió  a  sus  soldados  y  volvió  con  ellos  al  ejército.  No 
se  puede  pedir  más  a  un  hábil  y  valiente  general  como  don  Ve- 
nancio Flores.    ¡Viva  el   brigadier   general   Flores!». 

Son  notables,  agregaba  otro  diario,  las  palabras  con  que  el  co- 
ronel Rivas  acompañó  la  voz  de  carga  a  su  brigada.  Soberbio  so- 
bre» su  caballo  y  espada  en  mano,  gritó:  ¡Soldados!  el  pueblo  de 
Buenos  Aires  nos  pide  una  victoria  y  es  necesario  dársela  o  mo- 
rir todos  en  la  boca  de  los  cañones  enemigos.  ¡A  discreción  y  a 
la  carga!  Tan  elocuentes  palabras  electrizaron  a  sus  valientes  sol- 
dados y  es  fama  que  a  ellos  pertenecen  los  más  bellos  laureles  de 
la   victoria». 

El  general  Mitre  promovió  el  día  al  coronel  Rivas  al  empleo  de 
corone]  efectivo,  por  haber  ejecutado  —  decía  en  su  resolución  — 
«la   parte   más   decisiva   de   la   carga». 

En  el  curso  de  esa  misma  campaña  fué  promovido  el  comandante 
Ambrosio  Sandes  a  coronel  efectivo  y  al  comunicarle  su  ascenso 
hacía  constar  el  general  Paunero  en  nombre  del  general  Mitre, 
que  era  el  premio  «a  sus  distinguidos  servicios  en  el  ejército  y  al 
noble  ejemplo  dado  a  sus  compañeros  de  armas,  manteniéndose  en 
¡a  vanguardia  con   tres   heridas  abiertas». 

Pocas  horas  después  de  Pavón,  obtenía  Flores  un  resonante 
triunfo  sobre  las  fuerzas  del  general  Virasoro,  y  el  encargado  de 
perseguir  a  los  derrotados   era  el   coronel   Francisco  Caraballo. 

Quiere  decir,  pues,  que  desde  fines  de  1861  quedaban  realmente 
los  emigrados  orientales  en  situación  de  pedir  y  obtener  el  apoyo 
de  las  fuerzas  argentinas  para  reconquistar  por  las  armas  el  go- 
'bierno  de  su  patria. 


GOBIERNO     DE    l.ERKO  95 


Si  de  inmediato  no  se  produjo  la  invasión  fué  porque  todavía 
era  necesario  organizar  la  confederación  argentina  y  triunfar  de 
¡os  caudillos  provinciales,  que  amagaban  de  continuo  con  sus  pla- 
nes   autonómicos. 


Vuelve  a  pensarse  en  la  reincoi'poi'ación  del  I  rii{i;uay  a  la  Confe- 
deración Argentina. 

A  mediados  de  1862  empezó  a  funcionar  en  Buenos  Aires  el 
Congreso  de  la  Confederación. 

Todavía  continuaba  la  lucha  en  la  Provincia  de  la  Rioja,  donde 
actuaban  con  notables  bríos  los  militares  orientales  que  estaban 
al  servicio  del  gobierno  de  Mitre,  y  comentando  esa  actuación  de- 
cía   un    colaborador   de   «El    Nacional»   de   Buenos   Aires: 

«Desde  la  campaña  de  Cepeda  hasta  estos  momentos,  el  elemento 
oriental  representado  por  categorías  militares  como  el  brigadier 
general  Flores  y  por  una  numerosa  y  valiente  juventud,  ha  figu- 
rado en  las  filas  de  nuestro  ejército,  al  lado  de  la  juventud  ar- 
gentina, tomando  la  parte  más  enérgica,  más  atrevida  y  más  em 
prendedera.  .  .  En  la  caballería  el  general  Flores,  los  coroneles 
Fausto  Aguilar,  Caraballo,  Sandes  (el  inmortal  Saudes),  Mariano 
Paunero  y  otros;  y  en  la  infantería,  Rivas,  Arredondo,  Abella,  Pa- 
góla... No  bastaba  la  Cañada  de  Gómez,  en  que  el  general  Flores 
y  Caraballo  tuvieron  las  primeras  partes.  Ved  ahora  a  Rivas  y 
Sandes,  ejecutando  esa  prodigiosa  campaña  de  los  llanos  de  la 
Rioja,  de  esos  desiertos  mil  veces  peores  que  la  Libia,  corriendo  y 
batiendo  un  célebre  montonero,  ejecutando  la  campaña  más  difícil, 
la  que  necesita  de  más  energía  moral,  la  campaña  que  arredró  a 
Oribe  con  cinco  mil  soldados  en  1841.  Nosotros  que  hemos  presen- 
ciado las  hazañas  del  «Chacho»  en  la  fecha  en  que  servía  a  nuestro 
partido;  nosotros  que  conocemos  aquel  horrible  país  que  encierra 
10,000  leguas  cuadradas  de  territorio,  sabemos  y  podemos  apreciar 
la  ruda  campaña  que  han  ejecutado  y  prosiguen  en  estos  momen- 
tos los  coroneles  Rivas  y  Sandes...  EsiJcremos,  tediemos  fe  en  el 
porvenir;  hemos  de  salvar  las  vallas  puestas  por  los  cálculos  ele 
la  diplomacia  o  del  egoísmo  para  retrihuir  vuestros  importantes 
servicios;  hemos  de  pagar  la  deuda.» 

En  octubre  del  mismo  año  pasó  el  general  Mitre  de  la  goberna- 
ción de  Buenos  Aires  a  la  presidencia  de  la  Confederación  Argen- 
tina, y  un  mes  después,  su  órgano  en  la  prensa  «La  Nación  Argen- 
tina»,  redactado  por   el   doctor   José   María   Gutiérrez,    publicaba  un 


96  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


artículo  sensacional,  con  el  epígrafe  «La  Unión  de  la  República», 
en   que   decía  lo  siguiente: 

«Las  nacionalidades  americanas  deben  tender  a  ensancharse,  por- 
que Pbta  es  la  iey  natural...  Por  eso  hemos  dicho  iiue  la  confede- 
ración americana  vendrá  con  el  tiempo...  Esos  medios  son,  por 
una  parte,  los  tratados  particulares,  y  por  la  otra  la  fusión  de  las 
nacionalidades  que  tienen  verdadera  afinidad  de  intereses  y  que  se 
hallan  unidas  cuando  menos  por  su  posición  geográfica...  Así  lo 
que  no  es  materia  de  congresos  quedaría  arreglado  separadamente 
con  Chile,  ton  Bolivia,  con  Perú,  etc..  El  segundo  medio  está 
ya  indicado  y  consiste  en  la  anexión  recíproca  de  las  repúblicas 
limítrofes...  Tal  vez  estamos  destinados  a  reconstruir  la  grande 
obra  que  deshicieron  las  pasiones  locales,  volviendo  así  las  nacio- 
nalidades americanas  a  las  condiciones  en  que  se  hallaban  antes  de 
¡os  sucesos  que  las  redujeron  a  su  estado  actual.» 

Y  a  raíz  de  la  invasión  de  Flores,  agregaba  el  mismo  diario 
refiriéndose  al   18  de  julio: 

«He  ahí  el  aniversario  de  la  independencia  de  la  República  Orien- 
tal. ¡Triste  fecha!  Ella  rememora  el  triunfo  del  localismo  que  ha 
impedido  por  medio  siglo  la  organización  <\e  la  República  y  que 
ha   ido   desmembrando    poco   a    poco   la   patria   de    ISIO.» 

El  plan  previo  y  ui-gente  era  el  derrumbe  del  gobierno  de  Berro. 

La  Cámara  de  Diputados  de  la  República  Argentina  interpeló 
en  julio  de  1863  al  Ministro  del  Interior  con  motivo  de  un  de- 
creto que  prohibía  a  los  empleados  públicos  concurrir  a  un  mitin 
&  favor  de  !a  revolución  de   Flores. 

«No  voy  a  pregunta-r  —  empezó  aiciendo  el  diputado  interpelante 
señor  Montes  de  Oca  —  si  el  señor  Ministro  simpatiza  con  la 
revolución  a  cuya  cabeza  se  halla  el  general  Flores  en  el  Estado 
Oriental;  yo  sé  que  él,  que  siempre  ha  pertenecido  al  partido  de 
la  libertad,  como  el  Presidente  de  la  República,  el  Ministro  de  la 
Guerra  y  los  demás  miembros  del  gobierno,  simpatizan  con  esa 
revolución,  porque  fué  en  la  nueva  Troya  donde  aprendieron  a 
luchar   por   lá   libertad   y   los    derechos    del    hombre.» 

Era  otra  cosa  bien  distinta  lo  que  deseaba  saber  el  interpelante. 

¿Con  qué  derecho  había  prohibido  el  Gobierno  a  los  empleados 
la  concurrencia  al  mitin?  Porque  en  su  concepto  h;  prohibición  era 
violatoria  de   la  Constitución   Argentina. 

El  Ministro  se  excusó  diciendo  que  entre  los   invitantes  al   mitin 


GOBIERNO     DE     BERRO  97 


íiguraban  varios  militares.  Y  tras  un  largo  y  acalorado  debate 
surgió  un  proyecto  de  ley  que  prevenía  que  el  Poder  Ejecutivo  no 
podía  proiiibir  a  los  empleados  públicos  el  libre  ejercicio  de  sus 
derechos  políticos. 

Cuando  la  plaza  de  Montevideo  estaba  en  vísperas  de  caer  bajo 
la  presión  de  la  escuadra  brasileña  que  la  atacaba  por  mar,  y  del 
ejército  de  Flores  y  Mena  Barreto  que  la  atacaba  por  tierra,  el 
general  Mitre  envió  al  director  de  «La  Nación  Argentina»  doctor 
Juan  María  Gutiérrez,  para  que  lo  tuviera  al  corriente  de  los 
sucesos.  Y  véase  cómo  se  expresaba  el  comisionado  al  trasmitir  al 
Presidente   Argentino   las    bases   de   la   capitulación: 

La  fórmula  de  la  rendición  realiza  en  el  fondo  «el  pensamiento 
de  Elizalde,  es  decir,  la  entrega  de  Montevideo  mediante  las  garan- 
tías que  acuerda  el  vencedor,  quedando  el  Partido  Blanco  literal- 
mente muerto  y  dejando  a  salvo  la  acción  del  Brasil  para  que  nos 
libre  del  Paraguay». 

Varios  años  después,  en  1869,  terciando  en  la  polémica  que  sos- 
tenían el  doctor  Juan  Carlos  Gómez  y  el  general  Mitre  acerca 
de  la  guerra  del  Paraguay,  decía  el  mismo  doctor  Elizalde,  canci- 
ller del  gobierno  de  Mitre  durante  la  revolución  de  Flores: 

«El  gobierno  de  Montevideo  era  la  representación  del  partido 
enemigo  de  la  causa  liberal  que  Buenos  Aires  había  convertido  en 
gobierno  argentino;  significaba  las  invasiones  a  Buenos  Aires  has- 
ta Villa  Mayor,  las  hostilidades  y  la  alianza  contra  nosotros  hasta 
Cepeda  y  las  negras  felonías  de  la  negociación  que  fracasó  en  Ría 
de  Janeiro  por  la  previsión  y  altura  del  gobierno  del  Brasil,  qu-e 
se  negó  a  ser  aliado  del  gobierno  del  Paraná  y  del  de  Montevideo 
para  someter  a  Buenos  Aires,  y  de  la  negociación  de  la  Asunción 
que  buscaba  la  alianza  del  Paraguay  para  el  mismo  objeto,  entre- 
gando todo  el  Chaco  y  grandes  territorios  argentinos  y  la  navega- 
ción de  sus  ríos.  Fiel  a  sus  antecedentes  y  bajo  la  presión  del  ho- 
rrendo crimen  de  Quinteros  que  nunca  pudo  esiperar  fuese  santifi- 
cado por  el  Gobierno  Argentino,  no  podía  dejar  que  este  gobierno 
se  consolidase,  pues  veía  en  él  un  enemigo  fatal.  Como  ciudadano 
y  como  hombre  público,  he  considerado  y  considero  la  más  noble  y 
la  más  alta  de  las  revoluciones  la  del  general  Flores,  y  celebré  su 
triunfo  como  uno  de  los  acontecimientos  providenciales  para  la  fe- 
licidad de  los.  pueblos  del  Plata  y  la  consolidación  de  la  paz  bajo 
gobiernos    libres». 


7-V 


98  HISTORIA    DEL    UBUGUAY 


La  prensa  de  Buenos  Aires  apoya  a  los  emigrados. 

La  prensa  de  Buenos  Aires  no  cesaba  por  su  parte  en.  la  tarea 
de  deprimir  al  Gobierno  Oriental  y  de  envolverlo  en  las  complica- 
ciones  argentinas. 

Véase  lo  que  decía  «La  Tribuna»  al  finalizar  el  año  1861,  refirién- 
dose a  las  polémicas  de  los  diarios   de  Montevideo: 

«La  discusión  sobre  las  cuestiones  que  se  debaten  en  la  Repúbli- 
ca Argentina  en  este  momento  se  ba  trasladado  a  la  prersa  orien- 
tal, y  se  explica  que  baya  allí  contradicciones  en  la  apreciación  de 
los  sucesos,  porque  en  el  Estado  Oriental  están  en  pie  los  dos  par- 
tidos que  luchan  desde  mucbo  tiempo  atrás  en  aquel  país,  partidos 
que  son  los  mismos  que  han  existido  en  la  República  Argentina: 
-^1  Partido  Blanco,  que  es  el  Partido  Federal  con  su  misma  bande- 
ra, sus  mismas  tendencias,  sus  mismos  crímenes  y  sus  mismas  in- 
famias, se  ha  puesto  como  era  de  esperarse  al  servicio  del  partido 
vencido  en  Pavón...  El  Partido  Colorado,  que  es  el  Partido  Uni- 
tario, con  sus  mismos  principios  y  sus  mismas  tradiciones  glorio- 
sas, por  el  contrario  defiende  nuestra  causa». 

Comentando  las  primeras  noticias  acerca  de  la  invasión  de  Fle- 
jes, escribía  el  doctor  Adolfo  Alsina  en  el  mismo  diario  en  abril 
de  1863: 

«La  cuestión  que  hace  treinta  años  se  debate  en  las  repúblicas 
del  Plata  va  a  ser  resuelta  definitivamente:  la  lucha  encarnizada 
que  se  perpetúa  desde  aquella  época  entre  los  principios  que  re- 
presentan por  una  parte  las  tradiciones  unitarias  y  por  la  otra  las 
federales,  va  a  tener  una  solución  estrepitosa.  En  la  República  Ar- 
gentina los  elementos  puestos  en  acción  por  la  mano  oculta  de 
Urquiza  se  agitan  convulsivamente,  con  la  pretensión  insensata  de 
conmover  las  bases  sobre  que  descansa  el  orden  consi:tucionai  de 
la  República.  Y  al  mismo  tiempo  que  en  la  Argentina  donde  domi- 
nan los  hombres  y  las  ideas  del  partido  unitario  la  fedoración  reac- 
ciona, en  la  República  Oriental  subyugada  por  los  alances,  se  pro- 
nuncia la  reacción  de  los  hombres  y  de  las  ideas  del  Partido  Colo- 
rado... Las  miradas  de  todos  los  que  se  interesan  per  el  triunfo  de 
las  buenas  ideas  están  fijas  en  la  República  vec'na:  el  desenlace 
del  drama  que  allá  se  ejercita  preocupa  profundamente  a  los  argen- 
tinos, porque  la  causa  es  idéntica,  porque  la  soli;laiida<l  de  los  inte- 
reses en  innegable,  porque  es  de  importancia  vital  para  la  Repú- 
blica que  en  el  Estado  Oriental  se  levante  un   go!)ieino  simpático  a 


GOBIERNO     DE     BEBRO  99 


nuestra  autoridad  y  hostil  a  los  hombres  que  tan '.o  nial  han  ocasio- 
nado a  la  causa  de  las  buenas  ideas  en  ambas  orillas  del  Plata.  Igno- 
ramos cuáles  son  los  elementos  con  que  cuenta  el  general  Flores... 
pero  lo  que  sí  sabemos  es  que  el  Gobierno  Argentino,  dando  a  los 
hechos  toda  la  importancia  que  tienen,  debe  arrancar  su  política  do 
este  punto  de  partida...  El  triunfo  de  la  revolución  será  para  la 
República  Argentina  una  garantía  más  de  orden   y  de  estabilidad». 

La  redacción  del  diario  decía  a  su  turno  saludando  al  jefe 
invasor: 

«Este  valiente  soldado  que  ha  tomado  la  iniciativa  en  la  nueva 
cruzada  que  se  emprende  contra  el  partido  de  los  asesinos  de  Quin- 
teros, va  acompañado  por  dondequiera  que  dirija  sus  pasos  por 
las  bendiciones  de  todas  las  personas  de  corazón,  amigos  de  la  li- 
bertad y  de  los  derechos  del  hombre.  El  general  Flores  al  empren- 
der la  noble  tarea  de  librar  a  su  patria  de  cuanto  forajido  la  opri- 
me, merece  ser  saludado  con  burras  por  todos  los  que  simpaticen 
con  la  causa  de  los  principios.  Que  Dios  lo  acompañe  en  su  santa 
causa!». 

«El  general  Flores  —  decía  «El  Nacional»  en  el  mismo  mes  de 
abril  —  triunfará  indudablemente,  porque  sobre  sus  enemigos  man- 
chados con  la  sangre  de  dos  generaciones,  pesan  los  crímenes  y  res- 
ponsabilidades   más    terribles». 

Otro  diario  de  Buenos  Aires,  «El  Mercurio»,  se  expresaba  así  en 
noviembre  de  1863: 

«Si  Flores  es  vencido,  la  reacción  federal  se  arranca  la  máscara 
en  Entre  Ríos,  corre  como  un  reguero  de  sangre  y  fuego  hasta  Co- 
rrientes y  sin  apagar  su  ardor  salvaje  en  las  ondas  del  Paraná, 
asalta  y  discurre  por  toda  la  campaña  de  Santa  Fe...  Si  Flores 
triunfa,  el  triunfo  de  sus  armas  es  nuestro  triunfo,  porque  con  él 
ha  ido  nuestro  óbolo,  nuestra  esperanza,  nuestro  anhelo  y  nuestro 
contingente  de  ideas...  ¿El  Gobierno  de  la  República  aprovechará 
ese  nuevo  resorte  o  inutilizará  con  la  indiferencia  y  el  olvido  esa 
poderosa  palanca  para  la  gran  obra  de  la  reconcentración  argen- 
tina?». 

La  actitud  del  gobierno  de  Berro  frente  a  la  contienda  argentina. 

El  Presidente  Berro  había  tratado,  sin  embargo,  de  mantenerse 
en  una  rigurosa  neutralidad  durante  la  contienda  armada  entre 
el  gobierno  de  la  Provincia  de  Buenos  Aires  y  el  de  la  Confedera- 
ción   Argentina,    resuelto    a    alejar    todo    pretexto    que    pudiera    dar 


100  -   HISTORIA    DEL    UBUGUAT 


repercusión  a  esa  contienda  en  el  escenario^uruguayo.  He  ahí  lo 
que  decía  al  inaugurar  las  sesiones  ordinarias  de  la  Asamblea  en 
febrero   de   1862: 

«En  la  lucha  que  a  mediados  del  año  pasado  se  emprendió  entre 
la  Provincia  de  Buenos  Aires  y  las  otras  de  la  Confederación,  ha 
sido  observada  la  más  estricta  neutralidad.  Debatiéndose  allí  cues- 
tiones y  sosteniéndose  pretensiones  enteramente  extrañas  a  nues- 
tro país,  injusto  a  par  de  torpe  habría  sido  ingerirse  en  ellas  sin 
provocación  ni  motivo  de  ningún  género.  Poderosas  razones  movían 
a  adoptar  esa  neutralidad,  aun  por  separado  de  lo  que  acabo  de 
expresar,  evitando  por  ese  medio  comprometer  a  la  República  en  una 
guerra  inmotivada  contra  sus  más  vitales  intereses  y  en  oposición 
a  la  opinión  bien  pronunciada  del  país.  Lejos  de  mí  la  idea  de  pro- 
ducir cargos  contra  nadie.  Culpa  de  los  tiempos  más  bien  que  de 
los  hombres,  obra  de  acontecimientos  raros,  de  circunstancias  do- 
minadoras e  irresistibles,  casi  todas  nuestras  luchas  domésticas, 
si  no  en  su  origen  en  su  prosecución,  se  han  ligado  más  o  menos  con 
las  contiendas  internas  de  la  República  Argentina,  haciéndose  así 
más  duraderas  y  desastrosas;  y  concluyendo  a  veces  por  figurar 
apenas  el  interés  oriental,  dominado  y  absorbido  por  el  argentino. 
'Preciso  era  romper  resueltamente  con  esa  tradición  funesta;  pre- 
ciso era  que  la  República  se  recogiese  a  llevar  una  vida  propia, 
a  separar  sus  cosas  de  las  cosas  extrañas,  a  nacionalizar,  digamos 
así,  su  existencia  y  sus  destinos.  A  eso  me  he  aplicado  con  firme 
y  decidida  voluntad;  y  espero  que  tal  procedimiento  merecerá 
vuestra  aprobación  y  la  de  los  pueblos  que  representáis.  No  puedo 
dudar  también  de  que  allí  mismo,  en  la  República  Argentina, 
cualesquiera  que  sean  los  afectos  y  las  ideas  que  dominen  actual- 
mente, no  se  comprenda  al  cabo  que  esa  absoluta  separación  polí- 
tica que  proclamamos  es  de  igual  provecho  para  la  quietud  y  segu 
ridad  de  ambos  países  y  para  la  paz  y  buena  inteligencia  que  debe 
reinar  entre  ellos». 

«Habiendo  tomado  servicios  en  el  ejército  de  Buenos  Aires  — 
agregaba  —  un  número  considerable  de  orientales  emigrados,  el 
Gobernador  de  aquella  provincia  me  hizo  saber  que  su  admisión 
en  las  filas  de  ese  ejército  no  tendía  a  otra  cosa  que  a  utilizar 
sus  servidos  en  la  guerra  a  que  lo  provocaba  el  gobierno  de  la 
Confederación  y  que  no  permitiría  que  esa  medida,  hija  de  la 
necesidad,  sirviese  a  ningún  plan  de  invasión  a  esta  República.  No 
teniendo  motivos  para  dudar  de  la  sinceridad  de  esa  manifesta- 
ción y  de  la  lealtad  con  que  se  cumpliría  la  promesa  que  ella  en- 


GOBIERNO     UE     HERRÓ  lOl 


volvía,  he  creído  que  nada  debía  reclamar  contra  el  expresado  ar- 
mamento de  los  emigrados,  cuanto  que  formando  parte  del  ejército 
de  la  Confederación  otros  orientales  hubiera  sido  faltar  a  los 
deberes  de  la  neutralidad  poner  impedimento  a  uno  de  los  beli- 
gerantes que   no  se  ponía  al  otro.» 

La  batalla  de  Pavón  trajo  de  este  lado  del  Plata  al  doctor  San- 
tiago Derqui,  ex  Presidente  de  la  Confederación,  y  a  numerosos 
hombres  del  partido  vencido,  lo  que  dio  tema  a  «El  Nacional»  de 
Buenos  Aires  para  decir  que  nuestras  autoridades  amparaban  a 
los  adversarios  del  general  Mitre.  Pero  otro  diario  de  Montevideo 
«La  Prensa  Oriental»,  de  filiación  colorada,  rechazó  con  calor  el 
cargo   y   sostuvo   que   la  neutralidad   uruguaya    era   estricta. 

Y  hay  que  advertir  que  sobraban  motivos  para  dudar  de  la  sin- 
ceridad de  propósitos  del  general  Mitre,  cuando  terminada  ya  la 
contienda  contra  Urquiza  confería  en  marzo  de  1862  al  general 
Flores  y  al  coronel  Caraballo  el  nombramiento  de  jefes  de  fron- 
teras. 

El  Presidente  Berro,  resuelto  a  no  salir  de  la  línea  de  conducta 
que  se  había  trazado,  lejos  de  ir  a  las  represalias,  procuró  for- 
mar un  ambiente  de  cordialidad  que  dificultara  la  obra  de  los 
emigrados  orientales  que  seguían  trabajando  sus  planes  de  inva- 
sión, y  con  tal  objeto  apenas  pacificada  la  Argentina  envió  a  Bue- 
nos Aires  al  Presidente  del  Senado  don  Florentino  Castellanos 
para  felicitar  al  general  Mitre,  y  a  la  vez  derogó  el  decreto  de  clau- 
sura de  los  puertos  orientales  a  las  procedencias  bonaerenses  dic- 
tado bajo  el  gobierno  de  Pereira  en  son  de  protesta  contra  la  ayuda 
prestada    a   la   revolución   de   1858. 

El  momento  de  la  invasión. 

Pero  eran  esfuerzos  inútiles,  porque  la  política  argentina  ya 
había  puesto  la  proa  al  gobierno  de  Berro  y  el  derrumbe  tenía 
que  producirse  una  vez  consolidado  el  general  Mitre  en  la  presiden- 
cia   de    la    Confederación. 

Los  anuncios  de  la  invasión  habían  empezado  a  intensificarse 
desde  el  rompimiento  de  las  hostilidades  argentinas  en  1861,  con 
motivo  de  una  carta  del  coronel  Francisco  Caraballo  a  su  esposa, 
que  hacía  esta  referencia  a  las  fuerzas  que  rodeaban   a  Mitre: 

«Estamos  esperando  noticias  del  general  Flores,  que  a  la  vez  debe 
haber  aceptado  el  puesto  de  general  en  jefe  de  la  vanguardia  y 
jefe    de   la    derecha.    Los    oficiales    están    tomando    servicio   ya.    Yo 


102  HISTORIA    DEL    TJBUGUAT 


tengo  conmigo  a  Ramírez,  Magariños,  Barragán,  Moreira  y  algunos 
soldados  más.  De  esta  hecha  no  paramos  hasta  pisar  el  Estado 
Oriental  y  darles  en  la  cabeza  a  los  blancos,  pues  que  la  llevamos 
a  la  fija  más  que  nunca.» 

La  carta  había  sido  secuestrada  en  Entre  Ríos  y  copiada  allí 
por  el  cura  don  Domingo  Ereñú,  según  él  mismo  se  encargó  de  do- 
cumentarlo en  la  prensa  de  Montevideo.  Pero  la  esposa  del  general 
Caraballo  sostuvo  que  el  párrafo  transcripto  había  sido  agregado. 

En  su  retrospecto  de  1861,  el  «Jornal  do  Commercio»,  luego  de 
referirse  a  la  paz  de  que  gozaba  el  Uruguay,  a  la  política  de  estric- 
ta neutralidad  mantenida  por  el  gobierno  de  Berro  en  la  guerra 
de  Buenos  Aires  y  Entre  Ríos  y  a  las  antipatías  y  prevenciones 
entre  el  Partido  Blanco  dueño  del  gobierno  en  el  Uruguay  y  el 
Partido  Unitario  victorioso  en   la  Argentina,    decía   lo   siguiente: 

KÍiOs  emigrados  orientales  están  armados,  organizados,  próxi- 
mos a  la  patria,  y  las  operaciones  de  la  guerra  aun  no  concluida 
pueden  colocarlos  probablemente  victoriosos  sobre  las  márgenes 
del  Uruguay.  Si  lo  atraviesan,  si  de  ese  u  otro  modo  despliegan 
su  bandera  en  territorio  oriental,  si  levantan  el  grito  de  guerra 
■  que  será  el  mismo  que  triunfó  en  Pavón  y  en  la  Cañada  de  Gó- 
mez, ¿podría  la  conmoción  eléctrica  que  todo  eso  puede  producir 
en  la  opinión  permitir  al  gobierno  porteño  abandonar  a  los  que 
como   correligionarios   acaban    de   combatir   por   él   y   con   él?». 

Tal  es,  agregaba,  «el  punto  negro  en  el  horizonte  político  de  la 
Repiiblica  Oriental  que  deja  el  año  1861». 

En  octubre  de  1862  fué  elegido  el  general  Mitre  Presidente  de 
la  Confederación  Argentina.  Y  seis  meses  después,  en  abril  de 
1863,  salía  el  general  Flores  de  Buenos  Aires,  sin  ruido  alguno, 
acompañado  de  tres  partidarios,  para  desembarcar  en  la  costa  orien- 
tal, cruzar  de  un  solo  galope  la  campaña  y  ponerse  al  frente  de  las 
divisiones  armadas  que  lo  esperaban  en  la  Provincia  de  Corrien- 
tes. Sin  ruido,  hemos  dicho,  pero  debemos  agregar  que  acompañado 
T)or  el  Ministro  de  la  Guerra  general  Gelly  y  Obes  hasta  el  embar- 
cadero, donde  esperaba  un  buque  de  la  armada  argentina,  el 
«Caaguazú»,  que  era  encargado  de  conducir  a  Flores  hasta  la  cos- 
ta oriental,  según  la  declaración  prestada  largos  años  después  al 
doctor  Luis  Alberto  de  Herrera  por  el  almirante  don  Martín  Gue- 
rrico,  entonces  oficial   del   «Caaguazú». 


GOlilERNO     DE     HERRÓ  103 


El  gobierno  de  Berro  se  dirige  al  C*ueii>o  Diplomático  para  denun- 
ciai'le  la  complicidad .  argentina  y  obtener  su  apoyo  contra  la 
agi-esión. 

Pocos  días  después  de  producida  la  invasión,  se  dirigía  la  can- 
cillería oriental  al  Cuerpo  Diplomático  para  hablarle  de  la  compli- 
cidad  de  las   autoridades   de   los   dos   países   limítrofes. 

«El  Gobierno  está  informado  —  decía  en  una  primera  circular 
del  día  28  de  abril  —  de  que  para  proteger  esa  invasión  se  han 
hecho  reuniones  en  la  Provincia  de  Corrientes  y  en  la  provincia 
brasileña  de  Río  Grande,  y  estos  antecedentes  son  muy  elocuentes 
para  que  deje  de  creer  que  otra  clase  de  protección  le  sería  acor- 
dada al  invasor  en  el  momento  de  conseguir  el  menor  triunfo. . . 
En  vista  de  situación  tan  grave,  el  Gobierno  de  la  República  aun- 
que confía  en  los  fuertes  elementos  de  que  dispone  para  sofocar 
ese  ataque  a  todas  las  garantías  y  a  todos  los  intereses,  espera 
que  los  altos  protectores  de  la  parte  extranjera  de  esos  intereses 
también  en  peligro,  no  le  negarán  aquel  apoyo  exigido  por  la  na- 
turaleza de  ese  peligro  y  origen  de  esa  agresión,  en  el  concepro 
de  que  a  la  autoridad  superior  del  Estado  ningún  móvil  la  guía 
que  no  sea  la  salvación  de  la  paz  y  del  orden  injustamente  amena- 
zados desde  países  extranjeros.» 

Explicando  el  objeto  de  esa  circular  agregaba  el  Gobierno  Orien- 
tal a  su   agente  confidencial   en  Buenos   Aires   don  Andrés   Lamas: 

«El  Gobierno  entiende  deber  conseguir  con  la  cooperación  de  los 
agentes  extranjeros  el  cese  de  las  hostilidades  indirectas  pero  to- 
leradas que  de  ahí  parten  contra  este  país,  a  fin  de  que  con  los 
medios  nacionales  bastantes  por  ahora  se  dé  término  pronto  a  la 
guerra,  pero  de  ningún  modo  aceptaría  mayor  intervención  en  la 
actualidad,  sobre  todo  si  ella  diera  al  Gobierno  Argentino  motivo 
o  pretexto  para  la  menor  ingerencia  pacificadora  que  no  cabe  y 
que  rechaza  la  dignidad  de  este  Gobierno  y  de  este  país,  después 
de  haber  sufrido  por  su  connivencia  o  por  su  tolerancia  el  aleve 
ataque  que  de  su  territorio  se  le  ha  dirigido.» 

Los  representantes  de  Francia,  Inglaterra,  Italia,  España,  Por- 
tugal y  Brasil  se  pusieron  en  el  acto  al  habla  con  sus  colegas  de 
Buenos  Aires,  y  como  resultado  de  sus  gestiones  fueron  comisio- 
nados los  representantes  de  Francia  e  Inglaterra  para  obtener  me- 
didas de  neutralidad. 

El  Ministro  Elizalde,  a  quien  vieron  con  tal  objeto,  les  pidió 
que  consignaran  por  escrito  sus  deseos,  lo  que  hicieron  en  esta 
forma: 


104  HiSTOBIA    DEL    ÜBUGUAY 


«Profundamente  conmovidos  por  los  peligros  que  el  desenvol- 
vimiento imprevisto  de  la  guerra  civil  hace  correr  a  la  propiedad 
y  personas  de  sus  numerosos  nacionales  establecidos  en  ese  país 
y  penetrados  de  la  necesidad  de  tranquilizarlos  en  lo  que  se  pueda 
sobre  las  consecuencias  de  una  perturbación  que  ha  tenido  su  punto 
de  partida  en  la  República  Argentina,  han  pensado  que  debían 
expresar  al  Gobierno  de  esta  República  su  vivo  deseo  de  obtener 
de  él  la  seguridad  de  que  tiene  la  firme  resolución  de  persistir 
en  la  neutralidad  que  desde  el  principio  de  la  lucha  ha  declarado 
observar  y  de  no  permitir  ningún  acto,  como  pasaje  de  hombres 
armados  para  reunirse  al  general  Flores,  ni  otros  hechos  que  por 
su  naturaleza  secunden  sus  movimientos  y  que  hacen  esta  neutrali- 
dad menos  eficaz.  En  consecuengia  tienen  el  honor  de  dirigirse  a 
S.  E.  el  señor  Ministro  de  Relaciones  Exteriores  para  hacerle  co- 
nocer el  voto  que  formulan  a  fin  de  que  los  promotores  de  la  gue- 
rra civil  tan  desgraciadamente  encendida  en  la  Banda  Oriental, 
sepan  bien  que  estarán  reducidos  a  sus  propios  recursos,  sin  que 
los  elementos  argentinos  puedan  venir  a  fortificar  su  acción  y 
aumentar  sus  medios.  Si  los  sucesos  que  los  abajo  firmados  deplo- 
ran hacen  surgir  más  tarde  complicaciones  casi  inevitables,  no  ha- 
brá* así  posibilidad  alguna  de  hacer  remontar  moral  o  material- 
mente hasta  el  Gobierno  Argentino,  ni  hasta  las  autoridades  que 
de  él  dependen,  el  origen  o  el  desarrollo  de  estos  males  que  tan 
justamente  alarman  a  sus  nacionales.  Los  abajo  firmados  han 
creído  de  su  deber  en  circunstancias  tan  graves,  dar  este  testimonio 
de  solicitud  a  los  grandes  intereses  extranjeros  que  prosperaban 
tantos  años  ha  a  la  sombra  de  la  paz  y  del  orden  legal  en  la 
República   Oriental    del    Uruguay.» 

Pero  una  vez  cumplida  la  formalidad,  el  canciller  argentino  de- 
volvió la  nota  con  la  advertencia  de  que  lo  mismo  haría  con  cual- 
quiera otra  sin  perjuicio  de  las  demás  medidas  que  obligara  a 
r.doptar  la  dignidad  nacional. 

No  es  admisible  —  decía  «La  Nación  Argentina»  justificando  la 
actitud  de  la  cancillería  de  Mitre  —  sino  en  casos  muy  determi- 
nados la  acción  colectiva  del  Cuerpo  Diplomático.  Sobre  la  base 
—  agregaba  —  de  que  se  presta  ayuda  a  Flores,  el  Cuerpo  Diplo- 
mático dirige  \vuna  conminación  al  Gobierno  para  que  guarde  la 
neutralidad»  y  esa  conminación  no  puede  aceptarse. 

El  Gobierno  —  decía  el  doctor  Elizalde  historiando  este  incidente 
desde  la  tribuna  de  la  Cámara  de  Diputados  de  la  República  Ar- 
gentina en  agosto  de  1864  —  se  ha  preocupado  constantemente  de 


GOBIERNO    DE    EERKO  lO.j 


afirmar  la  paz  en  la  República  Oriental.  Prestó  su  concurso  para 
la  solución  del  conflicto  eclesiástico.  Más  tarde  trató  de  conciliar 
al  Gobierno  Oriental  con"  el  partido  que  en  gran  parte  estaba  emi- 
grado, sin  conseguir  que  fueran  atendidos  sus  consejos.  Producida 
la  invasión  de  Flores,  resolvió  mantenerse  neutral,  pero  el  Go- 
bierno Oriental  persistió  en  sostener  que  la  invasión  era  a  base 
de  elementos  argentinos  y  se  dirigió  formulando  la  denuncia  a 
las  Legaciones  extranjeras.  A  la  del  Brasil  fueron  dadas  explica- 
ciones en  razón  de  que  los  tratados  le  daban  derecho  a  intervenir  en 
defensa  de  la  independencia  oriental.  Pero  se  negó  a  dar  explica- 
ciones  a   las   Legaciones    de   Francia,    Inglaterra,    Italia   y    Portugal. 

Estos  actos  del  Gobierno  Oriental  — •  concluía  el  Ministro  —  die- 
ron «por  resultado  el  principio  de  un  acuerdo  entre  el  Gobierno  Ar- 
gentino  y   el   Brasileño». 

Adviértase  que  en  los  mismos  momentos  del  rechazo  de  la  nota 
colectiva,  publicaba  la  prensa  un  oficio  del  gobierno  de  Mitre  al 
de  Entre  Ríos  en  que  confesaba  el  hecho  del  pasaje  de  fuerza  ar- 
mada de  la  orilla  argentina  a  la  oriental  que  daba  base  a  las 
gestiones   del   Cuerpo  Diplomático. 

«Con  fecha  14  del  pasado  abril  —  decía  el  Ministro  del  Interior 
en  nota  de  mediados  de  mayo  —  tuve  el  honor  de  dirigirme  a 
V.  E.  por  encargo  del  señor  Presidente,  manifestándole  las  noti- 
cias que  se  tienen  de  una  proyectada  invasión  a  la  República  Orien- 
tal... Posteriormente  se  ha  tenido  conocimiento  que  efectivamente 
tanto  de  la  provincia  del  mando  de  V.  E.,  como  de  la  de  Corrientes, 
han  pasado  grupos  de  individuos  al  territorio  oriental  con  el  ob- 
jeto de  ayudar  a  la  revolución.» 

Fracasado  el  objeto  de  la  primera  circular,  volvió  a  dirigirse  el 
Presidente   Berro    al    Cuerpo   Diplomático. 

«El  Gobierno  Oriental  —  decía  en  su  segunda  circular  del  15 
de  junio  —  propone  a  los  representantes  en  el  país  de  los  intere- 
ses extranjeros  obstar  en  común  a  la  perturbación  de  la  paz  ex- 
terna, resguardándola  de  toda  amenaza  directa  o  indirecta  y  por 
indirecta  entiende  casos  como  el  que  presentemente  tiene  al  país 
en  armas,  de  una  invasión  salida  de  país  extranjero  con  el  fin  de 
traer  la  guerra  y  volcar  las  autoridades  constituidas  que  represen- 
tan  el   principio  del   orden.» 

Tratábase  de  iina  medida  más  grave  y  los  Ministros  contestaron 
que  recabarían   instrucciones   de  sus   respectivos  gobiernos. 

Una  tercera  circular  dirigió  todavía  la  cancillería  uruguaya  al 
Cuerpo  Diplomático  ante  el  incesante  arribo  de  expediciones  de 
hombres  y  armas  destinados  al  ejército  de  Flores. 


106  HISTORIA    DHX    URUGUAY 


En  esa  circular  —  datada  el  16  de  agosto  —  insistía  nuestro  Go- 
bierno acerca  de  la  tendencia  manifiestamente  argentina  de  la 
revolución.  Hablaba  de  las  constantes  expediciones  salidas  de  Bue- 
nos Aires,  Entre  Ríos  y  Corrientes,  especialmente  de  la  encabe- 
zada por  el  coronel  Atanasildo  Saldaña,  desarmada  en  Martín  Gar- 
cía y  llevada  luego  hasta'  Fray  Bentos  en  un  buque  de  guerra  ar- 
gentino. Se  refería  también  a  expediciones  salidas  de  Río  Grande, 
pero  con  la  advertencia  de  que  el  Gobierno  Imperial,  «inspirado 
en  una  política  muy  diversa  de  la  Argentina»,  tomaba  medidas 
para    evitar    la    reproducción    del    abuso.    Y    agregaba: 

«El  Gobierno  por  lo  mismo  que  obra  serenamente,  por  lo  mismo 
que  lo  que  busca  no  es  una  agravación  de  una  situación  ya  bas- 
tante deplorable  para  los  legítimos  intereses  que  encierra  el  país, 
sino  el  medio  de  que  tal  agravación  no  se  produzca,  no  puede  me- 
nos de  instar  a  los  señores  agentes  diplomáticos  extranjeros,  cu- 
ya A'oz  y  cuya  acción  sería  quizá  decisiva  para  bien  de  los  intereses 
que  representan,  a  que  le  manifiesten  con  la  franca  lealtad  que 
los  caracteriza,  si  no  creen  llegado  el  caso  de  prestarle  a  las  ges- 
tiones que  deduzca  ante  el  Gobierno  Argentino  el  apoyo  moral  al 
meóos  que  afirma  necesitar  para  tener  buen  suceso  y  no  herir 
insanablemente  los  intereses  de  todos...  Probado  como  está  por 
la  notoriedad  y  por  actos  inequívocos  que  de  Buenos  Aires  y  otros 
territorios  se  lanzan  diariamente  expediciones  contra  el  país,  que  es- 
tas expediciones  sean  declaradas  y  tratadas  por  las  fuerzas  navales 
extranjeras  como  piráticas  y  por  consiguiente  fuera  de  las  consi- 
deraciones que  acuerda  el  derecho  a  una  guerra  legalmente  de- 
clarada». 

Contestó  el  decano  del  Cuerpo  Diplomático,  respecto  del  primer 
punto  que  había  intentado  una  gestión  sin  éxito  en  el  mismo  sen- 
tido, y  resipecto  del  segundo  que  los  Ministros  extranjeros  carecían 
de   instrucciones   de  sus  gobiernos. 

El  Prcsiflonte  BeiTo  entabla  a  la  \ez  reclamaciones  directas  ante 
el   gobierno  de  Mitre. 

El  mismo  día  en  que  pasaba  al  Cuerpo  Diplomático  la  primera 
de  esas  circulares,  enviaba  el  gobierno  de  Berro  a  su  agente  con- 
fidencial ante  el  Gobierno  Argentino  don  Andrés  Lamas,  un  nu- 
trido  pliego   de   instrucciones. 

La  invasión  de  Flores  —  decía  nuestra  cancillería  —  ha  partido 
de    territorio    argentino.    Las    autoridades    de    Buenos    Aires    y    de 


GOBIERNO    T)E    BERRO  107 


Entre  Ríos  han  cooperado  a  ella  o  la  han  tolerado.  Hay  que  pro- 
testar, pues,  y  exigir  medidas  para  evitar  su  repetición.  Apenas 
ascendido  el  general  Mitre  a  la  presidencia  de  la  Confederación 
enviamos  en  misión  confidencial  al  doctor  Octavio  Lapido,  «con 
el  objeto  de  denunciar  la  invasión  y  de  pedir  al  Gobierno  Argentino 
que  en  virtud  de  los  documentos  que  patentizaban  la  verdad  de  ia 
denuncia  imposibilitase  la  agresión».  El  Presidente  Mitre  se  mos- 
tró incrédulo  y  entonces  le  fué  exhibida  una  carta  en  que  el  ge- 
neral Flores  desarrollaba  sus  planes  de  invasión.  Con  ella  a  ia 
vista  prometió  adoptar  medidas  para  impedir  que  Flores  realizara 
sus  amenazas.  En  los  primeros  días  de  abril,  ante  la  noticia  «le 
que  la  invasión  se  produciría  el  20,  volvimos  a  dirigirnos  a  la  Ar- 
gentina pidiéndole  que  librara  órdenes  encaminadas  a  impedir  los 
trabajos  que  se  hacían  en  Buenos  Aires,  Entre  Ríos  y  Corrientes 
y  fueran  disueltos  los  grupos.  La  concillería  argentina  prome- 
tió dictar  medidas,  pero  lo  hizo  con  tanta  parsimonia  que  habién- 
dose formulado  la  denuncia  el  6,  recién  el  19  llegaron  las  órdenes 
al  Gobierno  de  Entre  Ríos,  permitiendo  con  ello  a  Flores  y  Ca- 
raballo,  todavía  incorporados  al  Ejército  Argentino,  salir  de  Buenos 
Aires,  desembarcar  en  la  costa  oriental  y  abrir  su  campaña,  te- 
niendo ya  prontos  en  Corrientes  los  elementos  que  habrían  de  se- 
cundarlos, los  mismos  elementos  cuya  disolución  había  solicitado 
inútilmente  el  Gobierno  Oriental! 

Como  parte  integrante  de  este  pliego  de  instrucciones  adjunta- 
ba la  cancillería  al  doctor  Lamas  una  nota  de  don  Mariano  de  Es- 
pina, Cónsul  oriental  en  Buenos  Aires,  y  otra  del  doctor  Octavio 
Lapido,    agente    confidencial    ante    el    Gobierno    Argentino. 

En  la  primera,  datada  el  13  de  mayo  de  1862,  comunicaba  el 
Cónsul  Espina  al  Gobierno  Oriental  que  el  general  Mitre,  con  quien 
acababa  de  entrevistarse,   le  había  hecho  la   siguiente  declaración: 

«La  nueva  política  iniciada  por  el  Presidente  Berro  y  la  estricta 
neutralidad  que  con  tanta  lealtad  ha  guardado  (alusión  a  la  con- 
tienda entre  Mitre  y  Urquiza)  ponen  al  Gobierno  Oriental  una 
corona  que  sus  mismos  enemigos  políticos  no  podrán  maroJiitar.  . . 
Esa  política  a  la  vez  que  lo  rodea  de  un  prestigio  que  le  atraerá 
una  inmensa  mayoría  entre  sus  compatriotas,  le  hace  digno  del 
aprecio    de   todos    los   gobiernos    cultos.» 

En    la    segunda,    datada    en    noviembre    del    mismo    año.    decía    el 
doctor   Octavio  Lapido  a  la   cancillería  argentina: 

Flores  está  preparando  la  invasión  y  su  actitud  y  la  de  sus  amigos 
es    tanto    más  -criminal    cuanto   que    el    gobierno   de    Berro,    dándole 


108  HISTORIA    DEL    UBUGUAY 


la  mayor  amplitud  a  la  ley  de  amnistía,  ha  abierto  las  puertas  de 
¡a  patria  a  todos  los  emigrados,  ofreciendo  a  los  jefes  y  oficiales 
reintegración  de  grados  y  liquidación  de  sueldos.  Deberla,  pues,  el 
Gobierno  Argentino  dictar  medidas  eficaces  para  impedir  que  la 
agresión   alcance   a   consumarse. 

Es  interesante  agregar  que  a  mediados  de  1862  el  gobierno  de 
Berro  invitó  a  la  Argentina  a  emprender  la  destrucción  del  «Co- 
.ralito»,  arrecife  de  piedra  situado  entre  Concordia  y  Salto.  Con- 
testó la  cancillería  de  Buenos  Aires  que  había  que  esperar  la  ins- 
talación del  Gobierno  Nacional  a  quien  correspondía  el  asunto.  Pe- 
ro a  mediados  del  año  siguiente  el  Gobierno  Nacional,  haciendo 
caso  omiso  de  ese  antecedente,  envió  un  barco  de  guerra  a  destruir 
el  arrecife  y  ante  la  protesta  de  la  cancillería  oriental  contestó 
el    doctor    Elizalde: 

«El  Gobierno  Argentino  ha  estado  en  su  perfecto  derecho  para 
mandar  un  buque  de  guerra  a  destruir  los  escollos  que  entorpecen 
la   navegación   del   Uruguay  en   el   territorio  fluvial   argentino.» 

El  arrecife  estaba  situado,  sin  embargo,  parte  en  territorio  ar- 
gentino  y    parte    en    territorio   oriental. 

Según  la  voz  pública,  a  bordo  del  buque  de  guerra  destinado  a 
destruíV  el  escollo  iba  un  contrabando  de  armas  para  Flores  y  nues- 
tra cancillería  hizo  veladamente  la  denuncia  en  uno  de  sus  re- 
clamos. 

Inicia  .sus  i-eclanios  nuestro  agente  confidencial. 

Don  Andrés  Lamas  empezó  por  preguntar  a  la  cancillería  ar- 
gentina qué  medidas  se  habían  dictado  para  mantener  la  neutrali- 
dad. 

«Los  hechos  —  agregaba  —  que  en  abierta  y  flagrante  contradic- 
ción con  las  reiteradas  declaraciones  del  Gobierno  Argentino  han 
tenido  y  continúan  teniendo  lugar,  sin  que  prácticamente  se  haga 
sentir  en  ninguna  parte  y  de  ningún  modo  la  acción  del  Gobierno 
Argentino,  han  creado  una  situación  que  tengo  orden  expresa  para 
declarar  insoportable,  por  lo  mismo  que  tiene  de  oscura,  de  incier- 
ta,  de  indefinida». 

En  otras  notas  dirigidas  inmediatamente  después,  denunció  la 
existencia  de  orrnpos  oroanizados  en  la  ciudad  de  Buenos  Aires 
por  oficiales  incorporados  al  Ejército  Argentino;  la  circulación  de 
listas  de  suscripción  que  pasaban  de  mano  en  mano  para  el  envío 
de  fondos  a  los  revolucionarios;  la  propaganda  francamente  hostil 
de  la  prensa  adicta  al  gobierno  de  Mitre;   la  organización  de  fuer- 


GOBIEENO    DE    BERRO  !09 


zas  eu  las  provincias  de  Entre  Ríos  y  de  Corrientes  que  servían 
a  los  revolucionarios  «de  base  de  operaciones,  de  punto  de  reunión 
y  depósito  de  hombres,  armas  y  caballos»,  a  pesar  de  todo  lo  cual 
«no  se  sentía  ni  la  acción,  ni  la  voz  del  Gobierno  Argentino». 

Cuando  el  doctor  Lamas  formulaba  esta  última  denuncia  tenía 
en  sus  manos  una  comunicación  del  Vicecónsul  oriental  en  Concor- 
dia con  los  siguientes  datos: 

«Sigue  en  Itacumbú,  una  legua  más  abajo  de  Monte  Caseros,  el 
pasaje  diario  de  fuerzas  organizadas  en  esta  Provincia  para  don 
Venancio  Flores.  Este  a  la  fecha  debe  tener  o  tiene  en  Itapebí 
Chico  o  Itapebí  Grande,  una  fuerza  de  mil  hombres...  El  bote  de 
la  casa  de  Alberti  en  Santa  Rosa  es  el  que  tienen  en  ese  tra- 
bajo diario...  El  día  3  pasó  Erigido  Silveira  con  treinta  y  pico 
de  hombres,  y  el  4  el  coronel  Nicasio  Borges  con  50...  Los  sar- 
gentos mayores  Enciso,  Moia  y  un  Martínez  pasaron  los  primeros 
con  ISO  hombres,  y  después  paró  Fausto  Aguilar  con  otra  fuerza 
igual,  armada,  con  divisas  punzó  y  una  bandera  oriental.  No  dude, 
no,  que  si  lo  dejan  a  Flores  días  más  muy  pronto  tendrá  una 
fuerza  respetable  en  su  mayor  parte  correntines  y  brasileños,  tal 
es  la  actividad  y  decisión  con  que  se  le  ayuda  por  estos  puntos 
sin  ningún  miramiento,  y  tal  como  si  fueran  beligerantes  y  no 
autoridades.» 

Al  responder  al  reclamo  intei-puesto  hace  el  Gobierno  Argentino 
la  apología  de  Flores. 

Ante  las  denuncias  concretas  que  formulaba  el  doctor  Lamas, 
contestó  a  mediados  del  mismo  mes  de  mayo  la  cancillería  argen- 
tina a  cargo  del  doctor  Elizalde:  en  cuanto  a  reclutamiento  de 
expediciones  en  Buenos  Aires,  que  nada  resultaba  de  las  averigua- 
ciones X»racticadas;  en  cuanto  a  expediciones  del  litoral,  «que  los 
hombres  sueltos  que  hubieran  podido  pasar  al  territorio  oriental, 
no  constituían  una  violación  de  la  neutralidad»;  en  cuanto  a  la 
prensa,  que  no  había  para  qué  preocuparse  de  su  propaganda  desde 
que  ninguno  de  los  diarios  era  órgano  oficial  del  Gobierno  Argen- 
tino. 

Contestadas  así  las  acusaciones,  entraba  el  doctor  Elizalde  a 
formular  la  apología  del  jefe  de  la  revolución.  Véase  en  qué  tér- 
minos: 

«El  general  Flores  había  prestado  a  la  República  los  servicios 
más  distinguidos,  que  lo  colocaban  a  la  altura  del  más  notable  de 


lio  HISTORIA    DEL    UBUGUAT 


SUS  conciudadanos,  y  saliendo  como  ha  salido  del  país  ha  revelado 
que  ha  llevado  su  delicadeza  hasta  el  extremo  de  no  echar  sobre 
la  República  la  más  mínima  responsabilidad  de  sus  actos.  El  gene- 
ral Flores  no  necesitaba  salir  del  país  ocultamente;  él  más  que 
nadie  podía  salir  no  sólo  libremente,  sino  rodeado  de  las  conside- 
raciones que  la  República  le  debía  y  que  el  Gobierno  se  habría 
honrado  en  tributarle.  Si  el  general  Flores  al  salir  del  país  tenía 
la  intención  de  ir  a  la  República  Oriental,  no  le  tocaba  en  ese 
caso  al  Gobierno  indagarlo  ni  impedirlo.  No  ha  podido  entonces  el 
Gobierno  dar  seguridades  al  de  la  República  Oriental  de  que  el 
general  Flores  no  saldría  del  territorio  argentino,  ni  ha  podido 
descansar  en  ellas,  cuando  por  el  contrario  jamás  se  ha  prestado  a 
tomar  medidas  de  seguridad  contra  la'  persona  del  general  Flores, 
únicas  capaces  de  dar  garantías  para  desvanecer  los  temores  del 
Gobierno  Oriental  cuando  denunciaba  a  la  Argentina  los  planes 
(iel  general   Flore».» 

Fresca  todavía  la  tinta  de  esta  asombrosa  nota  hizo  notar  el 
doctor  Lamas  que  el  Subsecretario  de  Relaciones  Exteriores  era 
redactor  de  uno  de  los  diarios  que  patrocinaban  la  revolución  de 
Flores^  y  que  se  valía  precisamente  de  su  posición  oficial  para  difa- 
mar al  gobierno  de  Berro  y  divulgar  secretos  de  las  negociaciones  di- 
plomáticas en  trámite.  Y  contestó  el  doctor  Elizalde  que  la  prensa 
gozaba  de  entera  libertad  y  que  si  cometía  abusos  tenían  esos 
abusos  su  mejor  correctivo  en  la  misma  publicidad! 

El    incidente    del    vai)or    '*Salto". 

Como  siguieran  saliendo  a  diario  de  Buenos  Aires  y  del  lito- 
ral argentino  expediciones  de  hombres  y  remesas  de  pertrechos  de 
guerra  con  destino  a  la  revolución  de  Flores,  resolvió  el  gobierno 
de  Berro  formar  una  escuadrilla  de  policía  fluvial  sobre  la  base 
de  los  vapores  «Villa  del  Salto»  y  «Artigas»  para  apresar  esas  expe- 
diciones o  desalentar  a  los  que  las  organizaban  bajo  la  protección 
de  las  autoridades  argentinas. 

En  junio  de  1863  se  supo  que  el  vapor  «Salto»  —  buque  mer- 
cante con  pabellón  argentino  que  hacía  la  carrera  del  Uruguay  — 
conducía  un  contrabando  de  guerra.  El  capitán  del  «Villa  del  Salto» 
detuvo  entonces  a  ese  barco,  revisó  su  carga,  y  luego  de  incautarse 
de  varios  cajones  de  armas  y  municiones  redujo  a  prisión  a  su 
comandante   y   marchó   con   su   presa  hasta  Montevideo. 

Conviene  advertir  que  durante  la  larga  lucha  entre  los  gobiernos 


GOBIERNO    IJE    KEKRO  111 


(3e  Buenos  Aires  y  Entre  Ríos,  con  frecuencia  se  había  abrogado 
el  primero  la  facultad  de  detener  y  revisar  los  barcos  orientales, 
sin  que  eso  diera  lugar  .  a  otra  cosa  que  a  reclamos  y  protestas 
que  seguían  su  curso  tranquilo  y  eran  atendidas  sin  perjuicio  de 
repetirse  las  violaciones  cada  vez  que  lo  aconsejaban  las  circuns- 
tancias. Todavía  en  1861  hacía  constar  la  cancillería  oriental  en 
su  Memoria  a  la  Asamblea  que  ¡a  escuadrilla  de  la  Provincia  de 
Buenos  Aires  había  detenido  y  registrado  varias  embarcaciones  del 
cabotaje  uruguayo  en  la  costa  de  la  Colonia  y  que  nuestro  Cón- 
sul había  reclamado  contras  esas  violaciones,  obteniendo  la  pro- 
mesa  de   que   no  se   repetirían. 

Adviértase  también  que  la  detención  del  «Salto»  se  había  produ- 
cido en  el  puerto  de  Fray  Bentos  y  por  lo  tanto  en  aguas  orienta- 
les; que  ese  barco,  que  en  épocas  anteriores  había  sido  arrendado 
por  el  Gobierno  Argentino,  era  explotado  entonces  por  una  em- 
presa particular;  y  que  el  Tesoro  oriental  contribuía  con  una  sub- 
vención  a   la   regularización   de   su   servicio. 

No  obstante  ello  y  en  el  deseo  de  evitar  incidentes  diplomáticos, 
el  gobierno  de  Berro  ordenó  la  restitución  del  barco  a  su  empre- 
sario, bajo  fianza  de  presentarlo  cuando  le  fuese  requerido  y  de 
quedar  sujeto  a  las  resultancias  del  sumario  que  había  empezado  a 
instruirse,  y  también  autorizó  la  entrega  de  los  pertrechos  de 
guerra  al  Gobierno  Argentino  en  el  caso  de  resultar  fundado  un 
rumor  circulante,  según  el  cual  esos  pertrechos  iban  consignados 
tio   a   Flores   sino   a  las    autoridades   entrerrianas. 

Pidió  a  la  vez  el  doctor  Lamas  una  audiencia  al  doctor  Elizalde 
para  dar  amplias  explicaciones.  Pero  el  canciller  argentino,  en 
vez  de  señalársela  y  resuelto  como  estaba  a  llevar  el  incidente  a 
pangre  y  fuego,  prescindió  del  doctor  Lamas  y  se  dirigió  a  nuestro 
Ministro  de  Relaciones  Exteriores  pkra  expresarle  en  forma  de 
ultimátum  que  el  Gobierno  Oriental  estaba  «obligado  a  condenar 
altamente  ese  escandaloso  atentado»,  y  a  dar  «una  pronta  y  so- 
lemne reparación  para  vindicar  el  ultraje,  castigar  el  delito  y 
acordar   las   indemnizaciones   debidas». 

Nuestro  Gobierno,  que  quería  radicar  el  debate  en  Buenos  Ai- 
res, recomendó  al  doctor  Lamas  que  fuera  muy  moderado  en  su 
respuesta,  «deseando  evitar  —  decía  —  todo  pretexto  que  ha  tiempo 
se  busca  por  ese  Gobierno  para  justificar  o  explicar  una  más  di- 
recta  ingerencia   en   los   sucesos    que   tienen    lugar    en    este   país». 

El  doctor  Elizalde  repitió  entonces  su  ultimátum  al  doctor  La- 
mas, exigiendo  en  desagravio  de  lo  que  llamaba  «violencias  ejercí- 


112  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


das  contra  el  vapor  paquete  argentino  «Salto»,  las  siguientes  repa- 
raciones: 

«1.0  Condenación  pública  por  el  Gobierno  Oriental  del  acto  vio- 
lento ejercido  contra  el  vapor  paquete  argentino  «Salto»;  2." 
Destitución  del  comandante  del  vapor  oriental  «Villa  del  Salto»  y 
sometimiento  a  juicio  para  el  castigo  que  corresponda;  3/>  Entrega 
a  bordo  del  vapor  paquete  argentino  «Salto»  en  el  puerto  de  FVay 
Bentos  de  los  cuatro  cajones  de  pertrechos  de  guerra  del  Gobierno 
Argentino;  4.o  Saludo  al  pabellón  argentino  con  una  salva  de  21 
cañonazos  por  el  vapor  oriental  «Villa  del  Salto»  en  el  puerto  de 
Fray  Bentos,  que  será  devuelto  por  un  vapor  de  guerra  argentino 
que  irá  a  dicho  punto  con  ese  objeto;  5.<>  Devolución  a  los  parti- 
culares de  las  cosas  tomadas  a  bordo  del  vapor  paquete  «Salto», 
libertad  de  los  que  estuvieren  presos  sacados  de  este  buque,  y 
pago  de  los  daños  y  perjuicios  que  correspondan,  todo  con  arreglo 
a  justicia.» 

Contestó  el  doctor  Lamas  en  una  larga  nota  explicativa.  Decía 
en  ella  que  algunas  de  las  exigencias  del  ultimátum  significaban 
medidas  que  el  Gobierno  Oriental  se  había  ya  apresurado  a  ofrecer 
antes  de  entablarse  el  reclamo.  Recordaba  que  cuando  en  análogas 
circunstancias  durante  la  última  guerra  civil  argentina,  la  marina 
del  gobierno  de  Mitre  detenía  y  registraba  buques  dentro  de  nuestra 
jurisdicción,  el  Gobierno  Oriental  lejos  de  complicar  los  sucesos,  se 
había  contentado  con  obtener  la  promesa  de  que  no  se  repetirían 
los  actos  de  violencia.  Establecía  que  el  «Salto»  había  sido  dete- 
nido por  un  duplo  contrabando,  de  guerra  el  uno,  y  de  aduana 
el  otro,  que  según  las  denuncias  recibidas  debía  ser  descargado  en 
Fray  Bentos,  para  lo  cual  se  había  acercado  allí  una  fuerza  revo- 
lucionaria. Reconocía  que  el  barco  apresado  al  ser  conducido  a 
Montevideo  había  cruzado  aguas  argentinas  o  comunes  más  bien 
dicho,  pero  que  eso  no  constituía  una  ofensa  al  pabellón.  Agregaba 
que  la  actitud  del  Gobierno  Argentino  estaba  ya  pesando  a  favor 
de  la  causa  de  Flores,  y  en  tal  forma  que  uno  de  los  diarios  de 
Buenos  Aires  decía  que  era  «una  palabra  de  aliento  a  los  re- 
volucionarios que  tan  dignamente  se  batían».  El  ultimátum  —  con- 
cluía el  doctor  Lamas  —  falla  sobre  cuestiones  que  deben  reservarse 
:•  los  Tribunales  y  si  el  avenimiento  no  fuera  posible  podría  some- 
terse el  punto  al  arbitraje  de  la  Reina  de  Inglaterra,  del  Empera- 
dor de  Francia,  del  Emperador  del  Brasil,  de  la  Reina  de  España, 
del  Rey  de  Italia,  del  Rey  de  Portugal  o  del  Rey  de  Bélgica. 

El  doctor  Elizalde  se  limitó  a  contestar  que  no  aceptaba  el  arbi- 


GOHIEUNO    l.E    REKRO  113 


traje;  que  insistía  en  sus  exigencias;  y  que  lamentaría  «verse 
obligado  a  tomar  medidas  coercitivas  para  vindicar  el  ultraje  hecho 
al   país   que   representaba». 

Volvió  entonces  el  doctor  Lamas  a  estudiar  los  antecedentes  de 
la  detención  del  «Salto»  para  patentizar  más  aún  la  enormidad  de  esa 
actitud.  El  mismo  día  que  fondeaba  el  «Salto»  en  Fray  Bentos  — 
decía  —  se  aproximaba  a  ese  puerto  una  fuerza  revolucionaria. 
El  capitán  del  «Salto»  al  ser  detenido  por  el  «Villa  del  Salto»,  de- 
claró que  no  había  a  bordo  artículos  de  guerra  y  sin  embargo  al 
practicarse  el  examen  de  la  carga  resultó  que  había  200  sables, 
monturas,  ropas  acondicionadas  en  pequeños  atados.  Interrogado  en 
seguida  el  capitán  si  llevaba  municiones  contestó  que  no.  Pero 
continuándose  el  registro  fueron  encontrados  4  cajones  de  municio- 
nes en  la  letrina  del  buque.  Y  todo  ello  sin  guías,  ni  boletas  de 
carga  que  explicaran  la  procedencia  de  esos  cajones.  Tanto  la  de- 
tención del  barco,  como  el  registro,  fueron  practicados  en  el  puerto 
de  Fray  Bentos,  siendo  allí  mismo  secuestrados  los  artículos  de 
guerra  y  arrestados  el  capitán  del  «Salto»  y  otros  pasajeros.  Fué 
sólo  después  de  terminado  el  desembarque  que  un  pasajero  dijo, 
sin  poderlo  probar,  que  los  cajones  de  municiones  eran  del  Gobierno 
Argentino,  lo  cual  bastó  sin  embargo  para  que  la  cancillería  orien- 
tal hiciera  preguntar  a  la  argentina  si  era  cierto  el  hecho,  antici- 
pando que  en  caso  afirmativo  los  cajones  serían  en  el  acto  remi- 
tidos a  su  destino. 

Establece  también  el  doctor  Elizalde  —  concluía  el  doctor  Lamas 
—  que  el  «Salto»  fué  conducido  a  Montevideo  por  territorio  fluvial 
argentino,  con  el  intento  quizá  «de  negar  a  la  República  la  conti- 
nuidad de  la  libre  navegación  común  entre  los  puertos  del  río 
principal  y  de  su  afluente  el  Uruguay,  de  que  ella  es  ribereña», 
pero  tal   pretensión  sería  absolutamente  insostenible. 

Ocupándose  de  esa  misma  afirmación  de  la  cancillería  argentina, 
advertía  nuestro  gobierno  al  doctor  Lamas  que  el  doctor  Elizalde 
parecía  dar  a  entender  en  su  referencia  al  territorio  fluvial  argen- 
tino violado,  que  consideraba  como  aguas  argentinas  el  canal  prin- 
cipal del  Uruguay  al  oeste  de  Martín  Garda  y  que  si  así  fuera 
habría  que  rechazar  su  tesis. 

El  gobierno  de  Berro  somete  el  caso  del  vapor  "Salto"  a  una  co- 
misión de  jurisconsultos. 

Mientras  el  debate  seguía  en  Buenos  Aires  la  concillería  oriental 
resolvió   someter   el   estudio   del   caso  del   vapor   «Salto»   a   una   co- 

8-V 


114  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


misión  de  jurisconsultos  compuesta  de  los  doctores  Eduardo  Ace- 
vedo,  Vicente  Fidel  López,  Joaquín  Requena,  Florentino  Castella- 
nos, Jaime  Estrázulas  y  Manuel  Herrera  y  Obes. 

Esa  Comisión  contestó  sin  discrepancia  alguna  que  los  hechos 
ocurridos  dentro  del  puerto  de  Fray  Bentos  nada  absolutamente 
tenían  que  ver  con  el  derecho  de  visita;  que  eran  «actos  de  policía 
interna  y  preventiva,  de  pura  vigilancia  militar,  con  el  objeto  de 
garantir  la  regularidad  de  las  operaciones  de  cabotaje  dentro  de 
los  puertos  orientales  y  la  seguridad  de  las  cosas  en  el  estado 
actual  de  la  República». 

«Desde  que  Una  invasión  armada  procedente  de  las  costas  y 
puertos  arg-entiiios,  realizada  por  emigrados  orientales  que  alli  re- 
sidían, ha  venido  a  poner  en  peligro  el  orden  y  la  tranquilidad  pú. 
blica,  los  actos  de  policía  interna  y  ribereña  resultan  tanto  más 
justificados  por  parte  de  las  autoridades  nacionales  cuanto  que  se 
ve  que  el  Gobierno  Argentino,  a  pesar  de  su  buena  voluntad,  no 
ha  pedido  estorbar  que  esa  agresión  partiese  y  se  consumase  desde 
su  territorio,  así  como  tampoco  puede  estorbar  que  esos  mismos 
emigrados  constituidos  en  comisiones  públicas  y  activas  usen  de 
los  medios  que  la  plaza  de  Buenos  Aires  les  proporciona  para  proveer 
de   recursos   y   elementos   a  las  fuerzas   invasoras». 

El  «Salto»  —  concluía  la  Comisión  —  es  un  buque  de  cabotaje, 
subvencionado  por  el  Gobierno  Oriental,  que  salió  de  Montevideo 
con  perfecto  conocimiento  del  estado  de  sitio  declarado  para  toda 
la  República.  Las  autoridades  orientales  tenían  el  derecho  de  pro- 
ceder en  la  forma  en  que  procedieron  y  no  se  les  puede  inculpar 
d-e  irregularidad  alguna.  Es  «un  caso  de  derecho  criminal,  inte- 
rior y  común».  En  cuanto  a  lo.s  caj^ies  de  municiones  del  Gobierno 
Argentino,  prescindiendo  del  carácter  dudoso  y  de  la  poca  formali- 
dad de  los  papeles  relativos  a  esa  parte  de  la  carga,  es  indudable 
que  el  capitán  del  «Villa  del  Salto»  procedió  correctamente  al 
sacarlos  de  un  vapor  mercante  que  podía  ser  asaltado  por  los  re- 
volucionarios. 


El   Gcbiorno   Argentino  interrunipe  el   dobate  diplomático  con   un 
acto    «lo    fuoi'za. 

Tales  eran  las  conclusiones  de  la  Comisión  de  jurisconsultos.  No 
podían  ser  ellas  rebatidas  por  la  cancillería  argentina.  Pero  como 
lo  que  quería  el  gobierno  de  Mitre  era  voltear  a  Berro  y  colocar 
en  su  lugar  a  Flores,  recibió  orden  la  escuadrilla  de  Martín  García 


GOniEKNU    DH    HEl'.KO  115 


de  ejercer  represalias  sobre  los  barcos  de  la  marina  oriental  encar- 
gados de  la  vigilancia  de  los  ríos,  siendo  en  el  acto  capturado,  como 
consecuencia   de  esa   orden,   el   vapor   «General  Artigas». 

Obsérvese  que  desde  la  protesta  contra  la  detención  del  vapor 
«Salto»  (8  de  junio)  hasta  la  captura  del  Artigas  (21  del  mismo 
mes)  sólo  habían  transcurrido  trece  días,  y  que  todo  estaba  en  sus 
comienzos  cuando  así  se  interrumpía  el  debate  diplomático  con  me- 
didas   que    significaban    una   verdadera   declaración   de   guerra. 

La  noticia  del  atentado  produjo  grandes  y  justificadas  protestas 
en  Montevideo.  Varios  ciudadanos  tomaron  la  iniciativa  de  una 
reunión  pública  en  el  Teatro  Solís,  para  «acordar  —  decía  la  con- 
vocatoria —  los  medios  de  vengar  el  ultraje  hecho  a  nuestra  ban- 
dera, prestando  a  las  autoridades  constituidas  del  país  el  apoyo 
moral  y  material  que  con  tal  objeto  se  les  debe».  Gruesas  columnas 
de  pueblo,  compuestas  algunas  de  ellas  hasta  de  tres  mil  perso- 
nas —  según  las  crónicas  de  la  época  —  recorrieron  las  calles  a 
los  gritos  de  ¡Viva  la  bandera  nacional!  ¡Viva  la  independencia 
nacional!  ¡Viva  el  gobierno  de  la  República!  ¡Abajo  los  piratas 
del  Plata!  Una  de  las  columnas  al  enfrentarse  a  la  casa  ocupada 
por  el  Cónsul  Argentino  señor  Mac-Kinlay,  apedreó  el  escudo,  dan- 
do ese  incidente  lugar  a  una  nota  del  Ministro  de  Relaciones  Ex- 
teriores a  la  Jefatura  de  Policía  tendiente  a  evitar  la  reproduc- 
ción del  acto.  El  escudo  argentino  —  observaba  el  Ministro  —  «le- 
jos de  excitar  odios  y  rencores,  debe  despertar  sentimientos  de 
amor  y  fraternidad  en  este  pueblo  y  esas  armas  nacionales  argenti- 
nas han  debido  moderar  el  conato  malo  de  algunos  y  hacerles  ver 
que  constituían  la  casa  que  los  tiene  a  su  frente  en  invulnerable  y 
sagrada». 

El  gobierno  de  Berro  —  obligado  a  marchar  con  pies  de  plomo 
porque  la  campaña  estaba  en  plena  guerra  civil  y  emprender  en 
esas  circunstancias  una  guerra  internacional  era  caer  de  golpe 
en  manos  de  Flores  —  se  limitó  a  dictar  un  decreto  por  el  cual 
declaraba  interrumpidas  las  relaciones  oficiales  con  la  Argentina 
mientras  no  se  repusieran  las  cosas  al  estado  en  que  existían  an- 
tes  de   la   captura   del   «Artigas». 

«Considerando  -^  decía  el  Gobierno  en  su  decreto  —  que  tal 
acto  constituye  un  atentado  contra  los  derechos  y  dignidad  de  la 
bandera  de  la  nación;  habiendo  este  atentado  sobrevenido  en  mo- 
mentos en  que  el  Gobierno  de  la  República  discutía  con  el  Argenti- 
no fiado  en  que  ni  el  honor  ni  el  deber  de  éste  le  permitirían  ape- 
lar a  las  vías  de  hecho  antes  de  agotada  la  discusión  y  sin  llenar 


116  HISTORIA     DEL    URTTOUAY 


los  preliminares  que  deben  preceder  siempre  a  los  actos  de  hostili- 
dad entre  pueblos  y  gobiernos  cristianos  y  civilizados...  quedan 
interrumpidas  mientras  no  se  repongan  las  cosas  al  estado  en 
que  tenían  antes  del  expresado  hecho  las  relaciones  oficiales  en- 
tre el  Gobierno  de  la  República  y  el  de  la  Confederación  Argen- 
tina.» 

Alentado  por  su  primer  zarpazo,  advirtió  el  doctor  Elizalde  al 
doctor  Lamas  en  respuesta  a  una  de  sus  comunicaciones,  que  el 
«Artigas»  había  sido  detenido  por  haber  transcurrido  doce  días 
desde  la  interposición  del  reclamo  no  satisfecho,  y  que  si  la  satis- 
facción no  se  producía  dentro  de  un  nuevo  plazo  de  48  horas,  se 
vería  el  Gobierno  Argentino  en  el  caso  «de  tomar  las  medidas  re- 
queridas  para  obtener   la   reparación  que   había   exigido». 

El  gobierno  de  Mitre  consideraba,  pues,  como  no  existente  el 
debate  diplomático  entablado  y  por  eso  recurría  a  las  vías  da 
hecho. 

Se  soluciona  el  incidente  de  los  vapores   "Salto"  y  "Artigas". 

I 

Nada  más  monstruoso  que  esa  actitud.  Pero  el  Presidente  Berro, 
que  se  daba  cuenta  de  que  el  rompimiento  pondría  en  el  acto  del 
lado  de  Flores  la  escua.dra  y  el  ejército  de  la  Argentina,  prontos  ya 
para   lanzarse,    resolvió    transigir   una   vez    más. 

Al  reabrir  las  negociaciones  expresaba  el  doctor  Lamas  que  «no 
podía  suponer  en  el  Gobierno  Argentino  la  intención  de  humillar 
el  pabellón  oriental,  en  cuyo  caso  la  guerra  sería  aceptada  doloro- 
samente,  pero  sin  trepidaciones».  Agregaba  que  su  Gobierno  lamen- 
taba el  insulto  inferido  al  escudo  de  armas  del  Consulado  Argen- 
tino en  Montevideo.  Y  terminaba  presentando  las  siguientes  bases 
para  solucionar  el  conflicto  pendiente:  nombramiento  de  una  Co- 
misión de  jurisconsultos  orientales  y  argentinos;  pago  al  armador 
del  «Salto»  de  una  indemnización  que  fijarían  los  Tribunales;  sa- 
ludo recíproco  a  las  dos  banderas. 

Antes  de  finalizar  el  mes  de  junio  quedaba  firmado  un  protocolo 
de  arreglo  en  que  el  doctor  Lamas  y  el  doctor  Elizalde  hacían 
las  siguientes  declaraciones: 

El  doctor  EHzalde: 

Que  la  obertura  emanaba  del  doctor  Lamas:  que  el  Gobierno  Ar- 
gentino había  sido  y  continuaba  siendo  neutral  en  la  contienda 
oriental  y  que  deseaba  volver  al  estado  de  perfecta  amistad  «por 
medio  de  una  reparación  digna  y  cual  corresponde  por  los   princl- 


OOIUEUNO    DE    BERRO  11' 


pios  del  derecho  público  sin  lastimar  en  lo  más  mínimo  ni  el  honor 
ni  la  soberanía  del  Estado  Oriental»;  que  el  gobierno  de  Berro  ha- 
bía ofrecido  espontáneamente  castigar  el  atentado  cometido  contra 
el   Consulado  Argentino. 

El    doctor    Lamas: 

Que  el  Gobierno  Oriental  había  puesto  en  libertad  a  las  personas 
y  cosas  detenidas  por  el  capitán  del  «Villa  del  Salto»;  que  recono- 
cía la  obligación  de  pagar  indemnizaciones;  que  estaba  resuelto  a 
castigar   el   atentado   contra  el   Consulado. 

Una  vez  formuladas  esas  declaraciones,  pidió  y  obtuvo  el  can- 
ciller argentino  que  el  día  en  que  el  Consulado  restableciera  el 
escudo  retirado  a  raíz  de  las  manifestaciones  populares  y  se  izara 
en  el  mismo  edificio  el  pabellón  argentino,  izaría  el  Fuerte  de 
San   José   la   bandera    oriental. 

Pidió  asimismo  el  canciller  argentino  la  destitución  y  enjui- 
ciamiento por  la  justicia  oriental  del  capitán  del  «Villa  del  Salto», 
contestando  el  doctor  Lamas  que  su  Gobierno  lejos  de  entender 
que  ése  funcionarib  había  ejercido  actos  de  violencia,  consideraba 
que  había  procedido  de  acuerdo  con  las  circunstancias,  pero  que 
no  tenía  inconveniente  en  someter  ese  punto  al  arbitraje.  El  can- 
ciller argentino,  que  rechazaba  el  arbitraje,  propuso  la  destitución 
condicional  del  capitán,  mientras  la  justicia  oriental  se  pronuncia- 
ba acerca  de  su  conducta,  y.  su  fórmula  fué  aceptada  por  el  doctor 
Lamas. 

Quedó  acordado  finalmente  que  el  saludo  a  las  banderas  oriental 
y  argentina  por  las  detenciones  del  «Salto»  y  del  «Artigas»  se  ha- 
rían   simultáneamente    frente    a    Fray    Bentos    y    :\Iartín    García. 

Al  enterarse  de  las  cláusulas  de  ese  protocolo  envió  el  gobierno 
de  Berro  a  don  Andrés  Lamas  un  pliego  de  observaciones  que  es- 
tablecía, entre  otras  cosas,  que  en  vez  de  decretarse  la  destitución 
del  capitán  del  «Villa  del  Salto»  se  decretaría  la  suspensión;  que 
era  necesario  que  quedara  bien  claro  que  se  había  cometido  un 
atentado  en  el  caso  del  vapor  «General  Artigas»;  que  en  el  preám- 
bulo del  protocolo  hablaba  el  Ministro  Argentino  de  mantener  la 
neutralidad  cuando  era  lo  cierto  que  Flores  seguía  recibiendo  con- 
tingentes «merced  a  la  escuadra  argentina  que  desde  Martín  Gar- 
cía nos  bloquea  el  Uruguay,  al  cual  no  podemos  vigilar  por  medios 
marítimos». 

Contestó  el  doctor  Lamas  que  ya  no  era  posible  modificar  el 
protocolo,  pero  que  se  habían  cambiado  notas  para  fijar  el  alcance 
de    la    palabra    destitución,    estableciéndose    que    se   trataba    de    una 


118  HISTOBIA     DEL    UEUGUAY 


suspensión  a  los  efectos  del  juzgamiento  del  capitán;  que  no  era 
posible  hablar  del  atentado  del  «Artigas»  sin  dificultar  la  solución; 
y  que  en  cuanto  a  las  protestas  de  neutralidad,  se  trataba  de  ma- 
nifestaciones del  doctor  Elizalde  a  las  que  no  había  adherido  el 
representante   uruguayo. 

He  aquí  cómo  fijaba  el  doctor  Lamas  al  doctor  Elizalde  el  alcan- 
ce de  las  cláusulas  observadas  por  el  gobierno  de  Berro: 

Que  el  atentado  contra  el  Consulado  Argentino  había  sido  conde- 
nado  sin    que   procediese    reclamación    diplomática; 

Que  el  hecho  de  aparecer  el  pabellón  oriental  en  el  Fuerte  de 
San  José  cuando  flameara  el  argentino  en  el  Consulado,  sólo  se 
consideraría  como  un  acto  de  fraternidad; 

Que  la  liberación  de  las  personas  y  cosas  del  vapor  «Salto»  ha- 
bía sido  decretada   espontáneamente   por   el   Gobierno  Oriental; 

Que  el  reconocimiento  en  principio  de  la  indemnización  había 
üido  también  acto  espontáneo  del  Gobierno  y  se  ejercería  ante  los 
Tribunales  orientales; 

Que  la  separación  del  capitán  del  «Villa  del  Salto»  sólo  se  con- 
sideraría como  una  suspensión  a  afecto  de  que  dicho  capitán  pu- 
diera presentarse  ante  el  Tribunal  que  habría  de  juzgarlo; 

Que  el  Gobierno  Oriental  acogía  la  declaración  de  neutralidad 
contenida  en  el  protocolo,  «como  una  garantía  de  que  sus  recla- 
maciones   serían    atendidas    en    cuanto   tuvieran    de   justas». 

Estas  manifestaciones  fueron  aceptad'as  por  la  cancillería  argen- 
tina y  en  consecuencia  el  incidente  se  dio  por  terminado. 


Cómo  fué  juzgado  el  protocolo  por  la  prensa. 

Para  «La  Independencia»,  uno  de  los  diarios  de  Montevideo,  no 
existía  verdadero  arreglo,  sino  sometimiento  liso  y  llano  del  Go- 
bierno Oriental  a  las  exigencias  y  pretensiones  argentinas.  Por 
supuestos  abusos  —  decía  —  a  un  barco  mercante,  arrendado  por 
una  empresa  particular,  el  Gobierno  Argentino  elige  para  su  repre- 
salia un  barco  de  guerra  y  ese  insulto  al  pabellón  oriental  queda 
en  pie. 

Para  «El  Nacional»  de  Buenos  Aires,  en  cambio,  era  el  pabellón 
oriental  el  triunfante.  «El  Gobierno  Argentino  —  decía  —  ha 
cedido  todos  sus  derechos  sin  adquirir  ventajas,  bajando  el  tono 
de  sus  reclamaciones  hasta  inclinarse  humilde  delante  del  gobierno 
nacido  de  la  carnicería  de  Quinteros,  de  que  es  digno  representante 
el  honorable  señor  Lanjas». 


GOniKRNO    DE    I'.EIIKO  119 


En  tono  no  menos  agresivo  se  produjo  «La  Tribuna»  de  Buenos 
Aires,  y  con  tanta  insistencia  que  tuvo  que  salirle  al  encuentro  el 
órgano  del  general   Mitre. 

«Para  «La  Tribuna»  —  decía  «La  Nación  Argentina»  —  que 
por  todos  los  medios  quiere  llevarnos  a  la  guerra,  nada  es  bueno 
sino  lo  que  conduce  a-  su  fin  de  envolver  a  los  dos  países  en  una 
guerra  estéril,  desastrosa,  que  sólo  podríamos  aceptar  como  una 
última  extremidad.» 

Pudo  agregar  e!  órgano  oficial  del  general  Mitre  que  resultaba 
inmensamente  más  cómodo  ayudar  en  la  forma  indirecta  empleada 
basta  entonces,  desde  que  se  conseguía  el  mismo  fin  de  voltear  a 
Berro,  sin  necesidad  de  asumir  la  posición  de  beligerante,  llena  de 
peligros  todavía  porque  el  Paraguay  estaba  en  acecho  y  el  Brasil 
no  había  descubierto  sus  planes  de  una  manera  clara  y  definitiva. 

El    Gobierno    Oriental    ordena    el    enjuiciamiento    del    capitán   del 
"Artigas". 

Terminadas  definitivamente  las  negociaciones,  el  jefe  de  la  es- 
cuadrilla argentina  comandante  Murature  notificó  al  comandante 
del  vapor  «Artigas»  que  podía  emprender  marcha,  y  el  comandante 
del  «Artigas»  sin  aguardar  órdenes  de  su  gobierno,  salió  del  fon- 
deadero de  Martín   García  y  se  dirigió  a  Montevideo. 

Veintitantos  días  antes  había  dado  el  comandante  del  «Artigas» 
otro  ejemplo  de  acatamiento  a  las  órdenes  del  jefe  argentino.  Véase 
efectivamente  cómo  éste  relataba  la  captura  del  barco  oriental  en 
carta  al  Director  de  «La  Nación  Argentina»: 

Al  llegar  el  «Artigas»  le  di  la  voz  de  alto  «a  la  que  obedeció 
fondeando  luego  y  botando  al  agua  una  lancha  con  un  oficial,  el 
cual  se  dirigió  a  bordo  del  buque  de  mi  mando,  pero  como  no 
era  a  ningún  oficial  sino  al  jefe  mismo  al  que  competía  en  todo 
caso  apersonárseme,  se  lo  hice  presente  así  al  oficial,  el  que  vol- 
vió a  comunicarlo  a  su  superior  que  vino  in  continenti  a  conferen- 
ciar conmigo...  Hice  fondear  después  al  «General  Artigas»  a  mi 
costado,  permaneciendo  a  su  bordo  toda  su  tripulación,  haciéndole 
luego  apagar  los  fogones  y  tomando  las  precauciones  necesarias». 

Apenas  llegado  el  «Artigas»  al  puerto  de  Montevideo  fué  condu- 
cido su  comandante  a  la  Fortaleza  de  San  José  y  sometido  a  un 
consejo  de  guerra.  Al  comunicar  esas  medidas  decía  el  Ministro  de 
la  Guerra  don  Silvestre  Sierra  al  Jefe  del  Estado  Mayor  general 
Andrés   A.    Gómez: 


120  HISTOEIA    DEL    TXBUOUAY 


«Un  buque  de  guerra  a  quien  cubre  el  pabellón  nacional  no  obe- 
dece sino  las  órdenes  del  Jefe  del  Estado  y  el  Jefe  que  lo  manda 
debe  por  honor  a  las  armas  estar  pronto  en  todo  momento  a  sucum- 
bir primero  que  mancillar  los  colores  de  la  patria.  El  comandante 
del  vapor  «General  Artigas»,  sargento  maj-or  don  Santiago  Baldriz, 
además  de  incurrir  en  otras  faltas,  obedeció  con  mengua  de  la 
dignidad  nacional  una  intimación  hecha  por  buques  extranjeros.» 

Quedan   aparentemente   restablecidas    las   relaciones   oficiales    con 
el    Gobierno   Argentino. 

El  Presidente  Berro  derogó  el  decreto  que  suspendía  las  relacio- 
nes oficiales  con  el  Gobierno  Argentino  y  en  seguida  dirigió  a  los 
Jefes  Políticos  una  circular  encaminada  a  contener  las  manifesta- 
ciones de  protesta  contra  el  atropello  al  pabellón  nacional  y  contra 
la-  prensa  de  Buenos  Aires  que  no  bajaba  el  tono  hiriente  de  su  pro- 
paganda. 

«Siendo  la  prensa  la  expresión  fiel  del  sentimiento  popular  — 
decía  en  su  circular  —  cree  el  Gobierno  que  seria  conveniente  que 
V.  S.  aconsejase  amistosamente  a  los  redactores  de  los  periódicos 
que  se  dan  en  esa  localidad  arreglen  sus  producciones  relativamen- 
te a  las  relaciones  de  esta  República  con  la  Argentina,  por  la  situri- 
ción  de  buena  inteligencia  que  ambas  han  recobrado.  Proscribiendo 
la  prensa  nacional  la  acritud  y  la  intemperancia  de  lenguaje  en 
los  actuales  momentos,  como  lo  ha  hecho  antes,  no  solamente  se 
dignificaría  poniéndose  a  la  altura  de  la  civilización  del  país,-  sino 
que  da  ejemplo  a  la  que  desde  el  extranjero  se  ha  convertido 
tiempo  ha  en  medio  de  calumnias  e  infamaciones  cotidianas  con- 
tra el  país  y  su  gobierno.  Así  como  la  insolencia  no  da  razón  a 
la  prensa  extranjera  vecina,  la  moderación  y  la  cultura  no  debi- 
lita la  razón  de  la  nuestra.  Un  gobierno  honesto  y  deseoso  de  con- 
s^ervar  a  estos  pueblos  el  bien  inestimable  de  la  paz,  no  hace 
mal  invitando  a  los  escritores  públicos  para  que  en  el  ejercicio  "de 
sus  derechos  que  respeta,  se  abstengan  de  toda  calificación  ofensiva 
de  las  autoridades  y  del  pueblo  argentino,  dejando  así  a  otros  el 
triste  monopolio  de  ciertas  clasificaciones  contrarias  a  todas  las 
conveniencias  internacionales  y  a  los  intereses  de  las  poblaciones 
pacíficas  e  industriosas   del  Río  de  la  Plata.» 

Poco  después  terminaba  la  causa  relativa  a  la  captura  del  vapor 
«Salto»,  con  la  absolución  del  comandante  del  «Villa  del  Salto»,  ca- 
pitán  Errasquin,   quien     en   el    acto   fué     repuesto   en     el   cargo   de 


(iüHlKK.Nt)     l)K     liKliUO  \2\ 


que    había   ^ido    suspendido   de    acuerdo   con    lo    aconsejado    por    el 
Fiscal  militar. 

Véase  como  recapitulaba  el  Fiscal  las  resultancias  de  la  causa: 
El  capitán  íCrrasíiuin  recibió  una  nota  del  Comandante  Militir 
del  Salto  trasmitiéndole  la  noticia  de  ¡lue  la  gente  de  Floros  es- 
peraba un  desembarque  de  armas  y  ferircclins  en  el  Rincón  de 
las  Gallinas.  Estando  en  la  boca  del  Yaguarí  supo  por  intermedio 
(lel  Comisario  de  Fray  Bentos  que  algunas  de  las  partidas  de 
Flores  se  acercaban  al  pueblo  y  que  ya  estaban  a  una  legua 
de  distancia.  Con  el  doble  propósito  de  defender  a  la  plaza  y 
de  averiguar  si  la  aproximación  de  las  fuerzas  revolucionarias 
respondía  al  anunciado  desembarque  de  armas  se  dirigió  al  pi'erio 
de  Fray  Bentos.  A  la  media  noche  llegó  el  "Salto"  y  fondeó  a 
su  costado.  Dos  pasajeros  de  ese  buque  le  denunciaron  en  ie^uida 
que  allí  venía  contrabando  de  armas.  El  caipitán,  a  quien  en 
el  acto  interrogó,  negó  absolutamente  que  condujera  armas,  pero  el 
registro  que  se  practicó  en  seguida  hizo  ver  que  la  denur.cia  eia 
exacta  y  que  en  la  letrina  del  barco  estaba  el  cargamento  de- 
nunciado. 

l*i'os¡j;uo   la   AiKfiitina   su  (■ain|)aria   a   favor  Ur   la   rcvolutión. 

En  los  mismos  momentos  en  que  los  doctores  Lamas  y  Eli- 
zalde  celebraban  sus  ííltimas  entrevistas  para  fijar  el  alcance  del 
protocolo  que  solucionaba  las  diferencias  entre  los  Gobiernos  del 
Plata,  se  reunían  más  de  dos  mil  personas  en  la  plaza  del  Parque 
de  Buenos  Aires  con  el  propósito  de  expresar  "no  sólo  sus  sim- 
patías, sino  sus  votos  por  una  causa  que  es  la  nuestra»,  —  decía 
"La  Tribuna"  de  aquella  ciudad.  Y  ante  ese  público  leía  el  Se- 
cretario de  la  Comisión  organizadora,  doctor  D'Amico,  el  mani- 
fiesto que  dirigían  "los  liberales  de  Buenos  Aires  al  ejército  li- 
bertador  de   la   República    Oriental    del    Uruguay". 

«Allá  se  levanta  erguida  la  imponente  figura  de  un  caudillo  (el 
corcnel  Ambrosio  Sandes  que  continuaba  combatiendo  por  la 
unidad  argentina  en  las  provincias  del  Norte)  tan  afortunado 
como  valiente  y  que  lleva  el  terror  en  la  punt£\  de  su  lanza  hasta 
la  última  guarida  de  los  habitantes  de  los  llanos.  Y  ese  caudillo 
armado  por  la  Providencia  para  que  se  cumplan  sus  designios, 
no  vio  la  luz  en  la  tierra  argen'tina .  .  .  El  es  el  representante 
armado  de  la  revoilución  y  su  misión  es  ligar  por  el  vínculo  sa- 
grado  del   sacrificio  y   de   la   gloria   la   suerte   de   los   dos   pueblos 


122  HISTORIA    DEL    URUGUAT 


hermanos .  .  .  Pero  Ja  patria  del  afamado  guerrero  lucha  también 
por  conciuistar  su  libertad.  Los  que  hoy  llevan  tan  anhelada 
ofrenda  al  pueblo  oriental  se  hallaban  ayer  en  nuestros  campos 
de  batalla,  ora  orlados  por  la  victoria,  ora  envueltos  en  el  polvo 
de  nuestra  derrota .  .  .  Los  campos  de  Cepeda  y  Pavón — las  úl- 
timas grandes  batallas  contra  el  caudillaje — fueron  testigos  de 
la  heroicidad  de  sus  esfuerzos...  Fué  un  oriental  el  héroe  de 
Pavón." 

Concluida  la  parte  oratoria,  empezó  la  colecta  de  dinero  para 
el  comité  revolucionario,  recogiéndose  en  un  cuarto  de  hora 
cinco  mil  pesos  según  la  misma  información  periodística  que 
venimos   utilizando. 

El  protocolo  había  quedado  firmado  a  fines  de  junio  y  la  asam- 
blea de  la  plaza  del  Parque  tenía  lugar  a  principios  de  julio,  cau,n- 
do  se  cambiaban  las  notas  explicativas  finales  entre  los  Minis+.i-os 
negociadores. 

En  el  curso  del  propio  mes  de  julio  el  capitán  del  «Villa  del  Sal- 
to» avistó  tres  bal' eneras  repletas  de  armas  y  soldados  prece- 
dentes de  Buenos  Aires.  Se  apoderó  de  una  de  ellas,  pero  al 
intentar  la  captura  de  las  otras  apareció  uno  de  los  buques  de 
la  ^armada  argentina,  el  "Pampero",  fracasando  por  tal  causa 
el   apresamiento. 

Pocos  días  después  hablaba  "La  Democracia"  de  Guale- 
guaydhú  de  una  fuerte  expedición  de  soldados  y  de  armas  des- 
^-mbarcada  en  el  Hervidero,  y  escribía  don  Evaristo  Carriego  (lue 
si  el  gobierno  de  Mitre  protegía  en  tal  forma  a  Flores  mal  podí.t 
tachar  a  Urquiza  de  violador  de  la  neutralidad  porque  ayudaba 
"ín  forma  indirecta  al  gobierno  de  Berro,  refiriéndose  sin  duda 
al  pasaje  de  los  restos  del  ejército  del  general  Diego  Lamas  por 
territorio  argentino   después  de  la  acción  de   las  Cañas. 

La  expedición  del   "Pampero". 

Otra  fuerte  expedición  de  guerra  al  mando  de  los  comand?.ntes 
Atanasildo  Saldaña  y  Federico  Varas  desembarcó  en  Fray  Bentos 
a  mediados  de  agosto. 

Todos  los  rumores  circulantes  establecían  que  esa  expedición 
había  sido  conducida  por  el  vapor  de  guerra  argentino  "Pam- 
pero". El  general  Diego  Lamas,  Comandante  Militar  al  Norte  del 
Río  Negro,  se  propuso  averiguar  el  grado  de  exactitud  de  esos 
rumores    y    ordenó    que    se    levantara    un    sumario    por    el    Fiscal 


GOBIERNO    DE    ÜERRO  123 


Militar   de  Paysandú,   recogiéndose   con   tal   motivo   las   siguientes 
declaraciones: 

"Francisco  Peña  (jefe  de  la  guarnición  de  Fray  Bentos  captu- 
rada por  las  fuerzas  de  Saldaña)  :  Que  la  expedición  desembarcó 
del  "Pampero",  según  lo  acreditaba  el  hecho  de  que  el  oficial 
de  la  plaza  encargado  de  acordar  la  capitulación,  don  José  Men- 
doza, había  tenido  que  ir  a  bordo  de  dicho  buque  de  guerra  argen- 
tino para  entrevistarse  con  Saldaña. 

Benjamín  Gadea  (Vicecónsul  oriental  en  Entre  Ríos):  Que  él 
se  encontraba  a  bordo  del  vapor  'Salto"  fondeado  en  la  "Cabeza 
del  Negro"  cuando  oyó  a  dos  oificiales  que  viajaban  en  su  com- 
pañía que  desde  el  fondeadero  veían  al  «Pampero»  remolcando 
un  pailebot  y  dos  balleneras  cargadas  de  gente.  Que  oyó  a  un 
tercer  pasajero,  don  Ricardo  Hughes,  que  una  vez  producido  el 
desembarco  el  "Pampero"  siguió  hasta  Yaguareté,  donde  bajó 
xtn  lindo  botín.  'Este  mismo  testigo,  en  carta  al  general  Lamas, 
agregaba  que  don  Ricardo  Hug'hes  había  escrito  sobre  el  par- 
ticular al  Ministro  Inglés  señor  Lettson. 

José  Baltierra  (Jefe  del  "Villa  del  Salto):  Que  vio  al  "Pam- 
pero" llevando  a  remollque  una  goleta  y  unas  balleneras  y  que 
por  datos  recogidos  en  Nueva  Palmira  no  le  quedaba  duda  al- 
guna de  que  a  bordo  de  ese  buque  de  guerra  argentino  iba  el 
comandante  Saldaña  a!  frente   de  muchas  fuerzas. 

También  prestaron  declaración  cuatro  marineros  desertores  de 
un  barco  norteamericano  aprehendidos  per  el  "Villa  del  Salto" 
y  llevados  a  Paysandxi.  Dijeron  que  habían  venido  en  un  bote 
con  ánimo  de  buscar  trabajo  en  las  estancias  del  Uruguay;  que 
cerca  de  Fray  Bentos  encontraron  una  embarcación  con  3  0 
hombres  armados  que  procedían  de  Buenos  Aires,  sabiendo  allí 
por  boca  de  sus  tripulantes  que  aguardaban  al  "Pampero";  que 
horas  más  tarde  vieron  otro  buque  remolcando  embarcaciones 
que  en  concepto  de  los  declarantes  era  el  vapor  que  esperaban 
los   hombres    de  la  barca    llegada   de   Buenos   Aires. 

Llamado  nuevamente  el  comandante  del  "Villa  del  Salto",  dijo 
que  en  su  concepto  la  expedición  a  que  se  referían  los  marineros 
norteamericanos  no   era  la  del  "Pampero",  sino  otra. 

Faltaba  la  declaración  de  don  Ricardo  Hughes,  respetable  es- 
tanciero de  Paysandú,  que  el  Fiscal  Militar  no  pudo  recoger  por 
encontrarse  dicho  testigo  fuera  del  departamento  en  esos  mo- 
mentos. 

Nada  más  contenía   el  sumario.  Pero  la  misma   amplitud   de  la 


124  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


cooperación  argentina  se  encargó  de  llenar  los  claros  de  sus 
.' esultancias.  A  mediados  de  noviembre  las  fuerzas  del  Gobierno 
interceptaron  tres  cartas,  gravemente  comprometedoras,  que  en 
el  acto  fueron  enviadas  a  la  cancillería  argentina  como  prueba 
ineludible  de  la  ayuda  que  el  "Pampero"  prestaba  al  general 
Flores. 

En  una  de  ellas,  datada  en  Fray  Bentos  el  12  de  septiembre  de 
1863,  decía  el  propio  comandante  del  «Pampero»  don  Pedro  J.  Ca- 
rrasco al  general  Francisco  Caraballo: 

"Antes  de  ayer  recibí  órdenes  de  marchar  para  este  puerto; 
ya  me  tienen  pues  aquí  solo  donde  les  puedo  ser  más  útil  que  en 
Paj'sandú;    particípeselo  al  general  por  lo  que  se  le  pueda  ofrecer». 

En  otra  dirigida  a  Caraballo  por  su  esposa  pedía  ésta  que  su 
correspondencia  de   familia  fuera  rotulada  al  "Pampero". 

Y  la  última  del  coronel  revolucionario  don  Bernardo  Dupuy  al 
general  Flores,  nada  de  particular  contenía,  pero  estaba  datada  en 
el  puerto   ele  Fray  Bentos  a   'bordo   del   «Pamperos. 

Al  adjuntar  esas  cartas  al  Gobierno  Argentino  advertía  nuestro 
IMinistro  de  Relaciones  Exteriores  don  Juan  José  de  Herrén  al 
doctor  Elizalde  en  su  nota  de  fines  de  noviembre,  que  la  expedición 
del  comandante  Saldaña  había  bajado  en  la  isla  de  Martín  García, 
que  allí  se  había  reembarcado  en  el  «Pampero»  hasta  Fray  Bentos, 
y  que  el  capitán  de  ese  barco  no  había  dejado  de  ayudar  a  la  re- 
volución desde  entonces,  por  lo  que  correspondía  su  inmediato  en- 
juiciamiento y  castigo. 

Tan  abierta  era  la  colaboración  argentina  que  a  mediados  de 
septiembre  publicaba  «La  Tribuna»  de  Buenos  Aires  una  proclama 
suscrita  por  Cesarlo  Assareto,  en  la  que  luego  de  estabk-oprse  (¡iie 
en  una  de  las  manifestaciones  callejeras  de  Montevideo  se  habían 
proferido  mueras  a  Garibaldi  y  a  los  gringos,  se  invitaba  a  los 
italianos  a  enrolarse  en  una  legión  que  se  estaba  formando  para 
acudir  en  auxilio  de  Plores. 

«Compatriotas  —  decía  Assareto  —  no  desmintamos  ahora  el 
nombre  inmortal  que  adquirieron  nuestros  hermanos  en  otra  época 
bajo  la  dirección  del  gran  Garibaldi.  Venid  todos  los  ofendidos  a 
reuniros  a  los  que  ya  están  aprestados  conmigo  a  esta  justa  ven- 
ganza.  Más  de   240   son   ya   los  que  están   dispuestos   a   seguirme». 

La   expedición   «1<»1   coronel   Rebollo. 

Tres  meses  después  de  la  expedición  del  comandante  Saldaña  con- 
ducida  en   un   buque   de   guerra    argentino,    salía    de   Buenos  Aires 


(.oiiiKií.N'o   iiK  iíf:uko  12Ó 


otra   expedición   revolucionaria  bajo  el   mando  del   coronel   Rebollo. 

Descubierta  en  su  marcha  por  la  escuadrilla  oriental  tuvo  que 
desembarcar  en  las  islas  y  costas  del  Uruguay  dentro  de  la  ju- 
risdicción fluvial  argentina,  hasta  donde  fué  perseguida  por  el  vapor 
«Treinta  y  Tres»,  al  mando  del  general  Lucas  Moreno,  quien  obtuvo 
que  se  rindieran  algunos  de  los  expedicionarios,  mientras  que  otros 
con  el   comandante  Rebollo  se  internaban  en  las  islas. 

Los  prisioneros,  que  eran  cuarenta  y  tantos,  fueron  llevados  a 
Montevideo  y  desde  allí  trasladados  a  Buenos  Aires  previa  declara- 
ción en  forma  que  prestaron.  Véase  la  de  uno  de  ellos,  el  teniente 
Wenceslao   Boado: 

Fui  en  compañía  del  doctor  José  Pedro  Ramírez  a  una  casilla 
de  la  boca  del  Riachuelo  para  recoger  el  armamento  que  estaba  a 
cargo  de  un  empleado  del  Resguardo.  «Por  lo  que  he  oído  decir, 
fué  sacado  del  Parque  de  Buenos  Aires  como  lo  demuestra  la  marca 
que  trae  de  ese  Estado».  La  fuerza  de  50  hombres  de  que  yo  for- 
maba parte  se  embarcó  a  fines  de  octubre  «por  el  muelle  principal 
de   Buenos  Aires». 

El  general  Moreno  capturó  en  la  misma  oportunidad  al  sargento 
Carlos  Cabral  que  formaba  parte  de  una  fuerza  revolucionaria  des- 
tacada en  la  costa  uruguaya,  a  la  altura  de  Higueritas,  a  la  es- 
pera de  la  expedición  del  coronel  Rebollo.  Y  ese  nuevo  prisionero, 
que  vestía  uniforme  de  artillero  argentino,  declaró  que  junta- 
mente con  otros  soldados  había  venido  a  la  revolución  por  orden 
de  su  jefe. 

Todo  el  armamento  tomado  al  enemigo  —  agregaba  en  su  parte 
el  general   Moreno  —  tiene  la  marca  del  Parque  de  Buenos   Aires. 

Otras  expediciones  más. 

Sólo  vamos  mencionando  las  expediciones  de  más  resonancia  por 
el  número  de  sus  componentes,  la  publicidad  con  que  se  realizaban 
c  los  incidentes  diplomáticos  a  que  daban  lugar,  porque  es  lo  cierto 
que  desde  Buenos  Aires  hasta  Concordia,  a  lo  largo  de  toda  la 
costa,  el  pasaje  de  revolucionarios  o  de  pertrechos  de  guerra  era 
diario  y  se  ejercía  a  la  plena  luz  del  día,  como  si  fuera  una  fun- 
ción normal  del  Gobierno  Argentino  la  de  echar  abajo  a  uno  de 
nuestros    gobernantes    para   entregar    a   otro   las    riendas    del    poder. 

En  octubre  presentó  varias  denuncias  el  Vicecónsul  oriental  en 
Concordia  contra  el  vapor  argentino  «Salto»,  que  no  cesaba  de 
conducir   hombres   y   armas   a  los   campamentos   revolucionarios   de 


12G  HISTORIA     DEL    URUGUAY 


•a  costa,  y  contra  las  autoridades  de  varios  puntos  de  Entre  Ríos 
transformados  en  verdaderos  campamentos  revolucionarios  donde 
se  congregaban  centenares  de  hombres.  A  raiz  de  una  de  ellas 
invadieron  los  coroneles  Enrique  Castro  y  José  A.  Reyes  al  frente 
de  200  soldados.  En  noviembre  fueron  ocupados  Carmelo  y  Pal- 
mira  por  otra  expedición  de  200  hombres,  salida  como  las  anteriores 
de  la  costa  argentina.  En  cartas  de  esos  mismos  días  interceptadas 
por  las  fuerzas  del  Gobierno,  anunciaba  don  Pedro  Bustamante  a 
don  José  Cándido  Bustamante  otra  expedición  y  el  envío  de  dos 
cañones. 

Trabajaba  con  tal  publicidad  el  Comité  revolucionario  que  don 
Evaristo  Carriego  podía  denunciar  en  la  prensa  de  Entre  Ríos  que 
en  tal  casa  de  Buenos  Aires  había  un  cuartel  de  enganche  de  sol- 
dados para  el  ejército  de  Flores  y  que  en  tal  día  había  salido  de 
Buenos  Aires  una  ballenera  con  50  hombres,  20  cajones  de  muni- 
ciones  y   2    cañones! 

Al  finalizar  el  año  comunicaba  el  Jefe  Político  de  Soriano  al  Mi- 
nistro de  la  Gueria  que  acababa  de  desembarcar  en  Fray  Bentos 
una  expedición  de  guerra  a  cargo  de  los  comandantes  Baras  y 
Rehollo,  con  dos  cañones,  agregando  que  la  ballenera  iba  remolcada 
por  el  buque  de  guerra  argentino  «25  de  Mayo».  Pocos  días  des- 
pués, el  teniente  Pedro  Larrosa  que  había  desertado  de  las  filas 
revolucionarias,  declaraba  ante  el  Ministro  de  la  Guerra  que  él 
había  sido  comisionado  por  el  Comité  para  conducir  a  Fray  Bentos 
un  cañón  extraído  del  Parque  de  Buenos  Aires,  mediante  una  or- 
den  del   doctor   Fermín   Ferreira. 

Gestiones  del  gobierno  de   Bei-ro  para   obtener  la  neutralidad  ar- 
gentina. 

Todo  eso  se  hacía  en  medio  de  las  insistentes  gestiones  de  la 
cancillería  oriental  para  obtener  medidas  de  neutralidad,  que  con- 
cretaba así  un  pliego  de  instrucciones  enviado  a  don  Andrés  Lamas 
en  septiembre  de  1863: 

N<La  disolución  de  las  comisiones  revolucionarias  contra  este  país 
establecidas  en  Buenos  Aires  y  litoral  argentino;  la  internación  de 
sus  miembros,  así  como  la  de  los  emigrados  orientales  residentes  en 
dichos  puntos;  el  castigo  de  los  fautores  de  trabajos  subversivos  con- 
tra la  República  Oriental,  empleados  en  la  administración  pública 
argentina,  y  una  declaración  del  gobierno  del  general  Mitre  que  re- 
pruebe  públicamente  las  maquinaciones  que  desde  el  territorio  ar- 
gentino  se   hacen   contra  este  país   y   su   gobierno». 


GOBIERNO     DE    BERRO  127 


Cómo  cünüeouencia  del  cambio  de  ideas  realizado  con  tal  motivo, 
los  doctores  Lamas  y  Elizalde  suscribieron  un  protocolo  por  el  que 
se  ponía  fln  a  las  reclamaciones  de  ambos  Gobiernos,  se  declaraba 
satisfecho  el  de  Berro  con  la  seguridad  de  que  la  Argentina  acor- 
daría medidas  eficaces  para  el  mantenimiento  de  la  neutralidad  y 
se  establecía  que  cualquier  divergencia  que  surgiera  entre  ambos 
Gobiernos  sería  sometida  al  fallo  arbitral  del  emperador  del  Brasil. 

La  cancillería  oriental  aceptó  al  principio  ese  protocolo  según 
el  doctor  Lamas,  quien  agrega  que  llegaron  en  seguida  comunica- 
ciones de  la  Legación  Oriental  en  el  Paraguay  anunciando  la  pro- 
mesa de  que  al  Presidente  López  se  le  daría  participación  en  el 
acuerdo,  y  que  entonces  apareció  la  exigencia  de  que  en  vez  de  un 
arbitro  hubiera  dos  como  medio  de  dar  entrada  al  mandatario  pa- 
raguayo. 

El  Gobierno,  decía  nuestra  cancillería  al  doctor  Lamas,  acepta  el 
arbitraje  que  si  hasta  ahora  no  ha  prevalecido  es  por  la  resistencia 
del  Gobierno  Argentino.  Acepta  también  como  arbitro  al  emperador 
del  Brasil,  por  más  que  del  territorio  brasileño  hayan  partido  hos- 
tilidades a  favor  de  la  revolución;  pero  a  condición  de  que  tam- 
bién concurra  como  arbitro  el   Presidente  del   Paraguay. 

No  aceptó  el  Gobierno  Argentino  la  enmienda  y  el  protocolo  quedó 
lechazado. 

Ante  las  continuas  expediciones  salidas  de  la  costa  argentina, 
decidió  la  cancillería  uruguaya  estimular  los  oficios  del  Gobierno 
Brasileño,  tan  interesado  sin  embargo  como  el  Argentino  en  el 
derrumbe  de  Berro. 

El  hecho  es  que  a  principios  de  noviembre  de  1863,  el  plenipoten- 
ciario brasileño  Loureiro  dirigió  una  nota  a  la  cancillería  argen- 
tina. 

La  revolución  oriental  —  decía  el  Ministro  Loureiro  —  «ha 
despertado  la  más  seria  atención  del  Gobierno  Imperial».  El  Brasil 
está  resuelto  a  mantenerse  neutral.  «Juzga  que  la  entera  absten- 
ción y  la  estricta  neutralidad  por  parte  de  los  países  vecinos,  es 
un  medio  conducente  al  término  de  esa  lucha».  El  Gobierno  Orien- 
tal y  la  opinión  pública  oriental  consideran  quebrantada  esa  neu- 
tralidad por  parte  del  Gobierno  Argentino.  Desea,  pues,  el  Brasil 
obtener  declaraciones  que  disipen  los  recelos  y  aprensiones  de  las 
autoridades  orientales. 

Contestó  naturalmente  la  cancillería  argentina  que  el  gobierno 
de  Mitre  había  observado  y  continuaba  observando  la  más  estricta 
neutralidad. 


128  HISTORIA    DEL    TJEUGUAT 


Y  con  más  bríos  que  nunca  prosiguió  el  trabajo  de  colaboración 
que  debía  echar  abajo  al  gobierno  de  Berro 

De  nuevo  resuelve   el   Gobierno   Argentino  disfrazarse   de   agresor 
en   agredido. 

No  era  suficiente  con  arrimar  liombres  y  armamentos  en  apoyo 
del  ejército  revolucionario.  Había  que  crear  conflictos  diplomáticos 
para  entorpecer  la  marcha  del  gobierno  de  Berro,  dar  aliento  a 
los  revolucionarios  y  desviar  un  poco  las  críticas  formidables  que 
despertaba  la  ayuda  argentina  a  la  revolución  de  Flores.  Ya  se  ha- 
bía ensayado  el  procedimiento  con  notable  éxito  en  el  caso  del  va- 
por «Salto»,  y  el  general  Lucas  Moreno  se  encargó  por  efecto  de 
la.  bien  explicable  violación  de  territorio  de  que  antes  hemos 
hablado,  de  suministrar  el  pretexto  que  ansiaba  el  Gobierno  Argen- 
tino para   transformarse   de   nuevo   de   agresor   en   agredido. 

Nos  referimos  a  la  expedición  revolucionaria  a  cargo  del  coronel 
Rebollo,  que  al  ser  avistada  por  los  barcos  orientales  que  hacían  el 
servicio  de  policía  fluvial  desembarcó  en  una  de  las  islas  del  Uru- 
guay, dentro  de  la  jurisdicción  argentina,  hasta  donde  se  dirigió  el 
general  Moreno  obteniendo  la  rendición  de  varios  expedicionarios 
que  en  el  acto  fueron  enviados  a  Buenos  Aires  para  su  juzgamiento 
y  castigK),  con  una  nota  en  que  nuestro  canciller  reiteraba  sus  incul- 
paciones al  Gobierno  Argentino. 

Luego  de  hablar  en  esa  nota  de  «las  expediciones  armadas  sali- 
das de  Buenos  Aires  con  destino  a  engrosar  las  bandas  del  caudi- 
llo que  desde  la  misma  ciudad  partiera  en  abril  para  traer  la  gue- 
rra a  este  país  amigo  de  la  República  Argentina»,  decía  nuestro 
canciller  que  las  autoridades  orientales  al  recibir  aviso  de  la  expe- 
dición Rebollo  tomaron  medidas  para  impedirla:  que  los  expedicio- 
narios desembarcaron  en  la  isla  Miní,  jurisdicción  argentina,  y 
atravesaron  a  la  costa  oriental;  pero  que  advertidos  de  la  proximi- 
dad del  vapor  "•Artigas"  regresaron  a  su  punto  de  partida,  su- 
biendo en  tal  oportunidad  algunos  de  ellos  a  bordo  del  barco 
perseguidor. 

La  nota  de  nuestra  cancillería  se  cruzó  con  otra  en  que  el  doc- 
tor Elizalde  protestaba  por  la  violación  del  territorio  argentino, 
acusando  a  las  fuerzas  del  general  Moreno  de  muertes,  prisiones  y 
capturas  de  embarcaciones,  y  pedía  la  devolución  de  las  personas 
y  cosas  tomadas,  el  enjuiciamiento  de  los  culpables  por  los  tribu- 
nales competentes,  el  reconocimiento  de  los  daños  causados  y  las 
debidas    reparaciones   al   pueblo   y   Gobierno   argentinos. 


GOHIER.NO    DE    líEKUO  129 


Había  habido  violación  de  territorio,  sin  duda  alguna,  pero  se 
trataba  de  una  expedición  de  guerra  salida  de  tierra  argentina  y 
vuelta  a  tierra  argentina  ante  la  proximidad  del  riesgo.  Y  si  en 
alguna  oportunidad  debí^  callar  la  susceptibilidad  nacional  era 
precisamente  al  tiempo  de  realizar  esa  persecución  de  grupos 
revolucionarios  a  los  cuales  las  autoridades  argentinas  protegían 
í'biertamente  o  que  en  el  mejor  de  los  casos  no  podían  obstaculizar. 

El  proceso  de  la  connivencia  argentina. 

El  tono  de  las  protestas  y  de  las  exigencias  de  la  cancillería  ar- 
gentina en  medio  de  las  continuas  expediciones  de  hombres  y  de 
armamentos  que  salían  de  Buenos  Aires,  Entre  Ríos  y  Corrien- 
tes para  reforzar  a  Flores,  obligaron  a  la  cancillería  oriental  a 
redactar  una  larga  nota,  verdadero  proceso  de  las  connivencias 
del   gobierno   de   Mitre. 

«Desde  el  mes  de  abril  —  empezaba  diciendo  nuestro  Ministro 
don  Juan  José  de  Herrera  al  doctor  Elizalde  en  esa  nota  de  fines 
de  noviembre  —  en  que  no  obstante  las  reiteradas  seguridades  del 
Gobierno  Argentino  dadas  en  vista  de  repetidas  denuncias  del 
Oriental,  invadió  el  territorio  de  esta  República  don  Venancio  Flo- 
res, es  un  hecho  notorio,  evidente,  que  la  ciudad  de  Buenos  Aires 
de  donde  partió  este  caudillejo,  es  el  centro  principal  de  conspi- 
ración contra  este  país  y  sus  autoridades  legales.  En  Buenos  Aires 
funciona  públicamente  desde  entonces  una  comisión  delegada  de 
don  Venancio  Flores,  encargada  de  reunir  armas  y  enviar  elementos 
hostiles  a  este  Gobierno,  todo  lo  que  hace  también  públicamente, 
sin  que  la  autoridad  ni  superior  ni  inferior  lo  haya  encontrado 
nial  ni  prohibido.  Se  ha  hecho  y  se  hace  recolección  de  fondos,  subs- 
cripciones en  medio  de  la  plaza  pública  y  en  comités  revoluciona- 
rios. Hombres,  vestuarios,  armas,  municiones,  dinero,  todo  se  re- 
une  en  Buenos  Aires  en  favor  de  la  invasión.  La  prensa  de  esa  ciu- 
dad santifica  diariamente,  insultando  soezmente  al  Gobierno  Orien- 
tal, los  propósitos  de  la  invasión.  Por  la  más  deplorable  desaten- 
ción, indiferencia  u  otros  motivos,  las  reclamaciones  que  repetidas 
veces  ha  dirioido  el  Gobierno  de  la  República  ante  el  Arg-entino  no 
han  dado  resultado  ninguno.  A  medida  que  se  organizaban  y  arma- 
ban aprontándose  para  asaltar  el  territorio  oriental  las  bandas  que 
la  comisión  revolucionaria  de  Buenos  Aires  enviaba  a  Flores,  este 
Gobierno  hacía  sentir  al  de  S.  E.  la  necesidad,  la  obligación  en 
que  estaba,  vistas  sus  protestas  y  declaraciones   de  neutralidad,   de 

9— V 


]íH)  UlhJOUlA    UEL    VUUüVAY 


no  pürniítlr  lal'iH  atentadoK,  (]<•  pi'VfíiilrloH  con  la  adopción  de 
medldaH  práctlcaK  «everaH...    Todo  cKfuerzy  ha  Htdo  lnfru<;tuoH(j>/. 

No  era  KUflclente  para  el  Gobierno  Argentino  —  decía  en  seguida 
fel  doctor  Herrera  —  la  notoriedad  de  Ioh  hechos,  lixivia  pruebas, 
y  cuando  se  le  presentaban,  Instauraba  un  sumario  que  daba  por 
resultado  el  desmentido  de  la  denuncia.  I5n  aquellos  casos  en  que 
por  lo  intachable  de  las  pruebas  era  indispensable  tomar  medidas 
(le  represión,  los  grupos  eran  disueltos  en  un  ijunto  y  reorganiza- 
dos <:n  otro.  Tal  f'uó  lo  que  pasó  en  Qullmes  y  en  Martín  García 
con  los  grupos  de  Guerra  y  de  Saldaña.  Haldaña  desarmado  en  Mar- 
tín García,  invadía  poco  despulís  desde  las  Islas  del  Iguazfi  y  se 
apoderaba  úv  Fray  Bentos.  «Es  el  mismo  Saldaña  que  en  busca  de 
mayores  y  nuevos  refuerzos  para  Flore;-s  ha  vuelto  a  Uuenoa  Aires, 
tn  donde  »e  entrega  en  estos  días,  sin  escrúpulos  y  sin  estorbo, 
a  sus  trabajos  preparando  una  nueva  expedición  (¡ue  despuós  de  es- 
Lar  oculta  en  las  islas  pasará  a  este  lOstado,  como  lo  revela  la  co- 
rrespondencia Interceptada   al   (íricmlgo,   rlf;!    '¿'¿   al   '¿i   del   corriente». 

líl  Comité  revolucionarlo  —  seguía  diciendo  —  ha  convertido  los 
paquetes  argentinos  del  litoral  «  en  transportes  de  hombres  y  ob- 
jetes b^;licos  que  f Olí;!  11  iHiiilfj  de  espera  en  (¡oncíndla  para  asegu- 
i'a>  el  paso.  Denunciada  :;u  j)reHencla  en  esa  localidad,  emigraban 
los  grupos  a  Corrientes,  de  donde  Enrique  Castro  los  conducía  a 
engrosar  las  filas  de  los  enemigos  del  Gobierno».  Excusábase  siem- 
pre el  Gobierno  Argentino  con  las  dificultades  de  lu  vigilancia  de 
BU8  costas,  sosteniendo  que  er;i  al  Goliicriio  Ori<'nl:il  a  tjulen  co- 
rrespondía hacer  Imposible  el  arribo  de;  las  expediciones  a  su  terri- 
torio, policiando  como  debía  las  aguas  del  Uruguay.  ICn  vista  de 
todfj  esto  y  a  raíz  de  varias  expediciones  que  habían  salido  sin  es- 
torbo de  la  Argentina,  ordenó  el  Gobictrno  Orit-ntal  a  su  marina 
que  redoblara  la  vigilancia.  Se  sahí.i  (|iii'  líibollo  y  ('ond<',  dos 
Jefes  de  Flores  que  habían  salido  de  Huenos  Aires  al  frente  rie 
lina  expedición,  se  habían  refugiado  en  las  Islas  del  Igua/.ú  y  del 
Uruguay  para  invadir.  K\  general  Moreno,  a  (|uien  se  coiirió  la 
tarea  lie  Impedir  el  desembarco,  obligó  a  los  expedicionarios  a 
refugiarse  en  una  Isla  y  se  apod'rú  r|c  i;is  iiniiilclones  y  armanHm- 
to  <|U<'  'otidiicían,  rlatido  (*)n  ••lio  pril(!xto  a  reclamos  por  daños  y 
perjuicios.  Kl  el  propio  Gobierno  Argentino  qui«'re  scflalar  y  cobrar 
l»fijiil<|<>H,  se  le  reconocerán  y  pagarán,  «l'cro  i)agarloK  y  recono- 
'•<TÍos  a  los  criminales  mismos,  seria  Inaudito  y  atentatorio  contra 
trido  prlnclplí»  de  moral  y  de  Justicia,  y  como  tal  i!mc<'ptal)le  para 
un   (.-lobleriK)  (|iie  se  respeta.» 


GOBIERNO    bE    BEBBO 


En  enero  de  1S56  —  agregaba  el  doctor  Herrera  —  el  general 
Mitre,  Que  era  entonces  Ministro  de  la  Guerra  de  Buenos  Aires, 
marchó  a  la  frontera  de  Santa  Fe  para  evitar  la  inrasión  de 
una  fuerza  revolucionaria  salida  de  esa  Provincia,  y  no  habiendo 
tenido  éxito  en  sus  gestiones  cruzó  la  linea  del  arroyo  del  Medio, 
se  internó  en  Santa  Fe  y  persiguió  y  deshizo  a  las  fuerzas  revo- 
lucionarlas oue  acaudillaba  el  general  argentino  José  María  Flo- 
res. Y  cuando  reclamaron  el  Gobierno  de  la  Confederación  y  el 
fie  Santa  Fe  contra  la  violación  de  territorios,  se  limitó  a  invo- 
car la  cancillería  de  Buenos  Aires  la  absoluta  Ineficacia  de  las  me- 
didas adoptadas  contra  los  invasores  de  la  Provincia. 

Con  este  precedente  de  rigurosa  aplicación  ai  caso,  cerraba  la 
■ancillería  oriental  su  larga  y  contundente  nota,  en  la  que  no  habla 
una  línea  que  no  pudiera  comprobarse. 

Un  día  después  volvía  el  Ministro  Herrera  a  dirigirse  al  doctor 
Elizalde. 

El  Gobierno  Oriental  considera  —  decía  en  esa  segunda  nota  — 
como  una  ofensa  y  un  ataque  a  la  República,  «la  impunidad  en 
Que  en  la  ciudad  de  Buenos  Aires  y  poblaciones  del  litoral  argen- 
tino del  Uruguay  se  mantienen  las  comisiones  revolucionarias, 
creadas  con  el  único  fin  pública  y  reiteradamente  confesado,  de 
coadyuvar  a  la  invasión  que  desde  Buenos  Aires  trajo  a  este  país 
vecino  y  amigo  de  la  República  Argentina  el  cabecilla  anarquista 
Venancio  Flores>.  La  ausencia  absoluta  de  medidas  de  represión 
autoriza  al  Gobierno  Oriental  <a  llamar  seriamente  la  atención  de 
su  amigo  y  vecino  el  Gobierno  Argentino  invitándolo  a  que  no 
prolongue  indefinidamente  su  tolerancia  para  con  los  coautores  de 
agresiones  desde  su  territorio  contra  la  autoridad  y  la  paz  de  este 
país>.  Ha  esperado  hasta  hoy  el  Gobierno  Oriental  la  adopción  de 
medidas,  pero  en  vista  de  que  los  actos  públicos  de  hostilidad  ad- 
quieren cada  día  mayores  proporciones,  ha  resuelto  deducir  las  re- 
clamaciones del  caso  y  pedir  que  se  «ordene  la  disolución  de  las 
comisiones  conspiradoras  contra  este  país  organizadas  en  Buenos 
Aires  y  puntos  del  litoral  argentino  y  la  internación  de  sus  miem- 
bro6>. 


Un  la   imposibilidad  de  contestar.  oi)ia  fl  Gobierno  Argentino  por 
la   iui»tura  de  i"elacione<s  con  el   OHental. 

Xo   era   posible   la   discusión   diplcmátlca   dada   la   notoriedad    de 
las  inculpaciones  dirigidas,  y  comprendiéndolo  así,  trató  la  cancille- 


132  .  '      HISTORIA    DEL    URUGUAY 


ría  de  Mitre  de  obtener  el  retiro  de  las  notas  en  que  se  formulaba 
el  proceso  de  la  complicidad  argentina.  Tal  fué  el  programa  de  la 
misión  confidencial  confiada  a  don  José  Mármol,  de  grandes  vin- 
culaciones con  los   hombres   más   importantes  de  Montevideo. 

El  Presidente  Berro,  según  se  encargó  de  comunicarlo  el  comi- 
sionado a  su  Gobierno,  rechazó  desde  el  principio  la  idea  del  re- 
tiro, pero  aceptó  la  sustitutiva  de  recibir  las  notas  que  el  Gobierno 
Argentino  le  devolviera.  Al  darse  forma  a  las  negociaciones,  resultó 
sin  embargo  que  el  mandatario  oriental  sólo  recibiría  la  primera  de 
las  dos  notas,  mas  no  así  la  segunda,  proponiendo  en  cambio  some- 
ter la  cuestión  pendiente  al  fallo  arbitral  de  un  país  amigo  que 
podría  elegir  el  propio  gobierno  de  Mitre. 

Nuestro  Ministro  de  Relaciones  Exteriores  doctor  Herrera  negó, 
sin  embargo,  que  las  manifestaciones  sobre  recibo  de  las  notaá 
hubieran  tenido  carácter  oficial.  Dijo  que  lo  único  oficial  era  la 
negativa  del  Presidente  Berro  a  retirar  }■  a  recibir,  aunque  algo 
se  había  hablado  en  el  curso  de  las  conversaciones  acerca  de  recibo 
de  notas,  y  aún  de  retiro  de  todas  las  que  se  habían  pasado  incluso 
la  de  violación  de  la  isla  del  Iguazú  por  las  fuerzas  del  general 
Moreno. 

Durante  la  permanencia  del  comisionado  argentino  en  Montevi- 
deo, hubo  diversos  incidentes.  Uno  de  ellos  por  haber  levado  an- 
clas el  vapor  mercante  «Libertad»,  obedeciendo  órdenes  del  repre- 
sentante argentino,  pero  desacatando  la  prohi'ñción  de  ponerse 
en  marcha  que  le  había  comunicado  la  Capitanía  del  Puerto,  por 
lo  cual  desde  la  fortaleza  de  San  José  se  le  hicieron  dos  disparos 
que  no  dieron  en  el  blanco,  ni  consiguieron  detener  al  barco.  La 
otra  por  efecto  de  una  manifestación  popular  que  recorrió  las  calles 
de  Montevideo  en  son  de  protesta  contra  los  hombres  que  estaban 
al  frente  del  Gobierno  Argentino. 

El  señor  Mármol  regresó  a  Buenos  Aires  en  los  primeros  días  de 
diciembre  de  1863.  Y  el  Presidente  Mitre  reanudando  en  el  acto  su 
plan  de  campaña  contra  el  gobierno  de  Berro,  libró  orden  de  cap- 
tura de  todas  las  embarcaciones  de  guerra  con  bandera  oriental  que 
pasaran  por  Martín  García,  con  el  intento  de  suprimir  la  policía  flu- 
vial y  franquear  así  el  camino  a  las  expediciones  revolucionarias 
de  la  costa  argentina. 

Pocos  días  después  el  Cónsul  Argentino  en  Montevideo  comuni- 
caba que  su  Gobierno  había  resuelto  suspender  relaciones  con  el 
del  Uruguay  y  que  de  acuerdo  con  las  instrucciones  recibidas  había 
bajado  el  escudo  de  armas  y  confiado  la  protección  de  sus  connacio- 


GOBIERNO    DE    BERRO  133 


nales  al  Consulado  de  la  Gran  Bretaña.  Y  como  consecuencia  de 
ello  se  dirigía  nuestra  cancillería  al  doctor  Lamas  significándole  el 
cese  de  su  misión  confidencial  y  el  retiro  de  todos  los  agentes  con- 
sulares en  la  Argentina,  quedando  por  lo  tanto  interrumpidas  las 
relaciones  oficiales   entre  ambos  gobiernos   del   Plata. 

El  Ministro  Británico  señor  Thornton,  que  acababa  de  regresar 
de  Londres,  ofreció  sus  buenos  oficios  para  un  arreglo,  apresurán- 
dose a  contestar  el  Presidente  Berro  en  términos  favorables  bajo 
5a  condición  de  que  el  Presidente  Mitre  revocara  su  orden  de  cap- 
tura de  los  barcos  orientales  de  guerra.  Pero  el  gobernante  argenti- 
no que  buscaba  con  esa  medida  el  modo  de  robustecer  sin  violencias 
las  fuerzas  de  la  revolución,  se  negó  a  dar  el  paso  previo,  y  la  media- 
ción del  Ministro  Británico  fracasó  en  el  acto. 

Martín  García  quedo  convertida  desde  ese  momento  en  centro  de 
las  expediciones  revolucionarias,  según  se  encargó  de  comunicarlo 
en  enero  de  1864  el  Comandante  Militar  de  la  Colonia,  quien  agre- 
gaba que  allí  afluían  también  los  barcos  conductores  de  los  gana- 
Ios  robados  en  toda  la  costa  oriental,  hecho  que  dio  lugar  a  un  de- 
creto del  gobierno  de  Berro  que  cerraba  nuestros  puertos  a  las  co- 
municaciones   con   la   isla. 

Tan  intensa  era  la  ingerencia  argentina  en  esos  días,  que  «El  Na- 
cional» de  Buenos  Aires,  uno  de  los  diarios  más  adictos  a  la  causa 
de  Flores,  se  consideró  obligado  «a  pedirle  al  Ministro  de  la  Gue- 
rra general  Gelly  y  Obes  que  no  desatendiera  tanto  la  acción  ar- 
gentina en  la  frontera  por  servir  a  Flores»,  dando  lugar  con  ello 
a  que  «La  Nación  Argentina»,  el  diario  de  Mitre,  le  dirigiera  estas 
palabras  de  reproche: 

«¡Quién  creería  que  un  diario  que  se  dice  el  amigo  entusiasta  y 
el  aliado  fiel  de  Flores,  ha  estampado  en  sus  columnas  por  odio  al 
Ministro  de  la  Guerra,  que  está  dilapidando  el  tesoro  público  para 
robustecer  la  revolución  oriental!» 

Ya  .«¡e  había  üeo-ado,  sin  embaroo.  a  las  postrimerías  del  g'obier- 
no  de  Berro  y  la  atención  pública  se  dirigía  toda  entera  al  problema 
interno  del  nombramiento  de  nuevo  Presidente,  quedando  de  lado 
el  gravísimo  conflicto  que  había   provocado  el  Gobierno  Argentino. 

La  actitud  del  ¡sjeneral  Urquiza. 

Frente  a  la  influencia  de  Mitre,  debía  alzarse  naturalmente  y  se 
alzaba,  la  del  general  Urquiza  en  Entre  Ríos,'  aunque  ya  en  plena 
bancarrota   después  del   desastre    de   Pavón. 


134  HXSTOBIA    DEL    tJBüGÜAT 


El  general  Urquiza  miraba  con  simpatía  al  Gobierno  Oriental,  en- 
tre otras  razones  decisivas  porque  Mitre  quería  voltear  a  Berro  para 
colocar  en  su  lugar  a  Flores,  uno  de  sus  principales  tenientes  en 
las  campañas  contra  las  autonomías  provinciales. 

Apenas  iniciada  la  revolución  de  Flores,  comunicó  el  coronel 
Juan  Lenguas  al  general  Diego  Lamas,  que  Urquiza  le  había  envia- 
do un  comisionado  para  asegurarle  que  él  estaba  dispuesto  a  ayudar 
a  la  destrucción  de  las  fuerzas  invasoras.  La  carta  del  coronel  Len- 
guas, que  estaba  datada  en  el  Salto,  fué  interceptada  por  una  par- 
tida revolucionaria  y  publicada  en  la  prensa  de  Buenos  Aires.  La 
persona  que  aparecía  como  intermediaria  publicó  luego  en  Monte- 
video una  declaración  negando  que  hubiera  sido  comisionada  con 
tal   objeto  por  Urquiza. 

El  ofrecimiento  había  sido  hecho,  sin  embargo,  y  se  habría  cum- 
plido con  toda  seguridad  si  el  ambiente  de  las  provincias  alejadas 
ce  Buenos  Aires  lo   hubiera  permitido. 

Casi  en  los  mismos  momentos  en  que  Flores  iniciaba  su  invasión, 
volvía  «El  Chacho»  a  reanudar  su  campaña  contra  Mitre,  pero  con 
resultados  tan  negativos  que  en  junio  de  1863  eran  totalmente  des- 
trozadas sus  fuerzas  y  en  noviembre  siguiente  era  el  mismo  cau- 
dillo capturado  y  degollado  por  sus  perseguidores. 

Desde  las  primeras  derrotas  de  «El  Chacho»  resolvió  Urquiza 
mantenerse  en  buen  pie  de  relaciones  con  sus  viejos  adversarios  de 
Buenos  Aires.  Dirigió,  pues,  en  junio  una  nota  de  adhesión  al 
Presidente  Mitre  en  que  le  expresaba  que  lejos  de  estimular  el  al- 
eamiento'  de  las  provincias  y  la  guerra  civil,  era  partidario  de  la 
paz  y  que  estaba  resuelto  a  cooperar  a  la  obra  reparadora  del 
Gobierno  Nacional.  Y  tal  actitud  le  obligaba  a  mostrarse  neutral . 
en  la  contienda  uruguaya  para  no  obstaculizar  el  plan  de  Mitre 
contra  Berro. 

Hubo  momentos,  sin  embargo,  en  que  la  política  entrerriana  pa- 
reció inclinada  a  la  acción.  Los  principales  jefes  de  Urquiza  al  ad- 
herir a  un  manifiesto  de  los  coroneles  Navarro  y  Berón  expresaron 
su  resolución  de  alzarse  contra  Buenos  Aires.  «Quedamos  prontos — 
decían  ei;  noviembre  de  1863  —  con  nuestros  soldados  para  de- 
fender en  todo  tiempo  los  derechos  de  nuestra  patria  contra  las 
agresiones  de  los  salvajes   unitarios.» 

Fué  en  ese  paréntesis  de  acción  que  las  autoridades  entrerria- 
nas  desarmaron  una  expedición  revolucionaria  que  el  comité  de 
Buenos  Aires  enviab^  a  Flores,  y  que  el  coronel  Waldino  Urquiza, 
hijo  del  vencedor  de  Caseros,  vadeó  el  Uruguay  a   la   altura  de  la 


(lOI'.IKKXo     \)K     liEHUO  130 


barra  del  Daymán,  al  frente  de  una  división  de  soldados  entrerria- 
üos  «que  llevaban  su  vestuario  de  gorra  de  manga,  camiseta  y 
chiripá  punzó  y  un  peto  blanco  para  el  día  de  la  pelea»  según  la 
crónica  de  «El  Pueblo  Entrerriano».  En  su  proclama,  publicada  al 
pisar  tierra  uruguaya,  decía  el  coronel  Urquiza  que  él  venía  a 
defender  al  gobierno  de  Berro  contra  los  unitarios  que  ayudaban 
a  Flores,  agregando  que  el  general  Urquiza  había  proclamado  la 
abstención,  pero  que  los  acontecimientos  le  obligarían  a  cambiar 
de  modo  de  pensar. 

La  división  se  componía  de  180  hombres  según  «El  Pueblo 
Entrerriano».  Pocos  días  después  anunciaba  el  coronel  Leandro  Gó- 
mez el  pasaje  de  otra  columna  de  200  hombres  al  mando  del  coro- 
nel Gallo  Diversas  informaciones  de  la  prensa  de  Montevideo  se 
encargaron  luego  de  duplicar  esas  cifras,  con  ánimo  probablemente 
de  contener  al  gobierno  de  Mitre,  pero  sin  referencias  a  fuentes 
susceptibles   de   ser   tomadas   en   consideración. 

Terminado  el  paréntesis  con  el  degüello  de  «El  Chacho»,  volvió 
el  general  Urquiza  a  cuarteles  de  invierno,  y  hasta  pareció  cambiar 
de  orientación  según  lo  revela  este  suelto  de  don  Evaristo  Carriego, 
publicado  en  enero  de  1864  en  «El  Litoral»  de  Entre  Ríos: 

«El  coronel  Enrique  Castro  ha  estado  dos  veces  en  San  José 
en  menos  do  ocho  días,  mandado  por  Flores;  a  éste  y  al  coronel 
Caraballo  les  ha  mandado  el  general  Urquiza  algunos  caballos  de 
regalo.  El  mismo  general  ha  impedido  que  pasasen  más  de  300 
hombres  que  se  dirigían  al  Estado  Oriental  buscando  la  incorpo- 
ración del  coronel  Waldino  Urquiza.» 

La  intervención  del  Brasil  en  la  revolución  de  Flores. 

Ya  veremos  que  en  el  curso  del  gobierno  de  Aguirre,  que  subsi- 
guió al  de  Berro,  la  colaboración  argentina  en  la  revolución  de 
Flores  se  intensificó  fuertemente,  transformándose  en  verdadera 
beligerancia  al  llegar  la  oportunidad  de  dar  el  golpe  de  muerte  al 
Gobierno  Oriental. 

Vamos  a  ocuparnos  entretanto  de  la  colaboración  de  las  auto- 
ridades brasileñas  en  el  proceso  de  la  revolución  de  Flores,  que 
circunscripta  al  principio  a  una  connivencia  descarada  de  las  au- 
toridades fronterizas  de  Río  Grande,  acabó  por  envolver  a  todo 
el   Imperio  en  la   contienda  contra   el   gobierno  de  Aguirre. 

Pero  antes  de  hacerlo,  conviene  averiguar  si  en  el  curso  de  la 
administración    Berro   llegó    a    producirse   algún    conflicto   capaz   de 


136  HISTORIA    DEL    UBU6UAY 


servir    ele    base    o    de     pretexto   a    la     intervención     del    Imperio    en 
nuestras   contiendas   internas. 

¿Existían  motívos  de  agravio? 

De  que  ningún  agravio  podía  haber,  instruye  este  párrafo  de 
ivna  correspondencia  inserta  en  el  «Jornal  do  Commercio»  de  marzo 
de  1864,  a  raíz  de  la  terminación  del  mandato  presidencial  de  don 
Bernardo   P.    Berro: 

«Sean  cuales  fueren  los  errores  de  que  esa  administración  puede 
ser  acusada,  nunca  se  le  podrá  quitar  el  mérito  de  haber  plan- 
teado la  moralidad  donde  dominaba  la  corrupción,  de  haber  corre- 
gido los  abusos  que  degradaban  a  altos  funcionarios  del  Estado, 
que  agotaban  el  Tesoro  nacional  y  reducían  a  los  empleados  pú- 
blicos y  viudas  de  los  militares  a  la  miseria.  Todas  sus  aspiracio- 
nes eran  honrosas,  dignas  de  un  ciudadano  que  ama  a  su  patria. 
No  le  fué  posible  en  tan  poco  tiempo  transformar  completamente 
su  país  obligando  a  cambiar  los  hábitos  de  anarquía  y  guerra  ci- 
vil permanente  por  el  hábito  del  orden  que  civiliza,  por  el  hábito 
del  trabajo  que  enriquece.  Pero  aún  así  mucho  consiguió,  disminu- 
yendo poco  a  poco  la  influencia  de  los  caudillos  de  su  propio  par- 
tido y  aumentando  el  bienestar  de  sus  conciudadanos  que  desde  que 
se  constituyeron  independientes  nunca  gozaron  mayor  suma  de 
libertad  ni  tan  largo  período  tle  paz,  lo  que  concurrió  bastante 
para  el  progreso  sensible  que  todos  observamos  en  este  Estado.» 

Tales  eran  los  juicios  que  acogía  en  sus  columnas  el  más  auto- 
rizado de  los.  diarios  de  Rfo  de  Janeiro,  órgano  oficial  de  la  can- 
cillería brasileña  en  la  realidad  de  los  hechos. 

Sigamos,  sin  embargo,  a  la  diplomacia  blasileña  en  .-us  protestas 
y  reclamos  durante  el  gobierno  de  Berro. 

Las  reclamaciones  brasileñas  durante  el  primer  año  del  gobierno 
de   BeiTo. 

Inició  la  Legación  Imperial  sus  reclamos  en  marzo  de  1860.  Los 
Tribunales  Habían  librado  orden  de  desalojo  contra  un  brasileño  y 
el  Ministro  pedía  la  revocación  de  esa  orden.  La  respuesta  de 
nuestra  cancillería  no  admitía  réplica:  que  el  interesado  podía  y 
debía  presentarse  ante  el  Juez  de  la  causa. 

A  esa  primera  denuncia  siguió  la  de  un  asesinato,  que  nuestra 
cancillería  contestó  diciendo  que  el  asesino  había  sido  aprehendido 
y  puesto  a  disposición   del   Juez   del   Crimen. 


GOBIERNO     DE     HERRÓ  137 


Luego  atacó  a  la  Policía  del  Salto  por  un  asesinato  que  según 
la  vista  fiscal  no  era  tal  asesinato,  sino  un  suicidio. 

Insistiendo  en  su  desconocimiento  de  los  fueros  judiciales  pro- 
testó por  segunda  vez  la  Legación  y  en  forma  violentísima  con- 
tra una  sentencia  de  desalojo  que  «desconocía  los  títulos  legítimos 
del    ocupante». 

«El  abajo  firmado  —  decía  el  Ministro  —  no  puede  terminar  sin 
expresar  el  sentimiento  con  que  prevé  el  deplorable  efecto  que 
tendría  la  sanción  del  atentado  contra  el  que  reclama,  cuando  el 
Gobierno  Imperial  invocado  por  ¡a  desesperación  de  los  brasileños 
residentes  en  esta  República,  no  puede  ni  ha  de  faltar  al  deber  de 
prestarles  todo  el  apoyo  de  que  puedan  carecer  para  la  sustentación 
de  sus  derechos.» 

«Si  hay  algo  notorio,  contestó  nuestro  Miniótrc  de  Relaciones  Ex- 
teriores doctor  Acevedo,  es  que  los  subditos  brasileños  en  el  Estado 
Oriental  gozan  de  franquicias  y  exenciones  de  que  carecen  en  el 
país  mismo  de  su  nacimiento  y  de  que  tampoco  gozan  los  mismos 
ciudadanos  de  la  República,  para  quienes  sin  ningún  género  de  duda, 
y  sobre  todo  en  la  campaña,  es  envidiable  la  situación  cíe  les  bra- 
sileños y  demás  extranjeros  pacíficos.  Hablar  entonces  de  deses- 
peración y  de  necesidad  de  una  protección  exterior,  es  cuando  me- 
nos   cometer    la    más    notable    injusticia.» 

Descendiendo  luego  al  fondo  de  la  reclamación,  decía  el  Ministro 
que  la  Policía  se  había  limitado  a  cumplir  las  resoluciones  judi- 
ciales, «y  que  tratándose  de  negocios  sometidos  a  los  Tribunales, 
el  Poder  Ejecutivo,  como  había  tenido  motivo  de  hacerlo  notar  otra 
vez    a   la    Legación,    tenía    que    abstenerse    de    toda   intervención». 

Volvió  a  insistir  la  Legación  en  que  los  procedimientos  judiciales 
eran  discutibles  y  cerró  la  controversia  nuestra  cancillería  con  la 
declaración  de  que  el  Poder  Ejecutivo  no  podía  intervenir  en 
asuntos  que  pendían  ante  los  Tribunales,  pero  que  en  cambio  el 
despojado  tenía  abierto  el  camino  para  hacer  valer  sus  derechos 
ante   esos   Tribunales. 

Más  adelante  denunció  la  Legación  el  asesinato  de  un  brasileño 
por  la  Policía  de  Tacuarembó,  replicando  nuestra  cancillería  que 
del  sumario  instruido  y  de  la  propia  declaración  de  la  víctima,  re- 
sultaba que  ésta  había  sido  herida  casualmente  por  efecto  del  dis- 
Iiaro  de  un  arma  de  fuego. 

A  mediados  de  año  la  Legación  entabló  reclamo  contra  la  in- 
vasión de  una  partida  policial  de  Tacuarembó  a  Río  Grande  acom- 
pañada de  actos  de  violencia  y  de  robo  de  caballada.  Pero  nuestra 


138  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


cancillería  contestó  que  lejos  de  haber  pasado  así  las  cosas,  habían 
iúdo  los  soldados  brasileños  los  invasores  al  territorio  oriental  y 
los    autores    de   los    tiros    disparados. 

Otro  reclamo  máo  nutrido  siguió  a  ese:  el  de  sei:>  atentados  co- 
metidos en  Tacuarembó:  des  brasileños  puestos  en  cepo  de  lazo; 
i'tros  dos  enrolados  en  la  Policía  a  despecho  de  su  nacionalidad; 
y  dos  casas  registradas  por  la  fuerza  armada  durante  la  noche. 
«El  Gobierno  de  la  República  —  concluía  la  nota  —  se  halla  fas- 
cinado por  una  ilusión  que  si  no  es  disipada,  continuará  a  impo- 
sibilitar la  represión  de  males  que  a  S.  E.  parecen  fantásticos». 

Contestó  nuestra  cancillería  que  en  el  día  se  habían  pedido  infor- 
mes a  la  Jefatura  de  Tacuarembó  y  que  si  los  hechos  reales  tuvieran 
la  mitad  de  la  gravedad  con  que  aparecían,  «el  Gobierno  tomaría 
tales  medidas  que  dejarían  completamente  satisfecha  la  vindicta 
pública». 

Prevenía  la  Legación  en  una  nota  posterior,  que  desde  185S  lle- 
vaba entabladas  17  reclamaciones  por  asesinatos  cometidos  gene- 
ralmente  por   las   policías   e   impunes   todos    ellos. 

Jja  Policía  de  Tacuarembó  volvió  a  dar  tema  a  la  Legación  bajo 
la  acusación  de  haber  secuestrado  los  hijos  de  un  moreno  bra- 
sileño, resultando  sin  embargo  del  sumario  instruido  con  tal  mo- 
tivo, que  la  Jefatura,  lejos  de  raptar,  había  ofrecido  una  chacra  al 
reclamante  para   que  pudiera  trabajar. 

Por  tercera  vez  se  ocupó  luego  la  Legación  de  diversos  reclamos 
relacionados  con  pleitos  sobre  campos  y  desalojos  ordenados  por 
los  Tribunales,  contestando  la  cancillería  que  la  Policía  había  ac- 
tuado como  ejecutora  de  mandatos  judiciales  que  no  era  dable 
detener. 

Ao  satisfecho  con  las  explicaciones,  volvió  el  ^linistro  reclamante 
í'  hacer  suya  la  protesta  de  una  veintena  de  brasileños  de  Tacua- 
rembó, que  se  decían  víctimas  de  encarcelamientos,  de  despojo  de 
campos  y  ganados,  demolición  de  poblaciones  y  asesinato  de  un 
individuo.  Contestó  la  cancillería  que  se  trataba  de  un  desalojo 
decretado  por  la  justicia  ordinaria  y  de  embargos  de  ganados  para 
el  pago  de  arrendamientos,  acerca  de  lo  cual  nada  podía  hacer  el 
Poder  Ejecutivo,  y  que  en  cuanto  al  asesinato,  se  daría  inter- 
vención a  la  justicia.  Poco  después  avisaba  que  el  asesino  había  sido 
preso   y   entregado   a    sus   jueces.  ^ 

Antes  de  finalizar  el  año,  dedujo  un  nuevo  reclamo  la  Legación, 
invocando  la  existencia  de  amenazas  contra  un  brasileño  y  actos  de 
violencia    perpetradas    por    las    autoridades    departamentales    contra 


GOBIERNO     ÜE     BERRO  139 


oiro.  Contestó  la  cancillería  respecto  de  lo  primero,  que  había  en- 
viado un  piquete  policial  a  la  estancia  del  brasileño  que  se  decía 
amenazado,  y  en  cuanto  a  lo  segundo  que  se  trataba  del  cumpli- 
miento de  sentencias  emanadas  de  las  autoridades  judiciales  res- 
pecto de  las  cuales  nada  podía  hacer  el  Gobierno. 

«Esa  declaración  —  replicó  la  Legación  —  que  envuelve  una 
rloctrina  contraria  a  la  que  en  el  trato  internacional  profesan  los 
Estados  soberanos,  no  puede  eximir  a  la  República  Oriental  del 
Uruguay  de  la  obligación  que  le  prescribe  la  ley  de  las  naciones 
entre  las  cuales  figura  con  todas  las  prerrogativas  de  la  soberanía. 
Sea  cual  fuere  la  autoridad  especial  ejercida  por  cada  uno  de  los 
poderes  constituidos  en  lo  interior  del  Estado,  el  Gobierno  de  éste 
es  ante  los  de  las  demás  potencias  el  único  responsable  de  sus 
derechos,  el  único  responsable  de  sus  deberes  en  el  orden  inter- 
nacional». 

«Su  Señoría  —  contestó  el  doctor  Acevedo  —  prescinde  absolu- 
tamente de  la  doctrina  universal  de  que  un  extranjero  a  su  entrada 
en  el  territorio  contrae  tácitamente  la  obligación  de  sujetarse  a 
las  leyes  y  a  la  jurisdicción  local,  ofreciéndole  el  Estado  en  cambio 
la  protección  de  la  autoridad  pública  depositada  en  los  Tribunales. 
No  quiere  tener  presente  que  al  poner  el  pie  un  individuo  en  el 
territorio  de  un  Estado  extranjero  contrae  la  obligación  de  some- 
terse a  las  leyes  y  por  consiguiente  a  las  reglas  que  tiene  esta- 
blecidas para  la  administración  de  justicia.  Su  Señoría  parece 
creer  que  un  extranjero  que  recibe  agravios  en  su  persona  o  su 
propiedad  puede  prescindir  de  las  formas  establecidas  en  el  país 
de  su  residencia,  dirigirse  al  representante  de  su  nación  y  dar  causa 
en  todos  los  casos  a  una  discusión  diplomática.  Su  Señoría  parece 
creer  igualmente  que  si  un  extranjero  es  juzgado  por  los  Tribu- 
rales  del  país  de  su  residencia  y  condenado  o  absuelto  por  un 
3'uez  de  primera  instancia,  puede  conformarse  con  esa  sentencia,  es 
decir,  no  quejarse  al  superior  en  la  forma  prescripta  por  las  leyes, 
y  dirigirse  inmediatamente  al  representante  de  su  nación  para  que 
haga  de  juez  de  apelaciones  y  revoque  o  modifique  la  sentencia 
del  juez  que  lo  ha  agraviado.  .  .  Permita  S.  S.  al  infrascripto  que 
no  acepte  una  doctrina  que  sería  completamente  incompatible  con 
todo  orden  regular  y  con  lo  dispuesto  por  la  ley  fundamental  de 
la  República...  No  habiendo  querido  hacer  uso  (el  reclamante) 
de  los  derechos  que  le  garanten  las  leyes  del  país  para  obtener  el 
enderezamiento  de  los  agravios  que  supone  recibidos,  no  tiene  de- 
recho a  quejarse  de  otra  manera». 


140  HISTORIA     DEL    URUGUAY 


Los   reclamos   tontra   el    Brasil. 

Tales  fueron  los  reclamos  interpuestos  por  la  cancillería  brasi- 
leña durante  el  primer  año  de  la  administración  Berro.  En  general 
carecían  de  base  o  desconocían  la  independencia  del  Poder  Judicial 
y  la  índole  general  y  obligatoria  de  nuestra  legislación. 

Paralelamente  a  los  reclamos  brasileños  babían  corrido  algunos 
reclamos  de  nuestra  cancillería  con  motivo  de  violaciones  del  terri- 
torio por  una  partida  del  ejército  del  mariscal  Canavarro  que  se 
babía  internado  en  el  Departamento  de  Tacuarembó  en  jira  de  pro- 
paganda electoral,  llevando  su  osadía  el  oficial  que  la  mandaba 
i.asta  el  extremo  de  desafiar  al  Comisario  que  le  invitaba  a  entregar 
las  armas;  de  ataques  a  mano  armada  contra  el  agrimensor  don 
Martín  Pays  para  obstaculizar  la  mensura  de  un  campo,  reiterados 
contra  la  Policía,  sin  que  las  autoridades  brasileñas  dictaran  me- 
dida alguna  ante  las  denuncias  formuladas;  de  raptos  de  varios 
niños  radicados  en  el  Departamento  del  Salto  y  transportados  al 
ipercado  de  esclavos  de  Río  Grande,  y  del  abuso — cada  vez  más  acen- 
luado  entre  los  brasileños  de  los  departamentos  fronterizos — de  rea- 
lizar sus  matrimonios  y  bautizar  sus  hijos  orientales  en  el  Brasil, 
hecho  confesado  —  decía  nuestra  cancillería  —  hasta  por  el  propio 
Ministro  de  Negocios  Extranjeros  del  Imperio  en  esta  frase  de 
uno  de  los  discursos  pronunciados  desde  la  tribuna  del  Senado  en 
agosto  de  1860: 

«¡Es  conveniente  que  se  sepa  que  en  el  Estado  Oriental  existe 
una  gran  masa  de  hijos  de  brasileños  que  no  pudiendo  establecer 
su  domicilio  entre  noostros,  han  sido  bautizados  en  nuestras  pa- 
rroquias de  la  frontera  como  medio  de  adquirir  la  nacionalidad. 
Es  una  ventaja  para  nosotros  que  nos  permitirá  mejorar  la  suerte 
de  nuestros   connacionales.» 

A  los  reclamos  directos  de  la  cancillería  oriental  se  agregaban  con- 
linuamente  los  de  nuestra  Legación  en  Río  de  Janeiro,  casi  siempre 
por  rapto  de  niños  y  de  adultos  de  color  para  su  venta  en  el  Brasil. 

■Cansado  don  Andrés  Lamas  de  formular  denuncias  sin  ser  aten- 
didas, presentó  en  agosto  de  1860  a  la  cancillería  brasileña  una 
relación  de  los  reclamos  que  todavía  estaban  pendientes  de  reso- 
lución a  contar  simplemente  desde^  fines  de  1856,  porque  de  los  an- 
teriores ya  ni  intentaba  ocuparse.  He  aquí  un  resumen  de  esa 
relación: 

Invasión  de  brasileños  armados  a  Tacuarembó.  Incursión  de 
fuerzas    armadas   en    otras    partes    del    territorio    oriental.    Torturas 


GOBIEaiNO    DE   BE^IRO  141 


infligidas  a  dos  orientales  hasta  arrancarle  el  brazo  a  uno  de  ellos 
y  condenación  subsiguiente  a  ocho  años  de  presidio  sin  permitirse 
a  las  víctimas  que  interpusieran  el  recurso  de  apelación.  Saqueo 
de  una  estancia  por  brasileños.  Prisiones  arbitrarias  en  Río  Grande. 
Quince  reclamaciones  por  rapto  de  menores  de  color  sacados  del 
Uruguay  para  ser  vendidos  como  esclavos  en  Río  Grande,  entre 
las  cuales  figuraba  el  caso  de  una  madre  con  sus  siete  hi- 
jos! Veinte  reclamos  relativos  a  esclavización  de  personas  de 
color,  nacidas  en  territorio  oriental.  Seis  reclamos  por  servicio 
militar  impuesto  a  ciudadanos  orientales.  Tres  reclamos  exigiendo 
el  castigo  de  diversos  asesinos.  En  conjunto,  cincuenta  y  una  re- 
clamaciones pendientes,  decía  don  Andrés  Lamas,  «en  su  casi  tota- 
lidad desatendidas».  -f^ 

Comentando  la  actitud  de  la  cancillería  brasileña  al  multiplicar 
sus  reclamos  y  desatender  los  que  se  le  dirigían,  decía  el  doctor 
Acevedo  en  su  Memoria  de  1860: 

«La  Legación  Brasileña  acreditada  cerca  del  Gobierno  de  la  Re- 
pública ha  parecido  pretender  que  sus  nacionales  están  exentos  de 
las  eventualidades  a  que  están  sujetos  en  cualquier  país  nuevo 
todos  los  hombres  que  viven  aislados  de  la  sociedad  y  sin  más  ga- 
rantías a  veces  que  las  que  pueden  ellos  mismos  prestarse.  La  au- 
toridad en  tales  casos  no  sólo  es  impotente  para  impedir  ciertos 
delitos,  sino  que  encuentra  dificultades  hasta  para  castigarlos  debi- 
damente, atentas  las  imperfecciones  naturalísimas  de  toda  sociedad 
nueva  que  recién  se  está  organizando.  Si  hay  algo  que  admire  a 
los  extranjeros  imparciales  residentes  en  la  República,  es  que  con- 
tándose con  medios  tan  imperfectos  para  la  represión  de  los  delitos, 
sean  tan  pocos  los  que  se  cometen...  Entretanto  el  Brasil  que  no 
ha  tenido  por  fortuna  las  causas  de  atraso  que  nosotros,  el  Brasil 
que  goza  de  muchos  años  atrás  de  una  paz  inalterable,  no  está  a 
ese  respecto  más  adelantado  que  la  República.  Nuestro  ex  Ministro 
Plenipotenciario  en  la  Corte  del  Brasil  se  lamentaba  de  que  en 
tfoce  años  de  permanencia  en  aquella  Legación  no  había  logrado  el 
castigo  de  un  solo  crimen  de  los  muchos  de  que  habían  sido  vícti- 
mas en  aquella  época  los  ciudadanos  orientales  residentes  en  el  Bra- 
sil... Convenciéndose,  como  creo  que  ya  ha  sucedido,  los  estadistas 
brasileños  de  que  no  deben  exigirnos  lo  que  ellos  mismos  no  pueden 
darnos,  se  dejará  a  un  lado  una  causa  permanente  de  irritación 
y  malquerencia.  Por  nuestra  parte  haremos  siempre  como  lo  hemos 
hecho  hasta  aquí  cuanto  esté  a  nuestro  alcance  para  que  los  crí- 
menes no  queden  impunes,  sin   cuidarnos  nunca  de  la  nacionalidad 


142  HISTORIA     DEL     TRUGUAY 


ni  del  malhechor  ni  de  su  víctima.  Esa  justicia  la  hacen  todos  los 
hombres  sensatos,  sea  cual  fuere  su  origen  o  sus  afecciones  a  la 
actual  administración  de  la  República.» 

Disiiiimiyen    fuertemente    las    reclainjaciones   brasileñas. 

Antes  de  finalizar  el  primer  año  del  gobierno  de  Berro  quedaba 
suspendida  la  Legación  Oriental  en  Río  de  Janeiro,  y  justificando 
esa  medida  de  economía  decía  el  Presidente  en  su  mensaje  de  aper- 
tura de  las  sesiones  ordinarias  de  la  Asamblea  en  febrero  de  1861: 

«Las  cuestiones  pendientes  son  pocas  y  de  muy  fácil  arreglo  me- 
diante, como  es  de  esperarse,  buena  fe  y  lealtad  por  ambas  partes. 
Se  reducen  a  la  convención  celebrada  sobre  perjuicios  de  guerra 
Que  fué  rechazada  por  la  Honorable  Cámara  de  Senadores  en  el 
período  anterior,  al  arreglo  de  la  deuda  que  reconocemos  al  Brasil 
y  a  las  recíprocas  reclamaciones  sobre  agravios  recibidos  por  orien- 
tales y  brasileños  en  sus  personas  o  en  sus  propiedades.  El  Brasil 
en  presencia  de  las  estipulaciones  del  tratado  sobre  préstamos  entre 
la  República  y  el  Imperio,  no  puede  empeñarse  en  sostener  que 
quede  indefinidamente  abierto  el  expediente  de  la  Deuda  Pública, 
ni  puede  desconocer  que  las  condiciones  acordadas  por  circuns- 
tancias especialísimas  y  que  no  pueden  repetirse  a  la  Inglaterra 
y  a  la  Francia,  no  deben  ni  pueden  servir  de  antecedente  para 
otros  casos.» 

En  todo  el  curso  del  año  1861  sólo  alcanzó  notoriedad  un  re- 
clamo de  la  Legación  Brasileña  sobre  atropello  a  un  estanciero  del 
Departamento  de  Maldonado,  que  la  cancillería  contestó  en  el  acto 
anunciando  que  el  Jefe  Político  se  había  puesto  personalmente  en 
marcha  para  averiguar  el  hecho  y  proceder  en  la  forma  que  fuera 
necesario. 

El  Poder  Ejecutivo  resolvió  en  1862  reinstalar  la  Legación  y  al 
aconsejar  que  le  fuera  acordada  la  venia,  decía  la  Comisión  infor- 
mante: 

«Es  notorio,  porque  es  del  dominio  de  los  señores  representantes 
y  así  lo  manifestó  el  Ministro  de  Relaciones  Exteriores  a  la  Co- 
misión especial,  que  diariamente  se  presenta  el  Encargado  de  Ne- 
gocios del  Brasil  con  reclamaciones  al  Gobierno  Oriental.  A  su  vez 
el  Gobierno  tiene  por  sus  delegados  políticos  en  los  departamentos 
fronterizos  avisos  frecuentes  de  hechos  que  pasan  en  la  frontera.» 

Eso  decía  la  Comisión  para  no  revelar  las  razones  de  política  in- 
ternacional  que   obligaban   a  reinstalar  la  Legación   en  Río  de  Ja- 


GOBIERNO     DE     BERRO  143 


neiro  y  la  Asunción,  porque  es  lo  cierto  que  las  reclamaciones  por 
atropellos   habían   desaparecido  casi   del   todo. 

Apenas  se  destaca  en  el  trascurso  de  1863  un  reclamo  del  Vice- 
cónsul de  iPaysandú  contra  el  arresto  de  un  oficial  brasileño  del 
ejírcito  de  Flores,  que  el  coronel  Leandro  Gómez  fundó  diciendo 
que  el  arrestado  contaba  dos  entradas  en  la  cárcel  como  ladrón 
cuatrero  convicto  y  confeso  y  que  en  la  víspera  de  su  arresto  había 
escrito  a  su  hermano  instigándole  a  que  degollara  a  un  servidor  del 
Gobierno. 

Ya  en  esa  época  estaba  conflagrada  toda  la  campaña,  y  los  cua- 
treros brasileños  hacían  importantes  incursiones  al  territorio  orien- 
tal  para  llevarse  todos  los  ganados  que  podían. 

Nuestra  cancillería  cansada  de  denunciar  robos  amparados  por 
las  autoridades  fronterizas,  propuso  a  la  de  Río  de  Janeiro  una 
reglamentación  salvadora.  Todo  exportador  de  tropas  debería  llevar 
un  certificado  del  vendedor  visado  por  la  autoridad  local  más  pró- 
xima, quedando  facultadas  las  autoridades  brasileñas  en  caso  de 
no  exhibirse  el  documento  o  de  existir  dudas  acerca  de  su  auten- 
ticidad para  embargar  los  ganados  y  proceder  a  su  venta  inme- 
diata, depositándose  su  importe  a  la  orden  del  que  justificara 
sus  derechos  de  propiedad.  La  cancillería  brasileña  no  contestó  y 
la  Legación  reiteró  su  nota  apremiada  por  la  multiplicidad  de  las 
denuncias  de  saqueos  que  seguía  recibiendo,  pero  con  el  mismo  re- 
sultado negativo,  sin  conseguir  arrancar  de  su  silencio  a  la  can- 
cillería   imperial! 

Por  ese  lado,  pues,  no  podía  encontrar  pretextos  el  Imperio  para 
intervenir  a  favor   de  la  revolución   de  Flores. 

¿Habría  otros  motivos  de  agravio?  ¿Los  tratados? 

Tres  tratados  con  el  Brasil  alcanzó  a  planear  la  administración 
Fereira:  el  de  comercio,  el  de  permuta  de  territorios  y  el  de  neu- 
tralización  de    la   República. 

El  de  comercio  estaba  ya  ratificado  y  en  plena  ejecución  al  tiempo 
de  subir   don  Bernardo  P.   Berro  a   la  presidencia  de  la   República. 

Pero  los   otros   dos   proseguían    aún   sus   trámites    parlamentarios. 

El  tiíatado  de  permuta. 

En  marzo  de  1860  entró  a  figurar  nuevamente  en  la  orden  del 
día  del   Senado  el   tratado  de   permuta  de   territorios,   ya   rechazado 


144  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


en    1858    y    vuelto    a    estudiar    entonces    a    pedido    del    Gobierno    de 
Pereira  que  no  se  conformaba  con  la  resolución  adoptada. 

Era  enteramente  desfavorable  el  nuevo  dictamen  de  la  Comisión 
de   Legislación. 

«La  Comisión  —  decía  —  ba  reconocido  la  trascendental  impor- 
tancia que  un  pacto  internacional  de  esa  clase  podía  traer  en  el 
futuro,  y  ha  juzgado  que  para  salvar  el  principio  de  la  integridad 
del  territorio  nacional  tan  menoscabado  por  el  tratado  de  límites 
ce  1851,  la  República  debía  adoptar  como  base  indeclinable  de  su 
política  internacional,  la  no  alteración  de  la  actual  línea  de  fron- 
tera con  el  Brasil,  para  no  establecer  un  precedente  que  diera  pre- 
texto para  alteraciones  posteriores...  Tratándose  precisamente  de 
un  Estado  limítrofe  que  ha  dado  repetidas  pruebas  de  que  sólo  es- 
pera circunstancias  angustiosas  para  la  República  para  entonces 
apropiarse  grandes  zonas  de  nuestro  territorio  nacional,  sería  lo 
más  peligroso  para  nuestra  propia  seguridad  establecer  tratados 
de  cesión  de  territorios  bajo  el  pretexto  de  permuta  o  cualquier 
otro  que  después  servirían  de  precedente  para  negociar  otros  y 
otros  en  circunstancias  adecuadas  para  su  logro.  El  único  ante- 
mural que  debe  oponerse  en  este  grave  peligro,  es  establecer  en  la 
ct)nciencia  pública,  en  el  corazón  de  la  Nación,  que  ella  tiene  por 
principio  de  su  política  no  ceder  nunca  por  nada  ni  por  nadie  un 
solo  palmo  de  su  territorio,  para  que  así  el  sentimiento  nacional 
condene  como  una  traición  a  la  patria  la  negociación  de  esa  es- 
pecie. . .  La  regularización  de  la  línea  de  frontera  sería  para  el 
Gobierno  Imperial  una  nueva  fuente  de  adquisiciones  territoriales 
en  nuestra  frontera,  •  ctmo  ya  lo  fué  el  utí  possidetis,  con  motivo 
del  tratado  de  1851,  en  que  se  reconoció  como  poseído  por  el  Imperio 
lo  que  nunca  había  poseído  porque  era  parte  del  territorio  de  la 
República.» 

El  gobierno  de  Berro,  que  recién  se  estrenaba,  pasó  en  el  acto 
un  mensaje  al  Senado  solicitando  el  aplazamiento  del  asunto  a  fin 
de  proceder  a  su  estudio.  Y  pocas  semanas  después  pedía  el  retiro 
definitivo  del  tratado,  alegando  que  no  lo  consideraba  aceptable,  y 
el  Senado  así  lo  resolvía  en  los  términos  que  demuestra  esta  mi- 
nuta de  comunicación  sancionada  en  marzo  de  1861- 

«El  Poder  Ejecutivo  al  establecer  en  dicha  nota  que  no  con- 
sidera aceptable  ese  proyecto  de  tratado  viene  a  confirmar  el  jui- 
cio que  en  tal  concepto  había  formado  la  Cámara  de  Senadores  y 
que  fué  la  causa  por  que  sancionó  su  desechamiento  desde  la  pri- 
mera discusión.  Pero  como  circunstancias  posteriores  han  venido  a 


GOBIERNO    DE    HEKKO  145 


demostrar  la  inconveniencia  del  tratado  de  permuta  y  hasta  hacer 
imposible  bU  aceptación,  sobre  todo  desde  que  se  ha  pretendido 
hacer  valer  su  aprobación  como  una  condición  impuesta  para  la 
-ejecución  de  otros  tratados,  la  Cámara  de  Senadores  accede  al  retiro 
simple  de  los  antecedentes  de  dicho  asunto  que  pide  el  Poder  Eje- 
cutivo». 

Como  consecuencia  de  ello  la  villa  de  Santa  Anna  no  constituyó 
su  ejido  en  territorio  oriental  y  el  Imperio  se  quedó  con  el  Rincón 
de  Artigas   que   había   ofrecido   en   permuta  al   gobierno   de   Pereira. 

Los  tratados  de  neutralización. 

Pocas  semanas  después  abordaba  el  Senado  el  estudio  del  tra- 
tado de  neutralización  suscrito  en  1859  por  los  plenipotenciarios 
del  Uruguay,  Brasil  y  Argentina  y  el  proyecto  complementario  que 
autorizaba  a  garantizar  la  neutralización  del  territorio  uruguayo 
por  Inglaterra.  Francia,  España,  Estados  Unidos  y  otros  países,  ya 
sancionado  este  último  por  la  Cámara  de  Diputados,  y  desprovisto 
de  toda  sanción  el  otro. 

Refiriéndose  al  primero,  decía  el  doctor  Ambrosio  Velazco,  miem- 
Jjro  de  la  Comisión  de  Legislación: 

Ese  tratado  contiene  limitaciones  a  la  soberanía  que  se  hacen  de- 
rivar de  la  Convención  de  1828  en  que  la  República  no  tomó  parte. 
Nuestra  soberanía  es  plena  y  no  podemos  ni  debemos  aceptarla  con 
limitaciones.  La  República  puede  declarar  su  neutralidad  por  sí 
misma,  sin  abdicar  de  su  soberanía.  El  tratado  somete  al  Uruguay 
2  un  pupilaje  perpetuo.  Existe  un  positivo  peligro  en  entrar  con 
los  países  vecinos  en  convenciones  que  alteren  la  condición  de 
nuestra  absoluta  independencia,  promoviendo  con  ello  otro  fac- 
tor de  disturbios  civiles  que  no  dejarían  de  utilizar  algunos  de 
esos  mismos  vecinos.  No  se  pide  a  las  grandes  potencias  que  ga- 
ranticen nuestra  independencia  absoluta,  sino  nuestra  independencia 
limitada.  Se  declaran  los  países  limítrofes  obligados  a  defender 
nuestra  independencia,  pero  ellos  se  reservan  decir  cuándo  inter- 
vendrán, pudiendo  ocurrir  entonces  que  no  quieran  intervenir  cuando 
la  República  lo  juzgue  necesario,  o  que  intervengan  contra  el  voto 
expreso  de  la  República.  El  país  no  actúa  para  nada.  Son  sus  li- 
mítrofes los  de  la  iniciativa,  sin  que  podamos  pensar  en  el  re- 
curso del  arbitraje  desde  que  el  Brasil  y  la  Argentina  se  han  re- 
husado  expresamente   a   incorporarlo   al   tratado. 

Puesto  el  tratado  a  votación,    se    pronunciaron   nueve   senadores 
por  el  rechazo  y  uno  por  la  aceptación. 
10  -V 


146  HISTORIA    DEL    UKITGUAY 


El  proyecto  complementarlo  del  doctor  Joanicó  que  autorizaba  a 
gestionar  la  garantía  de  las  grandes  potencias,  fué  rechazado  tam- 
bién a  mérito  de  las  mismas  razones  invocadas  por  el  doctor  Ve- 
•Jazco   contra   §1    tratado   de   neutralización. 

La  liquidación  de  la  deuda  por  perjuicios  de  guerra. 

Otra  grave  cuenta  de  la  administración  Pereiía  tenía  que  li- 
quidar el  gobierno  de  Berro:  la  relativa  al  establecimiento  de  una 
Comisión  mixta  para  el  arreglo  de  los  créditos  provenientes  de 
perjuicios  de  la  Guerra  Grande,  solicitada  a  la  Legación  Orien- 
tal en  Río  de  Janeiro  apenas  conocido  el  buen  éxito  de  las  ges- 
tiones de  la  Inglaterra  y  de  la  Francia,  prometida  luego  por  nues- 
tra cancillería  y  acordada  finalmente  en  un  protocolo  suscripto 
en  1858  por  el  Ministro  Carreras  y  el  Ministro  Amaral,  según  el  cual 
!os  perjuicios  sufridos  por  los  subditos  brasileños  durante  la  Gue- 
ira  Grande  serían  resueltos  en  cuanto  a  su  justificación  y  a  su 
monto  por  una  comisión  que  nombrarían  el  Gobierno  Oriental  y  el 
GjSbierno  Brasileño. 

El  protocolo  quedó  encarpetado  en  la  Cámara  de  Senadores  hasta 
mediados  de  1860,  en  que  fué  informado  desfavorablemente  por  la 
Comisión   de  Legislación. 

El  tratado  de  préstamos  de  1851  —  decía  la  Comisión  en  su  in- 
forme —  estableció  la  forma  general  de  liquidación  y  consolida- 
ción de  la  deuda  del  Uruguay  en  términos  que  son  tan  obligatorios 
para  el  Gobierno  Brasileño  como  para  el  nuestro.  La  ley  de  julio 
de  1853  sobre  perjuicios  de  guerra  fué  dictada  con  el  fin  de  re- 
glamentar la  liquidación  general  de  la  deuda  y  de  acuerdo  con  el 
tratado  con  el  Brasil.  Pacticada,  pues,  la  liquidación  ordenada  por 
esa  ley  y  por  el  tratado,  no  puede  el  Brasil  pretender  que  se  abra 
en  su  beneficio  una  nueva  liquidación.  La  concesión  especial  que 
la  ley  de  1855  otorgó  a  Francia  e  Inglaterra  es  posterior  al  tratado 
y  no  puede  ser  invocada  por  el  Brasil.  Y  la  promesa  hecha  por  el 
Ministro  Lamas  al  gabinete  imperial  de  que  se  le  acordaría  esa 
concesión    no    puede    producir    oliligaciones    internacionales. 

Tan  convincentes  eran  estas  razones,  que  el  Senado  no  vaciló 
en  votar  el  rechazo  del  convenio  de  acuerdo  con  el  dictamen  de  su 
Comisión  de  Legislación.  Los  reclamos  franco-ingleses  —  decía 
el  doctor  Velazco  : —  han  resultado  intolerables.  Pero  mucho  más 
tendrían  que  serle  los  de  los  brasileños,  si  se  considera  que  ellos 
(xpLotan   una  considerable  superficie   de   nuestro   territorio. 


GOHIKKNO     l)K    HERRÓ  !47 


La  Legación  Brasileña  al  acusar  recibo  de  la  nota  en  que  el 
Poder  Ejecutivo  le  comunicaba  el  rechazo,  contestó  que  el  proto- 
colo fíe  había  firmado  como  consecuencia  de  la  protesta  del  Bra- 
sil contra  la  ley  disolutoria  de  la  Comisión  de  perjuicios  de  guerra, 
y   que   la  actitud   del   Senado  hacía'  revivir   la   protesta. 

Ocupándose  de  esa  protesta  volvió  a  decir  la  cancillería  oriental 
en  su  Memoria  de  1861,  que  la  exigencia  del  Imperio  estaba  en 
pugna  con  los  tratados  de  1851;  que  la  ley  de  perjuicios  de  guerra 
había  sido  dictada  espontáneamente  por  las  Cámaras;  que  circuns- 
tancias especiales  que  no  podían  repetirse,  habían  forzado  al  Uru- 
guay a  otorgar  concesiones  especiales  a  Francia  e  Inglaterra,  y 
que  puesto  que  el  protocolo  con  el  Brasil  sólo  podía  adquirir  va- 
lidez con  la  ratificación  legislativa,  no  habiéndose  ésta  producido, 
debía  darse  por  terminado  el  incidente.  Entendía,  sin  embargo, 
la  cancillería  que  para  solucionar  ese  y  otros  asuntos  convenía  des- 
pachar   una   misión    especial    a   Río   de    Janeiro. 

Llevando  adelante  su  programa,  pidió  explicaciones  la  Legación 
Brasileña  acerca  del  cumplimiento  de  la  cláusula  del  tratado  de 
préstamos  que  establecía  que  luego  de  desembarazadas  las  rentas 
generales  y  especialmente  la  de  Aduana  de  los  empeños  que  las 
gravaban,  quedarían  todas  ellas  hipotecadas  al  pago  de  los  prés- 
tamos brasileños. 

Esos  empeños  anteriores  —  respondió  la  cancillería  oriental  — 
subsisten  todavía.  El  Gobierno  se  propone  actualmente  arribar  a 
la  liquidación  general  de  la  deuda,  y  el  Brasil  «que  ha  trillado 
1;;  misma  senda  como  todas  las  demás  naciones;  que  a  pesar  de 
su  poder  y  de  sus  vastos  recursos  tiene  todavía  aplazado  indefi- 
nidamente el  pago  de  su  deuda  anterior  a  1827  y  una  gran  parte 
de  su  deuda  interna,  sal)e  por  experiencia  propia  cuan  difíciles 
y  morosas  son  naturalmente  estas  operaciones  y  debe  sorprenderse 
más  bien  de  que  haya  sido  acometida  por  un  gobierno  que  cuenta 
apenas  seis  meses  de  existencia,  en  lo  cual  trae  seguramente  la  más 
positiva  garantía  del  interés  que  le  inspiran  sus  acreedores  legí- 
timos». 

Insistió  la  Legación  en  recabar  informes  más  precisos  y  enton- 
eles la  cancillería  reprodujo  una  nota  del  Ministerio  de  Hacienda 
con   les   datos   que   subsiguen: 

Están  pendientes  y  son  anteriores  a  los  préstamos  brasileños: 
un  crédito  de  los  compradores  de  la  renta  aduanera  de  1849  y 
1850  con  saldo  de  120,000  pesos  amén  de  gruesas  sumas  de  inte- 
reses;   los   créditos   de   los     señores   Maines,     por   200,000     pesos;    el 


148  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


crédito  del  señor  Gounouilliou,  por  un  millón  de  pesos;  el  crédito 
de  los  señores  Costa  Hnos.,  por  un  millón  de  pesos,  cuyo  monto 
Liuedaría  cuadruplicado  si  hubiera  que  liquidarlo  sobre  las  bases 
del  convenio  que  el  Gobierno  Oriental  celebró  con  el  Brasileño;  el 
crédito  de  Antonini  por  300,000  pesos;  la  deuda  inglesa  contraída 
durante  la  intervención  con  capital  de  300,000  pesos,  y  la  francesa 
con   monto   de  1.200,000. 

«Y  gran  cantidad  de  letras,  vales  y  papeles  provisorios  girados 
sobre  ella  (la  renta  aduanera) ;  papeles  que  todavía  están  en  li- 
quidación, por  cuyo  motivo  no  puede  conocerse  exactamente  su 
importe  pero  que  no  bajarán  de  tres  a  cuatro  millones.  Sabido  es 
que  el  Gobierno  durante  la  larga  guerra  civil  que  devoró  la  for- 
tuna pública  y  las  particulares,  vendía  anticipadamente  a  vilísimo 
precio  la  renta  de  Aduana,  reservándose  una  cuarta  parte  de  ella, 
sobre  la  cual  hacía  sus  giros  y  libramientos,  gastando  como  era 
consiguiente  una  suma  diez  veces  mayor  que  la  que  obtenía  de 
las  rentas,  motivo  por  el  cual  los  compradores  de  un  año  retenían 
para  el  siguiente  o  para  los  siguientes  la  posesión  y  administración 
de  la  Aduana  y  sus  entradas  hasta  reembolsar  el  capital  adelan- 
tado sobre  ella.  Así  es  que  cuando  se  celebraron  los  tratados  de 
1851  estaban  todavía  por  cobrarse  los  compradores  de  la  renta  de 
Aduana  de  1848,  1849,  1850  y  1851,  y  por  satisfacerse  los  milla- 
res de  libramientos  hechos  sobre  la  cuarta  parte  que  el  Gobierno 
se  había  reservado  en  los  remates.  Una  cosa  tan  pública,  tan  no- 
toria como  esta  y  que  pasaba  a  la  vista  de  la  Legación  Brasileña, 
no  podía  ser  ignorada  por  el  Gobierno  Imperial  ni  por  los  nego- 
ciadores del  tratado  de  préstamos  de  1851.  Debe  creerse,  pues,  que 
con  el  más  pleno  conocimiento  de  la  situación  financiera  del  Go- 
bierno de  Montevideo  y  de  los  empeños  especiales  de  la  renta  de 
Aduana,  fué  estipulada  la  obligación  impuesta  a  la  República  de 
satisfacer  la  deuda  brasileña  cuando  la  dicha  renta  quedara  libre 
de  compromisos  anteriores,  para  lo  cual  es  evidente  que  se  ne- 
cesitan muchos  años». 

Poco  después  procedía  el  Poder  Ejecutivo,  de  conformidad  a  la 
ley  de  1860,  al  nombramiento  de  la  Comisión  encargada  de  cla- 
sificar y  liquidar  los  créditos  contra  el  Estado,  dando  pretexto  coa 
ello   a   una   nueva   protesta   de   la   Legación    Brasileña. 

Trátase  —  decía  la  Legación  —  de  una  ley  opuesta  a  los  ajus- 
tes existentes,  de  una  ley  que  se  ha  dictado  «sin  previa  audiencia 
del  Gobierno  Imperial».  La  Junta  de  Crédito  Público  fué  creada 
en  virtud  de  un  convenio  diplomático,  y  para  dejarla  sin  efecto  se 


GOBIERNO    DE    BERRO  149 


requiere  el  acuerdo  de  ambos  países.  La  nueva  ley  declara,  por 
otra  parte,  prescriptos  los  documentos  de  crédito  contra  el  Es- 
tado anteriores  a  1852  que  no  fueron  presentados  a  la  Junta  de 
Crédito  para  su  clasificación  y  liquidación,  y  esto  desconoce  «el 
incontestable  derecho  de  protección  fundado  en  los  deberes  del 
Gobierno  Imperial».  Si  ha  habido  demora  en  los  reclamos  es  por 
efecto  de  causas  superiores  a  la  voluntad  de  los  reclamantes. 

«La  Nación  Oriental  del  Uruguay  —  contestó  el  Ministro  doctor 
Acevedo  —  al  dictar  esa  ley  por  el  órgano  de  sus  legítimos  re- 
presentantes, no  hizo  más  que  usar  del  derecho  que  tienen  todas 
las  naciones  libres  y  de  que  han  usado  todas  las  naciones  civili- 
zadas del  vi^jo  y  nuevo  mundo.  Desconocer  el  derecho  con  que  una 
nación  establece  el  plazo  dentro  del  cual  se  presentarán  las  re- 
damaciones que  hayan  de  hacerse  contra  ella,  aplicando  la  pena 
de  prescripción  a  los  que  no  hayan  hecho  uso  de  sus  derechos 
dentro  de  los  plazos  fijados,  es  desccnccer  uno  de  los  principales 
atributos  de  la  soberanía  y  de  la  independencia.  S.  S.  parece  pre- 
tender que  por  la  convención  de  12  de  octubre  de  1851  quedó  el 
Gobierno  de  la  República  bajo  la  dependencia  del  Brasil  e  inha- 
bilitado por  consiguiente  para  adoptar  cualquier  medida  sobre  la 
hacienda  pública  sin  previa  autorización  del  Brasil.  Sería  absurda 
semejante  conclusión.  Si  S.  S.  hubiese  procurado  algún  medio 
para  hacer  odiosos  los  tratados  de  1851,  no  encontraría  ninguno 
más   propio   que   semejante   pretensión». 

Otra  nota  más  pasó  la  Legación  con  ocasión  del  mensaje  pre- 
sidencial de  apertura  de  las  sesiones  ordinarias  de  la  Asamblea 
en    1862. 

«Las  dificultades  que  se  suscitaron  con  motivo  del  tratado  de 
permuta  —  decía  en  ese  mensaje  el  Presidente  Berro  —  han  que- 
dado allanadas,  habiendo  ordenado  el  Gobierno  de  la  República  y 
el  del  Imperio  la  ocupación  de  los  terrenos  respectivos  propuestos 
para  la  permuta. . .  De  conformidad  con  lo  estipulado  en  el  tra- 
tado de  comercio  y  navegación  de  12  de  octubre  de  1851,  acordé 
(lue  se  hiciera  a  la  otra  parte  contratante  la  notificación  con- 
venida, declarando  terminadas  a  la  expiración  del  plazo  fijado  en 
ti  tratado  las  exenciones  para  la  exportación  libre  de  todo  de- 
recho del  ganado  en  pie  del  Estado  Oriental  para  la  Provincia  de 
Río  Grande...  Redúcense  las  cuestiones  pendientes  con  el  Brasil 
a  la  convención  sobre  perjuicios  de  guerra  que  fué  dése  -'lala  por 
la  Honorable  Cámara  de  Senadores,  al  arreglo  üe  la  deuda  nue 
reconocemos    al    Brasil    y    a    algunas    reclamaciones    sobre    agravios 


150  HISTORIA     DEL     UBUGUAY 


recibidos  por  orientales  o  brasileños  en  sus  personas  y  propiedades, 
habiendo  quedado  resueltos  algunos  de  estos  últimos  haciéndolo 
recíproca  justicia  ambos  Gobiernos.  Insisto  en  manifestares  que 
el  Brasil,  en  presencia  de  las  estipulaciones  del  tratado  de  prés- 
tamos entre  la  República  y  el  Imperio,  no  puede  empeñaise  en 
bostener  que  quede  indefinidamente  abierto  el  expediente  de  la 
deuda  pública,  ni  desconocer  que  las  concesiones  acordadas  por 
circunstancias  especiales  a  la  Inglaterra  y  a  la  Francia  no  de- 
ben considerarse  como  antecedentes  para  otros  casos.  Por  lo  que 
respecta  a  la  deuda,  ella  será  arreglada  con  la  misma  buena  fe 
con   que    he   arreglado   con    otros    acreedores   del    Estado». 

Pedía  la  Legación  a  la  cancillería  oriental  que  dijera  si  los 
reclamos  por  perjuicios  de  guerra  de  sus  nacionales  serían  sa- 
tisfechos y  atendidos  en  la  misma  forma  que  los  de  la  nación  más 
favorecida. 

Los  brasileños  —  contestó  la  cancillería  oriental  —  como  los 
demás  habitantes  del  Estado,  obtuvieron  por  la  ley  de  julio  de 
1853  el  reconocimiento  de  los  perjuicios  de  guerra.  No  se  les  ha 
negado,  pues,  ese  derecho.  Lo  que  se  les  niega  es  la  apertura  de 
un  nuevo  plazo  después  de  cerrado  el  monto  de  la  deuda.  La  con- 
cesión otorgada  a  Francia  e  Inglaterra  no  puede  servir  de  pre- 
cedente. El  Gobierno  actual  no  la  habría  otorgado.  Si  ahora  se 
abriese  de  nuevo  la  puerta  para  los  brasileños,  habría  que  abrirla 
para  los  españoles,  para  los  italianos,  etc.  «El  Presidente  de  la 
República  está  irrevocablemente  dispuesto  a  no  prestarse  a  nuevas 
concesiones  sobre  perjuicios  de  guerra,  sean  cuales  fueren  las 
circunstancias  que  sobrevengan». 

AmenazHvS  a  que  da  lugar  la  actitud  del  gobierno  de  Beri-o. 

Véase  lo  que  decía  a  mediados  de  1860  el  doctor  Párannos  en  la 
Cámara  de  Diputados  del  Brasil,  contestando  uno  de  los  discursos 
relativos   al  mensaje   de  la  Corona: 

«Si  el  noble  diputado  quiere  decir  que  debemos  sacrificar  nues- 
tros intereses,  nuestra  paz,  nuestra  prosperidad  al  bienestaír  y 
prosperidad  de  nuestros  vecinos,  ninguno  dejará  de  concordar  con 
el  noble  diputado.  ¿Mas  quién  es  el  que  ha  sostenido  entre  nos- 
otros semejante  política?...  El  Gobierno  Impenial  interviniendo 
alguna  vez  lo  ha  hecho  por  intereses  esenciales  del  Imperio...  Si 
el  noble  diputado  quiere  examinar  con  la  imparcialidad  de  que 
es    capaz    la    intervención    del    Imperio,    los    auxilios    prestados    por 


GOBIERNO    UE    BERRO  lÓI 


nuestro    Gobierno,    verá   que   esos    actos    fueron   aconsejados    por   po- 
derosos   motivos,    por    interese.-;    indeclinables    de    nuestro    país.» 

¡El  interés  del  Imperio!  Tal  era,  efectivamente,  la  primera  idea 
directriz  de  la  diplomacia  brasileña,  y  naturalmente  la  única  que 
se  confesaba.  La  segunda,  que  constituía  su  complemento,  —  la  ab- 
sorción del  territorio  uruguayo,  —  esa  estaba  en  el  fondo  de  todos 
los  planes,  pero  no  se  publicaba  por  temor  a  las  complicaciones 
que  inevitablemente  tenía   que   producir. 

Dos  meses  más  tarde,  refiriéndose  a  protestas  del  barón  de  Mauá 
contra  el  rechazo  del  protocolo  relativo  al  establecimiento  de  la 
Comisión  mixta,  decía  ante  el  Parlamento  Brasileño  el  Ministro 
Sinimbú: 

«Es  una  nueva  manifestación  de  hostilidad  contra  el  Brasil,  pero 
esté  cierto  mi  noble  amigo  (Mauá)  que  esto  no  traerá  perjuicio 
a  los  brasileños;  tenemos  la  promesa  solemne  del  Gobierno  Orien- 
tal de  que  los  brasileños  han  de  ser  puestos  en  las  más  favorables 
condiciones  que  fueron  concedidas  a  los  franceses  e  ingleses  que 
sufrieron  depredaciones  durante  la  guerra  civil...  Si  el  Gobierno 
no  cumple,  nosotros  procuraremos  hacerlo  cumplir,  porque  son  de 
aquellas    cosas    en    que    una    intervención    está    muy    justificada.» 

¡Hasta  de  declaración  de  guerra  al  Uruguay  llegó  a  hablarse  en 
el  Brasil!  Uno  de  los  órganos  de  la  prensa  fluminense,  «Diario  do 
Río  Janeiro»,  reaccionando  contra  otro  artículo  en  que  había  dicho 
que  el  Brasil  «estaba  exhausto  de  recursos  para  entrar  en  lucha 
centra  el  Estado  Oriental»,  exclamaba  en  agosto  de  1860  haciendo 
coro    a    los    exaltados: 

«Podemos  y  debemos  hacer  la  guerra  al  Estado  Oriental,  cuando 
y  como  la  quiera,  visto  que  la  desea  y  la  provoca  por  todos  los  me- 
dios.» 

El  «Jornal  do  Commercio»  refutó  ese  artículo  y  dijo  que  «Diario 
do  Rio  Janeiro»  quería  la  guerra.  A  su  turno  el  Presidente  del 
Consejo  de  Ministros  contestando  una  interpelación  del  Senado 
declaró  que  se  trataba  de  un  órgano  de  oposición,  agregando  que 
no  había  desinteligencia  seria  oue  justificase  tales  apreciaciones. 
Pero  las  apreciaciones  estaban  en  el  ambiente  y  del  ambiente  las 
recogía   «Diario   do   Rio  Janeiro». 

La  actitud  del  Gobierno  Oriental  —  decía  en  junio  de  1861  la 
Legación  Brasileña  —  comentando  una  de  las  notas  de  nuestra  can- 
cillería relativa  a  perjuicio.^  de  guerra  —  trae  «una  alternativa  en 
que  la  elección  ha  de  hacer  pesar  sobre  una  de  las  dos  partes  inte- 
í-esadas    la     responsabilidad    de   graves    covrplicacio7ics    que   ambas 


152  HISTORIA    DEL    XIBUGUAT 

deben  esforzarse  por  evitar».  Una  parte  de  las  reclamaciones  por 
perjuicios  de  guerra  pertenecientes  a  brasileños  quedó  liquidada  y 
feu  importe  fué  reconocido  en  pólizas  que  luego  se  depreciaron  y 
que  parcialmente  entraron  en  la  conversión  pactada  con  el  Ban:o 
Mauá.  Otras  de  las  reclamaciones  brasileñas  no  fueron  liquidadas 
n  no  entraron  en  la  conversión  Mauá,  y  son  esas  reclamaciones  las 
que  deben  ser  sometidas  al  fallo  de  la  Comisión  mixta.  El  pro- 
yecto de  Comisión  mixta  ha  sido,  entretanto,  rechazado  por  el  Se- 
nado, y  el  Gobierno  Oriental  parece  irrevocablemente  dispuesto  a 
no  prestarse  a  nuevas  convenciones  sobre  perjuicios  de  guerra, 
?ea''n  cuales  fueran  las  circunstancias   que  sobrevengan. 

Si  esas  resoluciones  prevalecieran  —  concluía  la  nota  que  ex- 
tractamos del  Relatorio  de  1862  —  quedarían  prescriptas  las  recla- 
maciones brasileñas.  Pero  el  Gobierno  Imperial  no  puede  aceptar 
■que  sus  connacionales   queden  privados  de  sus   derechos. 

Tales  eran  las  amenazas  de  la  cancillería  y  de  la  Legación.  Para 
darse  cuenta  de  su  absoluta  injusticia  bastará  recordar  que  pot 
uno  de  aquellos  célebres  tratados  de  1851  que  el  Brasil  arrancó  al 
Uruguay  en  días  de  grandes  apremios  y  bajo  la  acción  de  la 
fuerza,  se  establecía  expresamente  que  el  Gobierno  Oriental  decla- 
raría en  liquidación  todas  sus  deudas  el  1.°  de  enero  de  1852;  que 
i.ombraría  una  Junta  de  Crédito  Público  encargada  de  practicar 
fcu  liquidación  y  clasificación;  que  convertiría  los  créditos  recono- 
cidos en  títulos  de  deuda  consolidada;  que  cerraría  la  contabilidad 
una  vez  terminada  la  liquidación  y  clasificación,  y  que  fijaría  un 
plazo  determinado  para  la  presentación  de  todos  los  documentos 
justificativos. 

El  Uruguay  cumplió  las  estipulaciones  del  tratado,  estableciendo 
la  Junta  de  Crédito  Público,  llamando  a  todos  los  acreedores  y 
fijando  un  plazo  para  la  presentación  de  todos  los  documentos 
justificativos.  Después  del  tratado  y  sin  que  mediara  ninguna  esti- 
pulación internacional,  la  Asamblea  resolvió  reconocer  e  indemnizar 
los  perjuicios  de  guerra  y  acordar  a  los  Gobiernos  de  Inglaterra 
y  de  Francia  el  privilegio  de  que  los  reclamos  de  sus. connacionales 
fueran  resueltos  por  una  Comisión  mixta,  sin  extender  ese  mons- 
truoso privilegio  al  Brasil  como  tenía  el  perfecto  derecho  de  ha- 
cerlo. 

Al  protestar  contra  el  rechazo  del  Senado  alzábase,  pues,  el  Go- 
bierno Imperial  contra  sus  propios  resortes  de  presión  de  1851 
que  habían  obligado  al  Uruguay  a  fijar  plazos  para  la  liquidación 
6e  su  deuda  y  presentación  de  los  documentos  justificativos,  plazos 


GOBIEKXO    DE    PERRO  153 


vencidos  como  que  hasta  la  misma  Junta  de  Crédito  Público  es- 
taba disuelta,  y  alzábase  a  la  vez  contra  la  ley  de  perjuicios  de 
guerra,  cuyos  plazos  igualmente  vencidos  debían  reabrirse,  en  sa 
concepto,  para  que  los  brasileños  omisos  tuvieran  oportunidad  de 
presentar   reclamos  ya  irrevocablemente   prescriptos. 

La  cancillería  brasileña,  que  en  forma  tan  exigente  asumía  la 
defensa  de  esos  acreedores  omisos,  dejaba,  en  cambio,  apolillar  en 
sus  archivos  los  más  incontestables  reclamos  uruguayos.  En  18G1 
pasó  don  Andrés  Lamas  al  marqués  de  Abrantes  una  nota  en  que 
citaba  como  ejemplos  de  desatención  estos  tres  casos  de  conside- 
rable   antigüedad: 

El  empréstito  forzoso  pero  reintegrable  impuesto  a  la  población 
de  Montevideo  en  1823.  Las  reclamaciones  relativas  a  ese  emprés- 
tito fueron  entregadas  por  el  Gobierno  Imperial  a  una  Comisión 
que  funcionó  en  Río  de  Janeiro  y  que  todavía  no  se  ha  expedido 
a    pesar    de    los    cuarenta   años    transcurridos! ; 

Los  fondos  del  Consulado  de  Montevideo  extraídos  con  calidad 
de  reintegro  por  el  barón  de  la  Laguna,  y  les  extraídos  violenta- 
mente en  1828  por  el  barón  de  la  Calera.  La  Legación  Oriental 
entabló  sus  reclamos  en  1830  y  aunque  el  Gobierno  Imperial  pro- 
metió atenderlos  de  inmediato,  no  se  preocupó  del  asunto  a  pesar 
de  las  constantes  reclamaciones  de  la  Legación,  oponiendo  «siste- 
máticamente el  más  inquebrantable  silencio  a  todas  nuestras  re- 
clamaciones;   porque  ni  aún   acusaba  el  recibo  de  nuestras  notas»; 

Y  los  ganados  a/rrebatados  por  el  barón  de  Yacuhy.  «Saben  todos 
cuándo  y  cómo  el  barón  de  Yacuhy  al  frente  de  gente  armada  del 
Brasil  entró  al  territorio  oriental  y  extrajo  de  ella  gran  número 
de  ganados  par  más  de  una  vez,  ocasionando  ese  y  otros  perjuicios 
a  los  habitantes  del  país.  El  Gobierno  Imperial  no  castigó  al  barón 
ni  mandó  restituir  los  ganados  de  que  violentamente  se  apoderó  e 
introdujo  en  la  Provincia  de  Río  Grande  del  Sur.  Por  el  contrario, 
poco  después  le  dio  un  mando  militar  importante  en  el  ejército 
que   hizo  la  campaña  de  1851». 

Los  perjuicios  causados  por  el  barón  de  Yacuny  —  concluía  el 
doctor  Lamas  —  fueron  realizados  bajo  la  responsabilidad  del  Bra- 
sil, y  sin  embargo  se  hacen  figurar  entre  los  reclamos  de  guerra  a 
cargo   del   Tesoro   oriental! 

El  Gobierno  del  Bi'a.sil  suspende  el  tratado  de  eoniercio  de   1857. 

La  atmósfera  de  Río  de  Janeiro  se  había  ido  caldeando  por 
efecto  de  los  incidentes  y  contiendas  diplomáticas  a  que  arrastrab:i 


154  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


la    política    imperial    de    acuerdo    con    sus    planes    de    absorción    'íe 
r.uestro  territorio. 

Creyendo  asestar  a  las  industrias  uruguayas  un  golpe  de  muerte, 
resolvió  el  Gobierno  Imperial  en  septiembre  de  1860  suspender  el 
tratado  de  comercio  ajustado  en  1857.  Invocaba  en  apoyo  de  esa 
medida,  que  por  notas  reversales  de  septiembre  de  1858  entre  el 
Ministro  doctor  Lamas  y  la  cancillería  imperial,  había  quedado 
establecido  que  el  tratado  de  comercio  caducaría  en  el  caso  de  que 
no  fuera  aceptado  el  de  permuta  de  territorios  que  el  Gobierno 
Oriental  acababa  de  rechazar. 

Pudo  el  Presidente  Berro  desconocer  esas  notas  reversales  que 
se  habían  mantenido  en  absoluta  reserva  y  que  en  realidad  no 
formaban  parte  integrante  del  tratado  de  comercio  ajustado,  apro- 
bado y  ratificado  en  forma  lisa  y  llana,  sin  condiciones  de  ninguna 
especie.  Pero  persuadido,  sin  duda,  de  que  el  Imperio  amontonaría 
dificultades  y  entorpecimientos  en  sus  aduanas  para  obstaculizir 
las  corrientes  comerciales,  optó  sin  vacilar  por  la  caducidad  del 
tratado  de  comercio,  y  así  lo  comunicó  en  respuesta  a  la  Legación 
Brasileña. 

'  Adoptó  a  la  vez  nuestro  Gobierno  diversas  resoluciones  encami- 
nadas a  contrabalancear  la  política  del  Imperio:  supresión  del  á  % 
de  exportación  sobre  las  carnes  saladas,  de  acuerdo  con  la  facultad 
que  amoldaba  al  Poder  Ejecutivo  la  ley  de  junio  de  1S59;  resta- 
blecimiento de  los  derechos  generales  sobre  los  artículos  de  pro- 
cedencia brasileña;  exención  de  almacenaje  por  un  año  a  favor 
de  las  mercaderías  reembarcadas  por  nuestra  Aduana  con  destino 
al  comercio  de  tránsito;  exención  de  los  derechos  de  eslingaje  a 
favor  de  las  mercaderías  salidas  del  Salto  para  los  territorios  limí- 
trofes, vía  de  Santa  Rosa  y  Cuaredm  y  viceversa;  habilitación  del 
puerto  de  la  Colonia  para  las  operaciones  de  trasbordo  y  depósito. 

Comentando  estas  medidas  decía  «La  Confederación»,  uno  de  los 
órganos  de  la  prensa   argentina: 

«El  Gobierno  Imperial  delata  el  tratado  de  modificaciones  espe- 
rando sin  duda  que  sus  vecinos,  debilitados  por  la  lucha  histórica 
que  iiiaiitiivieríiii,  Si-  apr ',-uraii  m  a  doblar  las  ofrendas  para  des- 
armar la  altanera  pretensión  de  aquel  vasto  y  rico  Imperio.  Pero 
el  Gobierno  Oriental  burla  esas  esperanzas  quiméricas  con  gnn 
sorpresa  de  sus  exigentes  vecinos;  le  retira  de  golpe  las  conc?.- 
siones  demasiado  favorables  que  con  detrimento  del  país  se  le 
habían  hecho  y  coloca  al  comercio  y  las  industrias  del  país  en  el 
mismo  caso  que  a  todas  las  demás.  Ahora  en  el  sentido  económico 


G06IEBN0    DE    BEStBO  1^»^ 


el  Gobierno  vecino  se  anticipa  a  dar  otro  golpe  muy  certero,  apro- 
vechándose de  la  mezquindad  y  la  ignorancia  de  nuestros  esta- 
distas liberales.  Mientras  éstos  tratan  de  monopolizarlo,  de  cen- 
tralizarlo todo...  el  Estado  Oriental  descentraliza,  esparce  el  co- 
mercio y  sus  ventajas  por  todos  los  puertos,  y  a  fuerza  de  liber- 
tades y  a  fuerza  de  estímulos  concluirá  por  absorberse  las  ventajas 
del  comercio  argentino,  por  herir  de  muerte  a  nuestro  naciente  co- 
mercio del  Uruguay,  dándole  al  mismo  tiempo  un  golpe  en  la 
cabeza  a  Buenos  Aires.» 


Adhiere   la    Comi.sión    Permanente    a   la    actitud    del   gobiei-no   do 
Berro. 

El  Poder  Ejecutivo  dio  cuenta  a  la  Comisión  Permanente  de  Us 
medidas  que  había  adoptado  para  contrarrestar  el  golpe  asestado 
al   comercio  uruguayo. 

La  subcomisión  encargada  de  practicar  el  estudio  del  asunto,  pro- 
dujo un  dictamen  en  que  aconsejaba  que  los  decretos  fueran  pasados 
oportunamente  a  la  Asamblea,  y  agregaba,  solidarizándose  con  la 
actitud    del    Poder    Ejecutivo: 

El  tratado  de  comercio  fué  sancionado  por  la  República  en  1857 
lisa  y  llanamente  sin  condición  alguna  relativa  al  tratado  de  per- 
muta. El  Gobierno  Oriental  ha  cumplido  todas  las  obligaciones  que 
legalmente  se  impuso.  Los  actos  del  plenipotenciario  sin  sanción 
legislativa  no  dan  acción  ni  imponen  deberes  a  las  naciones  regidas 
por  el  sistema  representativo.  Al  votarse  el  tratado  de  comercio 
por  la  República,  no  se  conocían  las  notas  reversales  que  sirven 
ahora  de  base  para  la  denuncia  del  tratado.  El  despacho  de  la 
Legación  Oriental  anunciando  el  canje  de  las  ratificaciones  y  la 
ejecución  del  tratado,  es  de  fecha  posterior  a  la  que  llevan  las 
notas  reversales,  y  en  ese  despacho  no  se  hace  mención  alguna  a 
la  condición  acordada  al  efectuarse  el  canje.  Tampoco  hace  mención 
alguna  al  respecto  el  Relatorio  de  la  cancillería  del  Imperio.  El 
Gobierno  Oriental  empero,  sin  reconocer  el  derecho  con  que  se  ha- 
ce la  denuncia,  está  de  acuerdo  en  que  el  tratado  quede  sin  efecto. 

Un  largo  e  interesante  debate  se  produjo  a  raíz  de  la  lectura  de 
este  informe  en  sesión  plena   de  la  Comisión   Permanente. 

Para  el  doctor  Cándido  Joanicó  la  condición  resolutoria  no  había 
sido  comunicada  en  tiempo  ni  al  Parlamento  Oriental  ni  al  Parla- 
mento Brasileño,  y  sólo  así  se  explicaba  que  el  tratado  de  comercio 
llevara  ya  dos  años  de  vigencia  en   uno  y   otro  país  sin  que  nadie 


156  HISTORIA    DEL    UBUGÜAT 


hubiera  invocado  esa  condición  desconocida.  «En  cuanto  al  proceder 
del  gabinete  imperial,  agregaba,  por  más  que  quisiera  ver  lo  con- 
trario, tiene  tanto  de  furtivo  y  digámoslo  así  de  carácter  subrepti- 
cio, que  no  sé  cómo  conciliario  con  la  lealtad  de  aquel  Gobierno 
liacc  alai  de.  Y  venir  todavía  ccn  semejantes  antecedentes,  echan- 
do en  rostro  al  Gobierno  Oriental  la  falta  de  cumplimiento  a  las 
obligaciones    contraídas,    es    algo    que    me    parece    incalificable». 

El  doctor  Ambrosio  Velazco  aprovechó  la  oportunidad  para  for- 
mular   el    proceso    de    la    odiosa    política    del    Imperio. 

«Este  país — dijo — nunca  estuvo  en  una  situación  más  ventajosa 
y  respetado  del  Brasil  que  desde  el  año  28  hasta  la  gran  convulsión 
política  interna  que  después  tuvo  lugar  y  que  tomó  proporciones 
colosales  en  1843.  Entonces  este  país  no  tenía  ni  los  tratados  en 
cuestión,  ni  tratados  de  comercio,  ni  de  .límites.  Tenía  los  que  le 
daban  su  poder  y  la  dignidad  de  los  jefes  que  entonces  estaban 
p\  frente  de  la  República.  Triste  es  decirlo:  nunca  la  República 
fué  más  respetada  que  en  esa  época  de  los  gobiernos  que  han 
hido  llamados  de  caudillos,  que  si  tenían  males  tenían  esto  en 
compensación  para  mitigar  uno  de  sus  tantos  y  no  pequeños  ex- 
cesos. Al  general  Rivera  no  le  propusieron  tratados;  al  general 
Oribe  no  le  propusieron  tratados  de  esa  clase.  Eí;  después,  pre- 
valido de  nuestras  desgracias  políticas  y  de  esas  mismas  con- 
vulsiones que  las  ambiciones  internas  ocasionaron,  que  el  Brasil 
he  aprovechó  para  entrar  en  esa  vía  en  que  ha  entrado  y  en  que 
ha  seguido  hasta  aquí,  con  suma  habilidad  y  con  suceso.  Estos 
repetidos  desengaños  me  hacen  opinar  que  la  mejor  política  a  .se- 
guir en  nuestro  país  es  volver  al  estado  en  que  estábamos,  con 
la  diferencia  que  hoy  el  país  es  más  fuerte,  más  poderoso  y  que 
haciendo  uso  de  sus  medios  no  tiene  por  qué  temerle.  No  se  le  haga 
injusticias,  pero  no  se  le  haga   concesión   alguna». 

Por  el  tratado  de  1851  —  agregaba  el  doctor  Velazco  —  el  Brasil 
franqueaba  las  fronteras  de  Río  Grande  a  nuestras  carnes,  conce- 
diéndonos una  franquicia  inútil,  desde  que  esa  provincia  era  pro- 
ductora del  mismo  artículo,  y  por  el  tratado  de  1858  si  franqueaba 
todos  los  puertos  era  porque  al  mismo  tiempo  obtenía  el  contrato 
Mauá  sobre  conversión  de  deudas,  a  base  de  un  4  'r  sobre  la  ex- 
portación de  nuestras  carnes  encaminado  a  manter.er  las  ventajas 
del  producto   similar  brasileño. 

Terminado  el  debate,  la  Comisión  Permanente  dirigió  al  Poder 
Ejecutivo  una  minuta  de  comunicación  de  amplia  solidaridad  ccn 
su   actitud. 


GOBIERNO     IJK     BEKRO  157 


Declaraba  en  ella  que  se  había  «impuesto  con  satisfacción  de  los 
decretos  dictados»;  que  el  Gobierno  había  usado  de  un  derecho  per- 
fecto en  defensa  de  les  intereses  de  la  Nación  y  que  «bien  pudiera 
haber  llevado  el  ejercicio  del  derecho  de  represalia  hasta  la  denuncia 
de  todos  los   tratados»   existentes  entre  la   República  y  el  Brasil. 

Poco  después  era  convocada  la  Asamblea  y  el  Poder  Ejecutivo 
volvía  a  dar  cuenta  ante  ella  de  las  medidas  adoptadas  en  vista  de 
la  anulación  del  tratado  de  comercio.  Advertía  en  su  mensaje  que 
en  sustitución  del  4  ''/<-  de  exportación  sobre  las  carnes  suprimido 
para  compensar  el  recargo  que  iban  a  soportar  nuestros  productos 
en  las  aduanas  brasileñas  y  conío  medio  de  que  no  sufriera  merma 
el  servicio  de  la  deuda  pública  a  que  estaba  afectada  aquella  renta, 
había  establecido  un  derecho  de  2   9(    sobre  la  importación. 

lEl  Senado  se  apresuró  a  votar  una  minuta  de  comunicación  en 
que  fundaba  así  su  adhesión  a  la  actitud  del  Poder  Ejecutivo: 

«No  puede  admitirse  el  pretexto  que  invoca  el  Brasil  para  de- 
clarar nulo  el  tratado.  Las  llamadas  notas  reversales  no  (Constituyen 
una  obligación  para  el  Uruguay,  desde  que  no  han  respetado  las 
formas  constitucionales.  El  Poder  Ejecutivo  debe  hacer  efectiva 
la  responsabilidad  en  que  ha  incurrido  el  plenipotenciario  don 
Andrés  Lamas  al   recibir  y   contestar  esas  notas». 

«Los  humillantes  ofrecimientos — agregaba — que  ese  funcionario 
reconoce  y  acepta  lisamente  en  esas  notas  para  disponer  del  terri- 
torio de  la  nación  con  prescindencia  completa  de  la  Constitución  y 
de  todo  sentimiento  de  dignidad  nacional,  aunque  no  constituyen 
obligaciones  legítimas  para  la  República,  son  hechos  de  la  más  alta 
gravedad  que  ponen  de  manifiesto  los  abusos  cometidos  por  parte 
de  aquel  funcionario  en  el  desempeño  de  la  misión  que  se  le  ha  en- 
comendado. Consideraciones  de  rigurosa  justicia  y  las  conveniencias 
políticas  exigen  que  las  autoridades  constitucionales  no  dejen  sin 
la  debida  represión  abusos  de  ese  género  que  se  confunden  con  la 
traición  a  la  patria  y  que  si  se  dejaran  inapercibidos  presentarían 
precedentes  funestos  para  la  moralidad  administrativa  de  la  Re- 
pública». 

Como  consecuencia  de  estas  notas  de  censura,  terminó  la  misión 
de  don  Andrés  Lamas  y  con  ella  la  Legación  Oriental  en  Río  de 
Janeiro. 

Hasta  en  los  problemas  de  la  política  interna  repercutían  los 
debates  relati\'tos  al  tratado  de  permuta  y  a  la  suspensión  del  tra- 
tado de  comercio.  En  la  víspera  de  los  comicios  de  1860  apareció  un 
manifiesto  de  «Varios  ciudadanos  del  «Club  Libertad»,  en  el  que  se 
decía  lo  siguiente: 


158  HISTORIA    DEL    UEUGUAY 


«La  nueva  Legislatura  tiene  que  ocuparse  de  las  cuestiones  que 
ya  le  promueve  el  Brasil  con  la  denuncia  del  tratado  de  í'omercio. 
La  nueva  Legislatura  va  a  tener  en  sus  manos  la  independencia 
comercial  y  por  consiguiente  la  independencia  política  de  nues- 
tro país.  Para  vergüenza  nuestra  tenemos  entre  nosotros  un  círculo 
fuerte  por  muchas  razones,  círculo  brasileño,  aunque  compuesto  de 
orientales...  ¡Orientales!  Es  preciso  mostrar  en  los  próximos 
comicios  que  conocéis  a  los  malos  y  que  queréis  excluirlos  para 
siempre   de   la   representación    nacional». 

La  Comisión  Directiva  del  «Club  Libertad»  protestó  contra  este 
documento.  Pero  «La  Repúblicaí»  puso  a  su  diaposicióü  'os  autó- 
grafos de  los  socios  firmantes  y  el  incidente  quedó  terminado. 

Ya  había  siílo  violado  el  trataílo  (lo  coiiiíM-cio  por  el  Brasil.  Y  el 
niismo  don  Andi-és  Lamas  había  hecho  el  proceso  de  la  i)olítica 
imperial. 

-En  los  precisos  momentos  en  que  la  Cámara  de  Senadores  ponía 
en  la  orden  del  día  el  tratado  de  permuta  de  territorios  fronterizos, 
tenía  que  dirigirse  nuestra  Legación  a  la  cancillería  brasileña  para 
reiterar  sus  protestas  contra  un  impuesto  de  y^  %  que  se  oonti- 
nuaba  cobrando  a  las  procedencias  uruguayas  a  despecho  de  la 
letra   expresa  del   tratado   de  comercio. 

La  cancillería  brasileña  —  decía  el  doctor  Lamas  al  Ministro 
Sinimbii  en  marzo  de  1860  —  ni  siquiera  ha  contestado  las  notas 
que  desde  hace  cuatro  meses  le  vengo  pasando.  La  posición  de  la 
Legación  resulta  sin  duda  «mortificante»;  pero  la  del  Imperio 
«puede   parecer   odiosa». 

«Es  un  hecho  notorio  —  agregaba  el  doctor  Lamas  —  que  las  di- 
ficultades que  ha  encontrado  en  la  República  la  aprobación  de  los 
tratados  celebrados  con  -el  Brasil  ha  provenido  siempre  del  temor 
de  que  esos  tratados,  p;or  más  iguales,  justos  y  convenientes  que 
fueran  en  la  letra  de  sus  estipulaciones,  serían  prácticamente  des- 
iguales, porque  el  Brasil,  abusando  de  su  posición  relativamente 
fuerte,  los  ejecutaría  por  su  parte  como  mejor  le  conviniere,  des- 
atendería las  reclamaciones  da  la  República,  y  no  dejando  a  ésta 
otro  recurso  sino  el  de  la  guerra  para  reivindicar  su  derecho  con- 
vencional con  el  Brasil,  éste  en  la  generalidad  de  los  casos  haría 
impunemente  de  los  tratados  lo  que  se  le  antojase». 

Para  cohonestar  sus  procederes  solía  referirse  la  diplomacia 
brasileña   a   los   beneficios   que   el   tratado   de   1857   aseguraba   a   las 


GOBIERNO    DE    UEBKO  159 


procedencias   orientales,  como  si  las  ventajas  no   fueran   recíprocas. 

A  mediados  de  18C0  el  Ministro  de  Negocios  Extranjeros  señor 
Sinimbú  hablaba  enfáticamente  de  las  ventajas  que  obtenía  la 
industria  uruguaya  al  ser  asimilada  a  la  brasileña.  «No  apoyado, 
interrumpió  el  diputado  Martín  Campos,  porque  nosotros  comemos 
la  carne  más  barata». 

Y  un  mes  después  se  encargaba  el  doctor  Paranhos  desde  la 
misma  tribuna,  de  comprobar  la  justicia  del  «no  apoyado»  de  su 
colega   Martín   Campos.    He   aquí   en   qué   forma: 

En  los  años  1853-1854  y  1854-1855  correspondía  al  charque  de  Kío 
Grande  en  la  importación  general  del  Imperio  del  52  al  54  '^A ,  al 
del  Uruguay  del  15  al  23  'A  y  al  de  la  Argentina  del  24  al  30  %. 
En  el  trienio  1848  - 1851  el  charque  se  cotizaba  a  2,195  veis  la  arro- 
ba, y  en  1855  a  4,311.  Son  datos  relativos  a  la  importación  por  el 
puerto  de  Río  de  .Janeiro,  pudiendo  agregarse  que  Bahía  y  Pernam- 
buco  importan  directamente  y  casi  tanto  como  Río.  Todo  ello  antes 
del  tratado.  La  importación  de  junio  de  1859  a  junio  de  1860  en  Río, 
fué  de  1.011-144  arrobas  procedentes  del  Río  de  la  Plata  y  830,406 
de  Río  Grande.  En  conjunto,  1.841,550.  Al  empezar  a  ejecutarse  el 
tratado  en  septiembre  de  1858,  el  charque  valía  de  5,400  a  6,000  reís 
la  arroba.  Hoy  se  cotiza,  en  cambio,  de  2,000  a  3,200,  lo  que  pre- 
senta una  baja  media  de  2,000   reis  por  arroba. 

Lia  libre  navegación   de   niiesti-os  ríos  interiores. 

El  gobierno  de  Berro  cerró  en  junio  de  1860  al  pabellón  extran- 
jero el  ccmercio  y  la  navegación  de  los  ríos  Cebollatí,  Tacuarí 
Y  Olimar  'mientras  no  se  arribe — decía  el  decreto — a  un  acuerdo 
general». 

Comentando  esa  medida,  decía  el  doctor  Paranhos  en  la  Cámara 
de  Diputados  del  Brasil: 

«Desde  1852  juzgo  que  cuando  las  circunstancias  del  Estado 
Oriental  lo  permitan  y  mediante  las  condiciones  necesarias  para  la 
policía  fluvial  y  la  seguridad  de  aquella  parte  del  Imperio,  la 
navegación  del  Lago  Merim  podría  franquearse  al  pabellón  oriental 
(aprobaciones).  Esta  concesión  del  Imperio  está  de  acuerdo  con 
todo  lo  demás  que  ha  sido  estipulado  entre  él  y  sus  vecinos  acerca 
de  la  navegación  fluvial    (aprobaciones)». 

Era  absurdo  que  el  pabellón  brasileño  flotara  en  las  aguas  de 
nuestra  jurisdicción,  cuando  el  Brasil  excluía  la  bandera  oriental 
del  Yaguarón  y    de  la    Laguna  Merín.  Y  el  Cuerpo  Legislativo  re- 


16ü  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


solvió  apoyar  la  medida  de  circunstancias  a  que  recurría  el  Poder 
Ejecutivo. 

La  Comisión  de  Legislación  de  la  Cámara  de  Diputados  aconsejó 
la  sanción  de  un  proyecto  por  el  que  se  declaraba  que  la  ley  de 
1854  que  abría  a  la  navegación  y  al  comercio  de  todas  las  naciones 
los  iíoo  navegables  de  la  República,  no  era  aplicable  al  Tacuarí, 
Olimar,  Cebollatí  y  demás  ríos  que  no  tuvieran  «en  sus  dos  már- 
genes centros  de  población».  Faltando  tal  población  —  decía  la  Co- 
misión en  su  informe  —  no  hay  necesidad  de  establecer  la  policía 
fluvial  y  sin  policía  fluvial  no  puede  quedar  librado  un  río  a  la 
bandera  extranjera.  De  acuerdo  con  la  propia  ley  de  1854,  la  bande- 
ra extranjera  debería  quedar  sujeta  a  los  reglamentos  policiales  y 
aduaneros  que  rigieran  para  los  nacionales,  lo  cual  supone  la  exis- 
tencia de  reglamentos  que  por  la  razón  antedicha  tienen  que  estar 
aplazados  a  la  espera  de  la  población  que  debe  dar]es  oportunidad. 

iNada  más  decía  el  informe  escrito.  Pero  el  miembro  informante 
don  Antonio  María  Pérez  fué  más  explícito.  Sabe  todo  el  país — di- 
jo— que  en  los  ríos  Olimar  y  Tacuarí  «sólo  flamea  la  bandera  bra- 
sileña». Sabe  también  que  el  Brasil,  lejos  de  proceder  en  esa  mis- 
iTla  forma,  aplaza  indefinidamente  la  cuestión  de  las  aguas  a  pre- 
texto de  que  es  necesario  practicar  escudioc.  «Mañana — agregó — 
vendrá  el  Brasil  por  nuestra  desgracia  a  meter  barullo,  a  hacer  un 
nuevo  tratado:  un  nuevo  tratado  de  límites  con  otro  iíti  possicletis, 
y  dirá:  yo  poseo  el  Cebollatí,  Tacuarí  y  Olimar,  uti  possicletis,  y  es 
así  como  se  ha  apoderado  de  la  mitad  de  la  Laguna  Merín  y  de  las 
aguas  del  Yaguarón». 

Otro  diputado,  el  doctor  Vázquez  Sagastume,  dijo  adhiriendo  a 
los  fundamentos  del   señor  Pérez: 

«Haciendo  flamear  en  esos  ríos  la  bandera  brasileña,  tendrán 
derecho  más  tarde  para  hacer  lo  que  hicieron  el  año  51,  es  decir: 
nosotros  ocupamos  esa  localidad,  obtenemos  el  titi  j^ossidetís  y  en 
virtud  de  él  adquirimos  su  dominación.  Es  un  modo  de  entender 
ese  íiti  2iossidetis  del  año  51  que  en  mi  concepto  no  es  otra  cosa 
que  el  derecho  de  los  ladrones». 

El  proyecto  quedó  definitivamente  sancionado.  Pero  al  pasar  al 
Senado  sufrió  modificaciones  que  retardaron  su  sanción  hasta  el 
año  1862,  en  que  fué  definitivamente  votado  en  esta  forma: 

La  navegación  de  los  ríos  interiores  en  que  la  República  tenga 
el  dominio  de  ambas  márgenes  no  está  comprendida  en  la  conce- 
sión hecha  por  la  ley  de  junio  de  1854  a  los  buques  y  al  comercio 
de  todas  las  naciones.  Esa  navegación  sólo  podrá  extenderse  a  las 
aciones    que    acuerden    la    reciprocidad    a    la    República. 


GOBIEKNO    DE    BERRO  161 


í^olazos   (le  estos  incidentes. 

En  1861  vencía  el  plazo  del  tratado  de  comercio  pactado  en  octu- 
bre de  1851,  y  la  cancillería  oriental  notificó  a  la  de  Río  de  Janei- 
ro que  desde  el  día  del  vencimiento  terminarían  las  franquicias 
acordadas  por  ese  tratado  y  especialmente  la  exención  de  derechos 
al  ganado  que  se  exportara  por  la  frontera  con  destino  a  los  sala- 
deros de  Río  Grande. 

No  tardó  en  abordarse  el  estudio  de  la  ley  de  Aduana,  en  la  que 
figuraba  un  artículo  con  los  derechos  que  habrían  de  gravitar  so- 
bre la  exportación  de  ganado  por  la  frontera.  De  acuerdo  con  el 
criterio  gubernativo,  tal  como  lo  estableció  el  Ministro  Villalba  en 
su  Memoria  de  ese  año,  el  impuesto  debía  ser  moderado  para  que 
pudiera  cobrarse  dentro  de  una  zona  fronteriza  en  la  que  con  sólo 
mudar  de  sitio  los  rodeos  de  ciertas  estaiicias  se  pasaba  del  terri- 
torio oriental  al  territorio  brasileño.  El  proyecto  de  ley  establecía 
un  impuesto  de  8  reales  por  cabeza,  en  vez  del  de  un  pesio  que  ha- 
bía regido  antes  del  año  1851,  con  la  advertencia  de  que  el  impues- 
to podría  desaparecer  en  el  caso  de  celebrarse  un  nuevo  tratado 
de   comercio  que   otorgara  ventajas   equivalentes  a  la  República. 

Esa  referencia  a  nuevos  tratados  debía  provocar  y  provocó  gran- 
des y  legítimas  protestas  en  presencia  de  todo  lo  que  había  hecho 
y  de  todo  lo  que  seguía  haciendo  el  Brasil   para  absorbernos. 

«La  historia  política  del  Brasil  para  con  el  Río  de  la  Plata — dijo 
el  diputado  doctor  Vázquez  Sagastume — 'y  la  historia  de  todos  los 
tratados  que  desgraciadam.ente  han  ligado  este  país  con  el  Impe- 
rio, nos  traen  el  convencimiento  profundo,  íntimo,  de  que  toda 
alianza  con  el  Brasil  importa  la  alianza  de  la  buena  fe  con  la 
falsía...  No  ha  habido  uno  solo  de  los  tratados  que  nos  han  ligado 
al  Brasil  y  que  han  pesado  sobre  la  República,  algunos  con  ignomi- 
nia, que  haya  sido  respetado  en  la  parte  benéfica  para  la  Repúbli- 
ca por  las  autoridades  del  Brasil». 

En  el  curso  del  mismo  año  tuvo  que  protestar  la  cancillería 
oriental  contra  la  colocación  de  marcos  en  la  frontera  a  que  esta- 
ba procediendo  el  Brasil  sin  noticia  ni  intervención  de  las  autorida- 
des orientales.  Contestó  la  Legación  Brasileña  que  no  estaba  pac- 
tada la  concurrencia  de  los  funcionarios  orientales  y  que  por  otra 
parte  la  ubicación  de  los  marcos  constaba  en  actas;  pero  que  asi- 
mismo el  Brasil  aceptaría  «de  buen  grado  la  concurrencia  de  los 
delegados  orientales». 

ll-V 


162  HISTORIA    DEL    UBUGUAT 


Era  una  obra  clandestina  con  la  que  sin  duda  alguna  se  preten- 
día proseguir  la  absorción  de  territorios,  e  interrumpiéndola  a 
tiempo  se  dirigió  el  Gobierno  a  la  Asamblea  en  busca  de  un  crédito 
suplementario  de  4,000  pesos  con  destino  a  los  gastos  que  deman- 
dara  la   concurrencia  de  los   técnicos   uruguayos. 

El    Brasil   (lispuesto    a    i ecoiiqiiistar    la    riovliicia    Cisplatina. 

No  olvidaban  nunca  los  estadistas  biasileños  su  viejo  y  persis- 
tente plan  de  conquista  del  territorio  oriental. 

Los  conflictos  que  ellos  mismos  provocaban,  les  servían  luego  de 
argumento  para   sus   trabajos   de  propaganda. 

El  «Jornal  do  Commercio»  de  Río  de  Janeiro  abrió  sus  columnas 
en  diciembre  de  1861  a  «Scévola»,  seudónimo  que  según  la  prensa 
de  Montevideo  correspondía  nada  menos  que  al  Ministro  de  Nego- 
cios  Extranjeros   del   Brasil.   Y   véase   lo   que  decía   en   su   artículo: 

«Por  lo  que  respecta  al  Estado  Oriental  del  Uruguay  o  antigua 
Provincia  Cisplatina,  presa  igualmente  de  tantas  agitaciones  y  di- 
ficultades en  el  presente  y  de  tantas  incertidumbres  y  peligros  en 
el  futuro,  si  por  ventura  sus  hijos  más  dedicados  y  más  ilustrados 
apoyados  por  el  sufragio  universal  en  toda  la  pureza  y  espontanei- 
dad de  su  patriotismo  creyeran  que  les  convenía  más  volver  al  gre- 
mio de  la  familia  brasileña  antes  de  dejar  consumir  la  patria  en 
la  vorágine  de  las  luchas  y  ambiciones  personales  nunca  satisfe- 
chas, tampoco  podría  dársele  a  esto  el  nombre  de  usurpación  y  de 
conquista,  ni  aiin  de  anexión:  sería  cuando  mucho  una  restitución. 
ya    que   es   preciso   que   fuera   alguna   cosa». 

La  ayuda  prestada  por  «*1   Brasil   a  Flores  en  los  primeros   meses 
úv   la    invasión. 

Un  mes  antes  de  la  invasión  de  Flores  tres  respetables  estancie- 
ros brasileños  del  Salto,  —  don  Francisco  Modesto  Franco,  don 
Manuel  Vicca  y  don  Paula  Vicca,  —  se  dirigieron  al  general  Diego 
Lamas,  Comandante  Militar  al  norte  del.  Río  Negro,  y  a  la  Lega- 
ción Imperial  en  Montevideo,  denunciándoles  la  existencia  en  Río 
Grande,  sobre  el  Ibicuí,  de  grupos  armados  compuestos  de  orien- 
tales y  brasileños.  Agregaban  que  según  algunos  de  los  rumores 
circulantes  esos  grupos  se  disponían  a  emprender  una  «california»  o 
robo  general  de  ganados,  y  según  otros  a  reunirse  con  el  general 
Flores   a  quien   esperal)an   por  momentos. 


GOBIEK.Nü    HK    ÜEHKO  ]  (J3 


La  cancillería  oriental  se  apresuró  a  transmitir  la  denuncia  a 
la  Legación  del  Brasil,  y  ésta  luego  de  recabar  informes  del  briga- 
dier Canavarro,  declaró  que  no  había  tales  reuniones  en  la  fron- 
tera. 

Quince  días  después  se  producía,  sin  embargo,  el  denunciado 
avance  de  les  grupos  fronterizos  y  nuestra  cancillería  volvía  a  di- 
rigirse  a    la    Legación    para    adjuntarle   las    nuevas    denuncias. 

«A  pesar  de  la  seguridad  —  le  decía  —  con  que  el  señor  brigadier 
Canavarro  califica  en  su  nota  a  la  Legación  Imperial  de  infunda- 
dos los  informes  del  Gobierno  Oriental,  los  hechos  han  ver  ido  hoy 
desgraciadamente  a  confirmar  las  previsiones  de  éste  imponiendo 
el  sello  de  la  verdad  a  las  relaciones  anticipadas  que  el  infrascrip- 
to hizo  a  S.  S.  En  estos  últimos  días  el  territorio  de  la  República 
hci  sido  invadido  por  la  frontera  del  Salto  por  grupos  armados,  con 
organización  militar,  procedentes  del  Brasil,  que  se  han  apodera- 
do violentamente  de  algunos  puntos  del  país,  que  por  ser  fronteri- 
zos con  un  Estado  amigo  confiaba  el  Gobierno  que  no  sufrirían 
agresión  por  parte  de  fuerzas  que  sólo  podrían  organizarse  dentro 
de  los  límites  de  ese  país». 

Contestó  la  Legación  Brasileña  que  se  dirigiría  a  las  autorida- 
'des  de  Río  Grande  «a  fin  de  que  reprimieran  con  eficacia  los  abu- 
sos denunciados»,  y  esa  respuesta  dio  base  a  nuestra  cancillería  pa- 
ra formular  el  proceso  de  la  connivencia  fronteriza  de  que  era  fac 
tor  principal  el  propio  brigadier  Canavarro. 

No  obstante  las  denuncias  concretas  de  los  tres  estancieros  bra- 
sileños transmitidas  a  la  Legación,  —  decía  en  su  .nota  —  la  inva- 
sión se  produjo,  y  no  tan  sólo  a  través  de  la  parte  despoblada  de 
la  frontera,  sino  desde  la  misma  plaza  pública  de  Uruguayana, 
'donde  los  invasores  se  reunían  públicamente.  «Dándose  la  mano 
'esos  grupos  con  los  que  de  Corrientes,  provincia  argentina,  salva- 
ron el  Uruguay  para  caer  juntos  sobre  el  territorio  oriental,  se 
apoderaron  violentaniente,  a  manera  de  salteadores,  de  los  pueblos 
de  Santa  Rosa  y  San  Eugenio.»  Ya  al  formular  su  protesta  llamó 
la  atención  el  Gobierno  Oriental  acerca  del  poco  crédito  que  de- 
bían merecer  los  informes  del  brigadier  Canavarro.  «sino  conni- 
vente al  menos  criminalmente  tolerante».  No  se  trataba  de  un 
salteamiento  aislado.  También  en  Santa  Ana,  dentro  de  la  jurisdic- 
'ción  del  brigadier  Canavarro,  se  organizaban  por  militares  brasi- 
leños grupos  invasores  sin  que  se  hiciera  sentir  de  parte  de  las 
autoridades    medidas    eficaces    de   neutralidad. 


161  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


Dada  la  impunidad  ^  concluía  nuestra  cancillería  —  con  que  los 
¡hechos  se  han  producido  por  la  connivencia  o  tolerancia  de  las 
autoridades  brasileñas,  se  considera  el  Gobierno  Oriental  en  el  ca- 
so de  exigir  una  declaración  del  Gobierno  Brasileño  contra  los 
atentados  criminales  de  las  autoridades  provinciales  y  el  castigo 
severo  del  brigadier  Canavarro  y  demás  culpables  y  a  la  vez  medi- 
das que  eviten  en  el  futuro  la  repetición  de  los  atentados. 

Las  fuerzas  a  que  se  refería  nuestra  cancillería  en  sus  notas 
eran  las  de  los  coroneles  Fausto  Aguilar  y  Simón  Martínez,  proce- 
dentes de  Monte  Caseros  y  Uruguayana,  y  las  del  sargento  mayor 
del  ejército  brasileño  Pedro  Píriz  y  capitán  Elias  Fernández,  or- 
ganizadas en  Santa  Ana  bajo  la  dependencia  de'  coronel  Goyo  Suá- 
rez. 

Según  los  informes  circunstanciados  de  «La  Reforma  Pacífi- 
ca» los  grupos  de  Corrientes  no  excedían  en  ese  momento  de  un 
centenar  de  hombres  y  en  cambio  pasaban  de  un  millar  los  de  las 
fronteras  del  Salto,  Tacuarembó  y  Cerro  Largo  capitaneados  por 
jefes  orientales  y  una  veintena  de  jefes  y  oñciales  brasileños  que 
continuaban  revistando  en  las  filas  del  ejército  de  su  país,  tales  co- 
mq  el  coronel  Ferreira,  los  comandantes  Fidelis  y  Ferreiriña,  los 
■mayores  Píriz  y  Egaña  y  los  capitanes  Machado,  Illa,  López,  Al- 
gañaraz.  Buzo,  Martínez,  Claro,  Cardozo,  Fernández,  Balcazo,  Yfraz, 
Salvatella,   Díaz,   Guedes  y  Ereñú. 

En  julio  de  18G3,  estando  ya  el  país  conflagrado,  invadió  el  co- 
ronel Fidelis. 

«Brasileños  —  decía  en  su  prolama  —  es  tiempo  de  correr  a  las 
jarmas  y  despertar  del  letargo  en  que  vivís,  a  pesar  de  una  serie  no 
interrumpida  de  hechos  horrorosos  cometido'3  por  una  horda  de 
asesinos  y  perturbadores  del  orden  del  Estado  ümít'ofe,  con  mani- 
fiestos perjuicios  de  nuestras  propiedades  e  intereses.  ¡Viva  la  re- 
ligión católica!  ¡Viva  la  Constitución  política  del  Estado!  ¡Vivan 
nuestras   leyes   e  instituciones!     ¡Viva  el  bravo  general  libertador!» 

En  vista  de  la  connivencia  brasileña  el  gobierno  de  Ben-o  autoriza 
la   violacdón  áél   territorio  de  Río  Grande. 

Cuando  el  coronel  Fidelis  se  disponía  a  trasponer  la  frontera,  el 
Jefe  Político  de  Cerro  Largo  se  dirigió  al  brigadier  Almeida,  jefe 
•dfr  las  fueras  imperiales  allí  destacadas,  denunciándole  que  entre 
los  invasores  figuraban  varios  soldados  del  rf^Timientr  brasileño 
■Ts.-      5.    El     brigadier     contestó     después    de     consumada     la     inva- 


GOBIERNO    DE    BEBSO  16Ó 


sión  y  entonces  para  decir  que  había  destacad)  part'dns  encarga- 
das «de  disuadir»  a  Fidelis,  sin  negar  la  participrición  de  lo-  sol- 
dados. La  denuncia  del  Jefe  Político  fué  luego  transcripta  por  la 
cancillería  oriental  a  la  Legación  Brasileña,  la  cual  se  liniitó  a  ad- 
juntar copia  del  parte  en  que  el  comandante  de  ',a,  frontera  de  Ba- 
gé  anunciaba  que  iba  a  despachar  comisiones  para  «disuadir»  a 
los  invasores,  con  el  agregado  de  que  Fidelis  había  nvmdado  fabri- 
car lanzas  en  Bagé  y  reunido  hombres  armados  para  incorporarse 
al   ejército  de  Flores. 

Tan  abierta  era  la  cooperación  brasileña,  que  a  fines  de  mayo  de 
1863  decía  el  Presidente  Berro  al  general  Lam-'s  i:A  ana  nota  in- 
terceptada por   Flores  y   publicada   luego   en   Buenos  Aires: 

«El  general  Medina  tiene  autorización  para  pas-.ir  al  territorio 
del  Brasil  en  persecución  de  los  invasores  en  el  -.^ao  que  no  estén 
dispuestas  de  veras  las  autoridades  fronterizas  brasileñas  a  cum- 
plir con  los  deberes  de  neutrales  y  de  agentes  de  un  Gobierno  ami- 
go y  vecino  de  la  República.  De  esa  autorización  debe  hacer  uso 
discreto  y  sólo  si  dichas  autoridades  brasileñas  f  leran  como  su- 
pongo conniventes  o  consentidoras  de  las  hostilidades  de  los  inva- 
sores». 

No  era  esa  una  resolución  que  se  hubiera  ocultado  a  la  diploma- 
cia brasileña.  Al  contrario,  en  una  nota  del  mismo  mes  de  mayo 
que  ya  hemos  extractado  en  parte,  luego  de  formular  el  proceso  de 
la  connivencia  de  las  autoridades  fronterizas,  decía  nuestra  canci- 
llería a  la  Legación: 

«Que  no  permitiendo  ni  la  dignidad  del  país  ni  el  decoro  de 
íU  autoridad  ver  impasible  lo  que  pasa  en  las  fronteras  con  el  Bra- 
sil, y  la  inutilidad  de  las  gestiones  que  ha  hecho  el  Gobierno  Orien- 
tal inspirado  en  el  deseo  de  paz  y  buena  armonía,  no  mirará  de 
hoy  en  adelante  con  la  misma  escrupulosidad  el  dober  que  hasta 
ahora  le  ha  corrido  de  respetar  el  territorio  y  la  iurisdicción  ve- 
cina, desde  que  con  inaudito  escándalo  y  con  irreparable  daño  pa- 
ra los  intereses  precisamente  brasileños  en  su  máxima  parte,  no 
se  subordinan  a  igual  deber  las  autoridades  brasileñas  fronterizas 
o    resultan    impotentes   para    hacerse   obedecer». 

Prosiguen    las    protestas    contra    la    connivencia    fronteriza. 

No  había  cesado  entretanto  la  Legación  de  repetir  que  de  Río 
de  Janeiro  saldrían  órdenes  terminantes  a  las  autoridades  de  Río 
Grande  a  favor  del  mantenimiento  de  la   neutralidad. 


16G  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


Causado  de  recibir  esas  comunicaciones  que  a  diario  eran  des- 
mentidas por  actos  efectivos  de  violación  de  la  neutralidad,  decía 
nuestro  Ministro  de  Relaciones  Exteriores  al  diplomático  brasileño 
en   octubre  de  1863: 

«Hasta  hoy,  siete  meses  después  de  la  primera  de  aquellas  co- 
municacio)ies,  el  Gobierno  Oriental  no  La  sido  instruido  de  que  en 
la  Provincia  de  Río  Grande  se  hayan  adoptado  ;'on  sucedo  medi- 
das de  la  naturaleza  de  las  que  reclama,  y  lejos  de  saber  que  tales 
medidas  hayan  sido  adoptadas,  cada  día  ve  menos  encubierta  la 
protección  de  las  milicias  fronterizas  en  favor  da  don  Venancio 
Flores.  Hombres,  armas,  municiones,  caballos,  etc  ,  todo  lo  recibe 
este  caud"illo  criminal  en  la  parte  brasileña  de  la  frontera,  que  pa- 
san y  vuelven  a  pasar  los  capitanes  de  la  revolución  sin  que  auto- 
ridad  ninguna  les  pida  cuenta  de  su   conducta». 

La  Cámara  de  Diputados,  con  el  propósito  sin  duda  alguna  de 
dar  mayor  repercusión  a  los  abusos  que  se  venían  cometiendo  por 
los  dos  países  limítrofes,  resolvió  interpelar  en  noviembre  al  Mi- 
nistro de  Gobierno  y  Relaciones  Exteriores  acerca  de  la  ayuda  pres- 
tada por  el  Brasil  y  la  Argentina  a  la  revolución  de  Flores. 

«Hace  seis  meses  —  decía  el  diputado  interpelante  don  Pedro 
Fuentes  —  el  Ministro  declaró  en  esta  Cámara  que  había  hecho 
gestiones  cerca  de  los  Gobiernos  vecinos  con  ocasión  de  la  invasión 
del  ex  general  Flores.  Después  se  ha  sabido  y  también  lo  han  confir- 
mado documentos  oficiales,  que  las  filas  del  invasor  se  han  engrosa- 
do con  auxilios  de  hombres,  armas,  etc.,  que  han  partido  de  los  te- 
rritorios brasileños  y  argentinos» .  .  .  Son  notorios  los  casos  de 
fuerzas  revolucionarias  derrotadas  que  han  cruzado  la  línea  fron- 
teriza para  rehacerse  y  volver  de  nuevo  al  territorio  oriental;  de 
numerosas  caballadas  arrebatadas  de  nuestras  estancias  para  las 
invernadas  de  Río  Grande:  de  oficiales  del  ejército  imperial  que 
han  cooperado  al  triunfo  de  la  revolución;  de  desembarco  de  fuer- 
zas revolucionarias  en  Fray  Eentos,  bajo  la  protección  de  un  buque 
argentino  y  de  armamentos  llevados  a  Caraballo  por  otro  l)arco 
argentino. 

«¡La  República  —  contestó  el  Ministro  de  Gobierno — desde  que 
empezó  la  guerra  que  sufre  el  país  lucha  con  dificultades  diarias, 
de  todos  los  momentos,  con  los  países  vecinos,  la  República  Ar- 
gentina y  el  Brasil.  Mucho  de  lo  que  ha  dicho  el  diputado  interpe- 
lante es  la  verdad.  De  parte  de  la  República  Argentina  ha  sufrido 
este  país  ataques  que  han  lastimado  más  de  una  vez  sus  derechos; 
de  parte  de  la  provincia  de  Río  Grande  ha  sucedido  lo  mismo,  aun- 


GOBIERNO    DE    liERRO  107 


que  110  ccn  un  carácter  de  hostilidad  tan  pronunciado».  ..  Para  salir 
de  esta  situación  existen  dos  medios:  la  diplomacia  y  la  guerra. 
El  Gobierno  está  empleando  la  primera;  ha  reclamado  y  sigue  re- 
clamando ante  la  Argentina  y  el  Brasil.  Las  hostilidades  del  lado 
de  la  Argentina  son  más  tenaces,  más  apasionadas,  más  incorre- 
gibles. El  Gobierno  no  desespera  del  resultado  de  las  gestiones 
entabladas  ante  el  Gobierno  Argentino,  pero  si  llegara  a  persua- 
dirse de  la  ineficacia  de  sus  esfuerzos,  «entonces  vendría  el  des- 
agravio por  la  fuerza,  vendría  el  desagravio  por  la  guerra,  y  enton- 
ces la  gueri'^  sería  justificada  y  sería  justificada  la  ruina  que  trae- 
ría consigo  para  el  país  y  para  todos  los  habitantes  de  esta  tie- 
rra, y  entonces  sería  el  caso  de  decir:  perezca  todo  por  salvar  la 
dignidad  del  país». 

Refiriéndose  a  otro  discurso  pronunciado  en  el  misino  mes  de  no- 
viembre desde  la  tribuna  de  la  Cámara  de  Diputados,  decia  el  Mi- 
nistro de  Gobierno: 

«Ya  el  tiempo  ha  demostrado  cuál  es  el  verdadero  carácter  de 
esta  lucha  y  por  dos  veces  las  hordas  han  sido  repelidas  sobre  la 
frontera   y   otras   tantas   se   han   reorganizado   allí». 

El  gobiei-no  di'  Bei-ro  pide  el  apoyo  del  Brasil  cpntra  el  gobiei-no 
de  Mitre. 

Tenía  razón  el  Ministro  de  Relaciones  Exteriores,  porque  del  lado 
argentino  se  estaba  extreniando  la  connivencia  mediante  expedi- 
ciones que  se  realizaban  a  la  luz  del  día  y  hasta  en  los  mismos  bar- 
cos de  guerra  encargados  de  hacer  efectiva  la  neutralidad,  según 
ya  lo  hemos  visto.  Y  esa  ingerencia  descarada  que  convertía  casi 
al  jefe  de  la  revolución  en  un  lugarteniente  del  general  Mitre,  car. 
go  que  ya  había  desempeñado  en  las  campañas  contra  I^rquiza,  era 
como   para   alarmar   al    Brasil. 

Comprendiéndolo  así,  la  cancillería  oriental  se  había  dirigido 
fiesde  mediados  de  agosto  de  1863  a  la  Legación  del  Brasil  en 
.Montevideo  para  despertar  sus  sospechas  y  preguntarle  qué  ac- 
titud se  proponía  asumir  el  Imperio.  «La  República  Oriental  — 
decía  el  Ministro  de  Relaciones  Exteriores  don  Juan  José  de  He- 
rrera al  plenipotenciario  brasileño  —  ve  en  la  guerra  que  le  ha 
traído  don  Venancio  Flores  una  amenaza  argentina  contra  su  auto- 
nomía, una  amenaza  que  ya  se  traduce  claramente  y  que  adelanta 
en    los   medios    prácticos   de   hacerse   efectiva». 

Antes  de  finalizar  el  año,  volvía  la  cancillería  oriental  a  diri^'irse 


HISTORIA     DEL    UBUGUAY 


a  la  Legación  y  esta  vez  para  referirse  a  la  neutralización  de  la 
isla  de  Martin  Garcia.  La  política  imperial — decía  el  doctor  Herre- 
ra en  su  nota — ha  conseguido  comprometer  en  ese  sentido  a  las  dos 
repúblicas  del  Plata,  «señora  una,  y  usurpadora  otra  de  esa  isla». 
En  1851  la  pactó  con  el  Uruguay  y  en  1856  con  la  Argentina.  Desde 
la  isla  se  bloquea  hoy  a  la  bandera  oriental  en  el  Uruguay  y  se 
ompara  a  la  bandera  argentina  que  enarbolan  los  barcos  que  con- 
ducen hombres  y  material  de  guerra  a  la  revolución.  «Martín 
García  es  hoy  una  fortaleza  al  servicio  de  la  invasión  de  Flores; 
la  escuadra  argentina  es  la  fuerza  naval  a  su  disposición  que  tiene 
a  su  cargo  la  policía  del  Uruguay  contra  los  buques  del  Gobierno 
legal   de  la  República». 

Contestó  la  Legación  que  el  Gobierno  Imperial  no  se  consideraba 
facultado  para  emplear  medidas  coercitivas,  pero  que  emplearía,  sí, 
«.Jos  medios   persuasivos»  a  favor  de  la  neutralización   de   la  isla. 

El  hecho  es  que  el  Imperio  resolvió  llamar  al  orden  a  las  auto- 
ridades fronterizas  y  dar  una  voz  de  alarma  al  Gobierno  Argentino. 

Ocupándose  de  lo  primero,  decía  en  diciembre  de  1863  el  Mi- 
nistro de  Negocios  Extranjeros  marqués  de  Abrantes  al  Presidente 
de'  la  provincia   de  Río  Grande: 

«El  Gobierno  Imperial  ha  visto  con  profundo  pesar  que  a  des- 
pecho de  sus  constantes  y  reiteradas  órdenes  y  recomendaciones, 
la  causa  de  la  rebelión  que  actualmente  flagela  al  Estado  Oriental 
continúa  encontrando  el  apoyo  y  el  concurso  de  algunos  brasileños 
irreflexivos  que  desconociendo  sus  propios  intereses  y  los  del  país, 
ejcponen  así  al  mismo  Gobierno  a  acusaciones  de  deslealtad  en  sus 
declaraciones  solemnes  y  acaso  a  conflictos  internacionales  de  con- 
secuencias gravísimas.  Además  de  infringir  la  abstención  y  neu- 
tralidad que  tanto  importa  al  Gobierno  Imperial  hacer  guardar  en 
prevención  de  la  desastrosa  lucha  de  que  se  trata,  la  imprudencia 
cíe  aquellos  brasileños  es  tanto  más  criminal  y  condenable  cuanto 
que  no  sólo  inhiben  al  mismo  Gobierno  de  prestarles  la  protección 
debida  reclamando  contra  cualquier  vejamen  o  violencia  de  que 
puedan  ser  víctimas  en  el  camino  desatinado  a  que  se  lanzaron, 
sino  f,ue  es  lo  que  más  dificulta  el  apoyo  a  que  tienen  .'¡agrado 
derecho  los  brasileños  inofensivos  que  residen  en  el  territorio  de 
la  República  exclusivamente  dedicados  a  su  trabajo  y  a  su  in- 
dustria.» 

Esa  nota  que  fué  también  trasmitida  a  la  Legación,  y  por  su 
intermedio  a  la  cancillería  oriental,  concfluía  recomendando  la 
adopción    de   medidas    eficaces,   encaminadas    a    «evitar   la   reproduc- 


GOBIERNO    DE    BERRO  169 


ción  de  tan  reprobados  abusos,  haciendo  responsabilizar  y  castigar 
a  los  que  se  mostrasen  omisos  o  laegligentes». 

La  voz  de  alarma  al  Gobierno  Argentino  fué  dada  por  la  Le- 
gación Brasileña  en  Montevideo  pocas  semanas  antes  de  la  nota 
que  acabamos  de  transcribir.  He  aquí  lo  que  decía  el  Ministro 
Loureiro   a  la   cancillería   de   la   Confederación   Argentina: 

«En  el  curso  de  los  acontecimientos  han  tenido  lugar  hechos 
que  preocupan  al  Gobierno  Oriental  llevándolo  hasta  el  punto  de 
suponer  amenazada  su  autonomía,  la  cual  sería  por  otra  parte 
sostenida  por  el  Gobierno  Imperial,  como  un  resultado  indeclinable 
de  los  pactos  vigentes  y  como  una  condición  indispensable  de  los 
mutuos  intereses  y  del  equilibrio  político  de  estas  regiones.  La 
justa  susceptibilidad  del  Gobierno  Oriental  ha  calificado  aquellos 
hechos  como  quebrantamiento  de  autoridad,  y  desgraciadamente 
análogo  juicio  se  manifiesta  también  en  la  opinión  pública  de 
aquel  país,  la  cual  ve  en  esos  hechos  un  apoyo  prestado  por  el 
Gobierno  Argentino  a  la  causa  de  la  revolución.  No  puede  el 
Gobierno  Imperial  dejar  de  acceder  a  los  reclamos  del  Gobierno 
Oriental  para  entenderse  convenientemente  a  tal  respecto  con  el 
de    la    República    Argentina». 

Contestó,  naturalmente,  la  cancillería  argentina  afirmando  su  a,b- 
soluta  neutralidad.  Pero  la  voz  de  alarma  estaba  dada  del  mismo 
modo  y  hubiera  producido  quizá  algún  resultado  si  la  diplomacia 
oriental  no  hubiera  cambiado  luego  de  rumbos  ante  el  anuncio  de 
'.a  incorporación  del  factor  paraguayo  a  las  cuestiones  de!  Río  de 
la   Plata. 

Todavía  al  escribir  su  Relatorio  de  1863  estaba  dominado  el  Mi- 
nistro de  Negocios  Extranjeros  del  Brasil  por  la  idea  de  la  pre- 
potencia argentina  en  el  territorio  oriental.  Véase  cómo  se  expré- 
s-aba al   ocuparse   de  la   revolución   de   Flores: 

«Había  razones  para  creer  que  algunos  brasileños  menos  refle- 
xivos simpatizaban  y  protegían  la  causa  de  los  rebeldes.  Eran  más 
fundadas  las  sospechas  de  que  sacaban  ellos  precisamente  su  fuerza 
y  su  desarrollo  de  Buenos  Aires  y  de  Corrientes.  Con  esas  apren- 
.ñones  el  primer  cuidado  del  Gobierno  de  la  República  fué  reclamar 
del  gobierno  del  Brasil  y  del  de  la  Confederación  Argentina  ias 
providencias  precisas  para  que  las  autoridades  y  habitantes  de  los 
•espectivos  países  se  mantuvieran  frente  a  tan  deplorables  acon- 
tecimientos en  la  más  estricta  neutralidad»...  El  Brasil  se  declaró 
neutral  y  adoptó  medidas  eficaces  para  mantener  su  neutralidad... 
«No    obstante    haberse    declarado    también    neutral    la    Confederación 


17U  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


Argentina...  el  Gobierno  de  este  Estado  la  liacía  responsable  de 
ios  armamentos  y  contingentes  de  fuerzas  que  recibía'  la  rebelión... 
Las  manifestaciones  de  la  prensa  y  del  espíritu  público  de  Buenos 
Aires  en  favor  de  los  rebeldes  y  varios  hechos  que  coincidían  con 
estas  manifestaciones,  vinieron  a  corroborar  la  creencia  de  que  no 
era  indiferente  y  que  toleraba  si  no  ayudaba  el  gobierno  de  la  Con- 
federación al  movimiento  revolucionario  de  Flores»...  En  esta  cir- 
cunstancia la  cancillería  oriental  dirigió  una  circular  al  Cuerpo 
•Diplomático,  'sa  fin  de  obtener  si  no  un  ajuste  internacional,  al- 
guna cooperación  para  obstar  a  la  perturbación  de  la  paz  exterior 
de  la   República». 

La  vieja  cuestión  de  límites  entre  el  Brasil  y  el  Paraguay.  Su  re- 
percusiór    en   ía  contienda   uruguaya. 

Desde  piincipios  de  1862  resolvió  el  gobierno  de  Berro  reinstauír 
la  Legación  Uruguaya  en  el  Brasil,  clausurada  desde  el  retiro  del 
doctor  Lamas  en  1860,  y  resolvió  a  la  vez  crear  otra  Legación  en 
el  Wraguay. 

Fué  confiada  esta  última  al  doctor  Juan  José  de  Herrera,  quien 
poco  después  de  su  arribo  a  la  Asunción  dirigía  una  nota  al  Go- 
bierno Oriental  historiando  los  antecedentes  del  conflicto  sobre 
límites  y  jurisdicción  que  agitaba  en  esos  momentos  a  las  can- 
cillerías del  Brasil  y  del   Paraguay. 

Entre  el  Paraguay  y  el  Brasil  —  decía  el  doctor  Herrera  —  existe 
una  controversia  que  más  de  una  vez  ha  puesto  en  riesgo  el  estado 
de  paz:  la  de  límites  y  navegación  de  los  ríos  Paraná  y  Paraguay. 
En  1856  se  firmó  en  Río  de  Janeiro  un  tratado  sobre  libre  nave- 
fración,  reservándose  cada  contratante  la  facultad  de  dictar  los  re- 
glamentos respectivos.  También  se  ajustó  en  ese  mismo  año  una 
convención  de  límites  revisada  dos  años  después,  en  que  luego  de 
reconocerse  la  imposibilidad  de  llegar  a  acuerdos  inmediatos,  se 
aplazaban  las  negociaciones  por  seis  años,  obligándose  uno  y  otro 
contratante  dentro  de  ese  plazo  a  mantenerse  en  el  nti  possidetis  J 
a  nombrar  plenipotenciarios  que  ajustaran  definitivamente  la  línea 
divisoria...  El  tratado  de  navegación  dio  lugar  al  principio  a 
pravas  incidentes,  alegando  el  Brasil  qup  los  reglamentos  que  dic- 
taba el  Paraguay  eran  violatorios  del  mismo  tratado.  Pero  en  1858 
las  dificultades  quedaron  solucionadas,  mediante  un  nuevo  ajuste 
oue  reglamentaba  en  común  la  navegación  fluvial.  El  de  límites, 
en    cambio,    continúa    en    problema.    Los    iseis    años    empezados    a 


CjOHIERNO    de    l'EKRO  171 


correr  en  junio  de  1856  van  á  terminar  de  un  momento  a  otro, 
sin  que  nada  se  haya  hecho',  ni  nada  se  haga,  como  que  el  Ministro 
Brasileño  en  la  Asunción,  señor  Borges,  acaba  de  irse  al  Río  de 
lu.  Plata  eu  uso  de  licencia,  a  raíz  de  un  cambio  de  notas  que 
puede    sintetizarse    así: 

Bastante  tiempo  antes  del  vencimiento  de  los  seis  años  hizo 
saber  el  señor  Borges  a  la  cancillería  de  la  Asunción  que  el  Brasil 
estaba  dispuesto  a  reanudar  el  estudio,  contestando  la  cancillería 
paraguaya  que  todavía  no  había  llegado  la  oportunidad  de  hacerlo 
de  acuerdo  con  lo  pactado.  Al  aproximarse  el  vencimiento  fué  el 
Gobierno  Paraguayo  quien  asumió  la  iniciativa  mediante  una  nota 
en  que  manifestaba  que  estaba  pronto  para  la  discusión  del  arreglo. 
Pero  entonces  contestó  Borges  que  el  Brasil  «consideraba  inoficiosa 
la  discusión  a  que  se  declaraba  estar  pronto  el  Paraguay,  y  que  en 
su  concepto  ya  había  sido  dicha  la  última  palabra  por  una  y  otra 
parte,  y  que  teniendo  ésta  carácter  de  indeclinable  no  se  podía 
prever  buen  resultado  sino  mayor  acritud  de  la  tardía  discusión 
a   que   se   le   invitaba.» 

Cerraba  su  nota  el  doctor  Herrera  con  este  nuevo  y  grave  dato* 

«Los  brasileños,  a  más  de  frecuentes  incursiones  por  el  terri- 
torio temporariamente  neutralizado,  han  llevado  la  violación  del 
pacto  existente  hasta  establecer  poblaciones  y  fortines  dentro  de 
aquel  territorio  y  aún  dentro  de  los  límites  paraguayos  que  nunca 
han   sido   materia   de   disputa». 

Realmente,  pues,  el  Brasil  y  el  Paraguay  se  encontraban  abo- 
cados al  estado  de  guerra  a  la  llegada  del  diplomático  oriental. 
El  Brasil  declaraba  cerrada  la  contienda  diplomática  y  entretanto 
seguía  avanzando  sobre  el  territorio  paraguayo  de  acuerdo  con  el 
viejo  sistema  de  absorción  que  ya  había  aplicado  con  notable  éxito 
en  nuestro  país.  No  se  había  recurrido  a  las  armas  todavía,  pero 
a  las  armas  tendría  irremediablemente  que  recurrirse  dada  la  in- 
saciable  voracidad    del    Imperio. 

Era  ese  un  antecedente  valioso  para  el  caso  de  que  se  com- 
plicaran los  sucesos  del  Río  de  la  Plata.  Y  el  gobierno  de  Berro 
debió  tomar  buena  nota  de  las  informaciones  que  le  trasmitía  su 
Ministro    en    la    Asunción. 

El   Unigiiay  i-ecaba    el   {-onciu'so  i>ai'agttayo.   La   iiii.sión   Lapido. 

Un  año  más  tarde,  ante  la  inminencia  de  la  revolución  de  Flo- 
res   patrocinada   por   las    autoridades    de    los    dos    países    limítrofes. 


172  HISTORIA    DEL    TJEUGUAY 


el  gobierno  de  Berro,  que  había  resuelto  sacar  partido  de  esos 
conflictos  del  Paraguay  con  el  Brasil  que  se  extendían  también 
a  la  Argentina,  envió  a  la  Asunción  al  doctor  Octavio  Lapido  con 
un   pliego  de  instrucciones   en  que  se  le  decía  lo  siguiente: 

El  Paraguay  está  en  una  situación  análoga  a  la  nuestra.  La 
Argentina  y  el  Brasil  tratan  de  arrancarle  territorios,  y  tal  es 
también  el  riesgo  que  amenaza  al  Uruguay  y  que  ya  ha  hecho 
estragos  en  él.  De  ahí  la  conveniencia  de  una  asociación  protec- 
tora que  supla  la  debilidad  de  cada  uno  de  los  dos  países.  «El 
sistema  del  equilibrio  ha  sido  y  es  una  de  las  más  fuertes  ga- 
rantías del  derecho  de  gentee.  Este  sistema  creándole  a  la  ley 
internacional  una  sanción  positiva  que  no  tiene,  expone  a  las  na- 
ciones que  quisieran  respecto  de  otras  separarse  de  la  ley  ge- 
neral, a  la  oposición  de  todos  los  Estados  interesados  en  impedir 
que  un  engrandecimiento  desmedido  ahogue  la  justicia  interna- 
cional. El  sistema  del  equilibrio  conserva  la  paz  porque  inspira 
el  temor  de  la  guerra».  No  sería  imposible  armonizar  en  ese 
sentido  los  intereses  de  Entre  Ríos,  Corrientes,  Uruguay  y  Pa- 
raguay,   hasta    constituir    una   sola   agrupación. 

Hacía  también  referencia  el  pliego  de  instrucciones  a  los  pe- 
ligros de  la  isla  de  Martín  García  dominada  y  armada  por  el 
gobierno    de    Buenos    Aires. 

Llegó  el  doctor  Lapido  a  la  Asunción  en  junio  de  1863,  ya  ple- 
namente conflagrado  el  territorio  oriental  y  cuando  el  Gobierno 
Argentino  y  las  autoridades  de  Río  Grande  ayudaban  a  manos  lle- 
nas a  los  revolucionarios  en  su  empresa  de  voltear  al  gobierno 
de    Berro. 

El  ambiente  de  la  Asunción,  cada  día  más  agitado  por  la  ab- 
sorción brasileña,  predisponía  el  ánimo  de  los  estadistas  para- 
guayos a  favor  de  una  liga  permanente  con  el  Uruguay,  víctima 
de   la  misma   absorción. 

Véase  cómo  comentaba  «El  Semanario»,  órgano  del  Presidente 
López,  a  mediados  de  1863,  una  referencia  del  Relatorio  del  Mi- 
nistro de  Negocios  Extranjeros  del  Brasil  acerca  de  la  cuestión 
de  límites: 

«Desde  hace  un  año  los  asuntos  de  límites  entre  esta  Re- 
pública y  aquel  Imperio  han  sido  objeto  de  acaloradas  dis- 
cusiones en  la  Cámara  del  Brasil...  Nuestro  Gobierno,  tranquilo 
en  la  justicia  de  su  derecho  y  en  la  mejor  disposición  acerca  de 
los  gobiernos  limítrofes,  espera  que  más  tarde  o  más  temprano  en- 
trará en  arreglos  de  límites  de  una  manera  honrosa  y  satisfactoria 


GOBIERNO    DE    BEBBO  173 


para  él  y  para  ellos,  y  es  probable  que  terminada  felizmente  la 
cuestión  de  límites  no  sólo  con  el  Brasil,  sino  también  con  la 
Confederación  Argentina,  los  intereses  generales  de  los  tres  Es- 
tados se  expandirán  de  una  manera  notable,  adquiriendo  cada  día 
más    solidez    sus    relaciones    políticas    y    comerciales». 

Comunicando  impresiones,  decía  el  doctor  Lapido  al  Gobierno 
Oriental    en    notas    de   esos    mismos    días: 

«El  pensamiento  de  un  acuerdo  dirigido  a  dar  una  base  sólida 
al  concurso  recíproco  que  los  dos  países  pueden  prestarse  para 
la  seguridad  de  su  independencia  y  soberanía  y  para  el  desarrollo 
progresivo  de  sus  intereses  económicos,  lo  considero  completamente 
aceptado  y  dispuesto  este  Gobierno  a  las  negociaciones  necesari;is 
para  el  acuerdo...»  También  he  conversado  con  el  Ministro  Ber- 
ges  acerca  de  la  posibilidad  de  un  estado  de  guerra  entre  el  Uru- 
guay y  la  Argentina,  o  de  la  continuación  de  las  hostilidades  de 
la  Argentina  y  de  si  el  Paraguay  estaría  dispuesto  a  cooperar  a 
nuestra  defensa.  El  Gobierno  Paraguayo  no  quiso  todavía  hacer 
manifestaciones,  atento  sobre  todo  a  que  el  Gobierno  Argentino 
insiste  en  sus  pretextos  de  neutralidad;  pero  no  es  dudoso  de 
que  la  agresión  a  la  independencia  oriental  constituiría  un  casiis 
belli   para   el   Paraguay. 

Después  de  sus  primeras  conferencias  presentó  el  doctor  La- 
pido  un   proyecto   de    tratado    de   alianza,   comercio   y   navegación. 

Comentando  sus  cláusulas,  decía  la  cancillería  de  Berro  que  no 
era  suficiente  con  establecer  que  ambas  partes  contratantes  se 
obligaban  a  defender  y  sostener  su  independencia  e  integridad  te- 
rritorial y  a  proclamar  la  neutralización  de  Martín  García;  que 
era  necesario  que  el  tratado  fuera  más  explícito  en  la  parte  re- 
lativa a  la  cooperación  que  debían  prestarse  ambos  países:  «coo- 
peración  moral   y   material   por   medios   marítimos   y   terrestres'». 

Ante  la  ayuda  pública  —  agregaba  luego  —  que  las  autoridades 
argentinas  prestan  a  la  revolución  de  Plores,  no  es  suficiente  ya 
con  pactar  la  alianza  en  principio,  sino  que  es  urgente  acordar 
los  medios  prácticos  para  sostener  de  inmediato  la  indeipendencia 
oriental  atacada.  De  esa  manera  el  Gobierno  Oriental  se  encon- 
traría habilitado  para  requerir  desde  ya  la  intervención  para- 
guaya. Si  el  Paraguay  considerara  prematura  la  intervención  en 
esa  forma,  habría  que  acordar  por  lo  menos  la  ocupación  de  Mar- 
tín García  atento  a  que  desde  esa  isla  se  ponen  en  peligi'o  los  de- 
rechos del  Paraguay  a  la  libre  navegación  de  los  ríos.  El  Gobier- 
no Uruguayo  anticipa  la  declaración  de  que  encontraría  justifica- 
da  «la   ocupación  eventual  de  esa  parte  de  su  territorio». 


174  HISTORIA    DEL    tTBrGUAT 


Juntamente  con  la  nota  que  acabamos  de  extractar,  dirigía  el 
Gobierno  Oriental  otra  «reservadísima.»  en  que  decía  al  doctor 
Lapido: 

«Para  este  Gobierno  es  ya  fuera  de  duda  que  la  g;ierra  que 
so  le  ha  traído  al  país  desde  Buenos  Aires  tiene  por  objeto  herir 
la  independencia  nacional  como  comienzo  de  ejecución  de  planes 
argentinos.  La  lucha  que  aceptará  será  como  toda  lucha  de  un 
pueblo  por  su  independencia,  resuelta,  sin  vacilación  alguna... 
La  cooperación  decisiva  del  Paraguay  como  la  entiende  el  Go- 
bierno Oriental,  para  adquirir  con  el  Uruguay  en  el  acto  una 
posición  de  supremacía  inconmovible,  está  a  nuestro  juicio  en  la 
inmediata  ocnpacicn  por  fuerzas  navales  y  terrestres  para;ínayas 
y  orientales  de  la  Isla  de  Martín  García,  así  como  de  !a  escua- 
drilla argentina  para  asegurar  el  dominio  de  los  ríos...  En  cuanto 
este  hecho  se  produzca  y  a  su  abrigo  el  Entre  Ríos  y  Corrientes, 
ya  en  inteligencia  con  el  Estado  Oriental,  se  pronunciarán  en  fa- 
vor de  una  liga  ofensiva  y  defensiva,  poniendo  en  acción  sus  me- 
dios  que  ya  preparan   con   el   debido  sigilo   para  tal    eventualidad». 

Insistiendo  en  estas  ideas,  decía  algunas  semanas  después  el 
Gobierno    Oriental    al    doctor    Lapido: 

«Es  indudablemente  oportuna  la  segregación  de  los  territorios; 
situados  al  oriente  del  Paraná  del  contacto  de  la  demagogia  ar- 
gentina, poniendo  a  los  pueblos  que  encierra  fuera  de  los  tiros 
de  la  política  tradicionalmente  agresiva  que  tiene  su  asiento  y  su 
foco  en  Buenos  Aires»...  También  lo  es  la  ocupación  in'nediata 
por  el  Paraguay  de  Martín  García,  «una  parte  del  territorio  orien- 
tal»... Son  tres  los  caminos  que  conducen  a  nuestro  desiderátum: 
«levantamiento  de  Entre  Ríos;  conflicto  y  ruptura  provocada  por 
la  revolución  oriental;  iniciativa  del  Paraguay»...  En  cuanto  a  lo 
primero,  es  necesario  tener  en  cuenta  las  dificultades  con  «lue 
lucharía  el  levantamiento  de  Entre  Ríos,  «sin  encontrar  inme- 
diatamente el  apoyo  material  bastante  para  resistir»...  «En  las 
inteligencias  que  este  Gobierno  mantiene  con  dicha  provincia 
ha  tenido  ocasión  de  persuadirse  de  que  este  temor  justificado  a 
la  verdad  es  el  objeto  principal  que  la  detiene»...  En  cuanto  a 
la  Repi'iblicá  Oriental,  con  una  guerra  intestina  provocada  por  Bue- 
nos Aires,  tampoco  puede  afrontar  una  ruptura  franca  «sin  los 
medios  prácticos  de  dominar  las  consecuencias»...  «El  Paraguay 
está  en  muy  diverso  caso  —  concluía  la  nota  — :  su  poder  es 
incontrastable,  y  una  vez  puesto  en  acción  tendrán  necesariamente 
que  acompañarle  la  República  Oriental   y  Entre  Ríos». 


GOBIERNO     UK     HKKKO  115 


En  esta  misma  nota  se  ocupaba  también  la  cancillería  oriental 
del  Brasil.  Pero  en  forma  amistosa,  porque  en  esos  momentos  la 
política  imperial  que  empezaba  a  mirar  con  recelo  la  ayuda  pú- 
blica del  Gobierno  Argentino  a  la  revolución  de  Flores,  parecía 
inclinarse   a   la   consolidación    del    gobierno   de    Berrj. 

«Hoy  mismo  parte  de  Montevideo  —  decía  —  después  de  confe- 
renciar conmigo  el  Ministro  del  Brasil  señor  Loureiro,  encargado 
de  una  misión  especial  de  su  gobierno  cerca  del  Argentino,  con- 
ducido por  un  vapor  de  guerra  llegado  ayer  con  instrucciones 
de  Río  de  Janeiro.  Esas  instrucciones  le  prescriben  al  diplomáti- 
co brasileño  hacer  sentir  seriamente  al  Gobierno  Argentino  todo 
el  desagrado  con  que  el  Gobierno  de  S.  M.  ve  y  verá  la  coopera- 
ción que  desde  Buenos  Aires  se  le  dispensa  a  la  invasión  de  Flo- 
res, y  la  decisión  en  que  está  el  Gobierno  Imperia'.  de  llenar  sus 
compromisos  internacionales  de  proteger  la  naz  y  la  independen- 
cia de  la  República  Oriental  del  Uruguay...  Como  el  Brasil  debe 
por  ahora  ser  enteramente  extraño  a  lo  que  pasa  entre  los  gabi- 
netes paraguayo  y  oriental,  me  limito  a  incitar  al  gobierno  del 
Brasil   a  que   no   retarde  el   cumplimiento  de  sus  órdenes». 

Del  vasto  programa  de  las  misiones  Herrera  y  Lapido  —  que 
hemos  extractado  de  la  importante  documentación  publicada  por 
el  doctor  Luis  Alberto  de  Herrera  —  sólo  alcanzó  a  obtenerse 
una  gestión  ante  la  cancillería  argentina  y  una  nota  circular  al 
Cuerpo  Diplomático  radicado  en  la  Asunción  con  las  declaracio- 
nes   que    subsiguen: 

«Que  el  Gobierno  del  Paraguay  considera  la  independencia  per- 
fecta y  absoluta  del  Estado  Oriental  una  condición  del  equilibrio 
político  de  estos  países...  Que  empleará  todoy  los  esfuerzos  a  su 
alcance  para  poner  término  a  la  funesta  situación  que  aquella  in- 
vasión (la  de  Flores)  ha  creado  y  para  restablecer  la  paz  y  la 
tranquilidad   de   las   repúblicas   del   Plata». 

También  accedió  el  Gobierno  Paraguayo  al  establecimiento  de 
un  servicio  de  navegación  entre  la  Asunción  y  Montevideo  por  in- 
termedio de  varios  vapores  mercantes  que  estaban  equiparados 
¡1  los  de  guerra. 

En  octubre  de  1863  fondeó  en  nuestro  puerto  uno  de  esos  vapo- 
res, el  «Tacuarí»,  y  su  comandante  fué  recibido  en  la  Casa  de  Go- 
bierno, donde  se  cambiaron  discursos  que  al  día  siguiente  fueron 
comentados  en  términos  expresivos  por  la  prensa  de  Montevideo. 

«Actualmente  nadie  ignora  ya,  decía  «La  Nación»,  hasta  qué  gra- 
do se  han   estrechado  las   relaciones   de   esta  República   con   la   del 


176  HISTORIA    DEL    UBUQUAI 


Paraguay;  en  las  dos  márgenes  del  Plata  se  palpa  ya  la  influencia 
que  ejerce  esa  república  en  la  política  de  estos  países,  y  si  alguien 
dudase  de  lo  que  decimos  le  recordaríamos  la  presencia  del  vapor 
de  guerra  «Tacuarí»  en  nuestras  aguas,  precisamente  en  los  momen- 
tos en  cue  los  orientales  tienen  atacada  su  independencia  por  una 
invasión  filibustera  que  partió  del  territorio  argentino,  favore- 
cida por  una  comisión  pública  establecida  en  Buenos  Aires  y  que 
aún  actualmente   recibe  de  allí  los  contingentes  de     guerra». 

El  Gobierno  Paraguayo  descorre   el   velo  que   ocultaba   los   traba- 
jos de  la  diplomacia  oriental. 

Vamos  a  completar  la  documentación  que  acabamos  de  extractar 
con  una  nota  histórica  no  menos  importante  que  dio  a  la  prensa  la 
propia  cancillería  de  la  Asunción  en  septiembre  de  1864,  en  medio 
de  lo  más  hondo  del  conflicto  en  que  ya  se  incubaba  la  triple  alian- 
za contra  el  Paraguay. 

Es  la  respuesta  dada  por  el  Gobierno  Paraguayo  el  30  de  agosto 
de^  dicho  año  a  la  nota  del  Ministro  Oriental  en  la  Asunción  doctor 
José  Vázquez  Sagastume,  adjuntando  el  ultimátum  del  Ministro 
Brasileño  Saraiva  de  que  hablaremos  en  otra  oportunidad,  e  ins- 
tando al  Paraguay  a  intervenir  de  una  manera  activa  en  los  suce- 
sos de  que  era  teatro  el  Uruguay.  En  ella  historiaba  así  la  canci- 
llería paraguaya  los  trabajos  anteriores  de  la  Legación  Oriental  en 
la   Asunción: 

En  julio  de  1863  llegó  el  doctor  Lapido.  Agitábase  en  esos  mo- 
mentos entre  los  dos  gobiernos  del  Plata  la  cuestión  de  los  vapo- 
res «Salto»  y  «Artigas».  El  doctor  Lapido  «propuso  celebrar  un 
tratado  de  alianza  ofensiva  y  defensiva  entre  el  Paraguay  y  la  Re- 
pública Oriental  para  el  sostenimiento  de  la  independencia  e  in- 
tegridad territorial  de  ambos  Estados.  Contestó  el  Gobierno  Para- 
guayo que  era  suficiente  un  tratado  de  amistad,  comercio  y  nave- 
gación. Pero  el  Ministro  Oriental  insistió  y  presentó  un  proyecto 
de  tratado  que  entre  otras  cosas  prescribía  lo  siguiente: 

«Reconociendo  que  la  independencia  e  integridad  territorial  de 
los  dos  Estados  es  condición  de  equilibrio,  de  seguridad  y  de 
paz  para  ellos  y  para  los  Estados  limítrofes  y  vecinos,  los  gobier- 
nos de  la  República  Oriental  y  del  Paraguay  se  obligan  a  la  defen- 
sa y  sostenimiento  recíprocos  de  la  independencia  e  integridad  te- 
rritorial de  los  dos  Estados  contra  cualquiera  injusta  agresión  o  do- 
minación   extranjera...    Considerando   las    altas    partes    contratantes 


GOBIERNO    UE    BEaiRO  177 


que  la  Isla  de  Martín  García  puede  servir  por  su  posicióa  para 
impedir  o  embarazar  la  libre  navegación  de  los  afluentes  del  Pla- 
ta, en  que  están  principalmente  interesados  todos  los  rüiereños,  la 
República  Oriental  se  obliga  estando  en  posesión  de  dicha  Isla  a 
no  hacer  de  ella  uso  alguno  que  pueda  impedir  o  estorbar  esa  libre 
navegación  y  a  cooperar  con  ese  mismo  objeto  y  en  garantía  co- 
mún con  el  Gobierno  de  la  República  del  Paraguay,  a  fin  de  que 
el  Gobierno  de  la  Provincia  de  Buenos  Aires  que  la  posee  actual- 
mente  no  pueda  convertirla  en   una  fortaleza  o  punto  militar». 

«Acceder  a  este  proyecto  de  tratado  equivalía  a  declarar  la  gue- 
rra a  la  República  Argentina,  con  quien  estaba  el  Gobierno  del  Pa- 
raguay en  perfecta  paz  y  amistosas  relacioneá» .  . .  La  cancillería 
paraguaya  solicitó  aclaración  y  explicaciones  a  esas  y  otras  cláu- 
sulas del  tratado,  y  mientras  tramitaban  unas  y  otras  quedó  solu- 
cionado el  incidente  del  «Salto»  y  del  «General  Artigas».  El  doc- 
tor Lapido  dejó  entonces  de  lado  el  tratado  y  se  dirigió  a  propo- 
ner al  Gobierno  Paraguayo  «que  hiciera  oír  su  voz  al  Gobierno  Ar- 
gentino con  el  fin  de  contener  el  desborde  de  su  política  tendiente 
a  dominar  otras  nacionalidaldes  y  a  reconstruir  el  antiguo  virreina- 
to», a  lo  que  observó  la  cancillería  paraguaya  que  tenía  motivos 
para  creer  en  la  estricta  neutralidad  del  gobierno  del  general  Mi- 
tre. 

En  septiembre  del  mismo  año  —  agregaba  la  nota  —  fué  agitado 
nuevamente  el  asunto  con  motivo  de  la  circular  al  Cuerpo  Diplo- 
mático en  que  el  Gobierno  Oriental  historiaba  los  antecedentes 
de  la  invasión  de  Plores.  Pedía  otra  vez  el  Pre<íidente  Berro  la  coo- 
peración del  Paraguay,  «contra  los  avances  de  la  política  argen- 
tina que  protegía  abiertamente  la  invasión  del  Estado  Oriental», 
contestando  entonces  el  Gobierno  Parí'guayo  que  consideraba  «la 
independencia  del  Estado  Oriental  cuestión  de  equilibrio,  de  se- 
guridad y  de  paz  de  los  Estados  del  Plata  y  que  en  ese  sentido  se 
dirigía  en  la  misma  fecha  al  Gobierno  Argentino  para  recabar  ex- 
plicaciones sobre  los  sucesos  que  motivaban  aquella  corresponden- 
cia». En  presencia  de  esa  comunicación  resolvió  el  doctor  Lapido 
trasladarse  a  Montevideo.  Pero  luego  desistió  del  viaje  y  «miitió 
la  idea  de  que  fuera  enviado  un  agente  ante  el  general  ürquiza 
para  conseguir  el  pronunciamiento  de  Entre  Ríos  contra  el  go- 
bierno de  Mitre.  Propuso  asimismo  que  la  escuadra  paraguaya 
en  combinación  con  la  oriental  se  apoderara  de  la  Isla  de  Martín 
García,  a  cuyo  pensamiento  no  fué  posible  adherir.  Posteriormen- 
te el  Gobierno  Paraguayo  dirigió  diversas  comunicaciones  a  la  Ar- 

12 -V 


178  HISTORIA    DEL    HBUGUAT 


gentina    sobre    salida    de    expediciones    en    ayuda    de   Flores,    íortifi- 
cación  de  Martín   García,   etc. 

En  enero  de  1864  —  proseguía  —  propuso  la  Legación  Orien- 
tal pasar  una  nota  formalizando  la  declaración  de  estar  pronto 
su  gobierno  para  combinar  con  el  Paraguayo  «medios  prácticos 
de  resistencia  y  de  represión».  Pero  el  Gobierno  Oriental  asumía 
en  ese  mismo  momento  una  actitud  que  no  era  las  más  indicada 
para  el  mantenimiento  de  las  buenas  relaciones:  ocultaba  los  tra- 
bajos de  pacificación  que  se  realizaban  por  intermedio  de  los  Mi- 
nistros extranjeros  y  obligaba  al  vapor  paraguayo  «Paraguarí», 
donde  estaban  asilados  los  señores  Estrázulas,  Caravia  y  Basá- 
ñez,  a  salir  del  puerto,  política  vacilante  que  ha  impedido  al 
Paraguay  trabajar  eficazmente  en  momento  oportuno  a  favor  de  la 
pacificación. 

Por  estas  razones— concluía  la  nota — el  Presidente  López  «no 
halla  oportuno  que  su  gobierno  intervenga  por  ahora,  como  V.  E. 
solicita  en  su  nota  del  25  de  este  mes,  en  las  dificultades  surgi- 
das de  la  política  del  Gobierno  Imperial  con  el  de  V.  E.  por  la 
reunión  de  fuerzas  navales  y  terrestres  en  las  aguas  y  fronteras 
de  la  República  Oriental  del  Uruguay,  procurando  de  consuno  con 
e]  gobierno  de  V.  E.  los  medios  de  salvar  los  derechos  y  la  sobe- 
ranía del  pueblo  oriental;  pero  que  siendo  estas  calidades  condi- 
ción necesaria  del  equilibrio  del  Plata  y  éste  principio  de  su  polí- 
tica y  prosperidad,  se  reserva  alcanzar  este  resultado  con  su  acción 
independiente». 

El  incidente  del  «Paraguarí»  era  uno  de  los  que  más  había  agria- 
do al  Presidente  López.  Se  trataba  de  uno  de  los  vapores  mercan- 
tes mandados  por  oficiales  de  línea,  que  hacía  la  carrera  entre  Mon- 
tevideo y  Asunción.  Allí  estaban  asilados  los  senadores  que  habían- 
pretendido  voltear  a  Berro.  La  Capitanía  i'iel  Puerto  notificó 
al  comandante  del  buque  capitán  Robles  que  les  .-' cc;".errados  debían 
salir  de  aguas  orientales  dentro  de  un  plazo  perentorio  de  12 
horas,  y  ofreció  una  embarcación  para  que  pudieran  realizar  el 
viaje  a  Buenos  Aires.  Contestó  Robles  que  el  «Paraguarí»,  aunque 
barco  mercante  estaba  asimilado  a  los  de  guerra;  que  tenía  sa  via- 
j:-  anunciado  para  dos  días  después,  pero  que  si  no  se  autorizaba 
la  permanencia  de  los  asilados  hasta  entonces,  emprendería  via- 
je de  inmediato.  El  Gobierno  contestó  negativamente,  fundándose 
en  que  no  se  trataba  de  un  barco  de  guerra  y  el  «Parao;uari'>  levó 
anclas  en  el  acto,  quedando  desde  ese  momento  interrumpido  el 
servicio  de  navegación  que  había  empezado  a  realizarse  con  tanto 
estrépito. 


GOBIERNO    DE    HÍHIRO  179 


Polvareda  que  levanta  la  nota  paraguaya. 


Esa  repuesta  de  la  cancillería  paraguaya  que  descubría  toda  la  ges- 
tión de  la  diplomacia  oriental  y  que  probaba  que  el  gobierno  de  Ló- 
pez estaba  decidido  a  intervenir  a  viva  fuerza  en  la  contienda  del 
Plata,  levantó  gran  polvareda  en  la  prensa  de  Buenos  Aires,  por 
más  que  su  contenido  estuviera  ya  de  tiempo  atrás  en  la  concien- 
cia  de  todos. 

En  mayo  del  mismo  año  1864  había  publicado  efectivamente 
«La  Nación  Argentina»  una  nota  amenazadora  del  gobierno  de  Ló- 
pez al  gobierno  de  Mitre. 

Recordaba  en  ella  la  cancillería  paraguaya  que  a  fines  de  1863 
había  pedido  explicaciones  a  la  Argeiatina  acerca  de  su  actitud  en 
la  contienda  que  tenía  por  teatro  el  territorio  oriental,  sin  conse- 
guir absolutamente  su  objeto;  que  las  medida::-  adaptadas  por  la 
Argentina  tales  como  la  fortificación  de  la  isla  de  Martín  García  y 
la  clausura  de  las  aguas  uruguayas  a  los  propios  buques  de  guerra 
del  Gobierno  Oriental  daban  pábulo  «a  la  opinión  pública  que  atri- 
buía al  Gobierno  Argentino  la  preferencia  de  los  medios  que  em- 
pleaba para  de  esa  manera  dar  mayor  protección  al  general  Flo- 
res», y  concluía  con  estas  graves  palabras: 

«Colocado  mi  gobierno  en  la  necesidad  de  prescindir  de  las  expli- 
caciones amistosas  solicitadas  cerca  del  gobierno  de  V.  E.,  en  ade- 
lante atenderá  sólo  a  sus  propias  informaciones  sobre  el  alcance  de 
los  hechos  que  puedan  comprometer  la  soberanía  e  independencia 
del  Estado  Oriental,  a  cuya  suerte  no  le  es  permitido  ser  indiferen- 
te, ni  por  la  dignidad  nacional,  ni  por  sus  propios  intereses  en  el 
Río  de   la  Plata». 

Puede  decirse  que  la  idea  de  la  alianza  con  el  Paraguay  empezó 
a  difundirse  fuertemente  desde  agosto  de  186-3  en  que  la  prensa 
de  Buenos  Aires  atribuyó  a  esa  idea  la  misión  de  don  Fede- 
rico Nin  Reyes.  Pocas  semanas  después  recorría  las  calles  de  Mon- 
tevideo una  gran  columna  popular  festejando  'a  persecución  de  las 
fuerzas  de  Flores  por  las  de  Medina  y  Moreno  en  medio  de  vivas 
al  Paraguay  y  Entre  Ríos,  juzgados  ya  como  -iliados  del  Uruguay. 
Y  en  seguida  el  gobierno  de  López  formulaba  su  sensacional  pedi- 
do de  explicaciones  a  la  Argentina,  dando  lugar  con  ello  a  que  el 
gobierno  de  Mitre  se  apresurara  a  recabar  venia  para  el  nombra- 
miento de  Ministros  diplomáticos  con  la  alarma  que  reflejan  estas 
palabras  de  la  crónica  parlamentaria  de  «La  Nación  Argentina»: 
«El   Ministro  de  Relaciones   dijo  que   debía  declarar   que   desgracia- 


180  HISTORIA    DEL    UBUQUAT 


damente  las  cosas  se  precipitaban  mucho  más  de  lo  que  se  creía  y 
que  era  necesario  mandar  cuanto  antes  una  misión  al  Paraguay  y 
al  Brasil». 

Al  finalizar  el  año  1863  volvía  la  prensa  de  Buenos  Aires  a  pre- 
ocuparse de  la  alianza  del  Uruguay  y  del  Paraguay  como  consecuen- 
cia de  las  misiones  Lapido  y  Xin  Reyes,  al  mismo  tiempo  que  la 
de  Montevideo  presentaba  al  Brasil  como  inclinado  a  la  Argentina 
a  consecuencia,  según  se  creía  al  principio,  de  haber  trasmitido  la 
cancillería  de  López  a  la  de  Mitre  una  nota  del  Gobierno  Orien- 
tal a  la  Legación  del  Brasil  en  Montevideo  que  el  doctor  Lapido  le 
había  pasado  reservadamente. 

La  indiscreción  era  cierta  según  se  encargó  de  probarlo  !á  can- 
cillería oriental  en  una  de  sus  coulunicaciones  al  doctor  Lapido. 
Pero  era  ese  un  detalle  que  no  podía  suministrar  base  para  un 
cambio  fundamental  de  rumbos.  Otra  era  la  razón  del  cambio. 
Consistía  en  que  el  Emperador  del  Brasil  había  encontrado  en  Mi- 
tre aliado  que  necesitaba  para  reducir  al  Paraguay,  y  la  alianza 
con  Mitre  era  también  la  alianza  con  Flores  a  quien  el  Imperio  ha- 
'bía  empezado  a  negarle  su  concurso  precisamente  por  su  calidad  de 
lugarteniente  del  mandatario  argentino  antes  de  que  el  problema 
de  la  guerra  del  Paraguay  entrara  a  ocupar  el  primer  rango  en  la 
política  platense. 

Ya  en  esos  momentos  se  hablaba  corrientemente  de  la  guerra  en- 
tre la  Argentina  y  el  Paraguay.  «El  Semanario»  de  la  Asunción,  ór- 
gano oficial  del  Presidente  López,  reproducía  y  comentaba  con  al- 
haracas dignas  de  las  que  solía  aplicar  Rosas  al  Paraguay,  un  suel- 
to en  que  se  decia  que  el  Gobierno  Argentino  podría  armar  14  vapo- 
res y  lanzar  sobre  el  territorio  paraguayo  un  ejército  de  50,000 
hombres. 

El  conflicto  parecía  inminente  en  la  víspera  de  la  terminación  de 
la  presidencia  de  Berro.  El  mismo  órgano  oficial  del  Presidente  Ló- 
pez exteriorizaba  así  en  febrero  de  1864  la  probabilidad  del  rompi- 
miento: 

«Xos  es  sensible  manifestar  que  nuestras  relaciones  con  el  GrO- 
bierno  de  "Buenos  Aires  no  son  por  cierto  las  más  satisfactorias.  Al- 
gunas notas  se  han  cambiado  con  aquel  Gobierno  en  el  sentido  de 
pedir  una  explicación  acerca  de  los  cargos  que  la  opinión  pública 
arroja  sobre  él  en  la  violación  de  la  neutralida.l  en  la  vandálica 
guerra  que  está  destruyendo  la  República  Oriental.  Las  serias  pre- 
venciones del  derecho  de  gentes  sobre  este  punto  y  la  segurid-.id 
misma  de  nuestro  país  directamente  amenazado  en  tal  caso,   recia- 


GOBIERNO    DE    BERBO  181 


marón  prudentes  explicaciones  a  que  hasta  hoy  el  Gobierno  Ar- 
gentino no  ha  querido  dar  una  satisfación  cumplida;  por  el  contra- 
rio, la  fortificación  de  Martín  García  y  el  gravamen  que  quiere 
hacerse  pesar  en  Corrientes  sobre  los  buques  nacionales,  hacen  más 
complicadas  y   vidriosas   las   relaciones   con   aquel   Estado». 

La  política  internacional   al   temiinar  la  presidencia  de  Berro. 

Al  bajar  don  Bernardo  P.  Berro  de  la  presidencia  de  la  Repúbli- 
ca quedaban,  pues,  envueltas  en  la  revolución  de  Flores  las  canci- 
llerías de  la  Argentina,  del  Brasil  y  del  Paraguay. 

El  gobierno  de  Mitre  había  sido  el  incubador  de  la  revolución. 
Fa'-a  abatir  a  Urquiza  había  resuelto  sacar  a  Berro  del  poder  y  co- 
locar a  Flores,  su  lugarteniente  en  las  campañas  por  la  unidad 
argentina.  Tenía  también  la  esperanza,  de  que  participaban  tantos 
prohombres  de  la  época,  de  reconstituir  las  antiguas  provincias  del 
Río  de  la  Plata  mediante  la  reincorporación  dei   Uruguay. 

El  Brasil  había  también  ayudado  en  sus  comienzos  a  la  revolución 
do  Flores  por  las  mismas  razones  por  que  siempre  había  ayudado 
a  las  revoluciones  orientales:  la  comunidad  de  intereses  de  las  po- 
blaciones fronterizas  y  ante  todo  y  sobre  todo  la  absorción  gradual 
de  territorios  tanto  más  fácil  cuanto  más  re\uelto  estuviera  el 
país. 

El  Paraguay  estaba  presionado  por  sus  contiendas  de  límites 
con  el  Brasil  y  la  Argentina  que  más  de  una  vez  habían  dado  pre- 
texto  al   Imperio  para  empujar   hacia   las   soluciones   de  fuerza. 

Así  que  la  revolución  de  Flores  se  hizo  inminente  y  con  más 
razón  después  de  producida,  trató  el  Presidente  Berro  de  contener 
a  la  Argentina  dentro  de  los  límites  de  la  neutralidad,  mediante  el 
apoyo  de  López  en  el  Paraguay  y  de  Urquiza  en  Entre  Ríos. 

El  mismo  Brasil  pareció  alarmado  ante  la  formidable  colabora^ 
ción  argentina.  Triunfante  Flores,  ¿quedaría  reincorporada  la  Re- 
pública Oriental  a  las  antiguas  Provincias  del  Río  de  la  Plata?  Era 
grave  el  problema  y  la  prudencia  aconsejaba  dar  un  compás  de  es- 
pera a  la  jamás  interrumpida  colaboración  brasileña  en  todas  y 
cada  una  de  las  guerras  civiles  que  habían  castigado  al  Uruguay. 
Pero  apenas  dado  los  primeros  pasos  en  ese  sentido  por  la  misión 
Loureiro  que  la  cancillería  de  Río  de  Janeiro  se  apresuró  a  despa- 
char, desaparecieron  las  alarmas  y  entonces  el  Brasil  resolvió  apro- 
vechar la  oportunidad  que  se  le  presentaba  para  resolver  su  con- 
tienda de  límites  y   exterminar  a  su   enemigo.   No  se   había  arries- 


182  HISTORIA    DEL    UBUGUAY 


gado  aisladamente  a  lanzarse  sobre  su  presa,  pero  con  el  concurso 
de  las  repúblicas  del  Plata  la  guerra  le  resultaba  tentadora. 

De  ahí  arranca  el  sangriento  drama  que  empezó  a  tener  amplio 
desarrollo  bajo  el  gobierno  de  Aguirre,  que  subsiguió  al  de  Berro, 
y  que  absorbió  casi  por  entero  el  período  de  la  dictadura  de  Flo- 
res. 


CAPITULO  III 

Movimiento  económico 

Nuestra  población  segíin  el  censo  de  1860. 

El  gobierno  de  Berro  resolvió  a  mediados  de  1860  levantar  el  cen- 
so general  de  la  República  por  intermedio  de  los  Jefes  Políticos 
y  con  el  concurso  de  los  respectivos  vecindarios. 

En  la  Capital  actuaron  dos  vecinos  en  cada  n'.anzaua. 

Véase   el   resultado   de   esa   operación  comparado   con    el  de   1852: 


DEPARTAMENTOS 

Territorio 

Población 
ea  1860 

Población 
en  1852 

Montevideo. 

25 

leo:uas 

57,913 

33,994 

Canelones 

178 

3,200  cuadras 

20,468 

17,817 

San  José 

432 

800 

1 2,527 í 

13,114 

Florida   . 

455 

2,800 

.     12,170i 

Minas 

554 

400 

12,852 

8,089 

Durazno. 

538 

3,200 

8,973 

5,591 

Colonia  . 

213 

3,200 

13.349 

7,971 

Soriano  . 

347 

800 

i     14,138 

9,031 

Pavsandú 

817 

2,800 

14.201 

6,247 

Salto .      . 

902 

2.800 

15,821 

7,364 

Tacuarembó 

1,IH1 

400 

9,593 

6,567 

Cerro  Largo 

837 

„                — 

17,475 

6,451 

Maldonado  . 

572 

800 

— 

9,733 

209,480 

131,969 

La  Mesa  de  Estadística  calculaba  la  población  del  Departamento 
de  Maldonado,  no  censada,  en  20,000  almas  y  prevenía  a  la  vez  que 
podían  estimarse  en  98,000  las  omisiones  generah^?,  arribando  así 
a  la  cifra   de   327,480   habitantes. 

Llenando  las  omisiones  y  vacíos  del  censo  en  forma  más  pruden- 
te, véase  cómo  calculaba  la  población  la  Comisión  organizadora  de 
la  Sección  Uruguaya  en   la   Exposición  de  Londres  de   1862: 


184 


HISTORIA     DEL     URUGUAY 


Montevideo 
Canelones 
Florida  . 
San  José . 
Colonia  . 
Soriano  . 
Durazno   . 


Habitantes 

70,078  Minas    .      . 

30,000  Maldonado 

15,925  Salto     .      . 

16,092  Paysandú  . 

15,707  Cerro  Largo 

17,122  Tacuarembó 
11,123 


Habitantes 

16,268 
15,000 
21,434 
17,751 
17,000 
18,000 

281,500 


Su    DISTRIBUCIÓN    POE    SEXOS. 

Extraemos  las  siguientes  cifras  de  los  mismos  cuadros  del  censo 
qe  1860    (no  figuran  Paysandú  y  Maldonado) : 


DEPARTAMENTOS 


Nacionales    Extranjeros 


Nacionales    Extranjeros 


Montevideo 
Canelones  . 
San  José    . 
Florida  . 
Minas    . 
Durazno 
Colonia. 
Soriano. 
Salto      .      . 
Tacuarembó 
Cerro  Larg-o 


13,867 
6,520 
5,538 
5,245 
5,522 
4,268 
4,425 
6,053 
3,666 
2,694 
5,797 


63,595 


18,158 
4,527 
1,491 
1 ,346 
1,231 
1,055 
2,131 
1,817 
5,958 

3,i;^o 

4,593 


45,437 


16,320 
6,645 
5,035 
5,081 
5,565 
3,290 
5,119 
5,607 
3,154 
1,979 
4,667 


62,462 


9,516 

2,776 

463 

498 

534 

360 

894 

661 

3,043 

1,790 

2,418 


22,480 


Su    DISTRIBUCIÓN    POR    NACIONALIDADES. 


Don  Adolfo  Vaillant,  organizador  de  nuestra  estadística,  luego 
de  estudiar  y  corregir  cifras  y  de  llenar  vacíos  del  censo,  fijaba 
la  población  de  1860  en  221,243  almas  (Apuntes  Estadísticos)  y  la 
distribuía   así   por   nacionalidades: 


GOBIERNO     DE     BERBO 


185 


DEPARTAMENTOS 


Nacionales    Extranjeros 


TOTAI. 


Montevideo 

30,187 

27,674 

57,861 

Canelones    . 

13,165 

7,303 

20,468 

Cerro  Largo 

10.464 

7,011    , 

17,475 

Salto.      .      . 

6,820 

9,001    ' 

15,821 

Pavsandú     . 

9,466 

4,735 

14,201 

Soriano  . 

1 1 ,660 

2,478 

14,138 

Colonia  . 

y.544 

3,625 

13, 169 

Minas 

1 1 ,087 

1,765 

12,852 

San  José 

10,573 

1.954 

12.527 

Florida    . 

10,326 

1.844 

12,170 

Maldonado  . 

8,670 

3..M30 

12,000 

Tacuarembó 

4,673 

4.920 

9,593 

Durazno. 

7,558 

1,415 

fs,973 

144,193 

1 
77,055 

221,243 

El  censo  de  1852  arrojó  103,383  orientales  y  28,586  extranjeros, 
equivalentes    al    78.4    '/<_    y   al    21.6    %    respectivamente. 

Y  el  de  1S60  arrojó  el  65  Sf  de  nacionales  y  el  35  ''A  de  extranje- 
ros, siendo  en  Montevideo  donde  principalmente  se  reconcentraba 
la  inmigración  hasta  igualar  casi  las  proporciones:  52  %  de  nacio- 
nales y  48  %  de  extranjeros.  Entre  los  censados  de  ese  año  (exclui- 
dos Paysandú  y  Maldonado  por  falta  de  datos)  sobresalían  las  sT- 
Eíuientes  nacionalidades: 


Orientales  . 
Brasileños  . 
Esftañoles  . 
Italianos  . 
Franceses  . 


126,057  Argentinos  . 

19,106  Africanos 

18,337  Ingleses  . 

10,055  Portugueses 

8,891 


6,337 
2,300 

1 ,062 
1,032 


Al  terminar  el  año  1863,  último  de  la  administración  Berro,  tenía 
el  país,  según  los  cálculos  del  señor  Vaillant  (Almanaque  de  «El 
Siglo»)    250,000    habitantes. 

Movimiento  vegetativo. 


Extraemos  de  otro  cuadro  del  señor  Vaillant  las  siguientes  cifras 
correspondientes  al  número  de  defunciones  ocurridas  en  el  Departa- 
mento de  Montevideo  durante  los  cuatro  años  del  gobierno  de  Be- 
rro  y   el   subsiguiente   de   la   administración   Aguirre: 


186 


HISTORIA    DEL    URUGUAY 


ANOS 


PLANTA     URBANA 


( Montevideo, 
Cordón,  Aguada) 


PLANTA    KUKAL 


( Reducto,  Paso  del 
Molino,  Unión,  etc. ) 


Total 


1860 
1861 
186-2 
1863 
1864 


1,470 
1 ,443 
1,543 

1,874 
1 ,8¿ó 


8,155 


203 
202 
334 
403 

477 


1,619 


1,673 
1,645 
1,877 
2,277 
2,302 


9,774 


Clasificación    por   nacionalidades: 


ANOS 


Nacionales    Extranjeros     Se  ignora 


Total 


18.60 
1861 
1862 
1863 
1864 


1,049 
1.009 
1,229 
1 ,554 
1,546 


624 
632 
644 
715 
740 


4 

4 

8 

16 


1,673 
1,645 
1,877 
2,277 
2,302 


Clasificación    por    edades,    según    el    registro    estadístico   de    1860; 


1859 


1860 


Menores  de  7  años 
De  7  años  a  25 
De  25  años  arriba. 


739 
183 
751 


Entre  las  causas  de  las  defunciones  destacaba  el  censo  de  1860  la 
viruela  (113),  el  «mal  de  siete  días»,  (57),  la  tisis  pulmonar  (41), 
la  tisis  (35),  la  fiebre  (38),  la  pulmonía  (33),  la  gastroenteritis 
(31),  el  tétanos  (25),  los  nacimientos  inanimados  (25),  la  tos  con- 
vulsa   (24),  la  meningitis    (21)    y   la   disenteria    (20). 


GOBIERNO     DE     BEBBO  187 


El  crecimiento  de  la   p<>l)la<ióii   de   >L()nte\-ideo. 

Los  cuadros  censales  de  1860  arrojaban  una  defunción  por  cada 
34.58  habitantes,  equivalente  a  29  por  mil.  Partiendo  de  esta  pro- 
porción, calculaba  así  el  señor  Vaillant  el  crecimiento  del  Departa- 
mento de   Montevideo  durante   el    quinquenio   1860-64: 


AÑOS  i!   Población  urbana    !      Población  rural     ![      Total 


1 

1860 

1 
50.837 

1 
7.024    ! 

57,861 

1861 

49.905 

6.987 

56.892 

1862 

53.365 

11.551 

64.916 

1863 

64.812 

13.938 

78.750 

1864 

63,117 

16,497 

79,614 

Contra  la  esclavitud. 

No  podían  ser  más  terminantes  nuestras  leves  contra  la  esclavi- 
tud. Pero  los  estancieros  brasileños,  que  siempre  habían  hecho  caso 
omiso  de  sus  disposiciones,  continuaban  violándolas  a  despecho  de 
todas  las  medidas  adoptadas  por  las  autoridades  para  asegurar  su 
cumplimiento.  La  fórmula  más  corriente  era  la  de  contratos  le 
arrendamiento  de  servicios  personales  por  plazos  que  absorbían  la 
vida  entera  del  peón  de  estancia.  En  vez  de  traer,  pues,  a  los  escla- 
vos bajo  su  verdadera  denominación,  el  estanciero  brasileño  impor- 
taba peones  contratados  por  un  número  de  años  que  coincidía  con  el 
de  la  vida  probable  del  esclavo.  Algunos  de  los  contratos  visados 
Tior  el  Consulado  Uruguayo  en  el  Brasil  llegaban  a  30  años! 

Con  el  propósito  de  poner  fin  a  ese  abuso  el  doctor  José  Vázquez 
Sagastume  presentó  en  1860  a  la  Cámara  de  Diputados  un  proyecto 
de  ley  por  el  cual  se  establecía:  que  los  esclavos  que  llegaran  al 
país  eran  libres;  que  las  autoridades  nacionales  no  reconocerían 
contrato  alguno  sobre  prestación  de  servicios  personales  sino  entre 
individuos  reconocidamente  libres;  que  los  esclavos  traídos  por  sus 
dueños  a  nuestro  territorio  no  estaban  regidos  por  los  tratados  de 
octubre   de   1851. 

«La  ciudadanía  oriental  —  decía  el  doctor  Vázquez  Sagastume 
fundando  su  proyecto  —  se  está  extinguiendo  al  norte  del  Río  Ne- 
gro: contra  el  texto  expreso  de  la  Constitución  de  la  República  y 
lo  establecido  por  la  liberalidad  de  nuestras  leyes,  la  esclavatura  es 


188  HISTORIA    DEL    UBUGUAY 


un  hecho  en  algunas  parte;  la  mayor  parte  de  los  establecimientos 
(íc  campo  situados  al  norte  del  Río  Negro  están  servidos  por  brasi- 
leños, unos  como  esclavos  y  otros  esclavos  con  el  nombre  de  jíeones 
que  vienen  del  Brasil  por  contratos  que  hacen  registrar  en  alguna 
oñcina   pública.» 

La  Cámara  de  Diputados,  de  acuerdo  en  lo  fundamental  con  el 
doctor  Vázquez  Sagastume,  sancionó  una  legislación  más  restricti- 
va y  eficaz.  Los  contratos  con  colonos  de  color  sólo  serían  reconoci- 
dos en  la  República  en  el  caso  de  que  fueran  ratificados  ante  los 
Alcaldes  Ordinarios,  quienes  advertirían  previamente  a  los  colonos 
que  en  el  Uruguay  no  había  esclavos.  Deberían  además  reunir  las 
siguientes  condiciones:  que  el  plazo  no  excediera  de  seis  años,  que 
3l  salario  no  bajara  de  8  pesos  mensuales,  que  los  colonos  no  que- 
daran obligados  a  salir  del  territorio  nacional,  que  los  contratos 
Ir.eran  protocolizados. 

Era  de  mayores  exigencias  el  ambiente  del  Senado.  En  concepto 
de  la  Comisión  de  Legislación,  la  Cámara  de  Diputados  había  «con- 
temporizado con  un  abuso  y  con  un  abuso  que  conculcaba  un  prin- 
cipio humanitario  consagrado  en  la  Constitución  de  la  República». 
La  Comisión  aconsejaba  el  rechazo  del  proyecto  y  presentaba  otro 
radicalísimo  que  declaraba  nulos  todos  los  contratos  celebrados  fue- 
ra del  territorio  nacional  sobre  servicio  personal  por  individuos  de 
raza  africana,  agregando  que  los  Tribunales  rechazarían  cualquiera 
acción  sobre  cumplimiento  de  dichos  contratos  y  liberarían  a  los 
colonos  de  sus  obligaciones.  Y  el  Senado  procedió  de  acuerdo  con 
su   Comisión   de  Legislación. 

Llevada  la  disidencia  a  la  Asamblea  prevaleció  una  fórmula 
transaccional,  que  anulaba  los  contratos  celebrados  en  el  extranjero 
con  individuos  de  la  raza  africana  por  servicios  personales,  pero 
que  a  la  vez  ordenaba  que  los  de  fecha  anterior  a  la  promulgación 
ae  la  ley  fueran  Inscriptos  en  un  registro  especial,  previa  exhibi- 
ción del  documento  que  acreditase  la  libertad  del  colono. 

Anticipándose  a  la  sanción  de  esta  ley  dirigió  el  Poder  Ejecutivo 
in  noviembre  de  1861  una  circular  a  los  Jefes  Políticos  de  Tacua- 
rembó, Salto,  Cerro  Largo  y  Maldonado,  en  la  que  invocando  el 
hecho  de  qut  algunos  estancieros  brasileños  introducían  negros 
en  calidad  de  peones  contratados  por  16  hasta  20  años  de  plazo  con 
violación  de  las  leyes  que  habían  abolido  la  esclavitud,  ordenaba  a 
iiichos  funcionarlos  que  no  Insoribieran  contrato  alguno  sin  la  pre- 
via presentación  por  el  colono  de  su  carta  de  libertad;  que  no 
admitieran  plazos  de  más  de  seis  años;  y  que  instruyeran  a  los 
colonos  acerca  de  su  verdadera  situación  jurídica  de  hombres  libres. 


GOBIERNO     DE     BEBBO 


189 


La  edificación  en  la   Capital. 

En  1861  fueron  incorporadas  a  la  nueva  ciudad  las  secciones  del 
Cordón  y  la  Aguada.  Invocaba  el  Gobierno  en  su  decreto  el  au- 
mento de  la  población  en  esas  zonas  y  la  necesidad  de  hacer  llegar 
hasta  ellas  «las  mejoras  de  higiene  y  de  policía  de  que  disfrutaba 
!a  ciudad». 

«La  Prensa  Oriental»  atribuía  en  esos  momentos  a  la  planta  ur- 
bana de  Montevideo  45,765  almas,  entrando  en  su  cálculo  el  Cordón 
y  la  Aguada  con  la  cifra  de  7,978. 

Según  un  censo  parcial  de  mediados  del  mismo  año  la  planta 
urbana  de  la  Unión  constaba  de  3,000  almas  y  de  otro  tanto  el 
resto  de  la  sección.  Esa  población  se  alojaba  en  400  casas  de  azotea, 
100  de  material  y  paja,  y  60  de  estanteo.  Existían  allí  5  escuelas 
de  varones  y  5  escuelas  de  niñas,  312  establecimientos  de  giro  en- 
tre los  que  figuraban  50  pulperías  y  almacenes,  14  tiendas  de  gé 
aeros,  10  carpinterías,  12  zapaterías,  12  atahonas,  5  herrerías  y  5 
reñideros   de  gallos. 

He  aquí  el  número  de  permisos  para  edificar  y  reedificar  en  el 
Departamento  de  Montevideo  expedidos  de   1859   a  1862: 


1859 


1860 


1862 


Para  edificar    . 
Para  reedificar 


97 
53 


86 
40 


120 

46 


Casi  todos  los  edificios  de  Montevideo  constaban  de  un  solo  piso. 
En  1862  daba  cuenta  «El  Comercio  del  Plata»  de  un  edificio  de 
dos  pisos  que  estaba  construyendo  don  José  María  Estévez  en  la 
calle  Rincón  esquina  Misiones.  Las  otras  tres  esquinas  del  mismo 
propietario  tenían  también  edificios  de  dos  pisos,  cosa  que  no  se 
repetía  en  ninguna  otra  parte  de  la  ciudad,  por  lo  cual  no  sería  di- 
fícil —  agregaba  el  referido  diario  —  que  el  lenguaje  popular  que 
ya  había  adoptado  las  designaciones  de  «la  esquina  del  hacha»  y 
«la  esquina  del  reloj»,  incorporara  esta  otra:  «las  cuatro  esquinas 
de   alto». 

lia  inmigración. 


Son   deficientes   los    datos   de   1860.   Apenas   nos   dicen   que   de  los 
Estados    Sardos    salieron    con    destino    a    Monte\ideo    933    pasajeros 


190 


HISTORIA    DEL    URUGUAY 


ea  1859  y  1,486  en  1860  (informes  anuales  del  Cónsul  General  del 
Uruguay  en  Genova  don  José  Mateo  Antonini),  y  que  en  la  se- 
gunda quincena  del  mes  de  diciembre  de  1860  bajaron  en  Monte- 
video, con  procedencia  de  Barcelona,  Burdeos,  Genova  y  Coruña, 
739  pasajeros. 

El   movimiento  debió  acentuarse  en   18G1.  He   aquí   el   cuadro  que 
registra  la  prensa  de  la  época: 


Entradas         Salidas 


De  ultramar 

De  Buenos  Aires,  ríos  e  interior 

8,728 
9,696 

533 

9,920 

18,424 

10,453 

Saldo  a  favor   del  país,   7,971. 

La  Comisión  de  Legislación  de  la  Cámara  de  Diputados  despa- 
chó favorablemente  en  el  curso  de  este  año  un  proyecto  de  ley  de 
creación  de  cuatro  Consulados  generales  en  Europa  a  cargo  de  ciu- 
dadanos que  tratarían  de  acrecentar  la  corriente  de  agricultores  e 
industriales,  que  no  alcanzó  a  figurar  en  la  orden  del  día  por  la 
estrechez    de    los    recursos    seguramente. 

A  mediados  de  febrero  de  1862  desembarcaron  en  Montevideo 
con  procedencia  de  Genova,  Savona  y  Canarias,  461  artesanos  y 
labradores.  Computando  los  arribos  de  otras  procedencias,  fijaban 
los  cuadros  estadísticos  de  la  prensa  en  1,291  los  pasajeros  de  ul- 
tramar desembarcados  en  el  primer  trimestre  del  año. 

La  Comisión  encargada  de  organizar  la  sección  uruguaya  en  la 
Exposición  de  Londres,  dirigió  en  ese  mismo  año  una  circular  a 
todas  las  Juntas  Económico- Administrativas,  avisándoles  que  el 
Cónsul  del  Uruguay  en  Inglaterra  había  recibido  propuestas  venta- 
josas para  el  envío  de  colonos  suizos,  belgas  y  alemanes,  mediante 
el  único  desembolso  de  20  pesos  fuertes  por  cada  Inmigrante  des- 
embarcado en  el  puerto  de  Montevideo,  y  que  esa  propuesta  po- 
día hacerse  llegar  a  los  establecimientos  rurales,  ofreciéndose  la 
Comisión    a    actuar    como    agente    intermediario. 

De  la  acogida  que  tuvo  esa  circular  da  idea  una  respuesta  del 
Jefe  Político  del  Salto  don  Dionisio  Trillo  al  Presidente  de  la 
Comisión  de  Exposición,  comunicándole  que  había  depositado  on 
la   sucursal    del    Banco    Mauá   6,000     pesos    fuertes     con    destino   al 


GOBIERNO     DE     BERRO  191 


pago  de  pasajes  de  300  colonos  de  Alemania,  solicitados  por  los 
vecinos   de   su   departamento. 

Ante  la  acrecentación  del  movimiento,  resolvió  la  Cámara  de  Di- 
putados autorizar  la  construcción  de  un  A.silo  de  Inmigrantes,  san- 
cionando   con    tal    objeto    un    crédito   suplementario    de    6,000    pesos. 

Pero  la  guerra  civil  se  encargó  luego  de  abatir  las  cifras  que 
hablan  impulsado  ese  proyecto.  En  todo  el  transcurso  de  1863  la 
navegación  a  vela  sólo  dejó  en  Montevideo  1,113  pasajeros  de  ul- 
tramar, y  el  mal  siguió  en  aumento  al  año  siguiente,  hasta  que- 
dar  anulada  por   completo   la   corriente   inmigratoria. 

El  gobierno  de  Berro  era  partidario  de  la  inmigración  espontá- 
nea,   y    rechazaba   la    inmigración    contratada. 

«Se  han  recibido  en  el  Ministerio  a  mi  cargo  —  decía  en  3u 
Memoria  de  1860  el  doctor  Acevedo  —  diversas  propuestas  de  in- 
migración, reposando  todas  en  la  concesión  de  cierta  cantidad  de 
tierras  públicas  o  su  venta  por  precios  moderados.  El  Gobierno, 
sin  desantender  el  estudio  de  esas  propuestas,  ha  considerado  que 
el  mejor  medio  de  favorecer  la  inmigración  se  encuentra  en  la 
conservación  de  la  paz  y  orden  interno  que  garante  las  perso. 
ñas  y  las  propiedades,  la  buena  administración  de  justicia,  la  ins- 
titución de  las  municipalidades,  la  instrucción  gratuita  y  la  tole- 
rancia de  cultos.  Gozamos  ya  felizmente  de  la  mayor  parte  de  esos 
beneficios.  Los  otros,  es  decir,  la  buena  administración  de  justicia 
y   las   municipalidades   no   tardarán   en   conseguirse.» 

En  1861  fué  derogado  el  decreto  que  imponía  a  los  pasajeros  del 
exterior  la  obligación  de  presentarse  a  la  Policía,  estableciéndose 
en  su  lugar  que  el  Capitán  del  Puerto  pasaría  la  lista  diaria  de 
los  pasajeros.  La  presentación  personal  —  decía  el  decreto  —  cons- 
tituye una  traba  inútil  en  circunstancias   normales. 

En  la  Asamblea  encontró  también  eco  simpático  la  abolición  del 
pasaporte.  La  Cámara  de  Diputados  temiendo  ir  demasiado  lejos 
lo  suprimió  para  el  exterior.  Justificando  la  reforma  decía  un  dia- 
rio de  la  época  que  las  tres  cuartas  partes  de  los  pasajeros  eludían 
la  traba,  sacando  pasaje  para  Paysandú  o  Salto,  cuando  en  reali- 
dad se  embarcaban  para  Entre  Ríos.  Persuadida  de  ello  la  Cámara 
de  Senadores  suprimió  la  traba  en  absoluto,  fuere  cual  fuere  el 
punto    de    destino. 

Tampoco  descuidó  el  Gobierno  la  situación  de  las  familias  po- 
bres que  en  época  anterior  habían  traspuesto  las  fronteras  en 
busca  de  tranquilidad  y  elementos  de  vida.  El  Jefe  Político  de 
Cerro   Largo    don    José    G.    Palomeque    pidió   y    obtuvo    autorización 


192  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


en  1860  para  invertir  algunos  de  los   recursos   de  la  Policía  en   la 
repatriación   de   esas   familias   emigradas. 

«Ya  es  tiempo  —  decía  en  su  nota  al  Ministro  de  Gobierno  —  i 
que  las  autoridades  delegadas  de  V.  E.  en  estos  departamentos  fron- 
terizos, nos  ocupemos  de  reparar  los  males  por  que  desgraciada- 
mente ha  pasado  la  República,  Las  luchas  y  los  desastres  políticos 
h.an  arrojado  de  la  madre  patria  numerosas  familias,  que  ni  el 
tiempo  ni  las  cosas  han  sido  suficientes  para  libertarlas  del  durí- 
simo sufrimiento,  como  que  las  más  de  ellas  se  resignan  a  men- 
digar en  el  extranjero  el  amargo  pan  de  la  caridad  pública». 

La   colonización   de   la  frontera. 

La  Comisión  de  Hacienda  de  la  Cámara  de  Diputados  abordó  en 
1861  el  estudio  de  la  colonización  de  nuestra  frontera  terrestre. 

Refundiendo  y  complementando  diversos  proyectos  presentados, 
resolvió  aconsejar  que  se  declarara  de  una  manera  general  que 
las  tierras  públicas  de  los  departamentos  del  Salto,  Tacuarembó, 
Cerro  Largo  y  Maldonado  quedaban  destinadas  a  la  colonización 
agrícola  y  a  la  instalación  de  familias  del  país,  y  que  estaba  fa- 
cultado el  Poder  Ejecutivo  para  conceder  en  usufructo  por  el 
plazo  de  10  años  chacras  de  60  cuadras  y  estancias  de  900  cuadras, 
y  asimismo  para  adjudicarlas  en  propiedad  a  los  colonos  por  la 
mitad  de  su  precio  una  vez  vencido  el  plazo  de  los   10  años. 

Al  año  siguiente  volvió  la  Comisión  de  Hacienda  a  estudiar  su 
proyecto  y  luego  de  oir  diversas  opiniones  lo  modificó  en  esta 
forma: 

El  Poder  Ejecutivo  deslindará  una  gran  zona  fronteriza  en  la 
que  todas  las  tierras  públicas  y  sobras  de  campo  se  destinarán 
a  colonización  agrícola  sobre  la  base  de  familias  nacionales. 
Esas  tierras  podrán  ser  donadas  a  empresas  particulares  que  se 
obliguen  a  colocar  un  mínimum  de  25  familias  dentro  de  los  18 
meses  de  la  concesión,  y  a  dejar  trabajada  la  totalidad  de  la  tie- 
rra dentro  de  los  cuatro  años.  También  podrá  el  Poder  Ejecutivo 
conceder  chacras  por  cinco  años  a  familias  nacionales  o  extran- 
jeras y  adjudicar  esas  chacras  en  propiedad  una  vez  vencido  el 
plazo   de  la   concesión. 

¿Cuál  era  la  idea  inspiradora  de  ese  plan  de  colonización  de  la 
frontera  terrestre  con  el  Brasil? 

Al  discutirse  los  proyectos  de  la  Comisión  de  Hacienda,  dijo  el 
diputado  García  Sienra,  refiriéndose  a  la  incesante  absorción  bra- 
sileña: 


GOBIERNO     DE     BERRO  193 


«Yo  110  encuentro  otro  camino  para  salvar  nuestra  independen- 
cia que  establecer  colonias  en  las  fronteras,  cuesten  lo  que  cuesten* 
No  me  importa  el  costo,  no  me  importa  la  concesión.  Si  queremos 
ser  orientales,  si  queremos  ser  independientes,  es  necesario  hacer 
sacrificios.» 

Otro  diputado,  el  señor  Díaz,  insistiendo  en  la  misma  idea  de 
nacionalizar  las  fronteras  mediante  el  establecimiento  de  colonias 
nacionales,  se  expresó  así: 

«Es  notorio  que  nuestras  autoridades  no  tienen  imperio,  puede 
decirse,  del  otro  lado  del  Río  Negro,  que  mandan  exclusivamente  las 
autoridades  brasileñas,  y  que  los  hábitos,  las  costumbres  y  hasta 
los  nacimientos  se  legitiman  ^or  medio  de  actos  religiosos  para 
que  los  individuos  tengan  la  ciudadanía  no  oriental,  sino  bra- 
sileña.» 

«Se  ha  dicho  con  razón  —  agregó  el  diputado  Diago  —  que 
este  asunto  es  de  vida  o  muerte.  Yo  digo  que  es  el  más  grande 
que  pueda  presentarse  hoy  a  la  consideración  del  Cuerpo  Legisla- 
tivo, porque  después  de  las  largas  desgracias  que  han  gravitado 
sobre  el  país,  después  que  un  poder  astuto  que  por  medio  de  la 
astucia,  aprovechándose  de  todos  nuestros  errores  y  desgracias,  ha 
ido  estableciendo  sobre  esta  desgraciada  tierra  una  conquista  pa- 
cífica, subterránea,  sorda,  de  zapa  y  mina,  nos  encontramos  hoy, 
señores,  en  una  situación  que  no  parece  sino  que  Sila  golpea  a 
nuestras   puertas.» 

Y  para  robustecer  su  argumentación  citó  el  señor  Diago  las 
siguientes  palabras  del  diputado  Silva  Ferraz,  representante  de  la 
provincia  de  San  Pablo  ante  el  Parlamento  brasileño  en  1845,  al 
creerse  inminente  la  guerra  con  Rosas  y  Oribe  y  expresarse  por 
algunos  de  sus  colegas  dudas  o  temores  acerca  de  los  recursos 
militares  del  Imperio: 

«Veo,  señores,  que  tenéis  una  idea  muy  equivocada  del  poder-  y 
de  los  recurs'os  del  Imperio.  Vosotros  creéis  que  allí  en  la  línea 
o  divisa  material  del  Yaguarón,  adonde  termina  el  imperio  de 
nuestras  leyes,  al  pasar  a  la  otra  banda  y  al  territorio  que  se 
dice  la  República  Oriental,  creéis  que  vais  a  encontrar  al  otro  lado 
de  la  línea  material  un  pueblo  completamente  distinto  de  lo  que  se 
llama  Imperio  del  Brasil;  pero  es  preciso  que  sepáis  que  feliz- 
mente no  es  así.  Al  pasar  al  otro  lado  del  Yaguarón,  señores,  el 
traje,  el  idioma,  las  costumbres,  la  moneda,  las  pesas,  las  medidas, 
todo,  hasta  la  otra  banda  del  Río  Negro,  todo,  todo,  señores, 
hasta  la   tierra,   todo   es   brasileño.» 


1.3 -V 


194 


HISTORIA    DEL    rRUGÜAY 


Después  de  larga  discusión  y  a  pedido  del  propio  señor  Diago 
volvió  el  asunto  a  Comisión  y  allí  quedó  encarpetado  por  efec- 
to  de  los   sucesos   políticos   que  sobrevinieron. 

Cifras  globales   del   comercio  exterior. 

He  aquí  las  cifras  de  nuestro  intercambio  comercial  por  el  puerto 
de  Montevideo  durante  los  12  meses  corridos  de  junio  de  1860  a 
mayo  de  1S61,  según  la  Memoria  de  la  Comisión  organizadora  de 
la  Sección  Uruguaya  en   la  Exposición  de  Londres  de  1862: 

Valor  de  la  importación S     8.282,222 

»         »     »    exportación 5.488,406 

Advertía  la  Comisión  que  no  había  computado  dos  partidas  del 
intercambio  con  el  Brasil  relativas  al  segundo  semestre  de  1860 
que  elevarían  el  ruonto  de  nuestra  importación  a  9.641,000  pesos 
y  aún  a  10.113,206  (moneda  antigua)  agregando  los  artículos  libres 
de  derechos. 

Véase  ahora  el  movimiento  del  año  1861,  según  la  estadística  co- 
mercial  de  la   prensa    de  la  época: 


Importaciones       Exportaciones 


¡ 

Montevideo 

Salto ! 

Paysandú      

Cerro  Largo 

§    9.069.850 
324.170 
132.204 
116,297 

$    5.582,093 

255,292 

288,738 

1.450.134 

$    9.642,521 

S    7.576,257 

En  conjunto  17.218,778  pesos,  sin  incluir  por  falta  de  datos  el 
movimiento  de  las  receptorías  de  Maldonado,  Minas  y  Tacua- 
rembó. 

En  1862  se  intensificó  el  movimiento  según  lo  acreditan  las 
siguientes  cifras  de  la  estadística  oficial  de  Aduana,  ajustadas  al 
nuevo  peso  nacional  de  cien  centesimos  establecido  por  la  ley  de 
ese  año: 


Impnrtaeióii 
Exportación 


í     8.151,802 
8.804,442 


GOBIERNO    DE    HERRÓ 


195 


Al  año  siguiente  estalló  la  guerra  civil  y  aunque  la  corriente 
comercial  no  pudo  escapar  al  desastre,  todavía  acreditaron  los 
despachos  de  Aduana  la  fuerte  energía  de  que  estaba  dotada  la 
plaza.  He  aquí  según  los  datos  publicados  por  don  Adolfo  Vail- 
lant  en  el  Almanaque  de  «El  Siglo»  el  movimiento  comercial 
de   1863: 

Importación   .  $     8.7t)3,18l 

Exportación 9.464,767 

El  siguiente  cuadro  recapitulativo  de  los  guarismos  que  antece- 
den, traduce  el  movimiento  comercial  durante  el  gobierno  de  Berro: 


Importación      Exportación 


Total. 


1860  pesos  antiguos  de  80  centesimos. 

1861  »  »          »    » 

1862  »      actuales  de  100  centesimos 

1863  »  »    »  » 


8.282,222 
9.642,521 
8.151.802 
8.763,181 


5.488,406 
7.576,257 
8.804,442 
9.464,767 


13.770,628 
17.218,778 
16.956,244 
18.227,948 


El  comercio  exterior  en  el  Río  de  la  Plata. 

Ya  veremos  que  algunas  de  las  estadísticas  particulares  de  la 
época  inflaban  esas  cifras  a  título  de  que  estaban  basadas  en  afo- 
ros aduaneros  excesivamente  bajos.  Pero  sin  entrar  en  un  debate 
para  el  que  nos  faltarían  elementos  de  juicio,  puede  afirmarse 
que  ellas  exteriorizan  la  considerable  energía  comercial  del  Uru- 
guay durante  el  período  que  examinamos.  Basta  compararlas  con 
las  cifras  similares  que  subsiguen  relativas  al  movimiento  comer- 
cial de  la  Argentina,  que  reproducimos  de  un  estudio  de  don 
Adolfo  Vaillant  acerca  de  la  Memoria  de  Hacienda  presentada  al 
Congreso   Argentino  en   1867   y  otros   documentos   oficiales: 


Importación 


Exportación 


1862 $  22.118.168   $  16. 12.S, 734 

1863 I      20.240,3631      18.175.294 


Tomando  aisladamente  los  puertos  de  Montevideo  y  Buenos  Ai- 
res fijaba  así  el  mismo  estadígrafo  el  valor  oficial  del  comercio 
exterior   en   el   año    1862    (importación    y    exportación    reunidas)  : 


196 


HISTORIA    DEL    URUGUAY 


Pesos  fuertes 
o  patacones 


Libras 
esterlinas 


Montevideo  . 
Buenos  Aires 


14.316,838 
28.178,531 


2.924,290 
5.755,615 


La  capacidad  económica  de  Montevideo  que  llegaba  en  esos  mo- 
mentos a  la  mitad  de  la  de  Buenos  Aires  a  pesar  de  la  considerable 
inferioridad  de  su  población,  da  idea  de  los  progresos  que  hubiera 
piodido  realizar  el  Uruguay  a  no  haber  sido  trabada  su  marcha  por 
la  revolución  de  1863. 


Algunos  rubros  de  nuestro  comercio  de  importación. 


He  aquí  los  de  mayor  relieve  en  los  cuadros  estadísticos  de  1862: 


Valor  de  los  tejidos  y  géneros  ....  $    2.505,638 

»       »      »     comestibles 1.733,632 

»       »     las  bebidas 1,535,394 

»       »  los  artículos  confeccionados      .  546,299 

La  «Estadistica  de  Aduana»,  importante  fuente  de  información 
comercial  de  la  época,  suministra  interesantes  detalles  acerca  de 
ias  mercaderías  despachadas  para  el  consumo  en  el  transcurso  de 
ese  año.  De  ella  extraemos  las  siguientes  cifras  relativas  a  la  Adua- 
na  de  Montevideo   exclusivamente: 


GOBIEKXO     DE    BEl'.RO 


197 


Valor  oficial 


Producto 

de  los  derechos 

de  Aduana 


Azúcar  (barricas) 

»        (cajas)   

>         (sacos)  

Arroz  (sacos)     

»       (barricas) 

Bebidas  espirituosas  (cascos)     . 
»                    »              (cajones). 
»                    »             (damajua- 
nas)  

Calzado  y  artículos  de  zapatería 

Caña  (pipas ) 

Paño 

Casimir 

Ropa  hecha    

Sederías 

Sombreros  y    artículos  de    som- 
brerería  

Suelas  (número) 

Tabacos  (en  hoja) 

»         (en  cuerda)    .     .     .     . 
Tejidos  de  algodón      .... 
»         »  ^  y  lar.a  . 

»  )    lana 

Vino  (cascos)     

»       (cajones) 

Yerba  mate  (tercios)  .      .      .      . 


29,902 

5,464 

317 

12,233 

1,015 

916 

18,082 

35,217 

3,542 


15,375 


30,708 
13,809 
21,368 


572,186 

198,209 

4,712 

106,260 

9,329 

14,750 

55,805 

56,991 
163,201 
183,835 
116,466 

89,705 
250,446 
294,338 

132,650 

102,732 

76,861 

199,240 

1.348,920 
104,457 
192,908 

1.078,998 

53,470 

292,956 


114,437 

39,658 
942 

21,251 
1 ,865 
3,247 

12,777 

12,538 
24,471 
40,445 
17,469 
13,455 
37,567 
17,648 

19,697 
13,328 
11,390 
39,848 

202,238 
15,668 
28.935 

237,379 
11,763 
52,732 


En  nuestro  intercambi'o  de  1862  destacábanse  los  seis  países  que 
subsiguen: 


Importación 


Exportación 


Total 


Inglaterra 
Francia  . 
Brasil 
Argentina 
España   . 
Habana  . 


2.288,302 

2.016,111 

1.575,371 

842,271 

922,820 

234,530 


2.065,835 

1.861,180 

1.117.637 

415,349 

273,390 

914,224 


4.354,138 
3.877,291 
2.693,008 
1.257,620 
1.196,218 
1.148,754 


He  aquí  ahora  los  principales  rubros  de  nuestra  importación  en 
1863,  según  los  cuadros  estadísticos  publicados  por  don  Adolfo  Vail- 
lant: 


198  HISTORIA    DEL    UBUGUAT 


Tejidos  de  algodón $     1.364,855 

»    hilo 97,219 

»         s    lana 550,304 

»    seda 231,157 

Vinos 979,001 

Azúcar 766,659 

Mercería  y  ropa  hecha 575,479 

Aguardiente,  coñac  y  caña 308,310 

Tabacos  y  cigarros 287,689 

Calzados 228,678 

Países  que  sobresalían  en  nuestras  importaciones  de  ese  año: 

Inglaterra $     1.967,939 

Francia 1.733,855 

Brasil •  1.354,819 

España 793,625 

Algunos  artículos  de  nuestras  exportaciones. 

De  la  estadística  comercial  del   diario  «La   República»   extraemos 
estos  ocho  productos  correspondientes  al  año  1861: 

Cueros  vacunos  secos 361,144 

»                »         salados 274,153 

»        de  potro  secos 16,603 

»          »         "       salados 104,228 

Lanas  (fardos) 6,659 

Gorduras  (pipas  j 6,934 

»          (cajones) 2,658 

Carne  f quintales) 304,116 

Mucho  más  completos  son   los  datos  de  la  «Estadística  de  Adua- 
na»   de    1862.    Reproducimos    los   de    mayor    importancia: 


GOBIERNO     DE     BERRO 


199 


Número 


Valor  de  aforo 


Producto 
de  los  derechos 


Cueros  vacuuos  secos  . 
»  »         salados    . 

»        de  potro  secos 
»         »         »        salados. 

Cerda  (arrobas). 

Gordura  de  saladero  (cascos 

Grasa  vacuna  (cascos) 

Lana  (arrobas )  .      .      .      . 

Sebo 

Trigo  (fanegas). 

Carne  tasajo  (quintales)  . 

Harina  (sacos)   .... 

Ganado  en  pie    .... 


397,502 

400,472 

18,690 

83,630 

38,830 

3,704 

5,945 

249,287 


42,904 

425,352 

21,879 


1.186.284 

2.072,860 
18,886 
103,700 
151,793 
250,452 
437,780 
535,408 
231,935 
257,719 

1.914,084 
114,884 

1.736,750 


47.451 

82,914 

751 

4.148 

6.071 

10,018 

17,511 

21,416 

9,277 

10.308 


Se  trata  de  cifras  oficiales  relativas  al  puerto  de  Montevideo  ex- 
clusivamente y  de  aforaos  siempre  más  bajos  que  los  de  plaza. 

El  «Standard»  de  Buenos  Aires,  adoptando  las  bases  más  am- 
plias del  movimiento  de  toda  la  República  y  de  los  precios  del  mer- 
cado,  calculaba  así  nuestra   exportación   de   1862: 


622,061   cueros  vacunos  secos     ...  a  4     pesos     $  2.488,244 

517,916        »              »         salados       .      .  a          5        »  2.589.580 

18,093        »       yeg-ua  secos  ....  a           1,200  »  22,619 

111,479        »       salados a          2        »  222,958 

11,724  fardos  lana a  140        »  1.641,360 

1,580        »       cerda a  300        »  374,000 

17,830  pipas  grasa  y  sebo  vacuno     .  a  100        »  1.783,000 

1,460       »           »       potro     ....  a        70        »  102,200 

954  fardos  cueros  carnero   ...  a  200         »  190,800 

741,519  quintales  tasajo a          2,320  ,  1.779,638 

200,000  novillos  para  Rio  Grande  .      .  a         10,640  ,  2.160,000 

8,670  fardos  ceniza  y  hueso   ...  a         15         >>  130,050 

101,000  astas,  el  millar a           40       »  40,400 

Varios  otros  productos —  1.870,227 

Llegaba  así  el  expresado  diario  a  la  conclusión  de  que  el  valor 
oficial  de  nuestra  exportación  en  1862  no  era  de  $  11.005,553  (mo- 
neda antigua)  como  aparecía  en  las  estadísticas,  sino  de  15,400,000 
en  números  redondos.  Para  el  articulista  había  también  que  au- 
mentar en  un  30  %,  por  concepto  de  aforos  bajos  y  contrabandos, 


200 


HISTORIA     DEL    URUGUAY 


la   cifra   oficial   de   nuestra   importación   que   era   de   10.189,752,   al- 
canzándose  entonces    el   valor    efectivo   de    13   y    V2    millones. 

Sólo  tenemos  datos  parciales  acerca  de  la  exportación  de  1863. 
La  guerra  debió   dejar  sin  empleados  a  la  Mesa  de   Estadística. 

«El  Telégrafo  Marítimo»,  refiriéndose  exclusivamente  al  puerto 
do  Montevideo  fijaba  en  esta  forma  el  monto  de  nuestros  principa- 
les  productos   de   exportación   en   el   expresado   año: 

Cueros  vacunos  secos 518,542 

»              »        salados. 499,170 

»         potro  secos .  13,608 

»              »     salados 86,731 

Carne  tasajo  (quintales) 408,515 

Carneros  en  pie 1,290 

Grasa  vacuna  en  pipas 9,192 

Lana  en  fardos 13,248 

»       vellones 2,012 

Sebo  en  pipas 4,226 

«El  País»,  refiriéndose  a  todas  las  exportaciones  del  Uruguay,  lle- 
gaba a  la  cifra  de  16  millones  de  pesos  (moneda  antigua)  distri- 
buida en  la  forma  que  subsigue: 


607,220  cueros  vacunos  secos,  a     . 
799,476         »              »         salados,  a 
11,292        »       yeguarizos  secos,  a 
89,242         .                 »            salados,  a 
15,026  fardos  lana,  a      .      .      .      . 
1,523        »•      cerda,  a    .      .      .      . 
30,393  pipas  g-rasa  vacuno,  a. 
521        >           »       yegua,  a    . 
1,494  fardos  cueros  carnero,  a    . 
912,942  quintales  de  tasajo,  a   . 
232,000  animales  en  pie  para  el  Bras 
2.000,000  astas,  el  millar    .... 
19,000  toneladas  ceniza  y  hueso  . 
Trigo,  harina,  frutas,  etc 


3. .50  $  2.125.270 

4.50 

3.597,642 

1.00 

11,292 

1.30 

116,014 

110.- 

1 .652,860 

240.— 

365,520 

65.- 

1.915,545 

50.- 

26,050 

150.— 

224,100 

1.80 

1.643,295 

9.— 

2.0S8.000 

25.- 

.50.000 

130,800 

2.000.000 

GOBIERNO    DE    UERRO 


201 


El  coinercio  de  tasajo. 

Poblemos  (lar  cifras  más  amplias  acerca  de  la  exportación  de  ta- 
sajo, utilizando  los  cuadros  estadísticos  del  corredor  de  frutos  don 
Felipe  Muñoz.  Abarcan  el  movimiento  saladeril'  de  todo  el  Río  de 
la  Plata  en  los  cuatro  años  del   gobierno  de  Berro.  Helas  aquí: 


ANOS 


Buenos  Aires  y 
Entre  Ríos 


Montevideo 
y  costa  oriental 


Exportado    a  1 
Brasil 


Exportado  a  la 
Habana 


1860.  .      .      . 

1861.  .      .      . 

1862.  .      .      . 

1863.  .      .      . 

Quintales 

675,682 
583,181 

481,400 

Quintales 

436,640 
390,0  J3 

863,590 

Quintales 

492,717 
526,994 
603,905 

Quintales 

619,605 
446,210 
657,575 

Hemos  dejado  en  blanco  la  columna  correspondiente  a  1862  por- 
que la  planilla  de  ese  año  engloba  parte  de  la  producción  uruguaya 
y  de  la  producción  argentina.  He  aquí  esa  planilla,  advirtiendo  que 
ex  1861  Fray  Bentos  figuraba  con  4,585  quintales  y  que  el  Salade- 
ro del  Arroyo  Negro  no  figuraba  absolutamente,  pero  sí  el  de  Con- 
cepción del  Uruguay  con  82,180  quintales,  cifra  casi  Igual  a  la  d« 
los    otros    dos    saladeros    en    1862: 


Brasil 


Habana 


Total 


Buenos  Aires 

jMontevideo 

Giiale^i'uaychú,     Concordia    y     Fray 

Bentos      

Paysandú  y  Salto 

Concepción  y  Arroyo  Ne<;T0    . 

Gualeo'uay 

Mercede.s 

Rosario 

Colonia 

1 

¡    141,977 
236,526 

79,370 

74,532 

1     36.510 

22,530 
9^60 
3,400 

222.511 
220,310 

112,720 
15,000 
49.634 
17,400 
10,000 
10,000 

364,488 
456,836 

192,090 
89,532 
86,144 
17,400 
32,530 
19,060 
3,400 

603,905 

657,575 

i 

1.261,480 

Acreditando   a    la     producción     uruguaya     una     parte     igual    a    la 
obtenida    por    el    Saladero    de    Fray    Bentos    en    la    zafra    anterior. 


202 


HISTORIA    DEL    UBUQUAY 


xesultaría  esta  cifra  recapitulativa  para  llenar  el  claro  de  la  colum- 
i=a  de   1862: 


Buenos  Aires  y   Entre  Ríos 
Montevideo  v  costa  oriental 


674,597  quintales 

586,883 


La  producción  uruguaya  inferior  a  la  argentina  en  los  dos  pri- 
laeros  años,  se  aproximó  a  ella  en  1862  y  acabó  por  superarla  fuer- 
temente en  1863,  el  año  de  la  invasión  de  Flores,  en  parte  por  la 
necesidad  de  liquidar  haciendas  ante  el  desastre  de  la  guerra,  pero 
en  parte  también  por  efecto  del  tren  de  progreso  en  que  ya  esta- 
ban  los   saladeros   orientales   desde   el   año  anterior. 

El  «Club  Nacional»,  institución  fundada  para  la  apertura  de 
nuevos  mercados  a  las  carnes  uruguayas,  publicó  en  1862  un  cua- 
dro de  las  exportaciones  de  tasajo,  que  difiere  en  algo  de  los  que 
anteceden,  por  efecto  sin  duda  de  la  distinta  manera  de  compu- 
tar las  zafras  o  de  la  involucración  dé  la  producción  similar  ex- 
J^ranjera  llegada  en  tránsito  al  puerto  de  Montevideo.  Lo  reprodu- 
cimos a  continuación  advirtiendo  que  el  impreso  que  nos  sirve 
para  el  extracto  contiene  un  error  numérico  que  no  liemos  podido 
rectificar: 


ANOS 


1857 
1858 
1859 
1860 
1861 
1862 


Quintales  '  Quintales  '  Quintales 
199.040  204.930  348.536 
168,520  187,510  293,330 
322,817  227,288  489,331 
428,220  290,662' 416,378 
386,786    255, 860i 316,537 


Quintales    ' 

752.506 

649,360 

1.039.436 

1.135.260 

1.055.183 

738,3401  206,875j  310,500,,  1.255,715, 


«  Va 


Juntamente  con  la  mayor  actividad  de  los  embarques,  había  ido 
descendiendo  el  precio  del  tasajo  en  una  forma  gradual  y  persis- 
tente que  demostraba  que  la  baja  no  procedía  de  circunstancias  ex- 
traordinarias de  los  mercados  de  consumo,  sino  del  ensanche  de  la 
producción  y  de  la  competencia  de  los  productores  del  Río  de  la 
Plata  que  figuraban  en  ese  cuadro  y  de  los  de  Río  Grande  que  no 
figuraban. 


GOBIERNO    DE    BERRO 


203 


La  Comisión  Directiva  del  «Club  Nacional»  fijaba  así  el  consumo 
del  charque  en  la  plaza  de  Río  de  Janeiro  y  los  precios  corrientes 
en  ese  mercado: 


1859 
1860 
1861 


475,904  quintales  de  4,500  a  5,000  reis  la  arroba 
582,528  »  »    3,800  >.   4,500     » 

629,600  »  »    2,000  »   3,500     >, 


El  consumo  de  todo  el  Brasil  estaba  calculado  por  la  Comisión 
en  un  millón  de  quintales  al  año  y  el  de  la  Habana  entre  540 
y    600,000. 

De  un  cuadro  de  las  exportaciones  del  Río  de  la  Plata  con  des- 
tino al  Brasil  y  Cuba  durante  el  primer  sementre  de  1862  y  1863, 
obra  de  los  corredores  de  Buenos  Aires  señores  Martí  y  Matta, 
extraemos  las  siguientes  cifras  relativas  a  la  distribución  de  los 
embarques: 


1862 


1863 


Buenos  Aires  y  Entre  Rios  (quintales). 
Montevideo  y  costa  oriental  (quintales) 

292,302 
349,528 

184.900 
484,290 

641,890 

669,190 

Nos  hemos  limitado  al  primer  semestre  p'orque  sólo  en  parte  muy 
pequeña  pudieron  recibir  los  embarques  de  ese  período  la  influen- 
cia de   la  actividad  saladeril  bajo  la  presión  de  la  guerra. 

Se  ve,  pues,  que  desde  mediados  de  la  administración  Berro  los 
saladeros  uruguayos  iniciaron  un  fuerte  desarrollo  al  mismo  tiem. 
po  que  los  argentinos  se  estancaban  primero  y  retrocedían  des- 
pués, hasta  quedar  desalojados  del  puesto  prominente  que  habían 
ocupado. 

Ese  progreso  de  los  saladeros  orientales  coincidía  con  la  tenden- 
cia cada  vez  más  acentuada  a  reconcentrar  en  la  plaza  comercial 
de  Montevideo  los  negocios  tasajeros  de  la  Argentina,  actuando  así 
nuestro  puerto  como  intermediario  para  la  financiación  de  casi  to- 
da la  zafra  del  Río  de  la  Plata,  según  lo  demuestra  el  siguiente  re. 
sumen  de  la  carne  desembarcada  en  Río  de  Janeiro  durante  el 
año   1860:   . 


204  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


Arrobas 

ExistCBcia  de  1859 85,000 

Importado  de  Rio  Grande 785,400 

»  »    Puerto  Alegre 137,300 

»    Estado  Oriental 943,000 

»    Entre  Ríos 48,000 

»  »    Buenos  Aires 293,700 


2.292,400 


Exportación  de  ganados, 

.Una  estadística  de  1861  fijaba  así  el  número  de  animales  expor- 
tados con  destino  a  la  Provincia  de  Río  Grande  por  las  recepto- 
rías y  resguardos  de  los  departamentos  de  Salto,  Cerro  Largo, 
Paysandú  y  Minas  (omitidos  Tacuarembó  y  Maldonado,  el  primero 
de  ellos  sobre  todo  fuerte  suministrador  de  materia  prima  a  los 
saladeros    ríograndenses) : 

Novillos 98,607 

Vacas 11,995 

»     de  cria 24,719 

Yeguarizos 4,104 

Muías 264 

Ovejas 1,706 

El  grueso  de  las  exportaciones  correspondía  a  Cerro  Largo,  por 
donde  habían-  salido  111,789  animales  vacunos,  aforados  en 
1.450,134  pesos. 

Invocando  datos  de  personas  caracterizadas  aseguraba  don  Isi- 
doro De-María  en  «La  Prensa  Oriental»  que  durante  el  último  tri- 
mestre de  1861  habían  salido  con  rumbo  al  Brasil  por  la  sola 
frontera  de  Cerro  Largo  y  Tacuarembó,  entre  despachado  por  las 
receptorías  y  ~  contrabandeado,  272,000  animales. 

El   comercio  de   cueros. 

La  mayor  actividad  saladeril  debía  naturalmente  repercutir  en 
los  embarques  de  cueros.  He  aquí  un  estado  comparativo  de  las 
exportaciones  por  los  puertos  de  Buenos  Aires,  Montevideo  y  Río 
Grande  desde  18.58  hasta  1861: 


GOBIEBXO     DE     BERRO 


205 


Cueros  salados  i     Cueros  secos 

I 


Total 


1858 

Montevideo 

Buenos  Aires 

Rio  Grande 

219,256 
329,247 
173,317 

215.366 

588,358 

78,584 

882,308 

• 
434,622 
917,605 
251,901 

721,820 

1859 

Montevideo 

Buenos  Aires i 

Rio  Grande 

374,588 
489,806 
258,705 

í 
193,890 
537.878 
118,475 

568,478 

1.027,684 

377,180 

1.123,099 

850,243 

1860 

Montevideo 

Buenos  Aires 

Rio  Grande 

453,766 
418,790 
361,226 

409,191 
820,823 
180,871 

1.410,885 

862,957 

1.239,613 

542,097 

1.233,782 

1861 

Montevideo 

Buenos  Aires 

Rio  Grande 

274.153 
276,000 
300,000 

361,144 



635,297 
276,000 
300,000 

850,153 

361,144 

Son  datos  que  reproducimos  de  las  revistas  comerciales  de  «La 
República».  Otro  diario  de  la  época  «La  Reforma  Pacífica»  se  en- 
cargó de  publicar  una  estadística  de  la  exportación  realizada  des- 
de el  1.°  de  noviembre  de  1861  hasta  el  31  de  octubre  de  1862  ex- 
clusivamente por  los  puertos  de  Montevideo  y  Río  Grande.  Y  de 
esa  estadística  en  la  que  figuran  los  dos  últimos  meses  de  1861 
comprendidos  en  los  datos  de  «La  República»  resultan  estas  nue- 
vas  cifras: 


206  HISTORIA    DEL    UBUGUAY 


Cueros  salados       Cueros  secos 


Montevideo 
Rio  Grande 


520,393  604,208 

420,711      I       3^5,530 


Advertía  «La  Reforma  Pacífica»  que  en  la  exportación  riogran- 
dense  figuraban  los  cueros  de  150,000  animales  vacunos  proce- 
dentes del  territorio  oriental,  que  acreditados  al  país  de  origen  per- 
mitían elevar  el  monto  efectivo  de  las  exportaciones  uruguayas  a  un 
millón  trescientos  mil  cueros  aproximadamente.  Pudo  y  debió  agre- 
gar, sin  embargo,  que  una  parte  de  la  exportación  de  Río  Grande 
se  unía  a  la  nuestra  en  la  frontera  y  se  confundía  con  ella  al  tiem- 
po de  ser  transportada  a  Europa. 

lEstán  lejos  de  concordar  los  cuadros  de  exportación  de  carnes  y 
cueros  que  hemos  reproducido  de  las  distintas  fuentes  de  infor- 
mación comercial  de  la  época,  por  efecto  sin  duda  del  año  adopta- 
do, el  civil  para  unos  y  el  saladeril  o  de  zafra  para  otros,  y  de  la 
acumulación  o  rechazo  de  los  frutos  y  productos  similares  a  los  del 
país  procedentes  de  la  Argentina  y  el  Brasil.  En  la  imposibilidad 
de  elegir  a  causa  de  la  falta  de  estadísticas  oficiales,  hemos  preferi- 
do reproducirlos  por  emanar  todos  ellos  de  fuentes  serias  y  pres- 
tigiosas. 

Y  a  propósito  de  cueros:  en  1860  el  Gobierno  pasó  una  circular 
a  las  Juntas  Económico-Administrativas  adjuntándoles  varias  de- 
•iuncias  encaminadas  a  corregir  defectos  en  los  cueros  vacunos  de 
matadero  que  deprimían  la  cotización  de  nuestros  productos  en 
Europa.  De  ella  resultaba  que  los  abastecedores  tajeaban  los  cue- 
ros y  adelgazaban  excesivamente  la  parte  correspondiente  al  ma- 
tambre  con  el  fin  de  dar  a  la  carne  mayor  apariencia  de  gordura. 
Opinaba  el  Gobierno  que  en  vez  de  medidas  represivas  correspon- 
día estimular   el   interés   de   los   mismos   abastecedores. 

El  nio\iniipiito  de  algunas  receptorías. 

Mucho  se  preocupó  el  gobierno  de  Berro  de  intensificar  la  acti- 
vidad de  las  receptorías  fluviales  y  terrestres  como  medio  de  com- 
l)atir   el    contrabando. 

Acordó  desde  principios  de  1860  el  libre  depósito  a  los  pueblos 
del  Cuareim  y  Santa  Rosa.  El  decreto  sólo  subordinaba  la  ejecución 
de  estas  franquicias  a  la  construcción  de  «almacenes  sólidos»,  y  pa- 


GOBIERNO    DE    BERRO 


207 


ra  estimular  a  los  capitaJistas  a  que  abordaran  la  obra  ofrecía 
un  alquiler  equivalente  al  interés  del  1  '/<  mensual  de  los  fon- 
dos invertidos.  Ya  se  había  levantado  una  información  sobre  el  te- 
rreno por  el  empleado  de  Aduana  don  José  María  Roo,  de  la  que 
resultaba  que  el  comercio  de  Alégrete  y  de  Santa  Ana  do  Livra- 
mento  realizaría  sus  compras  en  San  Eugenio  con  preferencia  a 
Uruguayana  situada  a  mayor  distancia  y  separada  de  aquellos  cen- 
tros por  ríos  y  arroyos  profuados. 

Al  ünalizar  el  año  1861,  fueron  habilitados  diversos  puntos  de 
la  frontera  terrestre  para  la  exportación  de  ganado  con  destino  a 
los  saladeros  de  Río  Grande,  organizándose  a  la  vez  un  servicio  de 
guardias  bajo  la  dirección  de  los  comandantes  de  fronteras.  Uno  de 
éstos,  el  coronel  Dionisio  Coronel,  fué  nombrado  jefe  de  los  depar- 
tamentos de  Salto  y  Tacuarem'bó  y  de  toda  la  guardia  nacional  que 
hubiera  necesidad  de  movilizar  para  atender  el  servicio  aduanero 
de  la  frontera. 

Durante  el  primer  trimestre  de  1861  salieron  por  la  receptoría 
de  Artigas  30,128  vacunos,  aforados  en  361,536  pesos,  y  por  la  fron- 
tera de  Tacuarembó  11,186  vacunos.  Durante  el  segundo  trimestre 
la  corriente  de  exportación  llevó  al  Brasil  38,184  animales  vacunos 
de  faena  y  4,130  de  cría. 

En  1863  salieron  por  el  puerto  de  Mercedes  los  siguientes  pro- 
ductos : 

42,728  cueros  vacunos  salados,  27,642  cueros  vacunos  secos,  743 
cueros  vacunos  curtidos,  10,908  cueros  yeguarizos  salados,  424  ye- 
guarizos secos,  840  yeguarizos  curtidos,  9,651  cueros  lanares,  243 
docenas    de    badanas    curtidas,    608    docenas     de     becerros     curtidos. 

Nuesti'o   foiuercio   con   algunos   mercados. 

De  un  informe  del  Consulado  del  Uruguay  en  Liverpul  extrae- 
mos   las    siguientes    cifras: 


1860 


1861 


Arríenlos    uruouavos   introducidos    en    la    Oran 

B  f'taña  (libras  esterlinas") i    867.328 

Artículos  ino'lesps  enviados  al  Uruji'uay     libras 

esterlinas) .    \   922,733 


639,717 
582,518 


208 


HISTORIA     DEL     URUGUAY 


Según  los  cuadros  del  Consulado  del  Uruguay  en  Italia,  durante 
el  año  1862  salieron  del  puerto  de  Genova  con  destino  al  de  Mon- 
tevideo 19  buques  de  4,231  toneladas  en  conjunto  y  la  siguiente 
carga: 


Aceite,  kilogramos 


16,500  Valor  en  francos     198,006 


Arroz,  id 748,600 

Cuerdas  de  cáñamo,  id.  21,500 

Dátiles,  id 34,250 

Fideos,  id 372,508 

Quesos,  id 11,480 

Papel,  resmas      .      .      .  80,150 

Vino  de  Francia,    pipas  1,785 


219,440 
266,600 
513,750 
204,306 
241,080 
240,450 
240,975 


/De  una  estadística  m^s  amplia  del  Cónsul  del  Uruguay  en  Es- 
paña don  Antonio  Aldama,  reproducimos  el  siguiente  resumen  del 
valor  de  las  mercaderías  españolas  enviadas  al  Uruguay  y  del  va- 
lor de  los  artículos  uruguayos  llegados  a  España  (en  pesos  fuer- 
tes) : 


ANOS 


Exportación     Importación 


ANOS 


Exportación 


Importación 


1847  .   . 

$  241,662 

$   150,665 

1854  .  . 

$   928,317 

$   54.758 

1848  .   . 

273,668 

212,980 

1855  .   . 

1.243,104 

195,408 

1849  .   . 

166,140 

— 

1856  .   . 

1.016.810 

99,121 

1850  .   . 

17,000 

— 

1857  .   . 

875,940 

131,330 

1851  .  . 

56,584 

— 

1858  .   . 

1.019,754 

22S.000 

1852  .   . 

346.263 

7,1.08 

1859  .   . 

1.170,707 

674,711 

1853  .  '  . 

539,699 

403,253 

1  1860  .   . 

i    934,664 

1.086,235 

De  los  informes  del  Consulado  Oriental  en  la  Asunción  resulta 
que  en  1860  fueron  despachados  para  Montevideo  10  buques  con 
60,000  pesos  de  mercaderías;  al  año  siguiente  50  buques  con 
120,000  pesos;  y  un  año  después  22  barcos  simplemente  pero  con 
productos    aforados    en    145,606    pesos. 

Otros  resúmenes  complementarios  publicados  por  nuestra  Mesa 
de  Estadística  y  por  la  agencia  comercial  a  cuyo  frente  estaba  el 
señor  Brizuela,  demuestran  que  la  yerba  paraguaya  introducida 
en  la  plaza  de  Montevideo  dio  este  considerable  salto:  de  868  ter- 
cios en  1862,  a  2,888  tercios  en  1863.  Más  de  dos  mil  tercios  de  un 
año   a   otro. 


GOBIERNO    DE   BEBBO 


209 


Al  ocuparse  la  Comisión  Permanente  en  1860  de  la  denuncia 
del  tratado  de  comercio  con  el  Brasil,  suministró  estos  datos  el 
miembro  informante  don  Javier  Alvar ez: 

Desde  el  1."  de  enero  de  1859  liasta  el  31  de  marzo  de  1860  han 
salido  por  el  puerto  de  Montevideo  y  receptorías  de  Paysandú  con 
destino  al  Brasil  394,931  quintales  de  carne  seca  y  131,831  arro- 
bas de  gordura,  recaudándose  por  tal  concepto  76,000  pesos  de  de- 
rechos. Lo  importado  en  ese  mismo  período  por  la  Aduana  de 
Montevideo  y  receptorías  de  Paysandú,  Salto  y  Artigas,  ascendió 
a   1.539,477  pesos,   con   un   rendimiento   aduanero   de   79,000   pesos. 

Puerto  de  Monte\'ideo. 

'Durante  el  año  1860  entraron  al  puerto  de  Montevideo  914  bu- 
ques de  ultramar  de  las  procedencias,  tonelaje  y  tripulación  que 
establece  el  cuadro  que  reproducimos  de  la  Memoria  de  Hacienda 
de  ese  año': 


PROCEDENCIAS 


Buques      Toneladas      Tripulantes 


Uruguay 

Argentina    . 

Bra.«il      .      .      . 

Portugal 

España    . 

Francia  . 

Inglaterra    . 

Estados  Unidos 

Alemania 

Italia 

Otros  puertos   . 


46 

191 

140 

12 

147 

ó9 

118 

41 

70 

ñl 

39 


9,039 
43,027 
30,263 

2,825 
35.112 
19,939 
33,087 
14,470 
14,330 
12,525 

9,755 


914       224,372 


463 

2,117 

1,574 

130 

1,873 

966 

1,340 

524 

676 

749 

517 


10,929 


Descontando  el  movimiento  con  puertos  orientales  y  argentinos 
y  corrigiendo  algunas  de  las  cifras  oficiales,  reducía  don  Adolfo 
Vaillant  las  procedencias  directas  de  ultramar  a  636  buques  con 
162,383  toneladas  y  asignaba  el  primer  cargo  a  los  pabellones 
de  los  siguientes   países: 


14  -V 


210 


HISTORIA    OEL    URUGUAY 


Buques     Toneladas 


Inglaterra 109  3-2,496 

España     .      .  129  3(i.860 

Brasil 139   ,  29,981 

Francia 59   |  19,565 

Véase  ahora  el  movimiento  de  entradas  de  cabotaje  en  el  mis- 
mo año,  según  los  cuadros  publicados  por  la  Comisión  organizado- 
ra de  la  Sección  Uruguaya  en  la  Exposición  de  Londres   de  1862: 


PUERTO  DE  MONTEVIDEO 


Buques      Toneladas  ,  Tripulantes 


Nacionales 
Argun  linos 
Brasileños 


663   !     23.936 

286   I     10,2-24 

2  98 


951 


34,258 


3,207 

1.641 

12 


4,s60 


Entrada   total   de   ultramar    y   de   cabotaje   en   186)    (no   incluidos 
les  vapores  de  la  carrera   a   Buenos   Aires): 


Buques     Toneladas 


Ultramar 
Cabotaje  , 


636 
951 


1,587 


162.383 
34,-258 


196.641 


En  1863,  último  año  de  la  administración  Berro,  entraron  al 
puerto  de  Montevideo  según  los  resúmenes  estadísticos  publicados 
por  don  Adolfo  Vaillant  en  el  «Almanaque  de  «El  Siglo»,  1,930  bu- 
ques con  299,763  toneladas,  que  le  distribuían  así  por  procedencias: 


1 

Buques 

1 

Toneladas 

Puertos  orientales ' 

»         aro'entinos 

805 
329 

33,044 
14.104 

»         de  ultramar 

796 

252,615 

GOBIERNO    HE    BERRO  211 


Y  salieron  en  el  mismo  año  del  puerto  de  .Montevideo  1,023  bu- 
ques de  301,649  toneladas,  dirigiéndose  794  de  34,320  toneladas  a 
puertos  orientales,  331  de  14,301  toneladas  a  puertos  argentinos, 
y   los  demás  a   puertos  de  ultramar. 

Eligiendo  al  azar  en  las  estadísticas  comerciales  de  la  época  un 
día  cualquiera  del  año  para  la  determinación  del  número  de  bu- 
ques de  ultramar  fondeados  en  el  puerto  de  'Montevideo,  resulta 
que  el  12  de  noviembre  de  1862  había  76  barcos  (de  618  toneladas 
el    mayor)    distribuidos    así   por    pabellones: 

Norteamericanos  5,  brasileños  10,  españoles  11,  franceses  13, 
italianos  8.  ingleses  11,  nacionales  4,  otras  nacionalidades  12, 
aparte  de  11  barcos  de  guerra  de  los  siguientes  pabellones:  bra- 
sileños  4,   españoles    4,   otras   nacionalidadesS. 

Sfivii'io   «le   líii'cs. 

La  Asamblea  prorrogó  en  1860  el  impuesto  a  que  estaba  sujeta 
'.a  navegación  de  Montevideo  al  interior  del  Río  de  la  Plata  y  sus 
afluentes,  a  despecho  de  un  dictamen  de  la  Comisión  de  Hacienda 
del  Senado  basado  en  la  ley  de  franquicias  al  cabotaje  que  acaba- 
ba de  dictarse  en  cumplimiento  de  una  aspiración  verdaderamente 
nacional.  El  producto  del  impuesto,  que  primitivamente  estaba 
destinado  a  la  construcción  del  faro  de  la  Colonia,  debía  aplicarse 
líurante  la  prórroga  al  sostenimiento  del  mismo  faro  y  a  la  cons- 
trucción de  un  muelle  y  un  templo   en   esa  localidad. 

Mucha  agitación  produjo  en  nuestro  escenario  un  proyecto  san- 
cionado por  la  Cámara  de  Diputados  argentina  que  autorizaba  al 
Poder  Ejecutivo  para  contratar  con  don  Tomás  Libarona  el  esta- 
blecimiento de  faros  en  el  Banco  Inglés  e  Isla  de  Lobos  mediante 
un  inípuesto  «de  75  centésin*3s  de  real  oriental  por  tonelada  a  los 
])uques  de  cabos  afuera».  Pero  ese  proyecto  inconsulto  recibió  una 
enmienda  tranciuilizadóra  en  el  Senado,  que  luego  aceptó  la  Cámara 
■emitente,  por  la  que  se  dejaba  a  salvo  la  jurisdicción  uruguaya. 
Véase    la   forma   en   que   quedó   sancionado   en    definitiva: 

«Concédese  a  la  Empresa  de  don  Jua'i  Tomás  Libarona  por  el 
término  de  20  años  el  derecho  de  cobrar  en  los  puertos  de  la  Con- 
federación el  importe  de  75  centesimos  de  real  oriental,  o  su  equiva- 
lente en  moneda  nacional,  por  tonelada,  a  los  buques  que  vengan 
de  cabos  afuera  y  que  no  lo  hubieren  pagado  en  Buenos  Aires  o 
Montevideo,  desde  el  día  en  que  esta  empresa  haya  establecido  en 
el  Banco  Inglés  e  Isla  de  Lobos  los  faros  y  luces  que  tiene  contra- 
tados  con   el   Gobierno   Oriental». 


212  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


Al  discutirse  la  ley  de  Aduana  presentó  el  doctor  Antonio  de  las 
Carreras  a  la  Cámara  de  Diputados  un  proyecto  de  expropiación 
de  los  faros  de  Punta  del  Este,  Banco  Inglés  y  la  Colonia.  Y  fun- 
dando esa  medida  dijo  que  en  1860  habían  entrado  al  puerto  de 
Montevideo  Mé  buques  de  224,372  toneladas;  que  las  empresas 
concesionarias  de  Punta  del  Este  y  Banco  Inglés  habían  embol- 
sado 24,284  pesos;  y  que  esa  renta  enorme  que  tenía  ya  cinco  años 
de  antigüedad  no  guardaba  relación  con  el  costo  reducido  de  las 
obras.  Su  propósito  era  abaratar  la  entrada  de  los  barcos  al  puer- 
to de  Montevideo. 

Al  despachar  ese  proyecto  propuso  la  Comisión  de  Hacienda  de 
'.a  Cámara  de  Diputados  que  se  abonara  a  los  concesionarios  por 
concepto  de  expropiación  una  bonificación  de  100  Vo  sobre  el  ca- 
•  pital  invertido  en  las  obras,  que  se  redujera  de  inmediato  el  im- 
puesto y  que  una  vez  reembolsado  el  Fisco  sólo  se  cobrara  a  la  na. 
vegación  la  cantidad  necesaria  para  el  mantenimiento  y  conser- 
vación de  los  faros. 

Iios  gastos  del  i)uei'to  de  Montevideo  comparados  con  los  del  puer- 
to de  Buenos  Aires. 

La  navegación  nacional  —  decía  el  Presidente  Berro  en  uno  de 
sus  primeros  mensajes  presidenciales  —  está  en  constante  dis- 
minución. Los  mismos  barcos  que  se  construyen  en  nuestros  asti- 
lleros se  ven  obligados  a  cubrirse  con  pabellón  extranjero  para 
afrontar  la  concurrencia.  Y  ello  proviene  de  las  caí-gas  a  que  es- 
tán sujetos:  el  impuesto  de  40  centesimos  por  tonelada  del  servi- 
cio de  faros;  el  derecho  de  rol  con  destino  al  Hospital,  de  4  rea- 
les para  los  patrones  y  la  mitad  para  los  marineros;  el  derecho  de 
arqueo  con  destino  al  extinguido  Consulado,  de  12  pesos;  la  paten- 
te de  tonelaje  por  cada  viaje,  la  patente  de  sanidad  de  3  pesos  y  la 
contribución   directa. 

Reanudando  el  importante  tema,  decía  el  Ministro  don  Tomás 
Villalba  en  su  Memoria  de  Hacienda  correspondiente  al  año  1860: 

Los  fletes  de  ultramar  para  Montevideo  son  los  más  caros  del 
Río  de  la  Plata.  Exceden  a  los  de  Buenos  Aires  en  la  proporción 
de  16  %  por  efecto  de  los  derechos  portuarios.  El  buque  que  en 
Buenos  Aires  paga  52  pesos  fuertes,  abona  aquí  247  pesos,  o  sea 
144  fuertes  más.  Nuestros  faros  son  un  50  %  más  caros.  Pero  el 
recargo  emana  principalmente  de  la  ley  dé  papel  sellado.  Cual- 
quier  embarcación    tiene    que    gastar    entre    abrir    y    cerrar    registro 


GOBIERNO    DE    BERRO  213 


34   pesos.    También    resulta  excesivo    el    derecho  ele    tonelaje    de   '¿ 
reales   pov   tonelada. 

Me  a:juí  la  lista  comparativa  —  agregaba  —  de  los  gastes  de 
puerto   en   el   Río   de   la   Plata  para   un   buque   de   300   toneladas: 

En  el  puerto  de  Buenos  Aires:  visita  de  entrada,  7  pesos  papel; 
sellos  para  dar  entrada,  12  pesos;  derechos  de  escribanía,  30  pe- 
sos; sellos  para  abrir  registro  de  carga,  83  pesos;  sellos  para  el 
despacho  del  buque,  116  peííos;  derechos  de  escribanía  y  capita- 
nía del  puerto,  50  pesos;  rol  de  sanidad,  18  pesos.  En  suma  316  pe- 
sos papel  moneda  que  al  cambio  del  día  representan  15  pesos  fuertes. 
Hay  que  pagar  además  por  los  faros  de  Lobos  y  Flores  medio  real 
por  tonelada  y  otra  cantidad  igual  por  la  farola  del  Banco  chico, 
o  sea  por  los  3  faros,  37  y  y^  pesos  fuertes.  En  conjunto  52  y^ 
pesos  fuertes. 

En  el  puerto  de  Montevideo:  visita  de  sanidad,  7$160;  práctico 
y  bote  para  entrar  y  amarrar  el  buque,  10  pesos;  papel  sellado  pa- 
ra abrir  registro  de  descarga,  11$320;  derecho  de  escribanía  para 
ídem,  8  pesos;  sellado  para  cerrar  registro,  0$240;  ídem  para  abrir 
registro  de  carga,  11$320;  ídem  para  cerrar  registro  de  carga, 
11$570;  60  días  de  guarda  para  cargar  y  descargar,  60  pesos;  de- 
recho de  tonelaje  a  razón  de  2  reales  por  tonelada,  75  pesos;  faro- 
la de  Lobos  a  razón  de  tres  cuartos  de  real  pOr  tonelada,  28$100; 
boleto  desanidad,  3  pesos;  hospital  y  rol,  5  pesos;  derecho  de  escri- 
banía de  salida,  12  pesos;  practicaje  de  salida  del  puerto  4  pesos. 
En  suma  247  pesos  cqrrientes,   equivalentes  a   206  pesos  fuertes. 


Franquicias  al   cabotaje.  ^•-«. 

La  Asamblea  dictó  a  mediados  de  1860  una  importante  ley  de 
franquicias.  Los  buques  de  cabotaje  nacional  quedaban  sujetos  a 
una  patente  que  oscilaba  desde  dos  reales  para  los  de  7  toneladas, 
hasta  40  reales  para  los  de  100  toneladas  arriba.  La  patente 
se  pagaría  en  el  primer  puerto  oriental  donde  el  barco  iniciara  ope- 
raciones, pero  por  una  sola  vez  cualquiera  que  fuese  el  número  de 
entradas  subsiguiente  en  ese  y  demás  puertos  orientales.  Los 
barcos  de  cabotaje  argentinos,  brasileñas  y  paraguayos  pagarían 
los  mismos  derechos  a  que  el  pabellón  oriental  estuviera  sujeto 
en  la  Argentina,  Brasil  y  Paraguay.  Los  buques  de  bandera  uru- 
guaya que  tuviesen  capitanes  orientales  pagarían  la  mitad  de  los 
derechos,  y   solamente  el   tercio  los  que  integraran  la   mitad   de  su 


214  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


tripulación  con  elementos  nacionales.  El  cabotaje  nacional  quedaba 
además  exento  de  contribución  directa  y  los  patrones  y  marineros 
orientales  exentos   del   rol. 

Una  segunda  ley  hizo  extensiva  la  exención  de  derechos  de  puer- 
to a  los  buques  de  ultramar  y  a  íos  de  cabotaje  que  operaran  en 
puertos  orientales. 

lias  empresas  de  navegación. 

¡La  navegación  fluvial  era  atendida  en  esta  época  por  dos  empre- 
sas:   la  «Salteña»   y  la  «Nueva  Compañía   Salteña». 

La  primera  poseía  4  vapores;  el  «Montevideo»,  el  «Salto»,  el 
«Pampero»  y  el  «Buenos  Aires».  Durante  los  12  meses  corridos  des- 
de el  1."  de  febrero  de  1860  hasta  el  31  de  enero  de  1861  transpor- 
taron 12,974  pasajeros  en  la  línea  del  Uruguay  y  15,072  en  la  del 
Paraná. 

Uno  de  esos  vapores,  el  «Salto»,  realizó  a  mediados  de  1860,  por 
nniciativa  de  don  Mariano  Cabal  Presidente  de  la  Compañía  Salteña 
y  don  Dionisio  Trillo  Jefe  Político  del  departamento,  un  viaje  des- 
de la  ciudad  del  Salto  hasta  el  puerto  de  Uruguayana  con  esca- 
las en  todos  los  puertos  intermedios.  Era  un  hermoso  barco  cons- 
truido en  Glasgow  por  la  compañía  Salteña.  Tenía  comodidad 
para  80  pasajeros  de  cámara  y  40  de  segunda,  191  toneladas  de  re- 
gistro, 165  pies  de  largo,  21  de  ancho,  9  de  alto  y  4  pies  y  6  pulga- 
das de  calado.  Su  máquina  era  de  100  caballos  de  fuerza  y  podía 
desarrollar  una  velocidad  de  16  millas  por  hora.  La  excursión  se 
realizó  con  toda  felicidad,  a  pesar  de  que  era  la  primera  vez  que 
un    buque    a    vapor    surcaba    esas   aguas    tan    llenas   de   escollos. 

Gozaba  la  Salteña  de  una  subvención  oficial  de  mil  patacones 
mensuales  gestionada  en  1860  por  su  representante  en  Montevideo 
don  Leandro  Gómez. 

La  otra  compañía  Salteña  empezó  a  funcionar  a  principios  de 
186]  con  el  vapor  «Mississipí»,  al  que  se  incorporó  pocos  meses  des- 
pués el  «Villa  del  Salto»,  espléndido  vapor  construido  en  Inglate- 
rra, con  82  camarotes  de  primera  y  42  de  segunda  y  máquinas  pa- 
ra desarrollar  una  velocidad   de  16  millas  por  hora. 

Su  primer  año  de  funcionamiento  le  proporción:!  una  utilidad 
de  103  ''/í.  Pero  al  anunciarla  advertía  el  Directorio  a  los  accio- 
nistas que  en  adelante  no  se  obtendría  arriba  del  40  <^},  por  efecto 
de  la   competencia   del   vapor    argentino   «Salto». 


C.O-,!IEB\0    DE    BERRO  215 


Tan  extraordinario  resultado  estimuló  el  espíritu  de  empresa. 
A  mediados  de  1863,  don  Manuel  Sciurano  constituyó  una  nueva 
compañía  anónima  presidida  por  don  Pedro  Sáenz  de  Zumarán, 
don  Manuel  Rocha  Farías,  don  Carlos  Diego  Shau  y  don  Miguel 
Alvarez,   que   encargó   un  lujoso  vapor   a   Norte   América. 

No  tardó  en  organizarse  un  comité  análogo  en  la  Colonia  por  ini- 
ciativa del  coronel  Lucas  Moreno  y  de  los  señores  Drable  y  Wright, 
para  la  construcción  de  un  vapor  que  haría  la  carrera  a  Buenos 
Aires. 

Otra  empresa  más  importante  encabezada  por  don  Diego  Bell  se 
presentó  al  Cuerpo  Legislativo  con  bases  muy  aceptables  para  '.'1 
establecimiento  de  un  servicio  de  navegación  a  vapor  en  los  ríos 
Santa  Lucía  y  San  José  hasta  la  ciudad  de  este  último  nombre. 
Obligábase  el  proponente  a  realizar  las  obras  de  canalización  que 
fueran  necesarias  y  a  establecer  vapores  mediante  un  derecho  de 
tonelaje  y  la  exclusividad  de  la  navegación  a  vapor  durante  el  pla- 
zo de  20  años.  El  plan  fué  acogido  favorablemente  por  la  opinión 
pública,  y  la  Cámara  de  Diputados  le  prestó  su  sanción. 

Xo  era  el  capital  local  el  único  que  así  actuaba  durante  la  admi- 
nistración Berro.  También  era  atraído  el  capital  extranjero  por  el 
puerto  de  Montevideo. 

La  Legación  de  Francia  comunicó  a  fines  de  1860  a  la  cancillería 
oriental  que  se  había  resuelto  extender  al  Río  de  la  Plata  el  servi- 
cio de  vapores  de  la  compañía  de  mensajerías  imperiales,  que  ya 
funcionaba  entre  Francia  y  Brasil.  Inauguraría  el  servicio  el  vapor 
«Saintouge».  Pedía  los  privilegios  e  inmunidades  ya  concedidos 
a  los  vapores  de  la  Compañía  Real  Británica  y  las  franquicias  de 
la  Convención  Postal  celebrada  entre  Uruguay  e  InglaterTa^  en  1853. 
El  Gobierno  accedió  en  cuanto  a  lo  primero  y  contestó  en  cuanto 
a  lo  segundo  que  era  asunto  privativo  de  la  Asamblea  General. 

El  Gobierno  Paraguayo  estableció  a  fines  de  1862  un  servicio 
regular  entre  Asunción  y  Montevideo  con  los  vapores  «Paraguaryx 
e  «Igurey»,  tripulados  por  paraguayos  y  mandados  por  oficiales  de 
línea. 

Todo  este  fuerte  movimiento  que  respondía  a  la  creciente  pros- 
peridad del  país  y  a  las  esperanzas  que  infundía  el  gobierno  de 
Berro,   quedó   bruscamente  detenido  por   la   invasión   de   1863. 


216  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


Idjupieza  del  puerto. 

Desde  mediados  de  186±  quedó  establecido  el  servicio  de  recolec- 
ción de  las  basuras  de  los  barcos  surtos  en  el  puerto  de  Moutevi- 
aeo. 

El  decrecimiento  del  fondo  de  nuestro  puerto  —  decía  un  diario 
aplaudiendo  la  medida  —  proviene  en  parte  de  las  basuras.  Y  para 
demostrarlo  invocaba  el  «Manual  de  la  Navegación  del  Río  de  la 
Plata»,  citado  por  el  general  Reyes  en  su  Descripción  Geográfica, 
según  el  cual  la  comparación  entre  los  sondajes  de  entonces  y  los 
realizados  en  1849  por  Dillon,  de  la  marina  británica,  probaban 
que  la  bahía  se  iba  rellenando  por  efecto  de  los  arrastres  hasta 
alcanzar  a  5   pies  la  disminución   del   agua   en  algunos   puntos. 

Naufragios,  mangas  iuai>inas  y  otros  accidentes. 

En  septiembre  de  1861  avanzó  del  Sur  en  dirección  al  interior 
*de  la  bahía  de  Montevideo  una  formidable  manga  marina.  Los  bu- 
ques de  guerra  de  Francia  y  de  Inglaterra  surtos  en  el  puerto, 
descargaron  sobre  la  manga  sus  cañones  y  fusiles  para  evitar  el 
estrago  de  que  estaban  amenazados.  Era  el  período  álgido  de  la  gue- 
rra civil  entre  el  Gobierno  de  la  Confederación  Argentina  y  el  de 
la  Provincia  de  Buenos  Aires,  y  la  población  de  Montevideo,  brus- 
camente despertada  por  el  cañoneo,  creyó  al  principio  que  se  tra- 
taba de  un  combate  entre  las  dos  escuadrillas  rivales. 

En  abril  de  1862  se  sintió  en  Mercedes  un  temblor  de  tierra  de 
Este  a  Oeste  que  duró  de  dos  a  tres  segundos.  Y  a  fines  del  mismo 
mes  se  produjo  otro  temblor  especialmente  sensible  en  Martín  Gar- 
cía, seguido  de  un  violento  huracán  que  causó  destrozos  en  el  río 
y  se  extendió  hasta  el  puerto  de  Montevideo- 
Durante  el  año  1860  ocurrieron  veinte  naufragios  dentro  del  puer- 
tto  de  Montevideo  y  a  lo  largo  de  nuestras  costas,  según  los  cua- 
dros del   «Registro  Estadístico». 

Proyectos  de  construcción  de  feíTOcarriies. 

En  1860  quedó  organizada  una  empresa  para  la  construcción  de 
an  ferrocarril  que  ligaría  las  ciudades  del  Salto  y  Uruguayana, 
pasando  por  Constitución  y  Santa  Rosa,  con  un  recorrido  de  320 
kilómetros.     Los    estudios     terminaron    al    finalizar   ese   mismo  año. 


GOBIERNO     DE     BKBBO  217 


y  aún  cuando  la  prensa  .del  Sallo  de  donde  tomamos  la  informa- 
ción aseguraba  que  la  empresa  solicitaría  de  los  Gol)iernos  del 
Uruguaya  y  del  Brasil  alguna  garantía,  debió  tropezarse  con  dificul- 
tades insalvables  en  los  trabajos  preliminares,  porque  no  volvió  a 
hablarse   más    üel   asunto. 

Durante  ese  mijmo  año  volvió  a  tramitar  en  la  Cámara  da  Di- 
putados el  proyecto  de  ley  que  autorizaba  la  construcción  de  un 
ferrocarril  de  Montevideo  a  la  Unión  iniciado  durante  el  gobier- 
no  de  Pereira  y   paralizado  luego. 

Existían  ya  dos  propuestas  que  fueron  infoimadas  al  año  si- 
guiente por  la  Comisión  de  Legislación,  que  patrocinaba  la  de  Mal- 
tón   Buggelu,    sobre   estas   bases: 

No  podrá  cfenstruirse  otro  ferrocarril  en  esa  dirección.  El  mer- 
cado de  frutos  será  trasladado  a  la  Unión.  Las  tarifas  se  estable- 
cerán de  aciierdo  con  el  Gobierno.  La  concesión  durará  50  años. 
El  Poder  Ejecutivo  garantizará  el  10  ',<  de  interés  al  año.  Cuan- 
do las  utilidades  excedan  del  15  ',< ,  el  exceso  se  dividirá  por  par- 
tes  iguales   entre  el   fisco  y   la  empresa. 

Examinando  las  ventajas  del  proyecto,  expresó  uno  de  los  ora- 
dores que  en  186J  habían  entrado  a  las  plazas  Sarandí  y  Treinta 
y  Tres  veinticuatro  mil  carretas  con  frutos  del  país. 

Después  de  largo  debate  prevaleció  el  proyecto  que  autorizaba 
al  Poder  Ejecutivo  a  contratar  la  línea  con  cualquier  empresa  so- 
bre las  bases  de  Buggeln.  La  obra  fué  sacada  a  licitación  en  las 
postrimerías  del  gobierno  de  Berro,  pero  ya  el  país  estaba  convul- 
sionado por  la  guerra  civil  y  el  decreto  cayó  en  el  vacío. 

Don  José  de  Buschental  presentó  en  1862  una  propuesta  para  la 
construcción  de  una  línea  férrea  de  Montevideo  a  Palmira.  El  Go- 
bierno la  pasó  a  estudio  de  una  Comisión  compuesta  de  los  señores 
Manuel  Herrera  y  Obes,  Tomás  Villalba,  Cándido  Joanicó  y  Anto- 
nio de  las  Carreras,  que  aconsejó  su  rechazo,  presentando  en  cam- 
bio un  proyecto  sustitutivo  que  autorizaba  al  Poder  Ejecutivo  para 
contratar  la  construcción  de  un  ferrocarril  que  iría  desde  la  Adua- 
na de  Montevideo  hasta  San  José  y  Florida,  pasando  por  Las  Pie- 
dras, Canelones  y  Santa  Lucía,  con  ramales  a  la  Unión  y  Pando 
que  servirían  de  punto  de  arranque  a  la  línea  férrea  a  Maldonado. 
Por  cada  milla  de  línea  en  explotación  se  pagaría  hasta  el  máxi- 
mo de  10,000  libras  esterlinas.  Los  materiales  y  útiles  de  consumo 
del  ferrocarril  estarían  exentos  de  impuestos  durante  50  años. 
El  Estado  garantizaría  durante  esos  50  años  el  7  ^i  del  interés  sobre 
el  capital  de  10,000  libras  por  milla.  Las  tarifas  se  fijarían  de  acuer- 


218  HISTORIA    DEL    UBÜGUAY 


do  con  el  Gobierno  una  vez  que  el  producto  neto  de  la  línea  excedie- 
ra del  12   '/r. 

De  acuerdo  con  estas  bases,  la  Comisión  de  Hacienda  de  la  Cáma- 
ra de  Diputados  presentó  a  mediados  de  1863  un  proyecto  que  auto- 
rizaba la  construcción  de  la  línea  a  San  José  y  Florida  con  la  ga- 
rantía del  7  '-/c  de  interés  sobre  10,00'0  libras  esterlinas  por  milla 
y  el  reconocimiento  del  derecho  del  Estado  a  intervenir  en  la  con. 
fección  de  las  tarifas. 

Casi  al  mismo  tiempo  se  presentaba  al  Gobierno  don  Senén  M. 
Rodríguez,  en  representación  de  una  empresa  de  Londres,  solici- 
tando la  línea  de  Montevideo  al  Durazno. 

El  número  y  la  importancia  de  estos  proyectos  de  construcción 
de  líneas  férreas  determinaron  al  gobierno  de  Berro  a  pedir  a  la 
Asamblea  la  sanción  de  una  ley  general  que  autorizaba  la  contra- 
tación con  empresas  particulares  sobre  la  base  del  sistema  de  la 
garantía  de  un  mínimum  de  interés,  que  la  Cámara  de  Diputados 
rechazó  después  de  largos  debates  sustituyéndola  por  la  garantía 
d'el   8   'A    sobre  los  capitales  fijos  de  la  empresa. 

Ninguno  de  estos  proyectos  alcanzó  a  ejecutarse,  sin  embargo, 
al  principio  por  efecto  de  su  tramitación  tan  llena  de  vacilaciones, 
y  luego  por  la  invasión  de  Flores. 

«Nuestra  República  —  decía  con  tal  motivo  «El  Siglo»  en  18G3 — 
joven  y  de  proporciones  tan  diminutas,  tiene  sin  embargo  la  honra 
de  haber  sido  siempre  la  primera  en  la  ih-iciativa  de'  los  pensamien- 
tos grandes  y  generosos».  Montevideo  organizó  la  reconquista  de 
Buenos  Aires.  Cuando  en  1810  resonó  el  grito  de  independencia, 
ya  hacía  un  año  que  los  orientales  eran  perseguidos  por  sus  pla- 
nes de  emancipación.  Montevideo  luchó  contra  Rosas  durante  14 
años  y  preparó  la  jornada  de  Caseros.  Eso  ha  sido  en  la  guerra  y 
en  la  política.  Y  lo  mismo  ha  sido  en  la  administración  y  gobier- 
no interior.  Ha  precedido  de  treinta  años  a  la  Confederación  Argén 
tina  en  la  declaración  de  sus  principios  constitucionales.  Y  lo  que 
es  en  materia  de  legislación  económica,  civil  y  comercial,  guarda 
siempre  la  delantera.  En  cuanto  a  los  progresos  materiales,  el  tea- 
tro, el  empedrado,  el  alumbrado  público  la  señalan  también  como 
la  primera  en  materia  de  iniciativas.  Fué  aquí  también  en  Monte- 
video donde  se  habló  por  primera  vez  en  el  Río  de  la  Plata  de  fe- 
rrocarriles con  la  proyectada  línea  a  la  Unión.  Cabe  agregar  ahora, 
sin  embargo,  que  Buenos  Aires  cuenta  con  tres  vías  férreas  y 
Montevideo  con  ninguna,  por  efecto  de  haber  desp"eciado  lo  bue- 
no para  aspirar  a  lo  mejor.  Por  haber  pretendido  una  línea  más  ex- 


GOBIKHNO     DK     BEKRe  219 


tensa,  hemos  estado  diíicultando  la  línea  a  la  Unión  que  una  vez 
construida  se  habría  pnolongado  a  San  José  y  a  Minas. 

Pocas  semanas  antes  de  la  terminación  de  su  mandato,  a  media- 
dos de  enero  de  1864,  el  Presidente  Berro  llamó  a  propuestas  para 
el  establecimiento  de  una  vía  férrea  con  ramales  de  Montevideo  a 
la  Unión  y  al  Paso  del  Molino,  servida  al  principio  con  motores  a 
sangre  y   luego  con   locomotoras   a   vapor. 

El  servicio  de  transporte  de  pasajeros  entre  Montevideo,  la  Unión 
y  el  Paso  del  Molino,  era  atendido  entonces  por  ómnibus  con  capa- 
cidad para  16  personas.  De  la  importancia  del  movimiento  instru- 
ye el  hecho  de  que  durante  el  mes  de  diciembre  de  1860,  la  empre- 
sa de  esas  líneas  expidió  hasta  6,000  boletos  trabajando  en  compe- 
tencia con  20  carruajes  que  también  atendían  el  tráfico  de  pasa- 
jeros. 

La  red  de  caminos. 

La  multiplicidad  de  los  proyectos  ferroviarios  de  que  acaba- 
mos de  hablar  no  fué  obstáculo  para  que  el  gobierno  de  Berro  se 
ocupara  de  los  caminos. 

En  1861  pidió  a  la  Asamblea  un  crédito  suplementario  de  3,000 
pesos  para  el  estudio  del  deslinde,  rectificación  y  dirección  de  las 
principales  arterias  de  los  departamentos  de  Montevideo  y  Cane- 
lones. La  Comisión  de  Legislación  del  Senado  resolvió  dar  más  am- 
plitud al  plan  gubernativo  y  extenderlo  a  todos  los  departamentos 
antes  que  el  aumento  de  la  población  y  los  cercos — decía  en  su  in- 
forme— lleguen  a  dificultar  el  trazado  definitivo  y  la  w^ora  de  la 
vialidad  rural.   Propuso  dos  proyectos  sustitutivos. 

El  primero  autorizaba  al  Poder  Ejecutivo  para  realizar  el  tra- 
zado de  los  caminos  entre  Montevideo  y  las  capitales  de  los  depar- 
tamentos y  las  fronteras,  y  entre  unos  departamentos  y  otros. 
Los  camirfos  deberían  tener  según  su  importancia  de  22  a  45  metros 
de  ancho.  En  los  ríos  y  arroyos  que  interceptasen  el  tránsito  se 
construirían    puentes. 

iEl  segundo  autorizaba  al  Poder  Ejecutivo  para  conceder  la  cons' 
trucción  de  puentes  mediante  la  garantía  del  7  '/(  de  interés  del  ca- 
pital invertido  y  la  concesión  de  peajes  por  plazos  no  mayores  de 
50  años.  El  Poder  Ejecutivo  tendría  derecho  de  intervenir  en  la  re- 
ducción de  las  tarifas  de  pasajes  una  vez  obtenido  el  12  '',  del  ca- 
pital   invertido.    Concluido    el    plazo  de   la   concesión,    la   obra    pasa- 


220  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


ría  al  Estado.  Los  contratos  serían  sometidos  a  la  ratificación  de 
la  Asamblea. 

Estos  proyectos  fueron  discutidos  y  sancionados  por  la  Cámara 
de  Senadores  a  mediados  de  1863,  cuando  ya  estaba  el  país  en  ple- 
na conmoción  revolucionaria. 

Por  un  decreto  del  año  anterior  había  ordenado  el  Gobierno  el 
deslinde,  alineación  y  amojonamiento  de  los  caminos  de  la  Unión, 
Cerrito  y  Paso  del  Molino. 

El  cable  a  Eiu-opa. 

En  1862  volvieron  a  estudiar  los  técnicos  ingleses  el  proyecto  de 
cable  eléctrico  entre  la  Gran  Bretaña  y  los  Estados  Unidos  ya  en- 
sayado anteriormente,  pero  con  fallas  que  hablan  determinado  su 
inutilización  después  de  algunos  centenares  de  mensajes  trasmi- 
tidos. 

>  Juntamente  con  esos  estudios  se  emprendió  el  del  cable  entre  Eu- 
ropa y  el  Brasil.  Y  el  concesionario  de  esa  nueva  línea,  don  Eduar- 
do Well,  se  presentó  al  gobierno  de  .  Berro  solicitando  privilegio 
exclusivo  por  50  años  a  favor  de  un  ramal  entre  el  Brasil  y  el  Uru- 
guay. La  Cámara  de  Diputados  votó  el  privilegio  en  la  forma  soli- 
citada. Pero  el  Senado,  sin  perjuicio  de  autorizar  la  concesión  del 
ramal  del  cable  ultramarino  por  plazo  hasta  de  50  años,  sin  sub- 
venciones ni  garantías  de  intereses,  estableció  que  el  Poder  Ejecu- 
tivo sometería  los  contratos  respectivos  a  la  consideración  del  Cuer- 
po  Legislativo. 

Ya  era  corriente  en  esos  momentos  que  una  empresa  que  respon- 
día a  combinaciones  financieras  del  barón  de  Maná  tenía  el  pro- 
pósito de  establecer  el  telégrafo  eléctrico  entre  el  Brasil,  el  Uru- 
guay y  la  Argentina. 

I/a  riqueza  del  Uruguay. 

El  Registro  Estadístico  de  1860  fijó  así  el  monto  de  la  rique- 
za del  Uruguay,  tomando  por  base  las  declaraciones  de  los  con- 
tribuyentes para   el   pago   de   los  impuestos-: 


GOUIKKNO    ME    BERRO 


221 


Ganado S    3.0.166,044 

Tierras  de  pastoreo  (3,357  suertes  de  es- 
tancia)   26.045,127 

Tierras  de  agricultura  (.161,541   cuadras  1.913,408 

Fincas  urbanas 18.787.776 

»        rústicas 2.446,977 

Capitales  en  giro 7.950,714 

Otros  bienes 682,677 

$   93.592,723 


Algunos  de  los  departamentos  quedaron  excluidos  (Florida, 
Maldonado,  Tacuarembó)  por  no  haber  remitido  los  datos  en 
tiempo  oportuno.  Don  Adolfo  Vaillant  llenó  esos  claros  con  ayu- 
da de  cifras  tomadas  de  las  estadísticas  del  general  José  María 
Reyes  o  de  las  declaraciones  de  los  contribuyentes  en  el  año 
anterior,  formulando  entonces  dos  cuadros:  uno  de  ellos  con  el 
valor  declarado  de  las  tierras,  edificios  y  capitales  en  giro,  y  otro 
con  el  valor  de  los  ganados,  sin  haber  podido  rectificar  en  ellos 
diversos  errores  de  cálculo  del  Registro,  por  ignorar  de  dónde 
procedían. 

He   aquí   el   primero: 


DEPARTAMENTOS            Tierras 

Fincas 

Capital 

Otros  bienes 

Total 

i                       1 

en    giro 

I 

Montevideo  ....      $       591.621 

$  17.103,381 

$    5.050,830' 

$     islíítee 

$  22.877,860 

Canelones 

2.294,9201 

638,029 

255,810 

140,779 

3.310,038 

San  José  . 

2.010.45.3 

537.740 

195,994 

23,604 

2.857,138 

Florida     . 

2.534,70:3 

450,290 

163,725 

51,772 

3.200,490 

Durazno  . 

1.793,687 

191.158 

110,180 

21.721 

2.116,745 

Minas.      . 

2.043,851 

345.962 

136,755 

71,030 

2.613.608 

Maldonado 

2.040,000 

370,000 

210,000 

50,000 

2.670,000 

Colonia     . 

1.317.121 

461,324 

184.750 

39,804 

2.029,384 

Mercedes  . 

2.170.500 

857.466 

297.660 

26,260 

3.350,987 

Paysandú 

2.897.004 

525,437 

298,220 

60,354 

3.781,015 

Salto   .     . 

6.138,000 

821,911 

527.471 1 

56,969 

7.551.961 

Tacuarembó 

3.759,083 

205,1:34 

604,760 

21.851 

4.531,829 

Cerro  Largo  .     .     . 

3.878,271 

599,887 

422,779 

148,631 

5.029,167 

j   $  33.469,214 

$  23.107,719 

$    8.458,934 

$      844,803 

'  $  65.920,222 

HISTORIA    DEL    UBUGUAT 


Véase  ahora   el   segundo: 


DEPARTAMENTOS 


Ganado       Ganado     Ganado 
vacano  i  yeguarizo     molar 


Ganado     Ganado       Valores 
lanar     .  cabrío      declarados 


Montevideo    .... 

<|           5» 

2.609 

512 

584 

56' 

S         16.579 

Canelones 

83.978 

14.4K0 

906 

123.729 

5.287 

819.789 

San  José 

372.842 

42.759 

366 

319,762 

1.244 

2.979,051 

Durazno 

:}86.196 

47,792 

753 

162.213 

550 

2.804.670 

Minas   . 

286.866 

45.629 

65 

113.616 

1.139 

2.ÍÍ89.004 

Colonia. 

221,618 

32.848 

1.170 

:i31.747 

743 

2.103,247 

Mercedes 

:J94.541 

51.011 

6.36 

445.712 

643 

3.421.497 

Paysandú 

541.567 

72.192 

— 

238.550 

— 

3.946.218 

Salto 

767.2;i7 

143.416 

3.166 

154,361 

445  1 

5.448.680 

Cerro  Largo 

576.802 

65.492 

727 

99,655 

1.161 

3.918.048 

Florida .     . 

339.297 

47.829 

129,364 

— 

3.551.422 

Maldonado 

465.080 

65.560 

177,320 

— 

2.455.200 

Tacuarembó 

782.180 

110.260 

— 

298.220 

— 

4.067.839 

5.218.760 

741,857 

8.301 

2.594.833 

11.268  ' 

%  37.621.244 

Cálíiilo  <I«'  la  liíjuf/.a  i)íil)lifa  en   1800. 

"En  resumen,  la  riqueza  pública  declarada  para  el  pago  de  la  Con- 
tribución Directa  en  18G0  subía  a  103  y  y^  millones  de  pe*s  dis- 
tribuidos en  esta  forma: 

Ganados 8    37.621.244 

Tierras  d<;  pastoreo  y  a;rrieiiltur;i      .      .  .33.469,214 

Fincas  urbanas  y  rústicas 23.107.719 

Capitales  en  giro 8.4.08,934 

Otros  bienes 844,803 

Juzgaba  el  señor  Vaillant  que  de  acuerdo  con  las  reglas  ad- 
mitidas en  materia  estadística  era  dable  triplicar  las  declaracio- 
nes de  los  contribuyentes  para  aproximarse  a  la  verdad  y  que 
«•n  consecuencia  podía  admitirse  como  exponente  de  la  riqueza 
pública  gravada  por  la  Contribución  Directa  en  1S60  la  cifra  de 
300   millones  de  pesos. 

La   fíanadfiía    <n    1803. 


Con  el  propósito  de  organizar  la  Sección  Uruguaya  en  la  gran 
Exposición  internacional  de  1862,  instituyó  el  gobierno  de 
Berro    una    Comisión    encargada      de    formar    el    muestrario     de   los 


GOBIERNO     DE     RERRO 


233 


principales  productos  dé  nuestras  industrias  y  de  pnbliiar  un 
folleto  de  propaganda.  Esa  Comisión,  que  estaba  formada  por 
elementos  muy  prestigiosos,  luego  de  consultar  opiniones  y  uti- 
lizar los  datos  oficiales,  llegó  a  la  conclusión  de  que  en  las  es 
iancias  orientales  pastaban  trece  y  medio  millones  de  animales 
C:Ue   se   distribuían    así: 


Montevideo 
Canelones 
Florida 
San  José  . 
Colonia     . 
Soriano     . 
Salto    .     - 
Paysandú 
Minas  . 
Maldonado 
Tacuarembó 
Cerro  Largo 
Durazno  . 


Vacunos    Caballares  Mulares    Lanares  ,  Cabrios  !  Porcinos 

ll i  II  I  I 


1    4.000 

3.000 

1,000 

2.000 

500 

6,000 

50.000 

lO.OOÜ 

1.800 

80,000 

500 

16,000 

900.000 

130,000 

6.000 

1.2(10.000 

700 

15,000 

520.000 

50.000 

8.400 

33(1.000 

1,500 

21.000 

410.000 

130.000 

3.000 

500.000 

2.5Ü0 

5,400 

506.000 

114.000 

6.000 

700.000 

1,800 

13,500 

1   756,000 

330.000 

14.000 

300.000 

4.000 

12.000 

750.000 

80.000 

6.600 

214.000 

2.700 

14,000 

400.000 

90.000 

3.000 

40.000 

2.000 

5,000 

500,000 

70,000 

3.000 

50,000 

600 

5.000 

L  500.000 

425.000 

58.000 

12.000 

600 

10,000 

1.300.000 

300,000 

4.000 

120.000 

600 

2.000 

500.000 

45,000 

1.800 

70,000 

500 

1.300 

I  8.096.000 

1.457,000 

116.600 

3.618,000 

18,500 

126.200 

Véase  las  diferencias  entre  las  declaraciones  para  el  pago  de 
la  Contribución  Directa  en  1S60  y  el  cálculo  de  la  Comisión  de 
Exposición    en    1S62: 


1860 


1862 


Ganado  vacuno n,-2lS,760 

^          yegiinrizo 74l,iS,ñ7 

»          mular !S,oOI 

lanar -2.094.800 

»          cal>rio  y   porcirin 11, '288 


8.(196,000 
1.457,000 

11G,G00 
3.618.000 

144,700 


8.ñTñ,0l9    I     1 0.43-2,800 


El  aumento  de  cerca  de  cinco  millones  de  cabaza?  debe  atri- 
'•uirse  a  las  ocultaciones  de  capitales  declarados  para  el  pago  de 
la  Contribución  Directa  y  a  la  expansión  de  la  riqueza  pública 
duiante  los  primeros  tiempos  de  la  administración   Berro. 

Los  cuadros  estadísticos  publicados  por  el  general  de  ingenieros 
don  José  María  Reyes  en  su  «Descripción  Geográfica»  daban  al  país 


224  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


en  1859  mayor  cantidad  de  ganados  que  la  que  al  año  siguiente  arro- 
jaban  las   declaraciones  para  el  pago  de  la  Contribución  Directa. 
He  aquí  las  cifras  del  general  Reyes:- 

Vacunos 5.891,450 

Caballares 1.295,876 

Lanares 3.134/270 

El    negocio   de    estancia    en    1881.    Cillculos   de    vui    estanciei'O. 

Véase  cómo  describía  don  Juan  Mac-Coll  el  negocio  de  estancia 
en  una  carta  de  propaganda  escrita  en  1861,  condensando  sus  expe- 
riencias y  las  de  otros  estancieros  vecinos: 

Compré  en  1855  el  campo  en  que  trabajo  a  razón  de  2,000  pesos 
la  suerte  de  estancia  de  2,700  cuadras.  Hoy  vale  8,000  pesos  la  suer- 
te. Mi  suegro  Mac  Eachen  compró  seis  suertes  en  1853,  a  900  y 
1,200  cada  una.  Hoy  valen  8,000.  Cuesta  poco  trabajo  el  cuidado  de 
una  estancia.  El  ganado  vacuno  se  reúne  dos  veces  por  semana  en 
un  paraje  determinado  del  campo  y  se  acostumbra  tan  admirable- 
mente a  ello  que  basta  un  hombre  a  caballo  para  hacerlo  correr 
a  ese  paraje.  Para  un  rodeo  de  6,000  animales  bastan  dos  hombres. 
En  cada  suerte  de  estancia  sólo  pueden  mantenerse  dos  mil  vacu- 
nos que  representan  un  capital  de  14,000  pesos,  o  15,000  ovejas  que 
cuestan   45,000   pesos. 

Supongamos  que  un  estanciero  compra  cuatro  suertes  de  estan- 
cia a  razón  de  6,000  pesos  cada  una  (24,000  pesos)  y  cuatro  mil  ani- 
males vacunos  a  siete  pesos  cada  uno  (28,000)  y  que  gasta  en  po- 
blaciones y  corrales  1,000  pesos  y  en  otros  rubros  500.  Capital  in- 
vertido 53,000  pesos.  El  ganado  vacuno  se  dupliía  cada  tres  años. 
Da  anualmente  un  10  %  de  novillos  costeados  aparte  del  consumo 
de  carne  del  establecimiento.  Habrá,  pues,  a  los  tres  años  una  exis- 
tencia de  8,000  cabezas  que  al  precio  de  7  pesos  representan  56,000 
pesos.  Los  novillos  valen  13  pesos  cada  uno.  En  los  tres  años  po- 
drán venderse  2,000,  obteniéndose  por  ellos  26,000  pesos.  Vea- 
mos ahora  los  gastos  de  la  estancia:  un  capataz  a  16  pesos,  en  36 
meses  576  pesos;  3  peones  a  10  pesos,  l.OSO;  leña,  yerba,  etc.,  300 
pesos;  gastos  de  casa,  a  razón  de  500  pesos  anuales,  1,500.  Total 
de  gastos:  3,456  pesos.  Podría  obtenerse  en  los  tres  años  una  uti- 
lidad de  cuarenta  y  tantos  mil  pesos  cargando  el  interés  del  capi- 
tal  tierra. 

Pero  supongamos  que  en  vez  de  explotar  vacunos,  explota  ove- 
jas.  Entonces  la  cuenta  sería  así: 


GOHIEKNO    IJE    BEUUO 


Tres  suertes  de  campo  apropiado  para  la  cría  de  ovejas,  a  razón 
de  8,000  pesos  cada  suerte,  24,000  pesos;  15,000  ovejas  a  3  pesos  ca- 
da una,  45,000  pesos;  F*3blaciones,  corrales,  etc.,  3,000  pesos.  Total: 
72,000  pesos.  El  ganado  ovino  se  duplica  cada  dos  años.  A  los  cua- 
tro años  habrá,  pues,  60,000  ovejas  equivalentes  a  180,000  pesos  y 
10,000  arrobas  de  lana  que  al  precio  de  5  pesos  representan  50,000 
pesos).  Total:  230,000  pesos.  Descontando  el  interés  del  campo 
(12,000  pesos),  los  salarios  de  peones  y  gastos  de  esquila  (28,000  pe- 
sos), el  vaFor  de  las  15,000  ovejas  (45,000  pesos),  quedará  una  utili- 
dad de  145,000  pesos.  Dedúzcase  el  interés  de  las  ovejas  muertas,  y 
quedará   todavía    una    utilidad   muy   superior   a   100,000  pesos. 

Mi  suegro  Mac  Eachen — concluía  el  señor  Mac  Coll —  empleó 
22,000  pesos  en  campos  y  ovejas  en  1853  y  1854,  y  cinco  años  después, 
en  1859,  su  capital  le  dejaba  un  beneficio  líquido  de  123,000  pesos, 
gracias   también   es   verdad   a  la  suba   de  los  precios. 

Con  ligeras  variantes  presentó  don  Juan  Mac  Coll  su  cálculo  a 
la  Comisión  organizadora  de  la  Sección  Uruguaya  on  la  Exposición 
de   Londres,   para   que   lo   reprodujera   en   su   folleto  de   propaganda. 

Otro  documento  de  la  época,  la  Memoria  anual  del  Jefe  Político 
de  Cerro  Largo  don  José  Gabriel  Palomeque,  corroboraba  en  estos 
términos  la  tesis  de  don  Juan  Mac  Coll,  sosteniendo  que  era  un 
error  que  los  estancieros  se  dedicaran  exclusivamente  al  ganado 
vacuno: 

«Es  bien  averiguado  que  una  legua  cuadrada  de  nuestros  buenos 
terrenos  no  puede  contener  más  de  dos  mil  reses  de  procreo,  cuya 
renta  anual  no  excede  de  150  novillos.  Vendidos  éstos  a  razón  de  10 
pesos  término  nu-dif)  entre  los  primeros  y  los  últimoStque  talen  del 
rodeo,  darán  1,500  pesos  al  año,  mientras  que  esa^  misma  área 
puede  indisputablemente  admitir  y  mantener  12,000  ovejas.  Este 
número  de  ovejas  daría  en  la  esquila  anual  dos  libras  y  media  por 
cada  vellón,  y  entonces  tendríamos  30,000  libras  de  esa  materia,  o 
sean  1,200  arrobas  que  vendidas  al  precio  de  6  pesos  presentarían 
una  suma  de  7,200  en  lugar  de  la  de  1,500  que  produce  el  ganado». 

Mejoramiento,  de  razas. 

Hubo    una    fuerte    importación    de    reproductores    ovinos    en    1861. 
Primeramente  llejiaron  40  carneros  Xeiírctte  Escurul,  de  una  acre- 
ditada cabana   de   Sajonia,   que   fueron   comprados   en   remate  a   dos- 
cientos pesos   cada   uno   por   diversos   estancieros.    En   seguida   llega- 


226  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


ron  de  Burdeos  81  carneros  Rambouillet  de  la  famosa  cabana  impe- 
rial de  Geurolle,  y  poco  después  arribó  un  importante  lote  de  ovejas 
merinas  para  formar  los  planteles  de  varias  estancias.  Antes  de  ter- 
minar el  año  el  señor  Giot,  copropietario  de  una  prestigiosa  ca- 
bana de  Francia  que  había  obtenido  150  premios,  instalaba  en  el 
saladero  de  Lapuente,  a  dos  leguas  de  Montevideo,  una  sucursal 
que  desde  los  primeros  momentos  se  encontró  provista  de  140  car- 
neros Rambouillet  y  Negrette,  225  ovejas  de  la  misma  raza  y  un 
toro  Durham.  La  esquila  de  ese  mismo  año  produjo  al  nuevo  esta- 
blecimiento  de  18  a  25  libras  de  lana  por  cada  carnero. 

Tal  impulso  había  empezado  a  tomar  la  importación  de  repro- 
ductores y  el  mejoramiento  de  las  razas  desde  los  comienzos  de 
la  administración  Berro,  que  don  Rafael  Camusso,  progresista  es- 
tanciero del  Departamento  de  San  José  que  tenía  a  su  cargo  la  ad- 
ministración de  las  estancias  de  los  señores  Juan  Quevedo  y  C", 
se  presentó  al  Gtobierno  a  mediados  de  1860  en  demanda  de  ayuda 
para  la  organización  de  una  exposición  rural.  Ofrecía  galpones 
para  el  alojamiento  de  50  vacunos  y  de  100  lanares  durante  10  días, 
alimento  para  los  conductores  de  los  ganados,  dos  medalla,s  de  oro 
y  seis  de  plata;  y  pedía  en  cambio  exención  de  Contribución  Direc- 
ta y  de  derechos  de  marca  en  el  año  de  la  exposición.  El  Poder  Eje- 
cutivo dispuso  que  la  Jefatura  de  Policía  y  la  Junta  Económico-Ad- 
ministrativa prestaran  al  señor  Camusso  todo  el  concurso  que  es- 
tuviera a  sus  alcances,  pero  no  hizo  lugar  a  la  exención  de  impues- 
tos por  tratarse  de  resoluciones  que  incumbían  al  Cuerpo  Legis- 
lativo. 

El  ganado  pai-a  el   abasto  de   la  población. 

Indica  el  siguiente  :3Viadro  el  número  dt  animales  sacrificados  en 
el  curso  de  1861  para  la  producción  de  tasajo  y  para  el  abasto  de 
la  población  (faltan  los  datos  relativos  a  Maldonado,  Tacuarembó 
y  Colonia) : 


GOBIERNO    DE    BETÍKO 


ELABORACIÓN   DE  TASAJO        COSSUMO    DE    I,A    POIil. ACIÓN 


Vacunos       Yeguarizos 


Consumo 


! 

Montevideo 

Canelones 

San  José     

Soriano 

Pavsandú     ! 

Saho 

Cerro   Largo     .... 

Minas      

Florida 

Durazno ¡ 

224,371 

52,743 

6,000 

13,416 

16,000 

31,411 

6.582 
22,000 
16,866 
2 1 , 1 00 

54,395 
10,430 
22,595 
24,000 
27.709 
43.377 
55,452 
1                  19.765 
14,167 
21,400 

312,530 

97.959 

1 

■J93,29ü 

En  1860  habían  sido  sacrificados  en  el  departamento  de  Monte- 
video 47,850  vacunos  para  abasto  y  188,728  para  saladero,  cifras 
inferiores,  como  se  ve,  a  las  del  cuadro  que  antecede. 

Los  mataderos  de  Montevideo  estaban  instalados  en  la  Aguada  y 
la  Junta  de  Higiene  solicitó  su  traslado  obteniendo  que  la  Junta 
Económico  -  Administrativa  llamara  a  propuestas  en  1861  para  la 
construcción  de  nuevos  corrales  de  abasto  en  la  restinga  de  piedra 
de  la  barra  del  Arroyo  Seco. 


Carnes    consei-radas. 


N 


El  problema  de  la  exportación  de  carnes  frescas  estuvo  perma- 
nentemente a  la  orden  del  día  durante  la  administración  Berro. 

Los  señores  Cabal  y  Williams,  saladeristas  del  Salto,  solicitaron 
patente  a  favor  de  un  prbcedimiento  para  la  conservación  de  car- 
nes frescas  que  habían  inventado.  Don  Francisco  Sinistri,  de  Pay- 
sandú,  utilizó  una  sustancia  con  tan  buenos  resultados  durante 
el  período  de  tres  meses  de  los  ensayos,  que  el  inventor  se  decidió 
a  enviar  muestras  de  carnes  a  la  Exposición  Internacional  de  Lon- 
dres. Don  Mariano  Fragueiro  implantó  la  elaboración  del  llamado 
charque  argentinb,  mediante  el  secamiento  de  la  carne  en  grandes 
hornos.  Don  Pablo  Nin  y  González  pidió  y  obtuvo  privilegio  en 
ambas  márgenes  del  Plata  a  favor  de  otro  procedimiento  para  el 
secamiento   de    carnes    en    hornos    de   alta   temperatura.    El    charque 


HISTORIA    DEL    UBUGUAT  228 

salado — decía  el  inventor — no  tiene  otroo  mei'cados  que  los  de  Cuba 
y  el  Brasil,  en  cambio  que  el  charque  dulce  podrá  exportarse  a  Eu- 
ropa. Finalmente,  el  señor  Oliden  inventó  un  procedimiento  me- 
diante el  cual  la  cama  aparecía  seca  por  tuera  y  fresca  por  den- 
tro. No  tenía  sal,  pero  también  podía  prepararse  en  salmuera  sin 
inconveniente  alguno,  desde  que  esa  sustancia  quedaba  en  la  parte 
exterior  de  la  carne  y  era  poi-  lo  tanto  rápidamente  eliminable. 

iMucho  interés  despertaron  en  Europa  los  dos  últimos  procedi- 
mientos, el  de  Oliden  sobre  todo,  que  obtuvo  medalla  de  oro  en  la 
Expipsición  Internacional  de  Londres,  dando  lugar  con  ello  a  la 
inmediata  fundación  de  Montevideo  del  «Club  Nacional»,  prestigiosa 
sociedad  de  propaganda  con  un  vasto  programa  encaminado  a  la 
apertura  de  nuevos  mercados  que  empezó  a  funcionar  en  1S62  bajo 
la  dirección  de  don  Francisco  A.  Gómez,  doctor  Vicente  Fidel  López, 
don  Luis  Lerena,  doctor  Jaime  Estrázulas,  don  Ricardo  Hughes, 
don    Adolfo    Lapuente    y   don    Estanislao   Camino. 

El  «Club  Nacinal»  envió  a  Inglaterra  400  fardos  de  carne  seca  y 
350  barriles  de  carne  fresca;  a  Francia  250  fardos  y  115  barriles; 
a  Genova  50  fardos  y  25  barriles;  a  Río  de  Janeiro  200  fardos  y  150 
barriles  y  a  Lisboa  200  fardos.  Para  el  desenvolvimiento  de  este 
programa  tuvo  que  recurrir  a  una  emisión  de  acciones  que  fué  rápi- 
damente   cubierta    por    los   principales    estancieras. 

Algunos  de  los  fardos  y  barriles  fueron  aplicados  a  diversos  actos 

de  propaganda,  entre  ellos  un  banquete  en  Glasgow,  de  cuyo  menú 

hizo   muy    buenos   elogios   la   prensa  británica.   Los   demás   fardos   y 

barriles    encontraron    mercado    a    precios    remuneradores,  dejando  en 

> 
general  una  utilidad   del  25   %. 

Con  idénticos  fines  de  propaganda  envió  a  Lima  el  saladero  del  co- 
ronel Lucas  Moreno  un  cargamento  de  200  fardos  de  carne  Oliden, 
con  rendimientos  muy  halagadores.  Después  de  pagados  el  25  ''«^  de 
importación  y  las  comisiones,  los  fletes  y  demás  gastos,  resultó  un 
producto  líquido  de  40  reales  plata  por  quintal,  o  sea  el  doble  del 
precio  corriente  de  la  carne  en  el   mercado  de  Montevideo. 

Tan  convincentes  parecían  los  ensayos  que  a'  finalizar  el  año  1862 
el  Cónsul  Oriental  en  Londres  señor  O'  Neill  anunciaba  a  don  Ma- 
nuel Herrera  y  Obes  Presidente  de  la  Comisión  organizadora  de  la 
Sección  Uruguaya  en  la  Exposición  de  Londres,  que  había  empezado 
a  organizarse  una  compañía  británica  para  la  exportación  de  carnes 
conservadas  por  los  sistemas  Oliden  y  Nin. 

A  mediados  del  año  siguiente,  ya  envuelto  el  país  en  la  guerra 
civil,    una    importante    sociedad    formada   en    Bélgica   por   don   Fede- 


GOBIERNO    DE    BEKKO 


229 


rico  José  Bennert  compró  seis  suertes  de  estancia  en  el  Rincón  de 
las  Gallinas  al  precio  de  15,000  pesos  cada  una,  con  destino  al  esta- 
blecimiento de  la   fábrica  Liebig. 

La  industria  saladeril  en   crisis. 

No  liabía  quedado  olvidado  el  estudio  del  tasajo  en  medio  de  ese 
intenso  movimiento  a  favor  de  los  nuevos  sistemas  de  preparación 
y  exportación  de  carnes.  Al  contrario,  era  por  efecto  del  resultado 
pesimista  de  esos  estudios  que  nuestros  iiombres  de  negocios  se 
apresuraban    a   abrir    nuevos    rumbos   a   la   industria   ganadera. 

De  uno  de  los  informes  de  la  Comisión  Directiva  del  «Club  Na- 
cional» extraemos  el  cuadro  que  subsigue  relativo  al  número  de  ani- 
males vacunos  faenados  en  los  saladeros  orientales,  argentinos  y 
brasileños: 


1857-58 

1858-59 

1859-60 

1860-61 

1881-62 

Estado   Oriental. 
But'iios  Aires 
Entre   Kios      .      .  | 
Rio  Grande    .      .  | 

16S.!00 

324,800 

53,500 

190,000 

243.300 
531,  iUl) 
141.300 
280,000 

2. '2. 000 
360,oUü 
265.000 
3(]0,000 

293.000 
290,000 
237.000 
360,000 

505,000 
279.000 
204,000 
362,000 

736,400 

1.198,900 

1.257,000 

1.180.000 

1.350,000 

Adviértase  que,  según  lo  afirmado  por  don  Tomás  Vülalba  en 
su  Memoria  de  Hacienda  de  1860,  las  dos  terceras'partes  de  las  no- 
villadas faenadas  en  los  32  saladeros  que  entonces  funcionaban  en 
RJo    Grande   procedían   de   las    estancias   orientales. 

La  faena  saladeril  se  había  ido  intensificando.  Pero  a  expensas 
del  precio  de  la  carne  según  hemos  tenido  oportunidad  de  verlo  al 
ocuparnos  del  comercio  de  exportación  de  tasajo:  seis  y  medio  pe- 
sos fuertes  el  quintal  en  1857;  siete  pesos  en  1858;  cinco  y  tres 
cuartos  en  1859;  cuatro  y  un  cuarto  en  1860:  tres  en  1861  y  dos  y 
un  cuarto  en  1862. 

Examinando  la  situación  de  nuestra  gran  industria  decía  la  Co- 
misión  Directiva  del   «Club  Nacional»: 

Las  carnes  están  en  crisis  desde  1859.  La  escala  de  la  producción 
ha  aumentado  en  la  proporción  de  7  a  12  desde  1857,  y  en  cambio 
el  valor  del  artículo  ha  bajado  en  la  proporción  de  6  a  2  pesos  por 


230  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


quintal.  Una  vez  que  este  precio  de  dos  pesos  se  estabilice  habrá 
que  tirar  la  carne  para  no  exponernos  al  decrecimiento  del  valor 
de  los  campos,  salarios  y  comercio.  Los  saladeristas  están  en  du- 
da sobre  si  faenarán  o  no  el  año  entrante  dada  la  situación  de  los 
dos  únicos  mercados  con  que  cuentan.  Es  una  situación  que  ema- 
na de  causas  permanentes  y  de  causas  tiansitoria:.  Las  permanen- 
tes provienen  de  estar  reducida  la  exportación  a  dos  mercados  for- 
zosos. El  mercadto  de  la  Habana  está  además  monopolizado  por  los 
intermediarios:  el  consumidor,  que  es  el  esclavo,  no  compra;  el  que 
compra  es  el  empresario  del  esclavo,  y  entre  esos  pocos  empresa- 
rios no  hay  competencia.  En  el  Brasil  no  existe  monopolio  de  com- 
pradores, pero  existe  en  cambio  protección  a  la  industria  salade- 
ril de  Río  Grande.  Hay  que  agregar  la  competencia  creciente  del 
bacalao  en  las  poblaciones  consumidoras  de  tasajo.  El  mercado  de 
Cuba  sufrió  en  los  años  anteriores  una  grave  crisis  y  a  raíz  de 
ella  la  repercusión  de  la  guerra  civil  en  los  Estados  Unidos  que 
redujo  el  comercio  cubano  y  el  comercio  brasileño  de  café. 
'  La  República  Oriental  —  agregaba  —  es  la  que  ha  aumentado 
más  la  faena  saladeril  y  la  que  por  consiguiente  soporta  el  grue- 
so de  la  baja  de  los  precios  de  la  carne  de  7  a  2  pesos  fuertes  el  quin- 
tal. El  aumento  de  la  producción  traduce  sólo  nuestra  ruina.  El 
consumo  actual  de  charque  en  Cuba  y  Brasil  puede  calcularse  en 
1.600,000  quintales.  Deducidos  los  450,000  que  suministran  los 
saladeros  de  Río  Grande,  resulta  el  saldo  que  corresponde  a  la  ex- 
portación del  Río  de  la  Plata.  Cuanto  más  activo  sea  el  proceso 
ganadero,  mayor  será  la  cantidad  de  carne  que  tendremos  que  fae- 
nar y  menor  la  demaíida  de  nuestros  dos  únicos  mercados  consumi- 
dores. Urge,  pues,  la  apertura  de  nuevos  mercados,  sobre  todo  en  In- 
glaterra y  norte  de  Europa  donde  se  consume  tanta  carne. 

Terminaba  el  informe  proponiendo  el  envío  a  Europa,  con  fines 
de   propaganda,   de  tres   a   cuatro  mil   quintales  de   tasajo. 

Una  nota  del  Jefe  Político  de  Soriano  don  .T.  Eduardo  Fregeiro 
e  la  Comisión  Directiva  del  «Club  Nacional»  a  propósito  de  estos 
trabajos  para  la  apertura  de  nuevos  mercados,  hacía  constar  que 
el  animal  de  saladero  que  en  la  faena  de  1857  valía  20  pesos,  en  la 
de   1862   se  cotizaba  simplemente  a   8. 

Poco  después  empezaba  a  agitarse  la  atmósfera  política  con  los 
anuncios  de  la  invasión  de  Flores  y  ya  nadie  volvía  a  ocuparse 
úel   candente  problema  de  la  exportación   de  carnes. 


GOniERXO     DE    BERRO  231 


Garantías  a   la   propiedjid   iiU'al. 

Durante  el  gobierno  de  Berro  la  policía  rural  persiguió  con  te- 
nacidad y  eficacia  a  los  ladrones  de  ganados,  multiplicados  y  esti- 
mulados bajo  los  gobiernos  anteriores  por  efecto  del  abandono  en 
que  había  quedado  la  campaña. 

Hablando  de  la  administración  local  de  Cerro  Largo,  decía  en 
1861  un  corresponsal  de  «La  Prensa  Oriental»  que  allí  se  hablan 
conocido  vecinos  que  con  50  o  60  reses  aparecían  dueños  de  centena- 
res de  terneros,  pero  que  bajo  la  jefatura  de  don  José  G.  Palomeque 
«el  roBo  de  una  vaca  resultaba  un  crimen  mayor  que  el  degüello 
de  un  hombre  en  épocas  anteriores».  Eran  palabras  que  podían  apli- 
carse al  país  entero,  sea  dicho  en  honor  del  gobierno  de  Berro. 

Había,  sin  embargo,  enormes  dificultades  para  la  completa  regu- 
lar ización  de  la  propiedad  rural.  Véase  cómo  las  describía  el  Jefe 
Político  de  Soriano  don  J.  Eduardo  Fregeiro  al  Ministro  de  Gobier- 
no a  mediados   de  1862: 

«Es  fuera  de  toda  duda,  Excmo.  Señor,  que  hay  muchos  vecinos 
que  tienen  ganados  en  cantidad  desproporcionada  al  área  de  su 
campo,  y  llamo  excesivo  a  lo  que  pasa  de  2,500  cabezas  de  gana, 
do  por  suerte  de  estancia  en  campos  de  primer  orden,  y  de  1,500  a 
2,000  los  más  inferiores  o  regulares,  porque  el  que  no  tiene  más 
que  una  suerte  de  estancia  tiene  que  ocupar  con  ello  una  parte  con 
la  población,  majada,  yeguas  o  caballos  de  servicio.  . .  Hay  veci- 
nos que  con  una  pequeña  fracción  de  campo  se  llaman  estancieros 
y  tienen  crecido  número  de  vacunos,  lanares  o  yeguarizos,  contan- 
do con  los  campos  linderos  o  colindantes  para  «oner  sus  haciendas, 
a  los  que  invaden  siempre  con  media  docena  de  perros,  como  si  lo 
ajeno  fuese  su  propiedad,  y  éstos  son  muy  abundantes  en  nuestra 
campaña  y  dan  por  única  razón  que  si  el  dueño  del  campo  quiere 
evitarlo  debe  mandarlo  cercar....  Hay  hacendados...  que  poseyen- 
do un  número  crecido  de  ganados,  es  decir  de  miles,  sólo  apartan 
para  hacer  ventas  o  marcaciones,  y  después  sueltan  a  que  vayan  a 
alimentarse  y  reproducirse  en  las  ajenas  propiedades...  Otros 
hay  que  en  una  pequeña  área  de  campo  hacen  poblar  a  seis  u  ocho 
familias,  ya  de  deudos,  ya  de  arrendatarios,  teniendo  todos  más  o 
menos  el  número  de  animales  suficiente  para  llenar  toda  la  super- 
ficie. Al  propietario  de  un  área  regular  de  campo  que  le  toca  una 
vecindad  de  esta  especie,  es  como  si  su  propiedad  estuviese  inva- 
dida  por  una   manga   de  langosta   todo  el   año,   porque  no   sólo  ocu- 


232  HISTORIA    DEL    tTBUGUAT 


pan  lo  único  que  tienen  con  la  población,  sino  que  agregan  sembra- 
dos como  si  los  terrenos  de  estancias  fuesen  para  destinarlos  a 
sembrados  como  el  de  chacras,  y  entonces  corren  sus  ganados  y 
los  del  propietario  inmediato,  como  si  estuvieran  dentro  del  ejido 
destinado  a  éstas». 

Entre  las  medidas  fiscalizadoras  dictadas  durante  la  invasión 
de  Flores  figuraba  un  decreto  creando  una  oficina  de  contralor  en 
las  plazas  Sarandí  y  Treinta  y  Tres  y  en  la  Tablada,  con  el  propó- 
sito de  garantizar  la  propiedad  de  los  ganados  y  cueros.  Todos  los 
ganados  y  frutos  deberían  ser  revisados  y  su  legítima  propiedad 
domprobada  bajo  pena  de  ser  decomisados  y  vendidos  al  precio  co- 
rriente   para    ser    entregado   su   importe   al    verdadero   dueño. 

La  marca  de  los  ganados. 

Pero  quedaba  todavía  otro  gran  paso  que   dar:    el  establecimiento 
»de   un    registro   de  marcas   llamado   a   dar   autenticidad    y   garantía 
a  la  propiedad  de  los   estancieros. 

Verdad  es  que  al  finalizar  el  año  1859  el  gobierno  de  Pereira  ha- 
bía dictado  un  decreto  por  el  que  se  aprobaba  el  sistema  de  marcas 
de  don  Juan  Ildefonso  Blanco  con  el  complemento  de  que  era  el 
único  susceptible  de  acreditar  la  propiedad  ganadera.  Pero  contra 
ese  decreto  que  invadía  atribuciones  legislativas,  no  tardaron  en 
alzarse  los  estancieros,  y  en  tal  forma  que  uno  de  los  primeros  ac- 
tos del  gobierno  de  Berro  consistió  en  suspender  su  ejecución  y 
en  designar  una  Oomisión  de  estancieros  para  el  estudio  del  impor- 
tante   asunto. 

Esa  Comisión  de  la  que  formaban  parte  don  .Taime  Illa  y  Via- 
mont,  don  Juan  P.  Ramírez,  don  Juan  Quevedo,  don  Juan  D.  Jack- 
son,  don  Marcos  Baeza  y  don  Gervasio  Burgueño,  produjo  a  fines  de 
1860  un  largo  dictamen  en  el  que  aconsejaba  el  desechamiento  del 
sistema  Blanco,  invocando  la  confusión  y  semejanza  de  su?  signos, 
la  falta  de  aptitudes  en  los  peones  y  capataces,  la  dificultad  para 
estampar  la  marca  de  una  manera  clara,  el  atentado  que  envolvía  la 
imposición  de  una  marca  determinada,  la  obligación  de  cambiar 
de  marca  a  cada  cambio  de  ubicación  del  estanciero  de  un  departa- 
mento al  otro.  Lo  que  debía  hacerse  en  concepto  de  la  Comisión 
era  reorganizar  los  registros  departamentales  y  crear  un  registro 
central   en  Montevideo. 

Eran    muy    discutibles   algunos    de    esos    fundamentos,    sobre    todo 


GOBIERNO     DE     l'.ERRO  233 


el  atentado  a  la  propiedad  por  la  imposición  de  una  marca  dada, 
imposición  justificada  por  razones  de  orden  público.  Pero  como  el 
sistema  adoptado  se  prestaba  a  confusiones  graves,  el  Gobiernto  es- 
timuló y  aceptó  luego  una  nueva  propuesta  de  don  Juan  Ildefonso 
Blanco,  por  la  cual  éste  se  obligaba  a  organizar  un  registro  donde 
se  inscribirían  todas  las  marcas  existentes  en  la  campaña,  previa 
eliminación  de  las  iguales  y  de  todas  aquellas  que  aún  no  siendo 
iguales  pudieran  por  simple  superposición  originar  fraudes  y  con- 
fusiones. El  Gobierno  designaría  una  Comisión  encargada  de  re- 
solver las  apelaciones  de  los  estancieros.  Por  cada  marca  registra- 
da y  boleto  correspondiente  exigiría  el  contratista  un  peso.  El  uso 
del    sistema    inventado   por    el    señDr    Blanco    sería   facultativo. 

Este  contrato  fué  elevado  en  seguida  a  la  Asamblea  y  tras  una 
larga  tramitación  quedó  aprobado,  elevándose  a  dos  pesos  el  precio 
de  cada  marca  registrada  y  fijándose  en  dos  años  el  plazo  para  la 
terminación  de  la  tarea  confiada  al  señor  Blanco.  Antes  de  concluir 
el  año  1862  quedaba  instalada  la  oficina  central  y  el  Gobierno  pu- 
blicaba un  decreto  exigiendo  a  los  estancieros  la  presentación  de 
sus  marcas  y  documentos  justificativos  para  iniciar  de  inmedia- 
to  la   formación   del   Registro   Central. 

El  Jefe  Político  de  la  Colonia  coronel  Lucas  Moreno,  preparó  a 
su  turno  un  plan  de  señales  para  el  ganado  lanar,  consistente  en  ta- 
jos y  agujeros  en  las  orejas,  representativos  de  números,  que  no  hu- 
bo oportunidad  de  estudiar  porque  ya  las  intranquilidades  del  mo- 
mento desviaban   la   atención  pública  a   los   asuntos   políticos. 

La    agricultura.  \^ 

EM  registro  estadístico  de  1860,  muy  incompleto  en  esta  parte, 
asignaba  al  Departamento  de  Canelones  (secciones  de  Guadalupe, 
Brujas,  Piedras,  Sauce,  Pando,  Cuello,  y  Santa  Lucía)  un  conjun- 
to de  2,506  agricultores,  con  sementeras  que  habían  absorbido 
14,422    fanegas  de  trigo. 

Durante  el  año  anterior  el  Uruguay  había  exportado,  según  ese 
mismo  registro,  43,919  fanegas  de  trigo  y  3,601  de  maíz,  por  los 
puertos  de  Montevideo,  Mercedes,  Nueva  Palmira,  Paysandú  y  Mal- 
donado. 

En  febrero  de  1862  calculábase  la  cosecha  de  toda  la  República 
por  los   redactores  comerciales   de   la   prensa   en   150,000   hectolitros. 

Véase  los  precios  a  que  en  esos  momentos  se  cotizaba  el  trigo 
en  la  plaza  de  Montevideo: 


231  HISTORIA    DEL    UEUQÜAY 


Trig-0  para  pan,  de  1/^ $     6  por  fanega 

»       »    2.a 5  a  6 

-       :.    3.=^ 4  a  5 

Harina  de  ).=^ '.  1  a   1.50  arroba 

Maíz 2  1/2  a  3  fanega 

Bajo  tan  optimistas  impresiones  escribía  la  Comisión  organiza- 
dora de  la   Sección  Uruguaya   en   la   Exposición   de   Londres: 

«Hace  bien  pocos  años  que  ha  empezado  la  cultura  del  trigo  y 
una  regular  cosecha  da  hoy  no  sólo  lo  suficiente  para  el  consumo 
interno  sino  que  se  exporta  anualmente  grandes  cantidades  para  el 
Brasil  y  Buenos  Aires.  Además  de  los  innumerables  molinos  movi- 
.dos  por  el  viento  o  por  caballos  que  trabajan  en  pequeña  escala, 
hay  en  los  alrededores  de  Montevideo  cuatro  a  vapor  de  grandes  di- 
mensiones. Es  un  hecho  digno  de  llamar  la  atención  el  que  el  trigo 
que  producá  la  Banda  Oriental  es  de  una  calidad  muy  superior  al 
que  se  recoge  en  la  otra  orilla  del  Río  de  la  Plata.  Una  fanega  pe- 
§a  término  medio  240  libras  y  este  año  ha  pesado  252,  mientras 
el  otro  rara  vez  alcanza  a  210  libras.  Esta  inmensa  disparidad  sólo 
puede  ser  explicada  por  la  gran  diferencia  en  la  formación  geoló- 
gica de  los  dos  países.  Es  bien  sabido  que  las  bajas  planicies  de 
Buenos  Aires  deben  su  existencia  únicamente  a  los  depósitos  dilu- 
vianos o  neptunianos,  mientras  que  la  Banda  Oriental,  que  está  si- 
tuada en  la  terminación  de  la  gran  cadena  de  montañas  que  des- 
ciende del  Brasil  a  lo  largo  de  la  costa  oriental  del  continente 
austral,  contiene  grande  abundancia  de  rocas  de  formación  volcá- 
nica  y   secundaria». 

Hablábase  también  con  elogio  de  un  tabaco  negro  de  Tacuarembó, 
de  las  plantaciones  de  sorgo  anexas  a  la  destilería  de  los  señores 
Santiago  Martín  y  C",  y  de  ensayos  de  la  misma  empresa  para  la 
plantación  de  una  variedad  de  remolacha  blanca  procedente  de 
Burdeos  que  serviría  para   la   producción   de   azúcar. 

La  Asamblea  trató  de  estimular  en  1862  la  producción  del  algo- 
dón mediante  la  sanción  de  una  ley  que  eximía  de  impuestos  por  12 
años  a  las  tierras  destinadas  al  cultivo  de  esa  planta.  El  Presiden- 
te Berro  prometió  a  su  vez  que  daría  cumplimiento  al  decreto  de 
1853  que  mandaba  crear  la  Granja  Experimental  de  amplio  y  fe- 
cundo programa  de  que  ya  hemos  tenido  oportunidad  de  ocuparnos, 
decreto  que  una  vez  más  quedó  aplazado  por  las  estrecheces  del 
erario  y  las  agitaciones  políticas  de  la  época.  Y  entre  los  legislado- 
res  encontró    eco   simpático   la   presentación   de    un   proyecto     desti- 


GOUIEK.N'O     ÜE     IJEKKO  23ñ 


nando  cinco  kilómetros  de  tierras  públicas  a  la  colonización  agrí- 
cola. 

La  Colonia  Piamontesa  fundada  en  1S58  sobre  la  base  de  40  fa- 
milias valdenses,  contaba  a  los  cuatro  años  de  existencia  con  355 
personas,  agrupadas  en  68  hogares. 

La  empresa  fundadora  de  esa  Colonia  vendió  en  1861  dos  leguas  y 
media  de  sus  campo?  con  destino  al  establecimiento  de  la  Colonia 
Suiza,  otro  importante  centro  que  en  pocos  me^-es  llegó  a  igualar 
el  número  de  habitantes  de  su  hermana  mayor,  gracias  a  la  activi- 
dad de  la  empresa  en  la  contratación  de  familias  europeas. 

Un  año  después  el  Presidente  de  la  colonia  agrícola  del  Rosario 
don  Doroteo  García,  y  el  agente  de  esa  colonia  en  Francia  don  An- 
tonio Gelot,  resolvían  la  contratación  de  40  nuevas  familias,  bajo 
un  programa  de  trabajo  que  comprendía  el  cultivo  de  cereales  y  la 
cría  del  gusano  de  seda.  Cada  familia  debería  t/aer  para  sus  pri- 
meros gastos  de  1,500  a  2,000  francos  y  entraría  inmediatamente 
de  su   arribo  al  país   en   posesión   de  una   chacra   de   36  cuadras. 

Reglanientación  de  bosques. 

Algo  se  intentó  también  en  favor  de  la  conservación  de  los 
montes. 

El  decreto  de  1834,  obra  de  don  Lucas  Obes,  que  respondía  a  un 
plan  de  conservación  de  los  bosques  dentro  de  los  limitados  elemen- 
tos de  la  época,  h^bía  caído  en  completo  desuso  por  efecto  del  lar- 
go período  de  guerra  civil  y  de  desquicio  administrativo  en  que  ha- 
bía vivido  la  campaña.  El  gobierno  de  Berro,  resolvió  a  mediados 
de  1860  restablecer  la  vigencia  de  sus  cláusulas  o  más  bien  dicho 
que  se  diera  principio  a  su  ejecución  porque  hasta  ese  momento  no 
había    regido   en    realidad. 

Inspirada  en  lo'^  mismos  propósitos  de  conservación,  impuso  la 
Asamblea  en  1862  una  patente  a  los  leñateros  de  las  islas  del  alto 
Uruguay  y  del  Río  Negro.  Era  muy  moderada  la  patente:  dos  pe- 
sos anuales  con  destino  al  establecimiento  y  sostenimiento  de  hos- 
pitales departamentales.  Pero  ella  permitía  ejercer  una  fiscalización 
periódica  de  la  que  mucho  bueno  habría  podido  obtenerse,  sin  la 
nueva  serie  de  trastornos  que  la  invasión  de  Flores  se  encargó  de 
promover. 


236  HISTOBIA    DEL    XJBUGUAT 


Lia   sequía    de    1860-1862. 

Una  gran  sequía  de  cerca  de  dos  años  de  duración  agobió  a  nues- 
•tros   productores   rurales   desde  los   comienzos   de  la   administración 
Berro. 

Los  campos  estaban  abiertos  y  confundidos  en  esa  época.  Rara 
era  la  estancia  que  tenía  cercos.  Los  ganados  hostigados  por  la 
sed  abandonaban  sus  querencias  en  busca  de  aguadas  y  pasturas, 
y  allí  se  agolpaban  en  condiciones  ruinosas  para  el  dueño  del  esta- 
blecimiento invadido  que  quedaba  convertido  en  un  erial,  y  para 
los  dueños  de  los  ganados  que  en  general  no  podían  reclamar  sus 
animales  por  falta  de  noticias  acerca  de  su  paradero  o  por  las 
confusiones  de  las  marcas. 

Conocemos  estancieros  —  decía  en  marzo  de  1862  el  redactor  de 
«La  República»  —  que  hoy  no  conservan  un  solo  animal  vacuno 
de  los  seis  mil  que  poblaban  sus  campos,  por  efecto  de  la  emigra- 
dón  de  los  ganados.  Hay  estancieros,  agregaba  el  redactor  de  «El 
Pueblo»,  que  luego  de  haber  abonado  fuertes  salarios  para  recoger 
sus  haciendas,  las  han  vuelto  a  perder,  por  efecto  de  la  emigración 
desesperada   en    busca   de   lejanas   aguadas. 

Tan  general  e  intensa  era  la  catástrofe  que  el  Jefe  Político  de 
San  José  don  Silvestre  Sienra  se  dirigió  al  Gobierno  en  demanda 
de  un  decreto  que  prohibiera  marcar,  señalar,  vender  y  matar  ani- 
males orejanos.  Apenas  conocida  esa  gestión,  otros  Jefes  Políticos 
se  dirigieron  en  el  mismo  sentido  al  Gobierno  y  éste  dictó  un  de- 
creto  que  suspendía   la   marcación   en   todo   el   país. 

Cesó  finalmente  la  sequía  en  mayo  de  1862  y  en  el  acto  el  Gobier- 
no derogó  su  decreto  prohibitivo  y  fijó  una  fecha  próxima  para 
la  marcación   de  ganados  en   toda   la  campaña. 

Casi  todos  los  aljibes  de  Montevideo  habían  quedado  secos,  hecho 
gravísimo  en  esa  época  en  que  todavía  era  desconocido  el  servicio 
de  aguas  corrientes.  De  las  angustias  de  la  población  instruye  un 
aviso  de  don  Antonio  Martorell,  dueño  de  un  gran  aljibe  situado 
a  espaldas  de  la  Matriz,  anunciando  que  daría  hasta  dos  baldes  de 
agua  a  cada  familia  que  los  mandara  buscar  a  su  casa. 

Dificultades   comerciales   quo  detienen  el  progreso  del  país. 

Desde  los  primeros  meses  de  1862  se  vio  obstaculizado  el  vigoro- 
so  desenvolvimiento   del    país   por  causas   que  según    el   concepto  de 


GOBIERNO     ÜE     BERRO  231 


algunos  observadores  eran  de  carácter  local  y  que  para  otros  ema- 
naban  de  los  mercados  internacionales. 

Ateniéndose  a  lo  primero,  escribía  el  doctor  Fermín  Ferreira  y 
Artigas  en  «El  Comercio    del   Plata»: 

«La  República  Oriental  está  en  plena  paz.  "Montevideo  goza  de 
una  tranquilidad  inalterable  y  sin  embargo  no  se  siente  la  menor 
señal  de  actividad  en  el  comercio,  en  la  industria  y  en  ningún  gé- 
nero de  trabajo.  Esta  es  una  verdad  notoria  que  la  siente  desde  el 
propietario  más  acomodado  hasta  el  último  artesano...  Nosotros 
encontramos  una  explicación  muy  fácil  y  natural  de  este  fenómeno 
en   la   inacción    administrativa». 

Otro  escritor  de  distinta  filiación  política,  don  Nicolás  Calvo, 
era  de  la  msma  opinión,  según  lo  revela  este  párrafo  de  uno  de 
los  artículos  de  «La  Reforma  Pacífica»: 

«La  República  sigue  su  marcha  regular  y  sin  obstáculos.  Luchas 
pacíficas  en  el  parlamento  y  en  la  prensa  entre  el  ministerio  y  la 
oposición  prueban  simplemente  que  el  sistema  representativo  se 
radica;  pero  es  también  cierto  que  no  hay  en  las  altas  regiones  gu- 
bernativas el  espíritu  de  iniciativa  que  podría  levantar  al  país  de 
la  especie  de  apatía  que  predomina  en  su  modo  de  ser». 

Al  intensificarse  las  dificultades,  agregaba  el  mismo  publicista 
en  enerp  de  1863: 

«Si  bien  es  cierto  que  el  país  progresa  en  el  camino  de  las  ins- 
tituciones y  que  ellas  van  haciéndose  prácticas  por  la  convicción 
que  cada  ciudadano  adquiere  de  la  verdad  de  sus  derechos  y  de  la 
existencia  de  sus  deberes,  no  podemos  decir  lo  mismo  al  hablar  de! 
progreso  material  del  país  en  general.  Se  siente  una  falta  de  vita- 
lidad notable,  un  adormecimiento  general,  y\ina  pereza,  puede  de- 
cirse, que  deja  a  la  espontaneidad  de  la  tierra  su  engrandecimien. . 
to  y  prosperidad». 

Para  el  doctor  Antonio  de  las  Carreras,  en  cambio,  los  factores 
principales  estaban  fuera  del  país.  Abordando  el  tema  a  fines  de 
1861,  señalaba  en  su  diario  «La  Discusión»,  como  hechos  dignos  de 
estudio  para  el  Gobierno  y  el  Parlamento,  la  baja  de  las  rentas  pú- 
blicas, la  restricción  del  crédito,  la  creciente  paralización  de  los 
negocios,   y   agregaba: 

En  1857  y  1858  experimentó  la  Europa  una  formidable  crisis  a 
la  que  no  pudo  escapar  el  Río  de  la  Plata.  Luego  de  cesados  sus 
efectos  y  de  reaparecido  el  crédito  bajó  entre  nosotros  el  precio  de 
los  ganados,  pero  en  cambio  se  valorizó  considerablemente  la  tie- 
rra,   formándose    grandes    fortunas.      Experimentamos     ahora     otra 


238  HISTORIA     DEL    URUGUAY 


nueva  crisis:  los  precios  de  nuestros  frutos  han  bajado  en  Europa,  la 
cosecha  agrícola  se  ha  malogrado  en  gran  parte  por  la  seca,  los  sa- 
laderos han  disminuido  sus  matanzas  por  falta  de  ganado  gordo, 
los  comerciantes  de  campaña  no  han  podido  cobrar  sus  cuentas, 
el  comercio  minorista  ha  quedado  en  descubiertio  con  los  mayo- 
ristas, y  a  todo  ello  ha  venido  a  agregarse  la  guerra  en  los  Esta- 
dos Unidos,  mercado  que  absorbía  la  mayoría  de  nuestros  cueros 
secos,  y  la  guerra  argentina  de  inevitable  repercusión  en  nuestro 
medio. 

Tenían  razón  unos  y  oti'oa  A  raíz  de  la  primera  crisis  ministe- 
rial en  1861,  el  Gobierno,  que  había  inciado  una  acción  activa  y 
grandemente  fecunda  en  todas  las  esferas  de  la  administración 
pública,  pareció  quedar  a  la  espera  de  lo  que  hiciere  espontánea- 
mente el  país,  a  marchar  a  remolque  de  los  sucesos  en  vez  de 
orientarlos  él  mismo.  Pero  al  lado  de  los  factores  internos,  entre 
los  que  también  figuraba  la  sequía,  obraban  los  factores  interna- 
^cionales:  la  baja  de  los  cueros  en  Europa,  la  guerra  separatista 
en  Norte  América  y  la  guerra  civil  argentina  en  que  se  incubaba 
la    revolución    de   Flores. 

Al  producirse  la  invasión  de  Flores  ya  la  plaza  había  reaccio- 
nado sin  embargo  y  estaba  en  tren  de  nuevos  progresos,  según  lo 
hacía  notar   «La  Reforma   Pacífica». 

Hay  nuevos  mercados  abiertos  a  nuestras  carnes  —  decía  ese 
diario.  —  Los  campos  de  pastoreo  se  valorizan  fuertemente,  hasta 
alcanzar  en  ciertos  casos  la  cotización  argentina  de  tres  mil  onzas 
de  oro  la  suerte  de  estancia.  Las  nuevas  líneas  de  vapores  direc- 
tas a  Liverpul  y  Glasgow,  agregadas  a  las  ya  existentes  de  Sou- 
thampton  y  Burdeos,  aseguran  una  comunicación  casi  hebdomada- 
ria con  los  grandes  centros  de  civilización  europea.  Los  Estados  Uni- 
dos han  fundado  otra  línea  más.  El  crédito  público  se  prestigia. 
Las    rentas    crecen. 


Pi-ecio  (le  los  caiiipos  y  í>aníulos. 

Hemos   dado   algunos   de   los   precios   de   la    época   en   el   curso   de 
-  este  capítulo  y  vamos  a  complementarlos  con   ayuda  de  los  aforos 
oficiales   y    de   las    informaciones   comerciales   de   la   prensa. 

Al  reglamentar  la  ley  de  Contribución  Directa  de  18fiO.  estable- 
ció el  Poder  Ejecutivo  como  precio  mínimo  para  las  tierras  de 
pastoreo  1,500  pesos  la  suerte  de  estancia  en  Maldonado  y  Minas, 


GOBIERNO    DE    HERRÓ  239 


3,000  en  Florida  y  Durazno,  4,000  en  San  José,  Colonia,  Soriano, 
Paysandú,  Salto,  Cerro  Largo  y  Tacuarembó,  ó,000  en  Montevideo 
y   Canelones. 

El  decreto  reglamentario  del  año  siguiente  elevó  el  precio  mí- 
nimo en  esta  forma:  Paysandú,  Salto,  Durazno,  Cerro  Largo,  Ta- 
cuarembó, Maldonado  y  Minas,  4,800;  Florida  y  San  José,  5,600; 
Canelones  y  Soriano,  6,400;  Colonia  7,200,  Montevideo,  de  6.40  a 
12.80  según  la  ubicación  de  las  tierras. 

Antes  de  dictar  su  segundo  decreto  reglamentario  el  Poder 
Ejecutivo  nombró  una  Comisión  de  aforos,  presidida  por  don  Do- 
roteo García,  y  esa  Comisión  tasó  la  suerte  de  estancia  en  el  De- 
partamento de  la  Colonia  a  9,000  pesos,  en  Canelones  y  Soriano  a 
8,000,  en  San  José  y  Florida  a  7,000  y  en  los  demás  departamentos 
a  6,000  y  5,000,  precios  todos  ellos  superiores  a  los  adoptados  en 
seguida  para  el  pago   del  impuesto. 

Hace  tres  años — escribía  el  redactor  de  «La  Nación»  a  fines  de 
1860 — la  suerte  común  de  estancia  valía  3,000  pesos,  mientras  que 
hoy  vale  8,000.  Una  suba  paralela,  agregaba,  a  la  que  experimen- 
tan los  terrenos  urbanos  de  Montevideo  que  ya  se  cotizan  a  10,  12 
y   16  pesos   fuertes  la  vara  por   efecto  de   la   inmigración. 

[No  ocurría  los  mismo  con  los  precios  del  ganado  El  decreto  re- 
glamentario de  la  Contribución  Directa  de  1860  tasaba  el  animal  va- 
cuno a  6  pesos  y  el  yeguarizo,  lanar  o  porcino  a  2  pesos.  En  1861 
el  aforo  era  reducido  a  4.80  para  los  bueyes,  2.40  para  el  animal 
vacuno  en  general,  1.60  para  el  ovino  mestizo  y  0.80  para  el  co- 
mún. Y  un  año  después  el  Jefe  Político  de  Soriano  don  J.  Eduar- 
do Fregeiro  se  dirigía  al  Gobierno  proponiéndole  una  tarifa  de  ava- 
lúos con  el  precio  unifbrme  de  2  pesos  paVa  los  vacunos  de  cría, 
los  ovinos  y  los  yeguarizos,  y  6  pesos  para  los  caballos  y  bueyes 
mansos. 

Tales  eran  los  aforos  oficiales,  más  bajos  que  las  cotizaciones  de 
plaza  que  según  los  datos  suministrados  por  el  diputado  Diago  os- 
cilaban a  mediados  de  1862  para  el  ganado  vacuno  de  10  a  11  pe- 
sos,   después   de   haber   llegado    excepcionalmente    a   58    en    1858. 

De  esa  baja  no  aprovechaban  siempre  los  consumidores. 

Una  vaca  de  abasto — decía  «La  República»  a  principios  de  1860 — 
vale  en  el  rodeo  15  patacones  y  5  más  por  concepto  de  gastos  de 
con:lucción,  derechos  de  corrales,  etc.  De  esa  vaca  se  extraen  16 
arrobas  de  carne  que  valen  24  pesos  al  precio  de  12  reales  la  arroba; 
20  libras  de  cuero  que  valen  5  pesos;  una  arroba  de  gordura  que  va- 
le   2    pesos    y    4    reales;    sesos,    lengua,    cabeza,    inte -tinos,    ríñones, 


240  HISTORIA    DEL    UBUGUA.T 


hígado,  patas,  cola,  uñas  y  astas  que  valen  2  pesos.  En  conjunto, 
33  pesos,  lo  que  representa  un  beneficio 'enorme  de  13  pesos  por  ca- 
beza. 

Al  año  siguiente  formulaba  otro  diario  esta  nueva  cuenta:  precio 
de  una  vaca  12  pesos  y  3  más  por  concepto  de  derechos  de  abasto, 
máquina,  alquiler,  carneada  y  trasporte,  quince  pesos.  Producto: 
15  a  16  arrobas  de  carne  16  pesos,  cuero  fresco  4  pesos,  3  arrobas 
de  grasa  5  pesos.  En  conjunto  25  pesos,  lo  que  representa  10  pesos 
a  favor   de  los  intermediarios. 

Antes  de  finalizar  ese  mismo  año-  los  precios  descendieron  a  la 
mitad  de  su  cotización  normal  y  como  consecuencia  de  ello  abrié- 
ronse variaü  carnicerías  que  vendían  la  carne  a  razón  de  wn  vintén 
ia  libra.  Fué  un  beneficio  pasajero  para  el  público.  En  1863  volvía 
la  prensa  a  clamar  contra  los  intermediarios.  La  vaca  gorda  para 
abasto  había  bajado  a  8  pesos  y  sin  embargo  las  carnicerías  se- 
guían embolsando  por  sus  diversos  productos  25  pesos,  como  si  el 
precio    del    ganado    hubiera    permanecido    inalterable. 

Otilas  intlustriÉis. 

EJn  agosto  de  1863,  ya  el  país  en  plena  guerra  civil  pero  cuando 
todavía  se  creía  que  la  invasión  de  Flores  quedaría  rápidamente 
sofocada,  se  presentó  al  gobierno  de  Berro  la  Casa  Giebert  y  C.*, 
del  comercio  de  Montevideo,  en  representación  del  barón  Liebig, 
solicitando  patente  de  privilegio  a  favor  de  un  sistema  para  la  fa- 
bricación de  extracto  de  carne.  Anunciaba  en  su  escrito  que  Liebig 
se  proponía  explotar  en  gran  escala  su  invento  en  el  Uruguay,  y 
para  dar  idea  de  la  importancia  del  nuevo  establecimiento  preve- 
nía que  cada  libra  de  extracto,  equivalente  en  valor  nutritivo  a  33 
libras  de  carne,  podría  venderse  en  Europa  al  precio  de  12  a  14 
francos.  El  Gobierno  le  concedió  el  privilegio  por  8  años,  que  era 
el  plazo  más  largo  que  autorizaba  la  ley  tratándose  de  importación 
de  inventos  y  fijó  el  término  de  un  año  para  el  planteamiento  de 
la   fábrica. 

Juntamente  con  esa  gestión  anunciaba  la  prensa  que  en  Bélgica 
se  había  constituido  una  sociedad  en  comandita  bajo  la  dirección 
de  don  Federico  José  Bennert,  con  un  millón  de  francos  de  capi- 
tal y  que  el  primer  acto  de  la  nueva  empresa  había  consistido  en 
la  compra  de  seis  suertes  de  estancia  en  el  Rincón  de  las  Gallinas, 


tiOIüEUNO    DE    HEUKO  24! 


entre  el  Uruguay  y  el  Río  Negro,  al  precio  de  15,000  pesos  la  suerte, 
para  servir  de  asiento  a  la  gran  fábrica  en  gestación  «de  extracto 
de  carne  y   azul   de   Prusia.» 

«El  Siglo»,  que  era  el  diario  que  daba  la  noticia,  agregaba  que 
don  Juan  Harris,  antiguo  socio  de  la  casa  bancaria  de  Londres 
Becketts  Boutcher  y  C.',  acababa  de  comprar  también  sobre  el 
Río  Negro  y  a  pocas  leguas  del  Uruguay,  12  suertes  de  estancia 
con  destino  a  la  explotación  de  un  gran  rebaño  de  60,000  ovejas. 
Otros  industriales,  los  señores  Portal  y  Martín,  instalaron  una 
fábrica  de  alcohol  en  el  Manga,  a  base  del  sorgo  y  de  la  remolacha, 
capacitada  para  la  elaboración  de  4  pipas  cada  veinticuatro  horas. 
Los  señores  Federico  Cachón  y  Guillermo  Bonilla  organizaron 
una  empresa  para  la  explotación  de  varios  lavaderos  auríferos  en 
el  Departamento  de  Minas,  que  luego  extendió  el  primero  de  aqué- 
llos al  Departamento  de  Tacuarembó  donde  ya  se  habían  hecho  di- 
versas  investigaciones,    especialmente    en    Corrales    y    Cuñapirú. 

Don  Adolfo  Meyer  importó  una  variedad  de  gusanos  de  seda  dis- 
tinta de  la  que  había  traído  Larrañaga,  que  en  vez  de  morera 
utilizaba  el  tártago  y  la  palma  Cln-isti,  muy  abundante  en  ciertas 
zonas  de  nuestra  campaña  y  que  en  vez  de  multiplicarse  una  vez 
al  año,  se  multiplicaba  siete  veces.  Era  el  llamado  gusano  de  seda 
del  ricino.  Su  introductor  solicitó  la  protección  de  la  Asamblea, 
que  le  fué  concedida  mediante  la  sanción  de  una  ley  que  eximía 
de  derechos  de  exportación  durante  10  años  a  los  productos  obte- 
nidos con  la  ayuda  de  la  nueva  variedad  del  gusano  de  seda. 

Los  señores  Narizano,  dueños  de  la  «Confitería  Oriental»,  ins- 
talaron una  fábrica  de  cerveza  y  gaseosa  bajo  la  dirección  técnica 
de  don  Alejandro  Dosset,  provista  de  amplios  sótanos,  grandes 
cubas  de  fermentación  y  varias  máquinas  para  la  molienda  de  la 
cebada,  colocación  de  tapones,  elaboración  de  limonada  gaseosa  y 
utilización    de   las   botellas   a  sifón. 

Ese  mismo  señor  Dosset  instaló  en  186,1  la  primera  panadería 
higiénica  de  Montevideo,  con  amasijo  a  máquina  y  horno  econó- 
mico sistema  Rolland.  Prestigiando  el  invento,  había  dicho  tres 
años  antes  el  Presidente  de  la  Sociedad  del  Comercio  y  de  la  In- 
dustria del  Sena,  estas  palabras  que  nuestra  prensa  reprodujo  ul 
aplaudir  su   rápida  implantación   en   el   Uruguay: 

«El  trabajo  del  amasador  con  su  cuerpo  encorvado  y  medio  pei'- 
dido  en  la  batea,  en  cuyo  fondo  deposita  la  esencia  de  sus  es- 
fuerzos, es  un  trabajo  insalubre  que  produce  catarros  y  enferme- 
dades a  la  vista.  La   aspiración  continua   de  las  partículas  pulveru- 

16 -V 


242  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


lentas  engendra  enfermedades  del  pecho.  Rara  vez  el  amasador 
llega  a   una  edad   avanzada». 

Don  Juan  Enrique  Figueira  consiguió  elaborar  un  tipo  de  vino 
r.iuy  semejante  al  Jerez,  que  tuvo  la  virtud  de  estimular  la  plan- 
tación de  viñas  en  los  alrededores  de  Montevideo,  plantación  que 
el  propio  señor  Figueira  se  encargó  de  acrecentar  luego  mediante 
la  publicación  de  un  aviso  por  el  que  se  obligaba  a  comprar  toda 
id  uva  que  se  le  ofreciera.  La  prensa  recordó  en  tal  oportunidad  a 
los  predecesores  del  señor  Figueira,  especialmente  don  Esteban 
Zaballa  que  había  elaborado  un  excelente  vino  en  Montevideo  por 
el  año  1830,  y  don  Francisco  Aguilar  que  en  1831  había  hecho  lo 
mismo   en    Maldonado. 

Don  Augusto  Las  Cases  recibió  de  París  en  1861  un  aparato 
para  la  fabricación  de  hielo,  el  primero  que  venía  a  Montevideo. 
Ccnsistía  en  un  frasco  de  cristal  dentro  del  cual  giraba  una  botella 
de  tamaño  común  destinada  a  la  congelación  del  agua.  Simultá- 
neamente pidió  y  obtuvo  don  Juan  Antonio  Pallares  patente  .1e 
introducción  de  invento  a  favor  de  un  procedimiento  para  la 
fabricación  de  hielo  mediante  la  liquefacción  del  amoníaco  o  la 
evaporación    del    éter. 

El  señor  Yjes  inició  trabajos  en  Maldonado  para  la  organiza- 
ción de  una  empresa  que  se  encargaría  de  ensanchar  y  explotar 
los  criaderos  de  ostras  que  allí  existían  en  rápida  multiplicación 
desde  el  año  1819  en  que  Larrañaga  depositó  los  primeros  ejempla- 
res traídos  por  él  mismo  de  Río  de  Janeiro. 

Los  señores  Báseos  y  Jofre  instalaron  una  alfarería  para  ¡a 
elaboración  de  baldosas,  columnas  y  capiteles,  utilizando  materias 
primas    nacionales. 

Pocos  meses  después  de  realizados  los  primeros  ensayos  de  in- 
cubación a  vapor  en  Europa,  llegó  a  Montevideo  una  máquina  cuyo 
propietario  cobraba  una  cuota  por  cada  docena  de  huevos  que  se 
le  llevaran   para  incubar. 

Verdadera  revolución  causó  entre  las  costureras  de  Montevideo 
una  máquina  de  coser  de  sencillísimo  manejo  y  de  15  patacones 
de  costo,  llegada  de  Norte  América  en  1862.  El  modelo  primitivo, 
del  que  había  varios  ejemplares  entre  las  familias  pudientes, 
era  de  manejo  muy  complicado  y  de  un  costo  (100  patacones)  inac- 
cesible a  la  generalidad   de  los   bolsillos. 

•  Los  señores  Goedaga  y  Lopetedi  obtuvieron  privilegio  para  la 
fabricación  de  fósforos  de  cera,  bajo  el  compromiso  de  dar  apren- 
dizaje ¡I   40  obreros  orientales. 


GOBIEBNO    DE    BESBO 


243 


Y  a  propósito  de  aprendizaje  de  los  obreros  nacionales:  al  dis- 
cutirse en  la  Cámara  de  Diputados  la  ley  de  Aduana  de  1861, 
dijo  el  Ministro  de  Hacienda  don  Tomás  Villalba  que  era  inútil 
aumentar  el  derecho  a  las  puertas  y  demás  artefactos  de  fabrica- 
ción europea,  desde  que  el  hijo  del  país  no  se  contraía  al  apren- 
dizaje de  ningún  oficio,  prefiriendo  las  profesiones  liberales  y  el 
comercio.  Pero  entonces,  ¿por  qué  no  establecer  una  escuela  de 
Artes  y  Oficios?,  replicó  desde  las  columnas  de  la  prensa  don  Lu- 
cio Rodríguez  en  un  interesante  estudio  encaminado  a  demostrar 
la   practicabilidad    de   la   idea. 


Los  establecimientos  patentados. 

He  aquí  el  número  de  establecimientos  comerciales  e  industria- 
les sujetos  al  impuesto  de  patentes  que  existían  en  1859  y  1860, 
según  los  cuadros  del  «Registro  Estadístico»  de  1860,  depurados  de 
sus  errores  de  suma  o  de  colocación  por  don  Adolfo  Vaillant  en  «El 
Siglo»    de   la   época. 


1859 


1860 


Montevideo 
Canelones 
San  José 
Florida    . 
Minas 
Maldouado 
Durazno  . 
Colonia    . 
Soriano    . 
Salto  .      . 
Paysandú 
Tacuarembó 
Cerro  Largo 


\ 


2,620 
428 
183 
127 
144 
178 
127 
17f) 
135 
324 
211 
153 
210 


5,015 


,373 
468 
199 
202 
218 
227 
362 
179 
204 
139 
207 
127 
128 


5,033 


Véase  ahora   cuáles   eran   los   gremios  más   numerosos   en  la  lista 
de    establecimientos    patentados: 


244 


HISTORIA     DEL     UBUGUAT 


Pulperías 1,738     Vendedores     ambulantes 


Almacenes  al  menudeo  con 
despachos  de  bebidas     . 

Bodegones 

Mesas  de  billar  .... 

Asientos  de  atahonas    . 

Panaderías 

Puestos  de  frutas,  carbón 
y  leña 


de  fruta 117 

201     Embarcaciones  de  tráfico 

121         del  puerto      ....  294 

118     Tiendas  de  géneros   .      .  290 

340     Zapaterías 187 

109     Sastrerías 98 

Carpinterías      ....  257 

169     Herrerías UO 


La  gran  mayoría  de  los  establecimientos  patentados  pertene- 
cía a  extranjeros:  3,925  contra  1,108  de  nacionales.  Hasta  del  per. 
sonal  subalterno  quedaban  excluidos  los  nacionales  a  despeclio  de 
los  esfuerzos  del  legislador  para  abrirles  camino.  La  ley  de  Paten- 
tes imponía  la  cuota  superior  inmediata  a  las  casas  que  no  tuvie- 
ran uno  o  más  dependientes  orientadles.  Pero  fuera  por  lo  liviano 
»del  recargo  o  por  cualquier  otra  circunstancia,  eran  contados,  como 
lo  observaba  la  prensa  de  la  época,  los  establecimientos  industriales 
o  comerciales  que  no  se  compusieran  exclusivamente  de  extranje- 
ros. 

El  registro  de  patentes  de  1861  arrojó  un  total  de  5,928  estable- 
cimientos comerciales  e  industriales  en  toda  la  República.  De  esa 
cantidad  correspondían  3,045  al  Departamento  de  Montevideo  y 
2,883  a  los  demás  departamentos.  Del  punto  de  vista  de  la  naciona- 
lidad, eran  de  extranjeros  4,331  y  de  orientales  1,597. 

De  un  año  a  otro  se  había,  pues,  realizado  un  aumento  de  900  es- 
tablecimientos en  números  redondos,  hecho  extraordinario  que  co- 
rrespondía al  movimiento  de  expansión  de  las  fuentes  de  riqueza 
y  de  los  negocios  en  dicho  período  de  la  administración  Berro. 

Entre  las  cifras  más  altas  del  registro  general  de  ISGl  figuraban 
las    siguientes: 


Pulperías 

Almacenes  al  menudeo 

Bodeg'ones 

Asientos  de  atahonas    . 
Tiendas  de  género  . 


1,888  Carpintería.^. 

191  Hojalaterías 

127  Saladeros  formales     . 

2ñ8  Salazones  simples 
332  »  con  graseria 


295 

126 

12 

11 

3 


Al   empezar   el   año   1861    estaban   funcionando   en    Montevideo,   se- 
gún los  datos  de  una  guía  de  la  época  reproducidos  por  la  prensa: 


GOBIERNO    DE    BEKP.O  245 


15  agencias  y  compañías,  53  almacenes  al  por  mayor  de  comesti- 
bles, 297  almacenes  al  por  menor,  7  almacenes  navales,  3  almace- 
nes (le  suelas,  2  bancos,  32  barracas,  8  casas  de  comisiones,  76  de 
consignaciones,  7  corredores  de  número,  12  ferreterías,  22  panade- 
rías, 23  registros  de  tienda,  131  tiendas  al  por  menor,  12  merce- 
rías, 15  mueblerías,  54  fábricas  diversas,  18  boticas,  S  hoteles,  19 
fondas,  286  casas  de  artes  y  oficios. 

El  movimiento  de  expansión  prosiguió  en  1862  según  lo  de- 
muestra el  hecho  de  haberse  fundado  320  establecimientos  de  indus- 
tria y  de  comercio  en  la  sola  ciudad  de  Montevideo.  Y  continuó  has- 
ta principiíos  del  año  siguiente  en  que  todo  se  retrajo  bajo  la  pre- 
sión de  la  guerra   civil. 

Las   tiendas  y  pulperías  volantes. 

La  ley  de  patentes  de  1860  prohibía  las  tiendas  y  pulperías  vo- 
lantes. Pero  el  Ministro  de  Hacienda  don  Tomás  Villalba  se  propu- 
so   reaccionar    contra    esa   medida    restrictiva. 

Dos  razones  se  han  dado — decía  en  la  Memoria  ministerial  de  ese 
año — ^para  desterrar  a  los  mercachifles.  Una  de  carácter  policial 
y  otra  de  índole  comercial  basada  en  la  conven'encia  de  dar  pro- 
tección a  las  casas  fijas.  En  cuanto  a  la  primera,  que  es  la  más  im- 
portante, es  notorio  que  la  ebriedad  y  el  juego  se  desarrollan 
más  fácilmente  en  los  comercios  estables  que  en  los  volantes  y  que 
al  abigeato,  plaga  difundida  en  toda  la  campaña,  no  escapan  las 
casas  fijas,  desde  que  ellas  se  ocupan  también  del  comercio  de  cue- 
ros. 

Al  dictarse  la  ley  de  1S61  volvia  a  hablar  el  Ministro  de  Ha- 
cienda de  las  casas  volantes.  Se  les  acusa — decía  —  del  robo  de 
ganados  cuando  en  realidad  debiera  dirigirse  la  acusación  contra 
los  estancieros  mismos  que  son  los  que  de  ordinario  aparecen  com- 
plicados en  los  sumarios,  aparte  de  que  la  proscripción  resulta  ab- 
solutamente ineficaz  en  la  práctica,  como  lo  demuestra  el  hecho  de 
no  haber  disminuido  el  número  de  mercachifles  durante  los  varios 
años  que  lleva  de  vigencia  la  ley  prohibitiva. 

La  Asamblea  dejó  al  fin  sin  efecto  la  prchibición  y  eso  produjo  un 
fuerte  movimiento  de  protesta  entre  los  comerciantes  de  Montevi- 
deo y  de  los  departamentos.  En  una  solicitud  al  ^Ministerio  de 
Hacienda  recordaban  que  la  ley  de  1831,  dictada  por  el  primer  go. 
bierno  de  Rivera,   prohibitiva  de  las  pulperías  volantes,   había   que- 


246  HISTORIA     DEL     faUGUAf 


dado  casi  en  desuso  hasta  la  administración  Giró  en  que  las  Jun- 
tas Económico-Administrativas  volvieron  a  clamar  contra  ellas  a 
mérito  del  daño  que  causaban  al  comercio  estable,  dictándose  en 
tal  oportunidad  varios  decretos  que  no  atacaron  el  mal,  pero  que 
impulsaron  a  la  Asamblea  a  repetir  la  prohibición  en  la  ley  de  paten- 
tes de  1S59.  Quiere  decir — agregaban  los  comerciantes — que  a  los 
treinta  años  de  vigencia  de  las  leyes  prohibitivas  viene  la  Asamblea 
a  legalizar  la  condición  de  los  mercachifles,  pro\t)cando  con  ello  el 
decaimiento  del  comercio  estable,  la  protección  al  extranjero  sin 
arraigo  y    el   ataque   a   la    propiedad    rural. 

Antes  de  pas^r  la  representación  a  la  Asamblea  resolvió  el  Go- 
bierno oir  a  los  Jefes  Políticos  y  Juntas  Económico-Administrati- 
vas de  los  departamentos  y   a   un  gran  niimero  de  hacendados. 

Condensando  el  resultado  de  esa  encuesta  decía  la  Comisión  de 
Hacienda  de  la  Cámara  de  Diputados  que  en  general  estaban  las 
opiniones  de  acuerdo  en  que  el  mercachifle  promovía  el  abigeato 
mediante  la  compra  de  frutos  robados,  empobrecía  la  circulación 
por  la  extracción  de  numerario,  explotaba  al  trabajador  rural 
comprándole  al  contado  y  en  cualquier  época  en  vez  de  comprarle 
a  crédito  para  liquidar  en  momento  oportuno,  y  arruinaba  al  co- 
mercio estable. 

La  Comisión  de  Hacienda  del  Senado,  más  explícita  en  su  in- 
forme, establecía  que  de  nueve  respuestas  de  los  Jefes  Políticos, 
ocho  eran  contrarias  a  los  mercachifles  a  título  de  que  perjudicaban 
a  los  pueblos  y  a  los  hacendados:  que  todas  las  Juntas  Económico- 
Administrativas  se  habían  prontinciado  en  el  mismo  sentido  y  que 
entre  los  hacendados  era  igualmente  unánime  la  protesta  con- 
tra los  mercachifles. 

Hubo  animados  debates  en  la  Cámara  de  Diputados.  Uno  de  ios 
oradores  sostuvo  que  los  comerciantes  fijos  querían  evitarse  la 
competencia  de  los  mercachifles,  importándoles  poco  que  los  po- 
bladores rurales  tuvieran  que  caminar  20,  30  y  40  leguas  en  busca 
de  sus  surtidos,  y  en  cuanto  a  los  hacendados  que  sólo  se  había 
recogido  la  opinión  de  los  que  -sivían  en  Montevideo  o  en  las  ca- 
pitales de  los  departamentos.  También  se  sostuvo  por  algunos  le 
los  oradores  que  la  prohibición  atacaba  la  libertad  de  industria 
garantizada  por  la  Constitución. 

No  comulgaba  la  mayoría  de  los  diputados  con  esas  ideas  y 
en  consecuencia  obtuvo  el  triunfo  un  proyecto  de  ley  prohibitiva  de 
las  tiendas  o  pulperías  volantes  en  toda  la  República.  Pero  el 
Senado,  más  conciliador,  prefirió  gravar  a  los  mercachifles  con 
una  patente  de  77  pesos. 


GOBIERNO    DE    BERBO  247 


Los   prodin  to-»   uruf;uayü>   en    la   fíian   Exposición   de   Londres. 

Hemos  hecho  ya  referencia  a  la  Comisión  organizadora  de  la 
Sección  Uruguaya  en  la  Exposición  Internacional  de  1862,  com- 
puesta de  don  Manuel  Herrera  y  Obes,  don  Florentino  Castellanos, 
don  Fermín  Ferreira,  don  Juan  Ramón  Gómez,  don  Ricardo 
Hughes,  don  Luis  Lerena,  don  Jaime  Estrázulas,  don  Francisco 
Lecocq,  don  Doroteo  García  y  don  Adolfo  Rodríguez.  Esa  Comisión 
alcanzó  a  reunir  con  el  concurso  de  las  autoridades  locales  un 
excelente  muestrario  de  la  producción  nacional,  en  que  estaban 
representados  casi   todos   los  departamentos. 

Entre  los  productos  del  departamento  de  la  Colonia  figuraban 
espléndidas  muestras  de  lana  de  ovejas  Rambouillet,  Xegrette  y 
cruzas,  enviadas  por  Drabble,  Wilson  y  Lambretch,  Frange  y 
Wellmann,  habiendo  vellones  de  16  y  %  libras.  Nuestras  lanas,  se- 
gún «La  Prensa  Oriental»,  gozaban  en  Europa  de  una  bonificación 
del   10    9c    sobre   las   argentinas. 

Entre  los  productos  del  departamento  de  Soriano  figuraban  las 
lanas  de  las  majadas  del  barón  de  Mauá,  que  a  los  tres  años 
de  explotación  ya  daban  empleo  a  50  esquiladores  en  su  mayoría 
mujeres,  según  las  informaciones  de  la  prensa.  También  concurría 
este   departamento   con    tierra   romana,    cal    hidráulica   y   baldosas. 

El  Salto  estaba  representado  por  muestras  de  algodón  silvestre 
de    capullos    grandes,    blancos    y    finos,    petrificaciones    y    ágatas. 

Ese  mismo  departamento  y  el  de  Paysandú  estaban  representa- 
dos por   cueros   curtidos,   suelas   y  pieles. 

El  de  Tacuarembó  por  algodón  cultivado  de  calidad  muy  buena, 
tabaco  en  cuerda,  yerba  silvestre\j"  oro. 

Maldonado  y  Minas  por  minerales  de  plomo  y  de  hierro,  már- 
moles y  piedra  imán. 

Varios  departamentos  por  pieles,  carnes  preparadas,  cereales, 
trozos  de  ñandubay,  algarrobo,  sombra  de  toro,  laurel,  sauce,  coro- 
nilla  y   otros   árboles   del   país. 

Don  Domingo  Ordoñana,  que  visitó  la  Exposición  de  Londres, 
elogiaba  en  una  de  sus  correspondencias  las  muestras  de  lana, 
carne  y  cereales  de  la  Sección  Uruguaya.  «La  lana  —  decía  —  es 
generalmente  reconocida  como  la  primera  de  todas  las  presentadas 
por  la  sección  americana.  Los  fabricantes  de  tejidos  con  quienes 
he  tenido  ocasión  de  hablar  encarecen  la  elasticidad,  consistencia 
y  firmeza  de  la  hebra.  La  carne  de  Paysandú  es  la  primera  en  su 


248  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


género   en    la   Exposición.   Esa   carne   está   hoy    fresca   y   sana    como 
cuando   se   preparó». 

El  Cónsul  General  del  Uruguay  en  Londres  don  E.  B.  O'Xeill, 
dando  cuenta  de  los  veredictos  de  los  jurados,  hacía  constar  que 
el  Uruguay  era  el  país  que  había  alcanzacJo  mayoría  de  premios 
proporcionalmente  al  número  de  expositores  y  de  artículos  premia- 
dos. «Todo  el  mundo,  agregaba,  admite  que  la  lana  uruguaya  es 
muy  fina  y  .su  calidad  excelente».  La  .sección  lanas  ha  recibido  dos 
medallas:  una  al  conjunto  y  otra  a  los  señores  Mallmann,  y  una 
mención  honorífica  el  establecimiento  de  Mauá  cerca  de  Mercedes. 
Se  observa  que  es  desmasiado  corta  la  fibra.  El  trigo  del  Uruguay 
«no  tiene  que  temer  rivalidad  con  ningún  otro  presentado  a  la 
Exposición».  La  carne  seca  de  Paysandú  ha  llamado  mucho  la 
atención.  Es  suculenta  y  tierna;  su  gordura  no  está  rancia;  la 
parte  flaca  no  es  fibrosa;  tiene  poca  sal  y  a  pesar  de  que  está 
al  aire  desde  que  se  abrió  la  Exposición,  se  conserva  fresca  y  de 
buen  paladar.  Casi  todo  el  contenido  del  cajón  —  terminaba  el 
*  Cónsul  • —  ha  sido  consumia'o  por  los  visitantes  en  estado  crudo, 
produciendo   excelente    impresión. 

Hemos  hecho  referencia  anteriormente  a  una  nota  del  mismo 
Cónsul  Oriental  en  Londres  señor  O'Neill  al  Presidente  de  la  Co- 
misión organizadora  de  la  Sección  Uruguaya  don  Manuel  Herrera 
y  Obes,  acerca  de  una  empresa  para  la  explotación  de  las  carnes 
preparadas  por  los  sistemas  de  Oliden  y  Nin.  Y  debemos  agregar 
ahora  que  la  idea  de  esa  empresa  surgió  precisamente  dentro  de  la 
Exposición,  en  presencia  del  estado  de  las  muestras  de  carnes  allí 
existentes.  Nuestro  Ccnsul  proponía  que  los  capitalistas  urugua- 
yos aportaran  20,000  libras  esterlinas  en  acciones  de  10  libras  ca- 
da una.  La  Comisión  de  Exposición  pasó  la  nota  al  Club  Nacional, 
que  presidía  don  Francisco  A.  Gómez,  a  fin  de  que  iniciara  los 
trabajos  necesarios  entre  los  estancieros.  Pero  el  Club  Nacional 
contestó  que  lo  que  coHvenla  al  país  era  precisamente  lo  contra- 
rio de  lo  que  pretendía  el  Cónsul:  «traer  aquí  dinero,  en  vez  de 
llevarlo».  ~ 

En  la  Exposición  de  Londres  figuraban  26,000  expositores.  Sólo 
34  eran  del  L'ruguay.  Pero  esos  34  obtuvieron  6  medallas  de  plata 
y  7  menciones  honoríficas.  Las  medallas  por  el  trigo  de  Joani- 
có,  la  carne  de  Oliden,  la  lana  de  Mallmann,  el  conjunto  de  lanas 
del  Uruguay,  el  algodón  del  Salto  y  la  madera  de  San  José,  y  las 
menciones  por  la  lana  de  Mauá,  la  carne  de  Nin,  el  trigo  y  harina 
de  Gianelli,  los  trigos  de  varios  departamentos,  las  maderas  de 
Proudfort,  las  ifiaderas  del  Salto   y  el  aceite  de  Mignon. 


UOIlIliUNO     UE     ÜEUICÜ  249 


Tan  alentadores  fueron  esos  premios  que  un  grupo  de  70  hacen- 
dados, agricultores  y  amigos  del  país  tomó  la  iniciativa  de  cons- 
lituirse  en  sociedad  para  realizar  una  Exposición  Nacional  pre- 
paratoria de  la  Internacional  que  tendría  lugar  en  París  en  1864, 
quedando  nombradas  de  inmediato  las  comisiones  departamentales 
destinadas   a  secundar  la  tarea. 

La  repartición  de  los  premios  de  la  Exposición  de  Londres 
tuvo  lugar  en  lo  más  recio  de  la  guerra  civil  que  en  esos  momen- 
tos destruía  las  fuentes  de  riqueza  que  los  jurados  británicos 
acababan   de   premiar. 

Fundación  de  bancos. 

A  los  establecimientos  de  crédilio  que  ya  existían  desde  la  ad- 
ministración Pereira  —  el  Banco  Mauá  y  el  Banco  Comercial,  — 
se  agregó  durante  el  gobierno  de  Berro  el  Banco  de  Londres  y 
Río  de  la  Plata,  previa  sanción  por  el  Cuerpo  Legislativo  de  una 
ley  que  facultaba  al  nuevo  establecimiento  para  emitir  billetes  de 
10  pesos  y  mayores  de  10  pesos  hasta  el  triple  de  su  encaje  me- 
tálico y  billetes  fraccionarios  hasta  el  10  ','<  en  las  épocas  de 
escasez  de  moneda  menor. 

El  Banco  de  Londres  empezó  a  funcionar  a  fines  de  1863  bajo 
su  forma  definitiva  de  establecimiento  emisor  en  reemplazo  de 
una  agencia  que  ya  existía  en  la  plaza  de  Montevideo  según  se 
encar<ió  de  declararlo  su  iieri-nte  don  Jiiaii  CU'iiu'ntc  Kiuliii^'  al 
tiempo    de    abrir    operaciones. 

El  Banco  Comercial  del  Salto  solicitó  y  obtuvo  de  la  Asamblea 
a  fines  de  1860  autorización  paiHi  elevar  su  capital  a  500  mil  pe- 
sos, prueba  evidente  de  los  rápidos  progresos  que  había  alcanzado. 

En  Paysandú  empezaron  a  funcionar  dos  establecimientos  banca- 
rios  en  1862:  el  Banco  Comercial  de  Paysandú  creado  por  inicia- 
tiva de  don  Manuel  Carneiro,  don  Nicolás  Reborati  y  don  Miguel 
tíorta,  con  capital  de  100  mil  pesos,  y  el  Banco  de  cambios,  emi- 
£.;-  n  y  descuentos  fundado  por  los  señores  Libaros,  Mujica,  Raña, 
Migone,  Felipon,  Saranga,  Sacarda  e  Iglesias,  con  capital  de 
300,000  pesos,  habilitados  ambos  para  emitir  billetes  de  10  pesos 
y  mayores  hasta  el  duplo  de  su  capital  efectivo.  Eran  dos  esta- 
blecimientos concurrentes  que  difícilmente  podían  coexistir  en 
una  plaza  pequeña  y  que  por  lo  mismo  no  tardaron  en  fusionarse 
bajo  un  nuevo  organismo:  el  Banco  Comercial  de  Paysandú  con 
capital   de  500,000   pesos. 


250  HISTORIA    DEL    URUGL'Ay 


Emisión  abusiva  de  billetes. 

La  notable  escasez  de  cambio  menor  había  creado  en  la  gene- 
ralidad de  los  departamentos  de  campaña,  según  hemos  tenido 
oportunidad  de  decirlo  en  otros  capítulos,  el  hábito  de  emitir  bi- 
lletes fraccionarios  de  patacón.  Simples  casas  comerciales  en  la 
generalidad  de  los  departamentos,  y  verdaderas  instituciones  de 
crédito  en  otros,  como  las  de  Cerro  Largo,  Paj'saudú,  Soriano,  Co- 
lonia y  Florida,  pero  que  funcionaban  sin  autorización  legislativa, 
emitían  esos  billetes  que  la  plaza  local  aceptaba  a  falta  de  otra 
moneda   por   la   absoluta   confianza   de   su    firma   emisora. 

El  gobierno  de  Berro  se  propuso  concluir  con  este  abuso  mediante 
un  decreto  dictado  en  1860  que  prohibía  absolutamente  la  circu- 
lación de  billetes  fraccionarios  de  10  pesos,  salvo  el  caso  de  autori- 
zación   legislativa. 

Es  justo  agregar  —  decía  el  Ministro  Villalba  al  dar  cuenta  a 
la  Asamblea  de  esa  medida  en  su  Memoria  ministerial  —  que  to- 
dos los  billetes  emitidos  han  sido  pagados  con  puntualidad  y  que 
contra  las  casas  emisoras  río  existe  una  sola  denuncia  por  abusos 
cometidos. 


Ley  general  de  bancos. 

Ya  funcionaban  varios  bancos  y  existían  otros  en  incubación. 
Había  llegado,  en  consecuencia,  la  oportunidad  de  que  la  Asam- 
blea dictara  un  reglamento  general  que  uniformara  las  disposicio- 
nes y  evitase  a  los  legisladores  la  tarea  de  dictar  leyes  especiales 
cada  vez  que  ocurriese  el  caso  de  fundar  o  modificar  una  institu- 
ción bancaria  cualquiera. 

Don  Tomás  Villalba  trató  de  llenar  esa  necesidad  a  principios  de 
1863,  mediante  la  presentación  de  un  proyecto  de  ley  a  la  Cámara 
de  Senadores  de  que  formaba  parte,  inspirado,  según  lo  decía  la 
Comisión  de  Hacienda  al  aconsejar  su  sanción,  en  el  doble  propó- 
sito de  habilitar  al  Poder  Ejecutivo  para  resolver  diversas  gestio- 
nes en  trámite  sobre  establecimiento  de  bancos  y  uniformar  las 
reglas  relativas  a  la  proporción  de  los  billetes  circulantes  y  el 
capital  efectivo  y  demás  garantías  de  la  emisión.  He  aquí  sus 
bases   capitales: 

Los  bancos  de  emisión  sólo  podrán  fundarse  por  sociedades 
anónimas.   El   capital   mínimo   será   de   un   millón   de  pesos.    Ningún 


GOtilKU.VO     UI-:     MKKKO  201 


banco  p-odrá  empezar  a  funcionar  con  menos  de  300,000  pesos.  La 
emisión  no  excederá  del  triple  del  capital  efectivo.  Nadie  estará 
obligado  a  recibir  billetes.  Al  Poder  Ejecutivo  corresponderá  la 
verificación  y  control  de  la  emisión  y  a  ese  efecto  le  serán  presen- 
tados los  billetes  de  cada  emisión  para  el  estampado  de  un  timbre 
en  seco  que  aplicará  gratuitamente  la  Contaduría  General  de  la 
Nación.  Será  obligatoria  la  presentación  a  la  Contaduría  de  la 
nómina  de  los  accionistas.  Los  billetes  no  bajarán  de  un  doblón, 
correspondiendo  al  Estado  la  circulación  de  billetes  menores.  Pro- 
visoriamente podrán  los  bancos  emitir  billetes  menores  hasta  el 
10  9í  de  su  capital,  a  condición  de  retirarlos  a  indicación  del  Po- 
der Ejecutivo.  Los  billetes  gozarán  de  prelación  sobre  las  demás 
deudas  del  Banco.  La  falta  de  conversión  de  un  solo  billete  de- 
terminará la  cesación  del  privilegio.  Será  obligatoria  la  publica- 
ción de  un  balance  mensual.  Los  bancos  de  emisión  podrán  hacer 
operaciones  de  cambio,  depósito  y  comercio,  pero  les  está  prohi- 
bido prestar  sobre  hipoteca  u  otra  garantía  inconvertible.  El  inte- 
rés será  fijado  mensualmente.  El  Poder  Ejecutivo  podrá  nombrar 
comisarios  ad-hoc  para  cerciorarse  del  estado  de  los  bancos.  El  pri- 
vilegio de  la  emisión  se  concederá  por  períodos  de  veinte  años  re. 
novables. 

Después  de  un  cambio  de  ideas,  el  asunto  volvió  a  estudio  déla 
Comisión  de  Hacienda  integrada  con  dos  senadores,  y  allí  quedó 
encarpetado  porque  ya  se  había  producido  la  invasión  de  Flores 
y   el  problema  político  absorbía  toda  la  atención  de  los  legisladores. 


El  crédito  hipotecario. 

Desde  la  época  colonial  funcionaba  en  Montevideo  una  oficina 
de  hipotecas,  cuyos  asientos  recapituló  así  el  Registro  Estadísti- 
co   de    1860: 


PERIODOS  DE  16  AÑOS  I  *^°°'°  ^^  '°^  capitales 

prestados 


Desde 

1797 

hasta 

1812 

$ 

6.^2. 

,164 

» 

1&13 

» 

1828 i 

404.084 

» 

1829 

» 

1844 ' 

2.9s(>. 

177 

» 

184Ó 

» 

1860 1 

4.407. 

,719 

$ 

8.430,144 

25: 


HISTORIA    DEL    URUGUAY 


Sólo  una  parte  de  las  hipotecas  buscaba  entonces  la  garantía  del 
registro,  y  esas  cifras  en  consecuencia  no  pueden  dar  idea  exacta 
del  movimiento  del  crédito  hipotecaiio  en  los  sesenta  y  tantos  años 
que  abarcan. 

El  doctor  Antonio  de  las  Carreras  presentó  a  la  Cámara  de  Dipu- 
lados  en  1863  un  proyecto  de  ley  que  autorizaba  la  fundación  de 
bancos  hipotecarios  por  acciones,  con  capital  mínimo  de  5  millones 
Je  pesos  y  un  amplio  programa  en  que  figuraba  la  emisión  de  le- 
tras por  el  triple  del  encaje  metálico  a  plazos  desde  6  meses  has- 
ta 5  años  con  la  garantía  de  las  hipotecas  constituidas.  Triunfó  en 
la  Cámara  de  Diputados  donde  fué  discutido  largamente,  pero  la 
guerra   civil    interrumpió   su   evolución   en   el    Senado. 

El   crédito   prendario. 

En  1862   empezó  a   funcionar  en  Montevideo  un  Monte  de  Piedad 
o  Casa  de  Préstamos  sobre  alhajas  y  otros  objetos,  institución  no  co- 
' nocida   hasta   entonces   según   resulta    de   la   crónica    periodística   de 
?a   época   que   hablaba   de   ella   como    de   una   verdadera   novedad. 

Balances   de   los   bancos   emisores. 

De  los  balances  mensuales  de  los  dos  establecimientos  emisores 
que  funcionaban  en  Montevideo  (el  Banco  de  Londres  y  Río  de 
'a  Plata  no  publicaba  todavía  los  suyos)  extraemos  las  siguientes 
cifras: 


BASCO  MAUA 


UAXCO  COMERCIAL 


Emisión 


Encaje 


Emisión 


Encaje 


. 

$ 

1 

S 

1809  Diciembre    .... 

657,788 

417,871 

722,0.30 

4-27,433 

1860 

909,00 J 

878,826 

777,980 

.049.091 

1861   Junio       . 

1.066,334 

827,64.0 

890. 70Ó 

513,644 

»      Octubre  . 

Sol, 486 

.004,877 

.016.687 

642,857 

186-2  Junio 

1. -277,040 

7.38,906 

692,989 

490,107 

<)ctul)re  . 

1.423.734 

826,108 

689,711 

560,721 

1863  ?:n('ro  (1) 

1.442,922 

ñ23,ó01 

073,440 

419.354 

»       Marzo 

l.f)7ñ,847 

61.0,148 

097,181 

387.799 

»       Octubre  . 

1.879,116 

987,313 

706.926 

1.020.262 

j>       Noviembre 

1.778.966 

8:^9.470 

76 1 .869 

1.1-28.3-20 

1864  Enero      . 

2.1.0Ó.367 

872.232 

928.021 

90?.7-26 

<  1 )    Desde  este  balance  los  pesos  de    100  centesimos   reemplazan   a   los  de  80  cente- 
simos de  la  moneda  antigua. 


GOBIERNO     DE     líERRO 


253 


Son  cifras  que  reflejan  el  tren  del  país  que  era  de  rápidos 
y  no  interrumpidos  progresos.  El  Banco  Mauá.  actuaba  como  sumi- 
nistrador de  fondos  al  Tesoro  público  antes  y  durante  la  guerra 
tjue  esterilizó  el  último  año  del  gobierno  de  Berro,  debiéndose  a 
esta  circunstancia  el  aumento  desproporcionado  de  sus  billetes  con 
relación  a  la  reserva  metálica.  El  Banco  Comercial  sin  detener  el 
Impulso  de  la  emisión  enriquecía  su  encaje  a  medida  que  avanzaba 
la  guerra  y  que  crecían  las  dificultades  para  el  país  y  para  el  Go- 
bierno,  poniénd'ose   así   a   cubierto  de   cualquier   contingencia. 

Véase  ahora  el  movimiento  denlos  bancos  departamentales  de 
Salto  y  Paysandú  (no  incluidas  las  agencias  del  Banco  Mauá  en- 
globadas en  las  cifras  de  la  casa  matriz)  : 


B.^SCO  COMERCIAL 
DEL.  SALTO 


BANCO  COMERCIAL 
DE  PAYSASDÚ 


Emisión 


Encaje 


Emisión 


Encaje 


1861  Octubre  . 
»      Diciembre 

1862  Junio 

»      Noviembre 

1863  Febrero  , 

»      Septiembre 


99,93U 
91.977 
72,277 


7(t,767 
52,977 
34,125 


79,710  I      37,057 


65,9í¡5  51,835 
128,565  ¡  95,767 
206,975   ;    133.862 


Estos  dos  establecimientos  que  no  tenían  otro  campo  de  acción 
que  el  muy  pequeño  de  sus  respectivas  localidades,  se  vieron  traba- 
dos desde  los  primeros  impulsos  de  sus  operaciones  por  el  estado 
de  guerra  en  que  vino  a  quedar>^nvuelto  el  país,  debiéndose  la  ele- 
vación de  las  cifras  de  Paysandú  más  que  al  progreso  efectivo  del 
crédito  a  la  refundición  de  tos  dos  bancos  concurrentes  que  funcio- 
naban   en    esa   plaza. 

Había  triunfado  una  vez  más  el  país  de  la  plaga  del  papel  incon- 
vertible que  en  esos  mismos  momentos  acentuaba  sus  estragos  en 
la  Argentina.  Baste  saber  que  Rosas  alcanzó  a  dejar  una  carga  de 
130  millones  de  pesos  y  que  la  guerra  civil  que  subsiguió  al  de- 
rrumbe de  la  tiranía  dejó  otra  de  233  millones,  elevándose  con  ello 
la  emisión  circulante  en  1863  a  la  cifra  asu.stadora  de  363  millones. 


254  HISTORIA     DEL    URUGUAY 


La  moneda  nacional. 

Nuestro  régimen  monetario  fué  reformado  fundamentalmente 
por  la  ley  de  1862  que  estableció  como  únicas  monedas  nacionales 
el  peso  de  plata  y  el  doblón  de  oro.  El  primero  con  peso  de  25  gra- 
mos 480  miligramos  y  fino  de  917  milésimos  se  dividiría  en  100  cen- 
tesimos y  reemplazaría  en  la  contabilidad  al  pes'>  antiguo  de  800 
centesimos.  El  segundo  con  peso  de  16  gramos  970  miligramos  y 
fino  de  917  milésimos  representaría  el  valor  de  10  pesos  plata.  La 
moneda  de  plata  se  acuñaría  en  piezas  de  cinco,  diez,  veinte,  cin- 
cuenta centesimos  y  un  peso  y  las  de  oro  en  piezas  de  un  cuarto  de 
doblón,  y  de  medio  doblón  y  de  un  doblón.  Para  las  fracciones  meno- 
res se  acuñarían  monedas  de  bronce,  debiendo  circular  entretanto 
las  antiguas  piezas  de  40,  20  y  .5  centesimos  por  el  nuevo  valor  de  4, 
de  2  y  de  y^  centesimos.  Mientras  no  se  acuñara  la  moneda  nacional 
seguirían  circulando  las  monedas  extranjeras  por  su  valor  corrien- 
te. Así  el  peso  de  plata  español  y  la  pieza  brasileña  de  2,000  reis  se 
recibirían  por  1  peso,  y  la  libra  esterlina  por  4  pesos  70  centesi- 
mos. El  mínimum  de  valor  de  los  billetes  bancarios  sería  de  un 
doblón. 

Hay  que  advertir  que  el  llamado  centesimo  de  la  moneda  anti- 
gua era  el  milésimo  o  reis  brasileño  y  no  la  centésima  parte  de  un 
peso  como  después  vino  a  serlo  por  efecto  de  la  ley  de  1862.  El  peso 
corriente  antiguo  se  componía  de  800  centesimos  o  reis  equivalen- 
tes a  80  centesimos  de  la  nueva  moneda.  La  pieza  de  cobre  de  un 
vintén  se  componía  de  20  centesimos  o  reis  equivalentes  a  dos 
centesimos   de   la   nueva   ley. 

Tratábase  de  una  revolución  completa  en  la  contabilidad  de  to- 
do el  país,  y  al  llegar  la  oportunidad  de  ejecutarla  nombró  el 
Gobierno  una  Comisión  compuesta  de  don  Manuel  Herrera  y  Obes, 
don  Tomás  Villalba,  don  Doroteo  García  y  don  Carlos  de  Castro 
para  que  lo  asesoraran  respecto  de  la  practicabilidad  inmediata  de 
la   reforma. 

La  nueva  ley  —  contestó  la  Comisión  —  simplifica  la  contabili- 
dad y  extingue  las  denominaciones  exóticas  de  la  ley  vigente  — 
patacones,  vintenes  y  reis  —  y  suprime  también  los  pesos  nomina- 
les de  SOO  centesimos  no  representados  por  signo  material  alguno; 
adopta  como  unidad  fundamental  de  la  moneda  nacional  el  peso  pla- 
ta de  10  reales  subdivididos  en  centesimos  con  el  peso,  ley  y  valor 
de  la  pieza  brasileña  de  2,000  reis.  Las  equivalencias  de  la  moneda 


GOBIERNO     DE     BERRO  255 


nacional  con  las  monedas  extranjeras  están  fijadas  exactamente  i¡or 
la  ley,  y  en  cuanto  a  las  de  la  moneda  menor  una  pieza  de  2  vintenes 
— o  sean  cuarenta  centesimos  de  real  actual, — equivale  a  cuatro  con- 
tésimos  del  nuevo  peso.  No  puede,  pues,  haber  inconveniente  — 
concluía  la  Comisión  —  en  que  se  ponga  en  ejecución  la  ley  aún 
cuando  todavía  podría  aplazarse  po;-  unos  meses  para  dar  tiempo 
a  que  los  bancos  sustituyan  sus  billetes. 

El  interés  del  dinero. 

La  Cámara  de  Diputados  sancionó  en  1861  un  proyecto  según  el 
cual  el  interés  legal  del  dinero  sería  el  que  establecieran  las  partes 
contratantes  y  en  defecto  de  pacto  el  G  'M  al  año,  que  constituiría 
también  el  mínimum  del  dinero  perteneciente  a  menores  de  edid. 
El  Senado  aceptó  la  primera  parte,  pero  introdajo  en  la  segunda 
una  modificación  de  importancia.  En  defecto  de  pacto  se  fijarían 
los  intereses  de  acuerdo  con  la  tasa  de  los  bancos  en  operaciones 
análogas,  y  habiendo  varias  tasas  con  la  más  baja.  Pasado  ei 
asunto  a  la  Asamblea,  aconsejó  la  Comisión  de  Hacienda  la  fórmula 
de  la  Cámara  de  Diputados,  invocando  las  frecuentes  variaciones  de 
la  tasa  del  interés  bancario  y  las  dificultades  de  la  prueba.  Pero  la 
Asamblea  resbivió  aplazar  su  decisión,  y  como  ya  el  país  estaba  en 
guerra    quedó    el    proyecto    olvidado. 

También  se  ocupó  la  Cámara  de  Diputados  de  un  proyecto  le 
ley  del  doctor  Antonio  de  las  Carreras  limitativo  de  la  tasa  del 
interés  bancario.  Según  el  referido  proyecto  los  bancos  emisore? 
no  podrían  cobrar  arriba  del  1  9Í  mensual,  salvo  el  ciso  de  crisis 
en  que  el  Poder  Ejecutiv>v,  podría  autorizar  tasas  mayores  dando 
cuenta  a  la  Asamblea  o  en  su  receso  a  la  Comisión  Permanente. 
Los  impugnadores  del  proyecto  sostenían  que  el  dinero  estaba  en 
las  condiciones  de  cualquier  mercancía  y  que  era  atentatorio  en- 
tonces fijar  un  límite  máximo  al  interés,  aparte  de  la  inefica- 
cia de  la  medida  desde  que  los  bancos  se  abstendrían  de  prestar 
cuando  la  tasa  de  la  plaza  excediera  del  1  ''A.  La  emisión  de  bi- 
lletes es  un  privilegio  —  contestaba  el  autor  del  proyecto  —  y 
la    concesión    de    ese    privilegio   puede    hacerse    con    condiciones. 

Después  de  larga  discusión  la  Cámara  rechazó  el  proye-^to  por 
considerable    mayoría:    20   votos    contra    4. 


256  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


La   tasa   con  iente  del  interés. 

El  Banco  Maná  y  el  Banco  Comercial  cobraban  en  agosto  y 
octubre  de  186,1  el  15  9f  a  sus  deudores  y  pagaban  el  10  %  a 
sus  acreedores. 

Eran  tipos  muy  altos,  sin  duda  alguna.  Pero  téngase  presente 
que  en  febrero  del  mismo  año  el  Banco  de  Inglaterra  alzaba  su 
tasa  del  descuento  del  7  %  al  8  %,  obligado  —  según  «Tke  Po- 
litical  Economiste»  —  por  los  crecientes  embarques  de  oro  con  des 
tino  a  los  Estados  Unidos  y  de  plata  con  destino  a  la  India.  No 
se  trataba,  pues,  de  un  encarecimiento  local  del  dinero. 

En  marzo  de  1863  —  víspera  de  la  invasión  de  Plores  —  el 
Banco  Mauá  cobraba  el  12  ^A  y  pagaba  el  8,  y  el  Banco  Comercial 
cobraba  el  9  Sr  y  pagaba  el  6,  rigiendo  en  plaza  el  interés  del 
1  %  al  1  y  y^  mensual,  según  las  informaciones  comerciales  dé 
«ILa   Reforma   Pacífica». 

'  Al  finalizar  el  mes,  ya  bajo  la  presión  de  las  alarmas  poli 
ricas,  ambcs  bancos  cobraban  el  1.5  '/c  y  pagaban  el  10,  osci- 
lando el  interés  de  plaza  del  1  y  i/4  al  1  y  i/^  9^  mensual  según  las 
informaciones  comerciales   de   «El   Siglo». 

En  diciembre  del  mismo  año,  en  lo  más  recio  de  la  guerra  civil, 
la  tasa  del  interés  volvía  a  declinar  por  efecto  de  la  paralización 
general  de  los  negocios.  Según  la  revista  mensual  de  «El  Comercio», 
el  Banco  Comercial  cobraba  el  9  y  pagaba  el  6  % ,  el  Banco  de  Lon- 
dres y  Río  de  la  Plata  cobraba  el  10  y  pagaba  el  5  'ic,  y  el  Banco 
Mauá  cobraba  el  12  y  pagaba  el  8  9f,  rigiendo  en  plaza  el  interés 
del  12  9r  al  año  y  estando  el  cambio  sobre  Londres  a  52  y  %  peni- 
ques por  peso  nacional  de  la  nueva  moneda. 

Se  proyecta  construii-  un  edificio  para  la  Bolsa  de  Coniorcio. 

Hemos  hablado  ya  del  «Club  Nacional»,  institución  útilísima 
fundada  en  los  comienzos  del  gobierno  de  Berro  para  ofrecer  un 
centro  de  reunión  e  información  a  los  estancieros,  agricultores  y 
fabricantes,  hasta  entonces  sin  un  órgano  que  centralizara  y  asu- 
miera la  defensa  de  sus  intereses. 

De  una  de  esas  asambleas  surgió  la  idea  de  construir  un  gran 
edificio,  con  capacidad  para  el  Club  y  para  la  Bolsa  de  Comercio 
designándose   para    llevarla   a    ejecución    un   Comité   del   que   fbrma 


GOBIEBNO    DE    BERRO  257 


ban  parte  don  Vicente  Fidel  López,  don  Jaime  Estrázulas,  don 
Juan  D.  Jackson,  don  Augusto  Hoffmann,  don  Pedro  Piñeyrúa,  don 
Jaime  Cibils,  don  Marcos  Vaeza  y  don  Florentino  Castellanos.  Se 
trataba    de    levantar    120,000    pesos. 

Una  vez  suscriptos  l'os  fondos  necesarios,  se  reunieron   los  accio 
nistas    de    ambos   centros    y    nombraron    una    Comisión    mixta    bajo 
la  presidencia  de  don  Florentino  Castellanos  que  en  el  acto  abordó 
la  compra  de  un  terreno  de  2,000  varas. 

Fué  otra  de  las  iniciativas  que  la  guerra  civil  se  encargó  de 
paralizar   momentáneamente. 

Tierras  públicas. 

El  gobierno  de  Berro  resolvió  desde  1860  proceder  a  la  mensura 
general  del  territorio  y  al  examen  de  toda  la  titulación  particular, 
y  como  paso  previo  nombró  una  Comisión  encargada  de  dictaminar 
acerca  de  la  manera  de  llevar  a  término  esa  gran  operación. 

La  Comisión  se  dividió  en  dos  secciones,  una  de  ellas  bajo  la 
presidencia  del  general  de  ingenieros  don  José  María  Reyes  y  la 
otra  bajo  la  presidencia  del  doctor  Cándido  Joanicó.  Po.-ic  después 
solicitó  del  Gobierno  la  fundación  de  un  instituto  de  ingenieros,  la 
sanción  de  una  ley  de  procedimientos  judiciales  para  resolver  los 
conflictos  de  dominio  por  razones  de  ubicación  y  la  creación  de 
un  registro  general  de  títulos  que  desenvolvería  sus  trabajos  pa- 
ralelamente a  los  de  la  mensura  territorial.  Y  a  eso  quedó  reducido 
el  trabajo  de  la  Comi.sión,  por  efecto  sin  duda  alguna  de  la  crisis 
ministerial  que  subsiguió  y  del  cambio  de  rumbos  que  debió  pro- 
ducirse con  tal  motivo.  x,^^ 

También  intentó  el  Gobierno  reaccionar  contra  el  régimen  a  que 
estaban  sometidas  las  tierras  públicas  por  la  ley  de  1853  que  pro- 
hibía su  enajenación  y  la  de  1858  que  impedía  a  las  oficinas 
públicas  admitir  denuncias  de  tierras.  Esas  leyes  —  decía  el  Go- 
bierno —  muy  útiles  al  tiempo  de  su  promulgación,  hanse  conver- 
tido después  en  factores  de  ocultación  y  de  p'^'rdidas  efectivas 
para  el  fisco.  Lo  que  realmente  conviene,  agregaba,  es  mantener 
la  prohibición  absoluta  de  vender  la  tierra  pública,  pero  sin 
proscribir  las  denuncias  destinadas  a  obtenerla  en  arrendamiento 
mientras  no  vuelva  a  autorizar.=e  la  salida  del  dominio  fiscal. 
Da  acuerdo  con  estas  ideas  presentó  un  proyecto  a  la  Asamblea 
que   acordaba  plazos   a   los   poseedores   de  tierras   públicas   para   de- 

17 -V 


258  HISTORIA     DEL    IJRTTGUAT 


nunciarlas,  bajo  apercibimientx)  de  admitirse  la  denuncia  de  terce- 
ros. La  Cámara  de  Diputados  se  manifestó  de  acuerdo  con  ello. 
Pero  el  proyecto  no  alcanzó  a  completar  su  evolución  parlamenta- 
ria. Don  Manuel  Herrera  y  Obes  presentó  entonces  a  la  Cámara 
de  Senadores  de  que  formaba  parte  otro  proyecto  más  sencillo  que 
autorizaba  los  contratos  de  enfiteusis  hasta  por  diez  años,  que  tam- 
poco tuvo   resultado. 

A  raíz  de  estas  tentativas  el  Poder  Ejecutivo  publicó  un  decreto 
por  el  que  ofrecía  a  los  ocupantes  de  tierras  públicas  contratos  de 
airendamiento  al  precio  de  200  pesos  anuales  por  cada  suerte  de 
estancia,  bajo  apercibimiento  de  que  pasados  tres  meses  regiría  el 
precio  dé  300  pesos.  Su  propósito  era  obtener  algunas  rentas  y, 
lo  que  era  más  importante,  el  conocimiento  de  la  propiedad  públi- 
ca detentada  por  los  particulares.  Pues  bien,  ocho  meses  después  de 
publicados  los  avisos  habían  sido  denunciadas  al  Fisco  por  sus  ocu- 
pantes 366,701  cuadras  equivalentes  a  101  leguas  o  131  suertes  de 
eoiancia,  según  ]a  Memoria  de  Hacienda  de  1861,  i  estacándose  por 
su   mayor   volumen   los    seis   departamentos   siguientes: 


Cuadras 


Salto 91,8-20 

Soriano ¡I  70/200 

Paysandú !Í  82.0r)l 

Colonia '  41,958 

Tacuarembó 34,425 

San  José \,  29,623 

Habían  sin  embargo  vaticinado  el  fracaso  los  adversarios  del  de- 
creto á  título  de  que  el  Gobierno  ignoraba  la  ubicación  de  las  tie- 
rras públicas,  sin  tener  en  cuenta  el  interés  de  los  ocupantes  en  sa- 
car partido  del  bajísimo  precio  a  que  era  ofrecido  el  arrendamiento 
y  en  alejar  también  el  peligro  siempre  posible  de  las  denuncias  de 
terceros.' 

Otra  resolución  adoptó  el  gobierno  de  Berro  en  1864,  ya  en  las 
postrimerías  del  término  de  su  mandato:  la  de  transferir  a  las 
Juntas  Económico-Administrativas  para  ser  aplicado  su  importe  a 
objetos  de  embellecimiento  o  utilidad,  los  derechos  que  conferían  al 
Estado  la  ley  de  1831  que  autorizó  la  venta  de  la  tierras  públicas 
lonocidas  por  de  Propios  del  extinguido  Cabildo  de  Montevideo  y 
las  del  ejido  de  la  ciudad  y  la  ley  del  mismo  año  que  declaró  que 


GOBIERNO    DE    BERRO  259 


las  tierras  comprendidas  dentro  del  tiro  de  cañón  de  la  plaza  de 
Montevideo  conocidas  bajo  nombre  de  Ejido,  habían  qaodado  de 
propiedad  pública  desde  el   trazado  de  las  fortificaciones. 

Algunos  de  los  decretos  que  acabamos  de  mencionar  debieron  es- 
timular el  apetito  de  los  intermediarios.  El  hecho  es  que  a  fines 
de  1860  la  Policía  de  Montevideo  descubrió  un  robo  de  títulos  y 
denuncias  de  grandes  proporciones,  como  que  en  breves  horas  fue- 
ron  rescatados  nada   nienos  que  15.5   expedientes! 


\ 


CAPÍTULO  IV 
Movimiento  administrativo 

Las  rentas  y  los  gastos  generales  del  primer  ejercicio  del  gobier- 
no de  Berro. 

En  los  comienzos  de  la  administración  Berro  se  dictó  una  ley 
Que  hacía  correr  el  ejercicio  económico  de  enero  a  diciembre.  Y 
para  que  la  nueva  lejí  pudiera  aplicarse  sin  trastornos  quedó  re- 
suelto que  el  Presupuestto  votado  en  esa  misma  oportunidad  re- 
^giría  desde  julio  de  1860  hasta  diciembre  de  1861  y  que  los  estados 
fie  la  Contaduría  General  de  la  Nación  abarcarían  el  mismo  pe- 
ríodo  de    18    meses. 

En  el  curso  de  ese  extenso  ejercicio  la  Tesorería  tuvo  los  si- 
guientes ingresos  y  egresos  (no  comprendidos  los  departamentos 
de  campaña)  según  los  estados  presentados  a  la  Asamblea  por  el 
Ministro  de   Hacienda: 

INGRESOS  EGRESOS 

Existencia  anterior.     ...  $        88,811    Gastos  públicos $    2.090,465 

Rentas  públicas 3.625,855  »       municipales     ....  492,772 

Rentas  municipales.     .     .     .  669,783  »       eventuales  (Banco  Mauá 

Ingresos  eventuales  ( principal  cuenta  corriente  $  2.233,657).  2.431,805 

rubro    Banco  Mauá,   cuenta  Créditos  obligatorios    ....  1.320,073 

corriente  $  2.189,120)     .     .  2.237,592  Existencia  para  1862  ....  286,926 


$    6.622,041  $    6.622,041 


Véase  ahora  el  monto  de  los  ingresos  y  egresos  de  1861  aislada- 
mente, ya  que  para  las  comparaciones  subsiguientes  habrá  que  se- 
guir  el   ejercicio  de  enero  a   diciembre: 


gobikr.no  de  berro  2(i1 


INGRESOS  EGRESOS 

Rentas  correspondientes  a  gas-  Deuda  fundada $       380,816 

tos  generales $    3.909,468    Créditos  obligatorios    ....  831,021 

Rentas  afectadas  a   la  deuda  Cuerpo  Legislativo 69,972 

fundada 389,752    Gastos  públicos  y  eventuales     .         2.935,85* 

Rentas  que  recauda  la  Junta  Lazareto 13,304 

Económico  -  Administrativa  Junta    Económico  -  Administra- 
de  Montevideo   v  Corrales   y  tiva  de  Montevideo ....             444,667 
tabladas  $  103,780;   loterías 
$  190,750;    contribución  di- 
recta $  70.533.   etc. ).     .     .  523.723 


$    4.822,943  $    4.675.676 


Esfuerzos   del   gobierno   de    Berro  para  obtener  la   i-egulai-izíición 
financiera. 

Al  terminar  la  administración  Pereira  —  decía  el  Ministro  de 
Hacienda  al  Cuerpo  Legi.slativo  en  su  Memoria  anual  según  hemos 
tenido  oportunidad  de  recordarlo  —  gravitaljan  sobre'  las  grandes 
rentas  créditos  hipotecarios  procedentes  de  convenciones  diplo- 
máticas o  leyes  especiales  que  originaban  cada  año  un  déficit  mi- 
llonario, a  expensas  principalmente  del  servicio  policial  de  la  cam- 
paña y  de  las  clases  pasivas  civiles  y  militares,  cuyos  haberes  se 
atrasaban  fuertemente.  En  el  solo  rubro  de  sueldos  existía  un  dé- 
ficit de  300,000  pesos,  que  fué  subiendo  gradualmente  hasta  aproxi- 
marse al  doble  en  el  curso  de  1860  por  efecto  del  pago  de  varios 
créditos  exigibles  procedentes  de  aquella  misma  administración. 

Contra  ambos  males  se"S^ropuso  reaccionar  el  Presidente  Berro 
desde  los  primeros  días  de  su  administración,  y  así  lo  anti- 
cipó al  Cuerpo  Legislativo  al  adjuntar  el  estado  de  ingresos  y 
egresos  del  último  año  del  gobierno  antecesor. 

En  nuestro  país  —  decía  —  se  viene  aplicando  un  sistema  con- 
tra el  que  es  forzoso  reaccionar.  En  vez  de  buscarse  el  equilibrio  de 
los  ingresos  y  egresos  se  entrega  una  renta  o  parte  de  ella,  que- 
dando el  Gobierno  en  la  imposibilidad  de  atender  al  mayor  número 
de  acreedores.  No  es  que  las  rentas  sean  insuficientes.  Es  que  se 
aplican    mal. 

Los  departamentos  —  agregaba  planeando  una  importantísima 
reforma  financiera  —  están  ya  en  situación  de  bastarse  a  sí  mis- 
mos,   porque    encierran    fuentes    de    riqueza    que    les    permiten    obte- 


262  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


ner-  mayor  rendimiento  de  sus  impuestos.  Lo  único  que  tiay  que 
conservar  es  la  centralización  de  la  acción  gubernativa  y  la  fis- 
calización  de   los    ingresos   y   egresos   departamentales. 

Para  apresurar  la  regularización  de  los  pagos,  hubo  necesidad  en 
1860  de  realizar  un  arreglo  con  los  tenedores  de  créditos  situados 
sobre  la  Aduana  y  otro  con  el  Banco  Mauá  sobre  anticipo  6e 
fondos. 

Consistía  el  arreglo  con  los  acreedores  en  la  cesión  al  Tesoro  pú- 
blico del  10  %  del  capital  y  renuncia  a  los  intereses  del  18  Vo 
anual  vencidos  y  a  vencer  que  acordaban  los  contratos  originarios, 
mediante  el  pago  del  remanente  de  103,000  pesos  en  cinco  men- 
sualidades. 

Pocos  días  antes  había  dictado  el  Gobierno  un  decreto  que 
suspendía  la  expedición  de  órdenes  sueltas  por  sueldos  y  prohibía 
la   admisión   de   solicitudes   de   ese  género  en   las   oficinas   públicas. 

Mediante  el  segundo  arreglo  el  Banco  Mauá  se  obligaba  a  abrir 
al  Gobierno  un  crédito  en  cuenta  corriente  por  110,000  pesos  men- 
suales, con  destino  al  pago  puntual  del  Presupuesto,  y  anticipaba 
300,000  pesos  para  el  -pago  de  los  presupuestos  atrasados  de  la 
administración^  anterior.  Quedaba  obligado  el  Gobierno  a  verter  en 
esa  cuenta  corriente  la  parte  libre  de  la  renta  de  Aduana,  papel 
sellado,  patentes,  mercados  y  correos.  El  Banco  cobraba  el  12  % 
anual  por  los  saldos  deudores  y  abonaba  el  8  %  por  los  saldos 
acreedores.  Percibía  además  una  comisión  del  2  %  sobre  el  prés- 
tamo   de    300,000    pesos. 

Refiriéndose  a  la  amortización  del  déficit  de  la  administración 
Pereira,  decíe  el  Presidente  Berro  al  abrir  las  sesiones  extraordi- 
narias  del   Cuerpo   Legislativo   en   febrero   de   1861: 

«Merced  al  orden  y  economías  introducidos  en  todos  los  ramos 
de  la  administración,  el  estado  de  la  hacienda  pública  es  relativa, 
mente  satisfactorio,  habiendo  permitido  pagar  con  regularidad 
los  servicios  determinados  en  el  Presupuesto  General  de  Gastos  y 
satisfacer,  en  el  año  transcurrido  ó'il.'/DS  pesos  procedentes  de  em- 
peños y  consumos  de  la  administración  anterior,  sin  cuyos  com- 
promisos hubiera  sido  posible  mejorar  la  situación  de  las  clases 
pasivas». 

lEl  Gobierno  —  decía  a  su  turno  el  Ministro  de  Hacienda  don 
Tomás  Villalba  en  la  Memoria  correspondiente  a  1860  —  ha  intro- 
ducido severas  economías  en  los  gastos  públicos,  ha  fiscalizado  con 
resultado  satisfactorio  la  percepción  y  destino  legal  de  los  im- 
puestos,  ha   hecho   efectiva   siempre   que   ha   sido   necesario   la   res- 


GOKIKRNO     DE     BERKO  263 


ponsabilidad  de  los  administradores,  ha  pagado  con  exactitud  y 
regularidad  los  gastos  presupuestados,  satisficieudo  además  medio 
millón  de  la  administración  .anterior,  ha  rescatado  valiosas  p''0- 
piedades  de  manos  de  particulares  y  ha  emprendido  obras  públicas 
de   importancia. 

Entre  las  propiedades  fiscales  rescatadas  figuraban  varios  sola- 
res de  las  plazas  Constitución  (.vendidos  a  9  pesos  y  3  reales  vara 
en  lS4o),  Independencia,  Artola  y  Treinta  y  -Tres,  Ibs  terrenos  sub- 
marinos conocidos  por  de  Hegui.  el  «Fuerte»,  donde  tenía  su  asiento 
el  Poder  Ejecutivo,  rescatado  al  señor  Hocquard  por  70,000  pesos 
y  los  edificios  anexos  a  la  Iglesia  Matriz  situados  en  la  calle  Sa- 
randí,  enajenados  todos  ellos  por  el  gobierno  de  la  Defensa  le 
Montevideo. 

I-os  ingresos  y  egresos  de  1862. 

En  1S62  recaudó  la  Tesorería  General  4.S94.S10  pesos  por  los  si- 
guientes  conceptos: 

Existencia  del  año  anterior S        30(i.040 

fieutas  generales '2.70G.Ü89 

Ingresos  eventuales 1.íS00,81'2 

»          municipales  de   Montevideo  .      .  381. SGO 

Destacábanse  entre  las  rentas  generales  los  derechos  de  Aduana 
por  1.7G2,34li  pesos,  los  adicionales  por  462,525,  el  papel  sellado 
y  las  patentes  por  310,691,  el  Correo  54,2S2  y  el  mercado  prin- 
cipal por  51,237  pesos. 

Entre  los  ingresos  eventuales  figuraba  la  cuenta  corriente  del 
Banco  Mauá  por  1.381,484   pesos. 

Y  entre  los  ingresos  de  la  Municipalidad  de  Montevideo  sobre- 
salían las  loterías  por  129,000  pesos,  los  derechos  de  corrales  y 
tabladas  por   118.S5."í   y  la   contribución  directa   por   63.768. 

Los  egresos  se  distribuían  así: 

Gastos  generales S    1.993.474 

eventuales   Banco  MnuáS  1.307.870"^  1.408,r>18 

Ohliiraciones    de    la    Nación    (servicio    de 

la  deuda  fundada  S  4(iO,(í42^   ....  936.00G 

Gastos  municipales  de  Montevideo  (Hos- 
pital S  131.222;  salubridad  S  71.663  ;  ce- 
menterios $  39,115,  instrucción  pública 
S  32,897) 370,281 


264 


HISTORIA    DEL    TJBUGUAT 


Hechos  todos  los  pagos  quedaba  un  sobrante  de  186,531  pesos, 
según  los  estados  generales  de  la  Contaduría  que  hemos  utilizado 
para  estos  extractos. 

Al  abrir  las  sesiones  ordinarias  de  1862  había  dicho  el  Presiden- 
te Berro: 

«Los  pagos  del  presupuesto  se  han  hecho  con  escrupulosa  reli- 
giosidad. El  servicio  de  la  deuda  fundada  se  ha  hecho  con  toda 
regularidad   y   sus   títulos   han   adquirido   creciente   valor.» 

Y  las  mismas  palabras  pudo  repetir  al  terminar  el  año,  desde 
que  los  pagos  continuaron  realizándose  con  la  misma  escrupulosa 
exactitud. 

El  porcentaje  por  habitante. 

Haciendo  entrar  las  rentas  departamentales  distribuía  así  don 
Adolfo  Vaillant  los   ingresos   de   1862: 


Contribuciones  directas 

Sellado  y  patentes  ....     $ 

Contribución  directa  de  Mon- 
tevideo   

Rodados     

Pasaportes 

Peaje 

Cementerios 

Serenos 

Asilo  de  Mendigos  .... 

Contribución  directa  de  los  de- 
partamentos de  campaña    . 

Demás  impuestos  directos  de 
los  departamentos 


Contribuciones  indirectas 

310,691    Aduanas $    2.224,872 

Timbres 14,839 

63,768    Correos 54,282 

14.844    Mercados 64,138 

10,976    Corrales  y  tabladas    ....  118,853 

2,460    Herencias 3,776 

11,370    Registro  de  ventas      ....  3,445 

38,468    Ramos  policiales  en  la  Capital.  10,545 

7,121    Puerto 2,294 

Loterías 129,000 

196,000    Multas 5,858 

Montepíos 21,420 

10,000    Corrales  y  demás   ramos   afec- 
tados a  los  departamentos    .  210,000 

665.698  $    2.863.324 


Cada  habitante  del  país  pagaba  3  pesos  por  concepto  de  im- 
puestos directos  y  13  por  concepto  de  impuestos  indirectos.  En  con- 
junto 16  pesos  por  cabeza,  cifra  más  alta  decía  el  señor  Vaillant 
que  la  abonada  en  Inglaterra  (14  pesos),  en  Francia  (11),  en  Bél- 
gica  (7)   y  en  Estados  Unidos   (3). 

¡'Legado  maldito  de  nuestras  revoluciones  que  a  la  vez  que  des- 
truían las  fuentes  de  la  riqueza  pública  impulsaban  el  crecimiento 
de  las   deudas  y  el  de  las  clases  pasivas! 


GOBIERNO     DE     BíaiRO  265 


El  Tesoro  nacional  argentino  recaudó  en  1863  por  concepto  de 
aduanas,  papel  sellado,  correos,  contribución  directa  de  Buenos  Ai- 
res y  otras  rentas  de  menor  cuantía,  6.478,682  pesos  fuertes,  cifra 
que  no  alcanzaba  al  doble  de  la  recaudación  uruguaya  del  año 
anterior. 

No    sufre    alteración    la    inaicha    financiera    durante    los    prinicros 
meses  de  la  guen'a. 

Cayó  luego  el  país  en  crisis  bajo  la  presión  de  la  devastadora 
guerra  que  desde  principios  de  1863  se  encargó  de  destruir  las 
fuentes  de  la  riqueza  pública,  deprimir  el  nivel  rentístico  e  in- 
flar los  gastos  de  sostenimiento  de  las  autoridades  constituciona- 
les. Pero  era  tan  fuerte  el  tren  de  regularización  impreso  por  el 
gobierno  de  Berro,  que  los  primeros  meses  siguieron  corriendo  como 
si  no  se  hubiera  producido  solución  de  continuidad  en  el  encade- 
namiento normal  de  los  sucesos  políticos  y  administrativos.  Nada 
lo  demuestra  tan  concluyentcmente  como  los  balances  trimestrales 
de   la  Contaduría  de  la  Nación. 

Durante  el  primer  trimestre  de  ese  año  la  Tesorería  tuvo  un  in- 
greso de  1.027,741  pesos  por  concepto  de  sobrante  del  año  anterior 
(60,811),  de  rentas  públicas  (696,618)  y  de  ingresos  eventuales 
(270,311).  Y  luego  de  abonadas  las  planillas  del  Cuerpo  Leoisla- 
tivo,  del  Ministerio  de  Gobierno  y  Relaciones  Exteriores,  del  Minis. 
terio  de  la  Guerra  (166,263),  del  Ministerio  de  Hacienda  (96,535), 
obligaciones  de  la  Nación  (235,708)  y  gastos  eventuales  (347,470), 
resultó  un  sobrante  de  12016  pesos,  a  pesar  de  que  ya  se  daba  co- 
mo inminente  la  invasión  de  Flores  y  con  ella  la  necesidad  de  po- 
ner en  armas  al  país. 

Al  recorrer  el  balance  del  segundo  trimestre,  correspondiente 
a  la  invasión  de  Flores,  nadie  diría  que  el  país  ardía  ya  de  un  ex- 
tremo a  otro  y  que  había  llegado  para  el  gobierno  de  Berro  la  ho- 
ra de  defenderse  contra  un  movimiento  revolucionario  oficialmen- 
te apoyado  por  la  Argentina  y  que  contaba  con  todas  las  simpatías 
de  las  autoridades  brasileñas  de  la  frontera.  Ingresaron  a  la  Teso- 
rería 1.274,018  pesos  por  los  siguientes  conceptos:  exislencia  ante- 
rior 124,916,  rentas  públicas  603,873,  ingresos  eventuales  546,275 
(del  Banco  Manuá  537,332).  Y  con  su  producto  fueron  abonada'? 
las  planillas  del  Cuerpo  Le^'i^^lativo,  del  Ministerio  de  Gobierno, 
del  Ministerio   de  la   Guerra    (193,137),  del  Ministerio  de  Hacienda 


266  HISTORIA    DEL    UEUGUAY 


(110,794),  las  obligaciones  de  la  Nación  (256,609)  y  los  gastos 
eventuales  (548,134),  de  cuya  suma  correspondía  283,815  a  la 
cuenta  corriente  del  Banco  Mauá,  quedando  luego  de  cubiertos  to 
dos  los  pagos  un  saldo  en  caja  de  96,155  pesos. 

El  mayor  elogio  de  la  gestión  administrativa  del  gobierno  de 
Berro  está  ahí,  en  las  cifras  de  esos  balances  que  ya  no  pudieron 
seguirse  publicando  con  regularidad  por  efecto  del  estado  de  gue- 
rra y  de  los  sacrificios  de  dinero  que  imponía  la  colaboración  de  las 
autoridades  argentinas  y  brasileñas  en  nuestros  disturbios  inter- 
nos. 

•  Ai   empezar  los  apremios   el  Presklente   expone  la  situación  de  la 
Hacienda  i)ública. 

Fué  recién  en  el  último  trimestre  de  1863,  al  acentuarse  el  des- 
equilibrio financiero  como  consecuencia  del  continuado  descenso 
de  las  rentas  y  de  los  gastos  abrumadores  que  demandaba  el  esta- 
do de  guerra,  que  el  gobierno  de  Berro  se  vio  obligado  a  dirigirse 
a  la  Asamblea  en  demanda  de  nuevos  y  más  amplios  recursos. 

De  acuerdo  con  la  auíorización  concedida  en  la  ley  de  Presu- 
puesto— empezaba  diciendo  en  su  mensaje  del  mes  de  octubre — se 
llamó  a  propuestas  para  la  emisión  de  deuda  interna,  concurriendo 
al  llamado  el  Banco  Comercial  por  250,000  pesos  al  40  *:>  (propues- 
ta firmada  a  nombre  del  Directorio  por  don  Pablo  Duplessis  y  don 
Manuel  Herrera  y  Obes)  ;  cinco  particulares  (entre  ellos  don  En- 
rique Platero  por  70,000  pesos)  a  tipos  que  oscilaban  del  34  al  40  Vr ; 
y  el  Banco  Mauá  que  ofrecía  tomar  la  totalidad  de  la  emisión  o  el 
saldo  que  dejaran  los  demás  suscriptores,  al  tipo  del  40  Sr,  bajo  Ir 
declaración  expresa  de  que  el  Gobierno  dispondría  del  plazo  de 
tres  meses  para  realizar  una  operación  más  ventajosa  y  cancelar 
la  que  celebrase  con  el  Banco.  De  este  llamado  resultó  la  coloca- 
ción de  dop  y  medio  millones  de  pesos  nominales  de  deuda  interna 

Ya  está  agotado  su  producto — agregaba— y  aún  cuando  de  acuer- 
do con  la  ley  podría  ampliarse  la  operación,  es  preferible  que  la 
Asamblea  intervenga  de  nuevo  y  vote  a  la  vez  recursos  pa- 
ra cubrir  el  servicio  de  lo  ya  emitido  y  a  emitirse.  El  presupues- 
to sólo  prevé  1.000,000  de  pesos  y  su  cálculo  de  recursos  está  basado 
en  el  rendimiento  del  primer  trimestre  de  1863  que  ya  no  puede 
ni  debe  tomarse  como  base. 

Entraba    en    seguida   el   Presidente    a    exponer   el    resultado  de   su 


GOBIERNO     DE     BERRO  261 


INGRESOS 

Existencia  en  1."  de  enero 

$ 

60,811 

Rentas  generales 
Eventuales 

1.684,546 
78,945 

Mauá  en  cuenta  corriente 

1.788.263 

Deuda  interna     .... 

1.000,175 

gestión    financiera    durante   los   nueve   primeros    meses    de    1863    que 
concretaba   en   esta   forma: 

EGRESOS 

Créditos  obligatorios  de   la  Na- 
ción  $       684,011 

Gastos  presupuestados     .     .     .  988,719 
Compromisos  de  1862,  a  vencer 

en  1863 54,765 

Eventuales 16,996 

Extraordinarios  de  guerra    .     .  1.085,878 

Cuenta  corriente  Mauá    .     .     .  1.689,742 

Existencia  que  pasa  a  octubre  .  92,627 

La  parte  de  renta  aduanera  aplicable  a  gastos  generales  que  ha- 
bía producido  406,917  en  el  primer  trimestre  descendió  a  343,281 
en  el  segundo,  y  a  260,021  en  el  tercerb.  En  conjunto  1.012,219  pesos. 
No  obstante  ello,  el  Poder  Ejecutivo  «ha  satisfecho  íntegra  y  pun. 
tualmente  el  servicio  ordinario  presupuestado,  ha  atendido  el  de 
la  deuda  franco-inglesa  para  el  cual  no  se  le  había  señalado  fon- 
dos y  ha  cubierto  las  obligaciones  inherentes  al  servicio  de  la  nue- 
va emisión  de  títulos  de  la  deuda  interna  que  tampoco  pudieron 
ser  presupuestados  y  a  los  que  tendrá  que  continuar  atendiendo 
hasta  fin  de  año». 

Entre  los  documentos  de  prueba  presentados  al  Cuerpo  Legisla- 
tivo figuraba  un  estado  del  movimiento  de  la  cuenta  corriente 
con  el  Banco  Mauá  (enero  a  setiembre  de  1863),  del  que  resul- 
taba que  la  Tesorería  había  vertido  1.689,741  pesos,  hasta  reducir 
el  saldo  deudor  a   171,545  p^os. 

A  esa  exposición  del  estado  de  la  Hacienda  pública  adjuntaba 
el  Poder  Ejecutivo  un  proyecto  de  contrato  con  el  Banco  Mauá  des- 
tinado a  suministrar  nuevos  fondos  para  la  continuación  de  la  gue- 
rra. 

El  Banco  se  obligaba  a  tomar  una  nueva  cantidad  de  títulos  de  la 
deuda  interna  de  6  Sé  de  ínteres  y  1  f/r  de  amortización  acumulativa 
al  40  <^/í  de  su  valor,  hasta  completar  la  suma  de  6  millones  in- 
cluidas las  emisiones  ya  realizadas.  Al  servicio  de  los  6  millones 
quedarían  afectados  el  3  'Á  adicional  de  importación  y  el  2  <;,  de 
exportación,  dos  nuevos  impuestos  cuyo  producto  calculábase  en 
436,000  pesos  al  año.  El  Banco  Mauá  percibiría  una  comisión  del 
2  %  %  del  monto  del  servicio  de  intereses  y  amortización.  Pro- 
ponía a  la  vez  el  Banco  gestionar  en  Europa  la  transformación  de 


268  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


la  deuda  interna  en  deuda  externa,  con  el  mismo  servicio  y  las  mis- 
mas afectaciones,  dando  al  Estado  la  mitad  de  las  utilidades  que  se 
obtuvieran  por  efecto  de  las  diferencias  de  cotización  en  los  mer- 
cados de  Montevideo  y  de  Londres,  palpable  prueba  de  la  confianza 
extraordinaria  que  seguía  inspirando  el  gobierno  de  Berro  en 
plena  guerra   civil. 

El    balón   de   Maná   explica   por   qué   innio\TJizaba   simias   tan  im- 
portantes. 

«Estoy  convencido — decía  el  barón  de  Mauá  en  su  propuesta  de 
suscripción  del  empréstito — de  que  presto  de  esta  manera  un  buen 
servicio  a  la  República  por  cuya  prosperidad  hago  constantemen- 
te sinceros  votos,  habilitando  a  su  gobierno  para  dominar  los  ma- 
los  elementos  que  perturban  la   paz  pública». 

Advertía  que  no  eran  del  Banco  los  fondos  que  él  ofrecía,  si- 
no de  su  patrimonio  particular  y  del  patrimonio  de  sus  amigos, 
porque  él  comprendía  bien  que  un  establecimiento  emisor  no  podía 
inmovilizar  en  tal   forma   sus  caudales. 

«Los  bancos  de  emisión,  depósitos  y  descuentos  bien  dirigidos — 
decía — tienen  altos  e  importantes  destinos  que  llenar  en  la  plaza 
en  que  funcionan.  Su  primer  cuidado  debe  siempre  ser  tener  pron- 
to y  realizable  su  capital  propio  y  el  ajeno  que  les  es  confiado,  a  fií, 
de  que  en  tiempo  alguno  puedan  encontrarse  en  la  triste  condi- 
ción de  dejar  de  pagar  puntualmente  en  el  acto  de  serles  presentadas 
las  notas  de  su  emisión,  de  atender  éon  religiosa  exactitud  las 
exigencias  de  sus  depósitos  y  de  servir  el  comercio  descontando 
sin  dificultad  títulos  de  reconocido  crédito  que  representen  legí- 
timas transacciones  comerciales  y  a  cortos  plazos,  para  que  su  car- 
tera les  proporcione  diariamente  los  medios  de  satisfacer  a  t^^dos 
sus  compromisos.  Ese  es  el  mayor  de  los  servicios  que  esas  insti- 
tuciones prestan  y  que  de  ellas  se  pueda  exigir,  pues  contribiijen 
así  indirecta  y  aún  directamente  al  desarrollo  de  la  riqueza  públi- 
ca y  por  consiguiente   al  engrandecimiento  del  país». 

La  Asamblea  aprobó  el  contrato  y  creó  los  dos  impuestos  desti- 
iiQdos  a  garantizar  el  servicio  de  intereses  y  amortización.  Tam- 
bién facultó  al  banco  para  convertir  la  deuda  in^ern?  en  deuda 
externa  bajo  la  expresa  condición  de  que  el  cambio  no  impondría 
recargo  alguno  al   erario  público. 

El  jefe  de  la  revolución  publicó  en  el  acto  una  prof'sta  contrae  se 


GOBIEBXO    DE   BERRO  269 


contrato,  anticipando  que  él  no  lo  respetaría  en  caso  de  triunfar, 
y  a  su  turno  la  prensa  de  Buenos  Aires  trató  de  presentar  al  go- 
bierno de  Berro  como  un  deudor  insolvente  que  aceptaba  que  le 
pusieran  la  soga  al  cuello  con   tal  de  obtener  dinero. 

Mauá,  que  tenía  casa  en  Buenos  Aires  y  que  deseaba  mantener 
su  crédito,  contestó  a  los  diarios  adictos  a  Flores  que  la  tasa  del 
descuento  en  el  Río  de  la  Plata  giraba  del  12  al  18  yr  al  año  y  que 
por  lo  tanto  un  título  de  6  %  lanzado  al  40  %  de  su  valor  corres- 
pondía al   interés  medio  del  15   %    al  año. 

Pocas  semanas  después  tenían  que  ocuparse  las  Cámaras  de  un 
nuevo  proyecto  de  ley  por  el  que  se  autorizaba  al  F'oder  Ejecutivo 
para  levantar  fondos  mediante  la  afectación  de  rentas  o  de  pro- 
piedades públicas.  Al  aconsejar  la  sanción  del  proyecto  decía  la 
Comisión  de  Hacienda  de  la  Cámara  de  Diputados  en  su  informe 
que  si  se  hubiera  previsto  la  prolongación  de  la  lucha,  «fiando 
menos  en  la  lealtad  de  vecinos  pérfidos»,  se  habría  conferido  esa 
autorización  al  Poder  Ejecutivo  al  discutirse  la  ley  de  Presupuesto 
General   de   Gastos. 

Y  algo  más  adelante,  en  enero  de  1864,  de  nuevo  agotados  los 
fondos  disponibles,  extendía  el  Gobierno  a  la  exportación  de  car- 
nes el  adicional  del  2  %  comprendido  en  el  contrato  Mauá  pero 
pendiente  de  aplicación  todavía  en  holocausto  al  interés  de  los 
ganaderos  y   saladeristas   nacionales. 

I>os  presupuestos  de  la  administración  BeiTO. 

El  primer  presupuesto  del  gobierno  de  Berro  fué  dictado  con 
destino  a  los  18  meses  cortmrendidos  desde  julio  de  1860  hasta  di- 
ciembre de  1861,  como  medio  según  ya  hemos  dicho  de  regularizar 
la  contabilidad  de  los  ejercicíbs  subsiguientes  que  habrían  de  co- 
rrer de  enero   a  diciembre. 

Los  gastos  generales  absorbían  3.299,892  pesos  que  se  distribuían 
así: 

Leg'islatura $          97,707 

Mini.sterio  de  Gobierno  y  Relaciones  Ex- 
teriores   492,236 

Ministerio  de  Guerra 942.259 

»            »    Hacienda 499,942 

Créditos  obligatorios 1.267,748 


270  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


Los  recursos  estaban  calculados  en  3.300,000  pesos,  destacándose 
la  Aduana  con  2.612,968  pesos,  los  derechos  de  corrales,  tabladas 
y  mercados  con  185,242  pesos,  y  el  papel  sellado  y  patentes  con 
270,000  pesos. 

Dentro  de  esa  misma  ley  quedaba  comprendida  la  Junta  Econó- 
mico-Administrativa de  Montevideo  con  271,266  pesos  de  gastos  y 
un  cálculo  de  recursos  por  311,621  pesos  en  que  sobresalían  la 
lotería  (162,800),  la  contribución  directa  (40,000)  y  el  impuesto 
departamental    (15,000). 

Englobadas  las  partidas  generales  y  las  del  Municipio  de  Mon- 
tevideo, subía  el  monto  de  los  gastos  a  3.571,158  pesos  y  el  de  los 
recursos  a  3.611,808,  con  un  superávit  en  consecuencia  de  40,650 
pesos. 

La  F»olicía  de  Montevideo  absorbía  165,226  pesos  y  la  compañía 
urbana  que  complementaba  sus   servicios   38,346  pesos. 

La  instrucción  pública  del  departamento  de  Montevideo  se  reali- 
zaba por  intermedio  de  13  escuelas  primarias. 

El  Ministerio  de  la  Guerra  contenía  naturalmente  las  partidas 
más  altas.  Estaba  allí  la  vieja  y  creciente  herencia  de  todas 
nuestras  guerras  civiles.  En  el  Estado  Mayor  activo  había  4  briga- 
dieres y  6  coroneles  mayores  y  en  el  Estado  Mayor  pasivo  hacían 
cabeza   los   siguientes   jefes   y   oficiales: 

21  coroneles. 

18  coroneles  graduados. 

34  tenientes    coroneles. 

7  tenientes  coroneles   graduados. 

32  sargentos    mayores. 

24  sargentos   graduados. 

86  capitanes. 

18  ayudantes  mayores. 

Las  asignaciones  del  Estado  Mayor  Pasivo  muy  retaceadas  por 
la  administración  Pereira,  absorbían  al  año  84,120  pesos  y  las  de 
las  viudas  y  menores  de  militares   102,256  pesos. 

El  ejército  de  línea  estaba  reducido  en  este  primer  presupuesto 
de  la  administración  Berro  a  524  soldados  rasos,  distribuidos  en- 
tre las  siguientes  unidades: 

Escuadrón  escolta 116 

Artillería  do  plaza 88 

Batallón  1.°  de  Cazadores 320 


GOBIEKXO     DE     RERHO  271 


La  Escuela  Militar  costaba   7,188   pesos  al   año. 

Entre  los  créditos  obligatorios,  último  rubro  del  Presupuesto, 
figuraban  estas  partidas:  160,000  pesos  para  construcción  de  depó- 
sitos de  Aduana,  172,000  con  destino  a  la  sociedad  compradora  de 
la  renta  aduanera  de  1848;  126,000  para  los  créditos  británicos; 
184,000  para  el  rescate  de  edificios  y  plazas  vendidos  por  el  gobier- 
no de  la  Defensa  de  Montevideo,  y  100,000  para  imprevistos  de 
guerra.   En   buena  paite,  como  se  ve,  legados  de  la  Guerra  Grande. 

La  Asamblea  que  se  daba  cuenta  de  la  dificultad  de  cubrir  to- 
dos los  gastos  con  las  rentas  existentes,  incorporó  a  la  ley  de 
Presupuesto  un  artículo  que  facultaba  al  Poder  Ejecutivo  para 
hacer  «reducciones  y  trasposiciones»  con  la  sola  limitación  de  no 
ultrapasar   la   suma   general    destinada   a   gastos    públicos. 

Previendo  además  situaciones  que  presentaban  como  posibles  el 
estado  de  guerra  civil  en  la  Argentina  y  la  incorporación  de  los 
emigrados  orientales  a  uno  de  los  partidos  en  lucha,  autorizó  al 
Poder  Ejecutivo  para  aumentar  la  fuerza  pública  si  fuera  necesa- 
rio, en  cuyo  caso  podría  tomar  dinero  con  garantía  de  las  rentas 
al  12   %  al  año. 

Y  poniéndose  en  el  caso  inverso  de  que  se  consolidara  la  paz 
en  el  Río  de  la  Plata  y  se  despejara  la  situación  financiera,  fa- 
cultó al  Poder  Ejecutivo  para  mejorar  las  asignaciones  de  las 
clases  pasivas  una  vez  que  el  estado  del  erario  público  lo  per- 
mitiese. 

La  Comisión  Permanente  interpeló  en  enero  de  1861  al  Poder 
Ejecutivo  para  averiguar  si  había  llegado  la  oportunidad  de  resta- 
blecer las  asignaciones  Integras  de  las  clases  pasivas,  y  contestó 
el  Ministro  que  todavía  no  lo  permitían  los  ingresos  del  erario. 
Había  pensionistas,  segú«L  las  referencias  de  los  oradores,  que  sólo 
recibían  la  mitad  o  la  cuarta  parte  de  sus  pensiones  por  efecto 
de    las    reducciones    operadas    bajo    el    gobierno    de    Pereira. 

El  doctor  Ambrosio  Velazco,  que  era  el  senador  interpelante, 
hizo  constar  en  esa  misma  sesión  que  ninguno  de  nuestros  gobier- 
nos, salvo  el  de  Giró,  se  había  mostrado  tan  severo  como  el  de 
Berro    en   el   cumplimiento   de   la  ley   de  Presupuesto. 


Don  Joaquín   Siiárez  solicita   el  pago  íntegro  de  su  pensión. 

Uno   de    los    perjudicados    por    la    reducción    de    las    pensiones    de- 
cretada bajo  el  gobierno  de  Pereira  era  don  Joaquín   Suárez  y  este 


272  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


ciudadano  se  presentó  a  la  Asamblea  en  1860  solicitando  el  pago 
integro   de   su   asignación. 

El  ex  Presidente  don  Juan  Francisco  Giró  formaba  parte  del 
Senado  en  ese  momento  y  a  él  pasó  a  estudio  la  solicitud  del 
mandatario  que  había  presidido  la  Defensa  de  Montevideo. 

l^aés  bien,  el  informe  expedido  en  tal  oportunidad  i>or  el  ex  Pre- 
sidente blanco,  da  exacta  idea  de  la  gran  obra  política  de  apro- 
ximación de  los  ciudadanos  que  se  realizaba  al  amparo  del  go- 
bierno de  Berro  y  que  habría  terminado  seguramente  con  la  for- 
mación de  partidos  de  principios,  si  la  invasión  de  Flores  no  hu- 
biera vuelto  a  ahondar  las  viejas  divisiones  y  a  recrudecer  los  anta- 
gonismos  de  otra   época. 

«Un  anciano  respetable  —  decía  el  informe  —  se  presenta  ante 
V.  H.  haciendo  presente  sus  cuarenta  años  de  servicios  a  la  pa- 
tria, gran  parte  de  ellos  en  las  guerras  por  nuestra  independencia, 
la  ruina  de  su  fortuna  reducida  hoy  a  propiedades  hipotecadas  y 
la  imposibilidad  en  que  se  halla  de  subvenir  a  sus  más  premiosas  ne- 
cesidades por  la  corta  mensualidad  que  le  pasa  el  Poder  Ejecutivo 
a  consecuencia  de  la  pensión  que  le  asignó  la  Asamblea  General, 
y  solicita  encarecidamente  que  el  Honorable  Senado  decrete  el  pago 
íntegro  de  las  mensualidades  atrasadas  desde  enero  del  corriente 
año  y  que  en  lo  sucesivo  se  continúe  pagando  dicha  pensión  ínte- 
gramente... Pero  lo  que  la  modestia  patriótica  de  ese  respetable 
anciano  le  ha  hecho  silenciar,  es  el  desprendimiento  con  que  du- 
rante la  guerra  civil  renunció  al  cuantioso  premio  que  decretó  a 
su  favor  la  Asamblea  de  Notables...  Pues  bien.  Honorable  Senado: 
ese  anciano  es  el  ciudadano  don  Joaquín  Suárez  y  el  hecho  que 
acaba  de  mencionar  la  Comisión  de  Peticiones  demuestra  que  no 
por  gracia,  sino  por  justicia  merece  el  pago  íntegro  el  soi-lcitante.J> 

Y  el  Senado  acordó  su  sanción  a  ese   dictamen. 

En  los  mismos  momentos  en  que  la  Cámara  hacía  justicia  a  los 
servicios,  relevantes  de  don  Joaquín  Suárez,  éste  se  dirigía  a  Ga- 
ribaldi  para  felicitarle  por  su  gran  campaña  a  favor  de  la  unidad 
y  de  la  libertad   de   Italia. 

«No  sería  consecuente  don  mis  sentimientos  —  le  decía  —  si 
guardase  silencio  cuando  la  Europa  entera  prorrumpe  en  vítores 
al  héroe  de  la  libertad  italiana...  La  causa  que  usted  defiende  es 
la  causa  de  todos  los  hombres  que  han  peleado  por  la  indopenúei- 
cia  de  su  patria;  es  la  causa  que  he  defendido  por  espacio  d?  cua- 
renta años  sacrificándole  mi  reposo,  mi  fortuna  y  todo  lo  más  caro 
que  tenía,  y  por  lo  tanto  no  puede  serme  indiferente...    Sus  hechos 


GOBIERNO    DE    BERBO  273 


gloriosos  y  heroicos,  sus  rasgos  magnánimos  al  frente  de  la  legión 
italiana  por  mar  y  por  tierra  en  defensa  de  las  instituciones  y  de 
la  independencia  de  la  República  Oriental,  me  daban  la  medida  de 
lo  que  es  usted  hoy  en  la  Italia,  su  patria». 

«Ha  despertado  en  mi  alma  —  contestó  Garibaldi  —  mil  recuera 
dos  que  me  han  conmovido  sumamente,  usted,  venerable  y  virtuo- 
so Presidente  de  la  República  del  Uruguay  en  una  época  de  peli- 
gros y  de  calamidades  nunca  vistas  en  otra  parte  de  la  tierra... 
Entre  sus  valerosos  conciudadanos  yo  he  aprendido  cómo  se  pe- 
lea al  enemigo,  cómo  se  sufren  los  padecimientos  y  sobre  todo  có- 
mo se  resiste  con  constancia  en  la  defensa  de  la  causa  sagrada  de 
los    pueblos». 

El  Pi-esupuesto   de    1862. 

En  su  proyectí)  de  Presupuesto  para  1862  fijaba  el  gobierno  de 
Berro  los  gastos  generales  de  la  Nación  (incluido  el  Departamen- 
to  de   Montevideo)    en   3.733,174   pesos,    distribuidos   en   estn   forma: 

Obli<j aciones  de  la  Xación $     1.358,025 

Leg-islatura 71,858 

Ministerio  de  Gobierno   y  Relaciones    Ex- 
teriores   871,971 

Ministerio  de  Guerra   .      ■. 971,920 

»            »     Hacienda 459,400 

En  el  cálculo  de  las  rentas  que  se  aproximaba  a  esa  suma,  so- 
bresalían los  derechos  de  importación  marítima  y  exporta.':'(ón  te- 
rrestre por  2.500,000  pesos,  la  exportación  marítima  por  443,000  y 
el  papel  sellado  y  las  patentes  por  286,446. 

Con  pequeñas  modificaciones  fué  sancionado  ese  Presupuesto  que 
no  estaba  exactamente  equilibradlo,  por  lo  cual  la  Asamblea  facil- 
tó  al  Poder  Ejecutivo  para  hacer  reducci'ones  y  aun  para  realizar 
operaciones  de  crédito  al  interés  máximo  del  12  %,  cion  calidad  de 
dar  cuenta  en  uno  y  otro  caso  al  Cuerpo  Legislativo.  Quedaba  a  la 
vez  autorizado  el  Poder  Ejecutivo  para  elevar  la  asignación  de  las 
clases  pasivas   proporcionalmente   al   crecimiento   de   las  rentas. 

El  ejército  de  línea  reducido  a  524  soldados  rasos  en  el  Presu- 
puesto de  1860-61,  recibió  la  incorporación  de  un  nuevo  batallón 
de  cazadores  y  de  un  escuadrón  de  caballería,  resultado  de  los  in- 
sistentes rumores   de   invasión   de  los  emigrados  que  habían  senta- 

18-V 


274  HISTORIA     DEL     ÜBUGUAY 


do   plaza   en   los   ejércitos   argentinos,   quedando   elevado   a    1,200   en 
esta   forma : 

Escuadrón-Escolta  142,  Batallón  1."  de  Cazadores  352,  Batallón 
2."  de  Cazadores  352,  Escuadrón  de  Caballería  256,  Compañía  de  Ar- 
tillería  98. 


El   Piesupuesto  de   1863. 

Al  sancionar  el  Presupuesto  de  1863  la  Asamblea  aplicó  por 
primera  vez  el  sistema  monetario  que  reemplazaba  el  peso  de  800 
centesimos  o   reís  por   el   peso   de   cien  centesimos. 

He  aquí  el  monto  de  los  gastos  votados  (no  incluido  el  Departa- 
mento de  Montevideo) : 

Cuerpo  Legislativo $        61,215 

Ministerio  de  Gobierno    y  Relaciones    Ex- 
teriores     247,558 

Ministerio  de  Guerra 864,487 

»    Hacienda 472,303 

Oblig-aciones  de  la  Nación 648,132 


Total $  2.293,695 


Los  recursos   estaban   así   calculados: 

Importación $  1.648,000 

Exportación 320,000 

Sellos  y  patentes 248,000 

Timbres 10,640 

Correos 41,301 

Herencias  transversales 6,400 

Montepío 15,664 

Arrendamiento  de  tierras 21,730 

$  2.311,735 

La  magistratura   judicial   costaba    60,000   pesos. 

La  Academia  de  Jurisprudencia  absorbía  144  pesos  al  año;  la 
escuela  nacional  de  profesores  2,304;  la  Universidad  12,200, 
con  destino  a  un  catedrático  de  derecho  civil  y  de  gentes,   un  cate- 


GOBIERNO    ÜE    BERRO 


drático  de  economía  política,  derecho  constitucional  y  derecho  ad. 
ministrativo,  un  catedrático  de  derecho  canónico  y  9  catedráticos 
de  preparatorios  para  la  enseñanza  de  la  filosofía,  matemáticas, 
latinidad,   química,   francés,   inglés,   geografía   general,   derecho   mer- 

iit.l,   teneduría  de  libros  y  dibujo. 

La   Escuela    Militar    estaba   presupuestada   en    5,4?8    pesos   al    año. 

En  el  Estado  Mayor  activo  figuraban  2  brigadieres  generales  y 
5  coroneles  mayores.  En  el  Estado  Mayor  pasivo  revistaban  18  co- 
roneles efectivos,  15  coroneles  graduados,  32  teniei.tes  coroneles 
efectivos,  9  graduados,  34  sargentos  mayores,  26  graduados,  tí4 
capitanes,  16  ayudantes  mayores,  41  tenientes  l.o,  18  tenientes  2.0 
y  43  alféreces.  Lejos  de  denotar  aumento  denunciaban  baja  estos 
guarismos  con   relación   al   Presupuesto   de   1860-61. 

El  ejército  de  línea,  compuesto  del  Regimiento-Escolta  (320  pla- 
zas), del  Batallón  1.°  de  Cazadores  (352),  del  Batallón  2."  de  Ca- 
zadores (352),  del  Regimiento  1.°  de  Caballería  (256)  y  del  Es- 
cuadrón de  Artillería  (186),  llegaba  a  1,466  plazas.  Era  uno  de 
los  rubros  inflados  por  los  rumores  cada  vez  más  intensos  de 
invasión  armada  de  los  emigrados  que  guerreaban  en  la  Argen- 
tina y  que  en  cualquier  momento  podían  vadear  el  Uruguay. 

Incluyendo  todos  los  demás  militares  en  actividad  dentro  del 
ejército  o  en  los  demás  servicios  administrativos,  llegaba  «La  Re 
forma  Pacífica»    a   las   siguientes    cifras- 


Ministro  de  la  Guerra 
Brigadieres  generales 
Generales  .... 
Coroneles  .... 
»  graduados 

Tenientes  coroneles. 

»  graduados 
Sargentos  mayores  . 

»  graduados 
Cirujanos  .... 
Capellán    .... 


1 
4 

8 

2»s 
21 
54 
9 
59 
27 


219  jefes 


Capitanes 129 

Ayudantes  mayores    ...  57 

Capitanes  graduados  ...  3 

Tenientes  1."     ....     .  78 


Tenientes  2° 44 

Alféreces 51 

Portas 41 

403  oficíales 

Sargentos  1."  y  2."     .     .     .        232 
Cabos  1.°  y  2." 175 

407   clases 

Maestros  de  música    ...  3 

Músicos 150 

Clarines,  cornetas  y   tambo- 
res     175 

328   músicos 
Soldados  rasos 1,347 


276  HISTORIA    DEL    UBUGLAT 


Alrededor  de  dos  mil  setecientas  plazas  que  exigían  máo  de  im 
millón  de  pesos  al  año. 

La  plana  mayor  de  la  Guardia  Nacional  absorbía  121,907  pesos, 
correspondiendo  87,024  a  los  departamentos  de  campaña  y  34,883  a 
la   Capital. 

Entre  las  obligaciones  de  la  Nación  destacábanse  el  servicio  ;le 
la  deuda  fundada  por  320,000  pesos,  el  servicio  de  la  deuda  interna 
por  98,400  pesos,  los  acreedores  de  1848  por  64,000  peses  y  lOs  cré- 
ditos  británicos  por  72,000   pesos. 

¡La  ley  autorizaba  al  Poder  Ejecutivo  en  caso  de  insuficiencia  de 
las  rentas  para  tomar  dinero  a  tipo  no  mayor  del  1  %  mensual, 
y  en  caso  de  excedentes  para  mejorar  las  asignaciones  de  las  cla- 
ses  pasivas. 

En  abril  de  1863  se  presentaron  a  la  Asamblea  varios  jefes  y 
oficiales  solicitando  el  pago  íntegro  de  sus  asignaciones  y  para 
demostrar  lo  angustioso  de  su  situación  invocaban  el  caso  de  un 
coronel  del  Estado  Mayor  pasivo  a  quien  en  vez  de  abonarse  110 
pesos,  que  era  su  medio  sueldo,  se  le  abonaban  5o  pesos,  es  decir  la 
mitad  de  ese  medio  sueldo. 

Pocos  días  después  el  gobierno  de  Berro  decretaba  un  aumento 
del  25  %  a  favor  de  los  militares  del  Estado  Mayor  pasivo,  <le 
los  pensionistas  y  de  los  jubilados,  y  ese  decreto,  promulgado  cuando 
la  invasión  acababa  de  consumarse,  hacía  decir  al  doctor  José  Pe- 
dro Ramírez  redactor  de  «El  Siglo»  en  un  artículo  sobre  «Morali- 
dad  administrativa» : 

«Es  sin  disputa  una  de  las  fases  del  gobierno  del  señor  Berro 
que  merece  elogio.  Esa  moralidad  ha  sobrevivido  a  todos  los  vai- 
venes y  a  todos  los  cambios  y  vacilaciones  de  su  política». 

Y  no  se  trataba  ciertamente  de  un  aumento  nominal  seguido  de 
atrasos  efectivos  en  los  pagos.  En  julio  del  mismo  año,  cuando 
la  guerra  arreciaba  por  efecto  de  la  colaboración  argentina,  ha- 
cía constar  otro  de  los  diarios  que  la  planilla  de  las  viudas  de 
militares  seguíase  pagando  con   religiosa  puntualidad. 

El  Presupuesto  dictado  el  año  do  la  guerra. 

El  Presupuesto  que  acabamlos  de  extractar  era  el  destinado  al 
último  afio  de  la  administración  Berro.  Pero  ofrece  positivo  in- 
terés el  examen  del  de  1864,  sancionado  durante  la  misma  admi- 
nistración  cuando   la   guerra   de   Flores   había   ya   convulsionado   al 


GOBIERNO     DE    BERRO 


país    entero,    porque    ese    Presupuesto    demuestra    que    el    Presidente 
Berro  supo  mantenerse  dentro  de  las   normas  fundamentales   de  su 
programa    administrativo,    resistiendo    a    la    enorme    presión    de    las 
circunstancias    que    empujaban    al    desborde. 
Los  gastos   quedaron    así   distribuidos: 

Ministerio  de  Gobierno $         266,080 

»            »  Relacioiie><   Exteriores    .      .  43,061 

»            »  Guerra 947,5-38 

»            *  Hacienda 1.243,909 

En  conjunto  2.500,000  pesos,  lo  que  significaba  un  aumento  r^e 
200,000  pesos  sobre  el  Presupuesto  de  1863.  correspondiendo  la  ter- 
cera parte  de  esa  modesta  diferencia  a  las  planillas  del  Ministerio 
de  la  Guerra. 

Xo  puede  darse  una  prueba  más  concluyente  del  espíritu  de 
economía   y  de   severa   administración   de   la   época. 

Los  recursos  calculados  en  2.625,000  pesos,  distribuíanse  en  la 
forma   que  subsigue:  ' 

Aduanas $     1.800.000 

60,000 

Ramos  afectado.s  a  la  den  la  fundada       .  .370,000 

Sellos  y  patentes 300.000 

Timbres    .    ^ .  12,000 

Correos      .    ' 44.000 

Herencias  transversales 2,400 

Montepío  civil 11.400 

ídem  militar 5,700 

Arrendamiento  de  tierras 20.000 

Era  un  Presupuesto  equilibrado,  con  un  ligero  superávit  desti- 
nado a  cubrir  mermas  posibles  en  la  recaudación  de  algunos  de 
los   impuestos. 

La  planilla  universitaria  recibió  la  incorporación  de  dos  nuevas 
cátedras,  la  de  Física  y   la    de  Anatomía. 

En  las  distintas  planillas  del  Ministerio  de  la  Guerra,  exceptua- 
das las  de  la  Guardia  Nacional,  figuraban  los  siguientes  jefes  y 
oficiales,  clases  y  soldados: 


278  HISTORIA    DEL    URUGUAT 


Generales 12 

Coroneles  efectivos  y  graduados 46 

Tenientes  coroneles  efectivos  y  graduados          .  51 

Sargentos  mayores 85 

Demás  oficiales 445 

Cabos,  sargentos,  soldados  y  músicos.      .      .      .  2,179 

La  plana  mayor  de  la  Guardia  Nacional  de  Montevideo  estaba 
compuesta  de  4  tenientes  coroneles  y  12  oficiales,  y  la  de  campaña 
de  6  coroneles,  6  tenientes  coroneles  y  24  oficiales. 

El  ejército  de  línea  estaba  constituido  por  el  Regimiento-Escolta 
3  batallones  de  cazadores,  un  regimiento  de  caballería  y  un  escua- 
drón de  artillería.  En  conjunto  1,532  soldados  rasos,  que  agregados 
a  los  sargentos,  cabos  y  músicos  de  cada  unidad  y  a  los  soldados 
y  clases  destribuídos  en  otras  dependencias  del  Ministerio  de  la 
Guerra,  daban  la  cifra  de  2,179  del  resumen  que  antecede. 

En  las  planillas  del  Ministerio  de  Hacienda  figuraban  bajo  el 
rubro  Obligaciones  de  la  Nación  el  servicio  de  la  deuda  fundada 
por  370,000  pesos,  el  de  la  deuda  franco-inglesa  por  192,000, 
e!    de    la   deuda    interna    por    82,000    y    otros    de    menor    cuantía. 

Repetía  esta  nueva  ley  la  autorización  y^a  concedida  al  Poder 
Ejecutivo  para  tomar  dinero  a  interés  a  tipo  no  mayor  del  12  % 
anual  y  asimismo  para  mejorar  la  asignación  de  las  clases  pasivas 
en  el  caso  de  resultar  superávit  en  el  producto  de  las  rentas.  La 
fórmula  proyectada  por  la  Cámara  de  Senadores  autorizaba  al  Po- 
der Ejecutivo  para  tomar  a  interés  toda  la  suma  que  requiriese  el 
servicio  público  ordinario  y  extraordinario  y  la 'votada  por  la  Cá- 
mara de  Diputados  en  ley  independiente  facultaba  al  mismo  Po- 
der mientras  durase  el  estado  de  guerra  para  contraer  empréstitos 
con  garantía  de  las  rentas  y  propiedades  públicas,  bajo  obligación 
de  dar  cuenta  de  lo  que  hiciera  a  la  Asamblea  General. 

Ocupáronse  también  las  Cámaras  de  la  situación  de  las  fami- 
lias de  los  guardias  nacionales  que  formaban  parte  integrante  del 
ejército,  estableciendo  mediante  la  ley  de  1863  que  las  viudas,  ma- 
dres e  hijos  Se  los  jefes,  oficiales  y  soldados  que  cayesen  en  los 
campos  de  batalla,  tendrían  opción  a  las  pensiones  acordadas  a  los 
militares  por  la  ley  de  1835. 

Era  una  excepción  al  plan  de  severas  economías  que  se  había  tra- 
zado el  Senado  desde  el  año  1860,  en  que  invocando 'la  situación 
de  la  hacienda  pública  rechazó  un  proyecto  de  pensiones  civiles 
sancionado   por   la   Cámara   de   Diputados,   según   el   cual    las   viudas 


GOBIERNO     DE     BERRO  279 


de  los  jubilados  gozarían  de  la  mitad  de  las  jubilaciones  y  las  viu- 
das de  los  empleados  de  una  pensión  del  90  %  del  último  sueldo 
tratándose  de  40  años  de  servicios,  del  68  tratándose  de  30  años 
y  así  en  escala  descendente,  hasta  el  20  %  tratándose  de  10  años 
de  servicios. 

I>fs(«  ntralizarión     <1<'     rrntas.     Iji;s    i)r«'siipii'.'st(js     (lí-pai-taiufiitales 
(Ir    1862. 

Los  departamentos  de  campaña  tenían  su  presupuesto  propio,  y 
la  ejecución  de  ese  presupuesto  corría  paralelamente  a  la  del  Pre- 
supuesto General  de  Gastos. 

El  de  1S62  fijaba  el  monto  de  los  gastos  de  las  .Jefaturas  de  Po- 
licía, Juntas  Económico-Administrativas  y  Administración  de 
Justicia  de  todos  los  departamentos,  exceptuado  el  de  Montevideo 
que  figuraba  en  la  ley  de  Presupueslío  General,  en  727,780  pesos  y 
destinaba  para  su  pago  la  contribución  directa,  los  corrales  de 
abasto  y  los  ramos  policiales,  bajo  la  i^oble  advertencia  de  que  los 
sobrantes  deberían  aplacarse  a  mejoras  materiales  de  los  mismos 
departamentos  en  que  se  produjeran,  previa  autorización  del  Po- 
der Ejecutivo,  y  de  que  en  caso  de  déficit  el  mismo  Poder  podría 
hacer  reducciones  en  las  planillas  y  suministrar  una  ayuda  hasta 
de  600  pesos  mensuales  por  departamento. 

Cada  departamento  tenía  para  atender  el  servicio  de  seguridad, 
según  su  grado  de  extensión  y  de  recursos,  de  8  a  10  comisarios, 
de  8  a  10  sargentos  y  de  60  a  70  celadores,  aparte  de  una  compañía 
urbana    de    44    a    100    plazas. 

Haciendo  uso  de  la  facultad  de  reducir  los  servicios  departamen- 
tales en  caso  de  insuficiencia  de  los  recursos  votados,  el  Gol '3rno 
suprimió  a  mediados  de  1862  las  compañías  urbanas  de  varios 
departamentos  y  redujo  fuertemente  el  númej^D  de  sus  elementos 
en  otros.  Sólo  dejó  en  pie  las  compañías  urbanas  de  Montevideo, 
Salto    y    Paysandá*-^ 

Véase  cómo  juzgaba  el  Presidente  Berro  en  su  mensaje  de  aper- 
tura de  las  sesiones  ordinarias  de  la  Asamblea  en  febrero  de  1861 
'os    resultados    del    primer    año    de    descentralización    de    rentas: 

«Las  rentas  departamentales,  localizadas  primeramente  por  me- 
ílidas  administrativas  y  más  tarde  por  la  ley  de  julio  último,  han 
crecido  a  la  par  de  las  que  se  han  destinado  para  gastos  genera- 
les   y    su    recaudación    notablemente    simplificada    y    entregada    es- 


280  HISTORIA    DEL    UBDGDAT 


pecialmente  a  la  responsabilidad  de  los  Jefes  Políticos,  ha  dado 
ya  resultados  que  en  varios  departamentos  exceden  a  lo  que  se 
había  esperado.  Débese  no  sólo  a  ios  métodos  fáciles  y  sencillos 
de  percepción,  sino  muy  principalmente  al  buen  espíritu  de  ios 
contribuyentes  y  a  la  probidad  y  empeño  de  aciiiellos  agfntes  del 
Poder  Ejecutivo.  Reducidas  esas  rentas  desde  el  1."  de  enero  a  un 
ramo  solo — la  contribución  directa — calculada  sobre  el  principio 
de  la  disminución  de  impuestos  con  relación  a  los  que  existían  en 
los  años  anteriores,  no  puedo  lisonjearme  aún  de  que  en  todos  los 
departamentos  sin  excepción  alcance  la  renta  para  subvenir  a  sus 
necesidades.  En  unos  excede  ya  el  rendimiento  del  impuesto,, 
mientras  que  en  otros  no  alcanza  todavía  teniendo  la  renta  general 
que  suplir  el  déficit.  Naciendo  esto  únicamente  de  causas  acciden- 
tales y  transitorias,  que  han  de  ir  desapareciendo  año  por  año,, 
nada  prueba  contra  el  sistema  de  separación  y  localización  de  pre- 
supuestos, que  en  la  práctica  se  ve  ha  llenado  bien  los  objetos  que 
se  tuvieron  en  vista  al  adoptarlo.  La  le>'  de  20  de  julio  citada  debe 
mantenerse  a  mi  juicio,  con  pequeñas  modificaciones  que  la  expe- 
riencia aconseja  y  que  se  os  propondrán  oportunamente  en  el 
proyecto    respectivo». 

«La  institución  municipal — agregaba — necesaria  en  todas  partes 
para  el  cuidado  de  los  intereses  locales,  lo  es  más  en  las  repúblicas, 
donde  forman  la  gran  escuela  práctica  del  pueblo  y  donde  por  su 
medio  adquiere  éste  los  hábitos,  el  espíritu  y  la  disposición  propia 
para  la  vida  republicana.  La  Constitución  ha  establecida  lo  con- 
veniente para  el  gobierno  general  de  la  Nación  y  para  el  parti- 
cular de  los  departamentos.  Nada  ha  proveíd'j  respecto  al  régi- 
men de  los  municipios  o  administración  de  las  localidades,  dejando 
al  arbitrio  de  las  Legislaturas  que  viniesen  después,  como  lo  hizo 
respecto  a  otras  cosas  im^rfirtantes,  la  determinación  del  modo  y 
forma  de  organizar  esa  institución  natural.  Considero  que  no  debe 
diferirse  más  la  satisfacción  de  una  necesidad  tan  grande  y  gene- 
ralmente reconocida  y  en  tal  virtud  me  he  decidido  a  formular  un 
proyecto    de   ley   que   someteré    después     a    vuestra     consideración.» 

El  Ministro  de  Gobierno  doctor  Acevedo  complementaba  así, 
en  su  Memoria  <Je  1860,  los  elementos  para  juzgar  de  la  eficacia  del 
nuevo  régimen: 

El  Departamento  de  San  .losé,  «no  sólo  ha  cubierto  todas  sus 
necesidades  en  el  año  último,  sino  que  tiene  un  sobrante  (6,139 
pesos  al  finalizar  el  año  1860)  que  ha  sido  autorizado  para  invertir 
en    mejoras   materiales   de   necesidad    urgente». 


GOBIERNO    DE    BEKKO  281 


El  de  Florida  «ha  podido  también  bastarse  a  sí  mismo,  pagando 
con  sus  propios  recursos  todos  los  gastos  de  la  administración 
departamental». 

El  de  Colonia  «es  uno  de  los  pocos  departamentos  a  quienes  ha 
sido    necesario    auxiliar,  mensualmente». 

El  de  Soriano,  luego  de  cubiertos  todos  los  gastos  de  su  admi- 
nistración departamental,  ha  quedado  con  un  sobrante  de  4,693  pe- 
sos que  se  ha   destinado   a   mejoras   materiales  indispensables. 

El  de  Durazno  tenía  al  finalizar  el  año  una  existencia  de  9,'ílí* 
pesos  con  destino   a  mejoras  materiales 

Paysandú  se  enriquece  cada  día  más.  Luego  de  cubierto  su  pre- 
supuesto ha  invertido  sumas  de  consideración  en  mejoras  materia- 
les, quedándole  todavía  al  finalizar  el  año  un  sobrante  de  in.l."i9 
pesos. 

El  Salto  cuya  importancia  comercial  crece  de  una  manera  asom- 
brosa para  los  que  no  conocen  todo  lo  que  puede  hacerse  en  estos 
países  con  un  orden  regular,  ha  quedado  después  de  ■  satisfechc.í 
todos  sus  gastos  ordinarios  con  un  sobrante  de  26,630  pesos. 

Tacuarembó  ha  luchado  con  graves  dificultades  pecuniarias  en  el 
año  que  acaba  de  terminar.  Fué  indispensable  señalarle  una  men- 
sualidad de  600  pesos.  Pero  el  Jefe  Político  pidió  y  obtuvo  la  sus- 
pensión  del   auxilio  desde   enero  de   1861. 

El  Departamento  de  Cerro  Largo  arroja  un  sobrante  de  8,181  p"- 
sos.  Pero  como  los  empleados  de  su  dependencia  han  estado  a  medio 
sueldo  durante  el  año,  habrá  que  completar  los  pagos  antes  de  se- 
ñalar  el   saldo   efectivo. 

Minas  y  Maldonado  siguen  recibiendo  la  mensualidad,  porque 
sus   entradas   no   alcanzan   para   cubrir   los   gastos. 

«Puede  decirse  —  concluía  su  relación  el  Ministro  —  con  entera 
confianza  que  la  nueva  organización  importa  un  progreso  y  que 
los  resultados  que  ha  de  dar  en  lo  sucesivo  han  de  ser  inmensa 
trascendencia». 


Ijos  presupuesto  departamentales  de  1863. 

Pei'o  donde  más  exactamente  puede  apreciarse  la  organización 
dada  a  los  departamentos  por  el  gobierno  de  Berro,  es  en  el  Presu- 
puesto   sancionado   a   mediados   de    1862   con    destino    al    año   1863. 

La  ley  departamental  de  ese  año  incluía  a  Montevideo  que  en 
€i   año  anterior  estaba  adscripto   al   Presupuesto  General   de  Gastos. 


Í&2  HISTORIA    DEL    UBUGUAT 


La  Junta  Económico-Administrativa  de  Montevideo  tenía  a  su 
cargo  el  Hospital  de  Caridad,  el  Asilo  de  Mendigos  y  el  Asilo  de 
Expósitos;  el  servicio  policial  atendido  por  15  comisarías,  com- 
puesta  cada  una  de  un  comisario,  un  sargentjo,  un  cabo  y  14  cela, 
dores,  exceptuando  la  del  Cerro  que  tenía  30  celadores,  y  una  com- 
pañía urbana  de  125  soldados;  la  enseñanza  primaria  atendida  por 
3  maestros,  que  trabajaban  en  el  Instituto  de  Instrucción  Pública, 
y  20  escuelas  con  20  maestros  y  1:5  ayudantes;  el  Cuerpo  de  Sere- 
nos;   el   Juzgado   Ordinario. 

El  servicio  de  caridad  absorbía  115,907  pesos.  La  Instrucción 
Pública,  comprendidos  el  Instituto,  las  escuelas,  los  alquileres  y 
gastos  de  enseñanza,  21,006  pesos.  El  Cuerpo  de  Serenos  36,000  pe- 
sos. La  planilla  de  obras  públicas  con  destino  a  empedrados,  te- 
rraplenes   y    24    camineros    32,000    pesos. 

Total   del   presupuesto   de   Montevideb:    420,538   pepos. 

Vamos  a  extractar  ahora  del  presupuesto  cíe  los  departamentos 
las  planillas  más  importantes  (policía  o  instrucción  pública)  co- 
mo medio  de  apreciar  la  carga  de  los  respectivos  vecindarios: 

Canelones:  Policía,  22,432  r^esos  con  destino  a  10  comisarios,  10 
sargentos  y  80  celadores.  Instrucción  Pública,  8,899  pesos  con  des- 
tino a  10  escuelas,  con  10  maestras  y   4   ayudantes. 

San  José:  Policía,  22,768  pesos  con  destino  a  8  comisarios,  4  sub- 
comisarios,  4  sargentos  y  80  celadores.  Instrucción  Pública,  10,307 
pesos    para   10   escuelas. 

Florida:  Policía,  21,155  pesos  con  destino  a  8  coonisarios,  9  sar- 
gentos y  80  celadores.  Instrucción  Pública,  4,704  pesos  con  destino 
a  4  escuelas. 

Durazn^o:  Policía,  20,496  pesos  con  destino  a  7  comisarios,  7  sar- 
gentos y  80  celadores.  Instrucción  Pública,  4,128  pesos  con  destino 
a   4   escuelas. 

Colonia:  Policía,  16,128  pesos  con  destino  a  6  comisarios,  6 
sargpntos  y  50  celadores.  Compañía  urbana  de  30  plazas,  6,854  pe- 
sos.   Instrucción   Pública,   10,352   pesos   para   8   escuelas. 

Soriano:  Policía,  18,034  pesos  con  destino  a  8  comisarios,  8  sar- 
gentos, 50  celadores.  Compañía  urbana  de  30  plazas,  6,854  pesos.  Ins- 
trucción  Pública,      13,024  pesos  para   6    escuelas. 

Paysandú:  Policía,  24,435  pesos  para  10  comisarios,  10  sargentos 
y  84  celadores.  Compañía  urbana  de  80  plazas,  18,937  pesos.  Instruc- 
ción Pública,  5,385  pesos  para  4  escuelas  ubicadas  dos  de  ellas  en 
Paysandú  y  otras  dos   en  Fray  Bentos. 


GOBXEBNO     DE     BEBBO  283 


Salto:  Policía,  ;^,U,192  pes'os  para  lU  comisarios,  12  sargentos  y 
100  celadores.  Compañía  urbana  de  80  plazas,  22,652  pesos.  Instruc- 
ción Pública,  14,844  pesos  con  destino  a  10  escuelas,  dos  de  ellas 
en  el  Salto  y  el  resto  en  lo.s  demás  pueblos. 

Tacuarembó:  Policía,  28,204  pesos  para  15  comisarios,  15  sargentos 
y  89  celadores.  Compañía  urbana  de  30  plazas  6,854  pesos.  Instruc. 
ción   Pública,   3,974   pesos. 

Ceno  Largo:  Policía,  27,368  peses  para  12  comisarios,  13  sargen- 
tos y  100  celadores.  Compañía  urbana  de  30  plazas,  6,854  pesos.  Ins- 
trucción  Pública,   14,736  pesos  con   destino   a  8  escuelas. 

baldonado:  Policía,  24,608  pesos  para  10  comisarios,  10  sargentos 
y  100  celadores.   Instrucción    Pública,  5,616  pesos  para  6  escuelas. 

Minas:  Policía,  24,534  pesos  para  9  comisarios,  9  sargentos  y 
100   celadores.   Instrucción  Pública,   2,400  pesos. 

Para  el  pago  de  los  presupuestos  departamentales  quedaban  afec- 
tadas las  siguientes  rentas:  contribución  directa,  corrales,  merca- 
dos, pasaportes,  registro  de  ventas,  loterías,  patentes  de  rodados, 
faro  de  la  Colonia,  Serenos,  ramos  policiales,  peajes  y  cementerios. 
Los  excedentes  de  las  rentas  serían  aplicados  por  los  Jefes  Polí- 
ticos y  Juntas  Económico-Administrativas  previa  autorización  del 
Poder  Ejecutivo  en  mejoras  de  los  mismos  departamentos  en  que  se 
produjeran.  En  caso  de  déficit  el  Poder  Ejecutivo  podría  reducir 
los  presupuestos  y  también  conceder  auxilios  pecuniarios  hasta  la 
cantidad  de  2,000  pesos  mensuales  tratándose  de  la  Capital  y  de 
600  tratándose  de  los  demás  departamentos. 

El  producto  de  las  rciitíis  depai-tamentalos.  Los  sobrantes  de  1861. 

Durante  el  ejercicio  de  18  meses  comprendido  de  julio  de  1869 
a  diciembre  de  1861,  los  12  departamentos  en  que  entonces  se  dis- 
tribuía la  campaña  tuvieron  903,433  pesos  de  ingresos  y  800,571 
de  egresos,  resultando  en  consecuencia  un  saldo  sobrante  de  102,862 
pesos. 

He  aquí  las  cifras  por  departamentos  suprimidas  las  columnas 
de   centesimos: 


284 


HISTORIA     DEL    URUGUAY 


Producto 
de  las  rentas 


Monto 
invertido 


Saldos 
que  pasan  a  1862 


Canelones    . 
San  José 
Florida   . 
Durazno 
Cerro  Largo 
Colonia  . 
Soriano  . 
Paysandú 
Salto. 

Tacuarembó 
Minas 
Maldonado  . 


43,349 

6-2,551 

55,992 

56,208 

107,800 

56,534 

74,260 

124,304 

167,499 

78,299 

49,600 

27,031 


42,881 
58,197 
55,637 
42,992 
92,483 
51,292 
68,766 
13,191 
2j,368 
76,597 
49,169 
26,994 


468 

4,354 

355 

13.216 

15,317 

5,242 

5,494 

11,112 

45,131 

1 ,702 

430 

36 


Véase  cuáles   eran   las   fuentes  productoras  de  esas   rentas: 


Existencia  en  junio  de 
1860 

Derechos  de  abasto 

Guias  y  tornaguías 

Registro  de  escrituras 

Ramos  policiales 

Impuesto  departamen 
tal  V 

ídem  Ídem 

Contribución  Directa 

Cementerios  . 

Pasaportes     . 

Peajes 

Tesorería  General  . 

Montepío  .... 

Devoluciones 


13,027 

72,916 

7,018 

4,577 

38,053 

115,928 
3,423 

461,967 
1,448 
3,610 
5,494 
35,483 
1,480 
1,741 


Empréstitos     . 

Descuentos 

Ciientas  corrientes 

Intereses    . 

Donaciones 

Mullas  .... 

Suplementos   . 

Derecho  de  fábricas 

Derechos  municipales 
»       de  muelles 
»         »    faro  . 

Receptorías   (para 
cárceles) 

Solares  y  chacras 

Ganancias  y  pérdida 


Los  gastos  clasificábanse   así: 


Presupuesto  de  Policía 

»  compañía 

urbana  

Juntas  Económico- Ad- 
ministrativas . 

Escuelas  ..... 

Juzgado  Ordinario  . 

Manutención  de  las 
compañías  urbanas  . 

Obras  públicas  . 


17,673 

4,687 

70,445 

4,749 

658 

6,638 

20 

955> 

4,331 

13,284 

4,427 

5,502 

3,825 

5^ 


$  378.377     Recaudadores       .      .     S      13,197 

Empréstitos     .      .      .  27,307 

104,599     Cuentas  corrientes   .  65.350 

Alumbrado  público  .  132 

17,365     Eventuales  827 

54,054     Derecho  de  Tuuelles.  1,921 

7,780    Derechos  municipales  2,274 

Anticipos  ....  112 

83,224     Devoluciones  .      .      .  4,046 

39,741      Intereses    ....  29S 


GOBIEKNO    OE    RERKO  2bÓ 


Las  Juntas  y  Jefaturas  rendían  mensualmente  sus  cuentas  a  la 
Contaduría  General  y  ésta,  luego  de  un  prolijo  estudio  de  los  ante- 
cedentes de  cada  rubro  de  egresos,  elevaba  el  expediente  al  Minis- 
terio de  Hacienda  para  la  publicación  inmediata  con  las  resolucio. 
nes  a  que  hubiere  lugar.  En  1861  empezó  a  retardarse  el  envío  de 
las  cuentas  y  entonces  el  Gobierno  dictó  un  decreto  que  autorizaba 
a  la  Contaduría  «para  exigir  enérgica  y  directamente  a  cualquier 
oficina  o  empleado  la  presentación  documentada  de  las  cuentas». 
Prescribía  el  mismo  decreto  que  las  Jefaturas  y  Juntas  deberían 
rendir  cuentas  en  la  Capital  dentro  de  los  primeros  ocho  días  del 
mes  y  en  la  campaña  dentro  de  los  primeros  veinte  días  «sin  ad- 
mitirse disculpas  sino  en  virtud  de  causas  muy  excepcionales  y 
justificadas,    publicándose    las    causas». 

Por  regla  general  demostraban  los  balances  mensuales  que  las 
planillas  de  sueldos  y  gastos  de  la  Municipalidad,  de  la  instrucción 
pública  y  de  la  policía,  estaban  al  día,  que  a  nadie  se  adeudaba 
nada  y  que  había  sobrantes  en  Caja  para  atender  mejoras  locales. 
Y  el  Gobierno  hacía  destacar  en  casos  notables  al  departamento 
que  podía  servil*  de  ejemplo.  A  fines  de  1860  el  Jefe  Político  del 
Salto  don  Dionisio  Trillo  comunicó  que  en  la  caja  departamental 
había  un  excedente  de  51,000  pesos.  «Contéstese  —  puso  al  pie  de 
la  nota  el  Ministro  de  Hacienda  —  que  el  Gobierno  se  congratula 
del  estado  satisfactorio  en  que  se  halla  la  hacienda  del  departa- 
mento del  Salto,  cuyo  resultado  se  debe  en  gran  parte  a  la  excelen- 
te disposición  y  moralidad  de  los  contribuyentes,  al  celo  de  su 
autoridad  y  a  la  integridad  y  pureza  con  que  dicha  hacienda  se 
administra». 

La  Junta  Económico-Administrativa  de  Montevideo  adminis- 
traba también  sus  rentas  propias,  a  las  que  fueron  incorporadas  en 
1860  la  contribución  directa,  el  derecho  de  corrales,  el  derecho  le 
dos  de  los  tres  mercados  que  funcionaban  y  la  patente  de  rodados. 
Pero  sus  planillas  recién  en  1863  fueron  segregadas  del  Presu- 
puesto Generarle  Gastos  de  la  Nación. 

La  Memoria  de  Hacienda  correspondiente  al  año  1861  asignaba 
a  la  mencionada  Junta  Económico-Administrativa  un  ingreso  de 
669,783  pesos,  en  el  que  sobresalían  el  derecho  de  corrales  y  abas- 
to por  103,780,  la  lotería  por  190,750  y  la  contribución  directa  por 
70,533   pesos. 

De  la  estrictez  del  contralor  da  idea  un  decreto  de  mediados  de 
1860  que  encomendaba  a  los  Jefes  Políticos  la  recaudación  del  im- 
puesto departamental,  con  cargo  de  entregar  su   importe  a  las  Jun- 


286 


HISTORIA    DEL    UBUGUAT 


tas  Económico-Administrativas,  bajo  la  condición  expresa  de  que 
no  podría  realizarse  pago  alguno  sin  orden  escrita  del  Jefe  Polí- 
tico,   intervenida   por  el   Presidente   de   la  Junta. 

Prosiguen   los   sobrantes   en    1862. 

'No  hemos  encontrado  los  estados  generales  de  la  administración 
departamental  correspondientes  a  1862.  Pero  como  la  prensa  publi- 
caba con  frecuencia  los  balances  mensuales  de  ingresos  y  egresos, 
vamos  a  reproducir,  tomándolo  al  azar,  el  resumen  de  los  saldos^ 
publicados  en  el  mes  de  setiembre: 


Tacuarembó,  mayo 
Colonia,  junio    . 
Maldonado,  marzo  . 
Minas,  mayo 
Soriano,  junio    . 


13,903  Durazno,  junio    . 

8,889  Cerro  Lar^^o,  junio 

13,076  Florida,  junio 

6,485  Paysandú,  junio  . 

4,299  Maldonado,  junio 


20,55^ 

10,495 

36» 

5,303 

8,297 


La  Junta  Económico-Administrativa  de  Montevideo  recibió  en 
1862  1^  cantidad  de  381,860  pesos  que  agregada  al  saldo  de  87,161 
del  año  1861,  destinado  a  construcción  de  corrales  de  abasto  y 
otras  mejoras,  dalia  un  monto  disponible  de  469,021  pesos. 

Gastó  370,281  pesos  por  los  siguientes  conceptos,  entre  otros  de 
menor  cuantía: 


Hospital  de  Caridad    . 

$ 

131,222 

Limpieza    . 

Construcción  de  Corra- 

Obras públicas    . 

les  de  abasto. 

53,128 

Empedrado 

Obras  del  Cementerio. 

36,866 

Asilo  de  Mendigos 

Instrucción  Pública     . 

31,817 

26,648 
26,046 
23,353 
11,217 


Y  le   quedó   un   sobrante   de 
obligaciones  y  contratos. 


?,740   pesos    con    destino   a    diversas- 


Ni  aun  durante  la  gueiTa  desaparecieron  los  .*aldos  favorables. 

Ofrecen  mayor  interés  los  balances  de  1863,  el  año  de  guerra. 
Ni  la  invasión  de  Plores  con  la  formidable  cooperación  de  la  Ar- 
gentina,  ni  la  conflagración  general  de  la  campan  i  con  sus  pastos 


GOBIERNO     DE     BERRO  287 


extraordinarios  y  su  inevitable  merma  rentística,  pudieron  des- 
truir o  rebajar  de  pronto  los  hábitos  de  orden  y  de  severa  econo- 
mía implantados  desde  los  comienzos  del  gobierno  de  Berro 

Vamos  a  extractar,  eligiéndolos  también  al  azar,  a\^unos  de  los 
balances  de  la  víspera  de  la  guerra  y  del  período  de  guerra: 

San  José:  En  enero  el  sobrante  en  caja  era  de  10,747  pesos,  en 
junio    de  23,333  y   en  diciembre  de   12,69fJ. 

Paysandú:  En  febrero  el  sobrante  era  de  582  pesos  y  en  diciem- 
bre de   2,555. 

Maldonado:  En  marzo  el  sobrante  era  de  12,615,  en  junio  de 
6,964  y  en  diciembre  de  1,755  pesos. 

Cerro  Largo:  En  enero  el  saldo  era  de  7,901  pesos,  en  octubre 
de  2,150   y   en   diciembre   de   2,031   pesos. 

Soriano:  En  febrero  el  saldo  era  de  2,515,  en  octubre  de  2,582 
pesos   y   en   diciembre   de   1,079    pesos. 

Florida:  En  enero  el  sobrante  era  de  330  pesos,  en  julio  de  2,820 
y  en  octubre  de  408  pesos,  figurando  entre  los  ingresos  algunas 
cantidades  anticipadas  de  su  peculio  por  el  Jefe  Político  don  Car- 
melo  Barceló    con    destino    a   gastos  ^extraordinarios    de   guerra. 

Durazno:  En  febrero  el  sobrante  era  de  5,097  pesos  y  en  setiem- 
bre de  19,176. 

Colonia:  El  sobrante  en  Caja  era  en  junio  de  4,973,  en  agosto  de 
3,930  y  en  diciembre  de  1,848  pesos.  Anteriormente  había  ocurrido 
un  incidente  con  motivo  de  fuertes  atrasos  en  los  pagos  de  dolorosa 
repercusión   sobre   el    Jefe    Político,    que    fué   arrestado   y   procesado. 

Montevideo.  En  enero  el  sobrante  era  de  83,291  pesbs,  en  julio 
de  62,733,  en  octubre  de  45,580  y  en  noviembre  de  21,243  pesos. 
Adviértase  que  de  las  rentas  de  la  Junta  Económico-Adminis- 
trativa salían  los  fondos  necesarios  para  cubrir  casi  íntegramente 
el  servicio  policial.  Así,  durante  el  año  1863  la  Receptoría  policial 
de  Montevideo  tuvo  un  ingreso  de  127,868  pesos,  habiendo  concurri- 
do el  tesoro  municipal  con  102,526  pesos  para  el  pago  de  los  presu- 
puestos de  enero ""tr-  diciembre,  la  renta  de  pasaporte  con  9,270  pe- 
sos, las  multas  con  3,383  y  en  menor  cuantía  Potros  arbitrios.  Lue- 
go de  satisfechos  todos  los  pagos  quedaba  un  sobrante  de  10, 'i  10 
pesos   que  la   Policía   depositó   en   el   Banco  Comercial. 

Demuestran  estos  saldos,  sobre  todo  los  posteriores  al  mes  de 
abril  en  que  se  produjo  la  invasión  de  Flores,  el  orden  existente 
en  todos  los  departamentos,  más  fuerte  que  las  tentativas  y  pretex- 
tos del  estado  de  guerra,  y  que  en  el  tiempo  ya  corrido  del  gobier- 


288  HISTORIA     DEL    URUGUAY 


no  de  Berro  se  había  conseguido  afianzar  y  prestigiar  un  régimen 
de  descentralización  de  rentas  que  parecía  incompatible  con  la  es- 
casa población   y  más  escasa  cultura  de  nuestra  campaña. 


^lodidas    de   «•ontralor. 

Una  de  las  caraterísticas  del  gobierno  de  Berro,  como  lo  hacía 
notar  la  prensa  de  la  época,  era  el  acatamiento  al  principio  de  la 
publicidad. 

A  mediados  de  1860  se  dictó  un  decreto  que  obligaba  a  la  Conta- 
duría General,  a  la  Colecturía,  a  la  Administración  de  Papel  Se- 
llado y  Patentes  y  a  la  Administración  de  Mercados  a  publicar 
mensualmente  sus  estados  de  ingresos,  sin  perjuicio  de  pasar  los 
originales  a  la  Contaduría  para  su  examen.  Una  ley  del  mismo  año 
estableció  que  toda  obra  pública  costeada  por  rentas  generales  o 
locales  se  haría  mediante  propuestas  cerradas.  Y  ese  decreto  y  esa 
ley  tuvieron  tan  estricto  cumplimiento  que  los  diarios  de  la  época 
aparecían  frecuentemente  con  sus  columnas  absorbidas  por  los  es- 
tados  de   ingresos   y   egresos   nacionales   y   departamentales. 

En  esa  misma  época  fué  ofrecido  en  venta  al  Gobierno  el  ^Nlerca- 
do  de  la  Abundancia  por  18,000  pesos.  Pasado  el  asunto  en  vista  al 
Piscal  observó  este  funcionario  que  aún  cuando  la  concesión  de 
1857  y  el  contrato  respectivo  establecían  que  el  edificio  pasaría 
gratuitamente  al  Estado  después  de  ocho  años,  la  administración 
Pereira  había  reconocido  al  concesionario  por  razones  de  equidad 
nn  capital  de  37,000  pesos  con  intereses,  dejando  así  sin  efecto  la 
concesión  primitiva.  Y  el  Gobierno  en  vista  de  ello  ordenó  al  Fiscal 
que   pidiera    la    nulidad    del   contrato    por    causa    de    lesión    enorme. 

¡Desgraciado  del  funcionario  o  del  proponente  que  incurría  en  una 
falta!  En  1863  fué  remitido  a  la  cárcel  y  puesto  a  disposición  del 
Juez  del  Crimen  uno  de  los  licitadores  de  la  renta  de  Lotería  por  ha. 
ber  ofrecido  500  onzas  de  oro  al  Oficial  Mayor  de  Hacienda  a  fin 
de  que  facilitara  el  triunfo  de  su  propuesta.  Pocos  días  después 
el  Ministro  de  Gobierno  so  trasladaba  de  improviso  a  la  Colon' '^ 
y  previa  una  rápida  averiguación  en  la  contabilidad  de  la  Admi- 
nistración de  Rentas,  dictaba  orden  de  arresto  contra  el  Jefe  Po- 
líticb  y  dos  Comisarios. 


GOBIERNO    DE    RERRO  289 


La  rondifión  de  cuentas  ante  la  Asamblea. 

Gompletando  esa  amplia  aplicación  del  principio  de  la  publicidad 
que  daba  base  a  la  prensa  y  al  país  entero  para  fiscalizar  la  ad- 
ministración de  los  dineros  públicos,  trataba  el  gobierno  de  Berro 
de  que  toda  la  documentación  financiera  estuviera  en  poder  del 
Cuerpo  Legislativo  a  raíz  de  la  terminación  de  cada  ejercicio  eco- 
nómico, como  medio  de  que  la  Comisión  de  Cuentas  ejerciera  sus 
funciones  de  contralor  antes  de  perder  su  interés  de  actualidad  los 
gastos   sometidos   a   su    examen. 

La  Comisión  de  Hacienda  del  Senado  al  despachar  en  1861  el  in- 
forme de  la  Comisión  de  Cuentas  acerca  de  los  dos  últinJos  ejercicios 
de  la  administración  Pereira,  formuló  el  elogio  entusiasta  del  go- 
bierno de  Berro,  y  eso  que  estaba  formada  por  ciudadanos  ajenos  al 
credo  político  del  Presidente:  don  Juan  Miguel  Martínez  y  don 
Vicente  Vázquez.   Oigamos    lo   que   decían   ambas   Comisiones: 

«Ha  encontrado — decía  la  Comisión  de  Cuentas — en  el  mejor  esta- 
do y  orden  los  libros  de  las  diferentes  oficinas  que  ha  debido  compul- 
sar, haciendo  en  obsequio  de  la  justicia  una  especial  y  honorífica 
mención  de  la  Contaduría  y  Colecturía  General,  por  las  importan- 
tes mejoras  introducidas  de  un  tiempo  acá  en  el  sistema  de  la  con- 
tabilidad». 

«La  Comisión — decía  la  del  Senado — se  ha  complacido  en  ver  esa 
mejora  tan  notable  en  las  dos  oficinas  principales  y  espera  que  con 
la  continuación  del  sistema  adoptado  llegaremos  muy  pronto  a  la 
perfección  completa  y  tendremos  la  fortuna  de  establecer  radicalmen- 
te la  moral  estricta  en  el  manejo  de  la  Hacienda  pública  de  que  tan- 
gís pruebas  está  dando  la  actual  administración  y  que  es  la  única 
base  de  nuestro  crédito  y  engrandecimiento.  Seguir  en  este  camino 
sin  retroceder,  tener  bastante  fortaleza  de  ánimo  para  desechar  todo 
lo  que  a  él  se  oponga,  es  cerrar  las  puertas  de  los  males  que  nos  han 
afligido  muchas  veces,  de  los  conflictos  porque  hemos  pasado;  por- 
que la  principal  caug^  de  ellos  no  puede  dudarse  que  han  sido  las 
irregularidades  en  varias  de  las  administraciones  pasadas,  la  viciosa 
contabilidad  a  que  ellas  conducían,  los  abusos  que  se  practicaban, 
la  tolerancia  con  que  todo  eso  se  miraba  y  la  falta  de  cumplimien- 
to de  las  leyes  vigentes.  Borrar  hasta  los  vestigios  si  es  posible  de 
ese  fatal  camino,  es  hacer  el  más  grande  servicio  al  país,  y  la  Co- 
misión se  ha  complacido  al  ver  que  llegamos  a  ese  término  feliz.» 
El    mismo    senador    don    Juan    Miguel    Martínez    y    los    diputados 

19 -V 


290  HISTORIA     DEL    UBUGUAT 


don  Tomás  Diago  y  don  Justo  Corta,  al  presentar  en  1863  el  infor- 
me relativo  al  ejercicio  de  julio  de  1860  a  diciembre  de  1861  se  ex- 
presaban  así  con   referencia  a  las  cuentas   de  campaña: 

«Los  departamentos  en  su  mayor  parte  se  encuentran  ya  colo- 
cados a  la  altura  de  orden  y  regularidad  en  la  presentación  y  exac- 
titud de  cuentas  a  que  se  propuso  elevarlos  el  Poder  Ejecut'vo 
desde  hace  mucho  tiempo,  por  medio  de  acertadas  y  repetidas  me- 
didas tendientes  a  ese  paso...  La  Comisión  no  puede  prescindir 
del  deber  de  dejar  aquí  consignada  toda  la  satisfacción  que  ha  ex- 
perimentado al  notar  el  buen  éxito  con  que  han  sido  coronados 
lo&  esfuerzos  del  Poder  Ejecutivo  para  cimentar  y  regularizar  en 
los  departamentos  de  la  República  un  sistema  de  orden  y  morali- 
dad en  la  administración  de  las  rentas  públicas  que  será  siempre 
uno  de  los  timbres  notables  de  la  actual  administración». 


La  fiscalizaci«'m   fie  los   siuninistros  de  guerra. 

Ni  aún  bajo  la  atmósfera  desorganizadora  de  la  guerra  que  vino 
n  destruir  toda  su  obra,  olvidó  el  Presidente  Berro  la  estrictez  en 
los  gastos  y  el  régimen  de  severo  contralor  que  constituían  el  eje  de 
su    programa    administrativo. 

Besde  mucho  antes  de  producirse  la  invasión  de  Flores,  había 
ordenado  que  la  Contaduría  General  de  ía  Nación  enviase  a  las  Je- 
faturas de  Policía  certificados  numerados  para  la  requisa  de  vacas 
y  caballos,  como  medio  de  prevenir  los  abusos  cometidos  en  épo- 
cas anteriores,  y  había  instalado  una  comisión  con  el  cometido  de 
informar  acerca  de  la  calidad  de  todos  los  suministros  de  carácter 
militar. 

Al  estallar  la  guerra  nombró  una  segunda  comisión  para  la  com- 
pra de  víveres,  equipos  y  armamento?,  y  luego  otra  más  para  la  fi- 
jación del  precio  de  los  ganados  destinados  al  abasto  del  ejército  y 
a¡   examen   de  las  cuentas  por   suministros  de  artículos  de   guerra. 

La  de  víveres,  compuesta  de  don  Juan  Ramón  Gómez,  don  Domin- 
go Piñeyrúa,  don  Mariano  Maza,  don  Nicolás  Zoa  Fernández,  don 
Alfredo  Herrera  y  don  José  María  Estrada,  quedó  instalada  en 
junio  de  1S63  y  fijó  el  precio  de  4  $  20  para  las  reses  destinadas 
al  abasto  de  las  tropas,  distribuido  así:  carne  3  pesos,  cuero  1  pe- 
so 20. 


OOniERNO    nE    BERRO  COI 


l,(>;>'isl;i(  ióii    liilMi(.-iiía.     I<>l     iiiipiK'slo    íkIiimiicio.    I<'I    ciitfiio    lihro- 
«iMiihist;!   (Id   í^oImciiio  (1«>    Ucrro. 

T^a,  ^raii  caiiipañn  contra  las  barreras  aduaneras  iniciada  por 
Infílaterra  en  I  SKI  y  extendida  quince  años  después  a  todo  el 
continente  euiopeo  por  efecto  de  la  maravillosa  propaganda  de  Ri- 
cardo Cobden,  tu'vío  también  ero  simpático  en  Montevideo  y  a  ella 
debemos  atribuir  algunas  de  las  refornuis  tril)utarias  niAs  impor- 
tantes  de    la    administración    Berro. 

Refiriéndose  a  la  legislación  (|ue  basta  entonces  había  perdurado 
en  el  üruRuay,  decía  el  Ministro  de  Hacienda  don  Temías  Vlllalba 
en   su    Memoria    de   1S60: 

«Los  principios  proteccionistas  sobre  que  están  l)asadas  varias 
de  sus  disposiciones  diabla  de  nuestra  ley  de  Adiuinas)  ni  son 
ya  de  la  éfíoca,  ni  pueden  tener  aplicación  partic\ilarmente  en  un' 
país  esecialmente  pastor  y  mercantil  como  el  nuestro,  rodeado  de 
mercados  competidores  y  con  una  lesislación  aduanera  sumamente 
liberal.  La  protección  entr'>  iiosotios  no  ha  dado  sino  resultados  ne- 
gativos, con  firniaiulo  ]i¡)\-  denirts  un  axioma  vul.iíar  si  se  (|uiere,  pe. 
ro  de  una  rigurosa  exactitud:  el  sacrificio  del  interés  mayor  al  me- 
nor, el  l)eneficio  de  unos  pocos  a  costa  de  la  generalidad  de  los 
(consumidores»». 

La  excesiva  elevación  de  los  derechos  —  agregaba  —  arranca 
parto  de  sus  utilidades  al  comercio  interno,  disminuye  los  consu- 
mos, i'onieiita  el  (iontrabando  e  impide  abaratar  la  vida,  impulsar 
la  producción,  atraer  al  inmigrante.  Pero  debemos  contentarnos 
ton  el  establecimiento  de  derechos  moderados,  sin  aspirai-  al 
puerto  franco,  desde  (lue  para  reemplazar  la  renta  de  Aduana  ten- 
dríamos  que   recurrir   a   impuestos   directos   (jue   el   país   rechazaría. 

l^oco  después  al  discutirse  la,  nueva  ley  (!<■  Aduana,  recordaba 
que  el  país  venía  viviendo  bajo  el  régimen  proteccionista  desde 
18:10  y  que  durante  los  ti'einla  años  corridos  desde  entonces  ni  te- 
níamos tallereSlÜReníamos  ai'tesanos.  Fuera  del  pastoreo  y  de  un 
principio  de  agricultura,  ninguna  industria  existe  en  el  Uruguay, 
concluía  el  Ministro. 

Y  tal  era  efectivamente  la  realidad  de  las  cosas.  Nuestra  vieja 
legislación  proteccionista  no  había  dado  todo  su  resultado.  ¿Pero 
era  por  culpa  do  la  legislación  misma,  o  más  bien  por  el  am))lente 
revolucionarlo  en  que  había  vivido  y  seguía  viviendo  el  país  desde 
la  víspera  misma  de  la  jura  de  su  Constitución  en  1830? 


292  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


Impulsando  el  comercio  (le  tránsito. 

Desde  los  comienzos  de  su  administración  procuró  el  gobierno  de 
Berro  impulsar  el  comercio  exterior  mediante  franquicias  efec. 
íivas  que  repercutieron  de  inmediato  sobre  el  movimiento  adua- 
nero, tales  como  la  exención  de  almacenaje  a  favor  de  las  merca- 
derías  reembarcadas    en   tránsito. 

El  rápido  desarrollo  del  comercio  de  tránsito  —  decía  el  Minis- 
tro de  Hacienda  en  su  Memoria  de  1860  —  ha  obligado  al  Go- 
bierno a  contratar  el  tercer  cuerpo  del  edificio  de  Aduana  por 
130,000  pesos  pagaderos  en  mensualidades,  a  construir  un  nuevo 
muelle  de  64  varas  por  16  sobre  un  fondo  en  ningún  caso  infe- 
rior a  12  pies  y  a  reparar  otro  de  los  dos  con  que  hasta  ahora  con- 
taba la  Aduana. 

Es  todo  lo  que  puede  decirse  —  escribía  el  director  de  «La  Re- 
pública» —  «en  honor  de  una  administración  que  ha  tenido  que 
organizar   desde   la   última  hasta   la  primera   oficina». 

La  ley  aduanera  de  1861. 

Pero  fué  sobre  todo  al  redactar  la  ley  de  Aduana  sancionada 
por  Ja  Asamblea  en  1861  que  el  Gobierno  dio  amplia  aplicación 
a  los  principios  librecambistas  que  había  proclamado. 

Todas  las  materias  primas  que  podía  utilizar  el  país  y  algunos 
de  los  productos  fabricados  que  había  interés  en  difundir,  eran 
declarados  libres  de  derechos  de  importación:  el  carbón,  la  madera, 
la  sal,  la  potasa,  la  soda,  el  hierro,  el  zinc,  el  cobre,  el  estaño,  el 
acero,  el  alambre  de  cerco,  los  frutos  similares  a  los  del  país,  el 
papel,   los  libros,   las   imprentas,   las   máquinas,   el   ganado. 

Fundando  las  franquicias  acordadas  a  la  madera  sin  labrar  que 
antes  abonaba  el  3  %,  dijo  el  Ministro  Villalba  en  la  Cámara  de 
Diputados  que  era  muy  difícil  la  fiscalización  en  las  barracas  que 
servían  de  depósito  y  que  además  se  trataba  de  una  importante 
materia  prima  con  proyecciones  a  la  industria  naval.  «Todos  los 
buques  de  cabotaje  —  agregó  —  que  existen  en  el  Río  de  la 
Plata  y  en  el  Uruguay  son  construidos  en  Montevideo  y  se  sir- 
ven naturalmente  de  las  maderas  que  vienen  del  Paraguay  y  de 
Corrientes». 

Quedaban  igualmente  exentos  los  equipajes,  muebles  y  herra- 
mientras    de  los   inmigrantes  y  asimismo   los   efectos  que   introduje- 


GOBIERNO    DE    DEUUÜ  293 


mu  para  su  uso  particular  los  agentes  diplomáticos  durante  los 
seis  primeros  meses  de  su  residencia,  disposición  esta  última  jus- 
tificada por  los  contrabandos  a  que  la  ley  vigente  estaba  dando 
lugar,   según   las   manifestaciones   del   Ministro. 

Como  derecho  general  de  importación  establecíase  el  15  %  del 
valor  de  las  mercaderías,  sin  perjuicio  de  importantes  excepciones 
encaminadas  unas  a  facilitar  el  despacho  de  artículos  que  había 
interés  en  fomentar  y  otras  a  gravar  más  fuertemente  los  con- 
sumos. 

Así  el  oro  y  la  plata,  las  herramientas  de  trabajo,  el  alquitrán, 
las  maderas  preparadas  para  construcciones  marítimas,  la  tablazón 
acepillada,  la  tierra  romana,  el  hilo  para  coser,  pagarían  simple- 
mente ei  6  9( ,  derecho  que  también  se  aplicaba  a  los  tejidos  de 
seda  por  ser  artículos  de  mucho  valor  en  poco  volumen  y  alenta- 
dores del  contrabando.  Y  el  10  %  el  ácido  sulfúrico,  el  aguarrás, 
las  baldosas  y  los  fósforos. 

Así  también  la  yerba  mate  pagaría  el  18  % ;  el  azúcar,  el  café, 
el  té,  el  aceite  de  oliva,  los  comestibles  en  general  y  el  tabaco 
el  20  %  ;  el  vino  y  las  bebidas  alcohólicas,  los  cigarros,  los  mue- 
bles, los  fideos,  el  jabón,  las  velas,  los  carruajes  el  22  %,  que 
era  el  porcentaje  más  alto,  en  vez  del  35  que  hasta  entonces  había 
regido. 

El  trigo  quedaba  sujeto  al  derecho  de  dos  pesos  por  fanega,  el 
maíz  al  de  un  peso  y  dos  reales  por  fanega  y  la  harina  a  un  de- 
recho variable  del  15  al  65  %  según  las  cotizaciones  de  ese  ar- 
tículo en  la  plaza  de  Montevideo. 

Todas  las  mercaderías  gravadas  pagarían  además  un  derecho 
adicional  del  2  %  con  destino  al  servicio  de  la  deuda  pública  fun- 
dada. 

La  exportación  quedaba  sujeta  al  4  %  con  destino  al  servicio 
de  la  deuda  fundada.  Sólo  escapaban  al  impuesto  las  carnes  y  ha- 
rinas y  los  productos  ganaderos  llegados  en  tránsito  por  el  Salto, 
Santa  Rosa,   Cuareim  y   Constitución. 

En  1866  recordaba  Sarmiento  desde  Estados  Unidos  a  la  can- 
cillería argentina  que  aun  cuando  la  constitución  americana  pros- 
cribía en  absoluto  los  derechos  de  exportación,  proscripción  también 
incorporaba  a  la  constitución  argentina,  al  llegar  el  momento  de 
arbitrar  recursos  con  destino  a  la  guerra  civil  el  Congreso  no 
vaciló  en  recurrir  a  ese  género  de  impuestos  y  el  pueblo  los  pagó, 
sin  que  la  Corte  se  resolviera  a  declarar  la  incoustitucionalidad  del 
gravamen. 


294  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


¿Qué  mucho,  pues,  que  nuestros  estadistas  recurrieran  a  esa  fuen- 
te fiscal  de  recursos  en  medio  de  los  grandes  apremios  a  que  da- 
ba origen  el  servicio  de  la  deuda  pública? 

El  trasbordo,  el  reembarco  y  el  tránsito  para  puertos  extranje- 
ros eran  declarados  libres  aún  de  almacenaje  cuando  los  efectos  no 
hubieran  permanecido  más  de  un  año  en  los  depósitos  de  Aduana. 
La  legislación  argentina  —  decía  el  Ministl^o  Villalba  fundando  es- 
ta última  franquicia  —  es  tan  liberal  que  autoriza  el  depósito  li- 
bre durante  un  año  prorrogable  a  su  vencimiento,  como  sucede  en 
Chile  y  Estados  Unidos,  de  donde  la  tomaron  los  legisladores  ar- 
gentinos. 

Los  derechos  se  calcularían  sobre  el  valor  de  los  efectos  en  de- 
pósito, fijado  cada  dos  meses  por  el  Colector  y  dos  comerciantes 
tratándose  de  la  exportación,  y  cada  seis  meses  por  el  Colector,  dos 
vistas  y  seis  comerciantes  elegidos  por  el  mismo  Colector  tratándo- 
se de  la  importación,  previa  aprobación  de  ambas  tarifas  por  el 
Poder  Ejecutivo.  Una  ley  posterior,  sancionada  en  1862,  restable- 
ció para  las  mercaderías  de  importación  el  aforo  al  tiempo  del  des- 
pacho. 

iLas  controversias  entre  la  Aduana  y  el  comercio  sobre  clasifica- 
ción y  avalúo  de  artículos  no  incluidos  en  la  tarifa,  serían  resuel- 
tas por  la  subcomisión  de  avalúos  bajo  la  presidencia  del  Colector,  y 
en  caso  de  discordia  por  un  tercer  vocal  sacado  a  la  suerte  de  una 
lista  de  seis  comerciantes  que  cada  año  formaría  el  Poder  Ejecutivo. 

Los  derechos  de  exportación  serían  abonados  al  contado  y  los  de 
importación  en  letras  a  seis  meses,  salvo  el  adicional  del  2  ','(  y 
las  sumas  menores   de   100   pesos   que   se  pagarían   al   contado. 

Ya  había  anticipado  el  Poder  Ejecutivo  muchas  otras  reformas 
de  importancia  en  el  reglamento  de  1860,  un  verdadero  código 
aduanero  de  cerca  de  300  artículos,  redactado  por  el  Ministro  de 
Hacienda  don  Tomás  Villalba  sobre  la  doble  base  de  su  rica  expe- 
riencia administrativa  y  de  los  numerosos  datos  y  observaciones 
suministrados  por   el   comercio   de  Montevideo. 

El   íleverho   sobre   la   expoi"tarión   <lo   ganaflos. 

La  ley  de  Aduana  que  acibamos  de  extractar  gravaba  con  el  \  ' '( 
la  exportación  de  ganado  por  la  frontera.  Se  había  arribado  a 
la  fijación  de  ese  porcentaje  después  de  una  larga  controversia 
que  el  Ministro  de  Hacienda  sintetizaba  así  en  su  Memoria  de 
1860: 


GOBIEKXO     DE    BEBBO  295 


En  concepto  de  unos  conviene  establecer  fuertes  derechos  para 
equilibrar  la  competencia  de  los  saladeros  de  Río  Grande  que  ope- 
ran a  base  de  trabajo  esclavo  y  de  ganados  que  se  apacientan  }•  en- 
gordan en  nuestro  territorio.  Para  otros  debe  prohibirse  la  expor- 
tación y  gravarse  con  un  fuerte  derecho  la  importación  de  ganados. 
Considera  el  Gobierno  que  debe  establecerse  un  derecho  módico. 
El  derecho  de  un  peso  por  cabeza  que  existía  en  épocas  anteriores 
apenas  servía  para  fomentar  la  inmoralidad,  la  misma  inmoralidad 
que  hoy  volveríamtos  a  presenciar  dada  la  escasez  de  nuestra  poli- 
cía aduanera  en  la  frontera  y  la  facilidad  de  eludir  el  pago  que 
tienen  los  estancieros  mediante  el  sencillo  recurso  de  cambiar  de 
ubicación  los  rodeos  de  sus  establecimientos.  En  la  provincia  de 
Río  Grande  hay  32  saladeros  que  trabajan  permanentemente  y  otros 
oque  lo  hacen  accidentalmente.  Esos  saladeros  llian  faenado  179,289 
animales  en  la  zafra  1857-58;  279,313  en  la  de  1858-59;  y  371,569  en 
la  de  1859-60.  Pues  bien,  una  tercera  parte  de  las  novilladas  faena- 
das por  dichos  establecimientos  procede  de  territorio  brasileño  y 
las  dos  terceras  partes  restantes  del  territorio  oriental,  hasta  de 
estancias  del  centro  de  la  República  y  aún  de  departamentos  próxi- 
mos a  Montevideo.  Es  un  hecho  que  basta  para  demostrar  que  la 
prohibición    causaría    serios    perjuicios    a    nuestros    ganaderos. 

Al  discutirse  el  proyecto  de  ley  de  Aduanas  agregó  el  Minis- 
tro Villalba  refiriéndose  a  la  denuncia  ya  inminente  del  tratado 
de  comercio  de  18-51  y  a  la  idea  de  gravar  fuertemente  la  expor- 
tación fronteriza : 

El  tráfico  de  ganados  por  la  frontera  está  lejos  de  haber  perju- 
dicado al  país.  No  tendríamos  ni  la  mitad  de  nuestra  existencia 
ganadera  sin  la  importación  de  ganado  brasileño,  ni  nuestros  cam- 
pos hubieran  alcanzado  sus  actuales  valores  sin  ese  concurso.  Los 
ganados  brasileños  han  repoblado  nuestros  campos  y  nos  han  dado 
elementos  para  sostener  una  importante  corriente  de  exportación 
de  novilladas.  Por  otra  parte  hay  dificultades  muy  serias  para  ejer-. 
cer  la  fiscalización  en  la  frontera.  Desde  las  puntas  del  arroyo  de 
la  Mina  hasta  la  barra  del  arroyo  San  Luis  hay  17  leguas  de 
Lina  línea  geográfica  que  no  se  determina  por  ninguna  señal  ma- 
terial. ¿Por  dónde  pasa  esa  línea?  ¿Cómo  se  establece  la  fiscaliza, 
ción?  La  casa  que  en  1854  ocupaba  la  comisaría  de  la  4."  sección 
del  Departamento  de  Cerro  Largo  está  ahora  mitad  en  territorio 
oriental  y  mitad  en  territorio  brasileño.  «Es  doloroso  decirlo». 
¡Mué  clase  de  fiscalización  puede  establecerse?  Antes  de  la  Guerra 
Grande  teníamos  tres  escuadrones  de  línea  para  la  fiscalización  de 
la  frontera.  Hoy  no  podemos   tenerlos  por  nuestra  estrechez  econó- 


296  HISTORIA    DEL    tTBUQUAT 


mica.  Tampoco  tenemos  ahora  el  campo  intermedio  que  se  llamaba 
neutral  y  que  facilitaba  la  fiscalización  de  las  rentas.  Ahvora  sólo 
existe  una  línea  invisible  y  una  inmensa  población  extranjera  que 
ocupa  el  territorio  a  uno  y  otro  lado,  de  tal  modo  que  algunos  pue- 
blos están  parte  en  territorio  oriental  y  parte  en  territorio  brasile- 
ño. No  s«  puede  pensar,  pues,  en  altos  derechos  de  exportación.  Se 
habla  de  un  impuesto  de  medio  peso  por  cada  animal  exportado. 
Sería  muy  fuerte,  sobre  todo  ahora  que  el  valor  de  los  ganados  de- 
crece. El  Poder  Ejecutivo  avalúa  ya  en  4  pesos  el  ganado  vacuno 
para  la  recaudación  de  la  contribución  directa,  y  el  impuesto  en  con- 
secuencia absorbería  una  octava  parte  del  precio  del  producto  ex- 
portado. El  impuesto  tiene  que  ser  muy  moderado  para  que  sea 
productivo  y  también  para  que  sea  posible  la  vida  en  la  frontera 
y  evite  los  ataques  a  mano  armada  de  los  contrabandistas,  quQ 
hasta  se  han  llevado  prisioneros  a  algunos  de  los  mismos  oficiales 
que  estaban  al  cuidado  de  la  línea   del  Yaguarón! 

El  diputado  Diago,  apoyando  al  Ministro,  recordó  con  tal  mo- 
tivo que  antes  de  la  Guerra  Grande  el  derecho  de  exportación  del 
ganado  por  la  frontera  era  de  8  reales,  de  acuerdo  con  la  ley  de 
enero  de  1829. 

El  producto  del  4  ''//  debía  redituar  alrededor  de  .50,000  pesos 
al  'año,  según  los  cálculos  formulados  en  el  mensaje  presidencial 
de  apertura  de  las  sesiones  ordinarias  del  Cuerpo  Legislativo  en 
febrero  de  1863. 


Viejas   rivalidades   comerciales. 

Al  reglamentar  la  ley  el  Poder  Ejecutivo  autorizó  la  apertura 
y  fraccionamiento  de  bultos  para  consumo  y  reembarco  en  un  al- 
macén especial  de  la  Aduana  y  habilitó  para  operaciones  de  expor- 
tación e  importación  las  aduanas  y  receptorías  de  Montevideo,  Sal- 
to. Paysandú,  Colonia,  Maldonado,  Mercedes,  Nueva  Palmira,  Arti- 
gas, Tacuarembó,  Santa  Rosa  y  Cuareim. 

Algunas  quisquillosidades  debió  provocar  este  programa.  Ya  el 
Ministro  de  Hacienda,  ocupándose  de  alusiones  a  la  Argentina,  ha- 
bía tenido  que  decir  en  la  Cámara  de  Diputados  que  el  Gobierno 
Bólo  se  preocupaba  de  la  prosperidad  del  país  y  que  debía  recha. 
zarse  en  absoluto  la  idea  de  que  hubiera  emprendidto  una  guerra 
económica  con  la  Argentina.  «Si  ese  principio  de  utilidad,  agrega- 
ba, perjudica  a  otro  en  relación  con  nosotros,  está  en  el  orden  na- 
tural de  las  cosas...   No  tienen  que  quejarse,  así  como  nosotros  no 


gobier.no  ije  berro  297 


nos   hemos  quejado  cuando  fuimos   perjudicados   por   derechos   dife- 
renciales  que   a   nadie  perjudicaban   sino   a   este  país». 

El  hecho  es  que  la  Asamblea,  a  raíz  de  la  sanción  de  la  ley  de 
Aduanas,  dictó  otra  Ley  de  emergencia  por  la  cual  autorizaba  al 
Poder  Ejecutivo  para  reducir  los  derechos  de  importación  en  el  ca- 
so de  que  las  aduanas  vecinas  del  Plata,  Uruguay  y  Paraná  re- 
bajaran los  suyos.  La  Asamblea  entraba  en  receso  y  por  eso  ponía 
en  manos  del  Poder  Ejecutivo  facultades  discrecionales  en  previ- 
sión de  rebajas  tanto  más  factibles  cuanto  que  desde  el  año  an- 
terior el  gobierno  de  la  Confederación  Argentina,  a  cuyo  frente 
se  hallaba  el  doctor  Derqui,  había  dictado  un  decreto  por  el  cual 
suprimía  las  formalidades  de  la  fianza  y  de  las  tornaguías  a  los 
cargamentos  que  partieran  de  Entre  Ríos  y  Rosario  con  rumbo  a 
los  puertos  orientales  y  rebajaba  fuertemente  los  derechos  sobre 
la  yerba.  Lo  primero  —  según  «La  Nación»  de  Montevideo  —  para 
estimular  el  contrabando  en  el  Uruguay  y  lo  segundo  para  arreba- 
tar al  Salto  uno  de  los  renglones  de  su  rápido  desenvolvimiento 
comercial. 


La  renta  de  Aduana. 

En  los  archivos  de  la  Contaduría  General  de  la  Nación  figura 
un  cuadro  recapitulativo  de  la  renta  de  Aduana  del  que  extraemos 
los  siguientes  datos: 

1859  incluidos   el   4  °^   de  exportación   ($  61 ,312)  y  el 

2  °/o  adicional  de  importación  ($  26,942)    ....     $  1.673,345 

1860  incluidos  el  4  "/^  de  exportación  ($  257,354)  y   el 

2  °/o  adicional  de  importación  ($  151,200).      .      .      .         2.228,687 

1861  incluidos  el  4   °¡^  de   exportación  ($  174,558)  y  el 

2  °/o  adicional  de  importación  ($  181,578;;.      .      .      .         2.072,012 

1862  incluidas*- el  4   °/o  de  exportación  (S  224,787)   y  el 

2  "/o  adicional  de  importación  ($  170,680).      .      .      .         1.952,950 

1863  incluidos  el  4  °/o  de  exportación  ($194,357)  y  el 

2  °/o  adicional  de  importación  {$  137,972).      .      .      .         1.636,436 

Algunas  de  esas  cifras  son  relativas  a  la  Aduana  de  Montevideo 
exclusivamente.  Otras  abarcan  también  a  las  receptorías.  Uno  de 
los  cuadros  parciales  de  la  Mesa  de  Estadística  publicado  en 
1863,  establecía  así  el  producto  de  la  renta  aduanera  en  toda  la 
República  durante  el  año  1862: 


298  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


Aduana  de  .MonrcvidiM) :  Importación     .  $  1.634,865 

Exportación    .      .  226,026 

Receptorías:  Importación 134.011 

»                Exportación 55,787 

»                Ganado  en   pie 69,470 

Almacenaje,  etc 61,029 

Reembarco,  etc 31,154 


$  2.212,342 

(El  Ministro  de  Hacienda  al  reproducir  en  su  Memoria  de  1862 
los  ingresos  de  1860  y  186,1  (respectivamente  1.972,363  y  1.861,625, 
no  comprendida  la  parte  afectada  al  servicio  de  la  deuda),  atribuía 
la  baja  a  la  depreciación  de  los  frutos  del  país  en  el  mercado  in- 
ternacional, a  la  prolongada  sequía  que  había  obstado  al  desenvol- 
vimiento de  la  riqueza  rural  y  a  la  acumulación  de  mercaderías  en 
los  depósitos  de  Aduana.  El  Presidente  Berro  invocaba  a  su  vez  en 
el  mensaje  de  apertura  de  las  sesiones  ordinarias  de  1862  la  re- 
percusión de  la  guerra  civil  argentina.  Adviértase  también  que  en 
186r  empezó  la  nueva  ley  de  Aduana  con  sus  derechos  de  importa- 
ción fuertemente  rebajados  y  que  en  1863  se  encargó  la  invasión 
de   Flores   de  restringir   excepcionalmente   los    consumos. 

La   contribución  directa. 

La  ley  de  contribución  directa  de  1857,  mantenida  en  vigencia 
durante  tres   años  gravaba  los  capitales  con  el  2   Vt,. 

Al  proyectar  su  reforma  en  1860  resolvió  el  gobierno  de  Berro 
elevaí-  la  cuota.  Los  ganados  pagarían  el  12  '/,, ;  las  tierras  de 
pastoreo,  las  fincas  urbanas  y  los  capitales  en  giro  el  6  '".r ;  los 
cereales  25  centesimos  por  cada  fanega  recogida.  El  Poder  Ejecu- 
tivo practicaría  el  aforo  de  los  campos  y  de  los  ganados  y  los 
contribuyentes  declararían  sus  capitales  ante  comisiones  periciales 
que  el  mismo  Poder  Ejecutivo  instituiría  en  los  pueblos  y  locali- 
dades necesarias.  En  caso  de  disidencia  entre  el  contribuyente  y 
las  comisiones,  fallaría  el  Presidente  de  la  República  en  acuerdo 
general  de  Ministros,  pre\  io  dictamen  del  Fiscal  y  de  un  asesor 
especial.  Los  Jefes  Políticos  levantarían  un  censo  de  contribuyen- 
tes y  propiedades   para  facilitar   su   tarea  a  las  comisiones. 

Otra   reforma   más   fundamental    proponía    el   Poder   Ejecutivo:    la 


GOBIKKNO    ;)E    DERKO  299 


adjudicación  de  la  totalidad  del  impuesto  a  los  departamentos.  Los 
gastos  departamentales  se  dividirían  en  necesarios  y  voluntarios. 
Los  prirneros  se  fijarían  anualmente  por  las  Municipalidades  y 
Jefes  Políticos  con  aprobación  del  Poder  Ejecutivo.  Los  segundos 
se  decretarían  en  la  misma  forma  pero  sólo  en  el  caso  de  que 
hubiera  sobrantes.  La  gestión  administrativa  correspondería  en  ¡a 
Capital  a  la  Junta  Económico  -  Administrativa  y  en  campaña  a 
las   Juntas   Económico-Administrativas   y   a  los   Jefes   Políticos. 

Pero  a  la  vez  que  asi  se  alzaban  las  cuotas,  supriiniahe  el  im- 
puesto departamental  creado  bajo  el  gobierno  de  Pereira. 

La  Comisión  de  Hacienda  de  la  Cámara  de  Diputados  se  opuso 
a  la  abolición  del  impuesto  departamental.  En  su  concepto  los 
departamentos  deberían  tener  un  tributo  que  se  denominaría  «mu- 
nicipal» con  dos  derechos,  indirecto  uno  de  ellos  y  directo  el  otro. 
El  indirecto  gravaría  la  salida  de  las  mercaderías  y  frutos  de  ca- 
da departamento,  como  lo  hacía  el  impuesto  que  se  trataba  de  abo- 
lir y  el  directo  gravaría  los  capitales. 

Los  ingresos  departamentales  —  agregaba  la  Comisión  —  han 
dado  363,219  pesos  en  1859  y  con  el  nuevo  plan  darían  500,000,  su- 
ma suficiente  para  cubrir  los  gastos  ordinarios  y  atender  muchas 
otras  necesidades  públicas.  Hay  una  marcada  tendencia  en  la  cam- 
paña a  fav'Or  de  la  descentralización  de  las  rentas.  «Acceder  a  esa 
reiterada  manifestación  es  obrar  con  equidad  y  justicia,  es  abrir 
una  ancha  senda  a  las  mejoras  morales,  materiales  y  econó- 
micas de  los  pueblos,  es  estimular  a  los  contribuyentes  a  que  con- 
curran con  voluntad  y  desprendimiento  al  lleno  de  las  necesidades 
de  sus  localidades  respectivas,  es  hacerles  gustar,  en  fin,  la  satis- 
facción de  presenciar  los  adelantos  de  la  sociedad  en  que  viven  y 
a  la  que  están  vinculados,  sin  que  les  asalte  el  temor  de  ser  dis- 
traídos sus  dineros  en  objetos  para  los  que  no  eran  destinados  y 
a   los    que   son    las    más    de   las   veces    absolutamente    extraños». 

Adhiriendo  a  la  localización  del  producto  del  impuesto,  decía  en 
la   Cámara   de   Diputados   el    doctor   Cándido   Joanicó: 

«Apoyo  completamente  el  principio  nuevo  en  materia  adminiS' 
trativa  que  se  introduce  por  él  artículo  que  entra  en  discusión. 
Para  mí  esto  es  lo  que  caracteriza  el  proyecto  de  ley,  es  lo  que 
le  da  un  verdadero  mérito,  introduciendo  un  principio  de  grandes 
resultados  en  mi  opinión  y  creo  que  nunca  se  establecerá  entre 
nosotros  la  contribución  directa  de  otro  modo  que  localizada  y 
a  mi  juicio  hace  una  gran  cosa  el  Poder  Ejecutivo  cuando  pre- 
senta  esta   idea   para   traerla    a    la   práctica.    Desearía    que   si    fuero 


300  HISTORIA    DEL    UEUGUAT 


posible  hasta  fuese  un  artículo  constitucional:  tanta  es  la  impor- 
tancia que  doy  al  pensamiento  de  localizar  la  contribución  di- 
recta.» 

Prevalecieron  en  lo  fundamental  las  bases  del  Poder  Ejecutivo 
aunque  con  una  fuerte  reducción  en  la  cuota:  los  ganados  paga- 
rían   el    6    %c    Y   los    campos,    fincas   y    capitales    en   giro   el    3    '/ce. 

(La  ley  de  contribución  directa  para  1862  alteró  las  cuotas,  fi- 
jando el  5  %c  para  los  ganados  y  el  4  '/í,  para  las  tierras  de  pas- 
toreo. 

En  la  del  año  siguiente  fueron  gravados  con  el  4  ',íc  las  pro- 
piedades urbanas,  los  capitales  en  giro  y  las  tierras  de  labranza, 
con  el  i  Yz  %c  las  tierras  de  pastoreo  y  los  ganados,  y  con  dos 
centesimos  por  fanega  cosechada  los  cereales.  Los  capitales  serían 
declarados  por  los  contribuyentes  y  el  Gobierno  nombraría  comi- 
siones reguladoras  para  evitar  el  fraude,  fallando  en  caso  de  di- 
sidencia el  Juez  de  Paz  asociado  a  dos  vecinos  sorteados  de  una 
lista  formada  anualmente  por  las  Juntas  EconómiconAdministra- 
tivas.  La  Comisión  de  Hacienda  del  Senado  había  aconsejado  para  el 
avalúo  el  nombramiento  de  un  jurado  compuesto  de  tres  vecinos 
propietarios  sorteados  en  cada  sección  de  una  lista  que  formarían 
anualmente  las  Juntas  Económico  -Administrativas.  Pero  el  Minis- 
tro de  Hacienda  declaró  que  el  procedimiento  aunque  muy  bueno 
era  inejecutable  dentro  de  las  condiciones  del  país  y  el  Senado  re- 
chazó  entonces   la   reforma   propuesta   por   su   Comisión   informante. 

lEran  muy  bajos  los  aforos  y  la  contribución  directa  no  redituaba 
todo  lo  que  debía  esperarse  del  rápido  desenvolvimiento  de  las 
fuentes  de  la  riqueza  pública.  El  decreto  reglamentario  de  la  ley 
de  1861  aforaba,  por  ejemplo,  los  campos  de  los  departamentos  de 
Montevideo  y  Canelones  a  razón  de  10,000  pesos  la  suerte  de  es- 
tancia; los  de  Colonia,  Soriano,  Paysandú,  Salto,  Tacuarembó,  San 
José,  Cerro  Largo  y  Florida  a  6,000  pesos;  los  de  Durazno.  Mi- 
nas y  Maldonado  a  5,000  pesos;  y  los  ganados  a  6  pesos  el  va- 
cuno, 4  el  caballar  y  2   el  ovino. 

«!La  contribución  directa  —  decía  el  Presidente  Berro  al  abrir 
las  sesiones  de  1863  —  en  la  mayor  parte  de  los  departamentos  ha 
permanecido  sin  adelantar  nada  en  su  producto.  Débese  esto  prin- 
cipalmente al  -bajo  avalúo  que  fué  preciso  hacer  del  ganado  vacuno 
por  la  depreciación  a  que  había  venido.  De  aquí  ha  nacido  que  no 
alcanzando  las  rentas  de  algunos  departamentos  a  cubrir  sus  gas- 
tos, ha  habido  que  suplir  el  déficit  con  dinero  sacado  del  Tesoro 
nacional.   Es  de  creer  que  en   el   año   que  corre  no   suceda   eso,  ya 


GOBIERNO     DE     HERRÓ 


301 


por  el  aumento  de  la  materia  imponible  sujeta  a  la  expresada  con- 
tribución, ya  por  el  mayor  rendimiento  de  los  ramos  policiales,  ya 
también  por  las  mejoras  introducidas  en  el  método  de  percepción 
de   todas    esas    rentas    departamentales». 

Con  el  propósito  de  facilitar  la  reforma  de  los  procedimientos  de 
recaudación  el  Poder  Ejecutivo  pidió  y  obtuvo  autorización  legis- 
lativa en  1860  para  rematar  la  mitad  del  producto  de  la  contribu- 
ción directa  de  ese  año  y  del  siguiente.  Invocaba  en  su  mensaje 
«la  necesidad  de  tener  datos  estadísticos  y  conocimientos  que  sólo 
el    interés    particular"    era    capaz    de    proporcionar    en    poco    tiempo». 

He  aquí  el  producto  de  la  contribución  directa  desde  1856  hasta 
1S63,  según  las  cifras  oficiales  reproducidas  por  don  Adolfo  Vail- 
lant: 


ANOS 


Departamento 
de  Montevideo 


Los  demás 
departamentos 


1856 

1 

'  $   32,0-23 

f    21.112 

1857 

28,174 

20,420 

1858 

28,304 

28,049 

1859 

31,. 804 

39,920 

1860 

30.960 

93.369 

1861 

56,426 

285,988 

1862 

51,014 

273,392 

1863 

1     57,565 

164.645 

Entre  los   factores   de   la   suba   se   destaca   la   modificación   de   la 
cuota  contributiva  y  entre  los  de  la  baja  la  guerra  civil. 

Tentativa   de  restauí-ación  de  la   alcabala. 


El  Senado  rechazó  en  1860  un  proyecto  que  ya  contaba  con  la 
sanción  de  la  Cámara  de  Diputados  por  el  cual  se  establecía  un 
impuesto  del  1  9f  sobre  todos  los  bienes  raíces  y  flotantes  que  se 
enajenaran  o  permutaran.  Su  producto  debía  destinarse  en  cada 
departamento  a  la  edificación  de  templos  en  primer  lugar,  y  a  la 
creación   de  escuelas   en   segundo   lugar. 

Se  trata  —  decía  la  Comisión  de  Hacienda  del  Senado  al  pedir  el 
desechamiento  —  de  restablecer  el  vetusto  derecho  de  alcabala  abo- 
lido en  1851  no  sólo  porque  dificultaba  la  transmisión  de  la  pro- 
piedad, sino  porque  era  el  más  desigual  de  todos  los  impuestos 
del  coloniaje,  desde  que  gravaba  al  pobre  más  que  al  rico  que  no 
tenía  necesidad  de  vender. 


302  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


Kl  impuesto  de  papel  sellado. 

L,a  ley  de  papel  sellado  de  18C2  establecía  nueve  sellos  diferen- 
tes, desde  el  de  12  centesimos  aplicable  a  las  obligaciones  menores 
de  80  pesos,  basta  el  de  20  pesos  aplicable  a  las  obligaciones  de 
más  de  40,000  pesos. 

K'l  iniíjuesto  de  timbres. 

Este  impuesto  fué  creado  en  1860  bajo  forma  de  papel  timbra, 
do  de  un  real  fuerte  aplicable  a  las  letras  de  cambio,  vales,  con- 
formes y  recibos  por  más  de  cien  pesos. 

Estaba  destinado  a  la  construcción  y  funcionamiento  de  un  la- 
zareto. 

En  1861  produjo  13,304  pesos,  según  la  Memoria  de  Hacienda  de 
ese   año. 

Al  año  siguiente  fué  alzado  a  500  pesos  el  mínimo  no  imponible 
en   materia   de   recibos. 

Kl  impuesto  de  patentes. 

Los  patentables  estaban  distribuidos  por  la  ley  de  1862  en  13 
categorías.  La  primera  pagaba  6  pesíos  y  la  última  360.  He  aquí  los 
establecimientos    que    figuraban    en    las    categorías    más    altas: 

8.",  con  54  pesos:  los  teatros  y  casas  de  diversiones,  plazas  de 
toros,    reñideros,    hornos    de    ladrillos,    billares    y    ferreterías. 

9.',  con  72  pesos:  los  bancos  departamentales,  las  casas  majte- 
ristas,  las  barracas,  los  molinos  a  vapor,  las  fábricas  de  bebidas. 

10. ^  con  &€  pesos:    las  casas  introductoras,  las  pulperías  volantes. 

11. ^   con    120   pesos:    los   saladeros   y   las   compañías   de   seguros. 

12.",  con  144  pesos:  Tos  mismos  saladeros  y  compañías  de  seguros 
de   la  exclusiva    pertenencia   de   extranjeros. 

13.",  con  360  pesos:    los  bancos  de  la  Capital. 

La  ley  de  1863  encerró  las  13  categorías  de  patentables  en  una 
escala  que  corría  desde  5  hasta  300  pesos  manteniendb  en  lo  de- 
más las  líneas  fundamentales  de  la  anterior. 

Los  establecimientos  de  la  exclusiva  pertenencia  de  extranjeros 
quedaban  sujetos  a  la  patente  inmediata  superior,  salvo  el  caso  dé 
que  tuvieran  en  su  personal  dos  o  más  dependientes  nacionales. 


GOBIERNO    DE    KEP.r.O  303 


Las  publicaciones  oficiales  de  la  época  refundían  en  una  sola 
cuenta  las  rentas  de  papel  sellado  y  patentes  ds  giro,  en  razón  de 
que  ambos  impuestos  corrían  a  cargo  de  la  misma  oficina  y  le 
ordinario  eran  rematados  en  block  por  una  cantidad  única.  He 
aquí  su  producto  según  las  Memorias  de  Hacienda  de  1860  y  1862: 

1859 S     -266,001) 

1«6U -ib^J.bl 

18Ü1 o\0,¿16 

Patentes  de  rodados. 

La  ley  de  patentes  de  rodados  de  1862  gravaba  las  carretas,  ca- 
rretillas, carros,  diligencias  y  coches  con  una  patente  que  era  de 
12  a  20  pesos  para  la  Capital  y  de  6  a  10  pesos  para  la  campaña. 
Los   carruajes   de   los    nacionales   pagaban   la    mitad   de   la   cuota. 

La  del  año  siguiente  hacía  oscilar  la  escala  de  la  Capital  desde 
lo  cuota  de  6  pesos  aplicable  a  las  carretas  de  bueyes,  hasta  la  de 
20  pesos  que  pagaban  los  coches  de  paseo.  Y  reducía  a  la  mitad 
las    cuotas   mayores    de   los   departamentos. 

La   deuda   pública.    Consoliilaeióu   de    los    créílitos    hipotecarios. 

Desde  los  comienzos  de  su  administración  resolvió  el  Presidente 
Berro  proceder  al  arreglo  del  grueso  legado  de  créditos  aplazados 
por   las  administraciones   anteriores. 

En  mayo  de  1860  expuso  a  la  Asamblea  que  de  la  deuda  ex- 
tranjera el  millón  de  pesos  adeudado  al  Gobierno  de  Francia  no 
devengaba  intereses;  que  los  dos  millones  adeudados  al  Brasil  que 
devengaban  el  6  %  estaban  liquidados  y  reconocidos  por  tratados  y 
convenciones  que  había  que  cumplir;  y  que  también  era  necesa- 
rio liquidar  la  deuda  interna  diferida  procedente  de  documentos 
anteriores  y  ^g^steriores   a  1852. 

La  Asamblea  se  apresuró  a  autorizar  el  nombramiento  de  una 
Comisión  encargada  de  comprobar  y  justificar  los  créditos  ante- 
riores a  1852  a  condición  de  que  hubieran  sido  liquidados  por  la 
Junta  de  Crédito  Público  y  no  convertidos  en  deuda  consolidada 
por  reputarse  privilegiados  por  sus  tenedores.  Los  créditos  ante- 
riores a  1852  que  no  hubieran  sido  presentados  oportunamente  a 
la  Junta  de  Crédito  Público  y  liquidados  por  ella,  quedaban  pres- 
criptos. 


304  HISTORIA     DEL     URUGUAY 

Deseábase  reaccionar  contra  el  procedimiento  vicioso  de  los  arre- 
glos particulares  de  que  se  había  abusado  anteriormente  y  que 
fustigaba  el  Ministro  de  Hacienda  eíi  su  Memoria  anual  al  dar 
cuenta  de  que  las  rentas  públicas  tenían  una  afectación  de  300,000 
pesos  en  favor  de  tres  o  cuatro  créditos  cuyo  monto  total  no  ex- 
cedía  de   2   millones   de   pesos. 

La  Comisión  Clasificadora  compuesta  de  los  señores  Javier  Al- 
varez,  Lindoro  Forteza,  Julio  C.  Pereira,  Luis  Otero,  Juan  Pe- 
üalba  y  Carlos  Casaravilla,  reconoció  1.556,84T  pesos  por  concepto 
de  créditos  hipotecarios,  excluyó  1.179,200  pesos  y  declaró  prescrip- 
tos  685,484  pesos. 

Y  el  Poder  Ejecutivo  presentó  en  el  acto  a  la  Asamblea  un  pro- 
y(  cto,  que  fué  sancionado,  de  consolidación  de  la  deuda  reconocida, 
en  virtud  del  cual  los  acreedores  recibirían  el  50  9f  de  su  capital 
en  títulos  de  deuda  interna  con  6  %  de  interés  y  1  %  de  amor- 
tización a  la  puja  estando  los  títulos  abajo  de  la  par  y  por  sor- 
teo estando  arriba.  Los  títulos  se  entregarían  por  su  valor  escrito 
y  su  servicio  se  cubriría  mediante  el  aporte  mensual  de  cinco  mil 
pesos  de  rentas  generales. 

L/os   ci-éflÍ!to.s  poi-  pei'juicios  die  gu^eara. 

Un  legado  inmensamente  más  grave  había  dejado  la  administra- 
ción Pereira:  la  convención  franco-inglesa  sobre  perjuicios  de  gue- 
rra que  sustituía  los  Tribunales  nacionales  por  una  Comisión  mixta 
emanada  de  los  Gobiernos  del  Uruguay,  Francia  e   Inglaterra. 

El  día  antes  de  la  terminación  de  su  mandato  presidencial  se 
había  dirigido  don  Gabriel  A.  Pereira  a  la  Asamblea  para  darle 
cuenta  de  los  desacuerdos  existentes  entre  los  Comisarios  orientales 
y  los  Comisarios  franco-ingleses  que  integraban  la  Comisión  mixta. 
El  más  grave  délos  desacuerdos  era  el  relativo  a  los  intereses.  Las 
Legaciones  de  Francia  e  Inglaterra  exigían  el  pago  del  M:  'A  men. 
sual  sobre  el  monto  de  los  reclamos  y  el  Gobierno  Oriental  recha- 
zaba tal  pretensión  como  contraria  a  la  ley  que  sólo  hablaba  del 
capital.  Los  Ministros  diplomáticos  invocaban  órdenes  expresas  de 
sus  respectivos  Gobiernos  para  insistir  en  su  pretensión  y  exigían 
además  que  el  cómputo  de  los  intereses  se  hiciera  desde  el  día  de 
las  presentación  de  los   reclamos. 

Al    darse  cuenta  de  ese  asunto  ya   había  empezado  a  actuar  el   go- 
bierno de  Berro  y  la  Cámara  de  Senadores  se  apresuró  a  solidari- 


GOBIERNO    l)E    BERRO  305 


zarse  con  la  actitud  del  Poder  Ejecutivo  mediante  la  sanción  de 
una  Minuta  que  decía  así: 

«Si  la  República,  por  un  acto  espontáneo  de  que  no  podrán  ci- 
tarse dos  ejemplos  en  la  historia  de  las  naciones,  ha  dictado  leyes 
reconociendo  la  obligación  de  indemnizar  perjuicios  sufridos  por 
casos  fortuitos  como  ^on  los  de  una  larga  guerra,  la  espontaneidad 
de  esa  concesión  que  hasta  ahora  ha  podido  calificarse  de  Impre- 
visora, no  será  justo  convertirla  en  más  onerosa  de  lo  que  ya  es 
en  sí  misma  para  la  nación  que  la  ha  concedido  tan  generosamente. --> 

La  Cámara  de  Diputados  adhirió  a  lo  resuelto  por  el  Senado, 
después  de  oir  al  miembro  informante  de  la  Comisión  de  Legisla- 
ción doctor  Cándido  Joanicó,  quien  sostuvo  que  la  ley  de  julio  de 
1853  sobre  perjuicios  de  guerra  que  era  el  punto  de  partida  de  la 
convención  diplomática  con  los  Gobiernos  de  Francia  e  Inglaterra, 
no  reconocía  absolutamente  intereses,  de  acuerdo  en  ello  con  el 
principio  reconocido  de  que  cuando  una  deuda  entra  en  liquidación 
queda  suspendido  el  curso  de  los  intereses. 


El  monto  de  los  reclamos. 

Poco  después  se  dirigían  los  Comisarios  orientales  de  la  Comi- 
sión mixta  —  que  eran  don  Manuel  Herrera  y  Obes  y  don  Joáé 
Martín  Aguirre  —  al  Ministro  de  Gobierno  y  Relaciones  Exteriores 
para  darle  cuenta  de  otro  grave  desacuerdo.  Ellos  fijaban  en  3 
millones  de  pesos  el  monto  de  los  reclamos  franco-ingleses,  mien- 
tras que  los  Comisarios  de  Francia  e  Inglaterra  los  estimaban  en 
5  millones,  cifra  que  coincidía  casi  con  la  de  los  setecientos  y 
tantos  expedientes  presentados.  Agregaban  los  Comisarios  orientales 
que  entre  esos  expedientes  eran  raros  los  que  contenían  la  com- 
probación escrita  de  los  perjuicios  sufridos;  que  en  general  la  prue- 
ba consistía  en  la '  declaración  de  dos  o  más  testigros  que  figura- 
ban a  su  turno  como  reclamantes  en  otros  expedientes;  que  había 
exageración  en_^s  precios;  que  no  había  constancia  alguna  de  la 
identidad  de  las  personas.  Hacían  notar  asimismo  los  señores 
Herrera  y  Obes  y  Aguirre  que  a  los  reclamantes  nacionales  se  les 
había  pagado  con  títulos  de  la  deuda  consolidada  representativos 
ác]  5  Sf  de  los  créditos  reconocidos,  y  que  en  cambio  a  los  subdi- 
tos de  Francia  e  Inglaterra  se  les  iba  a  abonar  sus  reclamos  con 
títulos    de    una    deuda    internacional    prestigiosa. 

Contestó    el    Ministro    de    Gobierno    y    Relaciones    Exteriores    doc- 


20-V 


306  HISTORIA     DEL    UBUGUAY 


tor  Acevedo  que  el  Poder  Ejecutivo  aprobaba  enteramente  el  proce- 
der de  sus  Comisarios,  pero  que  estaría  dispuesto  a  faciUtar  una 
inteligencia  entre  las  dos  bases  establecidas,  anticipando  «que  no 
llegaría  nunca,  fueran  cuales  fueren  las  circunstancias  que  sobre- 
vinieren, a  la  cifra  señalada  por  el  Comisario  francés»  (adviértase 
que  el  Comisario  francés  actuaba  accidentalmente  a  nombre  del 
Gobierno    Británico   por    fallecimiento    del    respectivo    Comisario). 

El   debate  diploiiiátiro. 

Transcurrieron  algunos  meses  absorbidos  por  el  cambio  de  co- 
municaciones entre  las  Legaciones  y  sus  respectivas  cancillerías, 
hasta  que  en  octubre  de  1860  comunicaron  finalmente  los  diplomá- 
ticos franco-ingleses  que  la  Inglaterra  y  la  Francia  habían  fijado 
de  común  acuerdo  en  cinco  millones  de  pesos  «el  importe  de  las  in- 
demnizaciones debidas  a  sus  nacionales  por  perjuicios  causados 
por  la  guerra»,  y  que  además  habían  resuelto  que  fuera  rechazado 
todo  arreglo  que  no  garantizara  «de  manera  segura  la  amortiza, 
ción  del  capital  y  el  pago  regular  de  los  intereses  a  la  moderada 
razón    del    6    S^    anual». 

La  convención  de  1857  —  replicó  el  Ministro  doctor  Acevedc  — 
dejó  establecido  que  por  un  acuerdo  especial  se  fijaría  el  modo 
de  amortizar  la  deuda,  y  entonces  el  contenido  de  la  nota  sólo  pue- 
de tomarse  como  la  expresión  de  un  deseo  de  llegar  al  ajuste  res- 
pectivo, deseo  de  que  también  participa  el  Gobierno,  pero  sin  acep- 
tar «ni  la  suma  de  5  millones,  ni  el  interés  del  6  ''/r  anual,  limi- 
tándose a  enunciar  su  convicción  íntima  de  que  se  encontrará  un 
medio    que    concille    todos    los    intereses    legítimos». 

Concretando  luego  bases  para  el  arreglo  proponía  la  cancillería 
oriental  la  creación  de  una  deuda  de  4  millones  de  pesos,  con  3  % 
de  interés  y  una  amortización  a  la  puja  que  empezaría  a  hacerse 
efectiva  a  los  10  años  con  cuotas  progresivas  del  3  al  5  '^r.  En 
los  4  millones  quedaría  incluido  el  crédito  Weill  por  inejecución 
de  contratos  durante  el  sitio.  El  servicio  de  intereses  y  amortiza- 
ción quedaría  garantido  r<i"r  las  rentas  generales  en  la  forma  más 
amplia. 

Al  enterarse  de  esa  proposición  expresaron  los  Ministros  de 
Francia  e  Inglaterra  que  recabarían  instrucciones  de  sus  respec- 
tivos Gobiernos,  anticipando  empero  su  opinión  contraria  a  la  in- 
clusión  del   crédito   Weill,   ya    reconocido.    Agregaban    que   las    últi- 


(jobiek.no  de  bekku  307 


mas  comunicaciones  oficiales  de  Europa  no  dejaban  «duda  alguna 
de  la  incontrastable  determinación  de  los  dos  Gobiernos  de  llegar 
por  todos  los  medios  a  un  resultado  práctico  y  conforme  a  sus  le- 
gítimas  pretensiones». 

Era  esa  una  frase  qu-e  no  podía  aceptarse  en  silencio.  «El  in- 
frascripto— contestó  el  .Ministro  de  Relaciones  Exteriores — lamen- 
ta el  tono  que  SS.  SS.  se  han  creído  en  el  caso  de  emplear  dirigién- 
dose al  Gobierno  de  una  nación  soberana.  Ante  Dios  y  la  razón  uni- 
versal no  tiene  mayores  derechos  la  nación  más  fuerte  del  mundo 
que  la  más  débil  de  todas». 

Ocurre    un    incidente    en    medio    del    debate    diplonuitico. 

Desde  el  comienzo  de  estas  disidencias  surgió  la  idea  de  enviar 
a  Europa  un  Ministro  que  arreglara  directamente  con  las  canci- 
llerías de  Francia  e  Inglaterra.  Eran  tan  monstruosas  las  exigen- 
cias de  las  Legaciones,  que  se  conceptuaba  imposible  que  hubiera 
en  las  cortes  europeas  estadista  alguno  capaz  de  asumir  su  defensa. 
Al  formularse  el  proyecto  de  presupuesto  para  1800.61  fué  incluida, 
en  consecuencia,  la  planilla  de  una  misión  europea. 

Pero  apenas  publicado  el  presupuesto,  las  Legaciones  de  Francia 
e  Inglaterra  pasaron  una  nota  en  la  que  anunciaban  que  por  comu- 
nicaciones anteriores  sabían  que  los  respecti\Hos  Gobiernos  no  en- 
trarían en  discusión  con  el  diplomático  del  Uruguay  acerca  de  los 
asuntos  confiados  a  la  Comisión  mixta.  Y  ahora  menos  que  antes — 
agregaban — dada  la  conducta  del  Gobierno  Oriental  con  la  Comisión 
mixta. 

Al  contestar  esa  nota  creyó  necesario  nuestrio  Ministro  de  Re- 
laciones Exteriores  referirse  así  a  los  antecedentes  de  la  conven- 
ción sobre  perjuicios  de  guerra: 

«S.  S.  sabe  que  no  es  un  principio  generalmente  recibido  en  el 
derecho  de  gentes  la  obligación  que  tenga  una  nación  de  recono- 
cer los  perjuie4<JS  ocasionados  ptor  la  guerra  que  venga  a  asolar  esa 
misma  nación.  Sabe  sin  embargo  que  la  República  Oriental  del 
Uruguay  por  la  ley  de  25  de  julio  de  1853  reconoció  espontánea- 
mente como  deuda  nacional  los  perjuicios  ocasionados  por  la  gue- 
rra, señalando  términbs  fuera  de  los  cuales  quedarían  prescriptas 
todas  las  reclamaciones.  Sabe  asimismo  que  transcurridos  esos 
términos,  se  solicitó  y  obtuvo  por  parte  de  la  Inglaterra  y  de  la 
Francia    merced    a   circunstancias   especiales   que   se   abriese   nueva- 


30S  HISTOIUA     DEL    L'UUGUAY 


mente  la  puerta  a  las  reclamaciones  y  que  se  señalase  para  los  re- 
clamantes Ingleses  y  franceses  una-  nueva  forma  de  liquidación  y 
pago». 

La  liquidación  de  la  deuda — agregaba — no  ha  seguido  con  más 
actividad  por  efecto  del  difícil  estado  del  país,  hecht)  no  impu- 
table al  Gobierno  que  ha  procedido  y  procede  a  allanarle  el  cami- 
no  a  la   Comisión   mixta. 

«En  esta  situación  —  concluía  el  Ministro  —  se  recibe  la  nota  de 
S.  S.  y  para  contestarla  se  hace  indespensable  que  S.  S.  determine 
más  explícitamente  lo  que  entiende  por  resolución  del  Gobierno 
Británico  de  declinar  el  entrar  en  discusión  ct)n  el  representan- 
te del  Uruguay.  Si  esa  declaración  fuese  tan  general  y  absoluta, 
como  no  es  de  creerse,  el  Gobierno  de  la  República  se  vería  indu- 
cido, muy  a  su  pesar,  a  no  reconocer  ni  justicia  ni  conveniencia  en 
mantener  con  S.  S.  relaciones  que  no  le  sería  permitido  tener  a  sus 
representantes  con   el   Gobierno   Británico». 

Reprodujo  entonces  la  Legación  de  Inglaterra  las  instrucciones  que 
había  recibido  de  su  Gobierno  con  m.otivo  de  una  anunciada  misión 
a  cargo  de  don  Andrés  Lamas.  Decía  en  ella  la  cancillería  inglesa 
que  no  estaba  dispuesta  a  discutir  directamente  los  reclamos  some- 
tidos al  fallo  de  la  Comisión  mixta  por  una  convención  especial;  pe- 
ro ^que  atendería  a  nuestro  enviado  acerca  de  otras  gestiones,  aun- 
que anticipando  que  las  demoras  pendientes  impedirían  prestar  la 
atención  necesaria   a   esas   otras   gestiones. 

La  Legación  de  Francia  contestó  también  que  aunque  su  Gobier- 
no no  desconocía  el  derecho  de  la  República  de  enviar  embajadas, 
ya  la  Legación  había  comunicado  verbalmente  al  gobierno  de  Pe- 
reira  las  mismas  instrucciones  que  de  nuevo  daban  margen  al  in- 
cidente. 

«Si  S.  S. — contestó  la  cancillería  oriental  al  Ministro  de  Francia 
cerrando  el  debate — se  hubiera  limitado  a  la  declaración  de  que  la 
Francia  recontoce  los  derechos  que  corresponden  a  la  República 
en  su  calidad  de  Estado  soberano  e  independiente,  nada  hubiera  te- 
nido que  objetar  el  abajo  firmado  a  la  resolución  del  Gobierno  Fran- 
cés de  no  oir  proposición  alguna  tendiente  a  eludir,  demorar  o 
aplazar  el  cumplimiento  de  la  convención  de  1857.  Ni  el  Gobierno 
haría  semejante  proposición,  ni  podría  considerar,  caso  de  hacer- 
la,   su    rechaz.0    como    un    agravio.» 


UOWLnNO     DE     I{EI;Kü  309 


Se  reanuda  el  estudio  del  arreglo  de  la  deuda. 

En  marzo  de  1S61  anunciai'on  finalmente  los  Ministros  Lettson 
y  Maillefer,  que  sus  Gobiernos  aceptaban  la  reducción  de  la  deuda 
a  4  millones,  pero  modificando  el  servicio  en  esta  forma:  el  inte, 
res  seria  del  f)  ^'q*,  la  amortización  empezaría  desde  el  primer  año 
con  el  1  %  y  aumentaría  progresivamente  hasta  el  5  %  en  los  lí'- 
timos  diez  años;  se  apartaría  el  producto  de  una  renta  determi. 
nada;    el   crédito  Weill   quedaría  excluido  de  la  deuda. 

La  nota  era  de  franca  conciliación  y  al  contestarla  expresó  la 
cancillería  oriental  que  el  Gobierno  estaba  pronto  a  conceder  una 
renta  siempre  que  se  allanara  el  obstáculo  resultante  del  tratado 
de  préstamos  con  el  Brasil;  que  mantenía  la  tasa  del  3  "^/r  de  intei'és 
única  que  podía  cumplir  la  República;  y  en  cuanto  al  crédito  Weill, 
de  origen  análogo  a  los  otros,  que  se  llegaría  con  toda  seguridad 
a  una  inteligencia  a  su  respecto. 

Bajo  esas  impresiones  más  tranquilizadoras  empezaron  las  confe- 
rencias en  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores,  aunque  sin  arri- 
barse a  ninguna  fórmula  conciliatoria  por  la  insistencia  de  los 
diplomáticos  extranjeros  en  el  mantenimiento  de  las  bases  presen- 
tadas. 

Dos  puntos  de  divergencia  han  resultado — decía  el  ..loctor  .vce- 
vedo  al  resumir  esas  conferencias — :1a  afectación  de  una  renta  es- 
pecial en  garantía  y  el  quantum  del  interés.  Respecto  de  lo  prime- 
ro, el  Gobierno  «en  su  vivo  deseo  de  llegar  a  un  avenimiento,  ven- 
ce la  repugnancia  nue  le  inspira  la  afectación  esp3'7ial  de  rf-ntas 
en  los  mismos  momentos  que  hace  todos  sus  esfuerzos  para  desem- 
peñar las  que  todavía  existen  gravadas».  Pero  como  por  el  tratado 
de  préstamos  de  1851  la  renta  aduanera  debe  ser  afectada  en  primer 
término  al  Brasil,  procede  la  siguiente  fórmula:  «Queda  afectada 
la  renta  de  Aduana  sin  perjuicio  de  los  derechos  que  resulten  .en 
virtud  de  los  tratados  anteriores».  Respecto  del  interés,  el  Gobier- 
no «dejando  a  un  lado  la  cuestión  de  justicia,  ha  hecho  cuestión  de 
imposibilidad».  Si  se  destinan  2  millones  de  pesos  al  servicio  de 
las  diversas  deudas,  ¿cómo  podría  sostenerse  una  nación  cuyas  ren- 
tas no  pasan  de  3  millones?  Ante  la  declaración  de  los  Mini.stros 
d«  que  son  irreductibles  sus  instrucciones,  debe  el  Gobierno  «optar 
entre  una  colisión  con  Inglaterra  y  Francia  o  la  acepti'-ión  de  un 
compromiso  que  excede  las  fuerzas  del  país  y  sabe  no  podrá  cum- 
plir».  Y  opta   por  el  segundo  medio. 


310  IIISTOniA     DEL     Ur.UGLAV 


Contestaron  los  Ministros  que  ellos  no  podían  aceptar  ¡a  forma 
condicional  dada  a  la  garantía  de  la  renta  aduanera,  y  en  cuanto 
a  los  términos  relativos  a  la  tasa  del  interés,  «que  arrojando  la 
odiosidad  sobre  los  procedimientos  de  los  Gobiernos  de  Francia 
e  Inglaterra  que  han  dado  prueba  de  longanimidad  sin  ijemplo, 
parecen  calculadas  de  una  manera  a  provocar  antes  el  rechazo  que 
la  sanción  de  la  conTención  por  la  Asamblea». 

Insistió  nuestra  cancillería  en  que  se  trataba  de  dos  hechos:  la 
existencia  de  una  afectación  anterior  de  las  rentas  y  la  escasez  de 
los    recursos    financieros. 

Y  replicaron  los  Ministros  que  eran  «restricciones  inaceptabl'^s 
y  desatentas»,  y^  que  si  el  Gobierno  tenía  la  intención  de  conclu'r 
el  arreglo,  debía  limitarse  «a  decir  sin  comentarios»  que  la  ren*' 
aduanera  quedaba  afectada  y  que  la  deuda  gozaría  del  5  f/r  de 
interés   anual. 

«El  infrascripto — contestó  el  doctor  Acevedo  cerrando  el  debate — 
ha  tenido  por  desgracia  más  de  una  vez  la  ocasión  de  lamentar  el  to- 
no que  Su  Señoría  se  cree  en  el  caso  de  emplear  al  dirigirse  a  una 
nación  independiente...  El  Gobierno  de  la  Repiiblica  no  ha  dadi; 
a  nadie  el  derecho  de  poner  en  duda  su  lealtad,  ni  le  reconoce  h 
nadie   el    derecho    de   dictar   las  condiciones   para   un   arreglo». 

H-ubo  luego  un  paréntesis  de  silencio,  porque  las  Legaciones  re- 
solvieron  pedir   instrucciones   a   Europa. 

Al  reabrirse  el  debate  los  diplomáticos  extranjeros  se  limitaron  a 
decir  que  las  nuevas  instrucciones  les  ordenaban  «pedir  inmediata- 
mente la  adopción  pura  y  simple»  de  la  fórmula  que  ellos  habían; 
presentado. 

Ya  el  gobierno  de  Berro  había  destituido  a  su  primer  ministerio 
y  el  doctor  Arrascaeta  que  desempeñaba  la  cartera  de  Relaciones 
Exteriores  pidió  una  conferencia  que  los  diplomáticos  no  rehusaron 
aunque  «previniendo  que  les  estaba  prohibido  aceptar  nuevas  dis- 
cusiones». 

Como  pasaran  unos  días  sin  que  se  señalara  la  audiencia  ofrecida 
los  Ministros  recabaron  explicaciones,  y  entonces  contestó  el  doctor 
Arrascaeta  que  el  Gobierno  no  podía  concebir  «una  conferencia  sin 
discusión  de  los  puntos  cuya  resolución  se  buscaba  en  ella»,  v 
en  cuanto  a  la  fórmula  del  arreglo  que  rechfízado  todo  debate  y 
no  pudiendo  «oponerse  con  éxito  como  en  otro  caso  lo  haría  a  la 
insinuación  que  en  nombre  de  la  Francia  y  la  Inglaterra  se  le  diri- 
gía,  estaba  pronto   a   firmar  la   aceptación  pura  y  simple». 

Habían    triunfado    los   Ministros   de   Francia    e    Inglaterra    con   su 


COÜIKÜNO     Ui:     üEIilJO  311 


amenaza  de  recurrir  a  los  cañones  de  sus  buques.  Pero  no  estaban 
satisfechos  todavía.  Querían  que  el  monto  de  la  deuda  fuera  ratifi- 
cado por  la  Comisión  mixta,  a  pesar  de  que  la  Comisión  mixta  no 
podía  fallar  porque  entre  sus  miembros  había  empate  y  porque  el 
asunto  había  salido  ya  de  su  jurisdicción  para  ser  tratado  de  go. 
bierno  a  gobierno.  Contestó  el  doctor  Arrascaeta  que  el  Gol)ierno 
Oriental  no  podía  imponer  a  sus  Comisarios  la  cifra  de  4  millo- 
nes, en  vez  de  la  de  3  que  ellos  habían  fijado,  pero  que  se  podía 
proceder  al  sorteo  del  quinto  arbitro  de  acuerdo  con  la  conven- 
ción. Era  esa  una  solución,  pero  como  las  Legaciones  estaban 
dispuestas  a  mantenerse  en  el  terreno  de  las  medidas  coercitivas, 
rechazaron  la  designación  del  arbitro  llamado  a  dirimir  el  em- 
pate, a  título  de  que  «no  había  razón  ni  lógica  para  librar  a  la 
casualidad  la  solución  de  una  negociación  que  había  dado  lugar  a 
tantos   debates.» 

Volvió,  pues,  a  quedar  interrumpido  el  cambio  de  notas  hasta 
febrero  de  1862  en  que  las  Legaciones,  luego  de  recibir  nuevas 
instrucciones  de  Londres  y  París,  presentaron  la  siguiente  fór- 
mula «en  calidad  de  ultimátum  que  el  Gobierno  Oriental  tendría 
que  aceptar  o  rechazar  sin  condición  alguna  en  un  plazo  que  ex- 
piraría el   10   de  marzo»: 

La  Comisión  mixta  se  reunirá  para  establecer  en  forma  solemne 
la  suma  de  4  millones  de  pesos.  Esa  suma  gozará  del  5  Ve  de 
interés  y  se  amortizará  en  un  período  de  30  años  divididos  en 
seis  quinquenios,  subiendo  la  amortización  gradualmente  desde  oí 
1  '' >  en  el  primero  hasta  el  5  9r  en  los  dos  últimos,  El  servicio 
estará  garantido  por  las  rentas  generales  y  será  extraído  men- 
sualmente    de    la    Aduana. 

El  ultiinátuin  ante  el   Cuerpo  L/Cgíslativo. 

El  gobierno  de  Berro  que  no  podía  obligar  a  sus  delegados  de 
la  ComisióEt*Tíiixta  a  votar  una  suma  mayor  que  la  que  ellos 
habían  reconocido,  resolvió  dirigirse  al  Cuerpo  Legistlativo  para 
dar  cuenta  del  ultimátum  y  provocar  la  sanción  de  una  ley  que 
reconociera  los  cuatro  millones  ya  aceptados  en  el  curso  de  los 
debates   diplomáticos. 

Examinando  el  asunto  decía  la  Comisión  informante  de  la  Cá- 
mara de  Diputados: 

La  ley  de  1854  que  consolidó  la  deuda  nacional  declaró  pres- 
criptos  todos  los  créditos  que  no  fueran  presentados  dentro  de  los 


312  HISTOIUA    DEL    URUGUAY 


plazos  que  ella  establecía.  Ninguna  duda  podía  caber  a  este  res- 
pecto: la  deuda  no  presentada  quedaba  prescripta.  La  ley  de  1855 
excluyó  sin  embargo  de  la  prescripción  a  los  acreedores  hipote- 
carios que  no  se  hubieran  presentado.  Dos  años  después  establecía 
el  Poder  Ejecutivo  con  las  Legaciones  de  Francia  e  Inglaterra  un 
procedimiento  especial  para  los  reclamos  franco-ingleses  y  la 
Asamblea  aprobaba  sus  bases.  La  Comisión  mixta  que  ese  acuerdo 
establecía  empezó  a  funcionar.  Pero  eran  tantos  los  tropiezos 
«que  diariamente  se  tocaban  por  los  Comisarios  orientales  que 
sólo  se  pronunció  la  Comisión  sobre  el  mérito  de  un  solo  expe- 
diente». Los  Comisarios  orientales  dieron  cuenta  al  ministerio  del 
desacuerdo  existente  y  el  asunto  volvió  entonces  a  ser  tratado 
directamente  entre  las  Legaciones  y  el  Poder  Ejecutivo,  que  son 
los  llamados  a  solucionarlo,  porque  ya  no  puede  revivir  la  Comi- 
sión mixta  como  lo  pretenden  las  Legaciones. 

Abierta  la  discusión  en  la  Cámara  historió  así  sus  antecedentes 
el  miembro  informante  doctor  Carreras: 

Tuvo  una  razón  justificada  la  ley  de  perjuicios  de  guerra: 
evitar  el  reconocimiento  de  los  reclamos  exorbitantes  que  sur- 
gían a  raíz  de  la  terminación  de  la  lucha.  Sus  males  provienen 
de  los  reglamentos  dictados  por  el  Poder  Ejecutivo  que  no  cerraron 
eficazmente  la  puerta  a  la  codicia  y  al  abuso.  Vino  luego  una  ley 
de  consolidación  que  como  las  anteriores  equiparó  a  todos  los  re- 
clamantes. Pero  la  ley  de  1855  abrió  de  nuevo  la  puerta  a  !a 
arbitrariedad,  declarando  que  no  estaban  comprendidos  en  la  con- 
solidación los  acreedores  hipotecarios  que  eran  todos  extranjeros. 
Como  resultado  de  la  convención  de  1857,  exigida  por  las  Lega- 
ciones de  Francia  e  Inglaterra  al  gobierno  de  Pereira  a  mérito 
de  una  promesa  del  gobierno  de  Plores,  empezó  a  funcionar  más 
adelante  la  Comisión  mixta.  Los  Comisarios  extranjeros  preten- 
dían llevarse  todo  por  delante,  empezando  por  la  prueba  de  .los 
veciamos.  A  título  de  que  la  convención  no  lo  prohibía,  exigían 
que  se  admitiese  como  testigos  a  otros  reclamantes  que  tenían 
naturalmente  interés  en  que  prevalecieran  todas  las  exigencias. 
Los  Comisario's  orientales  se  negaban  a  admitir  tales  testigos  y 
eso  dio  por  resultado  que  el  asunto  se  plantease  de  otro  modo: 
mediante  la  fijación  de  una  cantidad  global  para  el  conjunto  de 
las  reclamaciones.  Los  Comisarios  orientales  propusieron  tres  mi- 
llones y  los  franco-ingleses  5  millones.  No  era  posible  convocar  al 
quinto  arbitro,  porque  la  convención  sólo  autorizaba  su  convoca- 
toria  «en   los   casos   de   justificación    o   declaración    especial    en   de- 


c;oi)iEi;.\-o    UF.    nEuro  313 


talle».  El  Gobierno  ofreció  entonces  4  millones,  cifra  que  aceptaron 
l3S  Legaciones  pero  con  la  exigencia  de  que  fuera  la  Comisión  mix- 
ta la  encargada  de  ratificarla.  Tal  es  el  conflicto  y  para  hacerlo 
desaparecer  bastaría  una  ley  ratificatoria  de  la  Asamblea  bajo  la 
expresa  advertencia  de  que  no  pueda  esa  ley  ser  invocada  como 
precedente. 

La  ley  de  1853  es  constitucional, — agregó  el  doctor  Carreras  con- 
testando a  otros  oradores; — la  Constitución  prohibe  ocupar  la  pro- 
piedad privada  sin  previa  indemnización,  aparte  de  que  había  que 
evitar  los  grandes  reclamos  de  los  extranjeros.  Fué  votada  canóni- 
camente en  las  dos  Cámaras  porque  todos  estaban  de  acuerdo  en  su 
necesidad.  Si  ha  dado  lugar  a  abusos  es  por  efecto  de  la  confu- 
sión de  los  actos  de  expropiación  con  los  perjuicios  y  desgracias 
de  la  guerra  y  asimismo  por  no  haber  sido  castigados  los  auto- 
res de  los  fraudes. 

También  en  el  Senado  fué  unánime  la  opinión  de  que  la  Comi- 
sión mixta  no  podía  volver  a  funcionar  después  de  resueltos  los 
Gobiernos  europeos  a  tratar  directamente  el  asunto  para  que 
aquélla    había    sido    instituida. 

El  senador  Vázquez,  que  había  formado  parte  de  la  Comisión 
mixta,  formuló  acusaciones  muy  graves  contra  los  Comisarios 
franco-ingleses. 

Llegaron  a  formarse  —  dijo  —  700  expedientes  en  general  del 
tipo  de  uno  en  que  el  reclamante  exigía  el  precio  de  700  vacunos 
y  8,000  ovinos  que  poblaban  una  chacra  que  según  su  propia  con- 
fesión tenía  treinta  cuadras,  lo  cual  no  obstó  para  que  su  reclamo 
de  veinte  mil  pesos  fuera  aceptado  como  bueno  por  los  Comisarios 
franco-ingleses.  Para  justificar  el  reclamo  de  un  inglés,  bastaba  el 
testimonio  de  cuatro  ingleses,  y  para  justificar  el  reclamo  de  un 
francés,  el  de  cuatro  franceses,  compareciendo  como  testigos  de 
cada  expediente  los   que   actuaban   como   reclamantes   en   los   demás. 

Se  ai'i'iba  a*tília  convención  tliploniática  que  pone  térnü3it>  al  con- 
flicto. 

Después  de  largos  debates  fué  votada  la  ley  que  autorizaba  al 
Peder  Ejecutivo  para  reconocer  hasta  la  suma  de  cuatro  millones 
como  monto  de  las  reclamaciones  franco-inglesas.  El  servicio  de  la 
nueva  deuda  sería  materia  de  una  convención  especial  que  el  Po- 
der   Ejecutivo    sometería    oportunamente    a    la    Asamblea. 

Y   en   el   acto   quedó   ajustada   la   convención   de   acuerdo   con   las 


314  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


exigencias  de  los  Ministros  de  Francia  e  Inglaterra.  Los  cuatro 
millones  de  pesos  serían  entregados  a  las  Legaciones  para  que 
ellas  los  repartieran  entre  los  interesados.  Los  títulos  gozarían 
del  5  %  de  interés  anual  y  serían  amortizados  en  un  período  de 
30  años  divididos  en  seis  quinquenios  abonándose  por  concepto 
de  amortización  el  1  %  en  el  primer  quinquenio,  el  2  Se  en  el 
segundo  y  así  sucesivamente  hasta  el  5  9^  en  los  dos  últimos.  El 
importe  del  servicio  de  intereses  y  amortización  se  apartaría  men- 
eualmente  de  la  caja  recaudadora  de  los  impuestos  de  papel  se- 
llado y  patentes  de  giro.  La  cantidad  apartada  se  depositaría  en 
un  banco  de  plaza  que  daría  un  recibo  por  duplicado  a  las  Le- 
gaciones, pero  el  Gobierno  respondería  del  depósito  hasta  la  efec- 
tiA-a  realización  de  los  pagos.  La  amortización  se  haría  mediante 
propuestas  presentadas  al  banco  depositario  del  servicio,  pudiendo 
asistir  al  acto  los  Ministros  o  agentes  de  Francia  e  Inglaterra  y 
obigatoriamente  el  Fiscal  de  Gobierno. 

Su  tramitación  parlamentaria  dio  lugar  a  nuevos  y  ardientes 
debates. 

«Al  examinar  dicha  convención  —  deoia  la  Comisión  de  Ha- 
cienda de  la  Cámara  de  Diputados  —  la  Comisión  encuentra  que 
ella  es  la  continuación,  el  complemento  del  sistema  de  exigencias 
desmedidas  presentadas  por  les  agentes  de  Francia  e  Inglaterra 
en  el  curso  de  este  desgraciado  negocio,  cuyo  acto  más  atentato- 
rio de  la  dignidad  nacional  fué  el  inmerecido  ultimátum  del  22 
de    febrero   del    corriente    año.» 

«Se  ha  dicho  —  agregó  el  diputado  don  í'edro  Díaz  —  al  san- 
cionarse los  cuatro  millones,  que  la  Nación  era  robada  por  los 
extranjeros  y  que  ese  robo  dependía  de  los  primitivos  arreglos 
hechos  por  las  administraciones  anteriores.  Pero  nosotros  agranda- 
mos cp'^a  vez  más  ese  robo  y  además  de  los  cuatro  millones  que 
hemos  sancionado  sin  deberlos  porque  las  fuerzas  y  las  bayonetas 
han  venido  a  imponerlo,  vamos  a  regalarles  también  a  esos  se- 
ñores los  intereses  de  una  deuda  imaginaria  como  esa  que  es  un 
robo   a  la  Nación.» 

«Hemos  aceptado  —  dijo  don  Justo  Corta  —  eso  que  no  debía- 
mos por  la  fuerza,  temiendo  perder  más  en  un  conflicto  en  que 
indudablemente  más  perderíamos,  y  aceptándolo  debemos  aceptar 
•US  consecuencias  y  una  de  ellas  es  ésta:  ¿Tenemos  nosotros  la 
libertad  de  optar  por  otra  cosa?  Sólo  llegando  a  la  guerra.  Pero 
yo  creo  que  razonablemente  ninguno  querría  llegar  a  la  guerra.» 

El    Ministro    de    Hacienda      don    Antonio    María    Pérez    entró      en 


co;ai:r\o  de  kerko  315 


algunos  pormenores  de  la  negociación,  luego  de  referirse  «a  las 
exorbitantes  pretensiones  de  los  agentes  extranjeros  fundadas  en 
las  instrucciones  que  tenían  de  sus  respectivos  Gobiernos».  Los 
agentes  exigían  la  afectación  de  la  renta  aduanera,  pero  como  ya. 
estaba  hipotecada  al  Brasil  optaron  por  la  de  patentes  y  papel 
sellado.  Hicieron  luego  incapié  en  que  los  productos  de  la  renta 
«fueran  enti'egados  a  ellos»  y  sólo  «al  fin  de  mucho  trabajo  se  pudo 
reducir  a  los  agentes  a  que  esas  cantidades  fueran  a  un  banco 
que  eligiese  el  Poder  Ejecutivo».  Se  consiguió  también  que  la 
amortización  de  la  deuda  fuera  hecha  a  propuestas  cerradas.  Exi- 
gían una  cláusula  que  estableciera  que  los  Ministros  diplomátiirop 
o  sus  agentes  deberían  asistir  a  la  apertura  de  las  propuestas, 
contentándose   al   fin   con    la   frase   «pudiendo   asistir». 

Concluida  la  explicación  ministerial,  manifestó  uno  de  los  "ora- 
dores, refiriéndose  al  cambio  de  gabinete  ocurrido  en  1861: 

«Hizo  mucha  sensación  entre  los  miembros  del  Cuerpo  Legisla- 
tivo y  en  el  país  entero  la  noticia  de  la  cesación  de  aquel  minis- 
terio y  de  cierto  parece  que  se  previese  t'odo  lo  que  había  ds  venir 
de  aquel  acto...  Si  el  doctor  Acevedo  hubiese  estado  en  el  minis- 
terio, con  la  inteligencia  que  es  preciso  reconocerle  y  con  la  ener- 
gía que  le  acompaña  hubiera  concluido  este  negocio  sin  los  incon- 
venientes que  él  tiene  y  sin  los  agravios  que  infiere  a  la  dignidad 
nacional   y  a  los   intereses  del  país». 

La  convención  de  1857,  dijo  en  seguida  el  doctor  Vázquez  Sagas- 
tume,  colocó  a  los  reclamantes  franco-ingleses  en  condiciones  infi- 
nitamente superiores  a  las  de  los  orientales.  Pero  al  menos  mante- 
nía el  principio  de  que  sólo  las  reclamaciones  justificadas  entrarían 
a  formar  parte  de  la  deuda  nacional  de  acuerdo  con  la  ley  de  per- 
juicios de  guerra  de  1853.  Desde  las  primeras  reuniones  resultó 
sin  embargo  que  no  podían  ponerse  de  acuerdo  los  Comisarios  na- 
cionales con  los  extranjeros,  porque  para  éstos  todas  las  reclama- 
ciones eran  legítimas.  Uno  de  ellos  llegó  a  declarar  «que  los  súb. 
ditos  de  aii--nación  no  mentían  jamás  y  que  para  probar  la  verdad 
de  la  palabra  de  cualquiera  de  ellos  y  en  cualquier  circunstancia 
estaban  los  cañones  de  su  nación».  Eso  trajo  la  renuncia  de  los 
Comisarios  orientales  y  luego  la  negociación  directa  entre  nues- 
tro Gobierno  y  los  Gobiernos  de  Francia  e  Inglaterra  sobre  recono- 
cimienlío  de  los  cuatro  millones,  falseándose  así  el  principio  de  la 
previa    justificacrSn    de    las    reclamaciones. 

Para  el  doctor  Vázquez  Sagastume  era  vejatoria  la  cláusula  que 
obligaba  a  entregar  los  bonos  de  la  deuda  a  las  Legaciones  y  tam- 


31 G  IIISTOr.IA    DEL    UiíUGUAY 

bien   lo   era  la  que   obligaba    al   Gobierno  a   depositar   el   dinero   del 
servicio   en  un  banco  bajo  su  directa  responsabilidad   y    riesgo. 

La  convención  quedó  sin  embargo  aprobada  por  la  Asamblea  y 
entonces  los  Ministros  de  Francia  e  Inglaterra  entregaron  respec- 
tivamente 714,771  pesos  y  465,291  en  bonos  de  la  deuda  de  1854 
percibidos  por  algunos  de  los  reclamantes,  recibiendo  en  cambio 
los  4  millones  de  pesos  equivalentes  a  3.200,000  de  la  nueva  ley 
monetaria,   de  cuya   distribución  quedaban   encargados. 

¿Eran  temores  exagerados  los  que  inspiraban  los  cañones  ingle- 
ses y  franceses? 

ASÍ  concluyó  este  incidente  diplomático  tan  poco  edificante  pa- 
ra los  Gobiernos  de  Francia  e  Inglaterra  que  abusando  de  un  acto 
de  sin  igual  desprendimiento  de  la  Asamblea  uruguaya  al  recíonocer 
los  perjuicios  de  la  Guerra  Grande,  consiguieron  arrancar  bajo  la 
presión  de  los  cañones  una  suma  varias  veces  millonaria  como  re- 
mate de  expedientes  que  si  algo  probaban  eran  los  fraudes  escan- 
dalosos que  habían   amparado  las  Legaciones. 

¿Podían  reputarse  exagerados  tos  temores  que  habían  inspirado 
al  Gobierno  y  al  Cuerpo  Legislativo  la  aceptación  de  las  condicio- 
nes   impuestas   por   las    Legaciones? 

En  los  mismos  momentos  en  que  la  Francia  y  la  Inglaterra  di- 
rigían su  ultimátum  al  gobierno  de  Berro,  publicaba  la  prensa  del 
Río  de  la  Plata  el  manifiesto  de  Juárez,  Presidente  de  Méjico, 
anunciando  que  los  franceses  y  los  ingleses  acababan  de  declarar 
la  guerra  a  su  país  y  que  la  fortaleza  de  Vera  Cruz  ya  estaba  ba- 
jo  el   dominio   de  los  asaltantes  europeos. 

Esa  coincidencia  de  situaciones  determinó  sin  duda  el  movimien- 
to de  protesta  que  un  año  y  medio  después  provocó  en  Montevideo 
la  toma  de  Puebla,  el  heroico   baluarte  mejicano. 

«Americanos  y  extranjeros  —  decía  el  grupo  de  orientales  ini- 
ciador de  la  protesta  —  no  puede  haber  ningún  habitante  de  Amé- 
rica, a  no  ser  los  que  viajan  en  ella  por  lujo,  que  pueda  ser  indi- 
ferente a  su  destino,  que  no  sea  un  decidido  defensor  de  su  liber- 
tad y  que  no  convenga  con  n'osotros  en  que  el  interés  positivo,  ya 
que  no  la  nobleza  de  gratitud  o  de  patriotismo,  debe  empujarnos 
a  todos  a  un  mismo  resultado,  esto  es,  a  la  prosperidad  y  engran- 
decimiento de  la  América  emancipada  en  todo  menos  en  las  tra- 
diciones  de   la   civilización    de   la    Euf»opa    que    ya    hicimos   nuestras 


GOr-Ii:iJ.\0     DE     BEItKO  317 


en  el  mismo  hecho  de  repudiar  el  coloniaje  y  en  establecer  la  ba. 
se  de  la  ciencia  económica  al  abrir  nuestros  puertos  al  comercio 
libre  y  al  inscribir  en  nuestro  código  la  doctrina  de  sus  pensado- 
res. Y  esto  decimos  en  verdad  porque  no  hay  forma  posible  del  pre- 
dominio protectoral  o  tutelaje  europeo  que  no  se  encuentre  en  el 
retroceso  a  la  colonia  que  tanto  quiere  decir  como  sacrificio  indi- 
vidual o  colectivo,  ruina  Industrial  y  mercantil,  aparejando  una 
nueva  lucha  de  emancipación,  desenlace  preciso  de  todas  las  colo- 
nizaciones   metro  polit:\nas*. 

Bajo   la   impresión   de   los   abusos    conietlclos   deroga   la    Asamblea 
la   ley   de   perjuicios   de   guerra. 

Dos  leyes  importantes  dictó  la  Asamblea  de  1862,  a  raíz  de  estos 
abusos  de  las  grandes  potencias  europeas. 

Por  una  de  ellas  derogó  la  ley  de  perjuicios  de  guerra  de  1853. 
Y  por  otra  estableció  que  la  República  no  se  reconocía  obligada 
a  indemnizar  los  daños  que  pudieron  sufrir  las  propiedades  parti- 
culares por  casos  fortuitos  de  guerra  exterior  o  interior.  Sólo 
cuando  la  autoridad  nacional  hiciera  uso  de  la  propiedad  parti- 
cular con  destino  al  servicio  público  serían  indemiiizables  los  da- 
ños sufridos,  previa  justificación  del  hecho  ante  los  Tribunales. 
Los  simples  perjuicios  resultantes  de  causas  ocasionales  no  se- 
rían  indemnizables,  ni  aún  en  esos  mismos   casos. 

Fundando  su  voto  favorable  a  esta  segunda  ley,  dijo  el  doctor 
Vázquez  Sagastume  que  se  trataba  de  un  principio  de  derecho 
internacional  reconocido  por  todas  las  naciones,  y  para  demos- 
trarlo invocó  la  historia  de  España,  de  Francia  e  Inglaterra  con 
sus  cas.os  de  saqueos  y  de  incendios  durante  la  guerra,  juzgados 
como  calamidades  análogas  a  las  de  un  terremoto  o  de  una  llu- 
via  de  fuego   de    las   que   nadie   podía   considerarse   responsable. 

Y  refiriéndose  a  la  primera  decía  el  doctor  Arrascaeta  en  su 
Memoria.-'íninisterial    de    1861: 

«Los  extranjeros  al  establecerse  en  una  nación  contraen  la  obli- 
gación tácita  de  someterse  a  la  jurisdicción  y  a  las  leyes  del  país 
que  voluntariamente  y  por  su  propia  conveniencia  eligen  para 
su  residencia,  no  pudiendo  esperar,  por  carecer  de  derecho  para 
ello,  mayor  protección  que  aquella  que  la  nación  que  los  admite 
dispensa  a  sus  mismos  ciudadanos...  Sólo  por  una  condescenden- 
cia   que    no   habrá    de    repetirse,    debida   únicamente    a    las    circuns- 


318  HISTORIA    DEL    UliUCÜAV 


tancias  notorias  en  que  se  ha  encontrado  el  país,  pudo  consentir 
en  liacer  a  favor  de  las  dos  naciones  una  excepción  a  esa  regla». 
Otras  dos  leyes  votó  también  la  Asamblea  en  salvaguardia  de 
los  intereses  nacionales  tan  crudamente  heridos  por  las  potencias 
europeas.  Derogó  la  facultad  concedida  al  Poder  Ejecutivo  para 
celebrar  arreglos  diplomáticos  sobre  perjuicios  de  guerra  y  esta- 
bleció que  las  convenciones  y  contratos  de  cualquier  naturaleza 
que  el  Poder  Ejecutivo  celebrase  con  las  potencias  extranjeras,  de- 
berían  someterse   a   la   resolución   del   Cuerpo  Legislativo. 

Ldga  americana  conti*a  los   avances  eui'opeos. 

Otra  iniciativa  de  resonancia  provocaron  los  avances  de  la  di- 
plomacia franco-inglesa:  el  proyecto  presentado  por  don  Justo 
Corta  a  principios  de  1862  a  la  Cámara  de  Diputados  de  que 
formaba  parte,  autorizando  al  Poder  Ejecutivo  para  negociar  con 
la  Argentina  y  el  Paraguay  tratados  de  alianza  ofensiva  y  defen- 
siva para  garantizarse  contra  cualquiera  agresión  extraña,  sobre 
las  bases  ya  aceptadas  por  Chile  y  Perú.  Una  vez  hecha  es.i 
alianza,  se  invitaría  a  todas  las  demás  repúblicas  americanas  a 
incorporarse    a    ella. 

El^  Presidente  de  Méjico  propuso  al  año  siguiente  la  celebración 
de  un  congreso  en  Panamá,  destinado  a  reunir  a  Los  representantes 
de  todo  el  continente  americano  contra  la  acción  de  Francia  y 
otras   potencias    europeas. 

Se  trata  en  realidad  —  decía  uno  de  los  diarios  de  la  época  — 
de  reproducir  un  pensamiento  que  ya  fué  discutido  en  Norte  Amé- 
rica bajo  la  presidencia  de  Adams  en  1825.  Ante  la  noticia  ame- 
nazante de  que  la  Santa  Alianza  ayudaría  a  España  a  reconquis- 
tar sus  colonias,  los  Ministros  de  Méjico,  Colombia  y  Centro  Amé- 
rica invitaron  en  1825  al  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  a  enviar 
representantes  a  un  congreso  que  se  reuniría  en  Panamá.  Se  desea- 
ba formar  una  Liga  contra  las  agresiones  europeas  y  se  esperaba 
que  concurrii'ían  los  demás  países  americanos.  El  Presidente  Adams 
pasó  el  asunto  al  Congreso.  La  Comisión  de  Negocios  Extranje- 
ros dictaminó  en  contra  y  hubo  en  torno  de  ese  informe  grandes 
debates.  Figuraba  en  el  programa  de  las  invitaciones  el  reconoci- 
miento de  la  independencia  de  Haití;  y  la  cuestión  de  razas  es^ 
taba  sobre  el  tapete.  Si  se  admitía  un  plenipotenciario  negro,  se 
daría  la  razón  a  sus  hermanos  de  los  Estados  Unidos.  Llegado  kI 
momento   de   la   votación,    hubo   una   débil   mayoría   en   contra   del 


GORIEnXO     DE     RERRO  319 


dictamen  y  en  consecuencia  fueron  nombrados  los  delegados  nor- 
americanos.  Pero  uno  de  ellos  murió  en  el  viaje  y  el  otro  no  llegó 
a  tiempo.  El  congreso  se  reunió,  asimismo,  en  Panamá,  en  1826, 
con  asistencia  de  los  delegados  de  Perú,  Méjico,  Centro  América 
y  Colombia,  arribándose  a  un  tratado  de  amistad  y  a  un  programa 
de  reuniones  periódicas  que  no  alcanzó  a  cumplirse  por  efecto  de 
las   revoluciones   ocurridas   en   los   países   contratantes. 

La  Asamblea  rechaza   el   pi'oyecto   <le  creación  de   una   Coniisióti 
mixta  para  el  arreglo  de  los  reclamos  del  Brasil. 

No  contento  el  gobierno  de  Pereira  según  hemos  tenido  oportu- 
nidad de  demostrarlo,  con  acordar  el  establecimiento  de  la  Comi- 
sión mixta  prometida  por  Plores  a  la  Inglaterra  y  a  la  Fran- 
cia, suscribió  otro  convenio  igual  con  la  Legación  del  Brasil  que 
felizmente  marchó  con  más  parsimonia  dando  tiempo  a  que  se  uní. 
formaran  las  opiniones  en  contra  de  todo  lo  que  significaba  arran- 
car los  reclamos  de  guerra  a  la  jurisdicción  natural  de  nuestras  le- 
yes  y  de  nuestros  Tribunales. 

Cuando  la  Legación  Imperial  trató  en  1860  de  apurar  el  trámite 
de  la  ley,  ya  los  Ministros  de  Francia  y  de  Inglaterra  estaban  dan- 
do la  medida  de  todos  los  escándalos  que  podían  consumarse  a 
la  sombra  de  las  comisiones  mixtas  y  la  Cámara  de  Senadores  re- 
chazó en  consecuencia  el  convenio,  evitando  así  al  país  nuevas  y 
abrumadoras  deudas  y  quizá  incidentes  de  más  honda  rcpercus'ón 
que   los   que   acababan   de  producirse. 

El  monto  de  la  deuda. 

Véase  cómo  computaba  el  Ministro  de  Hacienda  las  deudas  exis- 
tentes  en   1861: 

Deudas    externas  (brasileña    $  3. 11 7,900, 
^^  francesa  1.019,100,  inglesa  340,900).      .     $     4.477,941 

Deudas  internas  (fundada,  interna,   etc.)  6.757,265 
Deudas  arregladas  (con  derecho   a  entrar 

en  la  fundada) 9.230,280 

Deudas  arregladas   (con  derecho  a  entrar 

en  la  interna) 450,866 

Deudas  por  arreglar 4.807.709 

Diversos  créditos    1.022,324 

$  26.746,385 


3-20 


HISTORIA    DEL    URUGUAY 


Entre  las  deudas  por  arreglar  figuraban  las  reclamaciones  fran. 
co-inglesas,  todavía  en  discusión,  y  -  entre  las  deudas  arregladas 
8.642,956  pesos  de  bonos  de  la  consolidada  que  debían  entrar  en  la 
deuda  fundada. 

«Todo  el  monto  de  la  deuda  se  puede  decir  a  ciencia  cierta  es  de- 
bido a  nuestros  extravíos  pasados,  que  nos  servirán  de  Ifíción  pa- 
ra que  deponiendo  en  aras  de  la  patria  toda  mala  aspi'-uc  ion  tra- 
bajemos  todos  por   el   mantenimiento   de   la   paz». 

'j  al  era  el  comentario  que  el  cuadro  que  acabamos  de  extractar 
sugería  al   Ministro   de   Hacienda. 

Un  año  después  la  Contaduría  General  computaba  kis  'leudas  ex- 
ternas, las  internas,  las  deudas  arregladas,  la  hipotecaria,  la  deuda 
por  arreglar  y  los  créditos  pendientes  de  resolución  legislativa, 
en  24.829,456  pesos  de  la  antigua  moneda,  equivalentes  a  19.863,564 
de  la  nueva  ley,  debiéndose  el  descenso  al  canje  que  proseguía  y  a 
la   amortización   que  se  cumplía  con   toda   estrictez. 

Desde  diciembre  de  1860  hasta  diciembrR  de  1861  entregó  la  Te. 
sorería  Naci'onal  al  Banco  Mauá  548,652  pesos  por  concepto  de 
adicionales  de  Aduana  afectados  al  servicio  de  la  deuda  fundada,  re- 
teniendo después  de  cubierto  el  servicio  y  de  pagada  la  comisión 
del  2  V2  %  al  banco,  un  saldo  sobrante  de  73,187  pesos  por  haber 
producido   la   renta   621,839   pesos. 

Esa  misma  renta  produjo  511,211  pesos  en  1862,  de  los  que  ab- 
sorbió la  deuda  fundada  406,702  pesos,  quedando  a  la  Tesorería 
un  saldo  sobrante   de  104,508. 

Iaí    deuda    ciixmlante    con    sea-vicio    efectivo. 

La  Oficina  de  Crédito  Público  señala  así  en  sus  cuadros  recapi- 
tulativos  el  movimiento  de  la  deuda  emitida  en  el  quinquenio 
1860-1864: 


ANOS 


Emisión 
anual 


Emisión 
progresiva 


Extinción 
anual 


Monto 
circulante 


1860  . 

1861  . 

1862  . 

1863  . 

1864  . 


2.726.880 

686.880 

98,880 

29,760 

9.604,760 


2.726.880 
3.413,760 
3.512,640 
3.f)42.400 
13.147,160 


379,200 
291,360 
348.000 
486,360 


2.726,880 
3.034. iS60 
2.842.000 
2.r)23.840 
11.642,240 


GOBIERNO    DE    BEHiRO  321 


Abarcan  estas  cifras  la  deuda  fundada  1."  serie,  la  interna  1."  se- 
rie, la  franco-inglesa  y  el  empréstito  montevideano-europeo  procer 
dente  de  la  conversión  de  la  deuda  interna  en  deuda  externa  au- 
torizada por  el  contrato  con  el  Banco  Mauá. 

Es  desde  1860  que  aíranca  la  organización  de  nuestro  crédito 
público  mediante  el  pago  regular  de  los  intereses  y  de  la  amortiza- 
ción y  el  canje  de  títulos  que  se  arrastraban  por  el  suelo  a  fuer- 
za de  no  tener  cotización,  por  valores  efectivos  cuya  posesión  se 
disputaban    los   colocadores   de   dinero. 

Tan  prestigioso  resultó  ese  punto  de  arranque  que  el  Ministro 
Maillefer,  no  obstante  su  acritud  con  el  gobierno  de  Berro  en  los 
incidentes  relativos  a  la  deuda  por  perjuicios  de  guerra,  se  creyó 
obligado  al  terminar  el  mandato  de  aquel  magistrado  a  rendir, 
pleito  homenaje  a  su  admirable  conducta  en  materia  de  buena  y 
exacta   aplicación   de   los   dineros  públicos. 

Acusando  recibo  de  la  comunicación  relativa  a  la  trasmisión 
del   mando   en   marzo   de  1864,   decía    a   nuestra   cancillería: 

«Me  he  apresurado  a  llevar  al  conocimiento  del  gobierno  del  Em- 
perador aquella  despedida  del  sentido  magistrado  que  a  pesar  de 
los  rigores  de  los  tiempos  ha  llenado  tan  concienzudamente  sus 
compromisos   para   con   la  Francia». 

Y  contestando  en  esos  mismos  días  a  varios  centenares  de  resi- 
dentes franceses  que  le  agradecían  su  intervención  en  el  asunto 
de  la  deuda,   agregaba   el   Ministro   Maillefer: 

«Han  comprendido  esos  dignos  franceses  que  mi  particular  soli- 
citud hacia  nuestros  reclamantes  debía  concillarse  no  solamente 
con  los  intereses  de  la  colonia  entera  sino  aún  con  las  justas  con- 
sideraciones que  merece  esta  segunda  patria  de  tantas  familias 
francesas  que  después  de  haberles  abierto  el  camino  del  bienestar, 
después  de  haber  lealmente  aceptado  sus  obligaciones  diplomáti- 
cas indemnizándolas  en  cuanto  posible  era  de  sus  pérdidas  y  sufri- 
mientos inmerecidos,  continúa  cumpliendo  sus  compromisos  pecu- 
niarios hacia  nosotros  en  medio  de  los  embarazos  y  de  las  eroga- 
cionés^de  una  nueva  guerra  civil:^. 

Precio   (le   las   deudas. 

He  aquí  según  los  datos  recogidos  por  don  Adolfo  Vaillant  el  pro- 
medio de  amortización  de  las  deudas  públicas  en  el  período  1859- 
1864: 


21  -V 


322 


HISTORIA     DEL    URUGUAY 


ANOS 


Fundada  (6  "o) 


Franco -inglesa 

(5  "¡o) 


1859 
1860 
1861 
1862 
1863 
1864 


33  Vs  °/o 
36  Vo 

4U  '  s  a  43 
44  1/2  a  49 
70  a  80 
83  a  84  • 


a  60  °/o 


Tales  eran  los  precios  que  pagaba  el  Estado  en  sus  periódicos 
llamados  a  propuestas  para  hacer  efectivo  el  servicio  de  amor- 
tización. 

De  las  revistas  comerciales  de  la  época  extraemos  estos  otros 
datos   relativos   a  las  cotizaciones   de  plaza: 


Consolidados 

Exigible 

Fundada 

Interna 

Franco -in- 

de 1854 

glesa 

i 

Por  100  pesos 

Por  100  pesos 

Por  100  pesos 

Por  100  pesos 

Por  100  pesos 

1860  Enero    .      . 

12  reales 



_ 





1861  Marzo   .     . 

16      " 

32  reales 

— 

— 

— 

»     Julio 

— 

— 

$  41  a  43 

— 

"     Agosto  .      . 

16  reales 

32  reales 

>■  42 

— 

í>     Octubre 

16      .. 

32      .. 

»  43 





1863  Marzo  .     . 

22      '. 

40      '. 

>.  54 

$     40 

— 

>>          »       .     . 

23      » 

44      '. 

»  56 

»     41 

$  32  a  45 

»     Diciembre  . 

30      » 

— 

— 

..    42 

»  50 

Don  Tomás  Villalba,  luego  de  destacar  en  su  Memoria  de  Hacien- 
da de  1860  la  suba  de  la  deuda  fundada  del  32  V2  a  que  se  cotizaba 
a  principios  de  ese  año,  al  40  %  a  que  llegó  en  febrero  de  1861, 
decía  que  podía  aguardarse  alguna  valorización  todavía,  pero  no 
ya  tan  acentuada,  dada  la  tasa  del  interés  de  plaza,  que  giraba 
alrededor    del    12  Ve    al   año. 

Oréditos   diversos. 


Otros  créditos  flotantes  aguardaban  su  consolidación  y  de  ellos 
resolvió  ocuparse  también  el  gobierno  de  Berro  en  su  plan  de 
saneamiento   financiero. 

Entre  esos  créditos  figuraba  el  de  de  los  ex  legionarios  del  sitio 
de  Montevideo,  a  quienes  la  Asamblea  de  la  época  había  mandado 
adjudicar  20  leguas  de  campo  y  50,000  animales  vacunos.  En  185Q 
el  general  Flores  se  presentó  al  Senado,  solicitando  con  ese  objeto 


GOBIERNO     l>E    HERRÓ  323 


el  campo  conocido  por  Rincón  de  las  Gallinas,  siempre  que  fuera  de- 
clarado de  propiedad  pública  en  el  pleito  seguido  con  los  señores 
Martínez  de  Haedo.  Pero  la  Asamblea  liquidó  el  asunto  mediante 
la  sanción  de  una  ley  que  autorizaba  la  entrega  de  500,000  pesos 
dé  deuda  interna  a  los  legionarios  en  pago  de  todo  lo  que  se  les 
había   prometido    anteriormente. 

Figuraba  también  el  crédito  de  don  Víctor  Weill,  procedente 
de  un  préstamo  de  20,000  pesos  al  gobierno  de  la  Defensa,  con  ga- 
rantía de  un  impuesto  sobre  el  pan  de  que  luego  echó  mano  el  Go- 
bierno, dando  lugar  oon  ello  a  un  pleito  del  que  resultó  una  liquida- 
ción a  cargo  del  erario  público  por  213,700  pesos,  que  después  subió 
a  316,350  por  la  acumulación  de  nuevos  intereses. 

Explicando  tan  prodigioso  crecimiento,  decía  el  senador  don  Vi- 
cente Vázquez  en  1863  que  el  préstamo  de  Weill  devengaba  el  6  % 
mensual,  o  sea  el  72  9c  anual,  y  agregaba  don  Manuel  Herrera  y 
Obes,  uno  de  los  proceres  de  la  Defensa,  que  él  había  tenido  que 
tomar  mil  pesos  por  un  año  en  esa  misma  época,  bajo  la  obligación 
de  devolver  el  doble  al  prestamista  y  que  como  su  caso  podían  re- 
petirse  centenares. 

Antes  de  que  el  asunto  fuera  a  la  Asamblea,  el  gobierno  de  Berro 
quiso  oir  al  Fiscal,  y  como  la  Legación  de  Francia  se  asombrar?,  de 
ese  trámite  tratándose  de  un  crédito  que  ella  consideraba  tan  sa- 
grado, se  vio  obligado  el  Ministro  de  Relaciones  Exteriores  doctor 
Acevedo  a  hacer  un  poco   de  historia. 

«Se  trata  en  el  fondo  señor  Encargado  de  Negocios  —  le  decía  — 
de  una  de  las  muchas  explotaciones  a  que  desgraciadamente  dio 
lugar  la  situación  excepcional  en  que  esta  ciudad  se  encontraba  en 
el  año  1843.  Se  trata  de  un  negocio  en  que  don  Víctor  Weill  y 
sus  socios  adelantando  apenas  una  suma  que  no  alcanzaba  a  cinco 
mil  duros  hicieron  un  verdadero  negocio  de  oro,  ganando  ingentes 
capitales,  y  sin  embargo  alegando  perjuicios  y  explotando  hábilmen- 
te la  desorganización  administrativa  de  entonces  y  sus  consecuen. 
cias  pretenden  ahora  aparecer  como  acreedores  de  más  de  200,000 
"p^sos  corrientes.  El  Gobierno  haciendto  uso  del  recurso  que  las  le- 
yes del  país  suministran  aquí  como  en  todas  partes  para  la  res- 
cisión de  actos  tan  ilegítimos  como  perjudiciales,  excitó  el  celo  del 
Fiscal  para  que  ocurriera  a  los  Tribunales.  Siendo  este  camino 
tan  legal  como  conforme  a  la  razón  no  (?oncibe  que  se  le  niegue 
una  facultad  que  se  le  reconoce  no  sólo  a  los  gobiernos,  sino  a  los 
particulares». 

Figuraba  también   un  crédito  de  la   sucesión  Lavalleja  proceden- 


324  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


te  de  confiscaciones  consumadas  bajo  el  gobierno  de  Rivera  en  1832, 
asunto  transado  en  1838  mediante  la  suma  de  250,000  pesos  paga- 
dera en  campos  que  no  fueron  entregados  por  el  Gobierno,  y  vuelto 
a  transar  en  1866  sobre  la  base  de  65  leguas  de  campo  que  ubi- 
caría la  sucesión  Lavalleja,  que  tampoco  fué  posible  entregar  por 
efecto  de  la  ley  de  1858   que  suspendió   la   denuncia  de  tierras. 

La  enseñanza  pública.   Nimiero  y  costo  de  las  escuelas. 

La  ley  de  Presupuesto  General  de  Gastos  de  1860-61  asignaba 
al  Departamento  de  Montevideo  14  escuelas  primarias  dirigidas 
por  13  maestros  que  devengaban  72  pesos  mensuales  de  sueldo,  y 
uno  que  sólo  recibía  54  pesos.  Otros  tres  maestros  de  enseñanza 
primaria    figuraban    en    la   planilla    universitaria. 

La  ley  de  presupuestos  departamentales  asignaba  a  la  campaña 
58    escuelas    primarias,    distribuidas    en    la    forma    que   subsigue: 

Canelones 9  Cerro  Larg-o 6 

San  José 4  Tacuarembó 3 

Colonia 8  Maldonado 6 

Paysandú 2  Minas 2 

Soriano 6  Florida 2 

Salto 8  Durazno 2 

Cada  escuela  tenía  un  solo  maestro  y  eso  que  varias  de  ellas 
contaban  con  más   de  200  alumnos. 

En  las  14  escuelas  déla  Capital  había  1,188  alumnos  inscriptos — 
845  varones  y  343  mujeres.  Lo  pagado  por  sueldos  y  gastos  en 
esas  escuelas  desde  marzo  de  1858  hasta  noviembre  de  1860  ascen- 
día a  25,263  pesos,  según  la  Memoria  de  la  Junta  Económico- 
Administrativa   correspondiente   a   1860. 

La  Comisión  organizadora  de  la  Sección  Uruguaya  en  la  Expo- 
sición internacional  de  1862  fijaba  así  el  costo  de  la  enseñanza 
pública  del  Departamento  de  Montevideo: 


ANOS 


Útiles 


Alquileres 


Sueldos 


1859 $     1.920     $     2.340  I  S     6.121 

1860 1        3,051  I        2,676  ¡        7,666 


GOBIERNO    DE    HEKRO  325 


En  1862  fueron  creadas  4  escuelas  más,  subiendo  entonces  a  19 
(13  de  varones  y  6  de  niñas)  el  número  de  las  que  funcionaban  en 
la    Capital.    Véase    cómo    estaban    distribuidas: 

En  la  ciudad,  4;  en  el  Cordón,  2;  en  las  Tres  Cruces,  1;  en  la 
Unión,  2;  en  Maroñas,  1;  en  el  Paso  de  las  Duranas,  1;  en  el  Paso 
del  Molino,  2;  en  el  Paso  de  la  Arena,  1;  en  el  Reducto,  1;  en 
el  Cerro,  1;    en  Peñarol,  1;    en  la  Aguada,  2. 

El  número  de  alumnos  matriculados  subió  a  2,313,  justamente 
el  doble  del  que  había  habido  en  el  año  anterior,  gracias  al  per- 
sistente trabajo  de  la  Junta  Económico-Administrativa  para  fo- 
mentar la   asistencia  escolar. 

De  esos  2,313  alumnos  1,444  eran  varones  y  869  mujeres.  La 
asistencia  a  las  cuatro  escuelas  de  la  ciudad  vieja  era  de  814. 

Uno  de  los  diarios  de  la  época  «La  Prensa  Oriental»  agregaba 
que  en  el  Departamento  de  Montevideo  funcionaban  en  esos  mo- 
mentos 40  escuelas  particulares  con  una  inscripción  de  3,268 
alumnos. 


Tentativa   para  hacer   obligatoria  la   enseñanza. 

«En  materia  de  instrucción  pública  —  decía  el  Ministro  doctor 
Acevedo  en  su  Memoria  de  1860  —  está  casi  todo  por  hacer.  En 
lo  que  toca  a  la  instrucción  primaria,  ni  hay  buenos  preceptores 
por  lo  general,  ni  son  uniformes  los  textos  de  que  se  valen  en 
las  diversas  escuelas.  El  Presidente  os  ha  indicado  la  convenien- 
cia, y  aún  la  justicia,  de  hacer  obligatoria  la  instrucción  prima- 
ria, como  ya  es  gratuita.  Sería  ese  un  gran  paso  para  el  pro- 
greso que  el  país  tiene  derecho  a  esperar...  La  Universidad  ado- 
lece de  deficiencias  en  sus  estudios  y  de  una  facilidad  excesiva 
para  conceder  el  grado  de  doctor  de  la  Facultad  de  Leyes...  Hay 
necesidad  evidente  de  un  plan  de  enseñanza  primaria  y  secundaria, 
como  lo  ha  indicado  el  Presidente,  dando  más  cabida  a  las  ciencias 
"exactas   y  sus   aplicaciones   en   la   instrucción   secundaria.» 

La  Junta  Económico-Administrativa  se  dirigió  a  la  Cámara  de 
Senadores  a  mediadofe  de  1861  llamando  su  atención  «acerca  de 
la  incuria  y  resistencia  que  oponían  muchos  padres  de  fami- 
lia a  la  educación  primaria  de  sus  hijos».  Indicaba  la  Junta  la 
conveniencia  de  que  se  dictara  una  ley  con  penas  pecuniarias  y 
en  su  defecto  arresto  a  los  padres  y  tutores  que  sin  causa  justi- 
ficada no  enviaran  sus  hijos  o  pupilos  a  la  escuela. 


326  HISTORIA    DEL    rRUGUAT 


La  Comisión  de  Legislación,  a  cuyo  estudio  pasó  el  asunto,  se 
opuso  formalmente  a  la  imposición  de  penas  que  pedía  la  corpora- 
ción  municipal. 

«Es  una  cosa  —  decía  —  que  no  está  en  las  facultades  bien 
comprendidas  de  la  Asamblea  General  \  que  causaría  males  de 
otro  orden,  que  serían  peores  que  los  que  se  propone  remediar  por 
esos  medios  que  no  se  armonizan  con  los  principios  consagrados  en 
la  ley  fundamental  de  la  República.  La  educación  de  la  niñez  como 
cualquiera  otra  causa  que  es  buena  en  sí  misma,  para  que  sea 
fructífera  debe  ser  obra  del  convencimiento  y  no  de  la  imposición 
de  la  ley  bajo  penas  coercitivas.  Bienes  de  esa  clase  no  deben 
hacerse  por  esos  medios,  porque  se  convertirían  en  un  mal  desde 
que  atacan  la  libertad  individual  dentro  de  los  límites  legítimos 
que  la  Constitución   del   Estado   garante.» 

La  Cámara  de  Senadores  siguió  el  consejo  de  su  Comisión  fie 
Legislación  en  el  deseo  probablemente  de  no  alterar  la  tranquili- 
dad del  ambiente  con-  medidas  que  aunque  perfectamente  justas 
podían  dar  lugar  a  debates  y  actos  de  resistencia  qué"  en  esos 
"momentos  había  interés  en  no  promover.  — 

Deslindando   atribuciones. 

El  Ministerio  de  Gobierno  dirigió  en  1862  una  circular  a  las 
juntas  EconóraiconAdministrativas  previniéndoles  que  invadían  las 
atribuciones  del  Instituto  de  Intrucción  Pública  y  que  a  la  vez 
quitaban  unidad  al  plan  de  la  enseñanza  al  nombrar  y  destituir 
maestros  y  designar  textos  en  la  forma  en  que  lo  hacían. 

Establecimientos   particulares. 

Entre  los  establecimientos  particulares  de  Montevideo  se  desta- 
caban : 

La  Escuela  de  la  Sociedad  Filantrópica,  fundada  con  destino  a 
los  niños  que  habían  quedado  huérfanos  o  desamparados  por  efecto 
de  la  epidemia  de  fiebre  amarilla  de  1857.  Al  empezar  a  funcio- 
nar en  1859,  contaba  con  124  alumnos;  un  año  después  con  166; 
en  1861  con  217;  en  1862  con  230;  y  en  1863  con  242.  He  aquí 
el  programa  de  examen  que  rigió  en  1861:  Sección  I:  Lectura, 
e.^,critura,  aritmética  teórico-práctica,  gramática  castellana,  análi- 
sis de  la  misma,  geografía  universal,  análisis  geográfico  sobre  ma- 


GOBIEUXO     DE     BERRO  327 


■pas,  geografía  del  país,  cronología,  historia  sagrada,  doctrina  cris- 
tiana, teneduría  de  libros.  Sección  II:  Lectura,  deletreo,  silabeo, 
lectura  corriente,  principios  de  escritura,  las  cuatro  operaciones 
de  aritmética.  Primeros  rudimentos:  revisión  y  catecismo,  gramá- 
tica,  historia   sagrada,   geografía.    Lengua   francesa,   lengua    inglesa; 

El  Liceo  italiano-español,  fundado  en  1861  por  don  Pedro  Ri- 
caldoni  y  dou  Pedro  Molfino,  con  un  plan  de  estudios  que  abarcaba 
las  siguientes  asignaturas:  catecismo,  historia  sagrada,  urbanidad, 
lectura,  escritura,  gramática  castellana,  composición,  historia  pa- 
tria, caligrafía,  geografía,  aritmética,  sistema  métrico  decimal, 
cursos  especiales:  matemáticas,  teneduría  de  libros,  francés,  inglés, 
italiano  y  latín; 

Don  Pedro  Ricaldoni  y  don  Carlos  de  la  Vega  fundaron  dos 
años  después  un  nuevo  establecimiento,  el  Colegio  Nacional,  con  el 
siguiente  plan  de  estudios:  lectura,  doctrina  cristiana,  caligrafía, 
gramática  castellana  y  retórica,  aritmética,  sistema  métrico,  tene- 
duría de  libros,  álgebra,  geometría.  Constitución,  nociones  de 
ciencias  y  artes,  geografía  universal,  geografía  de  la  República, 
historia  de  la  República,  historia  sagrada,  antigua,  romana,  media 
y  moderna,   inglés,   francés   e   italiano; 

El  Colegio  de  los  Padres  Escolapios,  a  cuyo  amplio  programa  de 
estudios  que  ya  hemos  extractado  quedaron  incorporados  en  1861 
un  curso  de  fotografía  dirigido  por  don  Antonio  Díaz  de  la 
Peña  y  un  curso  de  náutica  en  que  se  enseñaba  aritmética,  geo- 
metría, trigonometría,  logaritmos  y  dibujo  en  el  primer  año,  y 
trigonometría,   cosmografía,   pilotaje   y  planos   en   el   segundo   año: 

El  Liceo  Montevideano,  dirigido  ptor  don  José  M.  Cordero  y  don 
Pedro  Andreu,  con  el  sigaiente  plan  de  estudios:  clase  primaria: 
lecciones  de  memoria,  lectura  y  análisis,  nociones  de  geografía, 
catecismo  de  doctrina  cristiana,  gramática  castellana,  aritmética, 
escritura  modelo  y  dictado;  instrucción  superior:  música,  aritmé- 
tica, francés,  análisis  de  gramática  castellana,  escritura  al  dictado, 
escritura  correcta,  teneduría  de  libros,  geografía  universal,  his- 
toria, matemáticas,  dibujo,  doctrina  e  historia  sagrada  y  taquigra- 
fía, curso  este  último  que  empezó  a  dictarse  en  1860  bajo  la  direc. 
clon   del   taquígrafo    español   don   Carlos  F.   Aguirre; 

El  Colegio  Británico  de  don  Guillermo  Rae,  cuyo  programa  de 
examen  abarcaba  lectura,  escritura,  aritmética,  gl-amática  general, 
gramática  inglesa,  gramática  española,  gramática  latina,  geogra- 
fía universal  e  historia  universal; 

El  Colegio  Uruguayo  de  doña  Adelaida  Acha,  con  un  plan  de  es- 


328  HISTORIA     DEL    URUGUAY 


tudios  que  comprendía  lectura,  escritura,  religión,  aritmética,  gra- 
mática castellana,  geografía  general  fle  la  República,  historia,  fran- 
cés y  labores.  Aunque  era  una  escuela  de  niñas,  la  directora  ad- 
mitía también  varones  y  señalando  las  ventajas  de  esa  admisión, 
decía  en  1863  el  Presidente  de  la  Comisión  examinadora  don  Joa- 
quín Requena  al  Presidente  del  Instituto  de  Instrucción  Pública 
don   Manuel    Herrera   y    Obes: 

«¡Siempre  he  creído  que  el  mejor  preceptor  para  los  niños  en 
sus  primeros  años  es  la  mujer  culta,  cuya  palabra  tiene  para  los 
niños  los  encantos  de  la  palabra  maternal;  que  más  que  maestra 
es  la  segunda  madre  según  la  dulce  expresión  de  la  señorita  Ana 
Pereira  (una  de  las  examinandas)  en  una  de  sus  interesantes  car- 
tas. Es  la  madre  quien  debe  echar  en  el  corazón  tierno  de  sus 
hijos  la  primera  simiente  de  la  educación  y  por  lo  mismo  es  la 
mujer  la  única  que  puede  sustituirla  eficazmente  en  tan  delicado 
ministerio»; 

Las  escuelas  sostenidas  por  la  Sociedad  de  Beneficencia  de  Se- 
ñoras. Eran  5  escuelas  de  niñas  costeadas  en  parte  con  el  produc- 
to de  una  suscripción  popular; 

Las  escuelas  de  la  Sociedad  de  San  Vicente  de  Paul:  una  de 
varones  y  otra  de  niñas,   con  un  total   de  171   alumnos  en  1861. 

En    les   flepartajnentos   (le   campaña. 

El  Departamento  de  Paysandú  tenía  en  1860  dos  escuelas  públi- 
cas con  164  alumnos  y  siete  particulares  con  74  alumnos.  En  con- 
junto 238  alumnos,  según  la  Memoria  de  Gobierno  de  ese  año. 

Refiriéndose  a  datos  estadísticos  de  1858  escribía  don  Carlos 
Cátala  a  mediados  de  1861  que  en  la  Villa  de  Paysandú,  donde  fun- 
cionaban todas  esas  escuelas,  había  641  niños  de  7  a  14  años  y  que 
de  ellos  sólo  278  sabían  leer  o  estaban  aprendiendo  a  leer,  que- 
dando 363  en  la  más  completa  ignorancia;  y  que  en  la  campaña 
del  departamento  donde  no  funcionaba  una  sola  escuela,  había 
1,274  niños,  de  los  cuales  113  sabían  leer  o  aprendían  a  leer,  y 
1,161  nada  sabían.  Había,  pues,  en  todo  el  departamento  1,915  ni- 
ños en  edad  de  escuela,  de  los  que  sólo  391  sabían  leer  o  aprendían 
a  leer,  y  1,524  crecían  en  la  más  crasa  ignorancia.  Para  reme- 
diar el  mal  proponía  el  señor  Cátala  la  creación  de  una  escue- 
la ambulante  provista  de  un  carretón  donde  se  llevaría  textos 
y  enseres  para  200  niños.  El  maestro  viviría  en  el  carretón   y   re- 


GOBIERNO    HE    HERRÓ  329 


cibiría  40  pesos  mensuales  de  la  ^lunicipalidad  amén  de  lo  que  los 
padres   de   los   alumnos   quisieran    darle. 

El  Departamento  del  Salto  tenía  en  1862,  según  los  datos  esta- 
dísticos de  «La  Prensa  Oriental»,  dos  escuelas  públicas  y  seis  par- 
ticulares dentro  de  la"  ciudad  y  cuatro  particulares  en  los  demás 
pueblos  o  secciones  de  la  campaña.  Concurrían  a  ellas  262  varones 
y  176  mujeres.  En  conjunto  438  alumnos.  La  población  del  departa- 
mento estaba  calculada  en  17,147  almas,  con  6,868  niños  de  14 
años  abajo.  Había,  en  consecuencia,  6,430  niños  que  no  recibían 
enseñanza. 

Algunas  de  esas  escuelas  fueron  examinadas  en  1860  por  una 
comisión  delegada  de  la  Junta  Económico-Administrativa.  Entre 
ellas  el  Colegio  de  Humanidades  de  don  Pedro  Andreu,  que  tenía 
103  alumnos  y  un  programa  de  enseñanza  que  abarcaba  la  gramá- 
tica, la  escritura,  los  ejercicios  físicos,  el  francés,  la  geografía, 
la  teneduría  de  libros  y  la  doctrina  cristiana;  y  la  escuela  do. 
don  Fermín  Landa,  donde  se  enseñaba  escritura,  gramática,  arit- 
mética y  doctrina  cristiana  a  62  alumnbs. 

En  el  Departamento  de  la  Colonia  funcionaban  en  1862,  según  la 
Memoria  'de  la  Junta  Económico-Administrativa,  siete  escuelas 
públicas  y  particulares,  con  175  varones  y  125  mujeres.  En  conjun- 
to 300  alumnos  inscriptos  sobre  un  total  de  5,283  niños  de  14  años 
abajo.  El  número  de  las  escuelas  aumentó  luego  a  ocho  y  el  de 
alumnos  a  343. 

A  las  escuelas  públicas  del  Departamento  de  Cerro  Largo  concu- 
rrían 200  alumnos,  según  la  Memoria  policial  correspondiente  a 
1860.  La  escuela  de  varones  fué  examinada  en  ese  año  de  acuerdo 
con  un  programa  que  c/omprendía  doctrina  cristiana,  escritura, 
lectura,  gramática,  aritmética,  geografía,  moral,  nociones  de  geo- 
metría y  principios  de  Constitución. 

En  el  Departamento  de  Tacuarembó  había  dos  escu'ílas  públi- 
cas; una  de  varones  con  65  alumnos  y  otra  de  niñas  con  48.  En 
conjunto  113  niños.  La  Sociedad  de  Beneficencia  de  Señoras  que 
allí  funcionaba  estableció  dos  escuelas  rurales  que  luego  hubo 
que  clausurar  por   falta   de   recursos. 

El  Departamento  de  Maldonado  fué  el  primero  en  obtener  re- 
cursos para  la  construcción  de  escuelas.  La  ley  de  1862  mandó  se- 
parar 10,000  pesos  anuales  de  la  renta  de  lobos  con  destino  a 
construcción  de  cárceles,  escuelas  y  demás  oficinas  públicas  de  los 
pueblos  de  Rocha,  San   Carlos  y  Maldonado 

Los   alumnos  de  la   escuela   pública  de  varones   de  Pando   fueron 


330  HISTORIA     DEL    URUGUAY 


examinados  a  fines  ¿9  1860  en  lectura,  doctrina  cri'tianí,  estri- 
tura, catecismo  histórico,  gramática,  aritmética  y  geografía.  Y  los 
de  la  escuela  de  niñas  de  la  misma  localidad,  en  lectura,  escritura, 
catecismo  histórico,  doctrina  cristiana,  crochet,  costura,  cribos  y 
punto    de    marca. 

Las  pocas  escuelas  autorizadas  por  la  ley  de  Presupuesto  fun. 
clonaban  exclusivamente  en  las  capitalp^  o  pueblos  más  Importan- 
tes de  la  República.  El  diputado  don  Toiíiás  Diago  propuso  en  1831 
la  creación  de  escuelas  inferiores  y  superiores  en  torno  de  los  Juz- 
gados de  Paz  de  campaña,  con  chacras  anexas  de  25  cuadras  que 
estarían  a  cargo  de  comisiones  auxiliares  de  vecinos. 

Muy  poco  podemos  decir  acerca  de  la  enseñanza  privada  en  los 
departamentos    de    campaña. 

En  1863  empezó  a  funciionar  en  Paysandú,  bajo  la  dirección  de 
don  Constante  Fontán  e  Illas,  un  colegio  de  enseñanza  primaria  y 
secundaria,  que  abarcaba  teneduría  de  libros,  cambios,  latín,  fran- 
cés,, inglés,  dibujo,  música,  matemáticas,  retórica,  geografía,  his- 
toria natural,   historia   universal  y  principios  de  economía. 

Pero  tenían  que  ser  muy  contados  los  establecimiento.s  de  esa 
importancia  en  centibs  dominados  por  la  estrechez  de  los  medios 
de  vida.  La  regla  general  tenía  que  ser  y  era  la  de  la  pequeña 
escuela  dirigida  por  personas  que  en  realidad  habrían  tenido  que 
sentarse  ellas  mismas  en  los  bancos  de  aprendizaje.  Recordaba 
don  Bernardino  Echeverría  que  en  1861  el  Ministro  de  Gobierno 
que  recorría  las  calles  de  Mercedes  se  detuvo  ante  un  letrero  que 
decía:  «Escuela  de  Barones»,  para  reconvenir  en  forma  risueña 
a  su  acompañante  el  Jefe  Político,  por  la  incubación  de  aristócra- 
tas  que   estaba  autorizando. 

La  Escuela  Xormal. 

«íLa  falta  de  una  escuela  normal  —  decía  el  Presidente  Berro 
al  abrir  las  sesiones  ordinarias  de  1863 — con  un  Director  idóneo, 
se  ha  estado  haciendo  sentir  desde  hace  mucho  tiempo.  Pronto, 
mediante  la  autorización  que  recibí  de  la  Honorable  Asamblea 
para  este  año,  será  establecida  esa  escuela  donde  han  de  formarse 
los    buenos   preceptores   para    las    escuelas    primarias.» 


GOBIEIÍXO    DE    BEBBO  331 


Los  niaesWos  intentan  asociarse. 

Don  Jaime  Roídos  y  Pons  lanzó  en  1861  la  idea  de  formar  una 
sociedad  de  maestros  que  tendría  el  doble  fin  de  propender  al 
mejoramiento  de  los  sistemas  de  ensei'ianza  y  a  la  creación  de  una 
caja  de  ahorros.  Hubo  una  primera  reunión  en  el  salón  de  la 
Universidad,  en  que  don  Carlos  de  la  Vega  hizo  resaltar  que  el 
gremio  de  maestros  era  uno  de  los  pocos  que  todavía  no  tenía 
estandarte  social.  Pero  la  iniciativa  quedó  abandonada  por  falta 
de    ambiente. 

L/a   enseñanza  imiversitaria. 

La  matrícula  universitaria  arrojaba  eax  1860  las  siguientes 
inscripciones: 

Jurisprudencia S     Química 7 

Filosofía 21     Idiomas  vivos      ....       28 

Matemáticas 22     Enseñanza  primaria      .      .      178 

Latín 18  711 

277 

El  número  de  inscriptos  subió  en  1861  a  407,  sobresaliendo  la 
enseñanza  primaria  con  208,  los  idiomas  vivos  con  73  y  la  juris- 
prudencia  con   16. 

Al  dar  esas  cifras  a  la  Sala  de  Doctores  prevenía  el  Rector  que 
a  la  cátedra  de  Teología  que  acababa  de  quedar  restablecida,  no 
había  concurrido  un  solo  alumno,  a  pesar  de  los  esfuerzos  desple- 
gados  por  el  catedrático  de   la  materia    don  Antonio   M.  Calvo. 

La  matrícula  subió  en  1862  a  347,  y  en  1863  a  433,  sin  contar 
la  enseñanza  primaria.  He  aquí  cómo  se  distribuía  la  última  cifra: 

Jurisprudencia,  3  años     .      .  18  Latinidad.  2  años     ...  64 

Economía  Política  y  Derecho  Quiniica,  2  años.      ...  10 

Constitucional,  2  años.      .  18  Geoo-rafia  Universal,  2años  33 

Derecho  Canónico,  2  años    .  8     Francés 73 

Filosofía,  2  años    ....  32     Inglés 55 

Físico -Matemáticas.  2  años.  101     Dibujo 21 


332  IIISTOÜIA    DEL    URUGUAY 


Funcionaba  también  en  Canelones  un  curso  de  latín  con  8  alum- 
nos  y   otro    de   matemáticas   con    12. 

La  cátedra  de  economía  política,  derecho  constitucional  y  dere- 
cho administrativo  empezó  a  funcionar  en  1860  bajo  la  dirección 
de    don    Carlos    Castro.    Estaba    autorizada    desde    el    año    1833. 

En  1862  empezó  a  funcionar  por  resolución  de  la  Asamblea  un 
curso  de  matemáticas  puras,  topografía  y  dibujo  lineal  en  los  cuar- 
teles del  1."  y  2.0  de  Cazadores,  con  destino  a  la  oficialidad  de  di- 
chos cuerpos.  Eran  tres  asignaturas  que  habían  sido  segregadas 
del  plan  de  estudios  de  la  Escuela  Militar. 

Un  año  después  fué  autorizado  el  Poder  Ejecutivo  para  crear 
una  escuela  náutica  de  guardias  marinas,  pilotos  mercantes  y 
marineros  nacionales,  en  reemplazo  del  aula  que  funcionaba  des- 
de 1860  en  la  Universidad  con  2  alumnos  en  ese  año  y  7  en  el 
siguiente. 

Los    profeísoi'es    nacionales    en    la    enseñanza    universitaiáa. 

«Llamo,  señores,  vuestra  atención — decía  a  la  Sala  de  Doctores 
en  1862  el  Rector  de  la  Universidad  doctor  Fermín  Ferreira — so- 
bre un  hecho  significativo  y  muy  grato  al  corazón  de  los  orientales. 
Un  país  nuevo  como  este,  contrariado  frecuentemente  en  su  pro- 
greso por  la  revolución  o  la  guerra  civil,  cuya  suerte  ha  seguido 
también  la  Universidad,  enumera,  sin  embargo,  cinco  hijos  de  su 
suelo  que  desempeñan  aulas  en  ésta  a  satisfacción  de  todos  y  con 
la  particularidad  de  haber  sido  educados  en  la  misma  el  mayor 
número  de  ellos.  No  debemos  perder  la  esperanza  de  que  en  breves 
años  tendremos  un  plantel  de  catedráticos  nacionales  que  harán 
honor   al   país». 

Ecos  (le   lina  colación   de  grados. 

Cada  año  salía  una  media  docena  de  doctores  de  la  Universi- 
dad en  medio  de  festejos  que  empezaban  con  la  colación  de  gra- 
dos y  que  remataban  en  un  gran  baile  al  que  asistían  las  prime- 
ras familias   de  Montevideo. 

Véase  lo  que  decía  en  una  de  esas  colaciones  el  doctor  Facundo 
Zubiría,  padrino   de   dos   graduados: 

«Si  los  que  ilustran  a  los  hombres  son  los  bienhechores  natura- 
les de  los  pueblos,  sabed  también  que  son  sus  primeras  víctimas... 


GOBIERNO     I)F,    nKHI'.O  333 


Homero  murió  y  vivió  pidiendo  limosna  de  puerta  en  puerta; 
Sócrates  murió  envenenado;  Aristóteles  murió  en  el  destierro; 
Pitágoras  fué  quemado  vivo  por  sus  paisanos;  Sófocles  fué  arras- 
trado a  los  tribunales  por  sus  mismos  hijos;  Arístides  y  Temísto- 
cles  fueron  desterrados  de  la  misma  patria  que  habían  salvado; 
Cicerón  fué  asesinado  por  un  cliente  a  quien  había  salvado  de  la 
pena  del  parricidio;  Ovidio  fué  desterrado,  y  el  destierro  arran- 
có el  Bnic  qui  latint  bene  vixit — vivir  oculto  es  vivir  feliz — ¡Co- 
lón sufriendo  el  embargo  de  sus  instrumentos  y  mapas  y  aún  en- 
cadenado después  de  haber  descubierto  un  mundo;  Milton  obliga- 
do a  vender  su  Paraíso  por  10  guineas;  Camoens  muriendo  de  ham- 
bre en  la  calle;  Corneille  que  en  la  víspera  de  su  muerte  no  tenía 
con  qué  adquirir  una  taza  de  caldo  para  alimentarse;  Adamson 
que  a  los  80  años  se  excusaba  de  asistir  a  la  Academia  Francesa 
por  falta  de  calzado...  Los  que  se  dan  al  estudio  de  las  ciencias,  di- 
ce Séneca  segundando  a  Cicerón,  son  los  únicos  que  gozan  de  un 
verdadero  reposo,  el  reposo  del  sabio.  Son  los  únicos  que  viven,  que 
aprovechan  de  su  tiempo  y  que  unen  al  suyo  los  años  que  les  han 
precedido  en  los  siglos  más  distantes...  Son  los  únicos  verdadera- 
mente libres  según  Platón,  Cicerón  y  Séneca,  acordes  en  la  idea 
de  que  sólo  los  sabios  y  virtuosos  son  libres.  Nisi  sapientem  Wbe- 
rum  ese  neminem.  Nemineni  dbnum  nisi  sapientem». 

Concluidos  los  cursos  universitarios  realizaban  los  alumnos  de 
derecho  su  aprendizaje  práctico  en  la  Academia  de  Jurisprudencia, 
institución  que  en  1860  entró  a  presidir  el  doctor  Eduardo  Ace- 
vedo  a  raíz  de  su  renuncia  de  la  presidencia  del  Colegio  de  Abo. 
gados  de  Buenos  Aires  que  había  desempeñado  durante  varios 
años. 

iNo  habían  conseguido  todavía  nuestros  universitarios  instalar 
la  sala  de  Medicina  proyectada  desde  los  comienzos  de  la  organi- 
zación institucional  del  país  y  los  alumnos  que  optaban  por  esa 
carrera  tenían  que  dirigirse  a  París  o  Buenos  Aires. 

Nuestro  cuerpo  médico  componíase  en  1860,  según  una  publi- 
cación oficial  del  Ministerio  de  Gobierno,  de  44  médicos  generales 
y   17  cirujanos. 

Refiriéndose  a  uno  de  sus  componentes,  el  doctor  Francisco 
Antonino  Vidal,  escribía  Heraclio  Fajardo  estas  palabras  que  lo 
mismo  habrían  podido  aplicarse  entonces  al  doctor  Fermín  Ferrei- 
ra,  al  doctor  Gualberto  Méndez,  al  doctor  Emilio  García  Wich,  en 
años  anteriores  al  doctor  Teodoro  Vilardebó  y  en  años  posteriores 
al    doctor   Pedro  Visca: 


334  HISTORIA    DEL    UBUGUAY 


«No  es  tampoco  únicamente  el  tratamiento  profundo  y  austera- 
mente científico,  sino  el  bálsamo  del,  corazón  con  que  lo  ha  apli- 
cado usted;  esas  palabras  alentadoras,  ese  tónico  del  alma  que 
usted  vierte  en  el  ánimo  abatido  del  enfermo  y  que  puede  en  mi 
concepto  lo  que  no  puede  muchas  veces  la  medicina  del  cuerpo. 
Esa  es  también  a  mi  ver  la  última  fórmula  de  la  doctrina  de 
Hipócrates:  hacer  del  enfermo  el  médico;  robustecer  el  espíritu 
para  luchar  con  la  acción  morbífica  y  vencerla;  curar  el  cuerpo 
por   el   alma.» 

Para  formar  médicos  nacionales  era  indispensable  a  veces  recu- 
rrir al  Cuerpo  Legislativo  en  demanda  de  una  pensión,  que  no 
era   escatimada  a   despecho  de  las  estrecheces   del  erario. 

La   ciiltui-a  artística. 

Hasta  para  la  cultura  artística  solía  recurrirse  con  éxito  al 
escuálido  tesoro  de  entonces  y  gracias  a  ello  pudo  marchar  a 
Florencia  Juan  Manuel  Blanes  para  estudiar  pintura  bajo  la  direc- 
ción del  profesor  Ciseri. 

«Por  ahora  no  pinto  —  escribía  Blanes  en  1861  refiriendo  sus 
primeros  estudios  —  pero  trabajo  como  nunca  lo  he  hecho.  Es- 
toy dedicado  rigurosamente  al  estudio  de  los  yesos  y  estatuas 
griegas,  como  me  lo  han  ordenado.  Los  dibujos  que  en  Montevideo 
haría  en  dos  o  tres  horas,  aquí  me  llevan  ocho  y  más  días,  tal 
es  el  rigor  y  la  precisión  con  que  es  necesario  acabarlos;  pero 
en  cambio  son  dignos  de  verse  y  mi  cartera  ya  cuenta  oon  una 
docena  y  media  de  lindas  cabezas  tomadas  de  los  griegos,  de  Mi- 
guel Ángel  y  del  Donatello.  No  me  aflijo  por  pintar,  porque  es 
el  dibujo  el  que  es  necesario  cultivar  si  se  quiere  ser  artista.  El 
color,  estoy  convencido  que  no  es  más  que  flores  que  se  echan 
sobre  el  dibujo  y  que  es  la  parte  que  menos  se  enseña,  porque  sólo 
depende  del  gusto  del  que  lo  da,  sin  que  eso  importe  decir  quo 
no   haya   también   un   método   para   el   color.» 

Una  obra  de  aliento. 

En  otras  esferas  de  la  actividad  nacional  trabajábase  también 
con  empeño,  sobresaliendo  entre  los  frutos  de  ese  trabajo  la 
«Descripción  Geográfica»  del  general  de  ingenieros  don  José  Ma- 
ría Reyes,   complemento  de   su   Carta   Topográfica   de   la  República 


GOBIERNO    ÜE    nEIlUO  335 


concluida  en   1856,  donde  se  reflejaba  una  intensa  labor  de  treinta 
años  de  viajes  por  el  interior  del  país. 

«La  Tribuna»  de  Buenos  Aires,  luego  de  tributar  grandes  elo- 
gios a  la  obra,  decía  que  en  la  Confederación  Argentina  no  había 
nada  parecido  a  ese  mapa  ni  a  esa  descripción  geográfica,  y  para 
demostrarlo  agregaba  que  la  Provincia  de  Buenos  Aires,  única  que 
había  hecho  algo  en  la  materia,  sólo  contaba  con  la  mensura  im- 
perfecta  de   una   pequeña  fracción    de   su    territorio. 

El  número  de  agi-imensores. 

Una  publicación  oficial  de  1862  elevaba  a  96  el  número  de 
agrimensores   públicos   existentes  en  ese  momento. 

La   Biblioteca   \acional. 

El  Registro  Estadístico  de  1860  y  la  Memoria  de  la  Junta 
Económico-Administrativa  del  mismo  año  asignaban  a  la  Biblioteca 
Nacional   alrededor   de   6,000   volúmenes  distribuidos   en   esta  forma: 

Ciencias  .'^agradas  .  .  460  Bellas  letras     ....  1,127 

Leo-islacióu  política.  .  .  82fj     Miscelánea 650 

Ciencias  naturale.s    .  .  .  870     Folletos 855 

Historia  y  viajes       .  .  .  1,193  Diarios  y  periódicos  .      .  82 

Algunos  de  los  departamentos  de  campaña  trataron  de  organi- 
zar bibliotecas  locales,  destacándose  por  su  empeñosa  gestión  la 
Junta  Económico-Alministrativa  de  la  Colonia.  El  gobierno  de 
Berro  dispuso  que  la  Biblioteca  Nacional  contribuyera  a  esa  obra 
con    los    ejemplares    triplicados    que   tuviera. 

Estímulando   el   sentmiiento  patriótico.    Honores   a    Artigas. 

La  Asamblea  declaró  en  1860  que  el  25  de  Agosto  era  la  gran 
fiesta  nacional  de  la  República  y  dispuso  que  esa  fiesta  fuera 
organizada   cada   cuatro   años   en   los   días   18,   19   y  20  de  abril. 

Poco  después  abordaban  nuestras  Cámaras  el  estudio  de  un  pro- 
yecto de  ley  por  el  que  se  mandaba  erigir  en  el  punto  del  des- 
embarco  de   los   Treinta   y   Tres   orientales    una    columna   coronada 


336  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


por  la  estatua  de  la  Libertad.  Estaba  ya  señalado  y  amojonado 
ese  punto  por  don  Demingo  Ordoñana,  luego  de  oir  a  don  Tomás 
Gómez  que  había  preparado  la  caballada  y  a  don  Laureano  Rulz 
que  había  recibido  a  los  expedicionarios  en  el  acto  de  atracar  a  la 
costa.  La  erección  del  monumento  quedó  decretada  en  1863.  Por 
otra  ley  del  año  anterior  la  Asamblea  había  acordado  sueldo  ínte- 
gro a  los  sobrevivientes  de  los  Treinta  y  Tres  y  a  las  viudas  de 
los    fallecidos. 

Don  Basilio  Pinilla,  Jefe  Político  de  Paysandú,  utilizando  el 
producto  de  una  suscripción  pública  encargó  a  Buenos  Aires  una 
pirámide  de  mármol  y  a  Europa  un  busto  de  la  Libertad  con  des- 
tino a  la  plaza  pública  de  aquella  localidad.  La  pirámide  debía 
tener  esta  inscripción:  «La  educación  es  la  base  de  la  libertad. 
La  Constitución  asegura  todas  las  libertades».  En  esa  misma  época 
reanudó  el  señor  Pinilla  dos  obras  públicas  iniciadas  veintitan- 
tos años  atrás,  bajo  su  anterior  jefatura  del  mismo  departamento: 
una  cárcel  y  una  escuela  interrumpidas  durante  ese  intervalo  por 
efecto  de  las  revoluciones  y  de  las  crisis  financieras  que  ellas 
provocaban. 

Xo  podía  quedar  olvidado  Artigas  en  ese  período  de  reconstruc- 
ción   nacional    que    presidía    don    Bernardo    Berro. 

El, Gobierno  se  dirigió  a  la  Asamblea  en  1860  recabando  auto- 
rización para  cancelar  los  sueldos  devengados  por  el  procer  desde 
1820  hasta  1850,  mediante  una  orden  de  pago  a  favor  de  su  nieto 
José  Pedro  Artigas.  De  acuerdo  con  ese  pedido  decía  la  Comisión 
de  Legislación  de  la  Cámara  de  Diputados  de  la  que  formaban 
parte  don  Luis  de  Herrera,  don  Juan  D.  Jackson  y  don  Hipólito 
Gallinal: 

«No  puede  prescindir  de  tomar  en  cuenta  el  notorio  sentimiento 
de  gratitud  nacional  a  la  memoria  del  ilustre  Artigas,  ni  de 
lamentar  intensamente  la  mengua  que  recae  sobre  el  honor  de 
la  Nación  por  el  triste  hecho  de  hallarse  todavía  impago  tan  sa- 
grado crédito»...  Faltan  datos  para  fijar  el  grado  militar  que 
debe  servir  de  base  a  la  liquidación  de  sueldos...  «Pero  tratán- 
dose de  tan  gran  figura  histórica  como  la  de  Artigas,  no  ha  tre- 
pidado la  Comisión   en   adoptar   el   de  brigadier   general.» 

«Fundador  de  la  nacionalidad»  —  le  llamaba  la  Comisión  de 
Milicias  del  Senado  al  adherir  al  proyecto  de  la  Cámara  de  Di- 
putados. 

Hubo  una  pequeña  duda  acerca  del  estado  civil  del  reclamante, 
que  la  Asamblea  disipó  mediante   el  reconocimiento  del   parentesco 


GOBIERNO     DE     BERRO  331 


que  él  invocaba  para  recibir  los  cuatro  mil  pesos  a  que  ascendía 
la  orden   de  pago. 

El  diputado  don  Tomás  Diago  presentó  dos  años  después  un 
proyecto  por  el  que  se  mandaba  erigir  a  Artigas,  «padre  de  !a 
patria  y  fundador  de  pueblos»,  una  estatua  en  la  Plaza  Indepeii- 
dencia,  bajo  la  prevención  a  todas  las  fuerzas  militares  de  «batir 
marcha    y    echar    armas    al    hombro   al    enfrentarse    al    monumento». 

El  diputado  don  Pedro  P.  Díaz,  luego  de  hacer  el  elogio  del 
procer  en  las  luchas  por  la  Independencia,  refirió,  invocando  el 
testimonio  de  don  Andrés  Vázquez,  que  a  tiempo  de  atravesar 
las  fronteras  paraguayas  para  morir  en  el  ostracismo.  Artigas  reu- 
nió a  los  pocos  hombres  que  lo  acompañaban  y  les  preguntó  cuál 
de  ellos  se  animaría  a  dirigirse  a  Río  de  Janeiro  para  entregar  a 
Lavalleja  y  demás  prisioneros  orientales  confinados  en  la  Isla 
das  Cobras  un  paquete  con  4,000  patacones  que  era  todo  lo  que 
restaba  de  su  tesoro  de  guerra;  que  uno  de  esos  hombres,  el 
sargento  Francisco  de  los  Santos,  contestó  que  él  se  ofrecía,  y 
dando  cumplimiento  a  su  palabra  colocó  el  paquete  entre  las  ca- 
ronas de  su  caballo  y  emprendió  la  marcha  hasta  llegar  a  Río  de 
Janeiro  después  de  indescriptibles  penurias;  que  en  la  Isla  das 
Cobras  enteró  al  jefe  de  la  fortaleza  del  objeto  de  su  viaje, 
siendo  allí  despojado  de  cuanto  llevaba;  que  el  Conde  de  Viana, 
a  quien  fué  denunciado  el  atropello,  decretó  la  restitución  del  di- 
nero y  lo  entregó  a  Lavalleja  para  su  distribución  entre  los  pri- 
sioneros. 

La  Comisión  de  Legislación  de  la  Cámara  de  Diputados,  de  la 
que  formaban  parte  don  Lázaro  Gadea,  don  Hipólito  Gallinal  y 
don  Ramón  Vilardebó  apoyó  la  idea  «de  perpetuar  la  memoria 
del  ilustre  ciudadano  que  por  sus  servicios  había  sido  aclamado 
«Protector  de  los  Pueblos  Libres»,  y  que  sobre  todo  se  había  con- 
sagrado «a  fundar  nuestra  nacionalidad»,  agregando  que  el  monu- 
mento debía  erigirse  en  la  Plaza  Cagancha  y  costearse  por  el 
patriotismo   de   los   orientales   y   no  por   las   rentas   generales. 

Es  bueno  que  se  diga  —  exclamó  el  diputado  Diago  adhiriendo 
al  dictamen  —  «la  nacionalidad  oriental  fué  la  que  levantó  ese 
monumento». 

Uno  de  los  oradores  pidió  que  se  eliminara  el  artículo  que  man- 
daba echar  armas  al  hombro  a  toda  fuerza  que  desfilara  por  la 
plaza.  Pero  el  doctor  Carreras  se  encargó  de  evitar  la  mutilación 
del  proyecto.  Luego  de  expresar  que  Artigas  era  el  padre  de  los 
orientales   y   el    autor   y   sostenedor    de   la    fórmula    constitucional 

22- V 


338  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


triunfante  en  la  Confederación  Argentina  que  él  aplicaba  también 
a    la    Provincia    Oriental    como    parte    de    esa    Confederación,    dijo: 

.«La  estatua  por  sí  misma  colocada  en  una  plaza  pública  sin 
esos  honores,  podría  concluir  por  quedar  como  uno  de  tantos 
monumentos  que  no  representan  nada.  Para  que  esta  estatua 
represente,  para  que  esté  viva  en  la  mente  del  pueblo  la  tradi- 
ción que  representan  las  virtudes  del  hombre  a  quien  se  levanta, 
es  preciso  que  el  pueblo  vea  que  se  venera,  que  se  le  hacen 
demostraciones,  para  que  eso  sirva  de  educación  popular  y  esti- 
mule a  los  ciudadanos  a  imitar  el  heroísmo,  la  virtud  y  el  ci- 
vismo de  aquel  a  quien  representa  aquella  estatua». 

El  autor  del  proyecto  dijo  entonces  que  para  justificar  más  el 
homenaje  del  ejército  había  propuesto  a  la  Comisión  que  la  urna 
de  Artigas  fuera  colocada  al  pie  del  monumento  y  no  en  el  Ce- 
menterio, pero  qu'e  su  indicación  no  había  encontrado  eco. 

«De  cierto  —  exclamaba  «La  Nación»  de  Montevideo  al  comentar 
el.  homenaje  —  entre  todos  los  hombres  rué  han  figurado  en  la 
época  de  nuestra  emancipación,  la  figura  de  Artigas  se  destaca, 
sobresale  como  la  de  Aquiles  entre  los  griegos,  como  la  de  Héc- 
tor  entre   los   troyanos.» 

Los  restos  de  Artigas,  que  habían  sido  provisoriamente  deposi- 
tadlas en  el  panteón  de  don  Gabriel  Antonio  Pereira,  fueron  trasla- 
dados a  la  Rotunda  colocándose  al  pie  de  la  urna  una  chapa  de 
mármol  con  esta  inscripción:  «Artigas,  fundador  de  la  Nacionali- 
dad  Oriental». 

Como  para  completar  el  homenaje  llegó  en  esos  mismos  días  de 
París  una  copia  del  retrato  de  Artigas  dibujado  por  Bompland. 
El  original  había  sido  enviado  a  los  talleres  donde  se  imprimía  la 
historia  del  Paraguay  por  Alfredo  Demarsay  y  era  una  de  las 
láminas  de  esa  obra  la  que  llegaba  a  Montevideo.  Los  diarios  de 
la  época,  invocando  el  testimonio  de  los  contemporáneos  del  Jefe 
de   los    Orientales,    hicieron   grandes    elogios    del    parecido. 

Sólo  faltó  en  esta  etapa  de  la  apoteosis  de  Artigas  la  voz  de 
don  Francisco  Acuña  de  Figueroa  que  acababa  de  extinguirse 
«después  de  haber  cantado  —  decía  «El  Pueblo»  —  todas  las  glo- 
rias,  todos   los   reveses  y   todas   las   esperanzas   de   nuestra   patria». 


GOBIERNO     UR    BESUÍO  339 


Administración  de  justicia.   Reorganización  de  Tribunales  y  Juz- 

gmlos. 

Desde  la  sanción  de' la  ley  de  1858  funcionaba  un  Tribunal  y 
ese  mismo  reducido  a  tres  miembros  por  indicación  del  gobierno 
de  Pereira,  como  medio  de  aumentar  el  sueldo  de  los  Ministros 
en  ejercicio. 

Una  de  las  primeras  preocupaciones  de  Berro  fué  la  de  obtener 
la  modificación  de  esa  ley  que  paralizaba  la  administración  de  jus- 
ticia  por  la   deficiencia  de   los  resortes  destinados  a  impulsarla. 

Al  principio  se  pensó  en  elevar  a  cinco  el  número  de  Ministros 
del  Tribunal  existente.  Pero  luego  se  optó  por  la  creación  de 
dos  Tribunales  compuestos  de  tres  miembros  cada  uno.  De  acuerdo 
con  la  ley  dictada  en  1861,  los  Tribunales  reunidos  ejercerían  las 
funciones  de  Alta  Corte.  No  habiendo  tres  votos  conformes  en  un 
Tribunal  para  el  pronunciamiento  de  sentencia  definitiva  o  de 
interlocutoria  de  gravamen  irreparable,  se  integraría  ese  Tribu- 
nal con  los  dos  miembros  más  antiguos  del  -otro.  Las  resoluciones 
dictadas  por  un  Tribunal  compuesto  de  cinco  o  más  Ministros  «for- 
marían   jurisprudencia    práctica    general». 

Refiriéndose  a  esa  importante  reforma  decía  el  Presirlente  Be- 
rro" al   abrir   las   sesiones   ordinarias    de   la   Asamblea   en    1862: 

«El  establecimiento  de  los  dos  Tribunales  de  apelación  esta  pro- 
duciendo muy  buenos  resultados.  Por  su  medio  se  ha  podido  dar 
vado  al  despacho  de  numerosos  pleitos  subidos  en  apelación  a  di- 
chos Tribunales;  se  ha  obviado  en  gran  parte  la  extrema  lentitud, 
de  los  juicios  y  se  ha  conseguido  ejercer  mayor  y  más  eficaz  inspec- 
ción respecto  a  los  .Juzgados  inferiores.  La  institución  de  los  Al- 
caldes Ordinarios  creada  con  anterikoridad  a  la  Constitución  y 
bajo  un  sistema  judiciario  distinto  del  adoptado  por  ésta,  no  ha, 
correspondido  bien  a  su  objeto.  Han  llegado  a  ser  tales  sus  incon- 
venientes y  tal  es  el  clamor  para  que  se  les  ponga  remedio,  que  me 
he  decidido  a  presentar  un  proyecto  proponiendo  las  reformas  que 
juzgo    conveniente». 

Los    Códigos. 

El  Código  Civil  del  doctor  Acevedo  sancionado  por  la  Cámara 
de  Diputados  en  1857,  había  quedado  encarpetado  en  el  Senado 
por  obra  de  las  influencias  clericales. 


340  HISTORIA     DEL     URUGUAY 


Trató  la  prensa  de  traerlo  nuvamente  a  la  orden  del  día.  «Recor- 
demos —  decía  «La  República»  en  1860  —  que  nuestro  clero  se 
opuso  a  la  adopción  del  matrimonio  civil»...  «No  debemos  ol- 
vidar— agregaba  «La  Prensa  Oriental»  en  1862,  en  lo  más  recio 
de  la  crisis  religiosa — que  la  principal  oposición  hecha  hace  años 
al  Código  Civil  del  doctor  Acevedo,  fué  suscitada  por  el  señor 
Martín  Pérez,  entonces  miembro  de  la  Cámara,  por  motivo  de  lo 
que  decreta  relativamente  al  casamiento  civil  y  al  Registro  de 
Estado  Civil». 

A  mediados  de  1863,  finalmente,  produjo  su  dictamen  la  Comi- 
sión de  Legislación  del  Senado.  Pero  ya  el  país  estaba  en  plena 
guerra  civil,  y  la  Asamblea  abocada  a  la  terminación  del  período 
de  las  sesiones  ordinarias  sólo  encontraba  tiempo  para  ocuparse 
de  los  absorbentes  problemas  políticos.  Y  el  asunto  volvió  a  las 
carpetas   donde   había   estado  durmiendo   durante   tantos   años. 

La  Comisión  de  Legislación  de  la  Cámara  de  Diputados  había 
pedido  también  desde  1861  la  adopción  del  Código  de  Comercio 
redactado  por  el  doctor  Acevedo  con  destino  a  la  Provincia  de 
Buenos  Aires,  coincidiendo  esa  iniciativa  con  otra  surgida  en  la 
Legislatura  de  Entre  Ríos  a  favor  de  la  adopción  del  Código  Civil 
del  mismo  jurisconsulto. 

Trató  asimismo  la  Comisión  de  Legislación  de  la  Cámara  de 
Diputados  de  mover  el  Código  Rural  presentado  pv^r  don  Plácido 
Laguna  en  1852,  mediante  el  nombramiento  de  una  Comisión  es- 
pecial que  inició  sus  tareas  a  fines  de  1862  con  una  encuesta  que 
estaba  todavía  a  la  mitad  de  su  camino  cuando  estalló  la  revolu- 
ción   de   Plores 


Los  vicios  de  la  administración  de  justicia. 

He  aquí  cómo  caracterizaba  el  doctor  Acevedo  en  su  Memoria 
ministerial  de  1860  los  defectos  de  la  administración  de  justicia 
de  esa  época: 

«Hay  varios  obstáculos  que  se  oponen  a  que  la  administración 
de  justicia  sea  entre  nosotros  lo  que  debe  ser  en  un  país  libre, 
que  se  rige  por  las  instituciones  republicanas.  Esos  inconvenientes, 
unos  se  refieren  al  personal  de  la  magistratura  y  otros  a  las 
leyes  vigentes.  El  remedio  a  los  primeros  no  puede  esperarse  sino 
del  tiempo.  Mientras  el  sueldo  de  un  magistrado  no  pueda  acercar, 
se  a  lo  que  gana   un  abogado  honradamente  en   su  estudio,  es  im- 


G0BIÍ31N0    DE    BERRO  341 


posible  esperar  que  abandone  el  ejercicio  de  su  noble  profesión  pa- 
ra desempeñar  ias  altas  pero  mal  retribuidas  funciones  de  la 
magistratura.  Entre  nosotros  que  no  existen  fortunas  hechas,  se- 
ría un  sacrificio  superior  a  veces  a  las  fuerzas  de  un  hombre  quo 
no  puede  prescindir  de  las  obligaciones  que  le  imponen  la  fami- 
lia y  la  sociedad.  El  remedio  al  segundo  inconveniente  está  en  la 
reforma  de  la  legislación  vigente.  Mientras  conservemos  leyes  dicta- 
das en  la  edad  media  para  pueblos  distintos,  con  diferentes  cos- 
tumbres y  constituciones  opuestas,  no  podemos  esperar  nada  que 
se  parezca  a  regularidad  en  la  administración  de  justicia.  . .  Es 
también  un  inconveniente  para  la  pronta  administración  de  justicia 
la  errada  interpretación  que  se  ha  dado  al  artículo  60  del  Regla- 
mento provisorio  de  la  administración  de  justicia.  Ese  artículo  es. 
tablece  que  el  Tribunal  se  reunirá  todos  los  días  en  el  lugar  de  su 
despacho  por  el  tiempo  de  tres  horas  cuando  menos.  Esas  tres  ho- 
ras establecidas  en  el  Reglamento  como  mínimum,  se  han  enten- 
dido en  general  como  máximum.  En  los  primeros  días  de  nues- 
tra independencia,  cuando  se  dictó  el  Reglamento,  podían  bastar 
tres  horas  de  trabajo  diario;  pero  hoy,  con  el  desarrollo  que  han 
tomad.0  los  negocios,  es  un  tiempo  del  todo  insuficiente.  Los  Jue- 
ces nunca  deberían  estar  menos  de  seis  horas  en  su  despacho,  a  no 
ser  que  faltaran  asuntos  de  qué  ocuparse,  lo  que  verosímilmente  no 
puede  esperarse  que  suceda.  Un  empleado  debe  consagrar  todo  su 
tiempo  a  la  Nación,  sin  que  esta  obligación  sea  especial  a  los  ma- 
gistrados». 

í  '     '■      «,' 

Las  reclamaciones   diplomáticas. 

Otro  vicio  existía  en  la  administración  de  la  época  por  efec- 
to de  la  costumbre  que  habían  adquirido  los  agentes  diplomáticos 
de  tratar  directamente  con  la  cancillería  todas  las  quejas,  todos 
los  cuentos  que  les  llevaban  sus  connacionales.  En  vez  de  aconsejar  - 
a  éstos  que  se  presentaran  a  la  justicia,  se  convertían  en  sus  pro- 
curadores   y    abogados    ante    la    cancillería    oriental. 

Pero  ese  vicio,  el  más  terrible  de  todos,  fué  extirpado  desde  los 
comienzos  del  gobierno  de  Berro  con  motivo  de  una  nota  colectiva 
de  los  Encargados  de  Negocios  de  Francia,  Gran  Bretaña,  España, 
Portugal  y  Brasil,  relacionada  con  un  desalojo  decretado  por  las 
autoridades   judiciales    de   campaña. 

Varios   de   nuestros   connacionales — decían   en   su   nota — radicados 


342  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


•en  la  margen  del  Solís  Grande,  «piden  ser  amparados  en  la  po- 
sesión de  sus  propiedades  habidas  eon  títulos  legítimos  desde  hace 
más  de  medio  siglo  por  ellos  o  por  sus  ascendientes,  de  las  que 
pretende  despojarlos  don  Francisco  de  la  Serna  apoyado  por  las 
autoridades  judiciales  subalternas»,  y  toca  a  la  cancillería  orien- 
tal dictar  las  medidas  que  juzgue  convenientes  para  que  sean  am. 
parados  del  inminente  riesgo  que  amenaza  sus  derechos  y  sus  inte- 
reses ya  bastante  arruinados  por  la  falsa  y  no  probada  aserción 
de  detentadores  de  los  terrenos  que  poseen  pública  y  pacíficamen- 
te desde  muchos  años  con  títulos  legítimos  y  no  forjados  como 
muchos  otros   con  notable  escándalo». 

Al  pie  de  la  nota  recayó  el  siguiente  decreto,  refrendado  por  el 
Ministro    de    Relaciones    Exteriores    doctor    Acevedo: 

«Contéstese  a  los  agentes  diplomáticos  que  la  Constitución  de  la 
República,  estableciendo  la  división  e  independencia  de  los  Pode- 
res públicos,  ha  inhabilitado  al  Poder  Ejecutivo  para  invadir  las 
atribuciones  del  Poder  Judicial;  que  las  leyes  vigentes  determinan 
los  recursos  que  pueden  deducirse  por  los  particulares  en  defensa 
de  sus  derechos  e  intereses  ante  los  Tribunales  competentes;  que 
el  Gobierno  no  admite  en  manera  alguna  que  los  agentes  diplomá- 
ticos apoyen  el  extravío  de  sus  connacionales,  quienes  en  vez  de 
hacer  uso  de  sus  derechos  ante  los  Tribunales  competentes  pre- 
fieren el  camino  de  las  reclamaciones  diplomáticas,  que  por  lo 
demás  según  los  principios  del  derecho  internacional  sólo  pueden 
tener   lugar   cuando   se   han   agotado   los   medios   ordinarios». 

Véase  la  nota  que  de  acuerdo  con  este  decreto  dirigió  en  seguida 
el  Ministro  de  Relaciones  Exteriores  a  los  diplomáticos  reclaman- 
tes: 

«Estableciendo  la  Constitución  de  la  República  la  división  e 
independencia  de  los  Poderes  públicos,  ha  inhabilitado  al  Poder 
Ejecutivo  para  invadir  las  atribuciones  del  Poder  Judicial.  De  mane- 
ra que  aún  queriéndolo  el  gobierno  de  la  República,  lo  que  no  pue- 
de querer,  no  le  sería  posible  ceder  a  las  sugestiones  de  Sus  Se- 
ñorías en  punto  a  la  adopción  de  medidas  para  la  protección  de  los 
derechos  y  propiedades  de  los  exponentes.  Las  leyes  vigentes  de- 
terminan los  recursos  que  pueden  deducirse  por  los  particulares 
en  defensa  de  sus  derechos  ante  los  Jueces  competentes,  y  en  este 
concepto  no  admiten  en  manera  alguna  que  los  agentes  diplomáti- 
cos establecidos  cerca  del  Gobierno  de  la  República  apoyen  el  ex- 
travío de  sus  connacionales  respectivos  que  en  vez  de  hacer  \\f.Q  de 
sus   acciones    ante   aquellos     Tribunales    prefieren     el   camino     de 


üoiin:::No  de  beuko  34B 


las  reclamaciones  diplomáticas.  Si  bien  es  cierto  que  el  expedien- 
te adoptado  en  el  presente  caso  es  tan  fácil  como  ineficaz  para  sus 
propios  intereses,  no  es  menos  incontestable  la  doctrina  del  dere- 
cho internacional  que  enseña  que  la  intervención  diplomática  só- 
lo puede  tener  cabida  cuando  se  han  agotado  los  medios  ordi- 
narios y  denegado  justicia  por  la  autoridad  a  quien  incumbe  ad- 
ministrarla». 

Ocupándose  de  este  incidente  decía  el  Presidente  Berro  al  abrir 
las  sesiones  extraordinarias  del  Cuerpo  Legislativo  en  febrero 
de    1861: 

«Merced  a  las  circunstancias  difíciles  que  este  país  ha  atra- 
vesado desde  que  empezó  a  figvirar  como  nación  independiente, 
se  había  introducido  la  mala  práctica  de  que  cualquier  agravio 
recibido  en  su  persona  o  en  su  propiedad  por  un  extranjero,  daba 
lugar  inmediatamente  a  una  reclamación  diplomática.  Los  extran- 
jeros que  por  la  liberalidad  de  nuestras  instituciones  y  nuestras 
costumbres  gozan  de  todos  los  derechos  civiles  que  en  otros  países 
se  reservan  a  los  nacionales,  no  ocurrían  a  los  Tribunales  com- 
petentes para  obtener  justicia,  sino  que  en  cada  caso  se  dirigían 
al  representante  de  su  nación  para  que  tratase  diplomáticamente 
el  asunto.  Semejante  procedimiento  no  podía  tolerarse  sin  olvido 
de  los  principios  que  reglan  las  relaciones  de  nación  a  nación.  Los 
extranjeros  en  ningún  caso  pueden  pretender  más  derechos  ni 
más   garantías   que  las   que  tienen   los  mismos  naturales   del  país.» 

Bastó  esta  enérgica  actitud  para  que  el  Cuerpo  Diplomático 
abandonara  la  práctica  abusiva  a  que  lo  tenían  acostumbrado  las 
debilidades  y  desórdenes  resultantes  de  la  vida  revolucionaria  que 
había   llevado   el   país. 

Pero  estaba  de  tal  manera  arraigada  la  prepotencia  extranjera 
y  tan  mal  acostumbrados  algunos  diplomáticos  acreditados  ante 
nosotros,  que  dos  años  después  el  Ministro  Español  explotando 
un  momento  de  agitación  política  producida  por  los  amagos  de 
guerra  civil  (febrero  de  1863)  dirigió  un  memorándum  a  la  can- 
cillería oriental  en  el  que  luego  de  referirse  al  tratado  de  1841 
de  reconocimiento  de  nuestra  independencia  y  al  de  1846,  y  de 
establecer  que  ninguno  de  los  dos  había  sido  ratificado  por  el 
Grobierno  Español  a  consecuencia  de  haber  sido  negociados  en  ple- 
na guerra  civil,  concluía  pidiendo  que  el  Uruguay  enviara  un  ple- 
nipotenciario a  España  para  ajusfar  el  tratado  que  ya  habían  fir- 
mado los  demás  Gobiernos  sudaiíiericanos,  bajo  la  advertencia 
de  que   «se  vería  en   el   riguroso   deber  de  aplicar   un   lenguaje   más 


344  HISTOEIA    DEL    URUGUAY 


vigoroso  ,para    salvar    la    responsabilidad    Que    una    desmentida    to- 
lerancia   pudiera    acarrearle». 

En  su  respuesta  prevenía  la  cancillería  oriental  que  hacía  al  Mi- 
nistro Español  la  justicia  de  creer  que  no  se  trataba  de  una  exi- 
gencia «que  perentoriamente  deberíamos  repeler  y  repeleríamos 
como  contraria  al  derecho  y  a  la  dignidad  del  Estado  y  que  tales 
palabras  no  eran  más  que  la  expresión  tal  vez  un  poco  vehemente 
del  amistoso  deseo  de  ver  realizada  una  resolución  ya  anunciada 
por   parte  de  la  República». 

Cárceles. 

El  Jefe  Político  de  Montevideo  don  Santiago  Botana  pidió  y  ob- 
tuvo autorización  en  1861  para  formar  sobre  la  base  de  las  mul- 
tas policiales  un  tesoro  destinado  a  la  construcción  de  la  peniten- 
ciaría. Las  multas  serían  depositadas  en  un  banco  y  a  ellas  se 
acumularían  las  donaciones  de  los  particulares  y  los  fondos  que 
el  Gobierno  obtuviera  de  la  Asamblea.  Anticipaba  en  su  nota  que 
ya  tenía  depositados  con  tal  objeto  dos  mil  pesos  y  que  esa  canti- 
dad  excederla  de  doce  mil   antes   de   finalizar  el   año. 

Secundando  esa  iniciativa  patriótica  presentó  el  doctor  ^Marcos 
Vaeza  a  la  Cámara  de  Diputados  un  proiyecto  de  creación  de  re- 
cursos que  encontró  el  mejor  ambiente  en  la  Asamblea  y  que  dio 
lugar  en  1862  a  la  sanción  de  una  ley  más  amplia  que  acordaba 
de  rentas  generales  una  cuota  anual  de  18,000  pesos  y  que  a  la  vez 
autorizaba  al  Poder  Ejecutivo  para  fundar  una  cárcel  penitencia- 
ría, adoptar  «el  sistema  más  conveniente  a  nuestro  estado  social 
y  político»  y  nombrar  una  persona  o  comisión  encargada  de  re- 
dactar un  proyecto  de  Código  Penal  que  sería  sometido  a  la  Asam- 
blea. En  la  ley  de  Presupuesto  para  1862  fueron  incluidos  los 
18,000   pesos   anuales. 

El  señor  Botana  presentó  al  ministerio  en  el  curso  de  ese  mis. 
mo  año  el  plano  general  de  una  penitenciaría  con  capacidad  pa- 
ra 500  ■  presos,  preparado  por  el  Inspector  General  de  Obras  Pú- 
blicas, anticipando  que  mientras  el  proyecto  corría  sus  trámites 
y  se  acumulaban  los  fondos  se  instalaría  en  la  cárcel  un  taller 
donde  los  detenidos  realizarían  trabajos  manuales  que  servirían 
para  el  estudio  del  sistema  que  hubiera  de  aplicarse  en  la  peni- 
tenciaría. 

El   Poder  Ejecutivo  nombró  entonces    una   Comisión    compuesta 


'JOniERNO     HE    liEKKO  345 


de  los  doctores  Requena,  Rodríguez  Caballero  y  Pedralbes  para 
el  estudio  de  los  sistemas  penitenciarios,  aplazándose  con  ello  la 
iniciación  de  las  obras  según  resulta  de  estas  palabras  del  mensa- 
je de  apertura  de  las  sesiones  extraordinarias  en   1863: 

«La  penitenciaría,  de  cuyo  establecimiento  tanto  bien  se  espe- 
ra, no  ha  empezado  todavía  a  construirse.  Pende  la  demora  de  la 
fijación  del  sistema  que  ha  de  adoptarse  para  esa  clase  de  prisión. 
Evacuado  el  informe  que  sobre  el  particular  se  ha  pedido  a  una 
Comisión  compuesta  de  personas  inteligentes,  habrá  que  solicitar 
la  autorización  legislativa  para  llevar  a  efecto  tan  útil  institu-. 
ción». 

La  Comisión,  que  se  expidió  a  raíz  de  ese  mensaje,  arribaba  a 
las    siguientes   conclusiones: 

El  edificio  contendrá  tres  departamentos:  uno  para  la  genera- 
lidad de  los  presos,  otro  para  los  presos  políticos,  otro  para  las 
mujeres.  Contendrá  seis  grandes  talleres  destinados  al  trabajo  de 
los  presos,  cada  uno  a  cargo  de  un  maestro,  y  sin  que  puedan  en- 
contrarse juntos  los  de  un  taller  con  los  de  otro.  Los  mismos  ta- 
lleres  servirán   de    escuela   primaria   en   los   días   festivos. 

Pero  ya  el  país  estaba  abocado  a  la  invasión  de  Flores  y  la  aten- 
ción   pública    absorbida    totalmente    por    los    problemas    políticos. 

En  septiembre  de  1863,  cuando  la  penitenciaría  había  dejado 
por  esa  circunstancia  de  estar  en  la  orden  del  día,  se  publicó  un 
extracto  de  las  cuentas  policiales  del  que  resultaba  que  el  depó- 
sito existente  en  el  Banco  Comercial  había  subido  a  30,955  posos 
por  obra  de  las  multas,  rifas,  donaciones  y  licencias  de  disfraz.  De 
rentas  generales  nada  se  había  recibido  todavía,  adeudándose  por 
ese  concepto  24,000  pesos  que  agregados  al  depósito  bancario  ele- 
vaban a  54,955  pesos  la  suma  destinada  a  construcción  de  la  pe- 
nitenciaría. 

Algunas   cifras  de  la  estadística   judicial. 

Durante  el  año  1860  fueron  iniciadas  en  los  tres  Juzgados  de  lo 
Civil  y  de  Comercio  de  Montevideo  355  causas;  en  el  Juzgado  del 
Crimen  138,  de  las  cuales  47  por  homicidio,  15  por  heridas  y  40  por 
robo;  en  el  Juzgado  Ordinario  122  causas  civiles  y  44  sumarios 
y  causas  correccionales;  en  los  Juzgados  de  Paz  1,028,  de  las  que 
657  quedaron  concluidas.  Son  datos  de  la  Memoria  del  Ministerio 
de  Gobierno  de  ese  año. 

La  estadística   judicial   de   1862   arrojó   estas   otras  cifras: 


346 


HISTORIA     DEL     URUGUAY 


TOTAL    DE    CAUSAS 


Causas  criminales 
exclusivamente 


Montevideo : 

Tribunal 584 

Juzgados  de  lo  Civil 306 

»         del  Crimen 108 

»         de  Comercio 31 

Campaña  : 

San  José    

Colonia 

Salto 

Cerro  Laryo 

Tacuarembó 

Maldouado 

Minas 

Soriano 

Paysaiidú 

Flori-da ñ2 

Durazno 


101 
108 


103 

42 

141 

20 

137 

33   . 

112 

54 

103 

23 

214 

57 

93 

39 

73 

18 

26 

15 

W2 

29 

79 

27 

2,162 

566 

Del  movimiento  del  Juzgado  de  Comercio  correspondiente  a  1863 
da  idea  este  resumen: 

Causas  en  trámite  2,766,  sentencias  definitivas  84,  incidentes  289, 
transacciones  y  desistimientos  20,  inscripción  de  contratos  so- 
ciales 12,   inscripción  de  poderes  de  administración  13.  Total   3,184. 

El   doctor  Pérez   Gomar   indica   la.s   causas   de   la   criminalidad. 


El  doctor  Gregorio  Pérez  Gomar  presentó  al  Ministerio  de  Go- 
bierno en  1861  un  informe  acerca  de  las  causas  que  más  intensa- 
mente actuaban  en  la  delincuencia  del  Uruguay,  invocando  su  ex- 
periencia de  Fiscal  de  lo  Civil  y  del  Crimen.  He  aquí  sus  conclu- 
siones: 

«Que  apenas  una  tercera  parte  de  los  reos  sabe  leer  y  escribir. 
2.°  Que  hay  muchos  que  no  tienen  idea  de  religión,  ni  saben  diri- 
gir una  oración  al  Ser  Supremo.  3."  Que  las  dos  terceras  partes  de 
esos  hombres  no  tienen  domicilio  fijo.  4."  Que  los  que  lo  tienen  ca- 
recen de  familia   legítima,  o."  Que   dos   terceras  partes  no  tienen   ejer- 


oo.iiEnso    DK   I:FI!P.0  347 


cicio  conocido.  6."  Que  el  único  que  lo  tiene  es  el  peón  de  estan- 
cia.  7."  Que   todos   están   perfectamente   montados.» 

Todas  estas  causas  agregaba  pueden  reducirse  a  una  fórmula 
general:  abandono.  El  vagabundo  debe  ser  obligado  a  guardar  re- 
sidencia, bajo  pena  dé-  ser  condenado  como  vago.  Pero  debe  enten- 
derse domicilio  con  trabajo.  Hay  que  reglamentar  la  campaña  para 
sociabilizarla.  Hay  que  dotar  a  la  Policía  de  excelentes  caballa- 
das. Toda  la  confianza  del  criminal  desaparece  cuando  sabe  que 
tras  él  corre  un  caballo  capaz  de  darle  alcance.  Hay  que  construir 
la  penitenciaría.  Hay  que  difundir  la  enseñanza  industrial,  me. 
diante  el  establecimiento  de  una  escuela  de  artes  y  oficios.  Hay 
que    activar    las    contiendas   judiciales    sobre    tierras. 

En  los  mismos  momentos  en  que  el  doctor  Pérez  Gomar  termi- 
naba su  informe,  uno  de  los  periodistas  de  Montevideo  Invocando 
BU  experiencia  de  jurado  durante  quince  años  decía  que  los  ase- 
sinos se  disculpaban  casi  siempre  con  la  embriaguez  y  que  en 
consecuencia  era  digna  de  aplauso  la  actitud  del  Jefe  Político  del 
Salto  don  Dionisio  Trillo,  quien  ante  la  frecuencia  de  los  crímenes 
cometidos  en  una  de  las  secciones  de  su  departamento  había 
publicado  un  edicto  prohibiendo  en  esa  sección  la  venta  de  bebi- 
das en  el  mostrador  o  sea  para  ser  consumidas  en  el  mismo  des- 
pacho. 

Elección   popular   de  Jueces. 

La  Asamblea  reglamentó  en  1860  la  elección  popular  de  los  Al- 
caldes Ordinarios  y  Defensores  de  Menores  en  forma  de  garantizar 
la   eficacia   del   voto   hasta   donde   era  posible. 

El  Tribunal  a  su  turno  trató  de  asegurar  la  eficacia  del  voto  en 
la  elección  de  los  Tenientes  Alcaldes  que  tenían  también  origen 
popular  y  en  la  de  Jueces  de  Paz  que  estaban  a  cargo  de  los  Te- 
nientes   Alcaldes   de   sus    respectivas   secciones. 

Incompatibilidades  judiciales. 

Otra  acordada  de  mucha  resonancia  dictó  en  1862  el  Tribunal 
con  la  firma  de  los  doctores  Joanicó,  Montero,  Caravia,  Susvie- 
la  y  Vaeza,   este   último   en   discordia. 

Establecía  que  los  escribanos  y  demás  dependientes  del  Poder 
Judicial  que   fueran   elegidos  senadores  o   diputados  quedarían   sus- 


348  IIISTOKIA     DEL     URUGUAY 


pendidos  en  el  ejercicio  de  sus  oficios  judiciales,  hasta  que  justi- 
ficaran que  habían  cesado  en  el  goce  de  sus  inmunidades  parlamen- 
tarias. 

Invocaba  el  Tribunal  que  de  los  escribanos  dependía  en  gran 
parte  la  recta  administración  de  justicia,  lo  quietud,  la  tranquili- 
dad, el  honor  y  la  hacienda  de  todos  los  habitantes,  y  que  por  el 
hecho  de  ocupar  una  banca  en  la  Asamblea  rompían  la  jerarquía 
judicial,  introducían  la  anarquía,  cesaban  de  ser  justiciables,  arre- 
bataban a  la  sociedad  la  garantía  que  le  daban  las  leyes  regula- 
tioras  de  las  relaciones  entre  los  Jueces  y  sus  subalternos. 

El  Ministro  discorde  reconocía  esos  fundamentos,  pero  entendía 
que  no  correspondía  al  Tribunal  sino  al  Cuerpo  Legislativo  esta- 
blecer incompatibilidades.  Y  era  el  que  estaba  en  lo  cierto,  dada 
la  estrictez  de  nuestras  disposiciones  constitucionales,  como  así 
lo  estableció  el  Tribunal  por  otra  acordada  dictada  en  1867  bajo  la 
dictadura  de  Flores. 


Problemas  teiTitoriales. 

La  Legación  de  Inglaterra  solicitó  en  1860  la  isla  de  Gorriti  con 
destino  al  establecimiento  de  un  depósito  de  municiones  navales, 
semejante  al  que  ya  tenía  en  Río  de  Janeiro,  y  el  gobierno  de  Be- 
rro accedió  a  ello. 

La  publicación  de  la  noticia  dio  origen  a  una  interpelación  de  la 
Cámara  de  Diputados  durante  la  cual  quedó  establecido  que  el 
contrato  todavía  no  extendido  destinaba  la  isla  por  el  plazo  de 
catorce  años  a  depósito  de  municiones  y  reparación  de  los  barcos  de 
la  escuadra  inglesa,  mediante  el  arrendamiento  anual  de  .500  libras 
esterlinas,  siendo  entendido  que  no  se  construirían  fortificaciones 
ni  se  pondrían  soldados  y  que  tampoco  se  izaría  la  bandera  inglesa 
Bino  una  bandera  de  señales.  Expuso  el  Ministro  interpelado  que 
la  isla  de  Gorriti  era  de  propiedad  de  varios  subditos  ingleses  y 
que  ante  la  posibilidad  de  que  el  Gobierno  Inglés  se  entendiera 
con  ellos  se  había  resuelto  oír  la  propuesta  de  la  Legación  porq-je 
ello  importaba  el  reconocimiento  de  la  jurisdicción  nacional.  Agre- 
gó que  en  su  concepto  el  Poder  Ejecutivo  estaba  capacitado  para 
arrendar,  pero  que  habiéndose  presentado  con  motivo  del  arren- 
damiento de  la  isla  un  proyecto  que  declaraba  que  esa  clase  de 
contratos  requería  sanción  legislativa,  bastaba  eso  para  que  se 
abstuviera  de  llevar  adelante  la  negociación  mientras  no  hubiera 
ley  que  la  autorizara. 


GOBIERNO    DE    BERRO  349 


A  mediados  del  mismo  año  fué  suspendida  por  razones  de  econo- 
mía la  Comisión  demarcadora  de  límites  con  el  Brasil.  Pero  algún 
tiempo  después  la  Asamblea  resolvió  la  prosecución  de  los  traba- 
jos sobre  el  terreno  y  votó  un  crédito  de  4,000  pesos  con  destino 
a  la  colocación  de  marcos  en  la  línea  divisoria. 

También  alcanzó  a  figurar  en  la  orden  del  día  el  tema  siempre 
palpitante  de  Martín  García.  Ocupándose  de  la  correspondencia  di- 
plomática cambiada  entre  las  cancillerías  de  Montevideo  y  el  Para- 
ná, escribía  «El  Plata»   en   1864: 

La  República  Oriental  data  realmente  de  1828.  Hasta  entonces 
la  isla  era  del  \irreinato.  La  convención  de  aquel  año  pasó  por 
alto  los  límites  fluviales,  pero  no  habiendo  establecido  que  esos  lí- 
mites fueran  las  márgenes  occidentales  tenía  que  extenderse  y  se 
extendió  el  dominio  uruguayo  sobre  todas  las  islas  comprendidas 
en  su  jurisdicción  natural.  Sólo  Martín  García  ha  quedado  en  de- 
bate a  pesar  de  hallarse  ubicada  del  lado  oriental  del  canal  prin- 
cipal y  verdaderamente  navegable,  ya  que  la  canaleta  del  Infier- 
no se  puede  atravesar  a  veces  a  caballo  y  la  mayor  parte  del  año 
sólo  da  acceso  a  buques  de  pequeño  calado. 

Intereses  locales.  Pi'oyecto  de  ci-eaclón  de  las  municipalidades. 

El  Presidente  Berro  presentó  a  la  Asamblea  en  1S61  tres  proyec- 
tos  de   ley   verdaderamente   revolucionarios. 

Por  uno  de  ellos  reglamentaba  la  institución  de  las  Juntas  Eco- 
nómico-Administrativas. En  adelante  podrían  esas  instituciones 
votar  sus  presupuestos  bajo  la  obligación  de  rendir  cuentas  a  la  Con- 
taduría General  de  la  Nación.  Para  contratar  empréstitos  que  exce- 
dieran del  20  Ve  de  sus  recursos,  necesitarían  autorización  de  la 
Asamblea   General. 

Por  el  segundo  quedaban  divididos  los  departamentos  en  dis- 
tritos municipales,  urbanos  y  rurales.  Cada  distrito  estaría  regi- 
do por  una  junta  municipal  compuesta  de  5  a  9  miembros,  según 
el  monto  de  su  población,  bajo  la  presidencia  de  un  Alcalde  que 
tendría  a  su  cargo  las  funciones  ejecutivas.  Las  juntas  de  distrito 
sólo  podrían  crear  impuestos  con  autorización  legislativa  y  aproba- 
ción de  la  respectiva  Junta  Económico-Administrativa.  Necesitarían 
igual  autorización  de  la  Junta  Económico-Administrativa  para 
abordar  obras  de  más  de  5,000  pesos  de  costo.  Sus  miembros  serían 
elegidos   popularmente. 


350  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


Por  el  tercero  se  reglamentaban  las  atribuciones  de  los  Jefes 
Políticos. 

«Cuando  se  observa  lo  poco  que  hemos  adelantado  en  los  hábitos 
republicanos — decía  el  Presidente  Berro — cuan  menguado  y  mal  di- 
rigido ha  sido  por  lo  común  el  espíritu  del  pueblo  y  qué  escasa 
resistencia  se  ha  ofrecido  a  los  excesos  de  la  anarquía  y  el  des- 
potismo, no  puede  menos  de  verse  que  en  mucha  parte  se  debe  esto 
a  la  falta  de  instituciones  concejiles,  libres  y  vigorosas.» 

Ya  al  localizar  la  recaudación  y  la  inversión  del  impuesto  de- 
partamental, había  anticipado  el  gobierno  de  Berro  que  así  pro- 
cedía «mientras  no  se  establecieran  las  municipalidades  de  una 
manera  compatible  con  lo  dispuesto  en  la  Constitución  de  la  Re- 
pública». 

Eil  Ministro  de  Gobierno  doctor  Acevedo  que  era  quien  refrendaba 
ese  decreto  de  localización  , había  sostenido  en  uno  de  los  editoriales 
de  «La  Constitución»  de  18.52  la  misma  idea  de  ir  a  la  creación  de 
las   municipalidades. 

Para  que  la  Constitución — decía — no  sea  simplemente  un  pa. 
peí  sin  vida,  es  necesario  que  existan  leyes  secundarias  en  armo- 
nía con  sus  disposiciones  y  que  se  orienten  las  costumbres  de  la 
nación  en  el  mismo  sentidlo.  Nuestros  constituyentes  indicaroil 
alguna*  de  las  leyes  secundarias  que  podrían  hacer  fructíferas  las 
disposiciones  del  pacto  fundamental:  organización  departamental 
y  municipal,  juicios  por  jurados  en  las  causas  criminales  y  aún 
en  las  civiles  y  reforma  de  la  legislación  en  todos  sus  ramos,,  se 
encuentran  desarrolladas  o  en  germen  en  la  Constitución.  Al  dis- 
cutirse en  la  Constituyente  la  Sección  relativa  al  gobierno  y  ad- 
ministración de  los  departamentos,  se  apercibieron  los  legislado- 
res que  haciendo  mucho  con  la  creación  de  las  Juntas  Económico- 
Administrativas  para  la  organización  del  departamento,  no  hacían 
nada  para  la  organización  municipal.  Uno  de  los  diputados,  el  se- 
ñor García,  propuso  que  entre  las  atribuciones  de  la  Junta  figurase 
la  de  «cuidar  que  se  establezcan  ayuntamientos  donde  corresponda 
que  los  haya».  Pero  se  acordó  que  tal  declaración  era  inútil: 
que  sin  ella  se  establecerían  ayuntamientos  o  cabildos  en  todos  los 
lugares  donde  debieran  existir.  Hay  tjue  restablecer,  pues,  las 
municipalidades  para  que  los  ciudadanos  se  acostumbren  a  con- 
fiar más  en  su  fuerza  y  a  esperar  menos  de  la  autoridad  y  como 
medio  además  de  que  desaparezca  el  caudillaje.  Las  Juntas  deberían 
ocuparse  del  asunto,  determinando  los  puntos  más  indicados  para 
el   establecimiento   de   los   cabildos.   Mientras   eso   no   suceda   podría 


üOiUEUNo    DI-:    r.j:::uo  351 


formarse  espontáneamente  en  cada  pueblo  una  comisión  popular 
encargada  de  reunir  los  datos  necesarios  para  que  las  Juntas  pue- 
dan  cumplir   el   artículo   126   de   la   Constitución. 

Ya  anteriormente  también  había  decretado  el  gobierno  de  Berro 
una  medida  de  importancia:  la  separación  de  las  Comandancias 
militares  de  las  Jefaturas  Políticas,  obteniendo  así  facilidades  pa- 
ra seleccionar  el  personal  administrativo  y  dar  curso  al  plan  de 
descentralización  de  rentas  de  que  liemos  tenido  oportunidad  de 
hablar  en  este  mismo  capítulo. 

La  pi'ovisióii  (le  agiia  para  el  consumo  de  la  poblaci«)ii  de  Monte- 
video. Utilización  de  las  aguas  de  mar  para  la  liempieza  de  la 
ciudad. 

El  problema  de  las  aguas  corrientes,  varias  veces  puesto  a  la 
orden  del  día,  llegó  a  predominar  sobre  todos  los  demás  al  finalizar 
el  año  1860  como  consecuencia  de  una  larga  y  devastadora  sequía 
durante  la  cual  se  habían  ido  agotando  casi  todos  los  aljibes  de 
Montevideo.  La  gente  andaba  de  puerta  en  puerta  en  busca  de  bal- 
des de  agua,  y  el  pobrerío  tenía  que  surtirse  en  los  alrededores  de 
la  bahía  aprovechando  las  rachas  de  agua  dulce.  Las  angustias 
aumentaron  en  tal  forma  a  principios  del  año  siguiente,  que  el  cu- 
ra de  la  Matriz  y  cou  él  algunas  familias  poseedoras  de  grandes 
aljibes,  publicaron  avisos  ofreciendo  agua,  pero  no  en  baldes  si- 
no  en   pequeñas  vasijas,   exclusivamente   para  beber. 

Uno  de  los  diarios  de  Montevideo,  «La  Prensa  Oriental»,  habló 
entonces  de  construir  canales  para  traer  el  agua  del  río  Ssnta  Lu- 
cía, o  en  su  defecto  cañerías  para  la  utilización  de  las  aguas  da 
la  laguna  del  Buceo.  Don  Isidoro  De-María,  que  era  quien  sugería 
la  idea,  invocaba  el  ejemplo  de  Lecor  al  construir  la  famosa  zan- 
ja reyuna  desde  las  proximidades  del  rincón  de  Melilla  hasta  el 
Buceo,  pasando  por  las  inmediaciones  del  paraje  en  que  después 
fué  emplazada  la  villa  de  la  Unión.  Esa  zanja,  agregaba,  que  tenía 
cinco  varas  de  ancho  y  tres  de  profundidad,  según  algunos,  y  8  por 
5  según  varios  de  los  obreros  que  trabajaron  en  ella,  fué  cons- 
truida en  menos  de  tres  meses  y  lo  que  entonces  se  hizo  podría  ha- 
cerse ahora  para  el   abastecimiento  de  agua  a   la  población. 

Los  aljibes  eran  además  focos  permanentes  de  infección  por  efec- 
to de  las  basuras  arrastradas  por  las  lluvias  y  la  filtración  de  los 
pozos  negros  de  que  estaba  sembrada  la  ciudad. 


352  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


Una  comisión  popular  nombrada  por  la  Junta  Económico-Adnú- 
nistrativa  en  1862  indicó  la  idea  de  cercar  los  terrenos  fiscales  de 
la  Aguada,  limpiar  y  reparar  los  manantiales  allí  existentes,  abrir 
otros  nuevos,  plantar  árboles  de  sombra  y  expropiar  los  terrenos 
adyacentes  con  destino  a  jardines  e  instalación  de  bombas  para  ser- 
vicio  público. 

A  mediados  de  enero  de  1864  ya  en  las  últimas  semanas  de  su 
administración,  resolvió  finalmente  don  Bernardo  P.  Berro  llamar 
a  propuestas  «para  proveer  abundantemente  de  agua  a  la  ciudad 
de   Montevideo». 

Decía  en  su  decreto  que  en  1838  había  habido  necesidad  de  envi;ir 
embarcaciones  en  busca  de  agua  hasta  los  manantiales  de  las  ba- 
rrancas de  San  Gregorio  distantes  16  leguas  de  la  ciudad;  que  du- 
rante el  sitio  la  falta  de  agua  había  puesto  más  de  una  vez  en  alar- 
ma a  la  población;  que  la  seca  se  hacía  sentir  periódicamente  en 
tre  nosotros  cada  cuatro  años;  que  los  aljibes  no  respondían  ya  al 
crecimiento  ide  la  población  y  estaban  expuestos  al  peligro  de  l?.s 
filtraciones  de  los  caños  maestros  y  depósitos  de  materias  infec- 
tantes; que  se  atribuía  la  persistencia  de  ciertas  enfermedades 
cutáneas  en  las  clases  pobres  a  la  escasez  de  agua;  que  era  nece- 
sario emprender  la  limpieza  de  los  caños  maestros  mediante  la 
descarga  diaria  de  un  torrente  de  agua  que  evitase  la  acumulación 
de  materias   en   su   trayecto. 

Por  un  segundo  decreto  de  la  misma  fecha  resolvió  el  Gobierno 
utilizar  las  aguas  del  mar  con  destino  a  baños,  limpieza  de  ca- 
ños maestros  y  riego  de  calles  y  plazas,  mediante  la  construcción 
en  la  Plaza  Cagancha  de  un  depósito  de  .5,000  pipas  provisto 
de  cañerías  y  de  bombas  a  vapor  que  funcionarían  en  la  costa  sur 
de  la  ciudad. 

En  esos  mismos  días  anunciaba  «El  País»  que  una  empresa  es- 
taba realizando  estudios  para  traer  a  Montevideo  las  aguas  del 
río  Santa  Lucía  y  establecer  el  riego  de  una  zona  de  10  leguas  de 
campo  a  lo  largo  de  toda  la  distancia  comprendida  desde  la  ciu- 
dad   hasta  el    Paso  de    Belastiquí    donde  se    construiría  la  represa. 

Pero  la  guerra  siguió  su  obra  destructora  y  estas  grandes  ini- 
ciativas fueron  esfumándose  una  tras  otra. 

liOS  pozos  negros. 

Contaba  ya  la  ciudad  dt  Montevideo  con  una  red  de  cloacas  bas- 
tante  difundida,   pero  llena   de   defectos.   Según   lo  hacía   constar   ía 


GOBIERNO    DE    HEURO  353 


Comisión  de  Salubridad  en  un  informe  expedido  a  mediados  de 
1862  los  caños  eran  estrechos  y  de  diámetros  desiguales,  formaban 
recodos  o  escalones  en  los  puntos  de  juntura  y  varios  de  ellos 
comprados  a  particulares  que  los  habían  construido  en  distintas 
épocas  no  llegaban  hasta  el   mar. 

El  hecho  es  que  la  población  no  se  decidía  a  utilizar  esa  obra 
importantísima  y  que  los  pozos  negros  continuaban  como  duran- 
te la  época  colonial.  En  las  casas  de  familias  acomodadas  se  prac- 
ticaba periódicamente  su  limpieza  o  desagote.  Pero  en  las  demás, 
cuando  se  llenaba  un  pozo  se  abría  otro  al  lado,  cubriéndose  el  pri- 
mero con  los  escombros  del  segundo. 

Don  Pantaleón  Méndez  Caldeira  organizó  en  1860  una  empresa 
para  el  desagote  de  letrinas  con  ayuda  de  un  material  nuevo  com- 
puesto de  bombas,  toneles  y  condensadores  que  realizaban  una 
verdadera  revolución  en  los  procedimientos  hasta  entonces  emplea- 
dos por  las  empresas  existentes.  Ese  material  fué  estrenado  en  el 
desagote  de  la  letrina  de  la  Casa  de  Gobierno,  operación  que  no 
se  realizaba  allí  desde  la  época  de  la  dominación  española,  valga 
el  testimonio  del  Director  de  «La  Nación»,  quedando  tan  de  mani- 
fiesto sus  ventajas  que  el  empresario  obtuvo  en  el  acto  patente  de 
privilegio  por  ocho  años. 

La  extracción  a  bomba  como  toílo  progi-eso  luchó  con  dificulta- 
des al  principio.  Todavía  a  mediados  de  1861  denunciaba  la  pren- 
sa que  en  pleno  día  y  por  las  calles  más  centrales  de  Montevideo 
andaban  los  negros  libertos  con  su  barril  de  materias  fecales  y 
aguas  inmundas  en  la  cabeza,  rumbo  al  mar,  apestando  a  la  gente 
en  todo  el  trayecto  que  recorrían. 

La  limpieza  de  las  calles. 

Véase  lo  que  prescribía  un  reglamento  de  limpieza  dictado  en 
1861: 

Habrá  35  carros  para  la  extracción  de  las  basuras  domiciliarias 
Esos  carros  descargarán  sobre  la  playa  al  costado  oeste  del  Cemen- 
terio Central  y  allí  las  basuras  serán  quemadas  diariamente  en  un 
aparato  que  deberá  construir  de  inmediato  el  empresario.  Cad^  ve- 
cino deberá  barrer  el  frente  de  su  casa  hasta  la  mitad  de  la  calle 
y  amontonar  el  barrido  a  fin  de  que  los  basureros  puedan  luego 
alzarlo  con   la  pala. 

Era  frecuente,  sin  embargo,  que  los  carreros  en  vez  de  dirigir- 
se al  vaciadero  descargaran  en  algunos  de  los  pantanos  que  la  Jun- 

23  -V 


354  HISTORIA    DEL    URUGUAY 


ta  Económico-Administrativa  no  podía  componer  por  falta  de  fon- 
dos. A  mediados  de  ese  mismo  año  clamaba  un  diario  conira  el 
empleo  de  las  basuras  en  un  terraplén  de  la  calle  Cindadela  esqui- 
na Camacuá,  convertido — decía — en  un  foco  peligroso  por  efecto 
de   la   fermentación    de  las    materias   orgánicas    allí    depositadas. 

Encontrábase  además  obstaculizado  el  servicio  de  limpieza  de 
las  calles  por  costumbres  coloniales  que  la  Policía  no  se  atrevía  a 
derogar  en  holocausto  a  pequeños  intereses  industriales.  El  casco 
urbauo  era  visitado  diariamente  por  manadas  de  chivas  y  yeguas 
destinadas  al  suministro  de  leche  y  centenares  de  pavos  conducidos 
por  capataces  que  iban  provistos  de  largos  látigos  que  servían  para 
detener  a  la  caravana  y  capturar  la  pieza  elegida  cada  vez  que  apa. 
recia  un  comprador.  Los  vehículos  eran  pocos  y  de  marcha  pesada 
y  la  circulación  no  resultaba  grandemente  perjudicada  por  estas  fe- 
rias volantes. 

Con  todo,  la  ciudad  de  Montevideo  sorprendía  agradablemente  a 
los  viajeros.  He  aquí  lo  que  escribía  un  oficial  de  la  escuadra  es- 
pañola en  carta  publicada  por  la  prensa  de  Buenos  Aires  en  di- 
ciembre   de    1862: 

«La  República  está  en  paz  con  todo  el  mundo...  y  en  vías  de 
prosperar  mucho...  La  Capital  es  de  las  más  lindas  que  hay  y  yo 
la  creo  más  bonita  que  Cádiz...  Todas  las  calles  son  rectas  y  cor- 
tadas en  escuadra  por  otras...  El  empedrado  es  muy  bueno  en 
todas  las  calles...  El  alumbrado  es  de  gas,  no  en  todas  partes... 
Todas  las  calles  bajan  al  río,  de  modo  que  el  sistema  de  caicos  íe 
ha   podido   aplicar   y   hay   mucha   limpieza   pública.» 

El  aliiiiibrado  público:    el  aceite,  el  kero-sene  y  el  gas. 

Hemos  hablado  de  los  reiterados  esfuerzos  para  el  planteamien- 
to del  servicio  de  gas  en  las  calles  de  Montevideo  durante  los  go- 
biernos de  Giró,  Flores  y  Pereira  y  de  los  repetidos  fracasos  su- 
fridos por  los  empresarios,  especialmente  a  raíz  de  la  epidemia  de 
fiebre  amarilla  de  1857,  en  que  por  efecto  de  la  defectuosa  instala- 
ción de  la  Usina  hubo  protestas  de  la  población  y  tuvo  el  Poder 
Ejecutivo  que  dictar  medidas  radicales  en  nombre  de  la  salud  píi- 
blica. 

En  1860  i'esolvió  la  empresa  reinstalar  la  Usina,  pero  el  Gobierno 
Tnandó  suspender  las  obras  a  la  espera  de  resolución  legislativa 
invocando  la  caducidad  de  la  concesión  por  falta  de  cumplimiento 
de   varias   de   sus   cláusulas. 


GOBIERNO    DE    HERRÓ 


Explicando  el  más  resonante  de  los  fracasos,  decía  la  Comisión 
de  Legislación  del  Senado  al  aconsejar  la  celebración  de  un  nuevo 
contrato : 

«La  paralización  del  alumbrado  a  gas  y  consiguientes  perjuicios 
de  ella  fueron  originados  "como  es  notorio  de  medidas  administrativas 
que  el  Poder  Ejecutivo  se  vio  en  la  necesidad  de  tomar  en  circuns- 
tancias calamitosa"s,  con  el  fin  de  garantir  la  salud  pública  o  por  lo 
menos  con  el  de  satisfacer  la  opinión  bastante  generalizada  enton- 
ces de  los  que  atribuían  a  la  empresa  del  gas  los  estragos  del  fla- 
gelo que  diezmó  a  la  Capital  en  el  año  1857.  Tal  fué  la  causa  que 
desde  principios  de  aquel  año  hasta  hoy  ha  privado  a  Montevideo, 
la  primera  ciudad  del  Río  de  la  Plata  que  tomó  la  iniciativa  de  es- 
te útil  y  bellísimo  sistema  de  alumbrado,  de  todas  las  ventajas  que 
le  prometía,  ocasionando  a  la  vez  a  la  empresa  los  enormes  daños 
consiguientes  a  la  suspensión  forzada  y  repentina  de  sus  trabajos». 

La  Asamblea  autorizó  en  1861  la  celebración  de  un  nuevo  contra- 
to por  veinte  años.  La  iluminación  empezaría  a  los  tres  meses;  la 
Usina  sería  trasladada  a  un  pun.to  que  fijaría  la  empresa  de  acuer- 
do con  el  Poder  Ejecutivo;  se  colocarían  7,000  varas  de  conductores 
durante  los  primeros  cuatro  años;  14,000  durante  los  otros  cuatro 
años,  y  los  demás  y  todo  lo  que  fuera  necesario  para  la  iluminación 
de  la  ciudad  en  los  cuatro  años  subsiguientes;  el  Poder  Ejecutivo 
exigiría  todas  las  condiciones  higiénicas  necesarias:  el  precio  del 
alumbrado  público  sería  establecido  por  la  ley. 

Para  llegar  a  este  resultado  hubo  necesidad  de  sostener  una  ar- 
dorosa campaña  contra  los  que  seguían  asociando  el  gas  a  la  fie- 
bre amarilla,  a  despecho  de  las  contundentes  demostraciones  rea- 
lizadas para  evidenciar  que  lo  que  se  atribuía  al  gas  sólo  era  im- 
puta'ble  a  sus  defectuosos  procedimientos  de  elaboración.  Ante 
el  peligro  del  salto  atrás  con  que  amagaba  la  ignorancia,  un 
grupo  de  hombres  representativos  de  Montevideo,  encabezado 
por  don  Florentino  Castellanos,  don  Manuel  Herrera  y  Obes,  don 
Ernesto  Quinke,  don  Jacinto  Villegas  y  don  Juan  Peñalba  se  pre- 
sentó al  Gobierno  prestigiando  el  restablecimiento  del  servicio  del 
gas. 

«Concretándonos — decía — al  predominio  que  todavía  ejercen  las 
preocupaciones  pueriles,  la  ignorancia  y  el  egoísmo  de  algunos  es- 
píritus mezquinos  sobre  la  razón  y  conveniencias  públicas,  quere- 
mos detener  en  su  principio  la  propaganda  que  contra  ellas  empie- 
zan a  ejecutar  aquellos  agentes  del  atraso  y  del  oscurantismo  de 
los  pueblos,   tomando  por  punto   de   ataque   la   empresa   del   gas   que 


356  HISTORIA    DEL    UBUGUJiT 


empieza   a   organizarse   después   de   los   períodos   de   prueba   por   que 
ha    pasado    entre    nosotros    ese    portentoso    adelanto    del    siglo». 

Antes  de  finalizar  el  año  1861  quedaba  reanudada  la  iluminación 
a  gas  en  la  calle  25  de  Mayo  y  en  otras  calles  céntricas  y  el  servi- 
cio cobraba  rápido  impulso  en  las  casas  de  comercio  y  particulares 
a  pesar  de  las  protestas  del  pueblo  y  de  la  prensa  fundadas  en  que 
el  gas  hacía  humo,  tenía  mal  olor  y  sufría  interrupciones  frecuen- 
tes y  que  la  usina  obstruía  uno  de  los  caños  maestros  con  sus  re- 
siduos de  elaboración. 

Y  a  mediados  de  1863  ya  envuelto  el  país  en  la  guerra,  daba  tér- 
mino la  empresa  a  la  edificación  de  la  nueva  usina  exigida  por  la 
ley  de  concesión,  montada  según  el  dictamen  del  químico  Lenoble 
a  la  altura  de  las  mejores  obras  europeas  de  su  género.